El Nahual Que Dejó Marcado A Mi Abuelo Para Siempre - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi abuelo paterno se llamaba Jacinto. Hace muchos años trabajaba en un rancho bastante grande. En un tiempo lo hizo como peón, después como capataz, pero él tenÃa otra habilidad que lo volvÃa diferente a los demás hombres. TenÃa instinto de cazador. Por lo mismo también lo consideraban una persona peligrosa. En ocasiones lo contrataban en otros ranchos para realizar esa labor. Algunos de sus amigos se referÃan a él como depredador. aunque a él no le gustaba ese apodo. A pesar de que ya pasaba de los 65 años de edad, no era un anciano. Era astuto y tenÃa tanta experiencia como habilidad. Además, se miraba muy joven. Mi papá sabÃa de buena fuente que mi abuelo tenÃa otros hijos, como se decÃa en aquellos tiempos, regados por ahÃ. aunque algunos de ellos ni siquiera los conocÃa. En esos años vivÃa con los otros.
1:02 Lo hacÃa por temporadas. Se quedaba en la casa unos dÃas y en ocasiones no nos visitaba por una o dos semanas. HabÃa muchos motivos para que se desapareciera tanto tiempo. El principal era que se iba de cacerÃa. Cuando regresaba, nos traÃa carne o algunos animales que se podÃan consumir. Siempre nos contaba por todas las cosas que le tocaba pasar entre el monte. que obviamente tenÃan que ver con la caza. Generalmente salÃa a cazar venados o jabalÃes y los vendÃa. Pero también tenÃa que ir a matar otro tipo de animales como coyotes u otros depredadores. Lo hacÃa porque era necesario. CrecÃan las manadas y a falta de comida atacaban a los ranchos. Principalmente lo hacÃan con gallinas, cabritos y otros animales pequeños. Entonces los rancheros lo contrataban.
1:55 Ãl siempre se encontraba dispuesto. Antes de salir a cazar, mi abuelo se preparaba para pasar dÃas y noches enteras entre la oscuridad del monte, lidiando con animales ponzoñosos, cazando de tres a cinco coyotes por noche para ir reduciendo la manada hasta lograr el objetivo. Nunca cargaba con una linterna porque no la necesitaba. Estaba acostumbrado a ver entre la oscuridad. Se escucha extraño, pero asà era. Los dÃas eran calurosos y las madrugadas frÃas. Ãl ya estaba acondicionado para eso. Nada se le dificultaba. Para sobrevivir mataba liebres o ratas para comer y bebÃa agua de arroyos o estanques.
2:37 Nos contaba que eso de cazar coyotes no era una tarea tan simple como decÃan, porque, aunque eran animales de regular tamaño, reaccionaban de forma agresiva. Cuando se miraban en peligro, atacaban en montón. Esa era su defensa, pero, además, y aunque se escuche raro, lo hacÃan de manera coordinada. Eran depredadores por naturaleza. Después de varias noches de cacerÃa, regresaba a nuestra casa con los estragos de haber peleado con esos animales. TenÃa golpes y rasguños en los brazos. No solo él, también su caballo resultaba con muchas mordidas, sobre todo en las patas, aunque ninguna era de gravedad. Ahà en casa preparaba unos ungüentos hechos con cebo y plantas que él mismo conseguÃa. Con eso pronto sanaban las heridas.
3:26 Cuando se recuperaba de todo, volvÃa al rancho a hacer sus quehaceres o se metÃa de nuevo al monte si tenÃa otro trabajo. Asà se la vivÃa. Me habÃa contado que en varias ocasiones habÃa salido a cazar un felino muy escurridizo. Atacaba los ranchos de manera tan extraña y siniestra. que los rancheros le tenÃan tanto miedo que creÃan que no era un simple animal. Aseguraban que era una especie de demonio, o tal vez todavÃa algo peor. Contaban que no tenÃa orejas ni cola, pero que además lo habÃan visto correr apoyado solamente en sus patas traseras. TenÃa ojos brillantes y unas garras capaces de rasgar la piel de cualquier animal por gruesa que fuera. Era completamente negro. Tanto que, por las noches, podÃa desaparecer entre la oscuridad. Mi abuelo no creÃa en esas cosas del diablo. Por eso, a pesar del peligro que representaba ese felino, se metÃa al monte a buscarlo con carabina en mano. Siempre lograba escapar ese animal porque nunca le avisaban a tiempo. Lo hacÃan cuando ya habÃa hecho sus fechorÃas. A mi abuelo eso le daba mucho coraje, por lo mismo ya se habÃa jurado que un dÃa lo iba a cazar, sin importar que fuera animal, criatura o algún demonio salido del infierno, y conservarÃa su cabeza como su más preciado trofeo. DecÃan que ese ser se llevaba hasta de seis gallinas a
4:57 un tiempo, o un borrego, cualquiera que no le representara tantos problemas. Pero eso sÃ, lo hacÃa trepando los árboles, los techos o caminando sobre las cercas y corrales porque nunca dejaba huellas en la tierra. Otros aseguraban que, durante sus ataques, se volvÃa invisible porque nadie lo habÃa visto. Otra cosa extraña era que atacaba de noche o antes del amanecer. Además, todo lo hacÃa en el más completo silencio. Era tanto asà que ni siquiera los perros se daban cuenta cuando eso sucedÃa. A lo más que habÃa llegado mi abuelo era a verlo de lejos. Según su apreciación, más que un simple felino parecÃa una cruza o una mutación de algo porque era cierto lo que decÃan. ParecÃa que no tenÃa cola y sus movimientos no era de un animal común. En una ocasión el abuelo se desapareció por un tiempo. Ya habÃan pasado más de dos semanas y media, pero no habÃa noticias de él. preocupado mi papá lo anduvo buscando en todos los ranchos lo único que pudo averiguar fue que habÃa ido a cazar a ese animal al que le creÃan demonio una noche entró al monte y no volvió a salir era todo lo que se sabÃa de hecho debido a la peligrosidad de ese animal algunos ya creÃan a mi abuelo muerto Una noche casi al cumplirse las tres semanas, creà escuchar unos disparos muy a lo lejos. De rato tocaron a la puerta.
6:28 Lo hicieron tan fuerte que todos nos despertamos. Mi papá se puso en alerta. Agarró su machete y preguntó quién era. Al escuchar la voz de mi abuelo, soltó el arma y pronto le abrió. Al entrar, mi abuelo casi se derrumba. Aún asÃ, con voz firme, dijo que atrancaran pronto la puerta porque algo lo perseguÃa. Era evidente que estaba mal herido. Apenas lo iban a revisar cuando algo pesado corrió por encima del techo. De inmediato, mi papá volvió a levantar su machete. Nos quedamos mirando porque eso nunca habÃa sucedido. Aquellos pasos se escucharon una vez más. Después, se pusieron a rasguñar la madera como si intentaran hacer un hoyo para meterse. Mi papá le preguntó al abuelo si sabÃa lo que estaba sobre nuestra casa. Mi abuelo no le contestó.
7:19 Se quitó lo que quedaba de su camisa. TenÃa muchas heridas. Hasta parecÃa que le habÃan dado azotes. Eran rasguños para ser más exactos. Algunas heridas eran tan profundas que mi mamá no me permitió verlas. Le preguntaron quién le habÃa hecho eso. Mi abuelo respondió apuntando hacia arriba para luego decir qué habÃa sido ese demonio. Ese animal seguÃa aferrado. Cada vez actuaba de manera más violenta. Rascaba tan fuerte que se comenzaron a aflojar las viejas maderas del techo. Me daba miedo pensar que si seguÃa asÃ, tarde o temprano iba a lograr meterse. En ocasiones se escuchaba que rasguñaba con las cuatro patas. Mi papá no tenÃa una carabina, por eso agarró un palo grande y comenzó a pegarle al techo con fuerza para tratar de espantarlo. Mi mamá también con una de sus vasijas comenzó a hacer mucho ruido.
8:13 SerÃa una cosa o la otra. El caso es que dio resultado. Lo que estaba sobre nosotros dejó de rasguñar. Cuando todo parecÃa volver a la normalidad, empezaron a golpear las paredes, después la puerta. Era evidente que querÃa meterse a como diera lugar. Mi papá se paró enfrente, con machete en mano dispuesto a usarlo. Como ese animal no se detenÃa, mi mamá golpeó la puerta. Entonces, de nueva cuenta, todo quedó en silencio. Pasaron los minutos y ya nada sucedió. Entonces comenzaron a atender al abuelo. Me pidieron que me apartara. Mi papá me pidió que mirara por la ventana, para que estuviera al pendiente por si veÃa venir a ese animal.
8:57 Lo hacÃa porque le iban a quitar la ropa a mi abuelo, porque al parecer tenÃa heridas en todo el cuerpo. Pero no era mala idea estar vigilando, por eso me puse en alerta. Afuera todo era oscuridad. Si esa criatura era tan negra como nos platicaba, el abuelo podÃa estar enfrente de mà y no verla. Por los comentarios que hacÃan mis papás, supe que mi abuelo en uno de sus costados tenÃa una herida tan profunda que iba a necesitar suturas. La espalda la tenÃa rayada completamente, además de varias mordidas en los brazos y el cuello. En ese momento no lograba verlo, pero al menos yo asà lo entendÃ.
9:38 Le faltaban algunos dedos de las dos manos. Su voz se escuchaba bastante débil, seguramente habÃa perdido mucha sangre. Después de varios minutos y cuando terminaron de limpiarle las heridas y darle a beber un poco de agua, mi abuelo pidió una aguja y un hilo con los que amarraban los costales de maÃz. AsÃ, frente a todos, de manera burda, se comenzó a coser. Aunque llegó a quejarse, no lanzó ningún grito. Mi mamá dijo que se tenÃan que deshacer de toda la ropa y la sangre porque su olor seguramente traerÃa de nuevo a ese animal. Pero mi abuelo les dijo que no salieran porque esa criatura no se habÃa ido. Seguramente se encontraba por ahà oculta, esperando un descuido para atacar. Mi papá le volvió a preguntar qué clase de animal era ese que lo habÃa dejado casi al borde de la muerte. Mi abuelo repitió lo mismo, aseguró que era un demonio y comenzó a contar lo que le habÃa sucedido. Una mañana lo mandaron llamar de un rancho que no quedaba muy lejos de nuestra casa.
10:43 Se entrevistó con el dueño, quien, sabiendo a lo que se dedicaba, lo contrató para que, de una vez por todas, acabara con esa criatura porque ya se habÃa comido muchos animales de su propiedad, asà como de otros ranchos. De hecho, como ya se encontraban hartos de esa situación entre todos, se habÃan puesto de acuerdo para pedirle que él se encargara de eliminarlo. Después de llegar a un acuerdo monetario, el dueño del rancho lo abasteció con una pistola calibre. 45, una carabina nueva y gruesas municiones para que pudiera matar a esa criatura. Además, le ofreció uno o dos hombres a su mando, Le dijeron que las balas no eran normales porque ese animal tampoco lo era. De hecho, le aseguraron que no era un animal. Mi abuelo solo los escuchaba un tanto confundido. Por lo mismo, no se atrevÃa a interrumpirlos. Estaban seguros que se trataba de un brujo de un pueblo cercano, con quien ya habÃan tenido algunos problemas.
11:45 Le dijeron que, por tener un pacto con el diablo, ese hombre se transformaba en esa bestia. Por lo mismo, las balas comunes no le hacÃan nada, pero además de eso, la mayorÃa le tenÃa miedo. Por eso, necesitaban a un hombre como él. Le advirtieron que tenÃa que tener sumo cuidado porque, al ser un demonio, tratarÃa de engañarlo. Y si lograba hacerlo, el muerto serÃa él. Le aconsejaron dispararle a la cabeza y si caÃa, ni asà se confiara porque no estaban seguros que las balas fueran a funcionar como ellos aseguraban. Mi abuelo aceptó el obsequio, pero rechazó la ayuda de otros hombres y esa misma noche se metió al monte, con la firme determinación de no salir de él hasta que no acabara con esa criatura. Lo harÃa sin importar los dÃas que tuvieran que transcurrir. Lo extraño fue que desde los primeros dÃas se sintió incómodo.
12:40 SabÃa que lo estaban observando, pero no lograba ver a nadie. Asà lo dijo mi abuelo. Fue la primera vez que se sintió como la presa. Estaba seguro que lo acechaba un depredador peligroso, entonces no sabÃa cómo actuar. El acoso era más por las noches, eso lo fue sintiendo paulatinamente. Primero escuchó algunos ruidos a su alrededor que lograron confundirlo, después gruesos gruñidos que salÃan de las ramas de los árboles, pero de manera inteligente la criatura no se dejaba ver. Mi abuelo estaba seguro que ese animal trataba de jugar con su mente. AsÃ, lentamente, se fueron pasando los dÃas.
13:23 Cuando cumplió una semana entre el monte, como nunca, mi abuelo se sintió cansado, porque prácticamente no habÃa dormido. Pero además de eso, era porque ya estaba cayendo en desesperación. Quizás por eso comenzó a alucinar y a ver cosas que, según él, no existÃan. Primero fue una sombra con ojos brillantes que se asomaba entre los árboles, para luego desaparecer. Después llegó a ver la figura de un animal bastante extraño. A pesar de que mi abuelo conocÃa a todos los animales del monte, nunca habÃa visto una criatura asÃ. Era una figura humanoide, con un torso, cabeza y brazos, pero sus patas tenÃan forma animal. Estaba cubierto de pelo muy negro y gruñÃa de una manera intimidante. TenÃa garras en las cuatro extremidades, además mostraba una gran agilidad para trepar los árboles. Si no fuera por las cosas que le habÃa dicho sobre que ese demonio tratarÃa de engañarlo, pensarÃa que aquello era solo un chango. Apuntó con la carabina, pero el animal se le perdió entre las hojas y las tupidas ramas. Mi abuelo sentÃa que estaba por darse por vencido. porque ya iba para dos semanas, a la bestia solo la habÃa visto de lejos y lo que era peor, no habÃa hecho ningún disparo. Una noche ya no pudo más, decidió dejar de ser la presa y convertirse en lo que en realidad era, un cazador. Preparó
14:54 la carabina y tomando valor apuntó, y a lo primero que se movió le disparó sin importar lo que fuera. La intención era espantar a esa criatura o que se hiciera presente. No se esperaba que lo que cayera de un árbol era ese animal. Por la sorpresa ya no apuntó de nuevo, pero además se quedó pasmado, mirando lo que hacÃa esa criatura. El animal se puso de pie, se veÃa sorprendido. Cuando mi abuelo pudo reaccionar ya habÃa perdido la oportunidad de rematarlo. Por un momento se quedó dudando si todo aquello habÃa sido verdad, o producto de las alucinaciones que ya eran muy frecuentes. Toda esa noche se dedicó a buscarlo. Revisó todo el lugar a su alrededor, pero no habÃa nada. Ya por la mañana encontró un rastro de sangre. Entonces supo que todo habÃa sido real.
15:45 Como buen cazador, sabÃa que todo lo que sangra muere. Entonces decidió seguir buscando, solo que tenÃa que saber si ese animal iba o venÃa. Usando sus dotes de cazador, supo seguir el rastro, solo que no podÃa avanzar rápido. Por eso, caminó y caminó gran parte del dÃa, pero sin encontrar nada. Se detuvo un momento para tomar un poco de aire. Al final, se quedó a descansar unos minutos. Cuando comenzaba a caer la tarde, a lo lejos miró a un hombre que lo veÃa con insistencia. Mi abuelo, pensando que era otro cazador, le hizo una seña a manera de saludo, pero aquella persona lo ignoró. Se dio la vuelta hasta perderse entre los matorrales. Algo le habÃa llamado la atención de aquel hombre. No traÃa ropa y al parecer se encontraba herido. De hecho, cuando caminó hasta perderse, lo hizo renqueando de una de sus piernas. Tratando de ver para dónde se habÃa ido, caminó para ese lugar, pero ya no lo miró. Solo que ahà encontró algo raro.
16:50 HabÃa sangre y al parecer era del mismo rastro que mi abuelo seguÃa. Al anochecer siguió con la búsqueda. Tal vez serÃan como las nueve cuando decidió por fin descansar un rato más. Se sentó en un tronco. No tenÃa ni cinco minutos cuando, frente a él, tal vez a unos ocho metros pasó esa criatura. No habÃa cómo equivocarse, era un animal extraño y negro que caminaba en las patas traseras. Resultaba inconfundible. Tratando de hacer el menor ruido posible, se levantó, apuntó con la carabina y comenzó a buscarlo. Dando pasos cortos pero seguros, rastreó un buen tramo. Buscó entre los arbustos, entre las ramas altas. No miraba a nadie, pero sabÃa que ahà estaba. Lo podÃa sentir. De repente volvió a aparecer muy cerca de él. Sin pensarlo, le disparó hasta en tres ocasiones. Siendo el cazador experimentado que era, no habÃa manera de que pudiera fallar. Ahora sà se escuchó un gruñido y al parecer habÃa sido de dolor.
17:52 Aún con el temor que le daba ese animal al ser algo desconocido fue siguiendo aquel sonido. Lo hizo por varios metros. Cuando dejó de escucharse se detuvo. Estaba seguro que por ahà lo encontrarÃa tirado. Tal vez hasta moribundo. Por eso comenzó a buscarlo abajo. Con el dedo en el gatillo caminó unos cuantos metros más mientras apretaba con fuerza su carabina. Cuando más confiado estaba, el animal cayó de sorpresa sobre de él, rasguñándole los brazos y la espalda. Era tan violento el ataque que mi abuelo pensó que ese serÃa su fin. Pero de repente reaccionó. En vez de darse por vencido, decidió pelear y sacó fuerzas. Como no podÃa usar la carabina, la soltó. Sacó la pistola y poniendo su mano atrás de su cintura, comenzó a disparar.
18:41 Lo hizo en varias ocasiones, mientras ese animal lo seguÃa agrediendo. Mi abuelo estaba seguro que le volvió a dar porque ese animal lo soltó por un momento. Eso fue suficiente para dispararle en dos ocasiones más. Pero esos disparos al parecer no habÃan dado en el blanco porque esa criatura se volvió a desaparecer. Como pudo, agarró de nuevo la carabina y comenzó a caminar de regreso. Ya de eso dependÃa su vida. Cuando lo llegaba a escuchar detrás de él sin siquiera apuntarle, disparaba. Solo lo hacÃa para mantenerlo alejado. No sabÃa por cuánto tiempo caminó ni cuántas veces le disparó.
19:22 Estaba a punto de desvanecerse cuando reconoció el camino. En ese momento escuchó los gruñidos demasiado cerca y disparó todas las veces que pudo. SentÃa que ese animal estaba por alcanzarlo cuando llegó a nuestra casa. Cuando mi abuelo terminó de contar, yo estaba espantadÃsimo. No tanto por lo que le habÃa pasado al abuelo, sino de saber que un demonio estaba afuera de la casa y tal vez volverÃa a intentar meterse. Mi papá le pidió al abuelo que se durmiera para que descansara y empezara a recuperarse. Esa fue una noche bastante inquietante a pesar de que afuera no se escucharon ruidos ni sonidos extraños. Lo que fue preocupante fue escuchar a mi abuelo delirar, describir una y otra vez a esa criatura a la que la llamaba demonio.
20:14 A veces hasta le gritaba con malas palabras. Mi papá se ocupó de cuidarlo. Se pasó el resto de la noche deteniéndolo porque en ocasiones manoteaba o se querÃa levantar. Cuando por fin amaneció ya se le habÃa bajado la temperatura. Mi mamá llevó a una señora amiga suya quien de nuevo curó las heridas con unas hierbas y mi abuelo poco a poco reaccionó. Mientras eso sucedÃa, mi papá revisó todo alrededor de la casa e incluso en el techo. Encontró mucha sangre regada. Cualquier animal o persona que hubiera perdido ese lÃquido vital era muy difÃcil que pudiera sobrevivir. Lo primero que hizo al reaccionar mi abuelo fue preguntar qué habÃa sucedido con aquel animal. Mi papá le contó lo que habÃa visto afuera. Los dos estuvieron de acuerdo que seguramente esa criatura estaba herida de muerte. Tal vez asà fue, porque nunca jamás volvieron a ver a esa criatura, y hasta la casa le llegó la noticia a mi abuelo que aquel brujo que se convertÃa en animal habÃa muerto.
21:20 Lo encontraron una mañana con heridas de bala. Nada más recuperándose, el abuelo volvió a ser el mismo cazador de siempre. Se olvidó de todo, entró sin miedo al monte, una y otra vez a cazar animales. Lo hizo de dÃa y de noche. De esto ya pasó mucho tiempo mi abuelo, hace muchos años que murió, al igual que mis padres. Aunque yo no llegué a ver ese animal nunca, se me olvida lo que nos sucedió esa noche.
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