June 1, 2026

El Nahual Que Dejó Marcado A Mi Abuelo Para Siempre - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Mi abuelo paterno se llamaba Jacinto. Hace muchos años trabajaba en un rancho bastante grande. En un tiempo lo hizo como peón, después como capataz, pero él tenía otra habilidad que lo volvía diferente a los demás hombres. Tenía instinto de cazador. Por lo mismo también lo consideraban una persona peligrosa. En ocasiones lo contrataban en otros ranchos para realizar esa labor. Algunos de sus amigos se referían a él como depredador. aunque a él no le gustaba ese apodo. A pesar de que ya pasaba de los 65 años de edad, no era un anciano. Era astuto y tenía tanta experiencia como habilidad. Además, se miraba muy joven. Mi papá sabía de buena fuente que mi abuelo tenía otros hijos, como se decía en aquellos tiempos, regados por ahí. aunque algunos de ellos ni siquiera los conocía. En esos años vivía con los otros.

1:02 Lo hacía por temporadas. Se quedaba en la casa unos días y en ocasiones no nos visitaba por una o dos semanas. Había muchos motivos para que se desapareciera tanto tiempo. El principal era que se iba de cacería. Cuando regresaba, nos traía carne o algunos animales que se podían consumir. Siempre nos contaba por todas las cosas que le tocaba pasar entre el monte. que obviamente tenían que ver con la caza. Generalmente salía a cazar venados o jabalíes y los vendía. Pero también tenía que ir a matar otro tipo de animales como coyotes u otros depredadores. Lo hacía porque era necesario. Crecían las manadas y a falta de comida atacaban a los ranchos. Principalmente lo hacían con gallinas, cabritos y otros animales pequeños. Entonces los rancheros lo contrataban.

1:55 Él siempre se encontraba dispuesto. Antes de salir a cazar, mi abuelo se preparaba para pasar días y noches enteras entre la oscuridad del monte, lidiando con animales ponzoñosos, cazando de tres a cinco coyotes por noche para ir reduciendo la manada hasta lograr el objetivo. Nunca cargaba con una linterna porque no la necesitaba. Estaba acostumbrado a ver entre la oscuridad. Se escucha extraño, pero así era. Los días eran calurosos y las madrugadas frías. Él ya estaba acondicionado para eso. Nada se le dificultaba. Para sobrevivir mataba liebres o ratas para comer y bebía agua de arroyos o estanques.

2:37 Nos contaba que eso de cazar coyotes no era una tarea tan simple como decían, porque, aunque eran animales de regular tamaño, reaccionaban de forma agresiva. Cuando se miraban en peligro, atacaban en montón. Esa era su defensa, pero, además, y aunque se escuche raro, lo hacían de manera coordinada. Eran depredadores por naturaleza. Después de varias noches de cacería, regresaba a nuestra casa con los estragos de haber peleado con esos animales. Tenía golpes y rasguños en los brazos. No solo él, también su caballo resultaba con muchas mordidas, sobre todo en las patas, aunque ninguna era de gravedad. Ahí en casa preparaba unos ungüentos hechos con cebo y plantas que él mismo conseguía. Con eso pronto sanaban las heridas.

3:26 Cuando se recuperaba de todo, volvía al rancho a hacer sus quehaceres o se metía de nuevo al monte si tenía otro trabajo. Así se la vivía. Me había contado que en varias ocasiones había salido a cazar un felino muy escurridizo. Atacaba los ranchos de manera tan extraña y siniestra. que los rancheros le tenían tanto miedo que creían que no era un simple animal. Aseguraban que era una especie de demonio, o tal vez todavía algo peor. Contaban que no tenía orejas ni cola, pero que además lo habían visto correr apoyado solamente en sus patas traseras. Tenía ojos brillantes y unas garras capaces de rasgar la piel de cualquier animal por gruesa que fuera. Era completamente negro. Tanto que, por las noches, podía desaparecer entre la oscuridad. Mi abuelo no creía en esas cosas del diablo. Por eso, a pesar del peligro que representaba ese felino, se metía al monte a buscarlo con carabina en mano. Siempre lograba escapar ese animal porque nunca le avisaban a tiempo. Lo hacían cuando ya había hecho sus fechorías. A mi abuelo eso le daba mucho coraje, por lo mismo ya se había jurado que un día lo iba a cazar, sin importar que fuera animal, criatura o algún demonio salido del infierno, y conservaría su cabeza como su más preciado trofeo. Decían que ese ser se llevaba hasta de seis gallinas a

4:57 un tiempo, o un borrego, cualquiera que no le representara tantos problemas. Pero eso sí, lo hacía trepando los árboles, los techos o caminando sobre las cercas y corrales porque nunca dejaba huellas en la tierra. Otros aseguraban que, durante sus ataques, se volvía invisible porque nadie lo había visto. Otra cosa extraña era que atacaba de noche o antes del amanecer. Además, todo lo hacía en el más completo silencio. Era tanto así que ni siquiera los perros se daban cuenta cuando eso sucedía. A lo más que había llegado mi abuelo era a verlo de lejos. Según su apreciación, más que un simple felino parecía una cruza o una mutación de algo porque era cierto lo que decían. Parecía que no tenía cola y sus movimientos no era de un animal común. En una ocasión el abuelo se desapareció por un tiempo. Ya habían pasado más de dos semanas y media, pero no había noticias de él. preocupado mi papá lo anduvo buscando en todos los ranchos lo único que pudo averiguar fue que había ido a cazar a ese animal al que le creían demonio una noche entró al monte y no volvió a salir era todo lo que se sabía de hecho debido a la peligrosidad de ese animal algunos ya creían a mi abuelo muerto Una noche casi al cumplirse las tres semanas, creí escuchar unos disparos muy a lo lejos. De rato tocaron a la puerta.

6:28 Lo hicieron tan fuerte que todos nos despertamos. Mi papá se puso en alerta. Agarró su machete y preguntó quién era. Al escuchar la voz de mi abuelo, soltó el arma y pronto le abrió. Al entrar, mi abuelo casi se derrumba. Aún así, con voz firme, dijo que atrancaran pronto la puerta porque algo lo perseguía. Era evidente que estaba mal herido. Apenas lo iban a revisar cuando algo pesado corrió por encima del techo. De inmediato, mi papá volvió a levantar su machete. Nos quedamos mirando porque eso nunca había sucedido. Aquellos pasos se escucharon una vez más. Después, se pusieron a rasguñar la madera como si intentaran hacer un hoyo para meterse. Mi papá le preguntó al abuelo si sabía lo que estaba sobre nuestra casa. Mi abuelo no le contestó.

7:19 Se quitó lo que quedaba de su camisa. Tenía muchas heridas. Hasta parecía que le habían dado azotes. Eran rasguños para ser más exactos. Algunas heridas eran tan profundas que mi mamá no me permitió verlas. Le preguntaron quién le había hecho eso. Mi abuelo respondió apuntando hacia arriba para luego decir qué había sido ese demonio. Ese animal seguía aferrado. Cada vez actuaba de manera más violenta. Rascaba tan fuerte que se comenzaron a aflojar las viejas maderas del techo. Me daba miedo pensar que si seguía así, tarde o temprano iba a lograr meterse. En ocasiones se escuchaba que rasguñaba con las cuatro patas. Mi papá no tenía una carabina, por eso agarró un palo grande y comenzó a pegarle al techo con fuerza para tratar de espantarlo. Mi mamá también con una de sus vasijas comenzó a hacer mucho ruido.

8:13 Sería una cosa o la otra. El caso es que dio resultado. Lo que estaba sobre nosotros dejó de rasguñar. Cuando todo parecía volver a la normalidad, empezaron a golpear las paredes, después la puerta. Era evidente que quería meterse a como diera lugar. Mi papá se paró enfrente, con machete en mano dispuesto a usarlo. Como ese animal no se detenía, mi mamá golpeó la puerta. Entonces, de nueva cuenta, todo quedó en silencio. Pasaron los minutos y ya nada sucedió. Entonces comenzaron a atender al abuelo. Me pidieron que me apartara. Mi papá me pidió que mirara por la ventana, para que estuviera al pendiente por si veía venir a ese animal.

8:57 Lo hacía porque le iban a quitar la ropa a mi abuelo, porque al parecer tenía heridas en todo el cuerpo. Pero no era mala idea estar vigilando, por eso me puse en alerta. Afuera todo era oscuridad. Si esa criatura era tan negra como nos platicaba, el abuelo podía estar enfrente de mí y no verla. Por los comentarios que hacían mis papás, supe que mi abuelo en uno de sus costados tenía una herida tan profunda que iba a necesitar suturas. La espalda la tenía rayada completamente, además de varias mordidas en los brazos y el cuello. En ese momento no lograba verlo, pero al menos yo así lo entendí.

9:38 Le faltaban algunos dedos de las dos manos. Su voz se escuchaba bastante débil, seguramente había perdido mucha sangre. Después de varios minutos y cuando terminaron de limpiarle las heridas y darle a beber un poco de agua, mi abuelo pidió una aguja y un hilo con los que amarraban los costales de maíz. Así, frente a todos, de manera burda, se comenzó a coser. Aunque llegó a quejarse, no lanzó ningún grito. Mi mamá dijo que se tenían que deshacer de toda la ropa y la sangre porque su olor seguramente traería de nuevo a ese animal. Pero mi abuelo les dijo que no salieran porque esa criatura no se había ido. Seguramente se encontraba por ahí oculta, esperando un descuido para atacar. Mi papá le volvió a preguntar qué clase de animal era ese que lo había dejado casi al borde de la muerte. Mi abuelo repitió lo mismo, aseguró que era un demonio y comenzó a contar lo que le había sucedido. Una mañana lo mandaron llamar de un rancho que no quedaba muy lejos de nuestra casa.

10:43 Se entrevistó con el dueño, quien, sabiendo a lo que se dedicaba, lo contrató para que, de una vez por todas, acabara con esa criatura porque ya se había comido muchos animales de su propiedad, así como de otros ranchos. De hecho, como ya se encontraban hartos de esa situación entre todos, se habían puesto de acuerdo para pedirle que él se encargara de eliminarlo. Después de llegar a un acuerdo monetario, el dueño del rancho lo abasteció con una pistola calibre. 45, una carabina nueva y gruesas municiones para que pudiera matar a esa criatura. Además, le ofreció uno o dos hombres a su mando, Le dijeron que las balas no eran normales porque ese animal tampoco lo era. De hecho, le aseguraron que no era un animal. Mi abuelo solo los escuchaba un tanto confundido. Por lo mismo, no se atrevía a interrumpirlos. Estaban seguros que se trataba de un brujo de un pueblo cercano, con quien ya habían tenido algunos problemas.

11:45 Le dijeron que, por tener un pacto con el diablo, ese hombre se transformaba en esa bestia. Por lo mismo, las balas comunes no le hacían nada, pero además de eso, la mayoría le tenía miedo. Por eso, necesitaban a un hombre como él. Le advirtieron que tenía que tener sumo cuidado porque, al ser un demonio, trataría de engañarlo. Y si lograba hacerlo, el muerto sería él. Le aconsejaron dispararle a la cabeza y si caía, ni así se confiara porque no estaban seguros que las balas fueran a funcionar como ellos aseguraban. Mi abuelo aceptó el obsequio, pero rechazó la ayuda de otros hombres y esa misma noche se metió al monte, con la firme determinación de no salir de él hasta que no acabara con esa criatura. Lo haría sin importar los días que tuvieran que transcurrir. Lo extraño fue que desde los primeros días se sintió incómodo.

12:40 Sabía que lo estaban observando, pero no lograba ver a nadie. Así lo dijo mi abuelo. Fue la primera vez que se sintió como la presa. Estaba seguro que lo acechaba un depredador peligroso, entonces no sabía cómo actuar. El acoso era más por las noches, eso lo fue sintiendo paulatinamente. Primero escuchó algunos ruidos a su alrededor que lograron confundirlo, después gruesos gruñidos que salían de las ramas de los árboles, pero de manera inteligente la criatura no se dejaba ver. Mi abuelo estaba seguro que ese animal trataba de jugar con su mente. Así, lentamente, se fueron pasando los días.

13:23 Cuando cumplió una semana entre el monte, como nunca, mi abuelo se sintió cansado, porque prácticamente no había dormido. Pero además de eso, era porque ya estaba cayendo en desesperación. Quizás por eso comenzó a alucinar y a ver cosas que, según él, no existían. Primero fue una sombra con ojos brillantes que se asomaba entre los árboles, para luego desaparecer. Después llegó a ver la figura de un animal bastante extraño. A pesar de que mi abuelo conocía a todos los animales del monte, nunca había visto una criatura así. Era una figura humanoide, con un torso, cabeza y brazos, pero sus patas tenían forma animal. Estaba cubierto de pelo muy negro y gruñía de una manera intimidante. Tenía garras en las cuatro extremidades, además mostraba una gran agilidad para trepar los árboles. Si no fuera por las cosas que le había dicho sobre que ese demonio trataría de engañarlo, pensaría que aquello era solo un chango. Apuntó con la carabina, pero el animal se le perdió entre las hojas y las tupidas ramas. Mi abuelo sentía que estaba por darse por vencido. porque ya iba para dos semanas, a la bestia solo la había visto de lejos y lo que era peor, no había hecho ningún disparo. Una noche ya no pudo más, decidió dejar de ser la presa y convertirse en lo que en realidad era, un cazador. Preparó

14:54 la carabina y tomando valor apuntó, y a lo primero que se movió le disparó sin importar lo que fuera. La intención era espantar a esa criatura o que se hiciera presente. No se esperaba que lo que cayera de un árbol era ese animal. Por la sorpresa ya no apuntó de nuevo, pero además se quedó pasmado, mirando lo que hacía esa criatura. El animal se puso de pie, se veía sorprendido. Cuando mi abuelo pudo reaccionar ya había perdido la oportunidad de rematarlo. Por un momento se quedó dudando si todo aquello había sido verdad, o producto de las alucinaciones que ya eran muy frecuentes. Toda esa noche se dedicó a buscarlo. Revisó todo el lugar a su alrededor, pero no había nada. Ya por la mañana encontró un rastro de sangre. Entonces supo que todo había sido real.

15:45 Como buen cazador, sabía que todo lo que sangra muere. Entonces decidió seguir buscando, solo que tenía que saber si ese animal iba o venía. Usando sus dotes de cazador, supo seguir el rastro, solo que no podía avanzar rápido. Por eso, caminó y caminó gran parte del día, pero sin encontrar nada. Se detuvo un momento para tomar un poco de aire. Al final, se quedó a descansar unos minutos. Cuando comenzaba a caer la tarde, a lo lejos miró a un hombre que lo veía con insistencia. Mi abuelo, pensando que era otro cazador, le hizo una seña a manera de saludo, pero aquella persona lo ignoró. Se dio la vuelta hasta perderse entre los matorrales. Algo le había llamado la atención de aquel hombre. No traía ropa y al parecer se encontraba herido. De hecho, cuando caminó hasta perderse, lo hizo renqueando de una de sus piernas. Tratando de ver para dónde se había ido, caminó para ese lugar, pero ya no lo miró. Solo que ahí encontró algo raro.

16:50 Había sangre y al parecer era del mismo rastro que mi abuelo seguía. Al anochecer siguió con la búsqueda. Tal vez serían como las nueve cuando decidió por fin descansar un rato más. Se sentó en un tronco. No tenía ni cinco minutos cuando, frente a él, tal vez a unos ocho metros pasó esa criatura. No había cómo equivocarse, era un animal extraño y negro que caminaba en las patas traseras. Resultaba inconfundible. Tratando de hacer el menor ruido posible, se levantó, apuntó con la carabina y comenzó a buscarlo. Dando pasos cortos pero seguros, rastreó un buen tramo. Buscó entre los arbustos, entre las ramas altas. No miraba a nadie, pero sabía que ahí estaba. Lo podía sentir. De repente volvió a aparecer muy cerca de él. Sin pensarlo, le disparó hasta en tres ocasiones. Siendo el cazador experimentado que era, no había manera de que pudiera fallar. Ahora sí se escuchó un gruñido y al parecer había sido de dolor.

17:52 Aún con el temor que le daba ese animal al ser algo desconocido fue siguiendo aquel sonido. Lo hizo por varios metros. Cuando dejó de escucharse se detuvo. Estaba seguro que por ahí lo encontraría tirado. Tal vez hasta moribundo. Por eso comenzó a buscarlo abajo. Con el dedo en el gatillo caminó unos cuantos metros más mientras apretaba con fuerza su carabina. Cuando más confiado estaba, el animal cayó de sorpresa sobre de él, rasguñándole los brazos y la espalda. Era tan violento el ataque que mi abuelo pensó que ese sería su fin. Pero de repente reaccionó. En vez de darse por vencido, decidió pelear y sacó fuerzas. Como no podía usar la carabina, la soltó. Sacó la pistola y poniendo su mano atrás de su cintura, comenzó a disparar.

18:41 Lo hizo en varias ocasiones, mientras ese animal lo seguía agrediendo. Mi abuelo estaba seguro que le volvió a dar porque ese animal lo soltó por un momento. Eso fue suficiente para dispararle en dos ocasiones más. Pero esos disparos al parecer no habían dado en el blanco porque esa criatura se volvió a desaparecer. Como pudo, agarró de nuevo la carabina y comenzó a caminar de regreso. Ya de eso dependía su vida. Cuando lo llegaba a escuchar detrás de él sin siquiera apuntarle, disparaba. Solo lo hacía para mantenerlo alejado. No sabía por cuánto tiempo caminó ni cuántas veces le disparó.

19:22 Estaba a punto de desvanecerse cuando reconoció el camino. En ese momento escuchó los gruñidos demasiado cerca y disparó todas las veces que pudo. Sentía que ese animal estaba por alcanzarlo cuando llegó a nuestra casa. Cuando mi abuelo terminó de contar, yo estaba espantadísimo. No tanto por lo que le había pasado al abuelo, sino de saber que un demonio estaba afuera de la casa y tal vez volvería a intentar meterse. Mi papá le pidió al abuelo que se durmiera para que descansara y empezara a recuperarse. Esa fue una noche bastante inquietante a pesar de que afuera no se escucharon ruidos ni sonidos extraños. Lo que fue preocupante fue escuchar a mi abuelo delirar, describir una y otra vez a esa criatura a la que la llamaba demonio.

20:14 A veces hasta le gritaba con malas palabras. Mi papá se ocupó de cuidarlo. Se pasó el resto de la noche deteniéndolo porque en ocasiones manoteaba o se quería levantar. Cuando por fin amaneció ya se le había bajado la temperatura. Mi mamá llevó a una señora amiga suya quien de nuevo curó las heridas con unas hierbas y mi abuelo poco a poco reaccionó. Mientras eso sucedía, mi papá revisó todo alrededor de la casa e incluso en el techo. Encontró mucha sangre regada. Cualquier animal o persona que hubiera perdido ese líquido vital era muy difícil que pudiera sobrevivir. Lo primero que hizo al reaccionar mi abuelo fue preguntar qué había sucedido con aquel animal. Mi papá le contó lo que había visto afuera. Los dos estuvieron de acuerdo que seguramente esa criatura estaba herida de muerte. Tal vez así fue, porque nunca jamás volvieron a ver a esa criatura, y hasta la casa le llegó la noticia a mi abuelo que aquel brujo que se convertía en animal había muerto.

21:20 Lo encontraron una mañana con heridas de bala. Nada más recuperándose, el abuelo volvió a ser el mismo cazador de siempre. Se olvidó de todo, entró sin miedo al monte, una y otra vez a cazar animales. Lo hizo de día y de noche. De esto ya pasó mucho tiempo mi abuelo, hace muchos años que murió, al igual que mis padres. Aunque yo no llegué a ver ese animal nunca, se me olvida lo que nos sucedió esa noche.