Mi Madre Ocupó Su Lugar: El Exorcismo Del Diablo
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 asistà al exorcismo de mi propio hermano en una casa de campo y todavÃa recuerdo la advertencia que nos hizo el curandero antes de entrar al cuarto el demonio nunca pierde, solo negocia en ese momento pensé que intentaba prepararnos para lo que Ãbamos a ver pero horas después entendà que hablaba en serio mi hermano terminó libre aunque ninguno de nosotros comprendió que el trato no terminaba cuando aquello salÃa de su cuerpo sino cuando encontraba a otra persona dispuesta a aceptar lo que él dejaba atrás. Adrián tenÃa 28 años. Durante tres dÃas casi no durmió. Dejó de comer y empezó a reaccionar con violencia cada vez que alguien intentaba acercarse.
0:52 La última noche golpeó a mi padre y después trató de lastimarse contra una pared. Asà que entre varios familiares logramos sujetarlo y lo llevamos a una casa de campo fuera del pueblo. Ahà encontramos una cama de hierro y terminamos amarrándolo con correas gruesas, porque cada vez que recuperaba fuerza trataba de soltarse. Mi madre consiguió a un curandero llamado Hilario y antes de entrar nos pidió que lo escucháramos con atención. Dijo que, si de verdad habÃa algo dentro de Adrián, iba a utilizar lo que supiera de nosotros para dividirnos, provocar miedo y obligarnos a reaccionar. PodÃa mentir, revelar secretos o mezclar ambas cosas, pero lo más importante era no responder preguntas y no aceptar ningún acuerdo. Mi padre quiso saber si podÃa expulsarlo. Hilario dijo que podÃa hacerlo salir si lograba debilitarlo, aunque también advirtió que una entidad de ese tipo buscarÃa una salida favorable antes de ceder.
1:55 Luego repitió algo que no olvidé. Un demonio no pierde, solo negocia. Entramos al cuarto. Adrián estaba boca arriba con las muñecas sujetas a los costados y los tobillos amarrados a la estructura de la cama. TenÃa los ojos cerrados y respiraba rápido. Mi madre se quedó cerca de la puerta. Mi padre permaneció a un lado y yo me puse frente a la cama. Hilario se sentó junto a mi hermano, apoyó una mano sobre su frente y comenzó a rezar en voz baja. Adrián abrió los ojos y las pupilas no se veÃan. Toda la parte visible era blanca. Mi madre pronunció su nombre, pero Hilario le pidió que guardara silencio.
2:38 Adrián apretó las manos, arqueó la espalda y tiró de las correas hasta mover la cama varios centÃmetros. El curandero continuó rezando mientras mi hermano temblaba cada vez con más fuerza. Después abrió la boca y habló con una voz rasposa, más grave que la suya. Preguntó por qué habÃamos tardado tanto en buscar ayuda, pero nadie contestó. Volvió a repetir la pregunta y terminó con una risa breve. La pierna derecha de Adrián se endureció. Vi cómo se tensaba el muslo mientras el pie seguÃa sujeto a la cama, y la rodilla comenzó a desplazarse hacia atrás. El movimiento fue lento al principio, luego la articulación se dio un poco más.
3:21 Adrián gritó con su propia voz, pidió ayuda y trató de levantar la cabeza. Escuchamos un crujido seco. Mi madre corrió hacia él, pero Hilario la detuvo antes de que llegara a tocarlo. Adrián dejó de gritar y sus ojos habÃan cambiado. El blanco desapareció y quedaron completamente negros, y después sonrió. La voz se dirigió a mi madre. Le dijo que llevaba años sin tomar en serio aquello en lo que decÃa creer, pero ahora rezaba todas las noches, porque tenÃa miedo de perder a su hijo. La llamó hipócrita y le preguntó por qué habÃa necesitado llegar hasta ese momento para acordarse de Dios. Mi madre empezó a llorar, pero Hilario le pidió que no contestara. Adrián giró la cabeza hacia mi padre y la voz siguió. Le recordó que tenÃa imágenes religiosas en casa, que hablaba de fe frente a otras personas y que al mismo tiempo habÃa tratado con desprecio a quienes llegaban a pedir comida o ayuda.
4:25 Después lo llamó cristiano de plástico. y dijo que despreciaba a los pobres cuando se sentÃa seguro, pero se arrodillaba frente a imágenes de madera cuando tenÃa miedo. Mi padre dio un paso hacia la cama, pero Hilario le ordenó retroceder. Adrián soltó una risa corta y su brazo izquierdo se tensó, y el codo comenzó a doblarse hacia atrás. Esta vez el movimiento fue más rápido y terminó con otro crujido. Mi madre se tapó la boca. Entonces Adrián giró hacia mÃ. Sus ojos regresaron al blanco y la voz cambió. Se volvió más grave y pronunció mi nombre. Me recordó una discusión que habÃa tenido con él meses antes. Me habÃa pedido dinero y yo me negué porque pensaba que estaba metido en problemas. Después supe que tenÃa una deuda y que habÃa pasado semanas tratando de resolverla solo. Nunca hablé de eso con nadie. La voz me preguntó si me sentÃa culpable, pero no respondÃ. Hilario me miró y negó con la cabeza. Adrián continuó hablando y dijo que todos habÃamos llegado para salvarlo, pero también para sentirnos mejor con nosotros mismos. Mi padre bajó la mirada y mi madre siguió llorando. Entonces el cuerpo de Adrián volvió a sacudirse y la otra rodilla comenzó a doblarse. Esta vez gritó antes de que terminara el movimiento. Suplicó que lo soltáramos.
5:52 dijo que sentÃa que las piernas se le estaban rompiendo y llamó a nuestra madre ella intentó correr hacia la cama pero mi padre la sujetó los ojos de Adrián se volvieron negros otra vez y la voz rasposa regresó le dijo a mi madre que podÃa detener todo aquello cuando quisiera Hilario dejó de rezar y el cuarto quedó en silencio preguntó qué querÃa y la entidad respondió que querÃa hacer un trato Hilario dijo que no Ãbamos a negociar, pero Adrián sonrió y la voz respondió que no necesitaba hablar con él, porque el acuerdo era para nosotros. Mi madre preguntó qué querÃa. Hilario le ordenó que no siguiera hablando, pero la entidad ya habÃa conseguido lo que buscaba. Explicó que dejarÃa el cuerpo de Adrián si uno de nosotros aceptaba cargar con una sola de sus culpas. No pidió dinero ni habló de sacrificios, solo querÃa que alguien aceptara.
6:52 Mi padre preguntó qué significaba cargar con una culpa. La respuesta fue que lo sabrÃamos después. Hilario se acercó y nos advirtió que nadie debÃa aceptar nada. Dijo que la frase estaba hecha para engañarnos, porque una vez dado el consentimiento, ya no tendrÃamos control sobre el verdadero sentido del trato. Mi madre miró a Adrián. Recuperó su propia voz y pidió ayuda. Lloraba, respiraba con dificultad y tenÃa los brazos y las piernas deformados. Ella le preguntó a Hilario cuánto más podÃa aguantar. El curandero no respondió. La entidad aprovechó el silencio y dijo que bastaba una sola palabra, aceptar.
7:34 Mi madre preguntó si Adrián quedarÃa libre y la voz respondió que sÃ. Hilario aclaró que eso no significaba que todos quedarÃamos a salvo. pero mi madre apenas lo escuchó. Adrián gritó otra vez y su segundo brazo comenzó a doblarse. Mi madre se soltó de mi padre, avanzó hasta quedar cerca de la cama y gritó que aceptaba. Todo se detuvo. La cama dejó de moverse y Adrián quedó inmóvil. Mi madre respiraba con dificultad. Hilario la miró y su expresión cambió por completo. Ella repitió que aceptaba cargar con la culpa de su hijo. Entonces escuchamos un crujido. La rodilla derecha de Adrián comenzó a regresar a su posición, después la izquierda. Los codos se enderezaron con sonidos secos y las articulaciones recuperaron su forma. Hilario dio un paso atrás.
8:29 Mi hermano tomó aire, cerró los ojos y se quedó quieto. Pasaron unos segundos, después volvió a abrirlos y eran normales. Adrián miró a nuestra madre y empezó a llorar. Mi madre se acercó a la cama y le tocó el rostro. Adrián la reconoció de inmediato. Preguntó qué habÃa pasado y por qué estaba amarrado. Su voz habÃa vuelto a ser la de siempre, aunque estaba débil y apenas podÃa mover las piernas. Mi padre comenzó a soltar las correas y yo hice lo mismo del otro lado. Cuando Adrián intentó incorporarse, el dolor lo obligó a quedarse acostado. Hilario nos pidió que no lo levantáramos todavÃa y mantuvo la vista fija en mi madre. Ella seguÃa junto a la cama con una mano apoyada sobre el hombro de mi hermano, hasta que llevó la otra al pecho y dijo que le faltaba el aire. Mi padre se acercó para sostenerla, pero Hilario le ordenó que no la tocara. Mi madre lo miró sin entender y preguntó qué ocurrÃa, e Hilario empezó a rezar otra vez. Ella retrocedió un paso, la pierna derecha perdió fuerza y cayó de rodillas. Adrián trató de levantarse y pero lo sujeté porque apenas podÃa sostener el peso de su cuerpo. Mi madre apoyó las manos en el suelo y tomó varias respiraciones profundas. Su espalda se endureció, los dedos se cerraron y los brazos comenzaron a temblar.
9:57 Mi padre quiso acercarse de nuevo, pero Hilario le dijo que no y lo jaló para atrás, entonces ella levantó lentamente el rostro con los ojos cerrados, cuando los abrió el color habÃa cambiado por completo, eran rojos, Adrián dejó de forcejear y mi padre tampoco avanzó, durante unos segundos nadie dijo nada, Mi madre abrió la boca y sonrió. Esa misma expresión habÃa aparecido en Adrián cada vez que la entidad tomaba el control de su cuerpo. Después soltó una risa breve, áspera, idéntica a la que habÃamos escuchado desde la cama. Hilario elevó la voz durante el rezo. El brazo derecho de mi madre se tensó y el codo comenzó a doblarse hacia atrás y después escuchamos un crujido.
10:44 El izquierdo cedió después. Mi padre gritó su nombre, pero ella siguió mirando al frente sin responder. Las piernas empezaron a torcerse y ambas rodillas se desplazaron hacia atrás hasta dejarla en la misma postura en la que habÃa estado Adrián. Mi hermano empezó a llorar y me pidió que terminara de desatarlo. Solté la última correa y trató de bajar de la cama, pero las piernas no lo sostuvieron. Cayó al suelo y avanzó apoyándose en los brazos. Hilario lo sujetó antes de que llegara hasta nuestra madre y le ordenó que no la tocara. Adrián preguntó qué estaba pasando. En ese momento, ella levantó la cabeza y la voz rasposa salió de su boca. Dijo que habÃa cumplido. Mi hermano dejó de moverse y la entidad explicó que habÃa prometido abandonar su cuerpo y que eso era exactamente lo que habÃa hecho. Mi padre preguntó por qué estaba dentro de ella La voz respondió que nadie habÃa preguntado qué significaba cargar con una culpa. Hilario dijo que habÃa utilizado el trato para obtener permiso, pero la entidad se rió y le recordó que él mismo nos habÃa advertido que no negociáramos. Adrián miró a nuestra madre y preguntó si todavÃa podÃa sacarla. Hilario guardó silencio y la respuesta llegó de ella. Dijo que Adrián ya habÃa recibido lo acordado
12:15 Estaba libre y eso cerraba su parte del trato. Mi hermano negó con la cabeza y dijo que él nunca habÃa aceptado nada, pero la entidad contestó que su madre sà lo habÃa hecho. Adrián comenzó a pedir perdón. Primero habló hacia ella, después hacia nosotros. Dijo que todo era culpa suya, que nuestra madre estaba en el suelo por haber querido salvarlo y que él debÃa seguir ocupando aquella cama. Hilario le ordenó que dejara de repetirlo, pero Adrián continuó hasta que la entidad volvió a reÃr. Entonces, Hilario lo sujetó del brazo y le dijo que guardara silencio, porque cada vez que asumÃa toda la culpa, le estaba dando exactamente lo que buscaba. Mi madre levantó la cabeza y fijó los ojos rojos en Adrián. La voz dijo que ahora entendÃa el trato. luego añadió que una culpa habÃa cambiado de dueño y que nadie habÃa exigido saber qué consecuencias tendrÃa aceptarla Hilario le ordenó salir del cuerpo de mi madre y retomó el rezo ella comenzó a sacudir los brazos torcidos contra el suelo mi padre tuvo que retroceder para evitar los golpes el curandero siguió durante varios minutos pero esta vez la entidad no reaccionó con dolor ni perdió el control del cuerpo Se limitó a mirarlo.
13:40 Cuando Hilario terminó una de las oraciones, la voz dijo que ya no estaba ahà contra la voluntad de nadie. HabÃa recibido permiso. Mi padre preguntó si aquello era cierto. Hilario tardó en contestar. Luego dijo que la aceptación de mi madre habÃa cambiado todo y que ya no podÃa tratar aquello del mismo modo que la posesión de Adrián. Mi madre seguÃa de rodillas, con las articulaciones deformadas y la respiración controlada. Adrián no apartaba la vista de ella y la entidad le dijo que podÃa acercarse si querÃa despedirse. Mi hermano avanzó un poco, pero lo detuve. Entonces la voz cambió. Desapareció el tono rasposo y escuchamos la voz normal de mi madre. Pronunció el nombre de Adrián y pidió que se acercara. Ãl se quedó inmóvil y volvió a llamarlo, esta vez llorando. Dijo que tenÃa miedo, que le dolÃan los brazos y que necesitaba que su hijo la ayudara. Adrián trató de soltarse de mÃ. Dijo que era nuestra madre y que seguÃa consciente. Hilario se colocó frente a él y respondió que no podÃamos saberlo, porque la entidad ya habÃa usado antes la voz de Adrián para obligarnos a reaccionar. Desde el suelo, mi madre volvió a pedir ayuda. Mi hermano apretó las manos y cerró los ojos. La voz insistió una última vez, luego se cortó de golpe. Cuando Adrián volvió a mirar, los ojos
15:11 de ella estaban rojos otra vez y aquella sonrisa habÃa regresado. Hilario nos ordenó salir del cuarto. Mi padre ayudó a Adrián a levantarse y yo lo sostuve del otro brazo, pues apenas podÃa caminar. Antes de cruzar la puerta, volvió la cabeza. Mi madre seguÃa en el suelo, con los brazos y las piernas doblados hacia atrás. Levantó el rostro, miró directamente a Adrián y le sonrió. Ãl dejó de avanzar y tuve que empujarlo suavemente hacia el corredor, mientras Hilario cerraba la puerta detrás de nosotros. Desde dentro llegó una risa corta y luego no escuchamos nada más. Adrián se sentó contra la pared y se cubrió la cara con ambas manos, y mi padre se quedó junto a él.
16:00 Yo le pregunté a Hilario si podÃa deshacer el acuerdo, pero contestó que el problema ya no era solamente expulsar a la entidad, porque ahora existÃa un consentimiento. También sabÃa qué nos hacÃa reaccionar, qué culpa podÃa utilizar contra Adrián y quién de nosotros estaba dispuesto a sacrificarse por otro. Le pregunté si eso significaba que ya no habÃa forma de recuperar a mi madre. Hilario dijo que no podÃa asegurarlo y se negó a prometer algo que no sabÃa si podÃa cumplir. Adrián levantó la cabeza y preguntó si ella seguÃa consciente dentro del cuarto. Hilario volvió a decir que no tenÃa forma de saberlo. En ese momento escuchamos la voz de mi madre detrás de la puerta y dijo el nombre de Adrián con total claridad. Mi hermano intentó ponerse de pie y casi cayó. Pero Hilario extendió un brazo y lo detuvo. Ella volvió a llamarlo, esta vez llorando, y le pidió que abriera. Adrián se quedó mirando la puerta mientras apretaba los dientes. Mi padre también escuchó la voz, pero ninguno se acercó. La petición continuó unos segundos y después terminó. No hubo golpes ni gritos, solo silencio. Adrián permaneció de pie apoyado contra la pared.
17:24 mirando el lugar donde habÃamos dejado a nuestra madre. Yo estaba a su lado y podÃa sentir cómo le temblaba el brazo. HabÃa recuperado el control de su cuerpo, reconocÃa nuestras caras y entendÃa todo lo que acababa de pasar. Eso volvió más duro lo que vino después, porque sabÃa exactamente por qué ella estaba dentro de ese cuarto. Hilario habÃa dicho la verdad desde el principio. La entidad negoció cada palabra y cumplió lo que prometió. Salió del cuerpo de Adrián, dejó que recuperara sus brazos, sus piernas y su conciencia, pero nunca prometió marcharse de nuestra familia. Nosotros añadimos esa parte por nuestra cuenta. Mi madre escuchó que su hijo quedarÃa libre y aceptó antes de preguntar qué tendrÃa que recibir a cambio. Esa fue la última imagen que conservé de aquella noche. Adrián frente a la puerta, incapaz de entrar, escuchando la respiración de nuestra madre al otro lado. Ãl habÃa sobrevivido y lo sabÃa, pero también sabÃa quién habÃa ocupado su lugar. El demonio no perdió, solo cambió de persona. Si te gustó este video te recomiendo ir a ver testimonios de personas poseÃdas y exorcizadas, y también exorcismo a una monja bruja.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed