Los Enviados: El Llamado De La Medianoche
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0:05 La primera noche pensé que era un hombre parado detrás del corral. La segunda, entendà que estaba vigilando nuestra casa. Y la tercera, lo vi apoyar las manos en el suelo. Y ahà empezó todo. Yo tenÃa 19 años y vivÃa con mis padres, mi hermana menor, mi abuela y un tÃo. En un pueblo rural donde después de cierta hora casi nadie caminaba por los alrededores. Cualquier persona que se acercara a la propiedad llamaba la atención. Sobre todo porque nuestra familia conocÃa a casi todos los vecinos. El problema comenzó por una discusión entre mi abuela y una mujer llamada Teodora. En el pueblo la conocÃan porque hacÃa limpias y otros trabajos. Además, corrÃan historias sobre personas que habÃan terminado mal después de tener problemas con ella. Pero yo nunca habÃa visto nada que demostrara esas historias y no les daba importancia. Mi abuela sà las conocÃa y evitaba hablar del tema. Ella y Teodora tenÃan un pleito por un terreno que habÃa pertenecido a la familia. Una tarde, Teodora llegó a nuestra casa y empezó a discutir con mi abuela desde la entrada.
1:18 Mi padre salió cuando comenzaron los insultos. Se colocó entre las dos y le pidió que se fuera. Teodora no siguió discutiendo. Solo miró a mi abuela y le dijo que pronto se cansarÃa de vivir ahÃ. y después se marchó. En ese momento, lo tomamos por una amenaza hecha durante una pelea, y nada más. Pero dÃas después, encontramos una gallina muerta dentro del corral, y a la mañana siguiente apareció otra. Ninguna estaba comida y tampoco faltaban partes del cuerpo, y las dos tenÃan el cuello lastimado. Mi padre revisó el cercado, aseguró la entrada y dejó al perro en el patio durante la noche. Cuando despertamos, el perro habÃa desaparecido.
2:03 Mi tÃo salió a buscarlo y terminó encontrándolo lejos de la casa, escondido entre unos árboles. TenÃa varios rasguños largos en el lomo, y se resistió desde el momento en que intentaron traerlo de regreso. Al llegar a la propiedad, comenzó a revolverse con fuerza, hasta que mi padre tuvo que cargarlo. Mi abuela mencionó a Teodora, y mi madre le pidió que no relacionara todo con aquella discusión. Yo estaba de acuerdo con mi madre, pensaba que algún animal habÃa entrado al corral, y que el perro se habÃa alejado después de enfrentarlo. Esa explicación me bastó hasta esa misma noche cuando estaba cerrando una ventana y vi a un hombre cerca del corral. No pude verle bien la cara, pero distinguà su cuerpo y la dirección en la que estaba mirando. TenÃa la vista puesta en la casa, Llamé a mi padre y salimos con mi tÃo. Mi padre le preguntó qué querÃa, pero el hombre permaneció quieto y no respondió. Avanzamos unos pasos hacia él y entonces dio media vuelta, caminó hasta los árboles y desapareció entre ellos.
3:14 Mi padre quiso seguirlo, pero mi tÃo le dijo que no tenÃa sentido meterse en el terreno oscuro detrás de un desconocido. A la mañana siguiente encontramos varias huellas cerca del corral. Algunas tenÃan la forma de un pie descalzo y otras eran más anchas, con marcas irregulares en la parte delantera. Mi padre atribuyó la diferencia a la tierra húmeda y no quiso discutirlo más. Mi abuela se quedó observándolas. Luego entró a la casa sin decir nada. La noche siguiente, el hombre regresó. Esta vez mi hermana fue quien lo vio y nos llamó desde su cuarto. Cuando llegamos, estaba otra vez cerca del corral. Mi padre decidió que nadie saldrÃa y nos pidió mantenernos dentro. Lo observamos durante un rato hasta que desapareció de nuestra vista. CreÃmos que se habÃa ido, pero poco después escuchamos tres raspaduras largas sobre la puerta trasera. Mi madre encendió la luz de la cocina y el ruido se cortó. Mi padre revisó desde una ventana y no encontró a nadie. Al amanecer vimos tres marcas nuevas en la madera. Mi abuela dijo que debÃamos mantener puertas y ventanas cerradas desde antes de que oscureciera.
4:30 Mi padre le preguntó por qué estaba tan segura de que aquello iba a continuar. Entonces ella contó algo que nunca nos habÃa mencionado. Una hermana suya habÃa tenido un problema con Teodora muchos años antes. Primero comenzó a encontrar animales muertos. Después veÃa una presencia cerca de la casa y más adelante, Un hombre empezó a aparecer por las noches. Su hermana terminó yéndose del pueblo durante varios meses. Mi padre no quiso aceptar que ambas situaciones estuvieran relacionadas y dijo que nosotros no abandonarÃamos nuestra casa por una historia vieja.
5:11 Mientras mi abuela insistÃa en que ya habÃa visto aquella secuencia antes, pero la discusión terminó sin acuerdos. La tercera noche dejamos al perro dentro de la casa y nadie salió al patio. Yo estaba cerca de la cocina cuando vi nuevamente al hombre. Esta vez se habÃa acercado más y la luz exterior alcanzaba parte de su rostro. Ahà pude verlo con claridad suficiente. Estaba sonriendo, tenÃa la boca abierta y mostraba todos los dientes, pero no movÃa las mejillas ni los ojos. Llamé a mi padre y cuando llegó a la ventana el hombre se agachó. apoyó una mano en el suelo y después la otra sus dedos eran largos y las uñas sobresalÃan varios centÃmetros mi padre abrió la puerta solo lo necesario para ordenarle que se fuera pero el desconocido levantó la cabeza mantuvo la sonrisa y empezó a avanzar apoyándose en manos y pies mi padre cerró de inmediato mi madre llevó a mi hermana con mi abuela y mi tÃo empujó un mueble contra la entrada yo seguà mirando por la ventana El hombre llegó al patio, se detuvo y fijó la vista en mÃ.
6:24 Después corrió hacia un costado de la casa. Escuchamos golpes contra la pared y al perro llorando en una de las habitaciones. Los ruidos avanzaron alrededor de la vivienda hasta detenerse frente a la entrada principal. Entonces alguien tocó tres veces. Mi padre preguntó quién estaba afuera y la respuesta llegó de inmediato. Era la voz de mi abuela. con el mismo tono que usaba todos los dÃas. Pronunció el nombre de mi padre y pidió que le abriéramos, pero nadie se acercó a la puerta, pues mi abuela estaba sentada a pocos metros de nosotros. La voz volvió a insistir desde afuera, repitió el nombre de mi padre y pidió entrar.
7:07 Mi hermana empezó a llorar, mi madre la sujetó y mi tÃo permaneció junto al mueble que bloqueaba la entrada. Yo miré a mi abuela y ella no dijo nada. Hasta esa noche yo podÃa explicar las gallinas, las huellas, el perro herido y hasta al desconocido junto al corral. Pero lo que escuchamos detrás de aquella puerta ya no tenÃa una explicación que pudiéramos comprobar. El hombre llevaba tres noches observándonos. HabÃa escuchado nuestras voces y acababa de usar una de ellas para pedirnos que lo dejáramos entrar. Nos reunimos en la sala sin alejarnos unos de otros. Mi padre sostenÃa una herramienta Mi tÃo llevaba el machete, mi madre mantenÃa a mi hermana junto a ella y mi abuela no apartaba la vista de la entrada. Poco después escuchamos pasos sobre el techo. Iban de un extremo al otro, se detenÃan encima de nosotros y volvÃan a moverse. El perro empezó a ladrar desde el cuarto donde lo habÃamos dejado y mi padre pidió que nadie saliera. Los pasos avanzaron hasta quedar sobre la habitación de mi hermana. Y luego comenzaron varios golpes secos. Ella se cubrió los oÃdos y mi tÃo dijo que debÃamos revisar. Pero mi padre se negó y le advirtió que salir era exactamente lo que podÃan estar buscando. En ese momento escuchamos un golpe fuerte en el patio. El perro ladró con más fuerza y después soltó un chillido. Mi padre abrió la puerta trasera.
8:39 Mi tÃo salió detrás de él y yo lo seguÃ. Encontramos al animal dentro del cuarto, pegado contra una esquina, respirando rápido y mirando hacia arriba. La puerta seguÃa cerrada y sobre el techo habÃa varias marcas largas que no estaban ahà cuando lo dejamos. Regresamos a la casa de inmediato. Mi madre estaba frente a una ventana y no se movÃa. Cuando miré hacia donde tenÃa la vista, vi al hombre del otro lado del vidrio. TenÃa la cara muy cerca de la ventana y seguÃa sonriendo. Esta vez pude observar mejor sus manos. Las uñas eran oscuras, gruesas y largas. SobresalÃan varios centÃmetros de los dedos. Mi padre levantó la herramienta y el hombre abrió todavÃa más la boca. Mi hermana gritó y la cara desapareció de la ventana. Mi tÃo avanzó hacia la puerta, pero mi padre lo sujetó antes de que pudiera abrir. Entonces escuchamos pasos dentro de la casa. VenÃan del pasillo y todos los oÃmos con claridad.
9:43 Mi padre entró primero y nosotros fuimos detrás. Revisamos las habitaciones sin encontrar a nadie. Cuando llegamos al cuarto de mi abuela, vimos tierra junto a la cama y un pequeño paquete envuelto en tela. Mi padre lo llevó a la cocina y lo abrió sobre la mesa. Dentro habÃa una fotografÃa vieja de mi abuela, un poco de cabello y varios huesos pequeños. Mi abuela tomó la fotografÃa y dijo que conocÃa esa imagen. HabÃa sido tomada muchos años atrás y una copia habÃa quedado entre pertenencias de la familia. Asà que Teodora podÃa haber tenido acceso a ella. Mi padre quiso ir a buscarla en ese momento, pero mi madre lo convenció de esperar hasta que amaneciera. Nadie sabÃa que contenÃa realmente aquel paquete, ni quién lo habÃa dejado debajo de la cama. Mi tÃo lo puso dentro de un recipiente y lo dejó fuera de la casa. Pensábamos llevarlo con nosotros al dÃa siguiente. Al amanecer, el recipiente estaba tirado y el paquete habÃa desaparecido. En la tierra quedaron varias marcas que salÃan desde ese punto y terminaban cerca del patio. Mi padre ya no intentó buscar otra explicación.
10:58 Después de comer algo, fuimos a casa de Teodora. Mi abuela insistió en acompañarnos porque querÃa hablar con ella directamente. Teodora estaba afuera cuando llegamos. Mi padre le mostró la fotografÃa y le preguntó si sabÃa por qué habÃa aparecido dentro de nuestra casa. Ella la miró unos segundos y después fijó la vista en mi abuela. Dijo que algunas cosas comenzaban porque alguien las llamaba. Mi padre le preguntó si ella habÃa mandado al hombre que llevaba varias noches rondando la propiedad. Teodora guardó silencio y mi abuela le pidió que terminara lo que habÃa empezado. La mujer sonrió y respondió que ya no dependÃa de ella. No agregó nada más. Mi padre insistió, pero Teodora entró a su casa y cerró la puerta. Regresamos sin una explicación clara, aunque esa respuesta bastó para que mi padre cambiara de opinión.
11:55 Dijo que nos irÃamos a casa de unos familiares y que volverÃamos por nuestras cosas cuando todo se calmara. Esta vez mi abuela no discutió. Empezamos a preparar ropa y documentos para salir ese mismo dÃa, pero no alcanzamos a hacerlo. El perro comenzó a gruñir mientras miraba hacia el patio. Me acerqué a una ventana y vi tres figuras afuera. Una estaba cerca del corral, otra se movÃa por la parte trasera y la tercera avanzaba hacia nosotros. Reconocà al hombre de las noches anteriores, pero cuando llegó frente a la ventana levantó la cara. y sus rasgos habÃan cambiado.
12:37 Los ojos, la boca y la forma de la expresión eran los mismos que yo habÃa visto en Teodora unas horas antes. Mi padre también lo notó y pronunció su nombre. El hombre sonrió, levantó una mano y apoyó las uñas contra el vidrio. Mi madre tomó a mi hermana y la llevó hacia el centro de la casa. Mi tÃo cerró el acceso a la cocina. mientras mi abuela fue por una caja en donde guardaba documentos y fotografÃas. Al abrirla, descubrió que faltaban varias imágenes familiares. Mi madre recordó que dÃas antes habÃa encontrado una ventana abierta después de regresar a casa. Hasta ese momento, nadie le habÃa dado importancia.
13:18 Ahà entendimos que alguien habÃa entrado antes de las primeras apariciones y que el paquete podÃa haber sido colocado durante esa visita. Los golpes comenzaron en la puerta trasera, mientras algo corrÃa sobre el techo. Mi padre y mi tÃo empujaron los muebles contra las entradas. Yo regresé a la ventana y el hombre seguÃa frente a nosotros, pero su rostro ya habÃa vuelto a cambiar. Otra vez tenÃa la cara que vimos durante las primeras noches. Dejó de sonreÃr y miró hacia el interior, y sus ojos se detuvieron en mi hermana. Ella estaba detrás de mi madre. Asà que mi madre se movió hacia un lado y la llevó con ella. La mirada del hombre siguió exactamente el mismo recorrido. Mi padre también lo vio. Nadie tuvo que decir nada. Mi madre agarró a mi hermana del brazo y la llevó al cuarto más alejado, mientras nosotros mantenÃamos las entradas cerradas. El hombre permaneció frente a la ventana unos segundos más y después desapareció del patio. La discusión con Teodora habÃa iniciado todo, pero esa noche quedó claro que la presencia ya no estaba pendiente de mi abuela.
14:33 HabÃa fijado la atención en mi hermana, y desde ese momento nuestro único objetivo fue sacarla de aquella casa. Mi padre decidió que saldrÃamos en cuanto pudiéramos hacerlo sin separarnos. Las figuras seguÃan alrededor de la casa. Escuchábamos pasos cerca del corral. golpes en la parte trasera y movimientos sobre el techo. Mi tÃo propuso salir por la entrada principal para distraerlas, mientras nosotros usábamos la puerta de atrás, pero mi padre se negó. No querÃa que nadie se quedara solo. Seguimos esperando hasta que de pronto todo quedó en silencio. Me acerqué a la ventana y el hombre ya no estaba ahÃ. Mi padre revisó el patio desde la puerta trasera y dijo que no veÃa a nadie. Entonces nos pidió tomar solo lo necesario para salir de una vez.
15:26 Mi madre fue por mi hermana y regresó de inmediato, pero el cuarto estaba vacÃo. Primero pensamos que se habÃa escondido, asà que revisamos debajo de la cama, el baño y las otras habitaciones. Mi madre empezó a llamarla mientras mi padre revisaba las ventanas. La del cuarto estaba abierta. Salimos al patio y encontramos una de sus sandalias cerca del corral. Mi padre y mi tÃo siguieron hacia el camino. Mi madre se quedó con mi abuela y yo fui hacia el terreno de atrás. Después de avanzar un poco, escuché un llanto. Seguà el sonido y encontré a mi hermana agachada junto a un árbol, descalza y con varios rasguños en los brazos. Corrà hacia ella y le pregunté qué habÃa ocurrido. Le costaba hablar, pero logró decirme que nuestra abuela habÃa entrado al cuarto y le habÃa pedido que la acompañara. Mi hermana obedeció, abrió la ventana y salió detrás de ella. Al llegar al patio, vio las manos de esa persona, pero tenÃa las uñas largas y oscuras.
16:35 Intentó regresar a la casa, pero la sujetaron por un brazo. Mi hermana mordió la mano que la sostenÃa. Logró soltarse y corrió sin mirar atrás. También dijo que escuchó pasos detrás de ella durante parte del camino y que dejaron de seguirla cuando comenzaron nuestros gritos. La llevé de regreso. Mi abuela seguÃa dentro de la casa y nunca habÃa entrado al cuarto. Nos fuimos esa misma mañana. Durante varios dÃas nos quedamos con unos familiares en otro pueblo. Y mi padre regresó acompañado de mi tÃo para recoger ropa, documentos y algunas cosas que habÃamos dejado. En uno de esos viajes decidió ir a la casa de Teodora. Yo los acompañé porque querÃamos recuperar las fotografÃas que faltaban. La puerta estaba abierta y no encontramos a nadie. Revisamos solo las habitaciones principales y en una mesa vimos varias fotografÃas junto a una libreta. Entre las imágenes estaban las nuestras.
17:38 Mi padre abrió la libreta y encontró el nombre de mi abuela, la fecha de la discusión y una frase escrita debajo, que se vaya. Más abajo habÃa otro nombre que ninguno de nosotros conocÃa. Junto a él aparecÃa una sola palabra, visita. Mi padre guardó la libreta y las fotografÃas. Luego seguimos revisando hasta escuchar un ruido detrás de la casa. Mi tÃo y yo salimos. Encontramos una camisa tirada cerca del terreno. Era similar a la que llevaba el hombre que aparecÃa junto al corral. También habÃa manchas de sangre en una de las mangas. Mi hermana habÃa contado que mordió una mano antes de escapar. Seguimos varias marcas hasta un camino, pero ahà terminaban. Teodora tampoco apareció durante los dÃas siguientes. Nosotros dejamos el pueblo poco después y mi abuela nunca quiso regresar. Mi padre conservó la libreta porque era lo único que relacionaba a Teodora con lo que habÃa pasado. Durante años no supimos quién era el hombre, cuyo nombre aparecÃa debajo del de mi abuela. Mi hermana dejó de hablar del tema, creció, formó su propia familia y tuvo una hija. El asunto quedó guardado entre nosotros y nadie volvió a buscar respuestas. Pasó mucho tiempo hasta que mi hermana me llamó una madrugada. Estaba alterada porque su hija se habÃa despertado, diciendo que habÃa un hombre frente a la casa. Ella miró por la ventana y alcanzó a verlo del otro lado de la calle, quieto,
19:10 con la vista puesta en la vivienda. Pero cuando encendió la luz exterior se alejó. Al dÃa siguiente me llamó de nuevo. Su hija le habÃa contado que no era la primera vez que lo veÃa. HabÃa aparecido otras dos noches y en una de ellas se quedó frente a la casa sonriendo. Fui con mi padre y sacamos la libreta que llevaba años guardada. Buscamos otra vez el nombre escrito debajo del de mi abuela. Esta vez mi padre reconoció el apellido y recordó a una familia que habÃa vivido cerca de Teodora. Llamó a un conocido del pueblo y le preguntó por ese hombre. Le dijeron que habÃa trabajado temporadas fuera, regresaba durante algunas semanas y murió años después de que nosotros dejamos aquella casa. Ese dato confirmó que el hombre habÃa existido, pero no resolvÃa lo demás.
20:04 Nosotros habÃamos escuchado la voz de mi abuela mientras ella estaba dentro de la casa. Mi hermana habÃa seguido a alguien con su mismo rostro y frente a la ventana yo habÃa visto cambiar las facciones de aquel hombre. Mi hermana decidió irse durante un tiempo con su hija. Pasaron varias semanas sin incidentes y después volvió a su casa. Poco tiempo más tarde me llamó para decirme que su hija habÃa encontrado una fotografÃa en el patio. Mostraba a mi hermana cuando era niña. yo reconocà la imagen porque era una de las que recuperamos de la casa de Teodora fui a casa de mi padre y revisamos la caja en donde guardaba esas fotografÃas la imagen faltaba él vivÃa solo y mantenÃa la caja dentro de un armario que casi nunca abrÃa nadie de la familia habÃa pedido esa foto ni tenÃa motivo para sacarla mi hermana me envió una imagen del reverso habÃa dos palabras escritas con tinta oscura ahora sà Esa misma semana volvió a irse de su casa. Mi padre, cansado de guardar todo aquello, decidió quemar las fotografÃas y la libreta. No quedó nada de lo que habÃamos sacado de la casa de Teodora.
21:21 Dos semanas después encontró tres marcas largas en la puerta trasera de su casa. No habÃa daños en otras partes ni señales de que alguien hubiera entrado. Mi padre cambió la cerradura y dejó de hablar del tema. Yo tampoco volvà a decir que aquello habÃa terminado. La última vez que hablé con mi sobrina me hizo una pregunta que nadie de nuestra familia le habÃa explicado. QuerÃa saber por qué el hombre que se paraba frente a su ventana sonreÃa sin cerrar la boca. Y después agregó algo más. Me dijo que la criatura le habÃa dicho que vendrÃa por toda la familia para llevarlos con ella. Si te gustó este video te recomiendo ir a ver La bruja Nahual que maldecÃa a un pueblo y también el Nahual que dejó marcado a mi abuelo para siempre.
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