Dec. 11, 2025

Rituales Nocturnos De Brujería Para El Control Del Negocio: Historia Real Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo trabajaba en la periferia de una ciudad del norte de México, en un taller pequeño donde hacíamos reparaciones de equipos eléctricos. El local quedaba frente a una avenida, con terrenos baldíos y algunas casas construidas con prisa. La mayoría de los negocios de la zona dependían de clientela del barrio, así que todos se conocían por nombre o por apodo. desde las primeras semanas noté que un hombre llegaba casi todos los días hablaba con los dueños de varios comercios y se mantenía cerca de las entradas a veces entraba al taller y preguntaba si todo estaba tranquilo aunque no necesitaba nada su presencia era constante y siempre repetía que él y su grupo ofrecían protección para evitar robos o problemas con gente de afuera no lo decía como amenaza directa pero el sentido era claro Pensaba que era una forma de extorsión porque varios vecinos entregaban dinero, aunque nadie lo admitía abiertamente. Lo hacían porque creían que ese grupo controlaba la zona y podía causar dificultades si se negaban.

1:16 Una noche, el dueño del taller recibió un mensaje y me pidió entregar una bolsa pequeña a un domicilio que quedaba lejos detrás de un conjunto de viviendas nuevas. La bolsa estaba cerrada con cintas. y tenía manchas secas en la parte inferior. Yo la llevaba en la motocicleta del negocio, cuando la curiosidad me ganó. Me detuve cerca de un poste y la abrí. Dentro había restos de animales mezclados con fotografías recortadas. Algunas imágenes tenían una marca roja sobre el rostro. El olor era fuerte y la textura de los restos estaba endurecida por la sangre seca. No había explicación posible que encajara con algo común. Cerré la bolsa de inmediato, envolví la cinta como estaba y continué el trayecto.

2:04 Entregué el paquete a una mujer que solo lo tomó y cerró la puerta sin preguntar mi nombre. Dos días después, el mismo hombre que visitaba el taller me dijo que pasara a una casa usada como punto de reunión. No era una invitación, lo dijo con un tono que dejaba claro que debía ir. La casa estaba en una calle sin pavimentar, con ventanas cubiertas por cortinas gruesas. Al entrar vi una sala vacía y un pasillo que llevaba a una habitación iluminada por veladoras. En ese cuarto había un altar colocado sobre una mesa de madera vieja. Tenía varias figuras de la Santa Muerte, algunas grandes y otras pequeñas, todas rodeadas de vasos con agua y platos con restos de comida. En la esquina había una caja de plástico que contenía huesos reales, No los confundí con otra cosa porque varios tenían tamaño humano y los bordes mostraban marcas de corte. Las paredes estaban llenas de líneas hechas con pintura roja que formaban figuras simples como cruces y círculos.

3:12 No dije nada, solo observé que las personas del grupo seguían indicaciones de una mujer que dirigía cada acción. Ella repartía tareas sin levantar la voz. unos acomodaban veladoras, otros movían cajas y uno revisaba una libreta con nombres y cantidades de dinero. Yo no tenía relación directa con ellos, pero una persona cercana había desaparecido semanas antes. Lo último que supe es que se había negado a entregar dinero al mismo grupo. No hubo más noticias, solo quedaba el hecho de que la desaparición ocurrió después de ese conflicto. Ese pensamiento se mantuvo presente mientras observaba el altar y escuchaba pasos en el pasillo. Decidí prestar atención a todo lo que pudiera servir más adelante. No tenía un plan definido, pero entendía que cualquier detalle podía marcar una diferencia si encontraba información útil. Una tarde, mientras trabajaba en el taller, recibí otro mensaje donde me ordenaban presentarme en la casa.

4:16 Cuando llegué, varios miembros estaban de pie alrededor del altar. El piso estaba cubierto con manchas frescas de sangre y restos de animales. Había velas consumidas hasta la mitad y un balde con agua sucia donde limpiaban las herramientas. Me indicaron que debía ayudar a limpiar después del ritual. No discutí, tomé un trapo y comencé a retirar la sangre del piso. Mientras hacía eso, entraron dos hombres arrastrando a un joven con las manos amarradas. Lo colocaron frente al altar y le ordenaron arrodillarse Decían que había robado dinero del grupo, y uno de ellos tomó una navaja y la abrió frente a todos. Se colocó detrás del joven, le levantó el brazo y pasó la hoja por la piel con un trazo firme. La línea se abrió de inmediato y la sangre comenzó a bajar por el antebrazo. El joven apretó la mandíbula, pero no gritó. Yo vi exactamente el movimiento de la mano, la inclinación de la navaja y la forma en que la herida quedó expuesta. Nadie se sorprendió.

5:22 Parecía parte del procedimiento interno del grupo. Mientras limpiaba, uno de los hombres colocó una caja abierta junto a la pared. Dentro había objetos envueltos en telas sucias. Movieron las telas para acomodarlas mejor, y entonces noté que algunos restos eran demasiado grandes para ser de animales pequeños. Había un fémur con un extremo limpio y el otro con marcas de sierra. También vi una vértebra humana. No hice comentarios. En ese momento comprendí que el grupo realizaba actividades que iban más allá de la extorsión. La combinación de restos humanos, rituales nocturnos y el control que tenían sobre varias personas del barrio dejaba claro que no era un conjunto de prácticas aisladas.

6:09 Era una organización con una estructura definida y una líder visible que marcaba cada paso. Me pidieron que siguiera limpiando hasta que el piso quedara sin manchas. Los integrantes acomodaban veladoras nuevas, revisaban documentos y hablaban de los próximos encargos. No tenían prisa. Actuaban como si el lugar fuera un centro de operaciones, donde todo estaba permitido. Yo mantenía la vista en el piso, mientras procesaba cada detalle sin mostrar reacción. Era evidente que cualquier comentario fuera de lugar podía incomodar a alguien y eso podía traer consecuencias. Terminé la limpieza, dejé el balde en la esquina y salí de la casa cuando lo autorizaron. Mientras caminaba hacia la avenida, repasaba mentalmente lo que había visto. La presencia de huesos humanos, la obediencia absoluta hacia la mujer del altar, el castigo físico al joven y el contenido de la bolsa que entregué días antes. Todo encajaba dentro de un mismo patrón.

7:13 Esa noche no dormí. Sabía que estaba involucrado en algo que podía escalar rápido. También sabía que mi cercanía al grupo no era opcional, pues ellos decidían cuándo me necesitaban y qué debía hacer. Me quedó claro que observar sin llamar la atención era la única forma de avanzar sin convertirme en un blanco inmediato. La idea de recopilar información comenzó a tomar forma, pero todavía no sabía cómo aplicarla sin ponerme en riesgo. La caja con restos humanos fue el punto que marcó mi decisión. Ya no había dudas de que este grupo estaba relacionado con hechos graves. Todo lo que necesitaba a partir de ese día era mantenerme cerca sin cometer errores. La reunión más grande ocurrió una semana después del castigo al joven del barrio. Me mandaron un mensaje y me indicaron que debía presentarme sin retrasos.

8:11 Cuando llegué, la casa tenía más vehículos estacionados que de costumbre. En la entrada había dos hombres vigilando. No saludaron, solo señalaron la puerta. Caminé por el pasillo hasta la habitación principal. Ahí encontré a más personas que en ocasiones anteriores. La mujer del altar estaba en el centro, revisando una bolsa grande que colocó sobre la mesa. Uno de los hombres abrió la bolsa y sacó ropa de niños. La extendió sobre la mesa para que todos la vieran y después colocó fotografías quemadas por los bordes. En algunas imágenes se alcanzaban a ver rostros incompletos. La mujer le pidió que agregara los huesos y tomó un paquete envuelto en una tela gruesa. Lo abrió y dejó expuestas varias piezas con marcas de corte. Algunas tenían superficies lisas, donde la herramienta había pasado más de una vez. Los demás miembros no reaccionaron.

9:10 Ya parecía parte del procedimiento. La mujer empezó a organizar los objetos sobre el altar. Dio instrucciones claras. Dijo qué piezas debían ir en la parte superior y cuáles en la base. Ordenó que las veladoras estuvieran alineadas con la figura principal. Todos obedecían sin pedir aclaraciones. Yo me quedé al costado, esperando indicaciones. Mientras acomodaban todo, uno de los hombres habló con otro acerca de una investigación que avanzaba en las colonias cercanas. Mencionó que autoridades locales estaban revisando varias desapariciones recientes. El otro respondió que no podían permitirse errores, porque los restos localizados en Sonora en 2012 complicaron todo. Lo dijo en tono firme. Esa frase confirmó que el grupo tenía antecedentes vinculados a hechos reales, no rumores. Durante esa conversación, la mujer pidió silencio y señaló el piso para que despejaran la zona. Trajeron a un joven golpeado que yo conocía de vista porque trabajaba en una tienda de abarrotes.

10:20 Lo cargaron entre dos hombres y lo colocaron en el piso, frente al altar. Su rostro tenía marcas recientes. La mujer me ordenó sostener una lámpara para iluminar la zona donde iba a trabajar uno de los integrantes. Me acerqué sin protestar. El hombre tomó una navaja y la abrió. Colocó el brazo del joven sobre una tabla, presionó la piel con la hoja y trazó una línea larga. La herida se abrió de inmediato. La sangre cayó sobre el piso y formó un rastro que avanzó hacia la base del altar. El joven respiraba rápido, pero no gritó. Solo apretó los dientes. La mujer dijo que debían continuar. No explicó la finalidad del procedimiento. Yo solo sostenía la lámpara e iluminaba el brazo.

11:10 El hombre limpió la navaja en un trapo y esperó nuevas instrucciones. Mientras ellos atendían al joven, un sobre cayó de la mesa, pero nadie lo recogió y se deslizó hasta mis pies. Lo abrí un poco con el pie y vi que contenía fotografías. Una de ellas mostraba la misma habitación, con restos colocados en la posición exacta del ritual anterior. También aparecían rostros que reconocí de reuniones pasadas. La fotografía tenía fecha escrita en tinta azul, así que la guardé dentro de mi chaqueta sin que nadie lo notara. No me tembló la mano, solo sabía que cualquier objeto de ese tipo podía servir después si lograba salir con vida.

11:53 La mujer indicó que debían mover la caja de huesos hacia la esquina. Dos hombres la levantaron y revelaron manchas oscuras en el piso, que no se habían limpiado por completo. Otro hombre abrió una ventana para ventilar la habitación, pues el olor a sangre era fuerte y constante. Nadie comentó nada sobre el joven del piso. Parecía que ya habían decidido qué hacer con él, pero no lo decían. Movían los objetos del altar y revisaban listas en voz baja. Yo memorizaba cada rostro, cada posición en la habitación y el orden en que hablaban. Registré la ruta que seguirían al salir. También observé un pasillo lateral que nunca había notado.

12:37 Era estrecho y daba una salida trasera. Cuando terminaron con el altar, la mujer dio la orden de cerrar todo. Me pidió que apagara la lámpara y la colocara en el piso. El hombre de la navaja se llevó al joven hacia la otra habitación. Ya no supe qué hicieron con él en ese momento. La mujer se acercó a la mesa y guardó los objetos principales en una caja distinta. Luego repartió instrucciones rápidas. Uno debía revisar llamadas pendientes. Otro debían mover paquetes antes del amanecer. Y otro debía vigilar la zona desde la entrada. Nadie mencionó mi nombre. Así que me quedé quieto en la esquina y cuando dijeron que podían salir, caminé hacia la puerta sin llamar la atención.

13:23 Tomé el pasillo lateral para evitar pasar junto al grupo completo. Llegué a la salida trasera y crucé la calle sin voltear y caminé hasta una tienda abierta. El encargado me vio llegar con las manos tensas. Le pedí que llamara a la policía. No dije mi nombre, solo pedí que informaran sobre una casa donde había restos humanos. El encargado hizo la llamada mientras revisaba por la ventana. No me hizo preguntas. Yo salí por la puerta lateral y caminé hasta una avenida, donde pasaban taxis a cualquier hora. Durante los siguientes días me quedé en la casa de un familiar en otra colonia, y no salía, salvo para comprar comida.

14:05 Revisaba las noticias locales desde el teléfono. El operativo ocurrió tres días después. La marina entró en una casa vinculada al grupo y encontró restos humanos dentro de una caja profunda. También aseguraron veladoras, figuras y fotografías marcadas. No mencionaron nombres, pero describieron objetos que yo había visto. Esa coincidencia confirmó que las pruebas existían y que el grupo ya estaba bajo vigilancia antes de mi aviso. El joven golpeado fue encontrado con vida en una casa abandonada. y la noticia mencionó que tenía heridas recientes, pero no describieron detalles. No volvió a aparecer en ninguna nota posterior. Supuse que se lo llevaron a otra ciudad, aunque no lo puedo asegurar.

14:55 Lo único comprobado es que no regresó a su trabajo en la tienda. Después del operativo, algunos miembros fueron detenidos. La mujer del altar no apareció entre los capturados. Varios integrantes escaparon antes de que llegaran los agentes. Las autoridades dijeron que había líneas abiertas porque no localizaron a todos los involucrados. Yo cambié de domicilio temporalmente para evitar que alguien me reconociera. No hablé con nadie del barrio. Sabía que el grupo tenía gente repartida en varias colonias y que podían moverse sin levantar sospechas. Durante las semanas siguientes evité pasar cerca del taller donde trabajaba. El dueño no me buscó y tampoco mencionaron nada sobre la persona cercana que había desaparecido al inicio. Ninguna nota relacionó ese caso con el operativo, pero yo sabía que la secuencia de hechos coincidía con el tiempo en el que el grupo había incrementado sus actividades. No necesitaba interpretarlo, pues la información era clara. Había restos humanos en su poder y realizaban castigos dentro de la casa. Todo eso era suficiente para entender que la desaparición no fue aislada. Al final me quedé con la fotografía que guardé la noche del ritual mayor.

16:15 La tenía dentro de una bolsa en el fondo de un cajón. Mostraba el altar, los restos y dos integrantes que no aparecieron en ninguna nota de prensa. No la entregué porque no sabía si podía exponerme. Solo la guardé como registro. Sabía que la secta dejó rastros suficientes para una investigación formal, pero también sabía que muchos de ellos se movieron antes de que los atraparan. La historia no terminó con el operativo, simplemente quedó en manos de quienes siguieron las pistas oficiales. Yo solo di un paso atrás y me alejé lo más posible, antes de convertirme en otro nombre dentro de sus listas. Pasaron varios días antes de que pudiera caminar con normalidad por la calle, sin sentir que alguien me observaba. Cada vez que escuchaba un vehículo detenerse cerca de la casa donde me estaba quedando, pensaba que alguno de los integrantes había descubierto mi ubicación.

17:16 No tenía pruebas de que me buscaran, pero sabía que eran personas acostumbradas a moverse sin dejar rastros. Eso era suficiente para mantenerme alerta. No hablé con nadie sobre lo que vi, ni siquiera con mis familiares. Les dije que necesitaba quedarme ahí mientras arreglaba un problema en el trabajo. Y no preguntaron más. Revisaba las noticias a distintas horas del día. La información avanzaba lento. Las autoridades confirmaron que el operativo estaba relacionado con desapariciones en la periferia de la ciudad. Mencionaron que habían encontrado varios objetos que coincidían con reportes de familiares de personas no localizadas. Mostraron imágenes de cajas aseguradas, pero no enseñaron el contenido. También indicaron que seguían buscando a otros integrantes que habían escapado. La mujer del altar nunca fue mencionada por su nombre. Solo dijeron que había una persona identificada como coordinadora del grupo, pero no revelaron datos adicionales. Yo sabía que era ella, porque todos obedecían sus instrucciones. Durante ese periodo, salí únicamente para comprar alimentos. Caminaba con la cabeza baja y evitaba pasar dos veces por la misma ruta. No usaba transporte público.

18:36 Prefería caminar aunque tardara el doble. Una tarde, decidí regresar a la zona del taller para observar desde lejos. Me paré en una esquina opuesta. El local estaba abierto, pero el dueño no estaba atendiendo. Vi a dos clientes, pero nadie más. No me acerqué, pues si el grupo tenía conexiones ahí, podía ponerme en riesgo, así que me retiré después de cinco minutos. Esa misma noche, revisé la fotografía que guardé y la observé con detenimiento. Mostraba el altar en plena actividad, con las veladoras encendidas y los restos acomodados en la mesa. A un costado se veía la caja con huesos visibles. También se alcanzaban a ver dos rostros que no aparecieron en las noticias. Eso me indicó que las autoridades no tenían la lista completa de participantes.

19:28 Regresé la fotografía a la bolsa y la guardé en el mismo lugar del cajón. No sabía si algún día sería necesaria, pero tampoco la quería destruir sin motivo. A pesar de las detenciones, la sensación de riesgo no desapareció. Sabía que los integrantes que escaparon podían reorganizarse en otro punto de la ciudad. El grupo tenía prácticas definidas y una estructura clara. No era un conjunto improvisado. Tenían tareas asignadas, rutas para moverse y casas que usaban según sus necesidades. Eso explicaba por qué varias personas del barrio cooperaban con ellos, no por convicción, sino por miedo a las represalias. Decidí buscar trabajo en otra zona. Encontré un puesto temporal en un almacén lejos de la colonia donde ocurrió todo. No mencioné mi experiencia previa. Solo dije que necesitaba empleo inmediato y me aceptaron sin preguntas. Pasé las siguientes semanas manteniendo el mismo hábito de vigilancia. Observaba quién entraba y quién salía.

20:34 Prestaba atención a vehículos estacionados por largos periodos, pero no encontré señales de seguimiento. pero no cambié mis precauciones. Tiempo después, regresé una sola vez a la colonia donde vivía antes y lo hice para recoger algunas pertenencias. Caminé por la calle principal y reconocí varias casas, pero muchas estaban cerradas. La casa donde realizaban los rituales tenía las ventanas selladas con maderas y las autoridades habían colocado una cinta amarilla en la entrada. No crucé la calle para acercarme, La observé desde la esquina. La cinta estaba rota en un extremo, como si alguien hubiera intentado entrar después del operativo. Me di la vuelta y seguí caminando. Esa fue la última vez que pasé por esa colonia, pues tenía claro que involucrarme de nuevo, aunque fuera de manera indirecta, podía exponerme.

21:32 La fotografía sigue guardada en la misma bolsa y no la he mostrado a nadie. La secta dejó suficientes pruebas para que las autoridades armaran el caso principal, pero varias personas quedaron fuera de las capturas. No sé dónde están ni qué planean, solo sé que estuve dentro de su círculo el tiempo suficiente para entender cómo operaban. Salir fue cuestión de precisión y suerte, y no pienso volver a repetir ese camino.