Nov. 6, 2026

EL NAHUAL DEL CIELO

EL NAHUAL DEL CIELO
EL NAHUAL DEL CIELO
REDE (Relatos Desclasificados)
EL NAHUAL DEL CIELO

0:01 El Nahual del Cielo La primera luz la vi desde el patio de mi casa, mientras le ayudaba a mi papá a guardar unos costales. Estaba arriba de una loma, quieta. Pensé que era una estrella, hasta que se movió hacia un lado y se detuvo otra vez. Le avisé a mi papá. Él dejó el costal junto a la puerta y se quedó mirando.« Métete por la lámpara y dile a tu mamá que guarde las gallinas», me dijo. Se lo tomé como una orden cualquiera. Después entendí que se había asustado. Eso pasó en 1974. Yo tenía 19 años y vivíamos en una comunidad de Oaxaca, en una parte de selva donde las casas quedaban separadas por patios, terrenos y pedazos de monte. Había lámparas de petróleo, velas y algunos radios de pilas. Por las noches se alcanzaban a ver las luces de las casas entre los árboles. La del cerro era diferente. Durante varias semanas apareció unas cuantas veces.

1:04 A veces era una sola, otras dos, bastante separadas. La gente salía a mirarlas desde las puertas. Un señor que había trabajado fuera decía que podían ser aviones, pero mi papá le preguntó por qué se quedaban detenidas tanto rato. Terminaron diciendo que eran brujas. Había otra comunidad al otro lado del cerro a la que le tenían mala fama. Se hablaba de gente que hacía trabajos y de hombres que podían andar de animales durante la noche. Yo había crecido escuchando esas historias. Si los mayores aseguraban que las luces venían de allá, uno acababa creyéndolo. La noche de la caída estábamos cenando. Se metió una claridad por la puerta y mi hermana dijo que estaban alumbrando el patio. Salimos.

1:53 Una bola encendida bajaba detrás de los árboles. Tenía un color blanco en el centro y una orilla anaranjada que iba dejando una raya breve. La perdimos detrás de la loma. Un instante después se escuchó el golpe. Fue tan fuerte que las gallinas se alborotaron y mi mamá soltó el plato que llevaba. Sentí la vibración en las plantas de los pies. De otras casas empezaron a llamar. Mi papá me agarró del hombro cuando quise salir al camino. Pasamos un buen rato mirando hacia el cerro, esperando ver fuego. Se escuchaban los animales y a los vecinos hablando, pero del lugar de la caída apenas subió una claridad que duró poco. Aquella noche cerraron temprano todas las casas. A la mañana siguiente fuimos varios a revisar. Lo que encontramos fue poca cosa para el ruido que habíamos escuchado. Ramas quebradas a media altura, un árbol raspado y una parte de tierra removida, de unos cuantos pasos de ancho. Había hojas frescas regadas y un olor parecido al de piedra caliente cuando le cae agua Don Gil, que era de los hombres mayores, metió la punta del machete en la tierra suelta Buscábamos una piedra, fierros, cualquier cosa que hubiera hecho aquel golpe Regresamos con las manos vacías Mi papá dijo que debíamos mantenernos pendientes por si alguien encontraba algo después.

3:20 Don Gil estaba convencido de que había caído una bruja y que había conseguido levantarse antes de que llegáramos. Yo seguía pensando en las ramas rotas. Estaban quebradas hacia abajo. Esa misma noche escuchamos al animal. Empezó lejos, por el lado de los corrales. Era un sonido largo que iba subiendo, como un aullido. y al final se rompía en un ruido ronco, salido muy de adentro. Ahora lo comparo con el aullido de un lobo mezclado con ese carraspeo fuerte que he oído hacer a los gorilas. En aquel tiempo solamente decíamos que parecía un perro ahogándose, pero mucho más grande.

4:03 Mi papá se levantó de la mesa. Los perros de la casa empezaron a ladrar. Luego se fueron arrimando a la puerta, con la cola metida. Escuchamos algo golpear el corral. Yo tenía la mano sobre el pasador. Mi papá me la quitó. Nos quedamos adentro, oyendo a los animales moverse y a aquella cosa pasar de un sitio a otro. El sonido terminaba de golpe. Eso me llamó la atención desde la primera noche. Subía, se quebraba en la garganta y se cortaba, como si alguien hubiera cerrado algo. Al amanecer, encontramos una cabra de mi papá. estaba cerca del bebedero, entera, con la cabeza echada hacia atrás. Mi papá se agachó para acomodársela antes de cargarla. Mientras estábamos ahí, llegó un vecino.

4:52 Su perro había aparecido muerto junto al cercado. Fuimos a verlo. También tenía el cuello estirado y la parte de abajo de la quijada húmeda. Mi papá pensó que lo habían agarrado por ahí. Ese día reforzamos unas tablas y metimos a las gallinas en un cuarto donde guardábamos herramientas. Los perros siguieron inquietos incluso con el sol encima. Hubo una noche tranquila. A la siguiente volvieron los ruidos. Se escuchaba aquel aullido rasposo y después el golpe de ramas, como si algo pesado se moviera entre los terrenos. Dos guajolotes aparecieron muertos en otro patio. La señora que los tenía dijo que había oído agitar las alas. Después todo quedó callado y pasó el resto de la noche rezando sentada junto a sus hijos. La carne seguía ahí. Eso empezó a preocuparnos más. Si era un animal buscando comida, estaba dejando demasiado. Durante esa semana la gente hizo lo que pudo.

5:55 cambiaron animales de corral, reforzaron puertas y colgaron botes con piedras en algunas cercas para escuchar si algo las empujaba. Mi mamá dejó de mandar a mis hermanos por cosas después de oscurecer. Los vecinos iban a visitarse durante el día y regresaban juntos si se les hacía tarde. Algunos aseguraban que aquello venía de la otra comunidad. Don Gil quería reconocer a alguien, Decía que si era un Nahual, en algún momento iba a tener que acercarse a una casa o responder cuando le hablaran. Mi papá seguía pensando en un animal grande. Después encontraron un becerro y otra cabra, en terrenos distintos. Para una familia de ahí, perder un animal era perder comida, trabajo o dinero que llevaba meses juntando.

6:44 El miedo seguía, pero empezó a mezclarse con coraje. Acordaron salir a buscarlo. Fuimos seis hombres. Mi papá, Don Gil y otro vecino llevaban armas. Tacho y yo cargábamos dos lámparas de pilas. El otro hombre llevaba un machete y conocía bien los linderos. Mi papá insistió en que permaneciéramos cerca unos de otros. Le preocupaba que, entre los árboles, acabáramos disparando hacia donde estaba un vecino. La primera noche nos acomodamos cerca del último corral donde habían encontrado animales muertos. Había mosquitos alrededor de las lámparas. Las apagábamos un rato y volvíamos a mirar. Escuchábamos el movimiento normal del monte y de vez en cuando un perro ladrando desde las casas.

7:32 Entonces salió aquel sonido. Estaba mucho más cerca de lo que esperaba. Lo sentí en el pecho antes de poder ubicarlo. Tacho encendió su lámpara hacia los árboles. Vimos moverse un bulto. Al principio parecía una espalda enorme inclinada entre las ramas. Tenía la cabeza metida hacia adelante y los hombros muy levantados. Yo lo comparo ahora con un gorila por la forma de la parte de arriba. En ese momento pensé en un hombre cubierto de pelo, agachado sobre algo. Don Gil gritó. El bulto se quedó quieto. Le apunté con mi lámpara. La superficie del cuerpo se veía oscura, apelmazada. Había partes que reflejaban la luz y otras que parecían tragársela. Se movió hacia un lado. Las ramas se doblaron bajo su peso.

8:24 Mi papá levantó el arma, pero esperó. Yo seguía tratando de verle la cabeza. Aquello sacó un brazo de entre las plantas y lo apoyó sobre un tronco caído. Era grueso. Al cambiar de apoyo, levantó el cuerpo de una manera que hizo retroceder a Tacho. Don Gil disparó. Se me quedó un zumbido en los oídos. El bulto cayó hacia el otro lado del tronco y luego volvió a moverse. Mi papá disparó cuando lo vimos avanzar entre las ramas. Yo alumbraba sin poder mantener firme la mano. Por unos segundos lo perdimos. Después escuchamos el aullido a nuestra derecha y otro ruido, más corto, hacia la parte que habíamos dejado atrás. Mi papá nos juntó enseguida. Yo sentía que en cualquier momento iba a salir algo entre nosotros y las casas. Regresamos alumbrando a los costados. Don Gil aseguraba que le había dado. Decía que había visto el golpe sobre el cuerpo. Yo solamente recordaba la espalda pasando detrás del tronco. En el pueblo nos esperaban junto a una casa.

9:31 Todos querían saber qué habíamos visto. Tacho dijo que parecía un animal parado como persona. Don Gil lo llamó mono. Mi papá se quedó sentado, limpiándose la cara con un trapo. Después pidió que nadie saliera solo durante la noche. Al día siguiente, revisamos el lugar. Había ramas aplastadas y una parte del tronco raspada. Las pisadas se confundían con la tierra removida por nosotros. Seguimos un tramo y terminamos perdiendo las entrehojas. La segunda noche vigilamos un corral que todavía tenía animales. Quedaba en el otro extremo de las casas y permitía ver un pedazo de terreno abierto. El dueño había acercado a sus chivos a una construcción. Nosotros esperábamos detrás de una cerca, desde donde podíamos alumbrar sin tenerlos enfrente.

10:25 Fue ahí donde lo vi de lado. Primero escuchamos a una cabra golpear las tablas. Tacho levantó la lámpara. La figura estaba junto al corral. Tenía el cuerpo bajo y la cabeza extendida hacia los animales. Después se incorporó sobre las patas traseras. Su cabeza quedó casi a la altura del techo bajo. El hocico se veía alargado. con una parte más clara debajo. Los brazos le colgaban hacia adelante. Parecía un perro enorme intentando mantenerse de pie. Yo alcancé a decir que era otro. Mi papá me pidió que alumbrara. La luz le dio en el costado y vi que la parte de los hombros volvía a formar aquella joroba de la noche anterior. Se movió hacia las tablas. Una de sus extremidades pasó por arriba del cercado. Agarró a una cabra por la parte alta del cuello. El animal se resistió y golpeó el piso. Yo esperaba que lo mordiera, pero lo mantuvo sujeto, con la cabeza estirada hacia atrás.

11:27 Mi papá se movió buscando un ángulo. Don Gil le gritó que esperara porque Tacho había quedado demasiado cerca de la línea de tiro. Fueron unos segundos horribles. Todos intentábamos hacer algo y cada movimiento parecía estorbarle a otro. La figura levantó a la cabra lo suficiente para que dejara de apoyar bien las patas. Mi papá disparó. La soltó. La cabra cayó de costado. Aquello volvió la cabeza hacia nosotros y abrió la boca. Salió el aullido, tan fuerte que apreté los dientes. De cerca, la parte ronca sonaba como si algo estuviera raspando dentro de un tubo. Don Gil disparó otra vez. La figura bajó sobre las cuatro extremidades y se fue hacia el terreno. Pasó muy cerca de una de las lámparas que Tacho había dejado caer.

12:15 Durante un momento se le iluminó la parte de abajo del cuerpo. Yo vi unas patas largas, dobladas, y una cabeza que, desde ese ángulo, parecía demasiado pequeña para los hombros. Después se metió entre los árboles. Tacho recogió la lámpara. Mi papá fue a ver la cabra. Estaba muerta. Quedó con el cuello estirado igual que la primera. Nadie quiso perseguir al animal esa noche. Nos sentamos dentro de la construcción mientras los demás acomodaban lo que se había caído. Don Gil seguía diciendo que le había pegado. Tacho lo interrumpió.« Eso traía hocico. Un mono no tiene así la cara», le dijo. Don Gil respondió que un perro tampoco agarraba una cabra de esa manera. Discutieron un rato. Mi papá los dejó hablar. Luego dijo que, fuera lo que fuera, ya habíamos visto que podía arrimarse a las casas aunque estuviéramos esperándolo. A la mañana siguiente, supimos que otro perro había muerto en un patio alejado de aquel corral. Lo encontraron detrás de un montón de leña. Yo fui con mi papá a ayudar a enterrarlo. A esas alturas, llevaba varios días durmiendo mal. Comía con la sensación de tener todavía el ruido metido en la garganta. La tercera noche volvimos a salir. Ya no andábamos hablando de traerlo colgado entre dos palos ni de enseñarles a los vecinos quién mandaba.

13:40 Nos acomodamos donde podíamos vigilar el espacio entre los terrenos y las casas. Tacho llevaba una lámpara, la otra la tenía yo. Mi papá me preguntó si quería regresar. Le dije que me quedaba. Habíamos esperado un rato cuando apareció una luz sobre la lona. La vi entre dos copas de árboles. Pensé que alguien había subido con una lámpara. Pero la luz se desplazó por encima de las ramas y se detuvo en el aire. Avisé a los demás. Don Gil empezó a murmurar una oración. La luz era blanca y fija. Después apareció otra más lejos, hacia el lado de los terrenos. Era como las que habíamos visto antes de la caída. Durante unos momentos estuvimos mirando hacia arriba, olvidándonos del corral. Entonces escuchamos a la cosa. El sonido salió del monte, delante de nosotros. La primera luz se movió hacia esa parte. Bajó hasta que dejamos de verla completa detrás de los árboles. Quedó una claridad entre las ramas, suficiente para cambiar las sombras del terreno. Di un bulto erguido junto a una cerca. Tacho lo alumbró. La figura parecía tener la cabeza levantada. El aullido empezó otra vez.

14:59 Se cortó a la mitad. La segunda luz avanzó despacio hacia el mismo rumbo. El terreno se iluminó durante unos segundos, como cuando pasa una luz fuerte por detrás de una cortina. Yo tenía los ojos llorosos de estar mirando. Escuché un ruido bajo, parejo, que se mantuvo un momento y después disminuyó. Las luces empezaron a subir. Las vimos separarse por encima de la loma. Una se perdió detrás de unas nubes. La otra se hizo cada vez más pequeña hasta que ya no pude distinguirla. Nos quedamos quietos. Yo seguía alumbrando la cerca donde había visto el bulto. Mi papá me bajó la mano. Esperamos mucho rato antes de regresar. Esa noche, otras personas habían visto las luces desde sus puertas. Cada quien las describía a su manera. Algunos juraban que habían sido bolas rojas. Mi mamá dijo que una había dejado su patio completamente blanco. Al amanecer, revisamos los corrales. Los animales estaban vivos. Esa noche también. Pasó otra semana. El sonido no volvió. La gente empezó a sacar otra vez sus cosas y a dejar que los niños fueran por mandados antes de anochecer. Los perros tardaron más en volver a dormir fuera. Durante años, se dijo que las brujas de la otra comunidad habían mandado un Nahual y después habían regresado a llevárselo. Se les dejó de comprar a algunas personas. Hubo visitas que ya no se hicieron y

16:30 discusiones que comenzaron con asuntos de terreno y terminaron hablando del animal. Ninguno de nosotros había visto a un vecino junto a las luces. Aún así, la culpa quedó repartida entre gente que vivía al otro lado del cerro. Mi papá murió creyendo aquella explicación. Don Gil también. Yo salí a trabajar fuera y pasé muchos años cerca de motores y máquinas. Aprendí a reconocer sonidos que, de muchacho, jamás había escuchado. Eso cambió la manera en que recuerdo algunas cosas, sobre todo aquel ruido parejo de la última noche y la forma en que el aullido se cortaba. También me acuerdo de los animales. Los recogíamos casi siempre de dos en dos, de tamaños distintos y en patios separados. Los cuerpos quedaban enteros, con la cabeza doblada hacia atrás en ese tiempo solamente queríamos que dejara de pasar ahora pienso que aquello pudo haber estado haciendo algo que nosotros confundimos con cazar sigo sin poder explicar la forma del cuerpo por delante parecía una cosa y de lado otra había momentos en que lo que tomábamos por pelo se quedaba tieso mientras el resto se movía puede que la oscuridad nos hiciera equivocarnos en mucho Pero las luces las vimos antes.

17:50 Después cayó aquella bola encendida. La última noche volvieron las luces. Y todo terminó. Regresé a vivir cerca de mi familia cuando ya era mayor. El pueblo cambió. Hay más casas, caminos y luz en lugares donde antes solamente había monte. A veces me piden que cuente lo que pasó. Lo hago así, con las cosas que alcancé a ver. Ya no digo que fueron los de la otra comunidad. Me da pena pensar cuánto tiempo estuvimos señalándolos. Ahora creo que aquello pudo haber sido algo hecho por alguien, aunque yo siga sin saber distinguir dónde terminaba el animal y dónde empezaba lo demás. Cuando recuerdo la última noche, veo a mi papá sosteniéndome del brazo y mirando las dos luces subir.

18:39 Él pensó que las brujas habían ido por su nahual. Yo cada vez estoy más convencido de que alguien regresó por lo que había dejado en aquel cerro. Y quizá no era de este mundo.