July 19, 2025

¿Qué sucede cuando la brujería se normaliza en la familia? Podcast Paranormal - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Viví un año en la casa de mi tía, en un barrio donde todos se conocían. Mi mamá y yo nos mudamos ahí cuando yo tenía nueve años, después de que mi papá nos dejara. La tía, que era la hermana mayor de mi mamá, nos ofreció quedarnos en un cuarto que tenía al fondo de su casa. A mi madre no le gustaba mucho la idea, pero no teníamos a dónde más ir. La tía tenía fama en la colonia. Decían que ayudaba a la gente con problemas. Iban mujeres, hombres, señoras que no podían dormir, señores que llegaban llorando, incluso policías, aunque fueran de civil. Tocaban la puerta, entraban nerviosos y salían callados, a veces con la mirada baja. Otras veces como si salieran más cansados que cuando llegaron. Desde el primer día noté cosas raras en la casa. Había ramas secas metidas en botellas, platos con miel debajo de las camas, muñecos con alfileres sobre el ropero. En las noches la tía encendía velas oscuras en el comedor y se le oía rezar bajito. a veces murmuraba cosas que no parecían español mi mamá intentaba actuar como si nada me decía que no tocara nada que estuviera envuelto en tela roja pero por las noches cuando nos acostábamos la escuchaba rezar bajito con la voz quebrada nunca me dijo que tuviera miedo pero se le notaba había un cuarto al que no nos dejaban entrar estaba junto al pasillo pasando la

1:33 cocina todos los días pasábamos por ahí pero siempre estaba cerrado la tía tenía la llave guardada Cuando salía de ahí, el aire olía a algo quemado, como si hubiera estado cocinando algo raro o quemando trapos viejos. A veces, en las mañanas, encontrábamos marcas en la tierra del patio, como si alguien hubiera arrastrado costales pesados durante la madrugada. Mi mamá se quedaba mirándolas y luego se metía en silencio. Nunca preguntaba nada. Con el tiempo empecé a normalizar todo eso. A veces ayudaba a recoger frascos, a limpiar el altar, a ordenar las cartas. Mi mamá me decía que no debía, pero la tía siempre me daba dulces cuando lo hacía, me hablaba bonito, me decía que yo tenía buena energía, que no debía tenerle miedo a lo que no entendía.

2:25 Duramos un año viviendo ahí, en ese tiempo vimos entrar a cientos de personas, llegaban buscando los trabajos de mi tía, iban de madrugada, en la tarde, algunos se quedaban esperando sentados en la banqueta, era el día a día. Aunque nos acostumbramos a vivir ahí, el miedo nunca se fue del todo, especialmente cuando la tía nos decía que esa noche iba a ser pesada. Los martes eran los días más pesados en esa casa. Desde temprano mi tía barría el patio, limpiaba los frascos, cambiaba las velas del altar. No recibía a nadie durante el día, solo mujeres y solo después de las seis de la tarde. Mi madre decía que eran cosas que solo ellas entendían. Yo no preguntaba, pero tampoco dejaba de mirar. Ese martes estaba jugando con unas fichas en el pasillo. Las iba apilando en torres sobre las baldosas. Mi mamá estaba en el cuarto, doblando ropa sobre la cama. Ya era de noche cuando alguien tocó la puerta. Mi tía fue a abrir sin decir nada.

3:33 Era una mujer joven. Usaba gafas oscuras aunque ya no había sol. Traía el brazo vendado desde el hombro hasta la muñeca. Entró con la cabeza agachada. No saludó. Caminó derecho. Mi tía la hizo pasar sin preguntar nada, directo al cuarto que siempre teníamos prohibido. yo me quedé quieto mirando hacia el pasillo mi mamá salió del cuarto solo para decirme que no me moviera que no hablara que no hiciera ruido lo dijo con los labios apretados sin alzar la voz me quedé ahí en el piso con las fichas en la mano al poco rato empezaron los ruidos primero golpes sordos como si alguien estuviera golpeando el suelo con los pies después se oyó un chirrido fuerte como si arrastraran un mueble pesado, nunca habíamos escuchado algo así desde ese cuarto, los rezos de mi tía se volvieron más fuertes, al principio murmuraba como siempre, pero después su voz cambió, se volvió más ronca, repetía frases una y otra vez, no entendía lo que decía, pero no sonaba como español, era algo distinto, la mujer empezó a gritar, No eran gritos de susto ni de dolor. Gritaba como si estuviera discutiendo con alguien, como si se negara a algo.

4:51 Me quedé congelado. No me atreví ni a mover una ficha. De pronto se oyó un golpe seco, como si alguien hubiera tirado una olla contra la pared. Después algo se rompió. El olor llegó casi de inmediato. Era fuerte, ácido, como a vinagre derramado. Me cubrí la nariz con la camiseta. Mi madre me miró desde el cuarto y se quedó ahí, parada, sin decir palabra. Nadie se atrevía a acercarse. Mi tía salió del cuarto empapada de sudor. Tenía el rostro tenso como si le dolieran los ojos. Pidió agua con sal. Mi madre fue por ella. Yo no me moví. La tía cerró la puerta otra vez y se quedó un momento frente a ella respirando fuerte, como si acabara de subir muchas escaleras. La casa quedó en silencio por casi una hora, solo se escuchaban pasos suaves como si alguien caminara con cuidado en el cuarto prohibido. la vela del altar se apagó sola la tía no la volvió a encender cuando la puerta volvió a abrirse la mujer salió caminando sola ya no traía las gafas ni el brazo vendado caminaba despacio pero con la cabeza en alto se veía distinta como si algo la hubiera quebrado y al mismo tiempo la hubiera dejado más firme tenía los ojos rojos hinchados como si hubiera llorado todo el día Nadie le preguntó nada, nadie la miró directo, salió por su cuenta, no dijo adiós, cerró la puerta con suavidad. Esa noche

6:24 mi tía nos dijo que nadie debía hablar de lo que pasó. Dijo que la mujer había sido víctima de una envidia muy fuerte. y que había llegado cargando algo encima que no era la primera ni sería la última dijo que cuando alguien llega con un peso así el trabajo no siempre se hace en una sola noche después se quedó callada se sentó junto al altar y encendió otra vela pero esta vez no rezó solo la miró Yo me fui a acostar sin decir nada. Mi mamá no me abrazó esa noche. Solo me tapó con la sábana y se quedó acostada mirando al techo. Respiraba lento, como si le doliera el pecho. Yo me quedé despierto mucho rato, esperando que la casa se callara por completo.

7:09 Pero el aire seguía cargado. Olor a vinagre, a sudor, a algo más. Y yo ya sabía que no había terminado. Pasaron dos semanas sin que volviéramos a saber de la mujer, hasta que una noche regresó. No traía gafas ni el brazo vendado, iba vestida completamente de negro, desde los zapatos hasta el cabello recogido con un listón. Llegó sola, no avisó, tocó tres veces y se quedó parada frente a la puerta, con los brazos cruzados mirando fijo hacia el interior. No dijo una sola palabra. Mi tía la hizo pasar sin preguntarle nada. Mi mamá y yo estábamos cenando en el piso de la cocina. Teníamos un plato de arroz con huevo y un vaso de café tibio. Fue ella quien la reconoció primero. Me tocó el brazo y me dijo al oído que no hiciera ruido. yo apenas la alcancé a mirar de reojo se veía distinta más flaca más tiesa pero era la misma en cuanto se cerró la puerta del cuarto prohibido se escuchó como le echaban llave después se oyó como empujaban algo pesado contra la puerta como si hubieran atrancado un mueble. Mi tía nunca hacía eso, jamás había cerrado el cuarto así. Mi madre y yo nos miramos sin decir palabra. Pasaron casi 20 minutos sin que se oyera nada. El aire en la casa estaba tenso,

8:39 no se movía ni una hoja en la cocina. Entonces comenzó una oración, pero no era como las de siempre. Mi tía rezaba distinto, usaba otras palabras, más bajas, más lentas. Parecía estar murmurando algo que no quería que se escuchara completo. Después se oyó la voz de la mujer, hablaba despacio, decía que aceptaba, que no le importaba, que estaba dispuesta a pagar lo que fuera. Mi mamá me dijo que no escuchara, que me fuera al cuarto, pero en vez de cerrar la puerta, la dejé entreabierta. me quedé parado en la orilla de la cama con el cuerpo helado desde ahí alcancé a ver una luz roja que salía del cuarto prohibido no era de vela era una luz más intensa como si estuvieran quemando algo olía a trapo quemado a tierra mojada o humo de plástico el pasillo crujía yo apenas respiraba mi mamá seguía en la cocina sentada en el suelo abrazando las rodillas no se movía después de un rato se oyó un chillido No fue un grito de persona, era un chillido agudo como de cerdo.

9:48 Duró varios segundos, era un sonido desesperado lleno de fuerza como si lo estuvieran matando. Mi cuerpo se tensó de golpe, mi mamá se levantó de un brinco. No dijimos nada, solo nos miramos y salimos de la casa. Nos fuimos al patio donde hacía frío, pero se podía respirar mejor. Ahí nos quedamos hasta que todo terminó. No supimos cuánto tiempo pasó. Las estrellas ya estaban arriba, pero no era tan tarde. La tía salió sola, tenía un paño mojado entre las manos, caminó hasta el altar, dejó el paño ahí y se metió a su cuarto. No nos habló, no nos preguntó nada, solo cerró la puerta con seguro.

10:32 La mujer no volvió a salir esa noche, no escuchamos pasos, no escuchamos que abriera la puerta, no oímos el portón. se fue de madrugada pero no supe a qué hora cuando desperté al día siguiente ya no estaba la casa amaneció callada la tía seguía en su cuarto mi mamá preparó café sin decir palabra ya casi al mediodía la tía salió llevaba la cara lavada pero se le notaba el cansancio en los ojos no cocinó no encendió las veladoras no prendió incienso sólo se sentó en su silla grande la que daba hacia la ventana y se quedó mirando hacia afuera no habló en todo el día yo no entendía del todo lo que estaba pasando pero sabía que no era normal sabía que algo había cambiado esa noche porque la tía no era la misma y la casa tampoco la casa empezó a sentirse caliente No importaba si afuera estaba fresco o si llovía, el aire adentro era denso, se quedaba pegado en la piel. En las noches los focos parpadeaban sin razón. No había fallas de luz en la calle, pero adentro parecía que todo fallaba.

11:46 Las puertas se cerraban solas, incluso con las ventanas cerradas. Al principio pensábamos que era por el aire, pero no lo era. Yo empecé a escuchar pasos en el techo. Eran lentos, arrastrados, como si alguien caminara con los pies descalzos. A veces se detenían justo encima del cuarto. Otras veces cruzaban de una esquina a otra. Mi mamá también los escuchaba. Me lo confesó una mañana cuando ya no pudo disimular que no estaba durmiendo. comenzó a despertarse con los ojos llorosos, como si le hubieran picado cebolla cerca. Decía que sentía una picazón detrás de los párpados, una comezón que no se le quitaba con nada. En las madrugadas se removía en la cama. se levantaba al baño regresaba temblando una de esas noches se levantó gritando la desperté con el corazón acelerado decía que había un hombre parado frente a su cama que tenía el cabello muy largo que le caía sobre la cara y que la miraba sin moverse no gritaba como una loca lo decía con miedo con los labios temblando Yo me quedé helado. Mi tía se levantó de inmediato. No preguntó nada. Encendió tres veladoras, una en cada esquina del cuarto. Sacó un frasco con agua turbia y la roció en las paredes. Después quemó algo en una cuchara. Olía fuerte, como a pelo quemado. No nos dejó acercarnos. Dijo que nos fuéramos a la sala, que no pisáramos ese cuarto hasta el amanecer. Mi madre

13:19 se quedó abrazada a mí toda la noche, no volvió a cerrar los ojos. A la mañana siguiente encontramos un puñado de ceniza negra frente a la puerta de mi cuarto. No estaba esparcida, estaba amontonada, como si alguien la hubiera dejado ahí con intención. Nadie dijo nada, pero todos la vieron. Nadie la tocó. Nadie la barrió. Se quedó ahí todo el día. La tía no volvió a recibir gente durante una semana. Cerró el cuarto con llave y se guardó la llave en el brasier. No encendía velas. No sacaba cartas. Solo limpiaba y hablaba sola. Empecé a notarlo con más claridad. Decía frases en voz baja mientras barría, mientras cocinaba, mientras fregaba los trastes. No eran oraciones comunes, eran frases entrecortadas, repetidas, como si estuviera contestándole a alguien. A veces reía, otras veces hacía pausas largas, como si estuviera esperando una respuesta.

14:18 Una noche me desperté con ganas de ir al baño. El pasillo estaba oscuro, pero ya me sabía el camino. Al pasar frente al cuarto prohibido, escuché su voz. Estaba hablando ahí dentro. No estaba rezando, estaba hablando. Y no lo hacía sola. Había otra voz con ella. Era más baja, más grave. Era una voz de hombre, pero no era la de alguien de la familia. No era la de un visitante. Era distinta. Sonaba como si estuviera muy cerca del suelo, como si hablara desde adentro del cuarto. Me quedé parado junto a la puerta, sin moverme. El aire del pasillo estaba frío, pero yo tenía la espalda sudada.

14:59 Sentía que, si me quedaba ahí un segundo más, algo me iba a mirar desde el otro lado. Volví al cuarto con el estómago apretado. No desperté a mi mamá. Me metí bajo las cobijas y cerré los ojos con fuerza. Escuchaba mi respiración. Escuchaba la de ella, pero no podía dejar de pensar en esa voz. El foco del comedor se fundió esa noche. Mi tía seguía actuando como si todo estuviera bajo control, pero ya no era la misma. Hablaba menos, caminaba más lento, se detenía más seguido frente al altar, encendía la vela y se quedaba mirando la flama durante minutos, sin moverse. A veces se le caía la cuchara al servir, a veces se le olvidaba si ya había comido. Mi mamá me empezó a preguntar si quería que nos fuéramos. No me decía que tenía miedo, pero se le notaba. Yo le decía que sí, que me daba igual dónde, pero que ya no quería seguir escuchando pasos en el techo ni voces detrás de las paredes.

16:02 Sabíamos que algo se había quedado en la casa. Al día siguiente, mi mamá me dijo que ya no podía seguir ahí. No gritó ni lloró. Solo se sentó conmigo en la cama y me dijo que no dormía, que se sentía observada todo el tiempo, que esa casa ya no era segura. Me pidió que no le preguntara nada, que confiara en ella. La tía no discutió, nos escuchó desde la cocina, dijo que lo entendía, que cada quien tenía derecho a vivir en paz, que había cosas que una vez abiertas ya no se podían cerrar tan fácil, que ella también se había equivocado. Esa misma semana nos fuimos a vivir con una prima de mi mamá. Vivía en otro barrio, más al norte. Su casa era pequeña, pero nos dio un cuarto para los dos. Dormíamos en una sola cama. El piso era de cemento, las paredes delgadas, pero por primera vez en meses dormimos tranquilos. Los primeros días fueron raros, no había velas, ni rezos, ni figuras en los rincones. Nadie tocaba la puerta en la madrugada, nadie arrastraba cosas por el patio. En esa casa se oían los perros, la tele, la gente del mercado, pero no se oía lo otro, lo que se había quedado allá.

17:19 Con el tiempo todo eso se fue quedando como un recuerdo lejano. Pasaron los años, cambiamos de casa otra vez, luego yo entré a la secundaria, después a la prepa, y fue hasta entonces, cuando ya era adolescente, que mi madre me contó lo que la tía le había confesado en esos días. Me dijo que todo había empezado con aquella mujer. que no solo quería quitarse una carga, quería ganar algo, poder, salud, belleza, lo quería todo, y lo quería rápido. La tía aceptó ayudarla, aunque no sabía que la petición venía con intención de pacto. Me explicó que fue la primera vez que hizo uno, y también la última.

18:01 No sabía en qué se estaba metiendo. Para hacer el pacto, la mujer tuvo que tragarse una serpiente entera, viva, sin masticarla. La tragó de un solo empujón frente a ella. Después se metió un papel en la boca, uno que la tía había escrito con sangre, y se lo tragó también. Luego sacrificaron un cerdo pequeño. Lo degollaron en el suelo del cuarto. Con la sangre se hizo un círculo. Mi madre me dijo que el diablo se manifestó esa noche, no en forma de persona, ni con cuernos. Dijo que se proyectó en la pared como una sombra, como el reflejo de una luz. La tía intentó cerrar el trato de forma controlada. Quería que todo quedara sellado, que la mujer se fuera con su carga y nada más. Pero algo quedó mal, algo se abrió de más, algo no se fue. Después de eso, la mujer desapareció. Nadie volvió a verla en el pueblo. La tía tampoco, nunca volvió a mencionarla. La tía ya no volvió a hacer trabajos como ese. Nunca más regresamos a vivir ahí. Yo pasaba cerca a veces, pero nunca me atreví a entrar. Mi mamá tampoco. me enteré de que mi tía había muerto, murió en su casa ya de vieja según dijeron, me avisó una prima lejana, no fui al entierro, no supe qué pasó con la casa ni con las cosas que guardaba adentro, mis primos, los hijos de la tía reclamaron todo,

19:32 dijeron que iban a vender lo que sirviera y tirar lo demás, nadie les preguntó nada, nadie intervino, no volví a pisar ese terreno,