Mi Padre Murió Por Brujería - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi nombre es Luis Herrera, soy de San Andrés, Veracruz, y tenÃa 17 años cuando pasó lo que voy a contar. VivÃa con mi madre MarÃa de Jesús, mi hermana Rebeca y mi padre Antonio, que tenÃa un taller mecánico al lado de la casa. Desde chico supe que el ambiente en nuestra familia no era normal. Mi madre casi no hablaba, Rebeca trabajaba en una tienda y llegaba tarde, y mi padre se la pasaba entre el taller y las cantinas del centro. Cuando estaba sobrio, era callado y serio, pero bastaba con que se tomara dos cervezas para que se volviera insoportable. Crecimos acostumbrados a escuchar los golpes y las discusiones.
0:45 Mi madre nunca se defendÃa, apenas se cubrÃa el rostro mientras la insultaba y le reclamaba cualquier cosa. Rebeca solÃa meterse para detenerlo y yo la ayudaba a veces, aunque terminábamos también empujados o golpeados. Esa rutina se volvió parte de la vida diaria, hasta que una madrugada todo se salió de control. Eran casi las dos de la mañana cuando escuché que el portón del taller se cerró de golpe. El sonido metálico retumbó en la casa y después se oyó el arrastre de sus botas. Entró tambaleándose con el aliento a cerveza. Llamó a mi madre a gritos y ella medio dormida salió del cuarto. Desde mi cama escuché cómo discutÃan. Ãl le reclamaba que la comida estaba frÃa, que los clientes se estaban yendo, porque ella les echaba malas vibras y que últimamente sentÃa que alguien querÃa cerrarle los caminos. Cuando escuché el golpe... Rebeca ya se habÃa levantado.
1:49 Corrimos al pasillo y lo vimos sujetándola del brazo. Ella intentó zafarse y mi padre la empujó contra la pared. Me lancé hacia él y lo separé con fuerza, pero apenas lo logré. Se quedó viéndome con una mirada que nunca voy a olvidar. No dijo una palabra, solo escupió al suelo y se fue al taller. rebeca ayudó a mi madre a levantarse tenÃa la mejilla roja y el labio partido la llevamos a la cama y en silencio le pusimos un trapo con agua frÃa mientras ella lloraba mi padre encendió el radio del taller y empezó a gritarle a alguien que no estaba ahà decÃa que lo estaban siguiendo que una mujer se le aparecÃa en los sueños y le murmuraban hombres al oÃdo esa noche no dormimos los dÃas siguientes fueron un tormento mi padre comenzó a perder el apetito y se le veÃa cada vez más demacrado se quejaba de un ardor en el estómago y decÃa que sentÃa alfileres por dentro mi madre pensó que era gastritis pero al verlo tan mal decidió llevarlo al doctor del pueblo le recetaron pastillas aunque el médico dijo que no veÃa nada grave Mi padre regresó furioso, asegurando que los doctores no sabÃan nada y que lo que tenÃa no era cosa de hospital. Pasaba las tardes en el taller, hablando solo, encendiendo y apagando el compresor sin motivo. una vez me pidió que lo ayudara a
3:20 limpiar las herramientas pero cuando me acerqué me miró con desconfianza y me preguntó si yo también estaba metido en lo de la brujerÃa no entendÃa a qué se referÃa me limité a decirle que se calmara pero sólo gruñó y volvió a su silla Aquella noche, mientras cenábamos, Rebeca se quedó pensativa. Cuando mamá se fue al baño, me dijo en voz baja que sabÃa por qué mi padre estaba asÃ. Me contó que hacÃa unos meses habÃa tenido un pleito con una mujer de la colonia San Miguel, llamada Tomasa. Era una señora que vendÃa remedios y trabajaba con veladoras y oraciones. Mi padre la habÃa humillado frente a varios vecinos porque no quiso pagarle un dinero que le debÃa por unas piezas para el taller. Le dijo que era una estafadora y que sus brujerÃas baratas no servÃan ni para espantar moscas. rebeca pensaba que esa mujer lo habÃa embrujado yo no creà nada de eso pero mi hermana se veÃa muy convencida dijo que después de aquel pleito tomasa empezó a rondar por el taller varias veces la vio parada al otro lado de la calle mirándolo sin decir nada con una bolsa en la mano mi padre la insultaba pero ella no se movÃa pasaron los dÃas y su estado empeoró sudaba frÃo por las noches despertaba gritando nombres que nadie conocÃa y pedÃa que prendieran las luces porque según él alguien lo observaba desde
4:53 el rincón del cuarto una madrugada me levanté porque escuché como golpeaba la pared con el puño fui a su habitación y lo encontré sentado temblando con el rostro empapado en sudor me acerqué para ver si necesitaba algo y lo escuché repetir un nombre una y otra vez con la voz ronca Tomasa al decirlo se llevó las manos al pecho y se quedó mirando al techo como si estuviera viendo a alguien colgado ahà me quedé paralizado sin atreverme a tocarlo Mi madre llegó corriendo, le tomó la frente y notó que estaba ardiendo. Rebeca trajo agua y trató de calmarlo, pero solo murmuraba palabras sin sentido, riéndose por momentos y luego llorando. Esa noche fue la primera vez que pensé que quizás no eran delirios, porque cuando me volteé hacia la puerta, jurarÃa haber visto una sombra moverse hacia el pasillo, larga y delgada. como si alguien hubiese pasado caminando lentamente junto a la pared. Desde entonces mi padre no volvió a ser el mismo. DormÃa de dÃa y pasaba las noches despierto, rezando frases que nadie le habÃa enseñado. DecÃa que veÃa a la mujer del vestido negro parada frente a su cama y que cada vez que la veÃa le dolÃa más el cuerpo. La situación en la casa se volvió insoportable, pues nadie comÃa bien ni descansaba. rebeca dejó de ir a trabajar mi
6:24 madre no salÃa al mercado y yo apenas podÃa concentrarme en la escuela la figura de mi padre se consumÃa dÃa a dÃa su piel se volvió amarillenta y sus manos temblaban al sostener cualquier cosa las ojeras se le hundieron tanto que parecÃa no haber dormido en semanas y aunque tratábamos de mantener la calma en el fondo sabÃamos que algo fuera de lo común estaba pasando el último dÃa de ese mes mientras la lluvia golpeaba el techo de lámina lo escuché desde mi cuarto gritaba otra vez el mismo nombre, pero esta vez no parecÃa pedir ayuda. Su voz sonaba como si estuviera discutiendo con alguien. CorrÃa a verlo y lo encontré de rodillas frente a la ventana abierta, con los brazos extendidos, mirando hacia el patio.
7:14 RepetÃa Tomasa una y otra vez, hasta que de pronto se desplomó. Mi madre lloraba y Rebeca corrÃa por agua. Yo lo miré tirado en el suelo con la mirada fija en el techo y aunque su respiración era débil, seguÃa murmurando el mismo nombre entre los dientes. Aquella noche entendà que la historia de mi padre apenas comenzaba y que lo que estaba pasando en esa casa tenÃa mucho que ver con lo que él mismo habÃa provocado. Después de aquella noche en que lo encontramos repitiendo el nombre de esa mujer, mi padre dejó de salir del cuarto, cerró las ventanas con clavos, puso candados en la puerta del taller y ya no quiso recibir a los clientes.
7:59 DecÃa que no confiaba en nadie, que todos lo querÃan ver muerto. Solo salÃa al baño y regresaba enseguida, arrastrando la pierna como si le pesara. mi madre trataba de darle de comer pero apenas probaba bocado cada dÃa estaba más flaco y el color de su piel se tornó amarillento con manchas oscuras que iban extendiéndose por el cuello y los brazos el cuarto comenzó a oler diferente Cuando pasaba frente a la puerta, se sentÃa un tufo pesado, mezcla de sudor rancio, tabaco y carne húmeda. DecÃa que necesitaba calor, que las noches le dolÃan, asà que dormÃa con las cobijas encima y las luces encendidas. Rebeca trató de ventilar, pero él gritó que nadie debÃa mover nada.
8:47 En la casa, todos caminábamos despacio, cuidando no hacer ruido. El ambiente era sofocante, como si cada palabra fuera a provocar una desgracia. Una mañana, mi madre decidió ir a pedir ayuda. Se arregló, tomó su bolso y dijo que irÃa con una curandera del barrio de La Palma, una mujer que conocÃa desde joven. Al regresar, venÃa pálida, con los ojos enrojecidos. Me contó que la señora le dijo que lo que tenÃa mi padre no se curaba con medicina, que alguien le habÃa hecho un entierro con su nombre y una prenda suya. que si no lo desenterraban pronto el daño seguirÃa avanzando hasta pudrirle el cuerpo yo no creà nada le dije que eran supersticiones que mi padre estaba enfermo porque se descuidó porque tomaba demasiado y no comÃa bien pero al verla tan convencida me quedé callado Ella juraba que la curandera habÃa sentido el mal, solo al mencionar su nombre. Por la tarde, entré al cuarto de mi padre para limpiarlo. DormÃa con la cara hundida entre las almohadas y el olor era insoportable. Abrà la ventana y empecé a recoger la ropa tirada, pero al mover una de las cobijas, Vi que bajo la cama habÃa algo envuelto en una bolsa de tela, atada con un hilo negro. Sentà curiosidad y la saqué. La bolsa estaba húmeda y al abrirla se me revolvió el estómago.
10:16 TenÃa tierra, mechones de cabello y un pedazo de foto quemada por un costado. No supe qué hacer. La metà en otra bolsa de plástico y la llevé al patio, pero antes de tirarla quise ver bien la foto. El rostro estaba quemado, pero pude distinguir la camisa azul que mi padre usaba casi todos los dÃas. Me quedé helado y no se lo conté a nadie, ni siquiera a Rebeca. Solo la enterré junto al tanque de gas y fingà que no habÃa visto nada. Esa noche, cerca de la medianoche, mi padre empezó a gritar. Llamaba a mi madre con desesperación, diciendo que ella estaba parada a los pies de la cama.
10:58 rebeca y yo corrimos y lo encontramos con los ojos abiertos de par en par temblando apuntando hacia el rincón donde estaba el ropero decÃa que veÃa a una mujer de cabello largo vestida de negro que le sonreÃa mientras le tocaba los pies intentamos calmarlo pero seguÃa forcejeando con algo que no estaba ahà mi madre rezaba y rebeca lloraba mientras lo sostenÃamos cuando por fin se durmió el cuarto quedó con un olor tan fuerte a humedad y carne podrida que nos tuvimos que salir Esa misma madrugada, mi madre llamó al doctor del pueblo y al amanecer lo internaron en la clÃnica. Los médicos lo revisaron y dijeron que tenÃa una infección severa que se estaba extendiendo por el cuerpo sin explicación. Intentaron controlar la fiebre, pero su piel empezó a cambiar de color frente a nosotros.
11:54 En pocas horas se le formaron llagas grandes en la espalda, algunas abiertas de donde salÃa un lÃquido espeso que apestaba a descomposición. Las enfermeras limpiaban y cubrÃan las heridas, pero el olor seguÃa impregnado hasta en la ropa. Cuando el doctor nos explicó que los medicamentos no estaban funcionando, mi madre se derrumbó. No paraba de llorar. Y repetÃa que alguien le habÃa hecho daño, que la curandera tenÃa razón. Rebeca, en cambio, se quedó callada. No dijo nada, pero su expresión me pareció rara. No era miedo ni tristeza. Más bien, parecÃa que estaba cargando una culpa. Esa noche me quedé un rato con ella afuera de la clÃnica. Le pregunté si creÃa de verdad en todo eso, y lo que respondió me dejó inquieto. Dijo que ella habÃa ido a buscar a Tomasa hace meses, cuando mi padre todavÃa trabajaba para pedirle algo que lo calmara, porque ya no soportaba verlo golpear a mamá. Me aseguró que solo le pidió que lo tranquilizara, que nunca quiso hacerle daño, pero Tomasa le advirtió que quien toca al diablo no puede medir las consecuencias. No supe qué responder. Mi hermana lloraba, jurando que no habÃa pedido nada malo. Pero sus palabras me dieron vueltas toda la noche. Al dÃa siguiente, cuando regresamos al hospital, mi padre estaba peor. TenÃa los labios morados,
13:27 los ojos hundidos y la piel tan delgada que se le marcaban los huesos de los hombros. La verdad, parecÃa un anciano. Una enfermera comentó que nunca habÃa visto una infección avanzar asÃ. El doctor le cambió los antibióticos, pero no hubo mejora. lo único que pedÃa era que no apagaran la luz decÃa que si quedaba el cuarto a oscuras la mujer del vestido negro volvÃa en casa el ambiente se volvió insoportable mi madre apenas comÃa y rebeca pasaba el dÃa encerrada en su cuarto Yo trataba de no pensar, pero la imagen de aquella bolsa que encontré me perseguÃa. Recordaba el olor, la tierra y esa foto quemada.
14:10 Pero no me explicaba cómo habÃa llegado ahÃ, ni quién la habÃa puesto. Una noche, mientras intentaba dormir, escuché a mi madre y a Rebeca hablando en la cocina. Mi madre decÃa que debÃa buscar a la curandera de nuevo, que tal vez aún habÃa tiempo de revertir el daño. Rebeca respondió en voz baja, pero alcancé a oÃr cuando dijo,« Ya no se puede. Lo que se hizo, ya se hizo». La última semana en el hospital fue la peor. Los doctores dijeron que la infección habÃa llegado al hueso y que no quedaba otra opción más que amputar la pierna para evitar que se extendiera. Mi madre firmó los papeles con la mano temblorosa y mi hermana se quedó sentada en silencio, mirando por la ventana. Yo no entendÃa cómo todo habÃa llegado tan lejos. A veces pensaba que mi padre se lo merecÃa por todo lo que habÃa hecho, pero luego lo veÃa postrado en la cama y me daba lástima. ya no era el hombre que imponÃa miedo en la casa era una sombra un cuerpo débil sin fuerza ni orgullo la operación se programó para la mañana siguiente esa noche mi madre regresó a casa a descansar y rebeca fue a buscar ropa limpia me quedé solo con él habÃa un silencio raro en la sala el olor a desinfectante se mezclaba con ese otro olor agrio que salÃa de su cuerpo traté de leer una revista para distraerme pero no podÃa concentrarme cada cierto tiempo mi
15:44 padre murmuraba cosas entre sueños y yo me levantaba a ver si necesitaba agua a eso de las tres de la madrugada abrió los ojos de golpe me quedé quieto sus labios se movÃan sin emitir sonido hasta que empezó a hablar entre jadeos la mujer del sombrero está aquà dijo con voz débil ya la veo y está detrás de ti sentà un escalofrÃo recorrerme el cuerpo volteé despacio sin atreverme a respirar al principio no vi nada sólo el reflejo del pasillo iluminado por la lámpara del techo pero después entre la penumbra distinguà una figura alta y delgada cubierta con un velo oscuro que caÃa hasta el suelo no se movÃa sólo estaba ahà como esperándolo no tenÃa rostro visible pero su presencia llenó el cuarto de un frÃo insoportable Mi padre comenzó a respirar con dificultad.
16:43 La figura dio un paso hacia atrás, como si se estuviera retirando. La vi disolverse poco a poco, perdiendo forma, hasta que desapareció por completo junto a la puerta. CorrÃa a llamar a la enfermera, pero cuando regresamos, mi padre ya no se movÃa. El médico llegó enseguida y después de revisarlo, dijo que su cuerpo habÃa colapsado. Mientras firmaban el acta, yo me quedé parado al lado de la cama con las manos heladas. Juro que antes de que dejara de respirar, el cuarto se enfrió tanto que mi aliento se veÃa en el aire. Nunca olvidaré esa sensación, ni la mirada vacÃa de mi padre justo antes de morir.
17:23 El entierro fue rápido. Casi nadie fue al panteón, salvo algunos vecinos del taller y dos compañeros suyos. Nadie habló mucho. Todos parecÃan aliviados, incluso mi madre. En los dÃas que siguieron, la casa se sintió extrañamente tranquila, aunque el olor del cuarto no se iba. Mi madre decidió limpiar y quemar todo lo que le pertenecÃa. Dijo que querÃa cerrar el ciclo. Una tarde, mientras sacaba ropa vieja del ropero, una caja de cartón se cayó al suelo. Entre papeles y fotografÃas cayó una hoja doblada varias veces. La tinta estaba corrida por la humedad, pero todavÃa se podÃa leer y decÃa, para que sufra lo que nos hizo sufrir. Mi madre la tomó con cuidado, confundida, pero yo reconocà la letra enseguida.
18:15 Era la de Rebeca. Esa noche la busqué y la encontré en el patio, mirando las brasas del fuego donde mamá habÃa estado quemando la ropa de papá. Le pregunté directamente si ella habÃa escrito eso, pero no me respondió. Solo me miró con los ojos rojos, como si hubiera estado llorando toda la tarde. Me dijo estar arrepentida por lo que habÃa hecho, pero también que mi padre se lo merecÃa. Y aunque fue con la bruja Tomasa, ella querÃa calmarlo. no hacerle daño. Y luego me dijo que me contarÃa cómo pasó, que si querÃa saber, y yo le dije que sÃ. Se sentó en una silla y empezó a contarme. Dijo que una tarde, cuando mamá amaneció con la cara hinchada de los golpes, se fue a buscar a esa mujer desesperada. No tenÃa dinero, asà que le llevó un anillo de plata y una fotografÃa de papá.
19:10 le pidió que hiciera algo para que se calmara para que dejara de pegarle a mamá y de beber tomasa le respondió que lo que pedÃa no era un amarre ni un favor sino una devolución que si el daño venÃa de dentro de la casa sólo podÃa devolverse con la misma fuerza rebeca no entendió del todo aceptó pensando que serÃa un susto una advertencia algo leve pero cuando empezaron los dolores de mi padre quiso regresar con tomasa y la mujer ya no la recibió dijo que el trabajo estaba hecho y que el pago no era con dinero mi hermana se tapó la cara con las manos decÃa que nunca pensó que se cumplirÃa tan rápido que cada vez que lo oÃa gritar en el hospital recordaba lo que tomasa le advirtió el mal que se devuelve no se detiene hasta equilibrar las cuentas no supe qué decirle me quedé viéndola mientras las llamas del fuego reflejaban su rostro mi madre que escuchó parte de la conversación desde la puerta no dijo una palabra simplemente siguió arrojando cosas al fuego como si quisiera borrar todos los rastros de lo ocurrido esa noche nadie cenó rebeca se encerró en su cuarto y no volvió a hablar del tema pasaron los dÃas y el taller quedó abandonado algunos curiosos decÃan que por las noches se escuchaban herramientas cayendo o que la luz se encendÃa sola yo nunca lo comprobé
20:43 pues preferà no acercarme más Con el tiempo, mi madre volvió a vender comida en la calle y tratamos de rehacer la vida, pero la casa ya no se sentÃa igual. Todo recordaba lo que habÃamos vivido, el olor que nunca desapareció, las manchas en la pared del cuarto de mi padre y la sensación de que en cierto modo algo seguÃa ahà observándonos. A veces pienso en lo que dijo Tomasa, eso de que el mal solo devuelve lo que recibe. No sé si lo de mi padre fue brujerÃa o castigo, pero entendà que las palabras y los actos se pagan tarde o temprano. Al final me quedó una sola certeza.
21:27 Mi padre murió por brujerÃa, sÃ, pero la maldición ya vivÃa en la casa, mucho antes de que alguien encendiera una vela.
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