Aug. 2, 2026

Mi Abuelo Hizo Un Pacto Con La Tierra: El Chaneque Vino A Cobrar La Deuda - REDE

Mi Abuelo Hizo Un Pacto Con La Tierra: El Chaneque Vino A Cobrar La Deuda - REDE
Mi Abuelo Hizo Un Pacto Con La Tierra: El Chaneque Vino A Cobrar La Deuda - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
Mi Abuelo Hizo Un Pacto Con La Tierra: El Chaneque Vino A Cobrar La Deuda - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Me llamo Ana Serrano, soy ingeniera civil y nací en un pueblo de la sierra. Mi familia se fue cuando yo tenía nueve años, pero regresé en 2019 para revisar un puente dañado por las lluvias. Mi abuelo Ignacio había dirigido su reconstrucción en 1972. La parte central se había hundido, así que él levantó una nueva base y reforzó los arcos. La obra resistió casi 50 años, hasta que una grieta partió el apoyo central. Regresé con mi hermano Esteban y los trabajadores. Debíamos retirar el material suelto y preparar un soporte provisional.

0:46 Encontramos grietas ocultas detrás del concreto. Esteban abrió una parte y descubrió una separación profunda entre las piedras. Ordené continuar con cuidado y después de retirar tierra y fragmentos apareció una cavidad. Dentro había un cráneo humano. Los trabajadores retrocedieron. Uno dejó caer la pala y pidió que detuviéramos la excavación. Alumbré el interior desde la entrada. El cuerpo estaba sentado contra la piedra, con las piernas dobladas, los brazos atados y restos de cuerda en las muñecas. Sobre el pecho tenía una tabla oscura, marcada con cinco líneas largas. Esteban preguntó si era un entierro antiguo. pero le respondí que aquel cuerpo había sido colocado dentro del soporte y cubierto con concreto. Mientras observábamos la cavidad, una piedra negra cayó cerca de mis pies. Tenía unas iniciales grabadas en una cara.

1:42 Reconocí la marca de mi abuelo. La levanté y uno de sus bordes me cortó la palma. La sangre cayó sobre la tierra. Entonces, escuchamos una risa debajo del puente. Empezó con una voz infantil y terminó grave y áspera. La barranca estaba vacía, pero la risa se repitió y luego escuchamos uñas raspando dentro del hueco. Esteban cubrió la entrada y suspendimos el trabajo. Esa tarde comenzó a faltar agua en el pueblo. El pozo de la casa de mi madre sacó lodo y lo mismo ocurrió en otras viviendas. Antes de oscurecer, regresamos al puente. La tabla estaba partida y los huesos se encontraban fuera de la cavidad, pero ninguno de nosotros los había movido. Había huellas pequeñas alrededor del cuerpo, con marcas largas al final de cada dedo, y terminaban junto al muro. Llevamos los restos a la bodega, cerramos la puerta y guardé la piedra negra dentro de un trapo. Esa noche llegó mi tía Aurelia. Cuando vio la piedra, se quedó callada. Luego me pidió la mano.

2:47 Alrededor del corte habían aparecido cinco líneas oscuras y curvas. Aurelia contó que en 1972 la base central se derrumbó dos veces. Mi abuelo perdió dinero y trabajadores y el cacique lo amenazó con culparlo por los accidentes. Después llevó a un anciano que vivía cerca del monte. El viejo exigió dos cuerpos y la sangre del responsable de la obra. Dijo que la tierra rechazaba el puente y que solo lo aceptaría a cambio de vidas humanas. El primer sacrificado fue Fausto Rojas, un hombre sin familia. Lo emborracharon, lo ataron y lo metieron vivo en el soporte. Aurelia escuchó sus golpes mientras cerraban el hueco. El segundo fue Mateo, un niño de unos 10 años que cuidaba animales. El cacique dijo que había escapado al monte y nadie lo buscó. Mi abuelo encerró ambos cuerpos, se cortó la mano y dejó caer su sangre sobre una piedra negra. El anciano trazó cinco marcas y advirtió que el puente seguiría en pie, mientras los muertos permanecieran ocultos. Le pregunté quién era aquel hombre.

3:56 Mi tía Aurelia dijo que lo siguió hasta una cueva y vio que su cuerpo se encogía, sus brazos se alargaban y sus manos tocaban el suelo. En el pueblo lo llamaban chaneque. Podía usar el aspecto de un anciano, pero su cuerpo verdadero era pequeño. estaba cubierto de tierra y tenía uñas capaces de abrir la madera mi abuelo sabía que el pacto se activaría otra vez si alguien sacaba los restos y que la primera persona de su sangre que tocara la piedra quedaría marcada le mostré mi mano y Aurelia confirmó que la criatura ya me había elegido poco después escuchamos golpes en el techo Esteban tomó una lámpara y revisó la casa Los golpes avanzaron hasta la cocina y se detuvieron junto a la puerta. Algo rascó la madera desde afuera. Esteban quiso abrir, pero mi tía Aurelia lo detuvo. Las uñas atravesaron la puerta y cinco puntas negras aparecieron del otro lado. La risa volvió, mezclada con voces agudas y graves. Entre ellas se oyó a un hombre pidiendo ayuda. Aurelia reconoció la voz de Fausto.

5:06 La puerta dejó de moverse y algo cayó dentro de la cocina. El chaneque estaba agachado debajo de la mesa. Tenía el tamaño de un niño, el cuerpo cubierto de tierra húmeda, el cabello pegado a la cara y los brazos demasiado largos. Sus manos tocaban el suelo y cada dedo terminaba en una uña negra, curva y gruesa. Al levantar la cabeza, abrió una boca ancha, llena de dientes pequeños y afilados. Sus ojos eran completamente oscuros. Miró mi mano. soltó una risa demoniaca y avanzó sobre pies y manos. Esteban se puso delante de mí y trató de golpearlo con una silla, pero la criatura pasó por debajo, le sujetó una pierna y le clavó las uñas. Mi hermano cayó.

5:52 Tomé una barra de hierro y golpeé al chaneque en la espalda. El impacto lo lanzó contra la pared, aunque se levantó de inmediato y volvió la cabeza hacia mí. Sus dientes chocaron varias veces. Mi tía Aurelia arrojó la piedra negra al suelo. El chané que se detuvo la recogió y la sostuvo contra el pecho. Con la voz de mi abuelo dijo que habíamos levantado el primer pago y que pronto encontraríamos el segundo. Luego saltó hacia la ventana y desapareció. Esteban tenía cinco heridas en la pierna y mientras limpiábamos la sangre, las marcas se oscurecieron igual que las de mi mano. Aurelia confirmó que también estaba marcado.

6:34 Antes de terminar la noche, escuchamos golpes en la bodega. Venían del interior de la caja donde habíamos guardado los huesos de Fausto. Mi abuelo había dejado un cuaderno entre sus herramientas. Los nombres de Fausto y Mateo seguían legibles en páginas manchadas. Ignacio escribió que cada cuerpo sostenía una parte del pacto. Si uno quedaba expuesto, el chaneque reclamaría a un descendiente. Y si los dos salían de la base... exigiría dos personas de nuestra familia. Para romper el acuerdo, había que retirar las piedras de 1972, sacar los restos y derribar el soporte antes del amanecer. Los marcados debían permanecer dentro hasta que saliera la última piedra negra, y quien abandonara el lugar antes, ocuparía el sitio de la víctima ligada a su marca. A la mañana siguiente, regresamos al puente.

7:30 La caja de Fausto seguía en la bodega. llena de tierra, con cinco cortes que atravesaban la tapa. Varios trabajadores se marcharon, los demás se quedaron, después de ver el pozo casi seco y los animales muertos, con heridas en el cuello y tierra dentro de la boca. Mientras preparábamos las herramientas, llegó Eulalio. Al escuchar el nombre de Mateo, admitió que estuvo presente en los sacrificios. Recordaba a Fausto golpeando las piedras y pidiendo que lo soltaran. También había cargado a Mateo hasta la base. El niño lloró durante el camino y pidió volver con su madre. Eulalio contó que el anciano puso una mano sobre la cabeza del niño, dejó crecer las uñas delante de todos, mostró los dientes y ordenó que lo encerraran. Nadie lo enfrentó. Después señaló un costado del soporte y aseguró que ahí habían colocado a Mateo.

8:25 Retiramos las piedras hasta encontrar unas tablas podridas. Detrás estaban los huesos del niño, restos de ropa y una cuerda. Esteban apartó una tabla, una mano pequeña se desprendió y cayó sobre su brazo. Las heridas de su pierna volvieron a sangrar. Desde el interior salió una risa baja. Esteban intentó levantarse, pero cinco uñas negras se cerraron alrededor de su bota. Golpeé la mano con una pala y los dedos retrocedieron. Luego escuchamos al chaneque avanzar entre las piedras. Los trabajadores sacaron a Esteban. Uno recogió los huesos de Mateo y Eulalio cargó la caja de Fausto. En cuanto los dos cuerpos quedaron fuera, una grieta cruzó la base.

9:11 Varias piedras se soltaron y antes de que una golpeara a un trabajador, vimos una mano pequeña empujándola desde dentro. Nos apartamos y la cabeza del chaneque apareció entre las piedras, con los ojos negros y la boca llena de dientes manchados de sangre. Salió doblando el cuerpo. Apenas llegaba a la cintura de un adulto. Sus brazos casi tocaban el suelo y las uñas golpeaban la piedra cuando cerraba las manos. Miró los restos de Mateo y usó la voz del niño para decir que tenía frío y que su madre lo esperaba. Eulalio soltó la caja. La criatura cambió de voz. Habló como Fausto y le recordó los golpes que había ignorado.

9:53 El chaneque corrió hacia Eulalio, saltó sobre su pecho y le hundió las uñas. Esteban y dos trabajadores intentaron apartarlo, pero la criatura le clavó los dientes en el hombro. La golpeé hasta que soltó el cuerpo. La piel de su cabeza se abrió y, en vez de sangre, salió tierra oscura. Luego retrocedió entre las piedras y desapareció. Llevamos a Eulalio a una casa. Aurelia intentó detener la hemorragia, pero murió poco después. Antes de perder el conocimiento, dijo que las piedras negras procedían de una cueva bajo la barranca. Regresamos al puente con menos personas, pues nadie quería volver, pero la grieta seguía creciendo y el agua había desaparecido.

10:38 Si la base caía antes de retirar las piedras, los cuerpos quedarían sepultados otra vez y la deuda seguiría activa. Aurelia envolvió los restos de Fausto y Mateo mientras algunos vecinos preparaban dos fosas. Esteban y yo revisamos el cuaderno. Mi marca estaba unida a Fausto, porque mi sangre había tocado su piedra. Las heridas de Esteban estaban ligadas a Mateo, porque la mano del niño cayó sobre él. Así que nosotros ocupábamos sus lugares. Al anochecer abrimos un paso hacia la cavidad central. Esteban y yo entramos con lámparas, barras y cuerdas, mientras los demás retiraban las piedras desde afueras.

11:21 El espacio era estrecho, olía a tierra húmeda y dentro de las paredes había respiraciones que se detenían cuando alguno hablaba. Las primeras piedras salieron sin dificultad, después apareció una cuerda cortada en cinco partes, desapareció una herramienta y un trabajador sintió una mordida desde una grieta. Nadie veía al chaneque, pero su risa recorría la base. Seguimos trabajando, Cada piedra dejaba al descubierto restos de cuerda, cabello y ropa. Encontramos un zapato de Fausto, varios botones y una figura de madera de Mateo. Cuando la toqué, escuché al niño llorar detrás de mí. Me volví y lo vi sentado contra la pared, con las manos atadas y la piel cubierta de tierra. Levantó el rostro y pidió que lo sacara.

12:11 Di un paso, pero Esteban me sujetó y me advirtió que ese cuerpo no era Mateo. La figura abrió la boca, los dientes llenaron la mandíbula, los dedos se alargaron y las uñas atravesaron la piel. El chaneque se levantó, soltó una risa demoníaca y se lanzó contra Esteban. Le clavó las uñas en la espalda y lo arrastró hacia una abertura. Sujeté a mi hermano por los brazos, mientras los trabajadores tiraban de la cuerda atada a su cintura. Logramos apartarlo de la grieta, pero la criatura seguía mordiendo su pierna. Le golpeé la cara, Una uña me abrió el antebrazo y sus dedos intentaron cerrar mi mano. Su boca quedó frente a mí, llena de varias filas de dientes. Aurelia arrojó sal y tierra de cementerio desde la entrada. El chaneque gritó, soltó a Esteban y retrocedió. Antes de ocultarse, usó la voz de mi abuelo para advertir que uno de nosotros saldría del puente y llevaría la deuda consigo.

13:13 Después su risa apareció en distintos puntos de la base. primero detrás de nosotros, luego bajo el suelo y al final dentro del muro. Permanecimos quietos, sin saber desde dónde atacaría otra vez. Esteban tenía heridas profundas, pero seguía consciente. Le pedí que saliera y dejara su lugar a otra persona, aunque Aurelia revisó el cuaderno y negó con la cabeza. La marca estaba en nuestra sangre, por eso nadie podía reemplazarnos. Si Esteban abandonaba el soporte antes de sacar la última piedra, El chaneque lo seguiría y la deuda de Mateo quedaría abierta. Pero mi hermano se apoyó en la pared y decidió continuar.

13:56 Los trabajadores retiraban las piedras desde afuera, mientras nosotros las empujábamos desde el interior. La base crujía y el polvo caía del techo. Todavía quedaban varias piedras negras alrededor del centro. Entonces el chaneque usó voces conocidas. Habló con la voz de nuestra Madre. Luego imitó a Aurelia y al final usó mi voz para asegurar que yo había escapado. Pero Esteban no se separó de mí y nos tocábamos el brazo para comprobar que seguíamos juntos. La criatura apareció detrás de una columna. Avanzó sobre los pies y las manos, con las uñas rotas y la boca manchada con la sangre de Eulalio. Esteban levantó una barra. El chaneque soltó una risa corta, saltó sobre él y le mordió el brazo.

14:45 Mi hermano lo golpeó contra el muro, pero la criatura hundió las uñas en su espalda. La sujeté por el cuello, giró la cabeza, abrió la boca frente a mi cara y me mostró varias filas de dientes. Le metí la barra entre las mandíbulas. Él soltó a Esteban, cerró la boca y partió el metal. Los trabajadores jalaron otra piedra y parte del techo cayó entre nosotros y la criatura. Escuchamos sus uñas bajo los escombros. Aurelia gritó que quedaban tres piedras negras. Dos estaban sueltas, pero la última seguía atrapada debajo del soporte principal. Para moverla, alguien debía empujar desde dentro, mientras los demás jalaban una cadena. Sacamos la primera y una voz de hombre gritó bajo el suelo.

15:32 Al empujar la segunda, escuchamos a Mateo llorar. Esteban cerró los ojos y siguió hasta que el bloque salió. Solo quedaba la piedra central, pero el puente se inclinó. Los trabajadores pasaron una cadena alrededor del bloque, pero no lograron moverlo. Esteban y yo empujamos. La piedra avanzó unos centímetros y volvió a atorarse. Detrás cayó parte del muro. El chaneque salió entre el polvo, con la cara abierta y tierra oscura dentro de la herida. Corrió hacia mí, apartó la pala y me clavó las uñas en el hombro. Caí de espaldas. La criatura se sentó sobre mi pecho y acercó la boca a mi cuello. Esteban la golpeó con una piedra y el chaneque se volvió contra él. Le mordió una mano y le arrancó dos dedos. Mi hermano gritó, pero logró pasar la cadena alrededor del cuello de la criatura.

16:27 Tiró de ella y me ordenó empujar el bloque. Me levanté, apoyé los brazos contra la piedra y empujé mientras los trabajadores jalaban desde afuera. El bloque avanzó. Luego una parte del techo cayó sobre Esteban y le atrapó las piernas. El chaneque quedó debajo de él. Sus uñas salieron entre las piedras y comenzaron a abrirle el costado. Intenté mover los escombros, pero Esteban me pidió que siguiera. Empujé de nuevo. La cadena se tensó, aunque el bloque apenas se dio. Desde afuera dijeron que necesitaban a alguien para guiarla. Yo era la única que podía salir por una abertura lateral.

17:08 Aurelia me advirtió que si abandonaba la base, mi parte del pacto seguiría activa. Pero Esteban perdía sangre y el chaneque continuaba atacándolo debajo de los escombros. Mi hermano me pidió que saliera. Dijo que si permanecíamos dentro, el puente nos enterraría y la piedra seguiría en su lugar. Si yo ayudaba desde afuera, el pueblo quedaría libre. salí por la abertura en cuanto puse un pie fuera la marca de mi mano comenzó a arder detrás escuché la risa del chaneque tomé la cadena la acomodé y pedí a los demás que tiraran el bloque avanzó hasta la mitad volvimos a jalar y salió por completo esteban gritó dentro del soporte luego la base se dio las piedras cayeron hacia el centro y el arco se desplomó corrimos hacia la ladera Entre el ruido escuché a mi hermano llamarme, pero su voz se volvió aguda y terminó en la risa de la criatura. No pudimos llegar hasta él. Recuperamos la cadena y uno de sus zapatos. Enterramos a Fausto y a Mateo lejos de la barranca. Esa noche llovió y los pozos recuperaron el agua. Aurelia me explicó que Esteban había permanecido dentro hasta el final. Por eso su sangre ocupó el lugar de Mateo. Yo había salido antes de retirar la piedra y la deuda de Fausto seguía unida a mí. Me fui del pueblo después del entierro.

18:42 Durante meses no ocurrió nada. Luego escuché uñas debajo de mi cama. Apareció tierra húmeda dentro de la casa y encontré cinco marcas en la puerta. Una noche oí la voz de Esteban en el patio. Me pidió ayuda y repitió una palabra que usaba desde que éramos niños, pero no abrí. La voz insistió y después comenzó a reír. Aurelia murió meses más tarde. Antes me entregó la piedra negra. Intenté romperla, pero ninguna herramienta dejó una marca. La arrojé a una barranca y a la mañana siguiente apareció sobre mi almohada. Desde entonces la guardo en una caja. He cambiado de vivienda tres veces y los ruidos siempre regresan. Anoche, cinco uñas negras atravesaron el marco de mi puerta. La madera se abrió y una mano pequeña entró en la habitación.

19:36 Después apareció la cabeza del chaneque. Tenía tierra húmeda en la cara, sangre seca entre los dientes y los ojos negros. En una de sus uñas llevaba el anillo de Esteban. Me miró, sonrió y usó la voz de mi hermano para decir que había esperado mucho tiempo. Ahora escucho sus uñas debajo del piso. La piedra negra está sobre la mesa y las marcas de mi mano volvieron a abrirse. La sangre ya llegó al suelo y la risa acaba de detenerse. Sé que el chaneque vendrá por mí para pagar la deuda que quedó pendiente.