Nov. 1, 2026

EXTRAÑA MUJER BRUJA DEL ALAMBRADO

EXTRAÑA MUJER BRUJA DEL ALAMBRADO
EXTRAÑA MUJER BRUJA DEL ALAMBRADO
REDE (Relatos Desclasificados)
EXTRAÑA MUJER BRUJA DEL ALAMBRADO

0:02 La mujer del alambrado. Mi abuelo me enseñó a revisar el riego antes de oscurecer. Íbamos siguiendo el canal con una pala, quitando ramas y acomodando tierra donde se estaba saliendo el agua. Una tarde, encontramos a una mujer dentro de la parcela. Estaba agachada junto a un árbol. Tenía una bolsa de mandado y recogía algo con la mano. Mi abuelo la conocía. Al verla, se detuvo. Le preguntó qué buscaba. La mujer guardó lo que tenía entre los dedos y se levantó. Dijo que solamente iba pasando. Yo pensé que habían discutido antes porque mi abuelo le habló muy serio. Le señaló la entrada. La mujer caminó hacia el alambrado que separaba aquella parcela del terreno vecino. Mi abuelo le gritó que por ahí estaba cerrado. Ella siguió.

0:48 Había varias líneas de alambre sujetas a postes. Yo mismo había ayudado a tensar una de ellas días antes. La mujer llegó hasta la cerca, inclinó la cabeza y dio otro paso. Vi un alambre atravesarle la ropa a la altura del pecho. El siguiente le quedó por la cintura. Siguió caminando. Los hilos permanecieron tensos detrás de ella. Me agarré de la camisa de mi abuelo. La mujer se volvió desde el otro lado. Cuide lo que anda viendo el muchacho, le dijo a mi abuelo. Después siguió entre los árboles. Mi abuelo me llevó hasta el camino. Quiso caminar rápido y yo tuve que ir casi corriendo para seguirlo. En la casa, le contó a mi abuela que había encontrado otra vez a aquella señora en la parcela. Ella le preguntó si habíamos tocado algo. Mi abuelo le dijo que no. Años después, supe que algunas personas la buscaban para hacer trabajos contra sus vecinos. Eso me lo contó mi abuela. Yo solamente había visto lo del alambrado. Mi abuelo fue conmigo a revisarlo a la mañana siguiente. Tocó cada línea de alambre, se quedó mirando los postes y pasó una mano por la tierra. Yo le pregunté por dónde había cruzado. Él siguió agachado un momento. Lo mismo estoy buscando, me contestó mi abuelo. Esa fue la última vez que me llevó a revisar el riego. Después esperaba que llegara mi tío. La señora que estaba arriba. Yo fui a aquella casa a servir una cena. La dueña celebraba su cumpleaños y había contratado a una cocinera, a

2:22 otra muchacha y a mí. Era una señora pequeña, de cabello blanco. Nos recibió, probó la salsa y pidió que le guardáramos un plato para después. Durante la cena, estuvo entrando a la cocina. Quería saber si alcanzaba la comida y si nos habían dado refresco. Cuando empezamos a recoger, una de sus hijas me entregó una charola. Me pidió que la llevara al cuarto de arriba. Pregunté para quién era. Para mi mamá. Desde temprano se acostó. Me respondió la hija. Pensé que se refería a otra señora. Subí y encontré la puerta entreabierta. Había una cama junto a la ventana. La cumpleañera estaba acostada, cubierta hasta el pecho. Tenía puesto un camisón. Respiraba con la boca abierta. La reconocí por una mancha oscura junto al ojo. Dejé la charola sobre un mueble y bajé. La señora estaba en la cocina.

3:16 Llevaba la misma blusa con la que nos había recibido. Me preguntó si ya había dejado su comida. Yo miré hacia las escaleras. Ella se acercó para tomar una servilleta y pude verle la mancha junto al ojo. Le dije que necesitaba hablar con su hija. La mujer dejó de sonreír. Su hija llegó y me preguntó qué pasaba. Le conté que acababa de ver a su mamá acostada. La señora permaneció junto a nosotras escuchando. Su hija me tomó del brazo y me llevó hasta la puerta del patio.¿ La de arriba abrió los ojos? Me preguntó. Le contesté que estaba dormida. Me pagó y llamó un taxi. Dijo que ellas terminarían de recoger. Mientras esperábamos, le pregunté quién era la mujer de la cocina. Se quedó mirando la puerta.

4:04 Mi mamá hace cosas desde antes de que yo naciera. Hoy le pedí que descansara. Me contestó. La cocinera me llamó al día siguiente porque se había quedado con una chamarra mía. Cuando fui por ella, quiso saber por qué me habían mandado tan temprano. Le pregunté quién había terminado de servir el café. La señora nos estuvo ayudando hasta que acabamos, me respondió la cocinera. El trabajo de mi madre Mi mamá me pidió que la acompañara a recoger una medicina. Dijo que era con una señora que atendía por citas y que prefería ir conmigo porque la casa quedaba lejos.

4:48 Yo estaba recién casado. Mi esposa y yo habíamos discutido con ella porque quería seguir entrando a nuestra casa con un duplicado de las llaves. Durante el trayecto volvió a decirme que yo había cambiado. Llegamos a una casa con una cortina en lugar de puerta interior. Olía a hierbas quemadas. La señora nos recibió por nuestro nombre. Mi mamá le preguntó si ya estaba listo. Ella sacó una caja de zapatos y la puso sobre la mesa. Dentro había dos fotografías separadas por un montón de hilo enredado. Reconocí mi foto. Era de una credencial vieja. La otra era de mi esposa. En la parte de atrás habían escrito su nombre. Tenía una costura gruesa cruzándole la boca. Yo agarré la fotografía.

5:36 Mi mamá intentó quitármela. Le pregunté qué era aquello. La señora miró a mi mamá y esperó a que contestara.« Es para que se calme todo lo que te está haciendo», me dijo mi madre. Le pregunté qué me estaba haciendo. Empezó a hablar de las llaves, de nuestras visitas y de que yo ya tenía que pedir permiso para ver a mi familia. La señora recogió la caja.« Si van a discutir, háganlo afuera», nos dijo. Me llevé las dos fotografías. Mi mamá salió detrás de mí pidiéndome que la escuchara. Durante el viaje insistió en que había ido por mi bien. Yo recordaba que ella me había pedido una foto de nuestra boda para enmarcarla. En aquella caja habían recortado a mi esposa de mi lado. Esa noche se lo conté todo.

6:26 Mi esposa escuchó sin interrumpirme. Después fue por una bolsa y guardó los regalos que mi mamá había llevado a la casa durante las últimas semanas. Me pidió que se los devolviera. Cambiamos la cerradura y tardé varios meses en volver a visitar a mi madre. Todavía hablamos. Ella sigue convencida de que aquella señora podía ayudarla. Cuando le he pedido que se disculpe con mi esposa, responde que una madre hace lo que sea por un hijo. Mi esposa conserva su fotografía recortada. La guardó con los papeles de la casa. La pasajera del coche baleado. El coche tenía las ventanas rotas y varios agujeros en las puertas. Me llamaron para llevarlo en la grúa desde una brecha hasta un taller. Cuando llegué, había tres hombres esperando. Dos llevaban armas. El otro intentaba hablar por teléfono. Me señalaron dónde debía poner la plataforma. Pregunté si había heridos. Uno de los hombres dijo que ellos estaban bien. Al acercarme al coche, descubría a una señora sentada atrás. Llevaba un vestido oscuro y un rebozo sobre los hombros. Tenía las manos juntas sobre las rodillas. Le pedí que bajara para poder subir el vehículo. La mujer levantó un dedo, indicándome que esperara. Los hombres dejaron de hablar.

7:51 Ella empezó a toser. Primero pensé que estaba herida. Busqué el teléfono para pedir ayuda, pero uno de ellos me sujetó la muñeca.— Espérese, ahorita termina— me dijo el hombre. La señora se inclinó hacia adelante y escupió en una mano. Escuché caer algo metálico sobre el piso. Lo hizo varias veces. Cuando abrió los dedos, vi pedazos de metal oscuro, algunos aplastados. Había sangre entre ellos. Uno de los hombres se arrodilló junto a la puerta. Sacó un pañuelo y le limpió la boca. La mujer lo agarró del cabello y lo mantuvo cerca de su cara. Le habló tan bajo que apenas escuché unas palabras. Él empezó a llorar. Después ella lo soltó. Bajó del coche y me dijo que podía trabajar.

8:42 Caminó hasta una camioneta estacionada detrás de la mía. Los tres hombres la acompañaron. Subí el coche procurando mirar solamente los controles de la plataforma. En el taller, mientras lo descargaba, uno de los mecánicos encontró los pedazos de metal debajo del asiento. Los dejó sobre el cofre. Dijo que debían haber entrado durante la balacera. Yo había visto de dónde salieron. El hombre que me contrató llegó después a pagar. Le pregunté si la señora necesitaba atención. Me miró antes de guardar la cartera. Ella es la que nos atiende a nosotros. Me contestó. Mi patrón me volvió a mandar a aquel taller en otras ocasiones. Siempre pregunté primero qué coche iba a recoger. La mujer que me encontró. Me perdí cuando tenía diez años, buscando una vaca que se había separado de las otras. Yo iba con un primo mayor. Él tomó una vereda y me pidió que esperara junto a un árbol. Me alejé porque escuché un cencerro. Después traté de regresar y ya no supe por dónde había venido.

9:54 Caminé hasta que empezó a oscurecer. Me raspé las piernas entre las ramas y terminé sentado junto a unas piedras. Lloré un rato. Luego me quedé dormido. Soñé con una mujer. Tenía el pelo recogido y una cicatriz pequeña junto a la boca. Se agachó frente a mí y me pidió que mirara sus manos. Sostenía algo rojo. Me dijo que detrás de las piedras había una subida y que al llegar arriba encontraría un camino ancho. Desperté porque sentí que alguien me tocaba la frente. Estaba solo. Todavía recuerdo haber buscado a la mujer alrededor de las piedras. Después hice lo que me había dicho. La subida estaba ahí. Me costó mucho llegar, pero encontré el camino. Empecé a caminar por él y al rato escuché a mi papá gritándome.

10:46 Me llevaron a casa antes de que amaneciera. Mi mamá me quitó los zapatos y me lavó las piernas. Yo le conté lo del sueño mientras ella buscaba dónde me había raspado. Dos días después llegó una señora a visitarnos. La reconocí desde la puerta. Mi mamá la hizo pasar y le sirvió café. Me pidió que fuera a saludarla. Yo me quedé detrás de la silla. La mujer tenía la cicatriz junto a la boca. Me preguntó si había podido subir bien. Mi mamá le explicó que era una señora a la que mi abuela había acudido para buscarme. Le habían llevado una prenda mía. Yo le pregunté si había estado conmigo en el monte. Fui a verte, me contestó la señora. Mi mamá quiso darle dinero. Ella aceptó una bolsa con comida. Cuando se levantó para irse, vi que sobre el respaldo de su silla había dejado una tela roja. Era la playera que mi abuela le había llevado.

11:43 La misma que yo había visto entre sus manos mientras estaba perdido.