Dec. 24, 2025

Le Di Raite Y Se Convirtió En BRUJA Dentro De Mi Tráiler - Historias De Terror - REDE

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0:05 Hola, soy Ramiro, y esto me pasó hace algunos años. Lo cuento como lo recuerdo, porque es algo que aún no me deja dormir. Yo trabajo en carretera desde hace mucho. Esa noche iba solo, con carga y con el camión en regla, y las luces revisadas desde antes de salir, y el tablero con la luz baja para no cansarme la vista. El camino estaba parejo, de esos tramos largos donde uno maneja con cuidado y con paciencia. cuidando mi carril, los espejos y la distancia, porque cualquier error con un tráiler cargado no se corrige rápido. Yo iba concentrado, con música suave, el celular guardado y la mente en llegar al siguiente punto. En un tramo donde casi no hay casas y solo se ven luces lejos, vi a una joven pidiendo raite en el acotamiento. Se veía bien vestida, con el cabello arreglado, y estaba parada cerca de la línea blanca sin meterse a la carretera. Yo pensé en seguir de largo, porque uno aprende a no confiar, pero también pensé que ahí no había señal, no había patrullas, y si alguien se quedó varado, la noche se ponía pesada.

1:17 Me orillé con cuidado, bajé la velocidad, dejé el motor encendido y bajé el vidrio un poco, sin abrir la puerta de golpe. ella se acercó y me dijo a dónde iba y que si podía irse conmigo yo le dije que si se subía tenía que ir tranquila sin movimientos raros y que yo paraba cuando yo decidiera asintió con la cabeza le abrí la puerta del copiloto y se subió cerró con calma y se acomodó en el asiento traía un perfume ligero nada fuerte y cuando se acomodó se recogió el cabello con una mano como si fuera un viaje normal Yo volví a meter el camión al carril con cuidado. Agarré velocidad otra vez y seguí.

2:02 Los primeros minutos fueron normales. Ella miraba al frente y a ratos hacia la ventana. Hablaba poco y su voz sonaba joven, clara y sin temblor. Me preguntó cuánto faltaba para una salida. Yo le respondí sin hacer conversación de más. Porque cuando uno maneja así, el que va al volante no se distrae. pero sí alcanza a notar las cosas de su alrededor, los gestos, la forma en que respira alguien y el modo en que mueve las manos. Ella traía las manos quietas sobre las piernas, con las uñas pintadas, uñas normales, y de vez en cuando miraba el tablero, como viendo los números, la velocidad y las luces. Yo seguí manejando y a ratos la volteaba a ver con la vista corta, solo para ubicarla, se veía joven tenía la cara lisa la piel pareja y el cabello bien cuidado no traía mochila grande ni bolsa de viaje sólo una bolsa chica de mano negra y sencilla que traía cerca de las piernas no me dijo su nombre y yo tampoco se lo pedí porque de lo cansado que andaba no anduve pidiendo datos yo sólo quería llegar a mi destino y ya Pasaron varios kilómetros y sentí el cuerpo tenso, como una alerta que me subió de golpe.

3:27 No fue un ruido del motor, ni un frenón o una curva. Fue una presión en el pecho y un calor raro en la nuca, de esos que te ponen atento aunque no sepas por qué. Yo apreté el volante un poco más, acomodé los hombros y respiré por la boca para mantenerme estable. Volté la vista hacia el copiloto y la vi diferente. Al principio pensé que era la sombra de la cabina, porque la luz del tablero sube y baja con el movimiento, pero no, ya se le marcaban líneas en la frente y alrededor de la boca, como arrugas finas que antes no se notaban, y su mirada se veía más hundida, más dura, como si los ojos se le hubieran metido un poco hacia adentro. Yo seguí con la vista al frente, porque si uno se queda mirando al lado se pierde el carril, Pero en el siguiente reflejo del vidrio, cuando la vi de reojo otra vez, el cambio se notó más. La piel ya no se veía pareja, se veía más opaca, más seca, y la forma de su mandíbula se veía distinta, más marcada.

4:34 Yo pensé que era el cansancio jugando con mi vista. iba a sugestionar y me concentré en la carretera pero a los segundos sentí su mano sobre la mía me agarró la mano derecha con fuerza no fue un toque ligero fue un agarre firme como si quisiera que yo me quedara quieto su mano estaba fría y la presión me dejó los dedos apretados con una voz firme me pidió que volteara que mirara hacia atrás como si hubiera algo importante en la caja o en el camino algo que yo tenía que ver en ese instante. Yo bajé la vista a su mano antes de hacerle caso y ahí se me fue el aire. Esa mano ya no era de una joven. Era delgada, casi huesuda, con la piel pegada a los dedos y las uñas que antes se veían normales, ahora se veían largas y duras, demasiado largas para ser normales, con una forma que daba miedo ver tan cerca. En ese segundo me quedó claro que lo que yo traía sentado al lado ya no se veía como la muchacha que subió. Yo no quise hacer un movimiento brusco, porque traía peso y cualquier jalón podía terminar mal. Seguí derecho con el volante fijo, sentí sudor en las palmas, la garganta cerrada y el corazón golpeando duro.

5:58 Volteé la vista apenas hacia su cara y lo que vi me terminó de cortar el pensamiento. La cara ya se veía muy arrugada, la piel caída y las mejillas más hundidas. La boca apretada y los ojos que antes eran muy bonitos, ahora se veían como de alguien mucho mayor y sin brillo. La verdad era muy aterrador. Sentí que mi vida terminaría ahí. Ella me seguía apretando la mano y volvió a insistir con lo mismo, que volteara a verla y que mirara hacia atrás. Yo no le contesté con gritos. porque no quería provocar nada dentro de la cabina. Yo solo respiré hondo, tragué saliva y moví la mano despacio para zafarme sin jalonear. Cuando logré soltarme, me quedé con la sensación en los dedos, como si me los hubiera comprimido con una herramienta. En mi cabeza empezó a correr una sola idea, bajarla del camión sin provocar un problema. Yo pensé en parar en el acotamiento, pero en ese tramo no había luz. También pensé en frenar de golpe, pero con carga no se hace. Luego pensé en pedir ayuda por radio, pero iba solo en ese canal y tampoco iba a decir en voz alta lo que estaba pasando, porque me daba miedo que al oírme ella reaccionara. Seguí manejando como si nada, con los ojos firmes al frente, y empecé a buscar con la vista una salida segura, una gasolinera, algún lugar con luz.

7:32 o un lugar donde hubiera gente y cámaras, porque yo quería bajarme sin quedar a solas con ella en medio de la nada. Sentía que ella me miraba, como esperando que yo cometiera un error. Y cada vez que yo la veía de reojo, la imagen era la misma, una anciana en el asiento del copiloto, con las manos tensas y esas uñas largas que no dejaban de llamar la atención. Yo agarré aire otra vez, acomodé la espalda en el asiento, y me preparé para hablarle como si fuera lo más normal del mundo, porque esa era la única forma de que me dejara llegar a un lugar con luz sin ponerse peor. Y mientras avanzaba, yo solo pensaba en eso, en llegar a un punto donde pudiera bajarla del camión y seguir mi ruta sin volver a verla. Yo agarré aire y me forcé a manejar como si nada, porque con el tráiler cargado no hay margen para entrar en pánico.

8:31 Respiré hondo y empecé a hablarle como si fuera una parada normal. Le dije que más adelante iba a detenerme en una gasolinera para revisar llantas, tomar algo y estirar las piernas, y que ahí podía entrar al baño. Ella respondió que estaba bien. Lo dijo seria. y se quedó mirando hacia el frente con la cabeza apenas inclinada, como si estuviera escuchando otra cosa y no mis palabras. Yo seguí con esa idea, insistí con calma y le repetí que era una parada que yo hacía siempre, que me convenía parar en un lugar con luz, y seguí manejando sin perder el carril. Mientras avanzábamos, cada vez que la miraba de reojo, ya no veía a la muchacha, veía a una anciana aterradora. la cara arrugada y esas uñas largas como garras, marcándose con la luz de la cabina.

9:26 La bolsa chica que traía seguía en sus piernas, bien agarrada, y eso me inquietaba, porque no la soltaba ni un segundo, como si ahí guardara algo que no quería que lloviera. yo fui leyendo la carretera como lo hago siempre buscando una salida segura pues no me servía cualquier parada necesitaba un lugar con gente con carros y con movimiento necesitaba un sitio donde yo pudiera bajarme y tener testigos cuando por fin vi la gasolinera a lo lejos me sentí un poco más seguro prendí el direccional con tiempo bajé velocidad sin frenar de golpe y me metí por la entrada grande, buscando el área más iluminada, donde estuviera la tienda y donde se viera el mostrador desde afuera. Me estacioné cerca de los surtidores, me aseguré de quedar derecho, apagué el camión, y antes de bajarme, acomodé el cuerpo para salir rápido, porque no quería quedarme sentado un segundo más con ella al lado. Bajé y caminé hacia el frente del tráiler. como si fuera parte de mi rutina, revisé con la vista la parte baja, el piso, las llantas delanteras, e hice tiempo para que la gente me viera ahí, saludé al despachador con una seña clara, y me acerqué lo suficiente para que me ubicara, luego regresé por el lado del copiloto, despacio, Y sin mostrar la prisa que traía por dentro, levanté la mano y le señalé la entrada de la tienda. Le indiqué el baño

10:59 y me quedé parado a un lado, con espacio, sin arrimarme a la puerta. Ella abrió y bajó con calma, pero ya era la anciana completa. Tenía la postura encorvada por completo y al poner un pie en el suelo se acomodó la bolsa como si fuera lo más importante que traía. Yo le volví a señalar la tienda, y ella me sostuvo la mirada. Me dijo que yo pensaba dejarla ahí, pero yo le dije que no, que eso nunca lo haría. Ahí me dijo que si lo hacía, que algún día me lo iba a cobrar. Me lo dijo bajo, pero firme, como una cuenta pendiente que ya estaba escrita desde antes. No me levantó la voz, solo me lo dijo y se quedó un segundo mirándome, como esperando que yo reaccionara. Yo no discutí, no me puse a reclamarle nada. Mi intención era que se fuera de mi lado y ya. Así que volví a señalar el baño y me quedé quieto, dejando que la escena pareciera normal, para el despachador y para los que estaban ahí. Ella caminó hacia un costado del terreno, hacia la parte donde hay menos luz. Se fue sin prisa como si conociera el lugar. Yo la seguí con la vista unos segundos, cuidando mi distancia, y cuando vi que ya estaba lejos, me subí al camión, cerré la puerta, arranqué el trailer y salí de ahí. En cuanto tomé la salida, me fui directo al carril, sin quedarme dando vueltas, con el camión estable y la vista fija al frente. Pero el

12:32 cuerpo me temblaba por ratos. Me dolía la mano derecha. Me ardía donde me apretó. Y cuando pude, con el camión parejo, bajé la vista un segundo y vi las marcas. Tres líneas rojas cerca de los nudillos, como si me hubiera sujetado con sus uñas largas. Me limpié la palma con una servilleta que traía en la puerta. Tomé agua y seguí, porque yo no quería detenerme otra vez en un tramo oscuro. Más adelante me encontré tráfico, carros pegados, camiones y una fila que obligaba a bajar la velocidad. Me tocó frenar en un crucero grande y esperar el cambio. Y ahí, en la esquina, la vi otra vez. Estaba parada cerca del poste del semáforo, quieta, mirando hacia los carros.

13:19 Era la misma cara arrugada, el mismo gesto duro y las mismas uñas visibles aunque tuviera la mano abajo. Y cuando me miró, fue directo, como si supiera exactamente qué cabina era la mía. Yo me quedé mirando al frente, con las manos bien puestas en el volante, cuidando el freno y cuidando el espacio con el carro de adelante. Porque, en ese momento, un error me podía meter en un choque. Y yo no iba a arriesgar la carga, y mi vida, por voltear a verla de más. Cuando el tráfico me dejó, avancé y seguí mi camino. En el espejo lateral la perdí, y aún así me quedé revisando los espejos seguido, como si esperara verla pegada al camión, o caminando por la orilla, porque lo que más me daba miedo no era haberla visto una vez en mi tráiler, era que apareciera otra vez en ese lugar como si fuera fácil. Seguí varios kilómetros con la espalda tensa, con la mandíbula apretada, cuidando cada cambio de carril, cuidando cada curva, y tratando de mantener la cabeza fría, pero el pensamiento se repetía solo, la muchacha que subió, no era la misma que iba conmigo cuando llegué a la gasolinera, yo empecé a hacer lo único que podía hacer en ese momento, volverme más estricto, no parar donde estuviera solo, no bajarme si no había luz, no quedarme con el vidrio abajo en los semáforos, y mantener el camión en movimiento, hasta llegar a un lugar

14:52 donde yo pudiera descansar con más gente alrededor. Aún así, esa imagen se me quedaba pegada, la mano fría sobre la mía, el cambio en la cara y esa frase que me soltó como si me dejara una deuda. Y mientras la carretera seguía, yo sentía que el camino, el mismo camino que yo conozco de memoria, se me había vuelto más angosto. Después de ese crucero, seguí mi ruta con el cuerpo tenso, manejando más rígido de lo normal, cuidando cada frenada y cada cambio de carril, porque traía la sensación de que cualquier descuido me iba a meter en un problema, y yo todavía traía la mano adolorida.

15:34 Cuando paré por primera vez ya de madrugada, fue en un lugar con mucha luz, con varios trailers alrededor y movimiento constante. Bajé solo lo necesario. Revisé las llantas con la lámpara. Me limpié la mano con agua del baño. Y ahí vi mejor las marcas. Eran líneas rojas cerca de los nudillos. Se notaba que me apretó con fuerza. No sangraban, pero me ardían al tocar. Esa noche dormí por ratos, sentado, con el seguro puesto y con el teléfono cerca por si necesitaba pedir ayuda. Al día siguiente seguí trabajando como siempre porque el trabajo no se detiene. yo llevaba horario de entrega y tenía que llegar a tiempo pero cambié la forma de hacer las cosas dejé de parar en lugares solos dejé de bajar si el sitio se veía vacío y cuando me tocaba frenar en un crucero me quedaba con los vidrios arriba y las manos firmes en el volante la vi otra vez en una salida de carretera fue a plena luz del día estaba cerca de un letrero con esa misma cara arrugada y la misma postura encorvada Traía una bolsa chica colgando del brazo, y cuando yo pasé me miró directo otra vez, como si supiera que yo la iba a ubicar entre la gente. No me hizo señas exageradas, solo levantó un poco la mano, lo suficiente para que yo entendiera que era ella, y esa simple acción me apretó el estómago,

17:05 porque ya no se trataba de una sola noche. Se trataba de verla repetirse, en puntos donde yo tenía que pasar. Los siguientes días me pasó lo mismo en dos lugares más. Una vez en la entrada de una ciudad cerca de un puesto de comida, y otra vez en un crucero donde el tráfico me obligó a bajar la velocidad. Cada vez era igual, no cambiaba el gesto, no cambiaba la mirada, y las uñas se alcanzaban a notar cuando levantaba la mano. Yo no me detuve en ninguna de esas ocasiones, seguí mi carril y me enfoqué en llegar al siguiente punto, porque para mí ya era claro que si me veía frenar o verme dudando, iba a intentar acercarse otra vez.

17:51 En la empresa yo no conté la historia completa desde el primer día, porque sabía cómo suena, pero pedí que me ajustaran paradas. Les dije que tuve un problema con un pasajero y que prefería descansar en aparcaderos con vigilancia, El encargado me dijo que estaba bien y me dio dos opciones de lugares grandes, donde siempre hay más camioneros, regaderas y guardias. Yo acepté y esa misma semana me tocó dormir en uno de esos aparcaderos. Era grande, tenía comedor, tienda, filas de trailers y un patio amplio. Llegué de noche, me estacioné en una zona donde había otras unidades, apagué el trailer, le puse el seguro. y antes de bajarme, revisé por el parabrisas y por los espejos, y me quedé unos segundos atento, esperando no ver nada raro cerca de mi unidad. Me bajé para ir al baño y comprar agua, y cuando regresé con el vaso en la mano, la vi caminando entre los camiones. Venía por el pasillo que queda entre dos filas, despacio, como si supiera exactamente hacia dónde iba. La reconocí luego, y en cuanto la identifiqué, me subí de inmediato. Cerré y me puse el seguro.

19:05 Dejé el vaso en el portavasos, tomé el teléfono y me quedé quieto, escuchando los pasos cerca. Ella llegó a la puerta del copiloto y levantó la mano hacia la manija. No golpeó, no gritó, solo dejó la mano cerca, como si quisiera repetir lo que hizo dentro de la cabina aquella noche, como si el objetivo fuera tocarme otra vez. Yo me quedé viendo esa mano a través del vidrio. con los dedos tensos y las uñas largas, y me acordé de la presión en la mano derecha. Se me secó la boca y sentí el mismo calor en la nuca. Yo no iba a abrir, así que marqué al número del aparcadero, el que estaba pegado en un letrero cerca del comedor. Y cuando contestaron, les dije que había una mujer molestando junto a mi unidad, que necesitaba un guardia.

19:58 Mientras esperaba, mantuve el camión apagado, porque encenderlo ahí con gente caminando podía ser peligroso y yo no quería lastimar a nadie por el miedo. El guardia llegó caminando rápido por el lado del conductor. Yo bajé el vidrio lo justo para hablarle. Le señalé el lado del copiloto y rodeó el camión para ir a verla. Yo lo seguí con la vista por el espejo lateral. Vi cuando se acercó al área del copiloto y se detuvo. como buscando a alguien. Luego se metió entre dos unidades estacionadas, revisó el pasillo, regresó y me dijo que no veía a nadie ahí. Yo le pedí que revisara la cámara del patio porque era un lugar grande y se suponía que tenían.

20:44 Me dijo que el supervisor estaba en la oficina y que en la mañana podían ver la grabación. Yo ya no dormí esa noche. Me quedé dentro de la cabina con el seguro puesto esperando el amanecer En cuanto abrió la oficina, fui a buscar al supervisor. Le expliqué que una mujer mayor se acercó a mi camión y que yo quería ver las cámaras. No le conté lo del cambio de joven a anciana, solo le dije que esa mujer ya me había seguido en carretera y que yo necesitaba una prueba para poder reportarlo bien. El supervisor accedió, me metió a una oficina chica, puso la grabación del patio y buscó la hora aproximada. En el video se veía mi trailer estacionándose, se veía cuando yo bajé con el vaso, se veía el pasillo entre las filas, y en el momento en que yo dije que ella estaba junto al copiloto, la cámara mostraba mi unidad y el espacio alrededor. La puerta del copiloto estaba cerrada, el área estaba libre, y lo que se alcanzaba a ver era al guardia llegando y rodeando el camión, deteniéndose un segundo y metiéndose entre los trailers. como si estuviera buscando a alguien que no quedó registrado en ese ángulo. El supervisor me miró raro, me dijo que tal vez yo me confundí con otra persona y que en la grabación no aparecía nadie junto a la puerta. Yo salí de ahí con un coraje frío porque yo sabía lo que vi

22:16 y al mismo tiempo esa grabación me dejaba sin nada que explicar. Volví a mi unidad, me senté un momento con las manos sobre el volante, respiré despacio. Me revisé mi mano derecha y las marcas ya estaban bajando. Y en ese momento tomé una decisión simple. Cambiar de ruta, cambiar de horarios y no volver a subir a nadie. Pedí que me movieran a recorridos de día durante un tiempo. El encargado aceptó y así me quedé. Después de ese aparcadero no la volví a ver. Seguí trabajando, seguí entregando cargas, volví a mis rutinas, y lo único que me quedó fue el recuerdo. La joven pidiendo raite, y la mano huesuda apretando la mía, y la frase que me dijo en la gasolinera, como si fuera una deuda. Eso es lo que me pesa, porque yo puedo cambiar de ruta y puedo cambiar de hábitos, pero esa escena dentro de la cabina se me quedó fija. Y aunque ya no volvió a aparecer, todavía hay noches en las que cierro los ojos y siento el frío de esa mano huesuda, como si el cuerpo se acordara. Esa primera noche, yo estaba en la casa con mi bebé. Era una casa de una planta, con sala al frente, un pasillo corto y dos cuartos. La ventana de la sala daba directo a la calle y quedaba baja, a la altura del

23:48 pecho de una persona. Yo siempre la dejaba con seguro, pero esa vez, por el calor, había dejado la cortina un poco abierta para que entrara aire. Mi hijo dormía en su cuna, pegada a mi cama, y yo estaba sentado en una silla, mirando el teléfono de vez en cuando, para no quedarme dormido, porque el niño se despertaba seguido. La calle estaba tranquila, se escuchaban perros a lo lejos y uno que otro carro. De pronto empecé a escuchar risas afuera, risas de mujer, cortas, repetidas, como si estuvieran paradas cerca de mi ventana. No eran risas alegres, sonaban como burla. Me levanté y apagué la luz de la sala para ver mejor hacia afuera sin que me vieran.

24:35 Me moví con cuidado, despacio y me acerqué a la ventana. en cuanto estuve a un metro del vidrio escuché el primer rasguño fue un sonido claro seguido como uñas largas arrastrándose en línea después vino otro más lento como si quisieran dejar marca me acerqué un poco más cargando al bebé para que no se despertara con el ruido y vi las líneas nuevas en el vidrio eran rayones paralelos juntos como garras no eran dos o tres marcas al azar Eran varias, hechas con intención, como si alguien quisiera rasgar la ventana. Mientras miraba eso, se escucharon pasos en el techo, lentos y arriba del cuarto. La lámina sonó con peso, con un ritmo lento. En eso, los pasos se detuvieron justo sobre mi cuarto. Luego, se movieron hacia la sala como si estuvieran acomodándose para quedar encima de la ventana. Yo sentí que se me apretaba el estómago.

25:35 porque el sonido no se parecía al de un gato. Se escuchaba la lámina hundirse un poco en cada paso. Volté hacia el pasillo. Revisé que la puerta del cuarto estuviera cerrada y que el seguro de la entrada estuviera puesto. Regresé a la ventana y me quedé quieto, con el bebé pegado a mi pecho. La risa volvió, pero más cerca, y esta vez la escuché justo del otro lado del vidrio, como si la boca estuviera a centímetros. Luego se escuchó como rascaron otra vez, ahora en el marco, y el sonido me llenó de miedo. Miré por un hueco de la cortina y alcancé a verla por un instante. Era una anciana muy delgada, piel arrugada, ojos fijos y uñas enormes.

26:21 Tenía el cabello pegado a la cabeza en mechones como si estuviera húmedo o sucio. Su cara estaba pegada a la ventana, inclinada, como si estuviera oliendo adentro. Yo vi sus uñas apoyadas en el marco, y la punta de una uña raspando el vidrio con paciencia. No movía la cara con nervios. Se quedaba ahí, segura, como si supiera que yo estaba del otro lado. En cuanto me moví para verla mejor, desapareció de la ventana. No se fue caminando, pues no la vi alejarse hacia la calle. Solo dejó de estar ahí, y lo único que siguió fueron los pasos en el techo que se movieron hacia la parte de atrás de la casa. La risa se escuchó de nuevo.

27:03 pero ya no tan pegada, como si diera vueltas por el patio. Me alejé de la ventana y fui al cuarto con el bebé. Lo acomodé en la cuna con cuidado, dejándolo de lado para que no se atragantara si se le regresaba la leche. Me quedé de pie cerca de la puerta, escuchando. Los pasos se detuvieron arriba de mi cuarto. Luego se fueron hacia la sala otra vez. Se escuchó un golpe leve en la lámina. como si algo se agachara o se apoyara con las manos después volvió el rasguño en la ventana pero ahora sonó como si rasgaran el marco de metal agarré el teléfono para llamar a alguien pero no quería hacer ruido mandé un mensaje rápido a un primo que vivía cerca diciéndole que estaba escuchando pasos y risas en mi casa y que si podía venir pero no me respondió me moví a la cocina y agarré un cuchillo grande más por reflejo que por otra cosa. Volví a la sala y me quedé parado contra la pared sin acercarme otra vez a la ventana.

28:08 El bebé empezó a moverse en la cuna, hizo un quejido y yo fui de inmediato a calmarlo con la mano en la espalda. El ruido duró un buen rato. Hubo momentos en que se calmaba y yo creía que ya se habían ido. Y luego regresaba el rasguño, la risa y los pasos. En una de esas escuché un sonido raro, como lengua húmeda pegándose al vidrio y me dio un asco fuerte porque sonó como si alguien estuviera probando el vidrio como si quisiera sentir el aire de adentro no me acerqué a confirmar me quedé con el bebé en brazos caminando despacio de un lado a otro hasta que todo se fue apagando cuando por fin se calmó prendí la luz de afuera y salí al patio con cuidado sin alejarme de la puerta revisé el techo desde abajo y no vi a nadie Pero en la parte de atrás había tierra suelta, cerca de un tambo donde guardo cosas, como si alguien hubiera subido por ahí.

29:09 Volví a la ventana y vi el marco rayado. Las marcas estaban frescas, se notaba el metal raspado y el polvo del vidrio. Al día siguiente busqué a mi abuela. Vivía a unas calles en una casa más vieja, de paredes gruesas. Le conté todo lo que escuché y lo que alcancé a ver. Mi abuela había sido chamán en Catemaco cuando era más joven. Yo lo sabía porque la gente todavía iba a buscarla, por limpias y por trabajos, aunque ella ya no quería meterse en eso. Pero cuando le dije que era una anciana con uñas largas y que los pasos habían estado en el techo, ella me miró seria y se levantó sin perder tiempo. Luego llegó conmigo y con ella traía una bolsa de sal gruesa y un manojo de ruda. Entró a mi casa, revisó la ventana, pasó el dedo por las marcas y miró el techo desde el patio. Me dijo que ya no era solo un susto, que esas brujas buscaban bebés y que volvían cuando ya habían visto dónde dormían. Me explicó que primero se acercaban para reconocer la casa, para medir si uno se asustaba y dejaba al niño solo, y que después intentaban entrar. Se quedó conmigo. Y me pidió que yo no soltara al bebé, que cerrara bien todo y que no me confiara aunque se callaran. Puso sal en la entrada y cerca de la ventana. Me indicó que moviera la cuna para que no quedara pegada a la pared que daba a la calle. Y me dijo

30:41 que esa misma noche iban a regresar, porque ya habían marcado la casa y ya sabían que ahí había un bebé. yo la vi acomodar las cosas con calma no le hice preguntas porque ella sabía lo que hacía cuando empezó a bajar la luz de la tarde y el bebé se volvió a dormir mi abuela se sentó en la sala mirando hacia la ventana rayada y yo entendí que esa noche no iba a ser como cualquier otra esa noche yo ya estaba listo antes de que se metiera la oscuridad dejé la sala despejada quité una mesa pequeña que estorbaba el paso y moví una silla para no tropezar si tenía que correr con el bebé la cuna quedó más hacia el centro del cuarto lejos de la pared quedaba a la calle tal como mi abuela me indicó yo cargaba a mi hijo la mayor parte del tiempo solo lo acostaba cuando se quedaba dormido y yo podía quedarme a un paso de él mi abuela prendió la luz de afuera y también la del patio cerró el paso del patio con seguro y revisó la puerta principal dos veces Puso sal en la entrada, una línea delgada pero completa, y también en la base de la ventana de la sala, pegada al marco. A un lado dejó la ruda, no la colgó ni hizo adornos. La puso ahí para tenerla a la mano. Luego me señaló un punto de la casa, entre el pasillo y el cuarto, donde yo podía retroceder con el bebé sin quedarme atrapado.

32:14 Me dejó claro que, si algo entraba, yo no tenía que hacerme el valiente. Yo tenía que sostener al niño y moverme. En eso, las risas empezaron otra vez, pegadas a la casa. Primero se escucharon en la calle, frente a la ventana. Luego se fueron hacia el patio, como si rodearan la casa caminando lento. Se escuchaban dos tonos, una risa más aguda y otra más ronca. No eran carcajadas, eran risas cortas, repetidas, con pausas, como si se dieran el gusto de que nosotros las oyéramos. Después vinieron los rasguños en la ventana, más fuertes que la noche anterior.

32:55 Se escuchó el vidrio vibrar y el marco rechinar. Yo me puse en el punto que mi abuela marcó y apreté al bebé contra mi pecho. Él se movió, hizo un quejido y yo le cubrí la cabeza con la cobija para que la luz y el ruido no lo alteraran. Mi abuela se quedó en la sala, de frente a la ventana, sin correr y sin esconderse. En el techo se escucharon pasos otra vez, pero esta vez se acomodaron de inmediato sobre el cuarto. La lámina se hundía con cada pisada, los pasos se movieron hacia la sala, quedaron justo arriba de la ventana y se detuvieron. Luego se escuchó un arrastre, como de rodillas sobre lámina, y un golpe corto, como de una mano apoyándose. Yo volteé hacia el techo sin pensar, y mi abuela levantó la mano pidiéndome que no me moviera. Las risas se acercaron, se escucharon a centímetros del vidrio. Luego se oyó la respiración, fuerte por el otro lado, como si alguien estuviera pegado a la ventana con la boca abierta. La cortina se movió sola, hacia adentro, como si la jalaran desde el marco.

34:04 Yo no estaba tocando nada. Mi abuela dio un paso, lento, y se puso a medio metro del vidrio. A través de una rendija vi de nuevo esa cara arrugada. La anciana estaba ahí, pegada al vidrio, con los ojos abiertos y fijos. Las uñas estaban sobre el marco y la punta de una uña raspaba en línea una y otra vez sin prisa. En ese mismo momento la anciana sacó la lengua, se asomó por un espacio mínimo que había entre el marco y la cortina. Era una lengua demasiado larga. Se movía hacia adentro, como buscando. No buscaba comida ni buscaba el borde del vidrio. Buscaba el olor del bebé.

34:46 Yo entendí eso porque la anciana movía la cara de un lado a otro, siguiendo el aire que entraba por la rendija. El bebé se movió otra vez y soltó un sonido breve. Eso bastó para que todo cambiara. La anciana golpeó el vidrio con fuerza. El primer golpe agrietó una esquina y el segundo golpe quebró la ventana. El vidrio tronó y cayeron pedazos al piso. La anciana metió el brazo por el hueco con las uñas por delante, tanteando el marco para abrir más. Luego empujó con el hombro y entró a la fuerza, rompiendo lo que quedaba del vidrio. Los pedazos cayeron sobre la cortina y luego al suelo. La anciana pasó por el hueco doblándose y quedó dentro de mi sala. Ahí la vi completa por primera vez. Era baja, pero sus brazos se veían largos.

35:40 Traía un vestido viejo pegado al cuerpo. El cabello estaba en mechones y la piel se veía manchada. Las uñas eran lo peor, largas y curvas como garras. No entró mirando alrededor. Entró directo hacia el pasillo, hacia donde yo estaba con mi hijo. Levantó la mano, abrió los dedos y estiró el brazo como para agarrar al bebé de la cobija. Mi abuela se le atravesó con el cuerpo firme, no la empujó con miedo, solo se plantó enfrente. La anciana soltó un grito feo y lanzó las uñas hacia la cara de mi abuela, pero mi abuela alcanzó a cubrirse, pero una uña le rasgó el antebrazo. Se escuchó la tela romperse y vi la sangre de inmediato. En ese mismo movimiento, mi abuela sacó la daga que guardaba envuelta.

36:30 La traía lista desde antes, en la cintura, bajo su blusa. La hoja era oscura y se veía gastada, pero la sostenía con mano segura. Ella siempre decía que esa daga se la dieron en un trabajo oscuro, que fue el mismo diablo, y que servía para cortar lo que otras cosas no cortaban. Esa noche no lo explicó, solo la sacó y la usó. La anciana volvió a estirarse hacia mí intentando rodear a mi abuela con el brazo. Mi abuela le metió la daga una vez, firme, por el costado. No fue un golpe al aire, fue directo y con fuerza. La anciana reaccionó abriendo la boca y sacando la lengua otra vez, larga, moviéndose rápido, como si quisiera alcanzar algo.

37:17 En ese instante mi abuela no se detuvo, agarró la lengua con la mano libre. La tensó hacia afuera y con la daga le dio un tajo. La lengua se cortó y la anciana soltó un sonido aterrador. Era un chillido agudo, más desesperado que un grito normal. La bruja se echó hacia atrás de inmediato. Se llevó las manos a la boca manchándose de sangre. Dio pasos lentos, chocó con la pared y luego se movió hacia la ventana rota. no buscó la puerta, se fue por donde entró, metió primero el cuerpo, luego las piernas y cayó hacia afuera, yo escuché el golpe en el patio y luego los pasos en el techo otra vez, rápidos, alejándose hacia el fondo, como si huyera por arriba, las risas se acabaron en ese rato, no hubo más burla, ni vueltas alrededor de la casa, quedó la sala con vidrios en el piso, la cortina rasgada y la ventana abierta con el marco doblado, Mi abuela seguía de pie, respirando fuerte y con el brazo sangrando. La daga aún estaba en su mano. La sostenía baja, pero lista por si esas brujas regresaban. Yo seguía apretando al bebé, temblando, sin saber si llorar o correr.

38:34 Pero mi hijo seguía conmigo, y esa fue la única idea que me sostuvo en ese momento. Mi abuela me hizo una seña para que no me acercara a la ventana. Yo me quedé donde estaba. con el bebé cubierto, mientras ella miraba hacia afuera sin asomarse. Los pasos en el techo ya no estaban encima. Primero se escuchaban lejos, y luego ya no se escuchó nada más. Después de que la bruja huyó, mi abuela no me dejó tocar nada con la mano. Me jaló del brazo para que me quedara en el pasillo con el bebé, y me habló bajito, sin perder el control, como si todavía hubiera alguien escuchando afuera.

39:15 Me dijo que no me acercara a la ventana rota, que no pisara los vidrios y que no levantara nada del piso, hasta que ella terminara. Le hice caso, pues tenía el pecho apretado y las manos me temblaban, pero el bebé seguía tibio contra mí, respirando, y eso me obligó a mantenerme de pie. Mi abuela agarró una escoba y empezó a juntar los pedazos grandes de vidrio hacia un lado. No los barrió por toda la sala, los fue arrimando sin hacer ruido, como si no quisiera que el sonido del vidrio llamara de nuevo a esas brujas. Después me indicó que trajera una cubeta, guantes y una bolsa. Fui a la cocina sin soltar al bebé, lo acomodé en la cuna un momento y en segundos regresé con lo que pude. Ella se puso los guantes y levantó los pedazos más grandes con cuidado, sin encimarlos para que no tronaran. La lengua cortada estaba tirada cerca del marco, oscura y húmeda. Mi abuela se agachó, la levantó con dos dedos, la metió en una bolsa y la cerró bien.

40:19 Luego revisó el piso donde había sangre. Con un trapo viejo limpió lo que pudo, no para dejarlo bonito, sino para que no quedara rastro fácil. Me explicó que esa bruja podía volver a buscar lo que perdió. me dijo que si recuperaba la lengua se iba a atrever otra vez e iba a buscar la forma de entrar y me indicó que esa bolsa no se guardaba en la casa ni un minuto más salimos al patio yo iba con el bebé envuelto y mi abuela con la bolsa en la mano y la daga guardada encendió una lumbre pequeña en un rincón usando leña seca y un poco de alcohol Puso la bolsa encima, esperó a que se prendiera y la empujó con un palo hasta que se consumió.

41:05 Se quedó mirando hasta que ya no quedó nada reconocible. Luego echó sal sobre las cenizas y las regó en la tierra, lejos de la ventana rota. Me dijo que con eso cerraba el asunto de esa parte, que no quedaba nada útil para que la bruja regresara a recuperar. volvimos adentro y ahí me di cuenta del brazo de mi abuela el rasguño se veía profundo como abierto en varios puntos no como un arañazo superficial la piel alrededor se estaba poniendo roja y el brazo le temblaba ella se lavó con agua y jabón apretó un trapo limpio encima y se lo amarró no se quejó pero su cara ya no estaba igual respiraba más rápido y me dijo que esa uña no era como una uña de persona que esa uña les dejaba algo en la herida.

41:56 Esa misma madrugada clavamos una tabla por dentro de la ventana y aseguramos el marco con tornillos. Yo recogí el vidrio que quedaba, con guantes, y lo eché a otra bolsa. Mi abuela me hizo limpiar el piso con agua y cloro. Luego me hizo revisar las puertas y los seguros otra vez. Me pidió que dejara las luces de afuera prendidas, que no apagara el patio y que yo durmiera con el bebé a un lado sin separarlo de mí. Ella se quedó en la sala, sentada, mirando hacia el frente, como esperando que se escuchara otra vez la risa. No volvió esa noche, pero el daño ya estaba hecho. En las horas siguientes, el brazo de mi abuela se inflamó más.

42:42 La piel alrededor se endureció y le dolía al moverlo. Le subió la temperatura. Yo le quería poner hielo, pero ella me dijo que no, que solo la mantuviera hidratada y que no la dejara de vigilar. Hizo cosas con lo que sabía, simples y directas. Se lavó varias veces, cambió el trapo y puso sal cerca de la herida por un rato, como para secar. Aún así, se veía que el cuerpo le estaba peleando algo. En los días siguientes, ella se fue debilitando, caminaba menos, comía poco y se quedaba sentada mirando el patio. De vez en cuando me pedía que revisara el techo, que mirara si había tierra suelta y que revisara el borde de la lámina desde abajo.

43:29 Yo lo hacía cada rato. No vi sombras ni vi a nadie, pero ya no podía confiar en mi vista. Lo que me asustaba era que todo se hubiera calmado demasiado pronto, como si la bruja se hubiera ido a curarse o a buscar otra forma. La llevé a que la revisaran. No era una decisión fácil porque ella no quería salir de la casa, pero ya no podía sostenerse igual. La revisaron, le limpiaron la herida y le dijeron que podía ser infección, que había que tratarla. Le dieron medicamento y yo seguí las indicaciones pero su cuerpo no levantó el brazo seguía inflamado luego se le bajó un poco y después le dio fiebre otra vez se le notaba en la mirada y en cómo respiraba y en la forma en que el cansancio ya no se le iba una noche cuando el bebé por fin se durmió y la casa estaba cerrada mi abuela me llamó a la sala me habló sin drama como si estuviera arreglando asuntos pendientes Me dijo que yo no me confiara, que las brujas no iban a olvidar lo que pasó. Me explicó que, al cortarle la lengua, le quitó una parte de lo que usaba para acercarse, pero no le quitó la memoria ni el coraje. Me repitió las instrucciones simples, mantener la casa cerrada, no dejar al niño solo, no abrirle a desconocidos y no salir con el bebé de noche si no era necesario. Me pidió que guardara la daga, que no la enseñara. y que no la usara por impulso.

45:03 Me dijo que si algún día volvía a escuchar risas pegadas a la ventana, yo debía agarrar al bebé y salir por la puerta contraria, no quedarme a pelear. Mi abuela murió pocos días después. No hubo nada concreto en su muerte, pero su cuerpo fue apagándose. Yo me quedé en la casa con mi hijo y con la sensación de que la protección se había ido con ella. Arreglé la ventana bien, cambié la chapa de la puerta, puse rejas y dejé luces afuera. Ya no hubo risas en la noche ni pasos en el techo, pero a mí se me quedó el miedo pegado. Cada ruido afuera me pone alerta, cada rasguño del viento en una ventana me hace revisar los seguros y las puertas. Cuando escucho una risa en la calle, aunque sea gente pasando, se me va la sangre a las manos. Yo seguí con mi vida porque mi hijo tenía que crecer y porque no podía vivir encerrado para siempre. Pero desde esa noche aprendí algo que no se olvida. Esa anciana sabe dónde vivo y si algún día se atreve a regresar, yo ya no voy a tener a mi abuela enfrente para ayudarme.

46:25 Mi nombre es Rubén, tengo 25 años y durante toda mi infancia y parte de mi juventud viví en una de las etapas de Lomas del Mirador en Jalisco. Para quien no lo sepa, este lugar cuenta con diferentes etapas o zonas y entre ellas está la etapa 15 que comenzó como la idea de un complejo familiar. Allí hay como 500 viviendas que por falta de presupuesto fueron abandonadas. Se ve prácticamente como una ciudad fantasma Mientras yo crecía, sabía que este lugar existía y estaba más o menos cerca de mi hogar, pero nunca le di mayor importancia, pues no le veía nada interesante. En aquel tiempo no había casi nada de seguridad, y entre los vecinos circulaban rumores sobre drogadictos o delincuentes apoderándose de la zona. Yo era un adolescente por aquel entonces.

47:19 Y tanto mis amigos como yo comenzamos a interesarnos mucho en hacer acrobacias con bicicletas y todo ese tipo de cosas. Creíamos que ir a este lugar no solo nos permitiría hacer básicamente lo que quisiéramos sin ser molestados, sino que tendría buenos lugares para grabar nuestras acrobacias. Creo que ninguno de nosotros iba allí con la intención de grabar algo paranormal ni para buscarlo. ninguno de nosotros estaba interesado en eso creo que el tema nunca siquiera se mencionó solo queríamos lugares originales en donde tomar nuestros videos para subirlos a internet al llegar lo primero que nos dimos cuenta fue que todo lo que se decía de ese lugar era cierto se veía muy aterrador casi como esas películas de futuros post apocalípticos y estaba llena de grafitis la verdad es que si me dio un poco de miedo sobre todo porque mis padres siempre me habían dicho que no me adentrara en esa zona por la falta de seguridad. Pero, por supuesto, lo que menos quería en ese momento era quedar como un miedoso delante de mis amigos. Así que me quedé callado y no dije nada. Éramos cuatro personas y uno de ellos era Manuel, a quien le gustaba mucho tener algún plan para casi todo. Y en esto no fue la excepción. Nos dijo que quizás lo mejor sería buscar las zonas residenciales que tuvieran menos grafitis o donde nos pudiéramos asegurar de que no estuviera siendo habitada

48:51 por personas sin hogar que se habían adueñado de alguna vivienda. Después de pensarlo solo por un momento, todos acordamos que lo que Manuel decía tenía mucho sentido. Comenzamos a caminar lo más adentro posible para buscar algún lugar con esas características. pero la verdad es que para ese momento casi todas las casas tenían algún grafiti. Al final nos decidimos por una en la que a pesar de que había varios grafitis, no parecía que hubiese sido habitada. Es fácil saber todo esto porque son casas, o más bien departamentos muy pequeños, y puedes verificar todo con mucha facilidad. Lo que nosotros queríamos de ese edificio en particular era poder bajar las escaleras saltando en la bicicleta, Tomamos algunos videos haciendo todo esto, y al final nos terminamos aburriendo un poco. Al menos en mi caso, la vibra del lugar me parecía tan pesada que no podía concentrarme, y fui el primero en decir que me estaba aburriendo estar ahí. Supongo que a mis demás compañeros les pasaba lo mismo, o en serio se estaban aburriendo porque todos concordaron conmigo. eso sin mencionar que no solo faltaba alrededor de una hora para que comenzara a oscurecer y lo mejor sería irnos en ese momento y es que parecía que por más que avanzábamos justo por el lugar en el que nosotros creíamos haber caminado no le veíamos el fin al camino que conecta

50:21 a todas las casas me atrevería a decir que ya todos nos estábamos comenzando a poner muy nerviosos porque no era algo normal A pesar de que tratábamos de mantener la calma, sabíamos que tendríamos que salir de allí antes de que la noche llegara. Ninguno sabía muy bien qué hacer hasta que Manuel propuso una idea. Entrar a uno de los edificios y subir hasta lo más alto que pudiéramos para ver si lográbamos encontrar el camino. No teníamos muchas ideas y todos decidimos seguir su plan. Pero en el momento en que llegamos al edificio más alto, había un montón de muñecos, pero no me refiero a muñecos pequeños o de plástico. Estos muñecos se veían como si hubieran sido fabricados por alguien. Estaban hechos de tela y tenían el tamaño de una persona real. Y mientras más los veíamos, más nos dábamos cuenta de que evidentemente se trataba de la representación de una familia. Había tres muñecos más o menos del tamaño de niños. Eran dos niñas y un niño. También había una mujer y un hombre.

51:27 Si te acercabas mucho, lo que creías que eran algunos pedazos de peluca, que seguramente las personas que los habían realizado habían encontrado en la basura o algo así, te dabas cuenta de que se trataba de pelo humano real. Eran mechones de cabello engrapados o pegados con cinta adhesiva. Algunos de ellos habían intentado pegarlos con algún tipo de pegamento, como silicón, pero parecía que no se había secado bien. Los ojos de todos ellos estaban hechos de botones y les habían cosido la boca con estambre. Cada uno tenía una expresión diferente. Los niños parecían tristes, les habían cosido como si tuvieran lágrimas escurriendo de los ojos. El padre tenía una expresión enojada y la madre no tenía boca.

52:15 En la parte donde se suponía que debía estar la cocina estaba dibujado un pentagrama. Había muchas velas y parecía que alguien llevaba mucho tiempo haciendo eso. Lo digo porque había un montón de cera derretida, como si cada vez que se acabara una vela pusieran una nueva. Todas estaban encendidas. En la parte de arriba había un libro que parecía haber sido hecho a mano. Era casi como si alguien hubiera tomado un montón de hojas y las hubiera cocido con un pedazo de rafia hasta que todas estuvieron bien aseguradas. También había otras cosas. Una bolsa con sal de grano, un bote pequeño lleno de alfileres y un montón de pañuelos blancos tirados por el suelo. Eran de tela y parecían estar manchados con carbón o algo similar a una tinta negra. También había unas botellas de vidrio con un líquido rojo dentro. que hasta el día de hoy estoy convencido de que era sangre. Estas botellas es que estaban formadas de la más grande a la más pequeña, y las últimas tres tenían más o menos el mismo tamaño, lo que en ese momento me hizo pensar que pertenecían más o menos a aquella familia de trapo que estaba intentando simular. Creo que hasta ese momento ninguno de nosotros sabía cómo lucían los trabajos de brujería, pero esto se veía como tal. Yo estaba muy impactado, No recuerdo haber tenido tanto miedo, solo me sentía muy inquieto. No podía dejar de mirar cada cosa que había allí. También pude

53:47 notar que había juguetes, espejos rotos y muchas cosas más que solo le daban una sensación de que alguien había estado practicando brujería con esos muñecos. Nos asustamos más por el grito de Hugo, uno de los amigos que iba con nosotros esa noche. No puedo asegurar que yo vi algo en ese momento. porque después de que él gritó, todos estábamos tan alterados que salimos corriendo. Nos montamos en nuestras bicicletas y empezamos a pedalear. Lo único que queríamos era alejarnos lo más posible de ese lugar, y a pesar de estar tan asustados, en algún momento tuvimos que frenar. Nos dimos cuenta de que lo único que estábamos logrando era perdernos más, y que necesitábamos tranquilizarnos y pensar qué debíamos hacer antes de seguir avanzando. Manuel pensó que lo mejor sería llamar a nuestros padres desde el teléfono, pero a pesar de que lo intentamos, no había señal. Era casi como si estuviéramos en un punto muerto en toda esa zona. Todos estábamos intentando pensar en algo, y de pronto se me vino a la cabeza el por qué habíamos salido corriendo del edificio tan rápido. Como mencioné antes, yo no había visto nada, solo me había ido corriendo al igual que ellos. Le pregunté a Hugo qué fue lo que dijeron que era imposible que no lo hubiera visto.

55:11 Por lo que me contaron, por el rabillo del ojo, Hugo había visto como si todos esos muñecos de tela levantaran la cabeza y comenzaran a girarla hacia nuestra dirección. Él volteó y lo vio. Dice que en el momento en que él gritó, todos los demás voltearon y vieron también que las cabezas estaban giradas hacia nuestra dirección. Todos sabíamos que los muñecos habían tenido la vista al frente desde que llegamos, y esa fue la razón por la que todos salimos corriendo y por la que todos allí estábamos tan desesperados por salir. Lo único que se nos ocurrió en ese momento fue colocar alguna especie de señal con lo que tuviéramos a la mano, como ramas o hierba seca. Solo queríamos marcar los lugares en los que ya habíamos estado. por si estábamos dando vueltas en círculos, darnos cuenta y tomar otra dirección para poder salir de allí.

56:04 Aclaro que no era un sitio tan grande, y suponíamos que, siguiendo este método, saldríamos muy pronto. No pasaron ni quince minutos antes de que nos diéramos cuenta de que habíamos estado avanzando en círculos. La verdad es que no entendíamos el motivo, porque tratábamos de girar lo menos posible. Nos parecía casi ridículo que ya hubiéramos dado toda la vuelta. Después de un rato de estar más o menos haciendo lo mismo y terminar en el mismo lugar, no solo se nos hizo de noche, sino que también comenzamos a prestarle aún más atención a los edificios y a guiarnos por algunos grafitis que estaban por ahí. Nos dimos cuenta de que no era que estuviéramos caminando en círculos. Más bien, alguien o algo estaba poniendo exactamente la misma señal que nosotros habíamos puesto para tratar de orientarnos. Esto nos hizo asustar aún más. No habíamos visto a nadie como tal.

57:02 Me refiero a que ni siquiera habíamos visto a los vagabundos o drogadictos que nuestros padres siempre nos habían advertido que podrían estar por las zonas. Era como si no hubiera nadie justo ese lugar en el que estábamos. Y por eso era aún más extraño que quien sea que nos estuviera observando estuviera poniendo señales para despistarnos. Lo siguiente que se nos ocurrió fue guiarnos solo por los grafitis. Le tomamos una foto exacta que todos pudiéramos recordar para ver si estábamos en el buen camino. En esa ocasión sentíamos que estábamos avanzando. Recuerdo que esa la tomé yo. Al momento de sacar la foto no nos dimos cuenta de nada, de hecho solo la sacamos y seguimos avanzando.

57:46 Pero llegó el momento de compararlas con una que encontramos para ver si estábamos en el buen camino. Y uno de mis amigos notó algo en la fotografía que a todos nos asustó. Y es que por el ángulo en el que tomé la foto se veía la esquina de una de las ventanas. Y ahí se podía ver muy claro como si uno de esos muñecos que habíamos visto en aquel edificio se estuviera asomando. Yo entiendo lo loco que suena todo esto, pero les juro por mi vida que es real. Se veía como si en el momento en el que tomé la foto, el muñeco se hubiera querido agachar, pero aún podían verse sus manos sobre el marco de la ventana. Guardé esa fotografía por mucho tiempo, pero eventualmente la perdí. Aún así, a cada persona que se le había mostrado, decía que si bien sí se veía muy claro, bien podría pasar por alguna especie de montaje.

58:39 En ese momento estábamos tan asustados por lo que acababa de pasar, que subimos de nuevo a nuestras bicicletas y comenzamos a conducir, ya no de manera desorganizada, porque todos teníamos más o menos una idea de hacia dónde nos estábamos yendo. Hugo, quien era el que iba más rápido y todos nosotros seguíamos, frenó, lo que hizo que Manuel chocara contra él y cayera de sentón en el pavimento. Ninguno de nosotros tuvo tiempo de preguntarle qué había pasado, porque todos supimos por qué Hugo se había detenido. Y es que justo en medio de la calle estaban esos muñecos de aquellos tres niños. No estaban de pie y mucho menos moviéndose por sí solos, pero sí estaban sentados en la calle. En otras circunstancias, tal vez lo hubiéramos visto solo como algo un poco raro, que alguien los hubiera puesto ahí. Pero nosotros sabíamos perfectamente que se trataban de aquellos mismos muñecos que habíamos visto en ese departamento.

59:40 Y estábamos seguros de que quien sea que los hubiese puesto ahí, si es que había sido el caso, había estado siguiéndonos durante todo ese tiempo. Si seguíamos avanzando en nuestras bicicletas, podríamos pasar sin problemas. ya que si forzábamos un poco más nuestra vista, podíamos ver las primeras señales de alumbrado público que pertenecían a la etapa 14. Pero otra parte de nosotros estaba tan asustada que sabíamos que no era una buena idea pasar por ahí. Yo les dije que diéramos la vuelta para que de esa manera solo rodeáramos el edificio y saliéramos por el otro lado, ya que estábamos muy cerca. Todos me hicieron caso. Pero del otro lado de la calle, en donde creíamos que esa era nuestra salida segura, estaban los muñecos de ambos padres.

1:00:30 Intentamos dar vuelta con las bicicletas para tomar la siguiente calle, y todas las bicicletas se frenaron. Era como si estuvieran estáticas en medio de la calle, no se movían para ningún lado. Era como si algo las hubiera pegado al concreto. Lo único que queríamos era salir corriendo de ahí, y es por eso que abandonamos las bicicletas en ese lugar y corrimos. No sabíamos bien qué hacer porque sentíamos que, si nos metíamos a otra calle, solo conseguiríamos perdernos más y estar de nuevo en el punto de inicio. Pero justo dimos la vuelta. Una luz de una linterna nos cegó a todos. Nuestros padres y algunos vecinos de la etapa en donde vivíamos habían entrado a ese lugar a buscarnos.

1:01:14 Todos estaban contentos de habernos encontrado. Nosotros les dijimos más o menos lo que nos había pasado. Y entre todos, caminamos hacia donde nosotros asegurábamos que habían quedado nuestras bicicletas. Pero estas ya no se encontraban ahí. Y la verdad es que mis padres también le tenían cierto miedo a ese lugar. Y por eso, nadie hizo nada para tratarlas de recuperar. Solo salimos de ahí. Los cuatro comenzamos a enfermarnos desde la mañana del día siguiente. En lo personal, yo sentía mi cuerpo muy rígido. Creí que quizás era dolor muscular por el hecho de haber estado tanto tiempo montado en la bicicleta, intentando buscar una salida. Pero cuando bajé a desayunar, mis papás me dijeron que estaba ojeroso y que mis ojos parecían estar tornándose de color amarillo.

1:02:06 Solo tuvo que pasar una hora más para que comenzara a tener mucha tos. Lo extraño era que parecía que comenzaba a escupir sangre. Mis papás me llevaron al doctor, pero no encontró nada. Ni siquiera tenía la garganta tan irritada como para que empezara a escupir sangre. Me mandó a hacer unos estudios. Hugo fue el que me contó lo siguiente que voy a decir a continuación, pero a pesar de que yo no lo vi, le creo. Él dice que él también se levantó con esos mismos síntomas. Sus padres, al igual que los míos, lo llevaron al doctor. Hugo me dijo que, en el momento en que pasaron cerca de la calle que unía la etapa 15 con el resto, justo casi en la entrada de la etapa 15, vio cuatro muñecos hechos más o menos del mismo material que los que habíamos visto en ese edificio. Podía distinguir que no eran los mismos. Parecían estar de pie, sostenidos solamente de las bicicletas que antes nos habían pertenecido a nosotros. No los vio moverse. Y de hecho, su papá condujo tan rápido que ni siquiera les pudo advertir. En cuanto a los resultados de los exámenes que nos hicieron, salían bien.

1:03:18 No debíamos tener ningún tipo de problema que nos hiciera estar tan mal. Aún así, día con día, parecía que algo nos estaba drenando la vida. Yo ya casi ni me podía levantar. Mi mamá pensando que tal vez todo eso era producto de haberme asustado, me llevó con una señora para que me curara del espanto. Y sí me hizo la limpia, pero le dijo a mi mamá que eso que yo tenía no era por el susto, que algo tenía una pertenencia mía y que la estaban usando para hacer brujería negra. Yo tenía que ir a hacerme limpias todos los días y duraban mucho tiempo. No recuerdo exactamente todo lo que hacían, pero sé que duró más de un mes y medio. Aquella mujer que tanto me ayudó me hacía decir que la bicicleta ya no me pertenecía y que no era mía. Me dijo que era la única manera de desvincularme de ese objeto, porque debía dejarlo ir. Hasta donde sé, los otros tres muchachos que iban conmigo les hicieron lo mismo. Para todos nosotros no pasó de ahí. Después de todas estas sesiones, comenzamos a mejorar.

1:04:24 A mí me encantaría decir que sé lo que vimos en ese lugar, pero hasta la fecha no lo sé. No tiene tanto tiempo que este sitio volvió a tener relevancia. Siempre que veo algún video relacionado con este sitio, lo veo porque me gustaría ver si alguien más encuentra lo que nosotros encontramos ese día. Pero hasta el día de hoy nadie ha tenido un avistamiento de aquello.