Las Brujas Del Bosque Seco: Un Testimonio Real - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi nombre es Antonio y tengo 30 años. La experiencia que vivà cuando tenÃa 16 sigue tan clara como si hubiera pasado ayer. No digo esto con dramatismo, sino porque fue un hecho puntual que no se me olvidó. En esa etapa salÃa mucho con mis amigos. Siempre buscábamos lugares donde pudiéramos caminar sin ruido y sin gente alrededor. Ese dÃa decidimos acampar en una zona que conocÃamos bien. un tramo del rÃo seco que está a las afueras del pueblo. Ahà hay árboles grandes, troncos viejos que siguen de pie y varios montÃculos de tierra. No era un sitio turÃstico ni un lugar con fama de peligro. Era simplemente un área solitaria.
0:49 Algunas personas del pueblo decÃan que en ese rÃo seco se habÃan visto mujeres caminando de noche. No lo mencionaban como una historia elaborada, sino como comentarios de paso. Vecinos que afirmaban haber visto figuras, pero siempre desde lejos. Nunca lo tomamos en serio, porque nadie explicaba más allá de eso. No hablaban de brujas ni de rituales. Solo decÃan, ahà se ven mujeres en la madrugada. Para nosotros eso no tenÃa sentido. No habÃa casa cerca, ni caminos junto al tramo donde Ãbamos a estar. Salimos por la tarde con mochilas, tiendas, comida y un par de lámparas grandes. El trayecto fue sencillo.
1:33 Caminamos varios minutos, cuesta arriba, para rodear una parte del cerro y bajar del otro lado hacia el rÃo seco. Cruzamos entre árboles, escuchando el sonido de hojas secas. El clima estaba estable y el terreno firme. No encontramos nada fuera de lo común. Llegamos al área donde planeábamos acampar y vimos que el espacio seguÃa igual que la última vez que habÃamos ido. Tierra plana, rodeada por tres árboles viejos y un tronco caÃdo que servÃa como asiento. Colocamos las tiendas. Dos de mis amigos se encargaron de acomodar las estacas, mientras los demás buscábamos ramas para encender la fogata.
2:14 Organizamos todo rápido. Una vez que encendimos el fuego, sacamos la comida y preparamos una cena sencilla. Platicamos de lo que hacÃamos cada quien, de cosas que querÃamos hacer en la escuela y de planes que tenÃamos. El ambiente era tranquilo, no habÃa viento fuerte ni ruidos extraños. Solo escuchábamos los chasquidos del fuego y el sonido seco de hojas, moviéndose de vez en cuando. Todo parecÃa normal. Después de cenar, nos quedamos un rato más alrededor del fuego. No pasó nada particular. Cuando la fogata comenzó a bajar su intensidad, nos metimos a las tiendas, pero antes de entrar a la mÃa, tuve una sensación rara, no emocional, sino fÃsica, como si la temperatura hubiera bajado unos grados de golpe.
3:03 No dije nada, solo caminé unos pasos hacia un árbol, y ahà vi algo que no habÃa estado antes. una rama delgada clavada en la tierra, con dos tiras de tela amarradas en la parte superior. No eran listones decorativos ni nada especial, eran dos tiras comunes, sucias y viejas. Me resultó extraño porque no correspondÃa con basura ni con restos de ropa, era algo puesto ahà de manera intencional. Me acerqué solo para verlo mejor. La tierra alrededor estaba ligeramente removida, como si alguien hubiera apretado la rama hacia abajo. No encontré huellas ni señales de pasos. No escuché nada.
3:45 Me quedé unos segundos mirándolo, pero como no tenÃa explicación y no querÃa alejarme más del campamento, lo dejé asà y regresé a mi tienda. Entré, me acomodé en el saco y apagué la lámpara. En los primeros minutos todo estaba normal. Cerré los ojos, pero se sentÃa un cambio en el ambiente. No puedo describirlo como una sensación rara o paranormal, sino como un cambio concreto en el aire. Se volvió más frÃo y más denso. También noté que el sonido alrededor se apagó. Antes escuchaba hojas y grillos, pero en cuestión de segundos todo quedó quieto, como si la zona se hubiera detenido. Mientras intentaba dormir, escuché pasos sobre la tierra. Eran lentos, marcados, como si alguien descalzo caminara alrededor del campamento. No eran animales, pues los animales pisan de forma irregular y ligera. Esto era constante, firme y medido. Abrà los ojos y me quedé quieto. Los pasos seguÃan acercándose poco a poco. Después escuché la voz de una mujer hablando bajo. No distinguà palabras, pero era una voz clara, no un sonido del viento. La lona de mi tienda se hundió hacia adentro, justo a la altura de mi brazo. No fue un pequeño movimiento por el aire. Fue la forma exacta de una mano apoyándose.
5:10 El hundimiento duró unos segundos y luego desapareció. Me incorporé de inmediato, tomé la lámpara y salÃ. Mis amigos seguÃan dormidos. Caminé unos metros hacia el árbol donde antes habÃa visto la rama clavada. No encontré a nadie. Revisé alrededor, pero no habÃa cuerpos ni sombras. Solo vi que las hojas del suelo estaban aplastadas en algunas zonas, como si alguien hubiera pasado caminando en cÃrculos. Mientras seguÃa revisando, escuché un murmullo corto a mi derecha. No era viento, era una voz, pero no pude ubicar el punto exacto. Giré la lámpara varias veces, pero no habÃa nada. Regresé al campamento sin alejarme más. Miré a mis amigos otra vez y todo seguÃa igual. Entré de nuevo a mi tienda, sabiendo que algo estaba sucediendo afuera. Me acomodé intentando dormir, aunque ya no podÃa relajarme. Cerré los ojos y traté de escuchar menos, pero los pasos volvieron a sonar, ahora más cerca de las tiendas, como si quien fuera estuviera caminando alrededor de cada una. deteniéndose frente a la mÃa antes de moverse otra vez casi no dormà pues los pasos siguieron sonando alrededor de mi tienda durante la noche y parte de la madrugada no eran continuos pero aparecÃan cada pocos minutos como si alguien caminara por secciones del terreno y luego se detuviera para escuchar No tenÃa forma de saber la distancia,
6:43 pero los sonidos eran lo suficientemente claros como para asegurar que no eran imaginaciones. Me quedé acostado un rato, esperando que todo se calmara, pero el ambiente seguÃa igual de frÃo y tenso. En algún momento escuché una respiración muy cerca de la lona, tan cercana que pensé que alguien estaba inclinado sobre mi tienda. No podÃa ver nada, pero la respiración era lenta y profunda, y se sentÃa como si la persona estuviera justo afuera. Uno de mis amigos despertó primero en la madrugada. Escuché cómo movÃa el cierre de su tienda y salió con la lámpara encendida. Luego, los demás salimos también. Ninguno habÃa dormido bien. El primero que dijo algo fue Luis, y dijo que sintió que alguien le jaló una esquina de la tienda desde afuera.
7:34 Felipe escuchó respiraciones detrás de él mientras intentaba dormirse. MartÃn dijo que sintió una presión en la lona cerca de sus pies, como si alguien hubiera tocado la tela desde afuera. Ninguno tenÃa explicación para lo que estaba pasando. Prendimos las linternas y revisamos el área alrededor del campamento. Lo primero que notamos fueron las huellas en la tierra. No eran marcas viejas ni pisadas dispersas. Eran huellas claras de pies descalzos, pequeñas y definidas, rodeando nuestras tiendas. Algunas estaban tan frescas que todavÃa tenÃan bordes levantados por la presión del talón. Nos acercamos a una zona donde la tierra estaba más suelta, y ahà las huellas eran aún más visibles. Ninguno de nosotros tenÃa ese tamaño de pie, ni estábamos descalzos. No habÃa forma de que fueran nuestras. Mientras revisábamos, Felipe encontró una bolsa pequeña colocada sobre una piedra plana. Era una bolsa amarrada con un hilo simple. La abrimos y adentro habÃa tierra oscura mezclada con palos quebrados. No tenÃa sÃmbolos ni objetos extraños. Era exactamente eso, tierra y palos. Lo único raro era que la bolsa no estaba ahà cuando llegamos ni cuando nos acostamos. Regresamos a la fogata para mantenernos en grupo. Notamos que la leña, que aún debÃa durar varias horas, estaba prácticamente consumida. Las brasas se estaban
9:05 apagando más rápido de lo normal. No habÃa viento fuerte ni humedad, pero el fuego se extinguÃa como si lo estuvieran sofocando de alguna forma. El ambiente alrededor se volvió más frÃo conforme pasaban los minutos. No era el frÃo normal de la madrugada. Era un aire pesado que entraba directo a la ropa. nos sentamos cerca de lo que quedaba del calor, para intentar mantenernos atentos, fue en ese momento que escuchamos de nuevo la voz, esta vez no era un susurro lejano, se escuchaba cerca del campamento moviéndose alrededor de nosotros, era la voz de una mujer hablando bajo, pasaba de un punto a otro entre los árboles, como si caminara lentamente a nuestro alrededor, Levantábamos las linternas cada vez que cambiaba de posición, pero no veÃamos nada. No habÃa movimiento entre las ramas ni sombras avanzando, solo el sonido claro de esa voz. La sensación de ser observados era directa. No era un pensamiento, era algo que se podÃa sentir, como si alguien estuviera detrás de ti, esperando a que movieras la lámpara para ocultarse del otro lado.
10:17 Felipe se levantaba cada pocos segundos a revisar, pero no cambiaba nada. SeguÃamos rodeados por esa voz sin poder ubicarla. Intentamos calmarnos un poco porque no podÃamos mantenernos asà toda la noche. Volvà a mi tienda y me recosté un momento para intentar relajarme, pero apenas cerré los ojos tuve una imagen rápida, como si hubiera visto algo por un segundo. Era una mujer sin cabello parada entre dos árboles mirándonos. No estaba a unos metros, estaba lejos, pero su postura era rÃgida, recta y estaba fija hacia nuestro campamento. Abrà los ojos de inmediato con el corazón acelerado. No querÃa dormir más. Salà de la tienda y mis amigos ya estaban afuera porque acababan de escuchar un golpe. El golpe vino de un tronco grande que estaba a unos metros del campamento. Se escuchó seco, como si alguien hubiera lanzado una piedra directamente contra la madera. Nos acercamos con las linternas, pero no habÃa piedras nuevas ni marcas frescas. Caminamos un poco más y al volver al centro del campamento, vimos algo que no habÃa estado ahÃ. En medio, justo donde antes habÃamos puesto las mochilas, habÃa una figura hecha con ramas amarradas con tela. Las ramas estaban torcidas y unidas con un pedazo de tela gris. La figura tenÃa una forma simple, parecida a un muñeco, sin intención decorativa. El
11:48 hecho de que hubiera aparecido justo ahÃ, en tan poco tiempo, nos dejó claro que alguien habÃa entrado al campamento mientras estábamos distraÃdos o mientras dormÃamos. No era posible que uno de nosotros la hubiera puesto, porque estábamos juntos todo el tiempo desde que despertamos, y nadie se habÃa alejado lo suficiente como para hacerla y colocarla. Nos quedamos mirando esa figura varios segundos, esperando que algo más ocurriera. Lo único que escuchamos al principio fue el viento suave entre las hojas secas, pero después se escucharon pasos rápidos. Esta vez no eran lentos como antes. Eran pasos cortos, veloces, como si alguien estuviera corriendo entre los árboles. MovÃamos las linternas hacia todos lados, alcanzando a ver sombras cruzarse entre los troncos.
12:39 No eran cuerpos completos, era movimiento de piernas o brazos que desaparecÃan apenas iluminábamos. Los pasos comenzaron a rodearnos de manera evidente. Se escuchaban por la izquierda, luego detrás, luego por la derecha. Eran varios. No sabÃamos cuántos, pero no era una sola persona. Todo indicaba que nos tenÃan cercados en el cÃrculo de luz de nuestras lámparas. Los pasos que escuchábamos entre los árboles se hicieron más rápidos. MovÃamos las linternas de un lado a otro, intentando ubicar de dónde venÃan, pero no veÃamos cuerpos completos, solo partes que se movÃan de un tronco a otro. De pronto, entre dos árboles apareció una mujer. No se asomó lento ni hizo algún gesto extraño. Simplemente estaba ahà cuando iluminamos el punto.
13:33 TenÃa la piel clara, no tenÃa cabello y estaba descalza. Su respiración era fuerte, marcada, como si llevara bastante rato caminando. La postura era inclinada hacia adelante, con los hombros rÃgidos y las manos extendidas a media altura, como si estuviera buscando algo, pero no dijo nada, solo observaba. Atrás de ella, un poco más metidas entre los árboles, se movÃan otras dos mujeres. Caminaban lento, sin prisa, pero sin detenerse. No parecÃa que estuvieran perdidas ni confundidas. Sus movimientos eran firmes, como si supieran exactamente a dónde dirigirse. Cada pocos segundos cambiaban de dirección. La sensación era clara. Nos estaban rodeando.
14:22 Mi amigo Luis retrocedió unos pasos sin quitar la vista de la mujer que estaba frente a nosotros. No alcanzó a ver dónde pisaba y cayó sentado, golpeando la tierra con fuerza. El ruido llamó la atención de la mujer. Avanzó dos pasos hacia él. No corrió, pero sus movimientos fueron directos, sin dudar. En ese instante levanté la lámpara y la luz le iluminó las manos. Las tenÃa extendidas hacia adelante con las uñas largas, llenas de tierra compacta, como si hubiera estado cavando poco antes. No parecÃan garras ni nada exagerado. Eran manos de una mujer, pero descuidadas, ásperas y sucias. Felipe corrió hacia Luis y lo jaló del brazo para levantarlo. La mujer avanzó un paso más y después se detuvo. Las otras dos mujeres seguÃan moviéndose entre los árboles, acercándose por los costados. No hablaban ni hacÃan algún sonido fuera de la respiración marcada. Era evidente que no estaban ahà por casualidad. No parecÃan perdidas ni necesitadas de ayuda, y no tenÃan intención de ocultarse. No discutimos nada, pues no hubo tiempo. Los cuatro reaccionamos al mismo tiempo. Tomamos las mochilas como pudimos. No revisamos si llevábamos todo, solo corrimos hacia el sendero, que bajaba a la parte baja del rÃo seco. El terreno estaba lleno de raÃces y piedras, pero aún asà corrimos sin detenernos.
15:55 Mientras bajábamos, escuché una voz detrás, que decÃa mi nombre en un tono bajo, como si intentara imitar la forma en que mis amigos me hablaban. Después escuché cómo pronunciaban el nombre de Felipe. No sonaban como gritos, eran voces cortas, casi susurradas, pero claras. No habÃa forma de confundirlas con el viento o con animales. No volteamos, cada ruido hacÃa que aceleráramos más. PodÃa escuchar nuestras pisadas golpeando la tierra y a ratos, otra serie de pasos detrás, pero no sabÃa si era alguien siguiéndonos o si era el eco de nuestra propia carrera. Solo querÃa salir de esa zona cuanto antes. Después de avanzar unos metros, vimos una luz tenue más adelante. Era una lámpara encendida. Nos acercamos con cuidado porque no sabÃamos quién podÃa estar ahÃ. Al llegar, distinguimos a un hombre mayor. Llevaba una lámpara de mano y tenÃa la expresión seria. Al vernos correr con las mochilas y llenos de polvo, levantó la lámpara para iluminarnos bien.
17:01 Nos preguntó qué habÃa pasado. Ninguno podÃa explicarlo completo, porque todavÃa tenÃamos la respiración acelerada. Le dije que habÃa mujeres en la parte alta del terreno. No entré en detalles largos. Solo le dije que eran tres, que estaban descalzas, sin cabello y que habÃan aparecido muy cerca del campamento. Ãl no se sorprendió ni hizo preguntas innecesarias. Dijo que no era la primera vez que escuchaba algo similar en ese tramo. Comentó que otras personas del pueblo habÃan hablado de mujeres caminando por la noche en esa zona, siempre entre los árboles, nunca por los caminos. El hombre nos indicó que siguiéramos bajando por el sendero hasta llegar al camino principal, que conectaba con el pueblo. Dijo que caminarÃa detrás de nosotros por si veÃamos algo más. No discutimos, simplemente asentimos y seguimos avanzando. Cada tanto miraba hacia atrás porque escuchaba pasos, pero no sabÃa si eran los del señor o si algo más venÃa detrás. Preferà no preguntar. Al llegar al final del sendero antes de entrar al tramo, donde ya se veÃa parte del camino, decidà voltear hacia arriba. El hombre nos habÃa dicho que no valÃa la pena mirar atrás, pero necesitaba confirmar si las mujeres seguÃan en la zona del campamento. Al levantar la lámpara hacia lo alto, vi tres figuras paradas. justo en el punto donde habÃa estado
18:33 nuestra fogata. No se movÃan, solo estaban ahÃ, mirando hacia abajo, en nuestra dirección. No gesticulaban ni avanzaban, solo permanecÃan firmes. El contraste entre ellas y los árboles secos hacÃa que se notaran más, como si hubieran estado esperando que volteáramos. Bajé la lámpara de inmediato, seguimos caminando y el hombre nos acompañó hasta el camino principal. Desde ahà ya no escuchamos pasos ni voces. El ambiente cambió, como si hubiéramos cruzado un lÃmite. El aire era menos frÃo y los sonidos del monte regresaron poco a poco. Cuando vimos que la luz del cielo comenzaba a aclarar, el Señor nos dijo que siguiéramos hasta el pueblo y que evitáramos volver a esa zona de noche. Entramos al pueblo sin hablar mucho.
19:23 Cada quien tomó un rumbo distinto hacia su casa. Yo traté de descansar, pero, aunque cerraba los ojos, seguÃa recordando la imagen de esas mujeres, paradas en la parte alta del terreno. Durante semanas, tuve sueños donde aparecÃan entre los árboles, mirándonos desde lejos. No volvà a esa zona para nada, ni de dÃa, ni acompañado. Lo que vimos esa noche fue suficiente para entender que no era un sitio al que hubiera que regresar. No las volvà a ver, pero la experiencia quedó marcada con detalles que no se me han borrado desde entonces.
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