Nov. 27, 2025

Las Brujas Del Bosque Seco: Un Testimonio Real - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Mi nombre es Antonio y tengo 30 años. La experiencia que viví cuando tenía 16 sigue tan clara como si hubiera pasado ayer. No digo esto con dramatismo, sino porque fue un hecho puntual que no se me olvidó. En esa etapa salía mucho con mis amigos. Siempre buscábamos lugares donde pudiéramos caminar sin ruido y sin gente alrededor. Ese día decidimos acampar en una zona que conocíamos bien. un tramo del río seco que está a las afueras del pueblo. Ahí hay árboles grandes, troncos viejos que siguen de pie y varios montículos de tierra. No era un sitio turístico ni un lugar con fama de peligro. Era simplemente un área solitaria.

0:49 Algunas personas del pueblo decían que en ese río seco se habían visto mujeres caminando de noche. No lo mencionaban como una historia elaborada, sino como comentarios de paso. Vecinos que afirmaban haber visto figuras, pero siempre desde lejos. Nunca lo tomamos en serio, porque nadie explicaba más allá de eso. No hablaban de brujas ni de rituales. Solo decían, ahí se ven mujeres en la madrugada. Para nosotros eso no tenía sentido. No había casa cerca, ni caminos junto al tramo donde íbamos a estar. Salimos por la tarde con mochilas, tiendas, comida y un par de lámparas grandes. El trayecto fue sencillo.

1:33 Caminamos varios minutos, cuesta arriba, para rodear una parte del cerro y bajar del otro lado hacia el río seco. Cruzamos entre árboles, escuchando el sonido de hojas secas. El clima estaba estable y el terreno firme. No encontramos nada fuera de lo común. Llegamos al área donde planeábamos acampar y vimos que el espacio seguía igual que la última vez que habíamos ido. Tierra plana, rodeada por tres árboles viejos y un tronco caído que servía como asiento. Colocamos las tiendas. Dos de mis amigos se encargaron de acomodar las estacas, mientras los demás buscábamos ramas para encender la fogata.

2:14 Organizamos todo rápido. Una vez que encendimos el fuego, sacamos la comida y preparamos una cena sencilla. Platicamos de lo que hacíamos cada quien, de cosas que queríamos hacer en la escuela y de planes que teníamos. El ambiente era tranquilo, no había viento fuerte ni ruidos extraños. Solo escuchábamos los chasquidos del fuego y el sonido seco de hojas, moviéndose de vez en cuando. Todo parecía normal. Después de cenar, nos quedamos un rato más alrededor del fuego. No pasó nada particular. Cuando la fogata comenzó a bajar su intensidad, nos metimos a las tiendas, pero antes de entrar a la mía, tuve una sensación rara, no emocional, sino física, como si la temperatura hubiera bajado unos grados de golpe.

3:03 No dije nada, solo caminé unos pasos hacia un árbol, y ahí vi algo que no había estado antes. una rama delgada clavada en la tierra, con dos tiras de tela amarradas en la parte superior. No eran listones decorativos ni nada especial, eran dos tiras comunes, sucias y viejas. Me resultó extraño porque no correspondía con basura ni con restos de ropa, era algo puesto ahí de manera intencional. Me acerqué solo para verlo mejor. La tierra alrededor estaba ligeramente removida, como si alguien hubiera apretado la rama hacia abajo. No encontré huellas ni señales de pasos. No escuché nada.

3:45 Me quedé unos segundos mirándolo, pero como no tenía explicación y no quería alejarme más del campamento, lo dejé así y regresé a mi tienda. Entré, me acomodé en el saco y apagué la lámpara. En los primeros minutos todo estaba normal. Cerré los ojos, pero se sentía un cambio en el ambiente. No puedo describirlo como una sensación rara o paranormal, sino como un cambio concreto en el aire. Se volvió más frío y más denso. También noté que el sonido alrededor se apagó. Antes escuchaba hojas y grillos, pero en cuestión de segundos todo quedó quieto, como si la zona se hubiera detenido. Mientras intentaba dormir, escuché pasos sobre la tierra. Eran lentos, marcados, como si alguien descalzo caminara alrededor del campamento. No eran animales, pues los animales pisan de forma irregular y ligera. Esto era constante, firme y medido. Abrí los ojos y me quedé quieto. Los pasos seguían acercándose poco a poco. Después escuché la voz de una mujer hablando bajo. No distinguí palabras, pero era una voz clara, no un sonido del viento. La lona de mi tienda se hundió hacia adentro, justo a la altura de mi brazo. No fue un pequeño movimiento por el aire. Fue la forma exacta de una mano apoyándose.

5:10 El hundimiento duró unos segundos y luego desapareció. Me incorporé de inmediato, tomé la lámpara y salí. Mis amigos seguían dormidos. Caminé unos metros hacia el árbol donde antes había visto la rama clavada. No encontré a nadie. Revisé alrededor, pero no había cuerpos ni sombras. Solo vi que las hojas del suelo estaban aplastadas en algunas zonas, como si alguien hubiera pasado caminando en círculos. Mientras seguía revisando, escuché un murmullo corto a mi derecha. No era viento, era una voz, pero no pude ubicar el punto exacto. Giré la lámpara varias veces, pero no había nada. Regresé al campamento sin alejarme más. Miré a mis amigos otra vez y todo seguía igual. Entré de nuevo a mi tienda, sabiendo que algo estaba sucediendo afuera. Me acomodé intentando dormir, aunque ya no podía relajarme. Cerré los ojos y traté de escuchar menos, pero los pasos volvieron a sonar, ahora más cerca de las tiendas, como si quien fuera estuviera caminando alrededor de cada una. deteniéndose frente a la mía antes de moverse otra vez casi no dormí pues los pasos siguieron sonando alrededor de mi tienda durante la noche y parte de la madrugada no eran continuos pero aparecían cada pocos minutos como si alguien caminara por secciones del terreno y luego se detuviera para escuchar No tenía forma de saber la distancia,

6:43 pero los sonidos eran lo suficientemente claros como para asegurar que no eran imaginaciones. Me quedé acostado un rato, esperando que todo se calmara, pero el ambiente seguía igual de frío y tenso. En algún momento escuché una respiración muy cerca de la lona, tan cercana que pensé que alguien estaba inclinado sobre mi tienda. No podía ver nada, pero la respiración era lenta y profunda, y se sentía como si la persona estuviera justo afuera. Uno de mis amigos despertó primero en la madrugada. Escuché cómo movía el cierre de su tienda y salió con la lámpara encendida. Luego, los demás salimos también. Ninguno había dormido bien. El primero que dijo algo fue Luis, y dijo que sintió que alguien le jaló una esquina de la tienda desde afuera.

7:34 Felipe escuchó respiraciones detrás de él mientras intentaba dormirse. Martín dijo que sintió una presión en la lona cerca de sus pies, como si alguien hubiera tocado la tela desde afuera. Ninguno tenía explicación para lo que estaba pasando. Prendimos las linternas y revisamos el área alrededor del campamento. Lo primero que notamos fueron las huellas en la tierra. No eran marcas viejas ni pisadas dispersas. Eran huellas claras de pies descalzos, pequeñas y definidas, rodeando nuestras tiendas. Algunas estaban tan frescas que todavía tenían bordes levantados por la presión del talón. Nos acercamos a una zona donde la tierra estaba más suelta, y ahí las huellas eran aún más visibles. Ninguno de nosotros tenía ese tamaño de pie, ni estábamos descalzos. No había forma de que fueran nuestras. Mientras revisábamos, Felipe encontró una bolsa pequeña colocada sobre una piedra plana. Era una bolsa amarrada con un hilo simple. La abrimos y adentro había tierra oscura mezclada con palos quebrados. No tenía símbolos ni objetos extraños. Era exactamente eso, tierra y palos. Lo único raro era que la bolsa no estaba ahí cuando llegamos ni cuando nos acostamos. Regresamos a la fogata para mantenernos en grupo. Notamos que la leña, que aún debía durar varias horas, estaba prácticamente consumida. Las brasas se estaban

9:05 apagando más rápido de lo normal. No había viento fuerte ni humedad, pero el fuego se extinguía como si lo estuvieran sofocando de alguna forma. El ambiente alrededor se volvió más frío conforme pasaban los minutos. No era el frío normal de la madrugada. Era un aire pesado que entraba directo a la ropa. nos sentamos cerca de lo que quedaba del calor, para intentar mantenernos atentos, fue en ese momento que escuchamos de nuevo la voz, esta vez no era un susurro lejano, se escuchaba cerca del campamento moviéndose alrededor de nosotros, era la voz de una mujer hablando bajo, pasaba de un punto a otro entre los árboles, como si caminara lentamente a nuestro alrededor, Levantábamos las linternas cada vez que cambiaba de posición, pero no veíamos nada. No había movimiento entre las ramas ni sombras avanzando, solo el sonido claro de esa voz. La sensación de ser observados era directa. No era un pensamiento, era algo que se podía sentir, como si alguien estuviera detrás de ti, esperando a que movieras la lámpara para ocultarse del otro lado.

10:17 Felipe se levantaba cada pocos segundos a revisar, pero no cambiaba nada. Seguíamos rodeados por esa voz sin poder ubicarla. Intentamos calmarnos un poco porque no podíamos mantenernos así toda la noche. Volví a mi tienda y me recosté un momento para intentar relajarme, pero apenas cerré los ojos tuve una imagen rápida, como si hubiera visto algo por un segundo. Era una mujer sin cabello parada entre dos árboles mirándonos. No estaba a unos metros, estaba lejos, pero su postura era rígida, recta y estaba fija hacia nuestro campamento. Abrí los ojos de inmediato con el corazón acelerado. No quería dormir más. Salí de la tienda y mis amigos ya estaban afuera porque acababan de escuchar un golpe. El golpe vino de un tronco grande que estaba a unos metros del campamento. Se escuchó seco, como si alguien hubiera lanzado una piedra directamente contra la madera. Nos acercamos con las linternas, pero no había piedras nuevas ni marcas frescas. Caminamos un poco más y al volver al centro del campamento, vimos algo que no había estado ahí. En medio, justo donde antes habíamos puesto las mochilas, había una figura hecha con ramas amarradas con tela. Las ramas estaban torcidas y unidas con un pedazo de tela gris. La figura tenía una forma simple, parecida a un muñeco, sin intención decorativa. El

11:48 hecho de que hubiera aparecido justo ahí, en tan poco tiempo, nos dejó claro que alguien había entrado al campamento mientras estábamos distraídos o mientras dormíamos. No era posible que uno de nosotros la hubiera puesto, porque estábamos juntos todo el tiempo desde que despertamos, y nadie se había alejado lo suficiente como para hacerla y colocarla. Nos quedamos mirando esa figura varios segundos, esperando que algo más ocurriera. Lo único que escuchamos al principio fue el viento suave entre las hojas secas, pero después se escucharon pasos rápidos. Esta vez no eran lentos como antes. Eran pasos cortos, veloces, como si alguien estuviera corriendo entre los árboles. Movíamos las linternas hacia todos lados, alcanzando a ver sombras cruzarse entre los troncos.

12:39 No eran cuerpos completos, era movimiento de piernas o brazos que desaparecían apenas iluminábamos. Los pasos comenzaron a rodearnos de manera evidente. Se escuchaban por la izquierda, luego detrás, luego por la derecha. Eran varios. No sabíamos cuántos, pero no era una sola persona. Todo indicaba que nos tenían cercados en el círculo de luz de nuestras lámparas. Los pasos que escuchábamos entre los árboles se hicieron más rápidos. Movíamos las linternas de un lado a otro, intentando ubicar de dónde venían, pero no veíamos cuerpos completos, solo partes que se movían de un tronco a otro. De pronto, entre dos árboles apareció una mujer. No se asomó lento ni hizo algún gesto extraño. Simplemente estaba ahí cuando iluminamos el punto.

13:33 Tenía la piel clara, no tenía cabello y estaba descalza. Su respiración era fuerte, marcada, como si llevara bastante rato caminando. La postura era inclinada hacia adelante, con los hombros rígidos y las manos extendidas a media altura, como si estuviera buscando algo, pero no dijo nada, solo observaba. Atrás de ella, un poco más metidas entre los árboles, se movían otras dos mujeres. Caminaban lento, sin prisa, pero sin detenerse. No parecía que estuvieran perdidas ni confundidas. Sus movimientos eran firmes, como si supieran exactamente a dónde dirigirse. Cada pocos segundos cambiaban de dirección. La sensación era clara. Nos estaban rodeando.

14:22 Mi amigo Luis retrocedió unos pasos sin quitar la vista de la mujer que estaba frente a nosotros. No alcanzó a ver dónde pisaba y cayó sentado, golpeando la tierra con fuerza. El ruido llamó la atención de la mujer. Avanzó dos pasos hacia él. No corrió, pero sus movimientos fueron directos, sin dudar. En ese instante levanté la lámpara y la luz le iluminó las manos. Las tenía extendidas hacia adelante con las uñas largas, llenas de tierra compacta, como si hubiera estado cavando poco antes. No parecían garras ni nada exagerado. Eran manos de una mujer, pero descuidadas, ásperas y sucias. Felipe corrió hacia Luis y lo jaló del brazo para levantarlo. La mujer avanzó un paso más y después se detuvo. Las otras dos mujeres seguían moviéndose entre los árboles, acercándose por los costados. No hablaban ni hacían algún sonido fuera de la respiración marcada. Era evidente que no estaban ahí por casualidad. No parecían perdidas ni necesitadas de ayuda, y no tenían intención de ocultarse. No discutimos nada, pues no hubo tiempo. Los cuatro reaccionamos al mismo tiempo. Tomamos las mochilas como pudimos. No revisamos si llevábamos todo, solo corrimos hacia el sendero, que bajaba a la parte baja del río seco. El terreno estaba lleno de raíces y piedras, pero aún así corrimos sin detenernos.

15:55 Mientras bajábamos, escuché una voz detrás, que decía mi nombre en un tono bajo, como si intentara imitar la forma en que mis amigos me hablaban. Después escuché cómo pronunciaban el nombre de Felipe. No sonaban como gritos, eran voces cortas, casi susurradas, pero claras. No había forma de confundirlas con el viento o con animales. No volteamos, cada ruido hacía que aceleráramos más. Podía escuchar nuestras pisadas golpeando la tierra y a ratos, otra serie de pasos detrás, pero no sabía si era alguien siguiéndonos o si era el eco de nuestra propia carrera. Solo quería salir de esa zona cuanto antes. Después de avanzar unos metros, vimos una luz tenue más adelante. Era una lámpara encendida. Nos acercamos con cuidado porque no sabíamos quién podía estar ahí. Al llegar, distinguimos a un hombre mayor. Llevaba una lámpara de mano y tenía la expresión seria. Al vernos correr con las mochilas y llenos de polvo, levantó la lámpara para iluminarnos bien.

17:01 Nos preguntó qué había pasado. Ninguno podía explicarlo completo, porque todavía teníamos la respiración acelerada. Le dije que había mujeres en la parte alta del terreno. No entré en detalles largos. Solo le dije que eran tres, que estaban descalzas, sin cabello y que habían aparecido muy cerca del campamento. Él no se sorprendió ni hizo preguntas innecesarias. Dijo que no era la primera vez que escuchaba algo similar en ese tramo. Comentó que otras personas del pueblo habían hablado de mujeres caminando por la noche en esa zona, siempre entre los árboles, nunca por los caminos. El hombre nos indicó que siguiéramos bajando por el sendero hasta llegar al camino principal, que conectaba con el pueblo. Dijo que caminaría detrás de nosotros por si veíamos algo más. No discutimos, simplemente asentimos y seguimos avanzando. Cada tanto miraba hacia atrás porque escuchaba pasos, pero no sabía si eran los del señor o si algo más venía detrás. Preferí no preguntar. Al llegar al final del sendero antes de entrar al tramo, donde ya se veía parte del camino, decidí voltear hacia arriba. El hombre nos había dicho que no valía la pena mirar atrás, pero necesitaba confirmar si las mujeres seguían en la zona del campamento. Al levantar la lámpara hacia lo alto, vi tres figuras paradas. justo en el punto donde había estado

18:33 nuestra fogata. No se movían, solo estaban ahí, mirando hacia abajo, en nuestra dirección. No gesticulaban ni avanzaban, solo permanecían firmes. El contraste entre ellas y los árboles secos hacía que se notaran más, como si hubieran estado esperando que volteáramos. Bajé la lámpara de inmediato, seguimos caminando y el hombre nos acompañó hasta el camino principal. Desde ahí ya no escuchamos pasos ni voces. El ambiente cambió, como si hubiéramos cruzado un límite. El aire era menos frío y los sonidos del monte regresaron poco a poco. Cuando vimos que la luz del cielo comenzaba a aclarar, el Señor nos dijo que siguiéramos hasta el pueblo y que evitáramos volver a esa zona de noche. Entramos al pueblo sin hablar mucho.

19:23 Cada quien tomó un rumbo distinto hacia su casa. Yo traté de descansar, pero, aunque cerraba los ojos, seguía recordando la imagen de esas mujeres, paradas en la parte alta del terreno. Durante semanas, tuve sueños donde aparecían entre los árboles, mirándonos desde lejos. No volví a esa zona para nada, ni de día, ni acompañado. Lo que vimos esa noche fue suficiente para entender que no era un sitio al que hubiera que regresar. No las volví a ver, pero la experiencia quedó marcada con detalles que no se me han borrado desde entonces.