Nov. 13, 2025

La Cabaña Del Nahual: Confesión En Medio Del Monte - Historias De Terror - REDE

La Cabaña Del Nahual: Confesión En Medio Del Monte - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Carlos y soy veterinario. En 2017 terminé la carrera en la ciudad con el título recién sacado y ganas de hacer algo más que vacunar perros y revisar gatos de departamento. Un conocido de mi papá me habló de una comunidad campesina en la sierra de Puebla donde necesitaban veterinario para el ganado. No lo pensé mucho, pues quería experiencia con animales grandes y acepté. El pueblo era rústico, pocas casas, muchos corrales y monte alrededor. Llegué una tarde con mi mochila, una hielera con vacunas y una caja con material. Me presenté con el comisariado y con algunos ganaderos, me trataron bien desde el principio, me ofrecieron café, tortillas recién hechas y me hablaron de las vacas flacas, de las cabras que se enfermaban y de los becerros que habían perdido. Se notaba que llevaban tiempo sin alguien fijo, que revisara a sus animales. Desde ese primer día algo me llamó la atención. En muchas puertas había cruces de cal, bien pintadas, algunas grandes, otras discretas. En varios corrales vi collares de semillas y piedras colgados en los postes. Varias personas traían figuras sencillas de madera o metal, colgadas al cuello.

1:27 No pregunté nada, solo pensé que en la ciudad casi no se ve eso y que ahí era parte de la vida diaria. Me prestaron una casa al borde del pueblo, junto a un corral. Estaba algo retirada de las demás, desde ahí se oía lo normal durante el día, voces, gallinas, un radio con música vieja. Pero en cuanto se metía el sol, todo se apagaba rápido. Llegaba un punto en que el pueblo dejaba de sentirse vivo y solo quedaba el monte alrededor. La primera noche la recuerdo muy clara. Estaba adentro acomodando mi ropa, guardando las jeringas y revisando las vacunas para el día siguiente. Todavía veía bien sin prender la lámpara. De pronto, empecé a oír ruidos afuera.

2:13 No eran pasos ligeros, eran pisadas pesadas sobre la tierra, como de un animal grande. Escuché que se movió una tabla, luego una cubeta rodó unos centímetros, y algo raspó el suelo a un lado del corral, cerca de donde yo dormía. Me quedé quieto, escuchando. Yo sabía que ahí no había casas pegadas ni patios de vecinos, tampoco había perros sueltos en esa parte del pueblo. Mi reacción fue buscar la lámpara en la mochila y acercarme a la puerta. La encendí, puse la mano en la chapa y en ese momento sentí un miedo claro. Pensé que si era un animal grande y yo salía de golpe apuntándole con la luz, se podía venir encima. Apagué la lámpara y me quedé pegado a la puerta, nada más oyendo. El peso sobre la tierra era constante y firme. No escuché ladridos ni ruidos de animales, solo pasos. Por el ritmo y por cómo sonaban, yo calculaba que no era un perro común.

3:15 en la carrera nos enseñaron algo de comportamiento de tamaños y de pisadas y aquello no encajaba con lo que yo conocía en la práctica estuvo un rato dando vueltas alrededor a veces se alejaba luego regresaba de repente ya no se escuchó nada no sé cuánto duró pero esa noche casi no dormí cada crujido me levantaba el pulso otra vez en cuanto amaneció salí a revisar la tierra frente a la casa y alrededor del corral caminé despacio viendo el suelo a simple vista se veían marcas pero cuando me agaché se me fue el sueño por completo eran huellas con forma de pata de perro pero demasiado grandes calculé con la mano al lado que medían casi lo mismo que un pie de adulto eran anchas se alcanzaban a ver las almohadillas marcadas y las uñas habían hundido la tierra húmeda con fuerza seguí el rastro unos metros hasta donde empezaba el monte ahí la tierra se mezclaba con piedras y pasto seco y las huellas se perdían entre ramas me quedé un momento agachado recordando mentalmente los libros las láminas y las prácticas en el hospital de la facultad pero no encontraba nada parecido y la sensación de no poder decir es tal animal me molestó más que el susto de la noche No había tiempo para darle más vueltas. Ese mismo día empecé a trabajar en forma. Desde temprano pasaron por mí para ir a

4:46 los ranchos. En uno vacuné becerros y revisé un toro que cojeaba. En otro atendí unos cerdos con diarrea y les ajusté los tratamientos. En otro limpié heridas en vacas que se habían enredado con alambre. era trabajo pesado pero todo iba dentro de lo que esperaba encontrar en una zona así fue casi al final de la jornada cuando algo se salió de lo normal en uno de los últimos corrales el dueño me dijo que antes de ver sus vacas quería enseñarme una cosa que lo traía preocupado me llevó a un rincón del terreno ahí estaba lo que quedaba de una cabra el cuerpo estaba casi todo devorado sólo quedaba una parte del tronco con pedazos de piel colgando y una pata trasera amarrada con cadena a un poste alrededor había sangre seca y la tierra estaba toda revuelta con marcas de arrastre Me agaché de nuevo a ver el suelo. Entre la tierra removida encontré varias huellas.

5:45 La misma forma de pata de perro, pero del mismo tamaño exagerado que había visto en la mañana, casi como un pie de persona con las uñas clavadas en la tierra hundida. no se trataba de una sola pisada aislada había huellas por todos lados como si el animal se hubiera movido de un lado a otro antes de irse le pregunté al dueño qué pensaba que había sido encogió los hombros y me dijo que algún animal del cerro volteé con dos peones que estaban por ahí Uno comentó rápido que ya se les habían perdido varias cabras en días anteriores. Quise seguir preguntando, pero cambiaron el tema. Empezaron a hablar de vacunas, de fechas y de comida para el ganado. El cambio fue tan brusco que entendí que el tema les incomodaba más de lo que querían mostrar.

6:40 terminamos el trabajo y regresé a la casa prestada con la imagen de la cabra destrozada y de las huellas grandes dándome vueltas en la cabeza antes de que oscureciera ordené el material y anoté en una libreta los casos del día a cada rato sin querer pensaba en esa pata amarrada a la cadena y en la tierra hundida por las pisadas esa noche una familia del pueblo me invitó a cenar fui porque también me convenía ganarme la confianza cenamos frijoles arroz y tortillas calientes mientras comíamos les conté del animal devorado y de las huellas que había visto en mi alojamiento y en el corral nadie se rió ni lo tomó como exageración se miraron entre ellos y uno de los hijos del señor me dijo que por esos rumbos ya tenía rato que andaba un agual yo ya había escuchado esa palabra en historias de borrachos o de internet siempre como chiste pero ahí no pues cuando lo dijo las caras se quedaron serias nadie lo corrigió y nadie se burló Para ellos era un término normal, como si hablaran de un vecino. Regresé a la casa con el estómago lleno, pero con la cabeza más inquieta que la noche anterior. Me acosté pensando en las huellas enormes en la tierra y en esa palabra nueva en mi realidad, Nahual. Los días que siguieron seguí trabajando normal, pero ya no pensaba igual. Cada vez que veía un

8:12 corral o una cerca, me venía a la mente la cabra devorada y las huellas enormes en la tierra. De día, el pueblo se veía tranquilo, la gente en lo suyo, los hombres saliendo temprano a los ranchos, las mujeres con sus hijos afuera, los perros tirados a la sombra, las vacas pastando cerca de los corrales. Si uno llegaba ahí por primera vez sin saber lo que yo ya había visto, pensaría que era un lugar cualquiera. Yo aprovechaba las visitas para sacar el tema, pero con cuidado. Cuando terminaba de vacunar o revisar alguna vaca, hacía comentarios ligeros sobre animales del cerro, o decía que había encontrado huellas raras cerca de donde dormía. Casi siempre me respondían con frases cortas.

9:02 Uno me dijo que por esos rumbos andaba un animal que no era de ahí. Otro comentó que el de aquí cuida, pero hay otro que solo viene a robar. Pero nadie daba más detalles. En cuanto mencionaba la cabra devorada o las huellas, cambiaban el tema hacia vacunas, enfermedades o precios del alimento. Yo trataba de conservar una explicación lógica. Pensaba en perros salvajes, alguna jauría que se hubiera formado con perros abandonados, o coyotes grandes acostumbrados a comer ganado. También llegué a considerar algún cruzamiento raro, como esos perros enormes que a veces sacan en videos. Pero cada vez que recordaba el tamaño exacto de la huella, y la forma en que dejaron la cabra sentía que forzaba demasiado la explicación una de esas noches me tocó ir a un rancho más retirado de lo normal una vaca estaba pariendo y el dueño no quiso esperar hasta el día siguiente fui en camioneta con él atendimos a la vaca nació el becerro y todo salió bien pero se nos hizo tarde de regreso me dejaron en la entrada del pueblo y yo caminé el tramo que llevaba a la casa donde me hospedaba traía una lámpara sencilla en la mano el camino era sólo una vereda marcada tierra y piedras el cielo estaba despejado pero la luna no alumbraba mucho se alcanzaban a escuchar insectos y el sonido de

10:33 hojas secas cuando pisaba o algún mugido lejano yo venía pensando en el parto de la vaca en las dosis de medicamento cuando algo cruzó el camino unos metros delante de mí alcancé a verlo por completo no lo confundí con un perro común La figura se veía alta, para ser animal de cuatro patas, delgada, con el lomo encorvado y las patas largas. Atravesó la vereda de un lado a otro con rapidez y se metió entre los árboles. No alcancé a ver bien la cabeza, pero vi cómo se apoyaban las patas en el suelo, largas y fuertes. Me quedé quieto, con la lámpara apuntando a donde se había metido. Mi mente se apuró a buscar explicaciones. Pensé en un perro muy flaco. Pensé en una persona agachada, envuelta en algo oscuro. Pero la forma de apoyar las patas y la altura del lomo no coincidían con ninguna de esas opciones. Sentía el corazón acelerado. No escuchaba rugidos, ni gruñidos, ni pasos. Solo mi respiración. No me quedé ahí a averiguar. Bajé la lámpara, apreté el paso y seguí directo hacia la casa. No corrí pero casi, pues la verdad tenía mucho miedo. Me concentré en avanzar, en no tropezarme, en llegar al punto donde el pueblo se abría un poco. cuando por fin vi la silueta de la casa sentí una especie de alivio hasta que noté

12:06 algo en la puerta sobre la madera alguien había pintado una cruz de cal grande bien marcada la cal todavía se veía fresca blanca y gruesa yo no la había pintado me acerqué despacio toqué con la punta de los dedos y vi cómo se pegaba el polvo blanco a mi piel eso quería decir que alguien mientras yo estaba en el rancho había llegado hasta ahí a marcar mi puerta no sabía si agradecerlo o preocuparme más entré rápido cerré por dentro y puse una silla atravesada esa noche casi no dormí pero no porque escuchara ruidos como la primera vez lo que me quitó el sueño fue tener la imagen del animal cruzando la vereda una y otra vez en la cabeza Y la cruz de cal fresca en mi puerta, como si alguien supiera perfectamente que algo ya me había visto. Al día siguiente, muy temprano, empecé a preguntar por la cruz. Primero con el dueño del corral de al lado, luego con otros ganaderos, pero nadie aceptó haber sido. Solo me decían que ya era hora de que esa puerta tuviera una. cuando insistí un poco más uno de ellos un señor de unos 50 años que se veía más serio me dijo que si ya había visto cosas en el camino era mejor que hablara con un anciano del pueblo al que todos respetaban llamado don mario me explicó más o menos por dónde quedaba su

13:37 casa y me recomendó ir por la mañana Yo ya traía demasiadas preguntas como para dejarlo pasar. Ese mismo día, cuando terminé las primeras visitas, tomé la vereda que llevaba hacia su casa. Don Mario vivía en una casa sencilla, algo retirada, casi pegada al monte. No me fijé en los detalles de la construcción. Lo que noté fue que estaba apartada del resto del pueblo y que el lugar se sentía más callado que las demás áreas. toqué la puerta y me abrió un señor delgado de cabello canoso piel muy marcada por el sol con una mirada firme me recibió como si ya supiera quién era me invitó a pasar y nos sentamos frente a frente en una mesa sencilla sin rodeos le conté todo pero en orden le hablé de la primera noche de los ruidos pesados alrededor de la casa de las huellas enormes en la tierra casi del tamaño de un pie de persona luego le describí la cabra devorada la pata amarrada la sangre seca y las huellas iguales en ese corral después le conté lo que vi cruzar la vereda la noche anterior y por último la cruz de cal fresca en mi puerta sólo dije lo que había visto y escuchado don mario me miraba con atención no hizo gestos raros ni sonrió no se mostró sorprendido sólo asentía de vez en cuando como si todo encajara con algo que él ya

15:07 conocía Cuando terminé, se quedó un momento en silencio, pensando. Después me dijo que en esa sierra, desde hacía muchos años, había un agual que protegía el monte, y al pueblo, explicó que ese ser recorría los alrededores en la noche, para mantener lejos a otros que solo venían a aprovecharse. Aclaró que no todos los Nahuales eran iguales. Algunos cuidaban, otros se volvían agresivos y mataban animales por gusto, incluso podían atacar personas. Según lo que le conté, dijo que parecía que andaba un Nahual que no pertenecía a ese pueblo, uno que no conocía los acuerdos ni los límites. me explicó que la cruz de cal en la puerta no era un adorno era una señal clara para lo que anduviera rondando de que esa casa ya estaba bajo la protección del pueblo se levantó un momento fue a un mueble y regresó con una cruz de madera pequeña y un recipiente de barro con cal y me los puso enfrente Me dijo que colocara la cruz en la ventana de la casa donde dormía y que usara la cal para marcar bien la base de la puerta. También me advirtió que evitara caminar solo por el monte cuando ya estuviera oscuro, y que si volvía a cruzarme con la criatura no intentara enfrentarla, que observara pero que no la provocara.

16:34 Cuando ya me iba a despedir, me dijo que todavía podíamos hacer algo más. Me propuso que, esa misma tarde, antes de que anocheciera, fuéramos a una cabaña abandonada que quedaba más adentro del monte. Según él, por ahí pasaban muchas veces los seres que cruzaban de un cerro a otro, y que ese lugar servía para entender mejor lo que estaba entrando al territorio. Acepté y dije que lo hacía por curiosidad, y en parte por orgullo profesional. Quería ver hasta dónde llegaba todo eso. Por la tarde nos encontramos de nuevo. Caminamos por una vereda que rodeaba el pueblo. poco a poco dejamos las últimas casas atrás y entramos más al monte después de un rato llegamos a una cabaña vieja de madera se notaba que llevaba tiempo abandonada y entramos el piso de tierra tenía marcas y las paredes mostraban rasguños viejos y golpes Don Mario encendió una vela sobre una mesa. La luz alumbró lo suficiente para vernos la cara. Él me observaba con atención, como si estuviera valorando algo en mí. Yo sentía un nerviosismo claro, no entendía a dónde quería llegar. Fue ahí, dentro de esa cabaña, cuando Don Mario me dijo con calma que él era el Nahual que había protegido esa comunidad durante muchos años. Me aclaró que no pensaba hacerme daño, pero que necesitaba mi ayuda, porque otro Nahual estaba entrando al pueblo,

18:08 matando animales y rompiendo el acuerdo que tenía con la gente. Cuando escuché a Don Mario decir que él era el Nahual que había protegido a la comunidad durante tantos años, sentí como si me hubieran jalado el piso. estábamos dentro de esa cabaña vieja en medio del monte con la vela encendida sobre la mesa yo estaba sentado frente a él y en cuanto entendí lo que acababa de decir me levanté de la silla sin pensar mire la puerta las paredes las ventanas sin vidrio y tuve muy claro que estaba lejos del pueblo encerrado con un anciano que aseguraba convertirse en animal no grité pero sentí la garganta cerrada Di unos pasos hacia atrás sin perderlo de vista.

18:56 Él se quedó sentado, tranquilo, y levantó la mano despacio pidiéndome que me calmara. Me dijo que en el pueblo todos sabían quién era, que desde joven salía por las noches a recorrer el monte y los alrededores, que tenía un acuerdo con la gente. Según él, cuando necesitaba tomar algún animal... lo hablaba directamente con los dueños y por eso nunca había problema aseguró que lo que estaba matando cabras y dejando huellas de esa forma no era él sino otro Nahual que había entrado sin permiso mientras hablaba yo sentía que la cabeza ya no me daba para procesar más por un lado estaba el miedo natural a lo desconocido a la idea de que de verdad pudiera convertirse en algo como lo que yo había visto cruzar la vereda por otro estaba el hecho simple de que seguíamos solos en medio del monte don mario me dijo que por eso me había traído a la cabaña porque por ahí solían cruzar los que andaban de paso entre los cerros y quería ver si esa noche el otro nahual se dejaba sentir que mi presencia también podía servir porque yo ya lo había visto. Hubo un punto en que dejé de poner atención a los detalles de lo que intentaba explicarme. Me concentré en la puerta, en la distancia hasta el marco y en el pestillo que había puesto cuando entramos. Sentía el corazón golpeando fuerte. Sabía que

20:28 si me quedaba ahí y pasaba algo, nadie se iba a enterar a tiempo. Don Mario siguió hablando de olores en el monte y de animales muertos de forma distinta, de señales en la tierra, pero yo solo pensaba en salir de ahí. Aproveché el primer momento en que volteó hacia la vela para acomodarla mejor. Solté la silla, di dos pasos largos hacia la puerta y en un movimiento quité el seguro y abrí. Salí de la cabaña casi corriendo. Detrás de mí escuché que decía mi nombre, pero no me detuve. Lo único que tenía claro era que quería regresar a la casa donde dormía, meterme ahí y cerrar por dentro. Ya en la puerta de la cabaña tomé hacia el lado contrario al que habíamos llegado, sin fijarme si seguía la misma vereda. Empecé a correr monte adentro, tropezando con piedras y raíces. Las ramas me raspaban los brazos y la cara, pero no aflojé el paso. Sabía que era mala idea alejarme del camino, que en la sierra perderse no es un juego. Pero en ese momento, lo único importante para mí era poner distancia entre esa cabaña y yo. Corrí hasta que el aire me faltó.

21:45 Entonces me detuve. Miré alrededor y entendí el problema. Ya no ubicaba nada. Solo veía árboles, matorrales y tierra suelta. No se escuchaba el pueblo, ni voces, ni motores. Intenté orientarme. Busqué algún punto de referencia, una cerca, un poste o algo. Pero no vi nada. Traté de recordar la dirección por la que habíamos llegado, pero el recorrido de ida se me mezcló con la carrera de regreso. Mientras pensaba qué hacer, escuché algo entre la maleza. No eran pasos ligeros, eran pisadas pesadas, hundiendo la tierra. Luego se escuchó cómo se partían ramas secas a un costado. El sonido se fue acercando.

22:30 Me quedé quieto, respirando lo más bajo que pude. Los pasos se hicieron más frecuentes. Levanté la vista y, entre los árboles, alcancé a distinguir una figura negra que venía hacia mí. Era más grande que un perro. El lomo se veía alto, las patas largas y la cabeza baja. Conforme avanzaba, pude ver el brillo de los ojos en la poca luz que entraba. La respiración del animal era fuerte y marcada. El olor que traía era una combinación de sudor, tierra húmeda y algo agrio, como carne vieja. Por un instante pensé que podía ser el mismo ser que había cruzado la vereda aquella noche, o el otro Nahual del que hablaba Don Mario. Mi cuerpo se quedó pegado al suelo. Quise hacerme a un lado, pero sentía las piernas duras. La criatura llegó a unos metros de mí y en lugar de rodearme se lanzó directo. Sentí el golpe en el costado y salí disparado hacia atrás.

23:32 Caí sobre la tierra. Al momento, sentí un dolor intenso en el brazo y en el lado derecho del torso, como si me hubieran pasado cuchillas por encima de la piel. Me revisé en automático. La camisa estaba rota, la piel abierta en varios cortes, y de inmediato salió sangre caliente. esperé el segundo ataque, pensé que la criatura se me iba a venir encima, y ahí se iba a acabar todo, pero no lo hizo, soltó un gruñido grave, se quedó un segundo mirándome desde arriba, y después pegó un salto largo hacia un lado, y siguió su camino entre los matorrales, el ruido de las ramas apartadas, y de la tierra hundiéndose se fue alejando, Me quedé tirado unos segundos, respirando agitado. Luego, con la mano izquierda, apreté la tela de la camisa contra la herida para detener la sangre. Me sentía aturdido, pero supe que si me quedaba ahí tirado, me iba a ir peor. Me levanté como pude y empecé a caminar.

24:34 No tenía una idea clara de a qué punto del pueblo me dirigía. caminaba guiado por la necesidad de salir de ese tramo del monte y por el miedo a que la criatura decidiera regresar cada vez que escuchaba un crujido volteaba de golpe esperando ver otra vez esos ojos rojos brillando caminé durante un buen rato sin saber cuánto tiempo con las piernas cansadas y el brazo ardiendo en un momento alcé la vista y vi una luz fija a lo lejos era amarilla constante no se movía la tomé como referencia y caminé hacia allá a medida que avanzaba la luz se hizo más clara cuando por fin salí de entre los árboles me di cuenta de que era una casa de la comunidad Desde ese punto ya reconocí el rumbo y seguí caminando hasta llegar a la casa donde dormía. Entré rápido, cerré la puerta y acomodé la mesa y la silla para trabarla. Luego me quité la camisa con cuidado y revisé la herida. Eran varios rasguños profundos, pero no al grado de abrir el músculo. Sangraban, dolían, pero como veterinario supe que no era una lesión mortal.

25:50 Aún así, el susto que traía encima era fuerte. Recordé la cruz de madera y la cal que me había dado Don Mario. Hasta ese momento no las había usado. Las saqué. Colgué la cruz en la ventana principal, bien centrada. Con la cal hice una línea gruesa en la base de la puerta, repasándola varias veces hasta que quedó bien marcada. no sabía si eso iba a servir de algo pero en ese momento necesitaba sentir que hacía todo lo que estaba en mis manos esa noche no me acosté me quedé sentado en una silla con una barra de metal que usaban para asegurar el corral la tenía agarrada con las dos manos Escuché perros ladrando a lo lejos, algún motor y pasos lejanos en la calle del pueblo. A ratos me parecía escuchar algo sobre la tierra, pero nada se acercó a la puerta ni a la ventana. Cada cierto tiempo revisaba la herida que había dejado de sangrar y solo ardía. En cuanto el cielo empezó a aclararse, tomé una decisión. No iba a seguir ahí. Junté mis pocas cosas, guardé las medicinas, las jeringas, la ropa y metí todo en la mochila. Me la colgué al hombro, me puse una camisa limpia encima de las vendas improvisadas y salí al camino. El cuerpo me dolía, pero caminaba firme.

27:16 No le avisé a nadie, solo eché un último vistazo al pueblo rústico y tomé la vereda que llevaba a la carretera. no alcancé a avanzar mucho cuando pasó un ranchero en camioneta me reconoció y se ofreció a llevarme me subí y durante el trayecto entre brincos de la terracería le conté lo de la cabaña lo que dijo don mario y el ataque en el monte él se quedó serio me dijo que en el pueblo siempre habían pensado que don mario era el que cuidaba la zona que nunca le había hecho daño a nadie y que desde hacía años tenían un trato con él comentó que últimamente habían encontrado animales muertos de forma distinta y que algunos decían que andaba otro nahual rondando pero que nadie lo había visto bien Llegué a la ciudad con la herida ya controlada y la cabeza llena de preguntas. Retomé mi trabajo con perros y gatos como antes. Sigo buscando explicaciones lógicas para muchas cosas, pero cada vez que me acuerdo de las huellas grandes en la tierra, de la cruz de cal en mi puerta... Y del golpe de ese animal en medio del monte, sé que lo que vi no era un perro cualquiera, ni un hombre disfrazado.

28:33 No he regresado a esa comunidad y no pienso hacerlo, pero desde entonces aprendí a tomar en serio lo que la gente de los pueblos cuenta de los Nahuales. Para mí, después de esa noche, sí existen.