Dec. 12, 2025

Esto Pasa Cuando Alguien Te Quiere Ver Caer: Brujería Real - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Martín y vivo en una casa de una sola planta, a las afueras del pueblo. No es un lugar aislado ni viejo. La construimos hace años en un terreno limpio, con un patio amplio y un corral pequeño, donde tengo dos perros y algunas gallinas. Trabajo todos los días en el mismo horario. Salgo temprano y regreso por la tarde. Mi rutina no cambia. Desayuno café y pan, dejo la casa cerrada y vuelvo a la misma hora. Hasta ese momento, todo funcionaba como siempre. El primer cambio fue físico. Empecé a sentir cansancio desde que me levantaba. No era sueño normal. Me despertaba con el cuerpo pesado, con dolor en los brazos y en la espalda baja, como si hubiera trabajado de más el día anterior, aunque no fuera así. Al tercer día dejé de dormir completo.

0:57 Me acostaba y pasaban las horas sin que el cuerpo se apagara. Cuando lograba dormirme, despertaba empapado en sudor y con un nudo en el estómago. En la casa comenzaron a pasar cosas concretas. La comida se echaba a perder rápido, la carne cambiaba de olor en un día y la fruta se ablandaba aunque estuviera fresca. El interior de la casa empezó a oler distinto. No era humedad ni basura, era un olor seco, concentrado, que se quedaba en el aire aunque ventilara. Los perros dejaron de entrar a la cocina, se quedaban en la puerta, con el cuerpo tenso, y se iban al patio sin hacer ruido. No le di vueltas al asunto, pues pensé en el calor, en el encierro, en alguna plaga. Limpié a fondo, tiré comida, lavé pisos, paredes y muebles. Pero el olor regresaba al poco tiempo y el cansancio no se iba. A los cinco días empecé a perder fuerza. Me costaba levantar objetos que antes cargaba sin problemas y me mareaba al inclinarme. Una mañana, al salir al patio, vi algo que no correspondía con el lugar. Estaba junto a la base del limonero, en un punto donde no suelo dejar nada. Era una bolsa pequeña, de tela oscura, cerrada con un nudo simple. No estaba enterrada ni cubierta. Estaba colocada ahí, apoyada contra el tronco.

2:23 La levanté con la mano. Pesaba más de lo que aparentaba. La tela estaba áspera y manchada. Abrí el nudo y dentro había tierra compacta, restos de cabello y un trozo de tela enrollado. Todo estaba seco, no había líquidos ni objetos brillantes. Cerré la bolsa y la llevé al cuarto de herramientas. La verdad, no pensé en simbolismos ni explicaciones. La dejé sobre una repisa y seguí con mi día. Esa misma tarde el dolor aumentó. Me costó respirar profundo. Sentí presión en el pecho y un zumbido constante en los oídos. Esa noche no dormí nada. Me levanté varias veces con calambres en las piernas y una sensación de frío que no se quitaba con cobijas. Al día siguiente, el olor dentro de la casa se intensificó. Los perros no se acercaron ni a la puerta y las gallinas dejaron de poner. caminé por cada habitación y noté que el aire era más pesado en el pasillo que da al patio me detuve ahí y el mareo fue inmediato tuve que apoyarme en la pared para no caer regresé al cuarto de herramientas abrí la bolsa otra vez el contenido seguía igual la tierra estaba dura, compacta como si llevara tiempo así la cerré y la saqué de la casa la coloqué en el borde del terreno junto a la cerca En cuanto la dejé ahí, sentí un golpe seco en la cabeza, como una presión repentina. Me senté

3:53 en el suelo, el pulso se me aceleró y me faltó el aire por unos segundos. Desde ese momento, el deterioro fue claro. Perdí el apetito, me dolían las manos y los pies al caminar, y empecé a olvidar cosas simples. Dejé las llaves en lugares que no recordaba, me costaba concentrarme y el cuerpo ya no me respondía igual. No era cansancio común ni enfermedad conocida, era una pérdida constante de fuerza. Esa noche, al intentar dormir, sentí un dolor fuerte en la espalda. Me levanté y fui al baño, pero al verme al espejo noté ojeras marcadas y la piel pálida. No había fiebre, no había síntomas claros de una enfermedad común. Lo que había era un desgaste continuo.

4:41 Me senté en la mesa de la cocina con la certeza de que la bolsa no era un objeto perdido ni casual. Estaba colocada en un punto específico del terreno y moverla había empeorado todo de forma directa. No había dudas ni interpretaciones largas. Algo fue puesto ahí con intención y al tocarlo el daño se activó. En ese punto entendí que lo que estaba ocurriendo no se iba a resolver con limpieza ni con descanso. pues el problema ya estaba dentro de la casa y dentro de mí. Al día siguiente me costó levantarme de la cama. El cuerpo no me respondió cuando intenté incorporarme. Sentí un mareo fuerte y tuve que quedarme sentado varios minutos con los pies en el suelo antes de poder ponerme de pie. Las piernas me temblaban y los brazos no tenían fuerza. Caminé hasta la cocina apoyándome en la pared. El dolor en la espalda seguía, ahora más concentrado, como si algo presionara desde dentro. No desayuné. El olor dentro de la casa seguía ahí más denso. Abrí puertas y ventanas, pero no se movía. Me senté en la mesa y sentí náuseas.

5:54 Al inclinar la cabeza, el mareo regresó. Era constante, no se iba con descanso. Empecé a tener pensamientos repetitivos. La misma idea me daba vueltas sin parar, como si alguien la empujara. No eran recuerdos ni preocupaciones normales. Era una insistencia que no podía cortar. Ese día no fui a trabajar. Avisé que estaba enfermo y me recosté un rato, pero no logré dormir. Cada vez que cerraba los ojos sentía una presión en el pecho. Me levanté varias veces para caminar y evitar el mareo, pero el cansancio aumentaba. A mediodía escuché que alguien tocó la puerta. Era Rosa, una vecina que vive a dos casas de la mía. Nos conocemos desde hace años y, al verme, no hizo preguntas largas.

6:45 Se quedó observándome unos segundos y entró sin que yo se lo pidiera. Se sentó frente a mí y dijo que no me veía bien, que mi cara estaba hundida y que el color de la piel no era normal. Le conté lo del cansancio, el dolor y el olor en la casa. Rosa se levantó y recorrió el pasillo. Se detuvo justo donde yo sentía el aire más pesado. Regresó a la mesa y me habló con claridad. Me dijo que eso no era enfermedad común, que alguien había trabajado contra mí, que era brujería. Yo no discutí. Para ese punto, todo lo que estaba pasando tenía un orden claro.

7:26 Le mencioné la bolsa que había encontrado junto al limonero. Al escuchar eso, asintió con la cabeza. y me preguntó si alguien había tenido acceso al terreno en los últimos meses. Pensé en una persona en específico, un hombre con el que tuve un conflicto semanas atrás por un asunto de linderos. Entró varias veces al terreno sin avisar, diciendo que necesitaba medir. Discutimos fuerte una tarde y desde entonces no volvió a hablarme, pero sabía cómo entrar y salir sin problema. Rosa me pidió que revisara de nuevo el terreno. Salimos despacio pero el mareo me obligó a caminar lento. Fuimos hacia el fondo, cerca del corral. Ahí, detrás de unas láminas viejas, había tierra removida. No era reciente, pero tampoco era natural. Escarbé con una pala pequeña y encontré otra bolsa, pero esta era más grande que la primera y estaba enterrada a poca profundidad. La saqué con cuidado. La bolsa era de plástico grueso, amarrada con hilo. Al abrirla, vi tierra mezclada con restos de tela y pedazos de cera dura. Había un olor concentrado, distinto al de la casa, más fuerte.

8:40 Cerré la bolsa de inmediato, ya, no había dudas. No era basura ni algo dejado al azar. Estaba colocada ahí con intención y relación directa con la otra. Al sostenerla, sentí un mareo más fuerte y me sudaron las manos. El dolor en la espalda se intensificó. Rosa me pidió que la dejara en el suelo y que no la moviera más. Me dijo que el daño estaba activo, que por eso el cuerpo ya no me respondía igual. Me explicó que encontrar y tocar esas cosas había empeorado todo, no porque yo hiciera algo mal, sino porque así funcionaba ese tipo de trabajo. Regresamos a la casa. Me senté de nuevo en la cocina. Sentía la cabeza pesada y un zumbido constante. Rosa me dijo que no podía quedarme así, que el daño iba a seguir avanzando. Me dijo que si no se atendía, el cuerpo iba a seguir perdiendo fuerza y la casa no iba a recuperar su ambiente.

9:40 Me habló de una mujer que vive a las afueras del pueblo, conocida por tratar estos casos. No la describió como algo extraordinario, solo dijo que sabía lo que hacía y que era directa. Me preguntó si quería ir. yo no dudé pues para ese momento la relación entre mi estado las bolsas y el conflicto con esa persona era clara me levanté con dificultad y tomé una chamarra durante el trayecto el mareo no se fue el cuerpo estaba débil y el pensamiento seguía dando vueltas en lo mismo no había miedo exagerado ni pánico había una certeza constante de que el daño seguía activo y que cada minuto contaba No se trataba de sugestión ni de nervios. Era una reacción física que no se detenía. Al bajar del vehículo, sentí que las piernas apenas me sostenían. Rosa me tomó del brazo y caminamos hacia la casa de la mujer.

10:38 Desde ese momento quedó claro que el problema ya no estaba solo en el terreno ni en los objetos enterrados. El daño estaba dentro de mí y no iba a detenerse solo. La casa de la mujer estaba a las afueras del pueblo. en un terreno amplio y despejado. No era un lugar oscuro ni descuidado. La construcción era sencilla, de bloc, con un techo bajo y un patio de tierra firme. No había símbolos visibles ni objetos colgados. El lugar se sentía normal. Al bajar del vehículo, el mareo seguía, pero el aire no era pesado como en mi casa. Eso fue lo primero que noté. Entramos despacio y la mujer me observó desde la puerta y me pidió que me sentara en una silla de madera. No hizo preguntas largas, solo me pidió que le dijera desde cuándo me sentía así y qué había encontrado en el terreno. Le expliqué todo con orden. Le hablé del cansancio, del dolor, del olor en la casa y de las dos bolsas. Ella me escuchó sin interrumpir. Cuando terminé, me habló con claridad y me dijo que alguien había trabajado para enfermarme y debilitar la casa, que usaron objetos colocados en puntos específicos para que el daño se activara cuando yo los tocara.

11:55 Me explicó que no era algo inmediato, que el efecto era progresivo. Por eso, al principio parecía cansancio común. Me dijo que el objetivo era desgastar el cuerpo y el ánimo hasta que uno no pudiera defenderse. Me explicó qué se iba a hacer. Primero, retirar por completo los objetos del terreno y de la casa. Después, destruirlos de una forma que no dejara que siguieran afectando. Y por último, limpiar el cuerpo y el espacio para cortar el efecto. No habló de castigos ni de regresos. Dijo que el trabajo terminaba cuando el daño se detenía, no cuando alguien más sufría. Salimos de nuevo al vehículo y regresamos a mi casa. El trayecto fue difícil, pues el cuerpo seguía débil y el mareo no se iba. Al llegar, la mujer me pidió que no entrara solo. Caminamos juntos hacia el patio. Se detuvo en el limonero y me pidió que señalara en dónde había estado la primera bolsa, y después fuimos al fondo del terreno, donde encontré la segunda bolsa.

13:00 Ella misma retiró ambas bolsas usando guantes. No las abrió, las colocó dentro de un recipiente de metal y me pidió que trajera leña seca. En un punto alejado de la casa, encendió fuego y colocó las bolsas encima. El plástico se derritió rápido y la tela se quemó. La tierra quedó negra y seca. Esperó a que todo se consumiera por completo. Luego recogió las cenizas y las enterró en un punto fuera del terreno. Después entramos a la casa. Me pidió que me sentara en el centro de la sala. Tomó agua limpia y me pidió que me lavara las manos y la cara. Me dijo que el cuerpo necesitaba descansar del esfuerzo que había hecho al resistir el daño.

13:45 Pasó un trapo húmedo por el pasillo y la cocina y el olor comenzó a disminuir de forma gradual. No desapareció de golpe, pero dejó de concentrarse en un solo punto. Al terminar, me pidió que me quedara sentado unos minutos. Cerré los ojos y por primera vez en varios días, la presión en el pecho disminuyó. El zumbido en los oídos se apagó poco a poco y el mareo se fue retirando. No fue inmediato, pero fue claro. Me levanté sin apoyo, las piernas me respondieron mejor y los brazos ya no temblaban. Esa noche dormí varias horas seguidas. no fue un sueño profundo de inmediato pero el cuerpo descansó al despertar el dolor en la espalda había bajado el cansancio seguía pero ya no era aplastante caminé por la casa y el olor ya no estaba durante los días siguientes la mejoría continuó recuperé el apetito la fuerza volvió de manera gradual pude volver al trabajo sin dificultad la casa se mantuvo estable La comida dejó de echarse a perder rápido y el ambiente se sentía normal. La persona con la que tuve el conflicto dejó de aparecer por el área. No volvió a acercarse al terreno ni a buscar problemas. Ya no supe más de él y tampoco lo busqué. Con el paso de las semanas, el cuerpo regresó a su estado habitual. No quedaron síntomas ocultos ni

15:17 molestias persistentes. La casa se mantuvo limpia y tranquila. No encontré más objetos ni señales extrañas. Ya todo quedó cerrado. Lo que ocurrió fue real. No fue sugestión ni coincidencia. Hubo un daño concreto provocado por acciones humanas con consecuencias físicas y ambientales claras. También hubo una solución directa que detuvo ese daño. No quedó nada activo después. El problema tuvo un inicio, un desarrollo y un final. Y desde entonces, mi vida volvió a ser la misma que antes.