Nov. 18, 2025

El Ritual Bajo La Luz Del Foco Rojo - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:00 Esta historia comienza cuando yo solo tenía 18 años, casi acababa de cumplirlos, y había estado planeando una excursión a un bosque junto con mis amigos, quienes a último momento todos terminaron cancelando. Me sentí un poco decepcionado. Había estado planeando esa excursión durante meses. Esa fue la principal razón por la que, a pesar de todo, no quise cancelarla. Pensé que podría ser un viaje interesante para mí, aunque tuviera que hacerlo solo. Fue así como el día marcado me fui. Había un sitio destinado para que las personas acamparan o exploraran un poco bajo un sendero marcado. Pero ese no era mi plan. Yo quería adentrarme un poco más. Yo solía hacer ese tipo de cosas bastante seguido. Nunca había pasado nada más allá de que alguien me dijera que no podía cruzar por propiedad privada o algo así. Por lo cual me sentía muy confiado, como siempre. Ese día salí del sendero apenas pude y comencé a andar por el bosque. Nada fue diferente a otras ocasiones, aunque aquel lugar sí era algo más relajante de lo usual. Incluso estaba pensando en buscar un buen sitio para acampar y quedarme ahí toda la noche. Con esta idea me puse a buscar un buen lugar. Estuve caminando un rato sin encontrar uno. Estaba tan empeñado en encontrar el sitio perfecto que ni siquiera me percaté de que el sol comenzaba

1:32 a ocultarse. Para cuando me di cuenta que no podía seguir buscando en ese momento, por lo que, un poco desanimado, reuní fuerzas para regresar al sendero y reunirme con el resto de las personas. Después de casi 30 minutos caminando por el camino que juraba era el correcto, No podía ver ningún letrero o rastro que indicara que estaba yendo en la dirección adecuada. En un principio no entré en pánico. Sabía que esa era la última cosa que debía hacer. Mientras más nervioso se pone uno en esas situaciones, más fácil es perderse. Intenté mantener la calma. Aún convencido de que había tomado el camino correcto, continué andando. Tras unos minutos más, me di cuenta de que, en serio, había tomado el camino equivocado. No solo no encontraba el sendero principal, sino que parecía estar más centrado en el bosque que antes.

2:26 Por si fuera poco, la noche ya había caído por completo. dándole a toda esa experiencia un aire aún más aterrador. A pesar de eso, traté de mantener la calma. Estuve de pie un momento intentando orientarme, pensando que tal vez solo había tomado una vuelta equivocada a algo muy común en aquellos bosques donde todo se ve igual. Quería tomar un pequeño respiro y relajarme antes de continuar, cuando, de pronto, un grito puso todos mis sentidos en alerta. Parecía el grito de una mujer. Era desgarrador y lleno de pánico. No sé si alguien ha escuchado gritar a un ser humano así, pero al menos hasta ese momento yo no lo había hecho, y realmente espero que nadie tenga que escucharlo jamás. Aquel grito erizó cada vello de mi cuerpo, y sin pensarlo mucho y ni siquiera saber si era el camino correcto, comencé a caminar en dirección contraria al del grito. Si soy del todo honesto, en este punto de la historia no sé muy bien lo que sucedió.

3:32 Tenía mucho miedo y creo que en un punto... Dejé de caminar para comenzar a correr. Pude escuchar el grito dos veces más. Lo único que me hizo detenerme y donde comienzo a recordar todo con mayor claridad, aunque creo que no pasó mucho tiempo desde los gritos, fue que comencé a escuchar rezos y cánticos que sonaban como de iglesia. solo que no eran como los que yo estaba acostumbrado a oír. Si bien no era creyente, me había educado en la religión católica, por lo que conocía muy bien esos rezos y cánticos. Estaba seguro de que lo que estaba escuchando no era nada parecido. Se escuchaban como dichos en otra lengua, y tampoco parecían dirigidos a Dios. No sabría explicar cómo lo sabía, pero algo en mí me lo decía. Lo peor de estos rezos no era su contenido, sino que parecía que se estaban acercando a mí. Una vez que pude prestar más atención, me di cuenta de que también comenzaban a escucharse pasos entre las hierbas y hojas secas del bosque. Por esa razón, sin pensarlo demasiado, me agaché y me escondí entre la hierba, pensando que, una vez que se alejaran, podría continuar mi camino. Tal vez entonces podría salir de ahí y alertar a la policía sobre los gritos de aquella mujer, que estaba convencido tenían que ver con todo lo que estaba ocurriendo. No escuché más gritos después de eso. Estuve oculto por menos de cinco minutos cuando aquellos pasos y rezos se hicieron

5:04 más fuertes, más claros de alguna forma. Fue entonces cuando noté que no era una sola persona, ni siquiera tres como pensaba al principio. Era un grupo de al menos veinte personas, todas con gabardinas negras y capuchas. No podía verles el rostro debido a la oscuridad. Caminaban rezando y cantando mientras uno de ellos agitaba un incensario. Me encontraba paralizado viendo aquello. No tenía ni idea de lo que mis ojos estaban presenciando. Me preguntaba si acaso le habían hecho algo a la mujer que había escuchado gritar. Había leído muchas historias de terror, como para no darme cuenta de que aquello parecía una secta o un grupo de locos intentando realizar un ritual. Quería quedarme lo más quieto posible.

5:51 Si bien me sentía un poco cobarde por no intentar ayudar a la mujer a la cual no veía por ningún lado, también sabía que aunque lo intentara jamás podría contra 20 sujetos. Es más... Ni siquiera me sentía capaz de enfrentarme a uno solo. Nunca fui ese tipo de persona, y estaba muy consciente de ello. Estaba observándolos fijamente cuando, de pronto, mi teléfono sonó. No había tenido cobertura en casi todo el trayecto. Mi tono era muy escandaloso y claramente llamé la atención de la secta. Fue entonces cuando vi que llevaban máscaras puestas. Eran máscaras horribles. No me refiero a máscaras de Halloween ni nada parecido. Parecían hechas por ellos mismos, pero estoy seguro de que el material rugoso y elástico que se veía era piel. Aunque siempre he querido pensar que era piel de algún animal, otra parte de mí jamás ha podido estar del todo seguro de ello. A pesar de que eso me dio mucho miedo y sentí como si mis propios nervios fueran a traicionarme, logré reunir el valor suficiente como para ponerme de pie y salir corriendo con todas mis fuerzas. Aunque ya me estaba alejando lo suficiente y no parecía ser perseguido por esas personas, no podía dejar de escuchar los cantos y los rezos. Era como si los estuvieran entonando directamente en mi oído, sin importar cuánto avanzara. Estaba casi al borde del colapso, pero no dejé de correr ni un solo momento.

7:24 A pesar de querer cubrirme los oídos, seguí corriendo, intentando encontrar cualquier indicio de que estaba cerca del sendero. En un punto creo que tropecé, o al menos eso imagino, porque no recuerdo exactamente qué pasó, pero sí recuerdo estar en el suelo, con mucho dolor en la cabeza, perdí la conciencia, desperté exaltado. Incluso recuerdo que grité. Me calmé al mirar a mi alrededor. Todo estaba en calma, justo como había estado el bosque durante mi trayecto, antes de que todo se descontrolara aquella noche. Aún así, no podía estar completamente tranquilo. Miraba a mi alrededor pensando que en cualquier momento alguno de esos hombres aparecería, pero no pasó.

8:11 Me puse de pie e intenté mantener la compostura. Estuve mirando mis dedos por mucho tiempo, no tanto para orientarme, sino porque quería encontrar alguna prueba, lo que fuera, que me indicara que lo vivido la noche anterior había sido real, pero no había nada, ni rastro, ni señal, ni huella. y al pensarlo un poco mejor me di cuenta de lo absurdo que todo sonaba. Pensé que tal vez en mi intento por escapar había caído. Me golpeé la cabeza y soñé todo. Era la explicación más lógica. Aunque todo se sintió tan real y una parte de mí no se tragaba esa historia, Era algo que necesitaba creer, porque simplemente no podía procesar lo que había vivido. Caminé por muy poco tiempo más, hasta que sentí que el alma regresaba a mi cuerpo al ver el letrero del sendero.

9:05 Siendo del todo honesto, aunque había caminado en esa dirección, no estaba seguro de que fuera el camino correcto. Solo quería alejarme lo más posible y no volver al lugar donde creía haber visto todo aquello. Aunque intentaba convencerme de lo contrario, todos mis miedos y preocupaciones se disiparon en el momento en que vi aquel letrero. Corrí hacia él y no tardé en ver personas haciendo su vida normal. Luego de tranquilizarme un poco, supe que tenía que hacer lo mismo. Tenía que volver a casa y no mencionar nada de esto a nadie. Mis padres eran algo paranoicos y de hecho, estaban muy en contra de que hiciera ese viaje, por lo que no quería darles ningún motivo para decirme que les había dicho. Y fue así como aquel sueño quedó solo para mí. Aunque sí tenía un gran chichón en la cabeza, producto del golpe que había sufrido en el bosque. Pasaron dos días en los que en realidad no sucedió nada fuera de lo habitual. Estuve todo ese tiempo tratando de olvidar lo que había pasado, aunque, para ser del todo honesto, tenía muchas pesadillas, sobre todo con el grito de la mujer. Podía despertarme hasta cinco veces en una misma noche, escuchando aquel grito retumbar en mis oídos. No podía simplemente olvidarlo, aunque deseaba hacerlo. Fue entonces, en la tercera noche, cuando algo diferente sucedió. Mis padres tuvieron que salir a cenar con sus amigos y me quedé solo en casa. Eso no era algo fuera de

10:38 lo común. De hecho, solía pasar con bastante frecuencia. Aquel día pensé salir a correr de noche en un parque cercano. Siempre había disfrutado de ese parque, especialmente porque a partir de las ocho y media solía estar casi vacío. A veces había una que otra persona trotando como yo. pero la mayoría del tiempo estaba completamente solo. Sabía que necesitaba despejarme, y correr siempre había sido una forma efectiva de hacerlo para mí. Lo hice. Debía haber dado menos de cinco vueltas al parque cuando algo me detuvo en seco. Al principio comencé a escuchar lo que parecían ser susurros, pero poco a poco comenzaron a tomar forma. Pude entender mejor lo que se decía, y entre más escuchaba, más claro se hacía. Eran rezos, los mismos rezos que había escuchado aquella noche en el bosque. Solo recordarlo hizo que un escalofrío recorriera toda mi espalda. Miré a mi alrededor sin comprender de dónde venían esas voces. Estaba a punto de llegar a una de las partes más oscuras del parque, pero me detuve. Algo dentro de mí me decía que me arrepentiría mucho si entraba ahí. Era como un sexto sentido, si es que puedo llamarlo así. Aun queriendo pensar de forma racional, intenté convencerme de que tal vez solo había escuchado cualquier cosa y que mi cerebro lo había malinterpretado.

12:07 Después de todo, aún estaba algo asustado y paranoico. Pero, aunque no quería pasar por ese lugar, pensé que ya había corrido suficiente. Me di media vuelta y comencé a correr en dirección contraria, hacia la salida. No había dado más de unos cuantos pasos cuando los rezos se escucharon mucho más fuerte. Era como si estuvieran acercándose cada vez más a mí. De pronto, escuché un grito, el mismo grito de aquella mujer. Pero esta vez fue como si lo hubiera hecho directamente en mi oído. Fue tan fuerte y me tomó tan por sorpresa que caí al suelo de la impresión. Inmediatamente dirigí mi vista detrás de mí, solo para ver cómo en la oscuridad comenzaba a distinguirse una silueta, la de un hombre con gabardina. Eso fue suficiente para mí. Me levanté de inmediato y comencé a correr con todas mis fuerzas. Ni siquiera me detuve al salir del parque. Seguí corriendo hasta llegar a mi casa.

13:08 La casa estaba muy silenciosa y, en verdad, lo agradecí. No paraba de repetirme que todo estaba bien, que solo debía tranquilizarme. Que todo lo vivido en el bosque no había sido real y que me estaba sugestionando. Justo como cuando era niño y veía alguna película de terror. Solía hacer eso con frecuencia. Me di una ducha y me fui a la cama. Solo quería dormir hasta el día siguiente, pues necesitaba dejar todo ese día atrás. Para mi fortuna, nunca he tenido problemas para dormir. Si lo intento, normalmente me duermo de inmediato. No sé cuánto tiempo pasó, ni siquiera escuché cuando mis padres volvieron, pero desperté por un olor putrefacto. Era como a animales muertos, y llenaba por completo mi habitación. Me provocó muchas arcadas y quise levantarme para abrir la ventana, pero cuando lo intenté, no pude moverme.

14:07 Mi cuerpo se sentía rígido como una tabla, no tenía control sobre mí mismo, fue una experiencia horrible, intenté gritar pero tampoco lo logré, era como si el grito se quedara atrapado en mi garganta causándome un dolor intenso, lo único que conseguí luego de un rato fue que no pudiera volver a cerrar la boca. Parecía que mi mandíbula se había trabado. Intentaba con todas mis fuerzas cerrarla, y mientras lo hacía, sentí algo más. Como si ya no estuviera solo. Alguien más estaba conmigo. Miré a todos lados, intentando ver a mis padres, creyendo que tal vez estaba a salvo. Que quizás había hecho algún ruido que los alertara.

14:50 pero no vi a nadie mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad pude ver en la esquina más oscura del cuarto a alguien no era un hombre con capucha era algo que parecía estar en cuclillas tenía unos ojos enormes que brillaban y de pronto se movió en cuatro patas trepó a mi cama y quedó a sólo unos centímetros de mi cara podía sentir su peso sobre mi pecho impidiéndome respirar entonces gruñó En ese momento entendí que el hedor provenía de aquella cosa. Apestaba de una manera indescriptible. Y luego, vomitó en mi boca. Sí, así como lo digo.

15:31 Fue la cosa más asquerosa que he experimentado en toda mi vida. Aunque la oscuridad no me dejaba ver bien, podía notar que era una sustancia negruzca, con un sabor tan horrible como su olor. creo que me desmayé porque no recuerdo nada más desperté exaltado con arcadas y un horrible malestar en el estómago todo parecía normal no había nada en la habitación que me hiciera pensar que lo ocurrido la noche anterior había sido real ni siquiera estaba sucio No había absolutamente nada, excepto por unas marcas rojas en mi pecho. No eran heridas abiertas, más bien parecían marcas de presión, como si algo hubiera estado sobre mí durante mucho tiempo. Al ponerme de pie, sentí debilidad, y mi garganta estaba muy irritada, como si hubiera estado gritando durante horas. Miré a mi alrededor, casi con la esperanza de encontrar a aquella cosa, pero no vi nada. Fui al comedor donde mis padres estaban desayunando. Mi madre me dijo que llevaba más de 20 minutos llamándome y que no respondía.

16:40 Eso fue raro, porque siempre solía despertar antes que todos, pero ella asumió que estaba cansado, que tal vez me había desvelado y por eso no quiso insistir. No quise decirles nada. Como ya mencioné antes, mis padres son bastante paranoicos. Creen en todo lo relacionado con lo paranormal, y cualquier señal de eso la quieren resolver yendo a la iglesia o culpándome por haberme alejado de Dios. Yo, por mi parte, estaba tan paranoico que no podía relajarme un solo instante. Cada vez que cerraba los ojos, incluso si solo parpadeaba. Recordaba aquella sustancia asquerosa bajando por mi garganta. Me daban náuseas constantes. Apenas podía concentrarme en la escuela. Mis amigos comenzaron a notar lo ojeroso y pálido que me veía.

17:30 Incluso uno de ellos dijo que me veía asustado. Intenté convencer a todos de que estaba bien, pero creo que no fui muy convincente. Aunque dejaron de preguntarme, noté claramente que nadie me creyó. Esa noche no pude dormir, sentía que si lo hacía, esa cosa volvería. Cualquier ruido me sobresaltaba, incluso un cambio en el olor del ambiente me ponía en alerta. Por suerte, esa noche no ocurrió nada, o al menos nada de lo que yo me haya dado cuenta, pero al amanecer volví a escuchar ese horrible grito. Fue tan fuerte que me caí de la cama y me rompí la nariz. Tuve que ir al hospital para detener el sangrado. Una vez allí, los médicos notaron que me veía muy enfermo. Me hicieron algunos análisis y aunque los resultados indicaban que todo estaba en orden, los doctores no parecían convencidos. Terminaron por recetarme vitaminas, especialmente porque detectaron hematomas en mi espalda. Yo no tenía ni idea de cómo habían llegado ahí. Aún así, como insistí en que me sentía bien, me dejaron ir a casa. Esa misma tarde me encontraba en casa preparando la cena. Mis padres estaban en la sala viendo televisión mientras yo picaba unos vegetales.

18:49 Estaba muy concentrado en lo mío. Me había ofrecido a hacer la cena porque quería distraer mi mente de todo lo que había estado pasando y estaba funcionando. Hasta que algo me hizo detenerme. Un pensamiento cruzó fugazmente por mi mente. Cortarme uno de los dedos. Al principio fue solo eso, un pensamiento pasajero. Pero se volvió tan recurrente que, sin darme cuenta, lo hice. En lugar de retirar el dedo al cortar los vegetales, lo dejé donde estaba y corté. Fue un corte muy profundo y aparatoso. Mi madre, que se desmaya fácilmente con la sangre, perdió el conocimiento al ver la cantidad que dejé en la cocina. Incluso necesitaron ponerme puntos. Todo se catalogó como un accidente. Yo mismo dije que lo había sido. Pero en el fondo sabía exactamente lo que había ocurrido. Aquello no fue un accidente, no del todo. Fue algo que yo mismo había provocado y no entendía por qué. Tuve más de estos accidentes.

19:51 Fueron demasiados, tantos que toda esta historia bien podría centrarse solo en ellos. Pero no me detendré demasiado en eso. Solo mencionaré algunos. Por ejemplo, engrapé mi dedo en tres ocasiones distintas. Una vez me corté con un cúter en la pierna, y en otra estuve a punto de meter la mano en un triturador de basura. Afortunadamente, mi padre me vio justo a tiempo. No dijo nada, ni siquiera preguntó. Pero al verme mirando fijamente la máquina, la apagó y me dijo que mejor me mantuviera alejado de esa cosa. Tal vez ya había empezado a notar un patrón en todos estos accidentes, y por eso hizo lo que hizo.

20:34 Me salvó la mano entera. Otra cosa extraña era que cada vez que caminaba cerca de una carretera, sentía un impulso fuerte de arrojarme a los coches. De hecho, estuve a punto de ser atropellado en dos ocasiones, pero los conductores lograron frenar a tiempo. Como dije, fueron muchas situaciones, unas peores que otras. No me quiero enfocar solo en eso, porque no terminaría nunca. Pero además de los accidentes, mi aspecto empeoraba cada vez más. Comencé a ir con regularidad al médico. Todo lo que comía me hacía daño. Algunas noches sentía como mi estómago se inflaba y se endurecía, como si tuviera una piedra dentro. Era doloroso, pero siempre que intentaba levantarme o pedir ayuda, mi voz se quedaba atrapada en mi garganta. Y al día siguiente, cuando iba al doctor, los estudios salían normales. No parecía haber ninguna enfermedad estomacal. Solo me decían que probablemente era estrés. Siempre me había jactado de tener buena salud. Mis padres también eran saludables, y yo creía tener una dieta equilibrada. Comía de todo, sin exigencias. Pero sin importar lo que comiera, todo me hacía daño. comencé a adelgazar rápidamente porque no podía retener la comida por más de 40 minutos mis padres se preocuparon me llevaron a muchos doctores y especialistas pero nada parecía ayudar yo empeoraba cada día Claramente no quería

22:08 contar desde qué momento había comenzado todo esto. Yo mismo pensaba que solo estaba enfermo, enfermo de verdad. Que en cuanto los doctores identificaran la enfermedad, me recetarían algo y todo pasaría. Eso era lo que realmente quería creer. Pensaba que era solo cuestión de tiempo. había algo que no podía seguir justificando ni ignorando las pesadillas cada noche sin excepción soñaba con aquella secta con sus susurros pero no eran sueños cualquiera parecían más reales que la propia vigilia como si estuvieran ocurriendo en mi habitación. Siempre despertaba con la sensación de que esos susurros se desvanecían justo antes de abrir los ojos. Era como volverme loco. Nadie más los escuchaba, solo yo. Volví a ver a aquella criatura pálida en más de una ocasión, pero nunca fue tan asquerosa conmigo como la primera vez. Esta cosa simplemente se reía.

23:10 Se quedaba en la esquina de mi habitación mirándome directamente y reía. Era una risa desquiciada, burlona. al principio me daba miedo pero con el tiempo comencé a odiarla en más de una ocasión me levanté dispuesto a golpearla a patearla a hacer algo pero en cuanto encendía la luz no había nada era como si simplemente se desvaneciera con la oscuridad Apenas me acercaba a la esquina donde la había visto, ya no había rastro de ella. La única razón por la que no perdí completamente la cordura fue que algo ocurrió que confirmó que todo esto era real. Recuerdo que un día llegaron de visita una tía y mis primos menores. Yo no estaba en casa. A mis primos les encantaba mi habitación porque tenía colecciones de cosas interesantes.

24:01 Normalmente la dejaba cerrada. pero ese día habían llegado de sorpresa y la puerta estaba abierta cuando volví a casa mi tía estaba visiblemente molesta conmigo yo no entendía por qué pensé que como siempre los niños habían tomado mis cosas sin permiso pero antes de que pudiera llegar a mi cuarto Mi madre me detuvo y me preguntó qué tenía ahí dentro. Los niños, según me dijo, habían salido despavoridos, gritando que una figura quería llevárselos. Yo no tenía ni idea de lo que estaban hablando y entré a mi cuarto. Todo estaba en su lugar, nada parecía en desorden, aunque podía percibir cierto aroma, ese horrible olor que aquella cosa dejaba, ese aroma a animal muerto. Aunque era muy leve, sí podía notarlo. Le pregunté a mis primos sobre la criatura que habían visto, a lo que ellos dijeron que no la habían visto del todo bien, solo que estaba en la esquina del cuarto y que sus ojos eran grandes y brillaban. Aseguraron que dijo mi nombre y luego comenzó a llamarlos y a reírse. lo cual los asustó y por eso salieron corriendo del cuarto con lo poco que me dijeron comencé a tener cierta esperanza de que no estaba perdiendo la razón algo en realidad estaba en mi cuarto eso que escuchaba reírse bien podría ser esa cosa aunque nunca la había oído hablar como ellos decían lo que más me dio escalofríos fue saber que conocía mi

25:33 nombre o al menos pareció preguntar por mí eso fue lo más peligroso de aquel día Recuerdo muy bien una noche en la que pude dormir durante la tarde, luego de llegar de la escuela. Dormí profundamente hasta casi las seis de la noche cuando desperté algo exaltado. No fue por ningún grito ni nada en especial. Solo me sentía inquieto, como si estuviera esperando algo horrible. Pero con el paso de los minutos, me fui tranquilizando. Salí de mi habitación y fui a la cocina a prepararme algo de comer. No había probado nada en todo el día. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo no estaba bien.

26:14 Yo estaba solo en casa. Siempre había evitado a toda costa quedarme solo. Me aterraba la idea de que esas cosas pudieran hacerse presentes mientras lo estuviera. Por eso siempre intentaba estar con mis padres. Y en el momento en que vi que no estaban, mi sangre se congeló. No tenía idea de qué hacer. Pensé en salir de casa y esperarlos afuera, aunque se viera extraño. Pero era mejor eso que quedarme ahí. De por sí ya estaba nervioso. Caminé hacia la puerta y quise abrirla, pero no se movía. No abría. Parecía cerrada con llave. Empecé a forzarla, pero no se podía. Aún estaba intentando abrirla cuando comencé a escuchar aquellos malditos sonidos de nuevo, una especie de rezos rápidos y confusos, como susurros en agua, aunque esta vez los sonidos se detuvieron casi enseguida, y luego comenzaron de nuevo, pero más lentos y más claros. Aún así, no podía distinguir lo que decían. Siempre he creído que era un idioma antiguo, tal vez latín o algo parecido. Así es como se escuchaba. Volté para ver detrás de mí, y en la sala había al menos 20 personas con capuchas. No se les veía el rostro, todo era completamente negro, me miraban directamente. Era una de esas escenas de pesadilla. Quería arrancar la puerta, pero no parecía tener cerradura visible. Jalaba la puerta con toda mi fuerza, y de pronto se abrió.

27:47 Pero no fui yo quien lo logró. Mi padre la abrió desde el otro lado. Me encontró en el suelo. Me tiré al piso para señalar lo que había visto, pero otra vez no había nada ahí. Nada que comprobar a lo que acababa de ver. Solo quedaba yo, con la poca cordura que me quedaba. A partir de este momento, todo se vuelve muy oscuro. Recuerdo muy bien esa noche en la que todo fue un punto y aparte. Estaba dormido una de las pocas veces en que había podido descansar bien. Ni siquiera puedo recordar que un sueño me causara malestar. Solo dormía, hasta que sentí como si algo me tomara del tobillo y me jalara con fuerza, haciéndome caer de la cama. Me azoté contra el suelo. Por suerte, no caí de cara como aquella vez que me rompí la nariz. Pero cuando abrí los ojos, pude ver que aquella cosa, que antes estaba en la esquina de mi cuarto, ahora estaba debajo de mi cama. Apenas sobresalía del colchón, y al notar que yo lo miraba, comenzó a reírse con esa risa desquiciante. Asustado, me puse de pie y me envolví en las cobijas. No salí de ahí hasta el día siguiente, cuando noté que mi cobija tenía sangre.

29:05 Fue entonces que me di cuenta de que tenía tres cortes profundos en el pie. Estaban muy hinchados e infectados. Pensé en mostrárselos a mis padres, en ir al doctor. Pero en ese momento estaba tan convencido de que si decía algo, todo desaparecería y volverían a tratarme como a un loco. Pensé que no era para tanto. Lavé la herida como pude, la vendé y continué con mi vida. Dos días después, el dolor era insoportable. Me hacía limpiezas regularmente, justo como había visto en internet, pero nada parecía funcionar. La herida empeoraba, por lo que terminé yendo al doctor sin que mis padres lo supieran. Recuerdo mucho esa consulta.

29:50 Fue horrible. Fui a urgencias diciendo que tenía una herida infectada que no mejoraba. Me hicieron esperar un buen rato, hasta que me dejaron pasar. En cuanto el doctor vio mi pie, su rostro se transformó. Se notaba que estaba realmente preocupado. Me preguntó desde cuándo tenía la herida y por qué no había ido antes. Le dije que solo habían pasado un par de días, que no sabía exactamente cómo me la había hecho, pero que había estado intentando curarla por mi cuenta. Entonces me mostró algo que me hizo estremecer. Una parte de mi pie estaba negra. Me dijo que eso eran principios de gangrena y que se estaba extendiendo por la zona donde se encontraba. Lo más seguro, dijo, era que tenían que amputar el pie entero. No podía creer lo que estaba escuchando. No creía que fuera tan grave.

30:43 Claro que dolía, pero no tanto. Todo pasó muy rápido. Para ser honesto, no tengo muchos recuerdos de eso. Todo está medio borroso. Tal vez porque entré en shock después de escuchar la noticia. Lo siguiente que supe fue que estaba en el quirófano. Iban a amputarme el pie. Los doctores, al igual que mis padres, intentaron cuestionarme sobre con qué me había cortado. Yo no quería decirles la verdad, pues temía no solo haber perdido el pie, sino que además todos me tomaran por un loco que necesitaba calmantes o que debía ser internado en un hospital psiquiátrico. Simplemente inventé que había ido a un río y que al meter el pie en el agua me había cortado con algo, aunque no había visto qué era. No parecía una historia muy creíble, pero nadie más podía explicar exactamente lo que había pasado, así que terminaron creyendo mi versión. La recuperación fue dolorosa. En todo ese tiempo, aquella cosa seguía allí, en la esquina de mi habitación, observándome, riéndose de mí.

31:51 No sabía cómo iba a terminar todo esto, pero en mi mente no cabía otra posibilidad que la peor. Recuerdo que en un momento de desesperación decidí contarle todo a mi mejor amiga. No omití nada. Le hablé de mi viaje al bosque, de la secta, de aquella presencia oscura, y de cómo por su culpa había perdido uno de mis pies. Por fortuna, mi amiga no se rió ni pensó que estaba perdiendo la razón. Me escuchó con atención, en silencio, con los ojos bien abiertos. Luego me dijo que parecía estar maldito, que tal vez alguien me había echado el mal de ojo, o que aquellas personas de la secta me habían castigado por haberlos descubierto. También me mencionó que conocía a alguien que podría ayudarme. Nunca había ido con él, pero una mujer que le leía las cartas hablaba de un hombre que se dedicaba a romper maldiciones y otras cosas oscuras. Yo no era creyente, nunca lo fui, pero estaba tan desesperado que estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa. Me dio la dirección del hombre y fui casi de inmediato. Desde el momento en que crucé el umbral, el tipo pareció inquieto aunque trató de disimularlo.

33:05 Me sentó en una silla y me ofreció un té con un sabor espantoso. Después me explicó que el sabor era así solo para quienes estaban malditos, que si no lo estuviera el té sabría agua. Hizo una limpia. Pasó varios huevos sobre mi cuerpo, uno tras otro se reventaban antes de terminar la limpieza. El líquido que salía de ellos era negro y despedía un olor podrido, como carne muerta. Al principio pensé que era parte del show, que tal vez los había preparado así para asustarme, pero su expresión era auténtica preocupación. Para cuando rompió el sexto huevo, se rindió.

33:45 Me miró a los ojos y me pidió que le contara todo desde el principio. Y así lo hice. Cuando llegué a la parte del bosque, su rostro cambió por completo. Se puso pálido, tembloroso. Me pidió con voz temblorosa que me fuera. Confundido, le pregunté por qué. Le dije que necesitaba su ayuda, o al menos una explicación. Pero él me dijo que lo que yo había visto en aquel bosque eran brujos antiguos, entidades que no toleraban a los entrometidos. Asustado, le pregunté si eso significaba que querían matarme. El brujo negó con la cabeza. asegurando que si hubieran querido matarme lo habrían hecho ese mismo día nunca habría salido del bosque me explicó que si aún estaba con vida era sólo porque se estaban divirtiendo conmigo esperando a ver cuánto podía soportar le pregunté si había algo que se pudiera hacer una limpieza, una barrera, un conjuro, cualquier cosa, pero el hombre solo me pidió otra vez que me fuera, dijo que si él intervenía esos brujos podían tomarlo como una ofensa personal, que él no se metía con ellos y que por favor me alejara de su casa, al salir lo escuché murmurando rezos, comenzó a limpiarse a sí mismo, a echar humo por todos los rincones, Como si yo hubiera dejado una sombra en su lugar de trabajo. Quise convencerme de que solo era un loco, que no sabía

35:16 qué decir y quería asustarme aún más. Pero sus palabras explicaban demasiadas cosas. Fui a ver al menos a siete brujos más. Todos hicieron lo mismo. Algunos fueron amables, otros no tanto. Pero todos me echaron cuando les conté lo que había visto en el bosque. Algunos solo me desearon suerte. Otros me pidieron que nunca regresara. Cada vez que intentaba buscar ayuda, algo peor me ocurría. Comencé a perder dientes. No por golpes, no por enfermedad. Simplemente se caían. Hoy solo tengo tres dientes reales. Luego fue el cabello. Se caía a mechones dejando huecos en mi cabeza. Terminé por afeitarme para que al menos pareciera parejo. Mis riñones fallaron.

36:02 Un día simplemente dejaron de funcionar. Lo más horrible es que mi cuerpo rechaza todas las donaciones. Debo dializarme. Muchos médicos han admitido que no entienden cómo sigo con vida. Dicen que mi cuerpo parece apagarse y encenderse como un viejo aparato mal conectado. Hoy en día estoy parcialmente ciego. Los doctores han dejado de hablar de tratamientos. Ahora solo ofrecen palabras de consuelo. Me dicen que disfrute el tiempo que me queda, pero yo no puedo disfrutar nada. Cada vez que lo intento vuelvo a escuchar esas risas, esos rezos, o veo aquella cosa mirándome desde las sombras.