Busco A Marta Gastélum: Si Me Escuchas, Entenderías Por Qué - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Aurelia, tengo 72 años, y cuento esto con la voz que me alcanza y con la memoria que me queda. Me casé a los 23 años con Tomás. Trabajábamos los dos, Tomás en un taller eléctrico y yo en una papelerÃa. Decidimos buscar un hijo al año de casarnos, pero pasaron los meses y nada. Fui al médico. Después de estudios, la doctora explicó que tenÃa insuficiencia ovárica prematura. Mis ovarios ya no liberaban óvulos de forma regular. Dijo que en mi caso el daño era irreversible y que no lograrÃa un embarazo de manera natural. Me entregó un papel con los resultados y un folleto sobre adopción. Salà con la cabeza caliente y el estómago vacÃo. Tomás me abrazó en la banqueta del hospital. Caminamos a casa en silencio y la verdad, esa noche no pude dormir. Guardé el papel en un cajón y no lo volvà a mirar. Un par de meses después, al regresar del trabajo, pasé por el mercado a comprar jitomate y pan. Un hombre se me emparejó en la acera. Era alto y flaco, con camisa blanca arremangada. Llevaba la barba recién rasurada, porque la piel de las mejillas se veÃa irritada. Me dijo que si conocÃa una tienda de fotografÃa por la zona, le expliqué por dónde. Me agradeció, pero no se fue. Después me preguntó la hora, se la dije. y me preguntó si el pan de esa panaderÃa salÃa bien al dÃa
1:35 siguiente le dije que sà yo ya querÃa avanzar pero él con una sonrisa tensa soltó usted trae un dolor clavado aquà y con la mano señaló su propio vientre me detuve pues no me gustó y le respondà que tenÃa prisa el hombre con voz bajita dijo que a veces lo que se cierra por dentro se abre por fuera la verdad No entendà y me puse nerviosa. Intenté apartarme. Ãl se acercó sin brusquedad. Extendió la mano y apoyó dos dedos sobre mi vientre por encima del vestido. Apenas un segundo y me dijo,« No te preocupes más». Luego sacó un objeto metálico, hizo un movimiento que no describiré, y se hizo un daño mortal ahà mismo contra la sombra del poste. Todo se volvió ruido, y un señor trató de ayudarlo. Yo retrocedà hasta chocar con la pared de la panaderÃa. Un policÃa me habló, pero la verdad no dije nada útil. Me llevaron a una silla, pues me temblaban las piernas. En la noche Tomás me preparó té.
2:42 Quise contarlo como si hubiera sido una escena ajena, pero el toque en el vientre se me quedó como una moneda frÃa debajo de la piel. Durante dÃas evité pasar por esa acera. Me acostaba y al cerrar los ojos veÃa la camisa blanca, la piel irritada de sus mejillas y su frase corta, no te preocupes más. Un mes después empecé a sentir náuseas por las mañanas. Supuse que era estrés, pero luego el retraso. Entonces fui a una farmacia, me hice una prueba y salió positiva. No lo creÃ, asà que fui a otra farmacia, e igual salió positiva. Pedà cita, y la doctora me revisó y me confirmó el embarazo, de verdad, no entendÃa nada. Me habló de errores en los diagnósticos, de excepciones y de ciclos irregulares, pero yo solo escuchaba mi corazón en los oÃdos. Volvà a casa caminando despacio, con una mezcla de miedo y alegrÃa que me hizo sudar las manos. Ese mismo dÃa se lo conté a Tomás y lloramos los dos, pero decidà no volver a hablar del hombre del mercado nunca más.
3:53 El embarazo transcurrió sin problemas. Comà lo que me indicaron, dormà como me dijeron y fui a todas las citas. De lo feliz que estaba, aprendà el ritmo de los latidos en el monitor y cuando nació Samuel lloró con fuerza y pesó más de lo esperado, pero todo quedó bien. En casa se pegó al pecho y durmió como si supiera dónde estaba desde antes. Samuel creció rápido. A los diez meses ya se soltaba de los muebles y caminaba despacio por el pasillo. A los catorce meses señalaba objetos y decÃa palabras completas. A los dos años acomodaba sus carritos por tamaño y color, y hacÃa filas rectas que cruzaban la sala. Si una pieza faltaba, detectaba el hueco al instante. A los cuatro desarmó un reloj viejo y lo volvió a armar sin que yo le explicara nada.
4:49 En el kinder se aprendió los nombres de todos los compañeros en una semana, y la maestra decÃa que su memoria era excelente más que los demás. Pero a los seis años empezaron las pesadillas. Se sentaba en la cama, muy tieso, con los ojos abiertos, respirando agitado, y me decÃa que habÃa un ruido por dentro de la cabeza. llevé un cuaderno y anoté horas duración y palabras sueltas lo llevamos con un pediatra y después con un neurólogo dormimos una noche en una clÃnica para que lo observaran pero no encontraron algo fuera de lugar nos sugirieron rutina, cenas ligeras y menos televisión aplicamos todo pero las pesadillas siguieron más espaciadas pero siguieron y eso nos tenÃa intranquilos al despertar Samuel contaba que alguien se acercaba demasiado y que sentÃa un dedo frÃo en la panza la verdad me encogÃa por dentro cuando lo decÃa lo abrazaba y esperaba a que se calmara En primaria le fue bien y le gustaban las matemáticas. Yo lo veÃa resolver cuadernos completos y me quedaba sorprendida, pero no presumÃa, solo lo hacÃa.
6:06 En secundaria llevó una vida normal, tuvo amigos, se peleó con algunos por tonterÃas, tomaba agua directo de la jarra y dejaba las llaves por todos lados. Era su edad de rebeldÃa. En la prepa tuvo un gusto enorme con la electrónica, pues pasaba tardes enteras soldando componentes minúsculos, con una paciencia que yo jamás habÃa visto. Siempre hacÃa un sinfÃn de cosas, de verdad que era impresionante el poder ver lo que hacÃa. En la universidad estudió ingenierÃa, trabajó antes de terminar la carrera. y se compró una moto usada que cuidaba como si fuera un niño en su cuarto habÃa cajas con cables ordenados por calibre libretas llenas de fórmulas y en la esquina el mismo reloj que habÃa desarmado de pequeño marcando bien la hora las cosas raras si puedo llamarlas asà nunca se fueron del todo Samuel evitaba los hospitales, decÃa que el olor lo aturdÃa y jamás quiso entrar al mercado por el pasillo donde está la panaderÃa. La verdad, yo tampoco. En las reuniones familiares se sentaba lejos de las mujeres embarazadas, no hacÃa comentarios, solo se movÃa del lugar. A veces, mientras comÃamos, se quedaba mirando fijo el borde de su plato, como si estuviera en un trance. Lo dejábamos estar y luego volvÃa a la conversación. A los 40, Samuel era un hombre responsable.
7:35 Pagaba sus cuentas, mantenÃa su trabajo estable y me visitaba los domingos. Ese año compró herramientas nuevas para el taller donde colaboraba. la vida con todo y pequeñas grietas marchaba bien hasta que un jueves a media tarde me llamaron la voz de la persona que marcó sonaba tensa dijo su nombre me explicó que estaba en una calle del centro y que samuel habÃa tenido un episodio frente a una tienda lo perdimos dije en mi mente y mi corazón se aceleró no querÃa llegar y verlo pues sabÃa que algo malo le habÃa pasado lo sentÃa Pues uno como madre siente cosas, llámenlo sextos sentidos si gustan. Llegué cuando ya no habÃa nada por hacer, ya habÃa fallecido.
8:24 Un agente me pidió datos, le di lo que me pidió, luego me senté en la banqueta, en la misma postura en la que me senté tantos años atrás, con la espalda contra una pared que olÃa a humedad. Después vinieron los trámites y el cuarto vacÃo. Abrà cajas con cosas suyas y me detuve en cada cable, en cada libreta. Durante semanas no pude comer bien y el domingo dejé su taza en el lugar de siempre y me quedé viéndola un rato largo. De verdad que estaba destrozada. No podÃa asimilar lo que me habÃa pasado. Perdà a mi hijo, ese que con tanto esfuerzo pude tener, ese que llegó como un milagro a nuestras vidas. al mes una mujer que trabaja en una tienda de ropa cercana al centro me buscó me dijo que habÃa sido testigo ese dÃa me contó que samuel se emparejó con una muchacha en la banqueta le preguntó una dirección luego otra cosa como buscando tema La muchacha se reÃa nerviosa y la testigo dijo que Samuel extendió la mano y tocó con los dedos el vientre de la muchacha, apenas un segundo. Después se apartó un paso y se hizo daño de forma irreversible.
9:39 La muchacha fue resguardada por las autoridades y no he podido hablar con ella. La testigo alcanzó a escuchar un nombre cuando otros la llamaron. Marta Gastelum. Desde entonces, el recuerdo que yo habÃa olvidado hace décadas se abrió en mi mente. Me acordé del hombre de la camisa blanca, de los dedos en mi vientre y de su frase, no te preocupes más. Me negué a unir los puntos durante años, pero ahora, aún sin querer, los veo alineados. No busco explicaciones que no me lleven a nada, solo busco a Marta. He preguntado en oficinas y en redes del barrio, pero nadie me da un dato que valga la pena para poder encontrarla. Dicen que pudo mudarse a otra ciudad. También me dicen que trabaja en un restaurante.
10:29 Y otros me dicen que usa otro apellido. Yo no quiero nombres falsos ni historias de pasillo. Quiero saber si Marta está bien. Y quiero saber si por un giro que no entiendo, Marta quedó embarazada después de ese dÃa. No pido otra cosa. No pido perdón ni castigo. Solo quiero saber si de alguna manera mi hijo sigue su camino en otro cuerpo. No sé cómo llamarlo. Y la verdad, no necesito llamarlo. Solo necesito confirmarlo. guardo aún el reloj que samuel arregló de niño y cada mañana lo escucho dos minutos pues me asegura que el tiempo avanza aunque yo no tenga ganas de moverme he escrito el nombre de marta gastelum en una hoja que pegué dentro de la alacena Abro para tomar el café y ahà está, con letra clara, para que no me gane el olvido.
11:22 Si alguien que lea esto conoce a Marta Gastelum, le pido que me ayude a contactarla. No busco molestarla ni exponerla. No quiero cámaras ni preguntas malintencionadas. Solo quiero preguntarle si está esperando un hijo o si ya lo tuvo después de aquel dÃa. Si la respuesta es sÃ, sólo le diré lo único que necesito decirle cuÃdalo y cuÃdalo mucho si aprende rápido acompáñalo y si ordena objetos como si siguiera una regla invisible déjalo hacerlo si despierta de noche con miedo abrázalo sin hacer ruido y apágale la luz poco a poco no lo lleves al mercado por el pasillo de la panaderÃa y no lo acerques a los hospitales si no hace falta si un dÃa se queda viendo el borde del plato como si estuviera en trance déjalo que esté ahà quizás sea algo muy importante para él eso la verdad jamás lo entendà Pero supongo que era muy importante para él. Y si un dÃa te pide que no te preocupes más, amárralo a tu lado con todo lo que tengas a la mano, que no lastima. Paciencia, rutina, comida caliente y tardes sin prisa. No sé si mi petición tendrá respuesta. La verdad, no sé si Marta leerá esto.
12:42 Solo sé que mi historia empezó con un diagnóstico imposible. siguió con un toque breve en el vientre y se cerró con otro toque igual muchos años después en otra banqueta yo ahora camino despacio por calles distintas y ya no esquivo las esquinas he decidido contar lo que pase para dejar de llevarlo sola y si marta existe en esta ciudad o en la de al lado si alguien la ve y le cuenta que sepa que no quiero quitarle su paz sólo quiero saber si en algún lugar Mi hijo volvió a empezar, y si es asÃ, agradecer en silencio la oportunidad de escucharlo respirar otra vez, aunque sea desde lejos.
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