Oct. 25, 2025

Busco A Marta Gastélum: Si Me Escuchas, Entenderías Por Qué - Historias De Terror - REDE

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0:05 Me llamo Aurelia, tengo 72 años, y cuento esto con la voz que me alcanza y con la memoria que me queda. Me casé a los 23 años con Tomás. Trabajábamos los dos, Tomás en un taller eléctrico y yo en una papelería. Decidimos buscar un hijo al año de casarnos, pero pasaron los meses y nada. Fui al médico. Después de estudios, la doctora explicó que tenía insuficiencia ovárica prematura. Mis ovarios ya no liberaban óvulos de forma regular. Dijo que en mi caso el daño era irreversible y que no lograría un embarazo de manera natural. Me entregó un papel con los resultados y un folleto sobre adopción. Salí con la cabeza caliente y el estómago vacío. Tomás me abrazó en la banqueta del hospital. Caminamos a casa en silencio y la verdad, esa noche no pude dormir. Guardé el papel en un cajón y no lo volví a mirar. Un par de meses después, al regresar del trabajo, pasé por el mercado a comprar jitomate y pan. Un hombre se me emparejó en la acera. Era alto y flaco, con camisa blanca arremangada. Llevaba la barba recién rasurada, porque la piel de las mejillas se veía irritada. Me dijo que si conocía una tienda de fotografía por la zona, le expliqué por dónde. Me agradeció, pero no se fue. Después me preguntó la hora, se la dije. y me preguntó si el pan de esa panadería salía bien al día

1:35 siguiente le dije que sí yo ya quería avanzar pero él con una sonrisa tensa soltó usted trae un dolor clavado aquí y con la mano señaló su propio vientre me detuve pues no me gustó y le respondí que tenía prisa el hombre con voz bajita dijo que a veces lo que se cierra por dentro se abre por fuera la verdad No entendí y me puse nerviosa. Intenté apartarme. Él se acercó sin brusquedad. Extendió la mano y apoyó dos dedos sobre mi vientre por encima del vestido. Apenas un segundo y me dijo,« No te preocupes más». Luego sacó un objeto metálico, hizo un movimiento que no describiré, y se hizo un daño mortal ahí mismo contra la sombra del poste. Todo se volvió ruido, y un señor trató de ayudarlo. Yo retrocedí hasta chocar con la pared de la panadería. Un policía me habló, pero la verdad no dije nada útil. Me llevaron a una silla, pues me temblaban las piernas. En la noche Tomás me preparó té.

2:42 Quise contarlo como si hubiera sido una escena ajena, pero el toque en el vientre se me quedó como una moneda fría debajo de la piel. Durante días evité pasar por esa acera. Me acostaba y al cerrar los ojos veía la camisa blanca, la piel irritada de sus mejillas y su frase corta, no te preocupes más. Un mes después empecé a sentir náuseas por las mañanas. Supuse que era estrés, pero luego el retraso. Entonces fui a una farmacia, me hice una prueba y salió positiva. No lo creí, así que fui a otra farmacia, e igual salió positiva. Pedí cita, y la doctora me revisó y me confirmó el embarazo, de verdad, no entendía nada. Me habló de errores en los diagnósticos, de excepciones y de ciclos irregulares, pero yo solo escuchaba mi corazón en los oídos. Volví a casa caminando despacio, con una mezcla de miedo y alegría que me hizo sudar las manos. Ese mismo día se lo conté a Tomás y lloramos los dos, pero decidí no volver a hablar del hombre del mercado nunca más.

3:53 El embarazo transcurrió sin problemas. Comí lo que me indicaron, dormí como me dijeron y fui a todas las citas. De lo feliz que estaba, aprendí el ritmo de los latidos en el monitor y cuando nació Samuel lloró con fuerza y pesó más de lo esperado, pero todo quedó bien. En casa se pegó al pecho y durmió como si supiera dónde estaba desde antes. Samuel creció rápido. A los diez meses ya se soltaba de los muebles y caminaba despacio por el pasillo. A los catorce meses señalaba objetos y decía palabras completas. A los dos años acomodaba sus carritos por tamaño y color, y hacía filas rectas que cruzaban la sala. Si una pieza faltaba, detectaba el hueco al instante. A los cuatro desarmó un reloj viejo y lo volvió a armar sin que yo le explicara nada.

4:49 En el kinder se aprendió los nombres de todos los compañeros en una semana, y la maestra decía que su memoria era excelente más que los demás. Pero a los seis años empezaron las pesadillas. Se sentaba en la cama, muy tieso, con los ojos abiertos, respirando agitado, y me decía que había un ruido por dentro de la cabeza. llevé un cuaderno y anoté horas duración y palabras sueltas lo llevamos con un pediatra y después con un neurólogo dormimos una noche en una clínica para que lo observaran pero no encontraron algo fuera de lugar nos sugirieron rutina, cenas ligeras y menos televisión aplicamos todo pero las pesadillas siguieron más espaciadas pero siguieron y eso nos tenía intranquilos al despertar Samuel contaba que alguien se acercaba demasiado y que sentía un dedo frío en la panza la verdad me encogía por dentro cuando lo decía lo abrazaba y esperaba a que se calmara En primaria le fue bien y le gustaban las matemáticas. Yo lo veía resolver cuadernos completos y me quedaba sorprendida, pero no presumía, solo lo hacía.

6:06 En secundaria llevó una vida normal, tuvo amigos, se peleó con algunos por tonterías, tomaba agua directo de la jarra y dejaba las llaves por todos lados. Era su edad de rebeldía. En la prepa tuvo un gusto enorme con la electrónica, pues pasaba tardes enteras soldando componentes minúsculos, con una paciencia que yo jamás había visto. Siempre hacía un sinfín de cosas, de verdad que era impresionante el poder ver lo que hacía. En la universidad estudió ingeniería, trabajó antes de terminar la carrera. y se compró una moto usada que cuidaba como si fuera un niño en su cuarto había cajas con cables ordenados por calibre libretas llenas de fórmulas y en la esquina el mismo reloj que había desarmado de pequeño marcando bien la hora las cosas raras si puedo llamarlas así nunca se fueron del todo Samuel evitaba los hospitales, decía que el olor lo aturdía y jamás quiso entrar al mercado por el pasillo donde está la panadería. La verdad, yo tampoco. En las reuniones familiares se sentaba lejos de las mujeres embarazadas, no hacía comentarios, solo se movía del lugar. A veces, mientras comíamos, se quedaba mirando fijo el borde de su plato, como si estuviera en un trance. Lo dejábamos estar y luego volvía a la conversación. A los 40, Samuel era un hombre responsable.

7:35 Pagaba sus cuentas, mantenía su trabajo estable y me visitaba los domingos. Ese año compró herramientas nuevas para el taller donde colaboraba. la vida con todo y pequeñas grietas marchaba bien hasta que un jueves a media tarde me llamaron la voz de la persona que marcó sonaba tensa dijo su nombre me explicó que estaba en una calle del centro y que samuel había tenido un episodio frente a una tienda lo perdimos dije en mi mente y mi corazón se aceleró no quería llegar y verlo pues sabía que algo malo le había pasado lo sentía Pues uno como madre siente cosas, llámenlo sextos sentidos si gustan. Llegué cuando ya no había nada por hacer, ya había fallecido.

8:24 Un agente me pidió datos, le di lo que me pidió, luego me senté en la banqueta, en la misma postura en la que me senté tantos años atrás, con la espalda contra una pared que olía a humedad. Después vinieron los trámites y el cuarto vacío. Abrí cajas con cosas suyas y me detuve en cada cable, en cada libreta. Durante semanas no pude comer bien y el domingo dejé su taza en el lugar de siempre y me quedé viéndola un rato largo. De verdad que estaba destrozada. No podía asimilar lo que me había pasado. Perdí a mi hijo, ese que con tanto esfuerzo pude tener, ese que llegó como un milagro a nuestras vidas. al mes una mujer que trabaja en una tienda de ropa cercana al centro me buscó me dijo que había sido testigo ese día me contó que samuel se emparejó con una muchacha en la banqueta le preguntó una dirección luego otra cosa como buscando tema La muchacha se reía nerviosa y la testigo dijo que Samuel extendió la mano y tocó con los dedos el vientre de la muchacha, apenas un segundo. Después se apartó un paso y se hizo daño de forma irreversible.

9:39 La muchacha fue resguardada por las autoridades y no he podido hablar con ella. La testigo alcanzó a escuchar un nombre cuando otros la llamaron. Marta Gastelum. Desde entonces, el recuerdo que yo había olvidado hace décadas se abrió en mi mente. Me acordé del hombre de la camisa blanca, de los dedos en mi vientre y de su frase, no te preocupes más. Me negué a unir los puntos durante años, pero ahora, aún sin querer, los veo alineados. No busco explicaciones que no me lleven a nada, solo busco a Marta. He preguntado en oficinas y en redes del barrio, pero nadie me da un dato que valga la pena para poder encontrarla. Dicen que pudo mudarse a otra ciudad. También me dicen que trabaja en un restaurante.

10:29 Y otros me dicen que usa otro apellido. Yo no quiero nombres falsos ni historias de pasillo. Quiero saber si Marta está bien. Y quiero saber si por un giro que no entiendo, Marta quedó embarazada después de ese día. No pido otra cosa. No pido perdón ni castigo. Solo quiero saber si de alguna manera mi hijo sigue su camino en otro cuerpo. No sé cómo llamarlo. Y la verdad, no necesito llamarlo. Solo necesito confirmarlo. guardo aún el reloj que samuel arregló de niño y cada mañana lo escucho dos minutos pues me asegura que el tiempo avanza aunque yo no tenga ganas de moverme he escrito el nombre de marta gastelum en una hoja que pegué dentro de la alacena Abro para tomar el café y ahí está, con letra clara, para que no me gane el olvido.

11:22 Si alguien que lea esto conoce a Marta Gastelum, le pido que me ayude a contactarla. No busco molestarla ni exponerla. No quiero cámaras ni preguntas malintencionadas. Solo quiero preguntarle si está esperando un hijo o si ya lo tuvo después de aquel día. Si la respuesta es sí, sólo le diré lo único que necesito decirle cuídalo y cuídalo mucho si aprende rápido acompáñalo y si ordena objetos como si siguiera una regla invisible déjalo hacerlo si despierta de noche con miedo abrázalo sin hacer ruido y apágale la luz poco a poco no lo lleves al mercado por el pasillo de la panadería y no lo acerques a los hospitales si no hace falta si un día se queda viendo el borde del plato como si estuviera en trance déjalo que esté ahí quizás sea algo muy importante para él eso la verdad jamás lo entendí Pero supongo que era muy importante para él. Y si un día te pide que no te preocupes más, amárralo a tu lado con todo lo que tengas a la mano, que no lastima. Paciencia, rutina, comida caliente y tardes sin prisa. No sé si mi petición tendrá respuesta. La verdad, no sé si Marta leerá esto.

12:42 Solo sé que mi historia empezó con un diagnóstico imposible. siguió con un toque breve en el vientre y se cerró con otro toque igual muchos años después en otra banqueta yo ahora camino despacio por calles distintas y ya no esquivo las esquinas he decidido contar lo que pase para dejar de llevarlo sola y si marta existe en esta ciudad o en la de al lado si alguien la ve y le cuenta que sepa que no quiero quitarle su paz sólo quiero saber si en algún lugar Mi hijo volvió a empezar, y si es así, agradecer en silencio la oportunidad de escucharlo respirar otra vez, aunque sea desde lejos.