Sept. 2, 2026

Ganar una guerra no es lo mismo que terminarla

Ganar una guerra no es lo mismo que terminarla

En 2025 el gasto militar mundial alcanzó los 2,887 billones de dólares, el nivel más alto desde 2009 y el undécimo año consecutivo de subida. Buena parte de ese incremento ya no financia guerras que están ocurriendo, sino ejércitos, fábricas y arsenales que se preparan para las que todavía no han empezado. Analizamos por qué esa diferencia importa: una guerra puede terminar, pero una economía diseñada para la próxima guerra no tiene ninguna razón para hacerlo. Repasamos el caso de la empresa checa que multiplicó sus ingresos militares un 193% en un solo año fabricando munición para Ucrania, el plan europeo de rearme que moviliza cientos de miles de millones de euros en deuda a varias décadas, y el objetivo de la OTAN de destinar el 5% del PIB a defensa en 2035. Volvemos también a 1934, cuando el Senado de Estados Unidos interrogó durante meses a banqueros y fabricantes de armas sin encontrar la conspiración que todos esperaban, y a 1961, cuando Eisenhower advirtió sobre el nacimiento de un complejo militar-industrial capaz de generar poder por sí mismo. La conclusión incómoda es la misma en ambos casos: nadie necesita actuar de mala fe para que un sistema entero se organice en torno a la próxima amenaza. Terminamos con Hans Leip, un soldado alemán de la Primera Guerra Mundial, y con los escritores que sobrevivieron al Somme frente a los que la guerra no dejó llegar a escribir nada. Si cada año se bate un récord de gasto militar, ¿qué parte de esa maquinaria seguiría funcionando aunque mañana llegara la paz?


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