021. Los frascos de miel El cuento de la lechera Audiocuento con valores

Los frascos de miel castillos en el aire el cuento de la lechera. El hijo de los granjeros salió muy temprano de casa. Aquella mañana apenas habÃa amanecido cuando cruzó la berja y enfiló el camino que le llevarÃa directamente al pueblo, descendiendo por una suave colina. Estaba exultante y tenÃa motivos. Se dirigÃa al mercado para vender la primera miel que habÃa elaborado su familia. Los padres del muchacho decidieron que las abejas serÃan una buena opción para aumentar el rendimiento de la granja, Asà que invirtieron dinero y mucho esfuerzo en unas colmenas que ahora alcanzaban su primera producción. Como el chico, le hacÃa mucha ilusión y habÃa estado esperando el dÃa con ansiedad. Le acomodaron tres grandes frascos dentro de un capazo de esparto. El cual cogió enseguida con ambas manos y sujetó contra el pecho buscando de adoptar la postura más cómoda y segura que le fuera posible y le encomendaron llevarlo al mercado, donde la venta estaba ya apalabrada. Ahora avanzaba alegremente por aquel camino. Cabeza erguida, cabello al viento y la mirada fija en el horizonte, como quien se sabe, a punto de dar un paso que cambiará el destino de la humanidad para siempre. Mientras caminada, intentó adivinar el beneficio que obtendrÃa con la operación. Sin duda serÃa cuantioso, pues no era fácil encontrar miel de calidad por aquellos contornos. HarÃa un buen negocio seguro y con aquellas ganancias bien invertidas. Su familia podrÃa quizá comprar más animales o hacerse cargo de más colmenas. Y comerciarÃan con lo producido y volverÃan a comprar colmenas y vacas y venderÃan más y más cada vez y en poco tiempo. Con aquel sistema serÃan dueños de la granja más importante del paÃs. TendrÃan muchos empleos. Sin duda, una cocinera y un conductor para el fabuloso coche que su padre iba a comprar. Se imaginaba en la enorme piscina o en la casa de la ciudad, donde pasarÃa temporadas con sus amigos. Eso en el tiempo que le sobrase entre viaje y viaje, porque tenÃa intención de conocer muchos paÃses, presenciar acontecimientos destacados y asistir a cantidad de fiestas a las que iban a invitarle visitarÃa las mejores tiendas. Claro, en su nueva situación no era plan ir vestido de cualquier manera al relacionarse con gente importante. TendrÃa que cuidar mucho su aspecto gimnasio, masajes manicura alguna joya estaba feliz, podÃa verse claramente en su nueva vida, pero fue la mala suerte o la falta de atención o culpa del viento que vino a estamparle el pelo contra la cara o de todos juntos. Pero el caso es que lo que no pudo ver fue la roca que tenÃa delante de las narices y contra la que chocó su pie tras el golpe y al comprender que se estampaba contra el suelo, echó las manos instintivamente hacia adelante para protegerse de la caÃda, lanzando por los aires a gran velocidad el capazo con los frascos de miel. El primero tuvo un suave aterrizaje sobre la hierba alta colindante, pero los tres delicados recipientes voladores fueron a estrellarse con gran estrépito contra el suelo pedregoso, esparciendo por el camino en un instante, la miel y todas las riquezas que el muchacho esperaba obtener nunca nadie perdió tanto en tan poco tiempo, y es que no hay que ser impaciente. En lo que al futuro se refiere. No podemos esperar un beneficio basado en esperanzas vanas o que no tienen fundamento. Son esenciales la imaginación y la ilusión, pero la fantasÃa en exceso o soñar de despiertos puede hacer que no prestemos suficiente atención a lo que tenemos entre manos








