005. 10 Cuentos con valores y sabiduría Vol. 04 Cuentos para pensar y reflexionar

La grave enfermedad la niña que no podÃa decir por favor ni gracias. Hubo una vez una chiquilla que no podÃa decir por favor ni tampoco gracias. Estas dos palabritas tan agradables no querÃan sencillamente salirle de la boca. Sus padres se enfadaban mucho por ello y el abuelo aún más. Pero la abuela contemplaba a la muchachita y sentÃa dolor. Está enferma, dijo al fin llamada a la doctora. Vino la doctora y examinó con cuidado a la chiquilla. No tiene absolutamente nada en el cuello ni en la lengua, dijo la sabia mujer y se marchó de nuevo. Asà pues, tiene algo en el corazón, afirmó la abuela. Nadie sabÃa qué hacer, Nadie podÃa ayudar y, sin embargo, era una grave enfermedad y un verdadero dolor. Si venÃa alguna tÃa de visita y traÃa consigo cosas buenas. CorrÃa a la muchacha a esconderse detrás de la casa. No querÃa recibir regalos, pues no podÃa decir gracias. Como manda la buena educación. Una vez estaba toda la familia en el campo, en casa de unos primos y primas. En la fiesta sirvieron mosto dulce y pan moreno recién amasado y con ello también nueces tiernas. Ah qué bueno era aquello y todos se alegraron, pero a la muchacha se le ocurrió que tendrÃa que decir por favor y gracias, y dejó todas aquellas apetitosas cosas y dijo que no le apetecÃan. PreferÃa ir a verlos conejitos. Pero cuando estuvo con los conejitos, empezaron a correr libremente las lágrimas por sus mejillas. SentÃa algo como un peso que le oprimÃa el corazón. Ay era tan triste. No poder decir, por favor y gracias, y el mosto dulce era precisamente para ella lo mejor del mundo. Detrás de la casa de los campesinos se extendÃa un amplio bosque hacia allà corrió la muchacha para ocultar su dolor. Entonces vio junto al camino una gran mata de zarzas llena a más no poder de moras maduras. Oh, cuántas exclamó la muchacha. Voy a cogerlas, pero al ir a hacerlo, qué sucedió. La mata retiró sus ramas y un ratoncito dijo desde dentro di enseguida, por favor, y entonces podrás cogerlas todas. La chiquilla puso cara de disgusto. Se volvió y siguió corriendo, pues, por favor, era justamente una de las palabras que no podÃa decir. Al poco llegó junto a un avellano. Los frutos de color pardo dorado eran tentadores ah cómo recordaban a la Navidad. La chiquilla corrió hacia allÃ, pero al acercarse las ramas del avellano se levantaron con todos sus frutos hacia lo alto y una ardilla gritó desde el árbol tú como no puedes decir gracias. Tampoco debes coger avellanas hecho a correr de nuevo disgustada y de tanto correr sintió SED. Por eso se alegró cuando oyó entre la maleza un suave rumor que procedÃa de un manantial, pero apenas se hubo inclinado para coger agua con la mano. Se retiró de pronto el manantial y desapareció en la roca aterrada. Levantó la mirada y vio junto a sà un cervatillo. El pobre animal llevaba la lengua de fuera. Era evidente que venÃa atormentado por la SED, pero el manantial habÃa desaparecido y no parecÃa que quisiera volver a salir de nuevo algo se removió en el corazón de la chiquilla, acarició al animal y dijo yo tengo la culpa de que tú tengas que pasar sed pobre cervatillo. La muchacha sollozaba más y más desconsoladamente. Entonces comenzó a decir de manera inesperada. Por favor querido manantial, regálanos de nuevo tu agua en la roca. Se oyó inmediatamente un alegre cantar. A continuación brotó el agua y, claro como la plata, fluyó de nuevo el manantial. La chiquilla y el cervatillo bebieron y cuando ella tuvo bastante dijo con voz fuerte y clara. Gracias. Entonces se dio cuenta de que habÃa caÃdo algo al suelo. A su lado. Era una piedra que le habÃa caÃdo a la muchacha del corazón. La chiquilla se sentÃa muy ligera, libre del peso que antes le oprimÃa. En lugar del cervatillo, habÃa ahora una hermosa hada a su lado. Esta dijo ahora ya estás curada. Gracias, repitió la chiquilla y se quedó contemplándola llena de inmensa felicidad. Luego echó a correr loca de alegrÃa y salió del bosque. De repente sintió deseos de ver a sus primos y a sus primas y fue a buscar a la pradera donde estaban jugando. Cuando vieron de lejos a la fugitiva, gritaron todos irónicamente y eres Ahora mosto dulce y pan moreno y nueces sÃ, por favor, dijo la chiquilla. Entonces corrieron hacia la casa y le trajeron de todo ella cada vez más contenta. DecÃa gracias, gracias, muchas gracias y reÃa sin cesar y sentÃa ligero su corazón. Naturalmente, habÃa desaparecido la piedra que le oprimÃa y no le dejaba decir ni por favor ni gracias. Podéis imaginaros cómo se alegraron los padres de que su hijita estuviera ahora curada de su grave enfermedad. Pero aún más felices estaban el abuelo y la abuela, y la más contenta de todos era la propia chiquilla colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la felicidad. En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer, planearon hacerlo a su imagen y semejanza. Entonces uno de ellos dijo esperad Si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro y fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros de no ser asà estarÃamos creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo, pero qué les quitamos. Después de mucho pensar, uno de ellos dijo ya sé vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser donde esconderla para que no la encuentren jamás. Otro propuso. Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo, a lo que hay inmediatamente. Un tercero replicó. No recuerda que les dimos fuerza alguna vez alguien subirá y la encontrarán y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está un dios de voz profunda intervino, entonces la esconderemos en el fondo del mar. No no se oyó. Recuerda que les dimos inteligencia alguna vez alguien construirá una máquina en la que puedan entrar y sumergirse y entonces la encontrarán uno más, dijo escondámosla en un planeta lejano a la tierra. El dios que tenÃa a su derecha le susurró apresuradamente. No recuerda que les dimos inteligencia y un dÃa alguien construirá una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la descubrirá y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros. El último de ellos era un Dios que habÃa permanecido en silencio, escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses. Analizó con calma cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren. Todos se giraron asombrados y preguntaron agitados dónde dónde la esconderemos dentro de cada uno de ellos estarán tan ocupados buscándola fuera y nunca la encontrarán. Todos estuvieron de acuerdo y asà lo hicieron y desde entonces asà ha sido. Las personas se pasan la vida buscando la felicidad por todas partes y, en realidad, sin ellos saberlo, la han tenido todo el tiempo en su interior olorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. La historia del lápiz. Pedro miraba a su abuelo mientras éste parecÃa anotar algo en un pequeño cuaderno inclinado sobre su escritorio. En un momento dado, le preguntó estás escribiendo una historia que o nos pasó a los dos es quizá un relato sobre mÃ. El abuelo dejó su tarea por un momento, se giró sonriente y dijo al chico estoy escribiendo algo sobre ti. Es cierto, sin embargo, más importante que las palabras que escribo es el lápiz que estoy usando. Sabes, Me gustarÃa que tú fueses como él. Cuando crezcas el niño miró el lápiz intrigado y no vio nada de especial. Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida, bueno, todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona equilibrada y en paz. Contigo mismo. Primera cualidad puedes conseguir grandes cosas, pero no olvides nunca que es tu espÃritu el que guiará tus pasos, tal como tú guÃas los trazos de tu lapicero. Si tienes un espÃritu firme y generoso, cir y generosos serán tus actos. Segunda de vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final estará más afilado en la vida. Debe ser capaz de soportar en ocasiones algunas penas y dolores, porque te harán mejor persona. Tercera, el lápiz siempre permite que usemos un borrador para suprimir aquello que no está bien. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente negativo, sino una acción importante para mantenernos en el buen camino. Cuarta, lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por tanto, cuida especialmente lo que sucede en tu interior. Ahà está tu esencia, tus valores y tus capacidades. Finalmente, la quinta cualidad del lápiz siempre deja una marca, pues has de saber que, del mismo modo, todo lo que hagas en la vida, dejará alguna huella en alguien intenta ser consciente de tus actos y de las consecuencias que tienen sobre los demás. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. La isla de los sentimientos, el amor y el tiempo. HabÃa una vez una isla en la que vivÃan todos los sentimientos y valores de las personas, la alegrÃa, la tristeza, la sabidurÃa. Un dÃa se anunció que la isla se hundÃa. Entonces prepararon sus barcos y partieron únicamente. El amor se quedó esperando solo hasta el último momento. Al cabo de un tiempo, el amor decidió pedir ayuda para salir de la isla y salvarse. La riqueza pasó cerca de la en una barca muy lujosa y llena de tesoros. El amor le dijo riqueza me puedes llevar contigo. No puedo Respondió la riqueza, porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti. Entonces el amor le pidió al orgullo que pasaba por allÃ. Orgullo te, ruego que me lleves contigo a tierra firme. No puedo contestó el orgullo aquÃ. Todo es perfecto. PodrÃas arruinar mi barca. Pasó también cerca la tristeza y el amor le dijo tristeza, déjame ir contigo, oh amor. Respondió la tristeza. Estoy tan triste que necesito estar sola. Pasó también la alegrÃa, pero estaba tan alegre y con sus carcajadas hacÃa tanto ruido que no se enteró de la llamada del amor. De pronto una voz cascada dijo ven amor, te llevo conmigo a la orilla a tierra firme. Era un viejecito el que le habÃa llamado el amor. Se puso tan contento que se le olvidó preguntarle al Anciano cómo se llamaba. Cuando llegó a tierra firme, el Anciano se marchó el amor. Se dio cuenta de cuánto le debÃa al Anciano y querÃa agradecérselo, pero no sabÃa quién era el que le habÃa llevado consigo. La sabidurÃa en ese momento se acercaba al amor. Entonces el amor aprovechó la ocasión y le preguntó sabidurÃa. Puedes decirme quién me ayudó. Ha sido el tiempo. Respondió la sabidurÃa el tiempo. Se preguntaba el amor. Por qué será que el tiempo me ha ayudado. La sabidurÃa con todo su conocimiento y experiencia le contestó ha sido el tiempo. Por qué sólo el tiempo es capaz de comprender cuán importante es el amor en la vida colorÃn colorado este cuento se ha acabado la cosecha. En un oasis escondido en medio del desierto, se encontraba un anciano de rodillas, a pocos metros de un grupo de palmeras datileras. Su vecino jaquÃn, que habÃa salido temprano para visitar a unos comerciantes de telas, se detuvo a abrevar sus camellos y lo vio sudando mientras parecÃa calar en la arena. Qué tal anciano le dijo. Muy bien contestó el anciano saludando con una mano, pero sin dejar su tarea. Qué haces aquà con este calor y esa pala en las manos. Si en dro dátiles contestó el hombre dátiles, repitió el recién llegado y cerró los ojos. Como quien escucha la mayor estupidez, el calor te ha dañado el cerebro querido. Amigo dime cuántos años tienes o o che, pero eso qué importa mira amigo. Los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y hasta que lleguen a ser palmeras adultas no estarán en condiciones de dar frutos. Aunque vivas hasta los cien años, difÃcilmente podrás llegar a recoger algo de lo que siembras anda. Deja eso y ven conmigo a sentarte a la sombra. Mira jaquÃn, yo como los frutos que otra mujer u otro hombre sembraron otros que tampoco soñaron comprobar estos dátiles, yo siembro hoy para que quien lo necesite pueda comer mañana lo que planto y aunque sólo sea en reconocimiento a aquellas personas vale la pena terminar mi tarea colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. El optimista y el pesimista. Ãrase una vez dos niños, uno optimista y otro pesimista en casa. Cada uno disponÃa de su propio cuarto de recreo. El pesimista lo tenÃa todo lleno de juguetes que le habÃan llevado sus familiares y amigos con motivo de su cumpleaños o como regalos de Navidad. Ahora bien, el niño siempre lo recibÃa con lágrimas, pues nunca le regalaban lo que él más querÃa, un tambor. Tal era su obsesión por conseguir un tambor que era incapaz de contentarse con otros juguetes por muy bonitos y divertidos que fuesen. Esa era la razón por la cual todos los regalos estaban como de costumbre, tirados por el suelo, completamente abandonados por su dueño. El pequeño optimista no era tan afortunado. Lo único que tenÃa en su cuarto era un triste montoncito de estiércol de granja y un palo. Un dÃa de lluvia después de la merienda los padres se asomaron a las habitaciones de sus hijos para ver si estaban pasando una buena tarde como de costumbre, pero el pequeño ponÃa pesimista estaba lloriqueando porque no lograba encontrar un tambor entre su enorme montaña de juguetes. En el cuarto del pequeño optimista, el panorama era bien distinto. Al asomarse, vieron a un niño risueño y feliz escarbando animadamente entre el estiércol con el palo. Mientras removÃa la pestilente masa, oyeron que decÃa en voz baja con ojos llenos de emoción. Qué bien, si tenemos estiércol en la granja, es porque hay un cabatito cerca y es que la felicidad no está en las cosas que posees, ni en grandes aventuras que puedas llegar a vivir, ni siquiera en una gran cantidad de personas que pudieran apoyar tu causa ser feliz depende de ti mismo, de tu actitud, de tu capacidad para adaptarte y para comprender el mundo que te rodea. No dudes que en cada instante de tu vida tendrás seguro una oportunidad de vivir algo maravilloso. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el abogado y las peras. Un hombre abogado de profesión fue invitado a los festejos de una boda que se celebraba en su pueblo natal, un tanto distante de la ciudad en que vivÃa. Llegado el dÃa del acontecimiento, decidió acudir a la celebración. Dando un agradable paseo, Salió de su casa, observó el cielo durante unos segundos y se puso en marcha. Tras un buen rato de camino, encontró al borde del sendero un cesto lleno de peras, como habÃa salido temprano, y el recorrido era largo y fatigoso. Ciertamente ya tenÃa apetito, pero pensando en conservarlo y disfrutar de los manjares que le esperaban en la boda, decidió despreciar la fruta y asÃ, dando un puntapié al cesto, lo arrojó al lodo. Retomó su viaje y poco después, en medio de un prado, se encontró delante de un riachuelo que debÃa cruzar, pero tan crecido. VenÃa a causa de las lluvias de los últimos dÃas que la corriente se habÃa llevado el puente, no habiendo por allà ninguna barca que le trasladara al otro lado. No le quedó más remedio que volverse a casa por el mismo camino por el que habÃa llegado hasta allà y sin haber comido nada en absoluto. Tras otro rato de caminata, notó que comenzaban a fallarle las piernas por el esfuerzo y el hambre le acosaba a tal extremo que, al pasar delante de las peras que habÃa arrojado al fango, no tuvo más remedio que ensuciarse los zapatos, recogerlas y comérselas después de haberlas limpiado lo mejor que pudo Ese dÃa aprendió que el valor de algunas cosas está en la utilidad que tienen para todos y si en un momento no las necesitas, puede que otro sÃ, o quizá tú mismo. Más adelante, y mientras regresaba, pensó que aquellas peras no estaban allà para él, sino para aquel que realmente las necesitase. Quien no desperdicia lo útil jamás carece de lo necesario. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado un antiguo consejo chino. HabÃa una vez un campesino chino pobre, pero sabio que trabajaba la tierra duramente con su hijo, un dÃa, el hijo le dijo padre, qué desgracia se nos ha ido el caballo, por qué le llamas desgracia respondió el padre? Veremos lo que trae el tiempo? A los pocos dÃas, el corcel regresó acompañado de otro caballo. Padre, qué suerte celebró esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traÃdo otro caballo, por qué le llamas suerte repuso el padre. Veamos qué nos trae el tiempo? En unos cuantos dÃas más, el muchacho quiso montar en el potro nuevo y éste no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna. Padre, qué desgracia lamentaba. Ahora el muchacho me he quebrado la pierna. El padre, retomando su experiencia y sabidurÃa, sentenció por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo, al muchacho no le convencÃa la respuesta y continuaba jimoteando en su cama. Pocos dÃas después pasaron por la aldea unos funcionarios del ejército, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de lado largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que creer que la desgracia o la fortuna son absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo para ver cuánto de malo o bueno nos traerá en realidad colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado regalos de rabia y rencor. HabÃa una vez una profesora muy comprometida y estricta, pero considerada también por sus alumnos, una mujer justa y comprensiva. Al terminar el último dÃa de clase del año. Mientras la maestra organizaba unos documentos encima de su escritorio. Se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante, le dijo, Profesora, lo que me alegra de haber terminado las clases es que no tendré que escuchar más sus tonterÃas y podré descansar de ver su aburrida cara. El chico estaba erguido con actitud arrogante en espera de que la maestra reaccionara ofendida y de forma descontrolada. La profesora miró al alumno por un instante y de forma muy tranquila, le preguntó cuando alguien te ofrece algo que no quieres, tú lo coges. El alumno quedó desconcertado por el tono cálido de la pregunta, por supuesto que no contestó despectivamente el muchacho bueno prosiguió ella cuando alguien intenta ofenderme o me dice cosas desagradables. Me está ofreciendo algo en tu caso es una emoción de rabia y rencor que puedo decidir, no aceptar, no entiendo a qué se refiere. Dijo el joven confundido. Es muy sencillo. Tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendida o me pongo furiosa, estaré aceptando tu regalo. Pero, amigo mÃo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad. Muchacho incluyó la mujer en tono amable. La vida nos da la libertad de amargarnos o de ser felices. Tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa. Yo no puedo controlar lo que tú cargas en tu corazón, pero de mà depende lo que yo llevo en el mÃo. Cada dÃa, en todo momento. Tú puedes escoger qué emoción, es o sentimientos quieres poner dentro de ti y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo por qué es tan grande la libertad que nos da la vida y hasta tenemos la opción de amargarnos o de ser felices colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el elefante que perdió su anillo. Cuentan que un joven y ha puesto elefante se adentró un dÃa en la Selva con su familia con intención de buscar alimen y después refrescarse en un rÃo cercano de camino se encontraron con otra manada de elefantes que se dirigÃa al mismo lugar. Los adultos se saludaron con sus trompas y charlando y caminando y al tiempo picoteando en un rato. Llegaron todos a un pequeño remanso del rÃo. Allà entre juegos y chapoteos con otros jóvenes elefantes conoció a una preciosa elefantita de la que quedó profundamente enamorado. A partir de entonces se vieron a menudo y después de un tiempo de largos paseos y profundas conversaciones, ambos entendieron que estaban hechos el uno para el otro. Un dÃa por fin, el elefante le pidió matrimonio y la elefantita, sin dudarlo ni un instante, le dijo que sÃ. Cuando se supo la noticia, las dos familias se alegraron muchÃsimo y y en s ño comenzaron los preparativos de la boda. Todos quisieron colaborar. Unos se encargaron de la organización del banquete, otros ayudaron con las invitaciones y los adornos. HabÃa mucho ajetreo mucha felicidad y no pocos nervios. Algunas elefantas confeccionaron el vestido de boda y un primo del novio orfebre de gran prestigio. Fabricó dos magnÃficas alianzas. Todo estaba saliendo perfecto. Un dÃa antes del enlace, el novio pasó a recoger los anillos. Quedó muy satisfecho con el trabajo del joyero. Le gustó especialmente la delicadeza con la que habÃa grabado en el interior de las sortijas, el nombre de los prometidos y la hermosa piedra engarzada en el de la novia. Sin perder tiempo, se los colocó en la trompa y se fue de allà muy contento. De camino a casa. No dejaba de admirar los anillos. Levantaba la trompa a cada momento para verlos de cerca y cada vez que lo hacÃa soltaba un profundo suspiro y sonreÃa de oreja a oreja y como iba pensando en sus cosas y no en donde pisaba. Al llegar a la orilla del rÃo, tropezó con una piedra y cayó torpemente al agua. Por suerte, la cosa no fue grave y pudo levantarse sin más consecuencias que una buena mojadura. O eso pensaba él hasta que advirtió con espanto que el anillo de la novia se le habÃa caÃdo al arroyo. Se quedó helado de pronto el estómago se le hizo un nudo, el corazón le latÃa desbocado y el resto de su cuerpo temblaba sin control. Los nervios se habÃan apoderado de él. Al momento empezó a dar vueltas en cÃrculos, agitando sus enormes orejas con furia. No sabÃa qué hacer, asà que hizo lo primero que se le ocurrió. Se levantó sobre las patas traseras y se dejó caer con fuerza hacia adelante, golpeando repetidamente el agua de la orilla. A continuación escarbó en la arena con ansiedad y cuanto más removÃa el fango, más se enturbiaba el agua y más difÃcil se hacÃa encontrar nada en el fondo del rÃo. InsistÃa e insistÃa en el error, pensando ya en el gran disgusto de su prometida. Cuando se enterase de lo que habÃa pasado, el viejo búho, que todo lo veÃa y todo lo sabÃa, observaba atónito desde una rama de un árbol, no pudo quedarse callado y le gritó alto alto detente para pero el elefante estaba tan estresado y concentrado en golpear y remover que no podÃa escuchar lo que el búho le decÃa. Este se acercó mucho más y le gritó de nuevo allto qué estás haciendo para allá. Esta vez, el elefante se dio cuenta de que alguien le hablaba y decidió prestar atención, pues el búho era sabio y siempre daba buenos consejos. Te aseguro que esa no es forma de solucionar el problema. Antes de nada cálmate un poco, el elefante ni siquiera contestó. Estaba agotado muy triste, las orejas caÃdas, los ojos llorosos y todo el cuerpo cubierto de barba. Ahora que te has sosegado, has recuperado la capacidad de escuchar, continuó diciendo el búho. Los nervios no te dejan pensar con claridad escarbando de esa manera levantas tierra y enturbias el agua. No lograrás nada con esa actitud. Sólo quédate quieto un momento y observa el elefante pudo ver cómo la tierra se iba depositando poco a poco en el fondo, el agua se aclaró y entonces algo comenzó a brillar en el lecho del rÃo. Era el anillo de boda. Se puso muy contento. Lo recogió con mucho cuidado. Le agradeció al búho. Mil vez su ayuda, se quitó el barro de encima y se fue a su casa para celebrar la boda al dÃa siguiente sin más sobresaltos a la hora de afrontar un problema o una decisión importante. La ansiedad y los nervios te pueden llevar al caos. La mente se nubla y somos incapaces de pensar con claridad jamás desesperes. La paciencia y la serenidad serán tus aliadas. Párate escucha, observa y encontrarás una solución colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado








