003. 7 Fábulas con moraleja Cuentos de animales

El Zorro y la Cigüeña. Doña Cigüeña y Don Zorro solÃan verse de vez en cuando les gustaba hablar un rato y compartir historias. Pero al Zorro, Doña Cigüeña le parecÃa demasiado presumida y un dÃa pensó en gastarle una broma. Asà avisó de que irÃa a visitarla a su casa y después de charlar un rato, le dijo eso estupendo poder hablar contigo Cigüeña, estoy pensando que serÃa fantástico que vinieras mañana a comer a mi casa. Ah pues, yo encantada, contestó la cigüeña y asà quedaron en que Doña Cigüeña visitarÃa a Don Zorro. Al dÃa siguiente, Doña Cigüeña estaba muy contenta y acudió a comer con sus mejores galas a casa de Don Zorro. Allà estaba él esperando con la mesa puesta y una suculenta sopa servida en dos platos grandes. El Zorro disfrutó de la comida, lamiendo la sopa con la lengua. La pobre cigüeña, sin embargo, con su pico largo y estrecho, no era capaz de pillar nada de sopa y no pudo probar bocado, pero como era muy educada, no dijo nada y al final de la comida le dio las gracias a Don Zorro y le dijo que todo estaba delicioso. Don Zorro reÃa para sus adentros muy contento de que le hubiera salido bien la broma y Doña Cigüeña antes de irse invitó a Don Zorro a comer al dÃa siguiente en su casa como muestra de agradecimiento. Al dÃa siguiente, don Zorro fue a casa de Doña Cigüeña. El olor que salÃa de la cocina era realmente delicioso, pero al sentarse a la mesa, Don Zorro vio que la comida estaba depositada en lo más hondo de una botella alargada. Doña cigüeña no tenÃa ningún problema con su pico largo. ConseguÃa atrapar el más pequeño de los pedacitos de comida, mientras que Don Zorro, por más que lo intentaba, no conseguÃa comer nada. Estiraba y estiraba la lengua, pero sólo lograba lamer el cristal. Trata a los demás como a ti te gustarÃa que te trataran. Es importante usar la empatÃa en nuestras relaciones con los otros. A veces hacemos bromas demasiado pesadas. Imagina por un momento que estás en el lugar de esa persona y piensas si a ti te gustarÃa recibir la misma broma. Si alguien que conocemos ha sido amable y cordial con nosotros, debemos ser agradecidos y evitar burlas o comportamientos que puedan hacer que sufra o se sienta incómodo colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la luciérnaga y la serpiente. Se cuenta que en el atardecer de un caluroso dÃa de verano, volaba una luciérnaga feliz y distraÃda, moviéndose con gracia arriba y abajo mientras se dirigÃa a su casa. Pero una serpiente que estaba hambrienta y aburrida la vio pasar y sin pensárselo dos veces empezó a perseguirla. Cuando creyó que ya la tenÃa a su alcance, le lanzó un bocado, al tiempo que estiraba todo su cuerpo y daba un gran salto. Por muy poco, la luciérnaga consiguió esquivarla ágilmente y, aunque se llevó un susto impresionante, se concentró y escapó con rapidez, aún con el miedo en el cuerpo pero la feroz depredadora no pensaba desistir en su intento de comérsela y siguió persiguiéndola con tozudez. La luciérnaga pudo oir durante el primer dÃa, pero la serpiente no desistÃa dos dÃas y nada. Al tercer dÃa, ya sin fuerzas. La luz ciérnaga detuvo el vuelo y fue a posarse sobre un arbusto oculta entre unas pocas hojas. Le dijo a la serpiente perdona a que te moleste. Puedo hacerte tres preguntas. No es mi costumbre responder preguntas de nadie, pero cómo te voy a comer pronto puedes preguntar. Respondió la serpiente, entonces dime tú te alimentas con luciérnagas no, no, qué va contestó la serpiente. Yo te hice algún mal, pues no ninguno volvió a responder el reptil entonces, por qué quieres acabar conmigo? La serpiente, que no encontraba una respuesta lógica, enrojeció de repente y le dijo por qué no soporto verte brillar. Le espetó la serpiente con rabia al tiempo que se estiraba y lanzaba un último y enfurecido ataque. La luciérnaga aprovechó ese intento descontrolado para salir del arbusto con gran destreza y perderse rápidamente en el bosque. Alguna vez te habrás preguntado por qué te han atacado si tú no has hecho nada malo ni contra nadie. Esto es sencillamente porque algunos no soportan verte brillar. Si esto te sucede, debes pasar totalmente de las serpientes y seguir con decisión. Tu camino intenta rodearte siempre de la luz de otras luciérnagas y comparte con ellas tu propia luz y aunque otras brillen más, nunca te comportes como la serpiente. Cuando alguien envidie tus logros o tu suerte, puede que te duela un poco, pero cuando eso pase, continúa siendo tú mismo. No dejes que te hagan daño. Sigue brillando y ten por seguro que siempre habrá quien te apoye y sepa valorar la luz que hay en tu interior colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado los pavos reales y pomposo el cuero en un claro del bosque. Pasaban la tarde un grupo de formidables pavos reales alimentándose de vallas y pequeños frutos y acicalando su plumaje con esmero, ya que se aproximaba el perÃodo de cortejo un cuervo grande. Fascinado por el espectáculo, los observaba oculto en la espesura. Vaya come maravilla pensó en voz alta, qué plumas tan bellas, qué elegantes movimientos. Asà estuvo un buen rato hasta que se ocultó el sol y los pavo reales se marcharon a pasar la noche al enorme árbol en donde siempre se recogÃan para dormir pomposo. El cuervo grande regresó también con los suyos, que ya lo habÃan echado en falta y empezaban a preocuparse por él, pero apenas pudo conciliar el sueño. Ahora que habÃa conocido a los pavos, no se sentÃa del todo a gusto con los de su especie y comenzó reflexionar sobre las diferencias entre cuervos grandes y pavos reales y en cómo él se identificaba más. Con estos últimos estudiados con detenimiento, sus parientes no tenÃan ni de lejos el porte. La delicadeza y el glamour de sus admirados pavos reales. Muy al contrario, los cuervos grandes tenÃan plumas cortas y negras, daban saltitos sin ningún refinamiento y hasta sus graznidos últimamente le parecÃan molestos y vulgares. Todos los dÃas visitaba el claro al que acudÃan los pavos y pasaba cada vez más tiempo contemplándolos. Este es mi ambiente, se dijo, y una idea fue cuajando en su interior. TenÃa que convertirse en uno de ellos, asà que recogió algunas plumas de las que los pavos dejaban cada tarde por el suelo y las colocó entre las suyas como mejor pudo, intentando burdamente parecerse a uno de sus venerados vecinos. Miró su imagen h h c r RN, iluminada por la luna. Hizo unos últimos ajustes a sus postizos y consideró que estaba ante el reflejo de un finÃsimo y genuino pavo cristatus. Al dÃa siguiente se presentó con su nuevo aspecto en el claro del bosque y saludó al grupo como si se conociesen de toda la vida hola cómo va todo, y se puso a picotear vallas y a mover las plumas, tratando sin mucho éxito de emular a los pavos reales. Estos disimulando la risa y sintiendo lástima al mismo tiempo por el cuervo estaba haciendo el ridÃculo en grado sumo. Decidieron responder al saludo y esperar la evolución de los acontecimientos. Estuvo tres dÃas y tres noches con su nueva familia. Era la comidilla de todos los animales que extendieron las burlas y los comentarios más allá de los lindes del bosque. La mañana del cuarto dÃa ya estaba muy contrariado. Las costumbres de los pavos eran tediosas. PermanecÃan casi todo el tiempo en el suelo, comiendo unas vallas de gusto repugnante, emitiendo sonidos muy desagradables y realizando extraños movimientos sin sentido con lo que le gustaba a él volar y hacer piruetas. Además, su dieta solÃa ser mucho más rica y variada que la de aquellos sosos, y sus plumas no precisaban de tantos cuidados ni tanta parafernalia. Añoraba los grandidos de los otros cuervos y ahora recordaba como expresión máxima de armonÃa y buen gusto, Asà que se despojó de su disfraz y regresó a casa. Pero los cuervos grandes estaban enterados de sus ridÃculas andanzas y muy ofendidos por su actitud de desprecio. Hacia ellos todos le dieron la espalda y avergonzado y triste. A Pomposo no le quedó más remedio que buscar otro sitio donde vivir lejos de los suyos. Antes de alejarse el viejo búho que todo lo veÃa y todo lo sabÃa le dijo desde la sombra. Pronto se les pasará y te perdonarán porque te quieren y te aceptan como eres. Como vos. Tenemos defectos y cosas buenas. No pretendas ser otro o volverás a hacer el ridÃculo. Y nunca, nunca te compares con nadie, porque recibirás una visión deformada de ti mismo. Hay una gran cantidad de formas de vivir, sentir, pensar lo que tú vales no puede ser el resultado de compararte con los demás tú posees cualidades maravillosas eres único y especial herrete a ti a los tuyos por lo positivo colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el tigre y el burro. En una región remota de la India, en un pueblo de cierta importancia, un grupo de personas discutÃan sobre el aspecto do que deberÃa de tener un asno. No era la primera vez que habÃa debate sobre la cuestión y, como siempre, se oyeron opiniones de lo más diverso y de lo más descabellado, pues en realidad y por extraño que parezca, nadie habÃa visto jamás un asno. El hombre más rico de aquella comarca, que sabÃa de la famosa polémica del asno pensaba que alguien de su posición estaba obligado a dar una respuesta a las inquietudes y dudas de sus vecinos antes de que alguna de las batallas dialécticas habituales terminara en algo peor y como él mismo, por extraño que parezca jamás habÃa visto un asno, Se hizo llevar uno desde unas lejanas tierras donde habÃa asnos de sobra para todo el mundo, pero casi llegando al pueblo, el burrito se asustó y huyó internándose en un bosque cercano un tigre que, por extraño que parezca jamás más habÃa visto un asno. Al divisar tan extraña criatura, lo tomó por una divinidad y no se atrevió a atacarlo. Lo observó escondido en la espesura durante dÃas, hasta que el asno abandonó el bosque para pastar un rato en un prado. El as no iba de aquà para allá despreocupado, pues por extraño que parezca nunca habÃa visto un tigre y no sabÃa que era un animal peligroso. El tigre lo seguÃa siempre a distancia prudencial. Un dÃa, el asno rebuznó fuertemente y el tigre salió corriendo muerto de miedo, pero tras unos instantes regresó y después de acostumbrarse al rebuzno del extraño ser pensó que la divinidad no parecÃa ser tan terrible. Cada dÃa se le fue acercando un poco más, hasta que le cogió confianza y comenzó a tomarse algunas libertades, rozándolo, dándole algún empujó molestándolo a cada momento hasta que el Asno, en un arrebato furioso, le propinó una fuerte patada, dolorido, pero rápidamente recuperado. El tigre se dijo o sà que es esto lo que sabe hacer y saltando sobre él, lo capturó y lo convirtió en su almuerzo. El problema del asno fue que parecÃa poderoso por su tamaño y temible por sus rebuznos. Si no hubiese soltado una coz innecesaria antes de tiempo, mostrando de ese modo todo lo que sabÃa hacer. El tigre nunca se hubiera atrevido a enfrentarse a él. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado las cabras montesas y el cabrero, un cabrero que habÃa llevado sus cabras a pastar a una colina alejan de la de su granja, se dio cuenta al ir a reagruparlas para volver a casa que a su pequeño rebaño se habÃa unido un grupo de cabras montesas. Al llegar a la granja, cuando las metió a todas en la cuadra, ya le rondaba en la cabeza la idea de que las cabras montesas se quedaran con él y asà tendrÃa más en su rebaño. El dÃa siguiente amaneció con una gran tormenta que impidió que el cabrero pudiera llevar a sus animales apastar al aire libre, al no quedarle más remedio que permanecer en la granja. Alimentó a las cabras con forraje que tenÃa reservado para esas ocasiones, pero mientras que a las suyas les daba una pequeña cantidad, a las montesas le sirvió una ración. El doble o el triple de grande las alojó en la parte más templada del corral y asà pasaron un agradable dÃa de lluvia. A la mañana siguiente ya habÃa pasado la tormenta y el sol brillaba con fuerza. El pastor abrió la puerta de madera y todas las cabras fue la fueron saliendo ordenadamente. Cuando llegaron a los campos de pastoreo, las cabras montesas, sintiéndose libres, se alejaron brincando hacia la parte más alta de la colina. El pastor, sorprendido e indignado salió corriendo tras ellas mientras gritaba. Pero qué poca vergüenza sois unas desagradecidas después de cómo os he tratado, me abandonáis a la primera oportunidad. Una de las cabras se giró y le dijo desde una roca elevada la culpa es tuya y sólo tuya. Nos has decepcionado con tu comportamiento a tus cabras de toda la vida. Les has dado menos alimento que a nosotras que apenas nos conoces, y no te preocupó si pasaban frÃo si nos quedásemos a vivir contigo algún dÃa nos harÃas lo mismo a nosotras mira en esta vida. Los seres queridos son lo primero. No puedes dejarlos de lado por cualquier recién llegado a ellos es a quien debes de dar lo mejor de ti. El hombre aprendió aquel dÃa que nadie confÃa en quien pretende una nueva amistad a cambio de abandonar las que ya tenÃa colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la corneja y la jarra. Qué calor hizo aquel año. La primavera habÃa pasado casi sin lluvias y ahora, en pleno verano, todo estaba seco y polvoriento en el bosque. Algunos animales permanecÃan en sus madrigueras buscando el frescor de la tierra. Otros se escondÃan del sol entre las hojas de los arbustos más frondosos. Una corneja que no quiso ir con su familia en busca de zonas más húmedas se encontraba ahora sola, sedienta y muy preocupada en la rama de una encina que soportaba la sequÃa con resignación. He cometido un error. Pensó no acompañé a los mÃos cuando aún tenÃa fuerzas y ahora, con lo débil que estoy no puedo más. Esto es el fin a punto. Estaba de desfallecer cuando de pronto le vino a la cabeza algo que su madre le decÃa. A menudo no pierdas en lamentaciones el tiempo de buscar soluciones. Ese recuerdo de su madre y de las cosas que le habÃa enseñado fue lo que le infundió el ánimo y la confianza para poder salir de aquella difÃcil situación. Se armó de valor, tomó aire mientras se concentraba y se echó a volar en misión de reconocimiento. En cuanto alcanzó bastante altura. Pudo ver cómo algunos animales afectados por la SED empezaban a comportarse de un modo extraño. Un pato pequeño parado en un prado picaba pausado la punta de un palo y un raro ratón de rabo alargado. Rascaba nervioso la rama de un árbol, pero de agua ni rastro. Continuó volando un poco más, pero no vio ni rÃo, ni lago, ni charca, ni charco, ni agua alguna en la laguna ni en una alberca que estaba cerca. De pronto. Cuando ya empezaba a flaquear, avistó al pie de un árbol un cántaro que alguien habÃa dejado de pie entre unas piedras. Descendió de inmediato en una arriesgada maniobra y al instante se habÃa posado al lado de la jarra. Dio dos saltitos para acercarse más y un tercero para subirse al borde del recipiente. Mientras murmuraba que tenga agua, que tenga agua, asomó la cabeza al interior y sorpresa tenÃa agua casi hasta la mitad. Le temblaban las patas de la emoción. Bueno, le temblaba todo el cuerpo cerrando los ojos. Se inclinó de nuevo para beber, pero el cuello de la jarra era estrecho, su cabeza demasiado grande y su pico demasiado corto para alcanzar el agua. En un arrebato de indignación y desesperanza, agitó las alas con rabia y golpeó la jarra con las patas intentando tumbarla. Todo fue en vano. Estaba bien sujeta entre aquellos pedruscos y con el agua del interior pesaba más de lo que la corneja podÃa mover se. Dejó caer exhausta de espaldas sobre el tronco del árbol y como sólo le quedaban fuerzas para pensar. Pensó y pensando y reflexionando, discurriendo y razonando, Calculó y consideró que si tuviera energÃa suficiente, podrÃa coger algunas piedras pequeñas de las que por allà habÃa e introducirlas en la jarra para que ocuparan el fondo y poco a poco el agua subiera hasta el borde mismo y asà conseguirÃa beber y como habÃa recuperado la serenidad y la confianza. Encontró valor, puso empeño y lo hizo cuando logró alcanzar el agua con el pico y al fin pudo saciar la sed Sintió un alivio infinito, también un poco de vergüenza por haber sido tan irresponsable y con el tiempo cierto orgullo, pues con un pensamiento positivo, un poco de ingenio y mucho esfuerzo, consiguió salvar su vida cuando todo parecÃa perdido. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la pulga y el buey plácido. Una pulga pequeñita, pero muy inquieta y parlanchina. VivÃa ociosamente en los establos de una granja. A diferencia de los otros animales, ella no hacÃa nada de provecho y no tenÃa mayor ambición que pasar el dÃa con el mÃnimo esfuerzo y lo más divertido posible y como de acá para allá andaba y a todos daba parloteo no perdÃa noticia, rumor, chisme ni cotilleo se sentÃa superior por su forma de vivir. Cuando veÃa a los demás trabajando, se burlaba y le y le le obligaba a escuchar su monserga y no dudaba en inventar, exagerar o menospreciar alguno para darse importancia, sobre todo si ese alguno no estaba presente, le gustaba meter las narices en todas partes y habÃa causado ya más de un conflicto con su falta de discreción. Si subÃa a lomos de una vaca muy buena, señora vaca, cómo va todo. Se rumorea que el humano va a vender. Algunos animales no le han comentado nada vaya. Eso no es buena señal. Si visitaba el gallinero. Qué pena os han metido en un sitio feÃsimo, cuánto polvo y que mal huele el perro guardián ese sÃ, que vive bien, entra y sale cuando quiere dos comidas diarias. Caseta propia de allà iba a chinchar un poco al perro SPSS. Le susurraba desde el interior mismo de su oreja peluda. Yo no digo nada, pero me han informado de que algunas gallinas están descans PodrÃa haber una sublevación. Vas a quedarte ahà de patas cruzadas o vas a hacer algo claro. Qué si tienes miedo, por cierto, qué me cuentas de la casa. Mucho gento entrando y saliendo. No tú sabes algo. Todos en la granja consideraban que su conversación era superficial y ella una presumida, asà que nunca le contestaban. Se limitaban a quitársela de encima con una enérgica sacudida de orejas, pata cola o plumas. Si fuera el caso. Una tarde en la que el buey plácido regresaba al establo tras haber estado arando los campos, notó un picorcillo en el pescuezo hola Güey me ha parecido que tenÃas ganas de conversación. Oye, qué lástima que tengas que trabajar tanto y no puedas venir a jugar conmigo. Yo me divierto muchÃsimo. Hago siempre lo que quiero sabes tengo todo a mi alcance y tú pobrecito mÃrate. Qué tienes tú sometido, explotado feo y despeinado plácido, que no perdió en ningún momento la compostura. A pesar de toda la charlatanerÃa que estaba soportando, decidió que era ahora ya de explicarle algo a aquella Pulga impertinente, pues te diré lo que tengo yo para que no te preocupes. Tanto, dijo, tengo la satisfacción de mirar atrás y ver que he realizado una buena labor que será beneficiosa para muchos y que he logrado con mi esfuerzo y mi saber. Hacer eso ya es importante para mÃ. Pero además, a cambio de mi trabajo, recibo alimentos cuidados y respeto. Dime haces tú algo de lo que te sientas orgullosa. Bueno, yo balbuceo la pulga algo con lo que te ganes el respeto de tus vecinos. Respeto, pues lo cierto es que espera interrumpió el buey yo que hablamos de esto, de ten el cariño de mis vecinos. Mantengo buena relación con todos los animales. Disfruto de su compañÃa y ellos parecen disfrutar también de la mÃa. Te pasa a ti lo mismo claro. Puedes verme con cualquiera dijo con fingida seguridad. Pero alguien te habla, alguien busca tu compañÃa, pues am a medida que la pulga iba captando la idea de lo que el buey trataba de explicar. Iba palideciendo enrojecÃa un poco y volvÃa a palidecer. Fue un momento extraño, pero por primera vez, ella la pulga más locuaz de los alrededores, se quedó sin palabras, permaneció un instante pensativa y cabizbaja y sintió vergüenza de su conducta. No habÃa sido ni honesta ni respetuosa con los demás y por su actitud se habÃa perdido muchas cosas buenas que ellos disfrutaban y compartÃan plácido. Al notar el abatimiento to de la pulga, no quiso hacer leña del árbol caÃdo y ser demasiado duro, asà que intentó dejarle un mensaje positivo, pues él creÃa que todo el mundo merece al menos una segunda oportunidad. Te diré algo más. Amiga mÃa, algunas veces envidio tu libertad lo lo dices en serio, por supuesto, la de cosas que podrÃa hacer yo con todo ese tiempo del que dispones a cuántos podrÃa echar una mano eres una privilegiada. Sólo debe reorganizarte y establecer tus prioridades. Esfuérzate en algo bueno y obtendrás tu recompensa. Sé prudente, respeta a los demás y recuerda que el ocio en exceso te llevará finalmente al aburrimiento colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado








