006. 10 Cuentos con valores y sabiduría Vol. 03 Cuentos para pensar y reflexionar

Seis sabios ciegos y un elefante. En la India vivÃan seis hombres ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era el más sabio, para demostrar su sabidurÃa, exponÃan sus conocimientos y ocurrencias y luego decidÃan entre todos quién era el más convincente. Un dÃa discutiendo acerca de la forma exacta de un elefante, no conseguÃan ponerse de acuerdo. Las posturas eran opuestas y, como ninguno de ellos habÃa podido tocar nunca un elefante, decidieron salir al dÃa siguiente en busca de un ejemplar y de este modo poder salir de dudas puestos en fila con las manos en los hombros de quien les precedÃa. Emprendieron la marcha por una senda que se adentraba en la selva. No habÃan caminado mucho cuando de pronto, al llegar a un claro, se dieron cuenta que estaban justo al lado de un elefante. Los seis sabios ciegos estaban muy contentos y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrÃan resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal. El primero de ellos, que sin pretenderlo se dio de bruces contra el costado del animal, extendió sus brazos a derecha e izquierda, tratando de averiguar las dimensiones del paquidermo. El elefante es como una enorme pared dijo el segundo de los ciegos avanzó con más precaución con las manos extendidas desde su posición pudo tocar un colmillo muy largo y puntiagudo. La forma de un elefante es exactamente como la de una lanza, dijo el tercer ciego agarró la trompa del animal y la estudió con detenimiento, notando su perfil alargado y estrecho y su movimiento. Creedme este elefante es idéntico a una larga serpiente. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y aproximó sus manos hasta alcanzar la cola del animal que se agitaba para espantar las moscas que le molestaban, La agarró y la palpó de arriba abajo. No tuvo dudas y sentenció. Está claro. El elefante es como una vieja soga. El quinto de los sabios se encontró con la oreja del animal y dijo todos estáis en un error. El elefante es similar a un gran abanico plano. El sexto Sabio, por su parte, descubrió una de las patas del animal, pudiendo apreciar su gran contorno. Tened por seguro que un elefante es igual que una sólida y gruesa columna. Todos creÃan saber cuál era la forma del elefante y consideraban que los demás estaban equivocados. Comenzaron a discutir convencidos cada uno de lo que habÃa experimentado. Asà pasaron largo rato y no se ponÃan de acuerdo. Muy al contrario, el enfado de todos todos aumentaba y de las palabras estaban pasando a los gritos y las descalificaciones. Entonces, un hombre menudo que viajaba a lomos del elefante y que habÃa asistido atónito a toda la escena, decidió para tratar de apaciguar los ánimos, que era momento de intervenir. Disculpen Señores, permÃtanme que les diga que todos ustedes tienen razón, pero ninguno conoce toda la verdad en este asunto. Los seis sabios, sorprendidos por la interrupción, escucharon un poco avergonzados las palabras de aquel desconocido. Si, en lugar de discutir se escucharan ustedes como me están escuchando a mà ahora, hace rato que se habrÃan formado una imagen precisa del elefante, créanme. La cooperación es muy útil. En estos casos. Un elefante puede ser de una forma u otra, dependiendo desde qué parte se considere y juntaran cada una de sus verdades parciales se acercarÃan más a la realidad. Debemos ser tolerantes y respetuosos con la opinión de los demás. Todos pueden equivocarse y tener razón al mismo tiempo, porque cada uno tiene una perspectiva limitada de la verdad objetiva. Nadie es poseedor de la verdad absoluta y se necesita humildad para reconocerlo. A veces se discute en la total ignorancia de lo que el otro quiere decir. Si estamos dispuestos a escuchar y a trabajar en equipo, lograremos mejores resultados. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el molinero, el niño y el asno. Un molinero, su hijo y un pequeño asno que llevaban a vender en la feria del pueblo, salieron de casa una mañana de onda temprano con la esperanza de hacer un buen negocio y de paso, disfrutar de una larga caminata, respirando el aire puro del campo y contemplando el paisaje. El trabajo en el molino no daba tregua, y tanto el padre como el hijo tenÃan gran sentido de la responsabilidad, por lo que apenas lo abandonaban para ir a ningún sitio. Avanzaban con buen ánimo por una senda cuando se encontraron con un grupo de personas que merendaban a la sombra en la orilla de un rÃo. Buenos dÃas tengan ustedes dijo el molinero con ganas evidentes de entablar conversación. Hubo un breve silencio en el que los merendantes observaron con detenimiento a los caminantes y a continuación, uno de ellos dijo sÃ, sÃ, muy buenos, sobre todo para el asno que lo llevan de excursión. Padre e hijo, se quedaron sorprendidos por la extraña respuesta. Padre e hijo, se miraron y después miraron a los merendantes con desconcierto disculpen No entiendo a qué se refiere. Balbuceó el molinero. Yo pasmo en lugar de al perro. Pasean al asno se oyó gritar a una mujer entre las carcajadas del resto. Parece que el borrico es el más listo de los tres. Dijo otro como el jolgorio iba a más y la burla no cesaba. Los caminantes enfilaron de nuevo el sendero y retomaron su andadura cabizbajos sin decir ni una palabra más. Mientras se alejaban de allÃ, el molinero reflexionó sobre el incidente. Qué tenÃan en contra del burro. No podÃa disfrutar el pobre de un cómodo paseo. Se habrÃa promulgado alguna norma contra los burros desocupados de la que en el molino no habÃan tenido noticias. En cualquier caso, no querÃan parecer ignorantes ni llamar demasiado la atención. Asà que ayudó al muchacho que de mala gana subió a la grupa del animal. Recorrieron de esta forma otro buen trecho y estaban bordeando unos campos de cultivo cuando oyeron la voz de un campesino que les gritaba muy alterado. Esto lo harás contento, jovencito, qué falta de educación y de respeto a tus mayores. Ese seguramente es tu pobre padre, que habrás realizado mil y unos sacrificios para alimentarte y darte una educación. Y ahora tú se lo pagas asà viajando como un pacha sobre ese abnegado animal, mientras un anciano se arrastra penosamente tirando de vosotros dos y usted, señor muestre un poquito de carácter hombre no se deje humillar. Asà está en un error. Compañero, le agradezco la preocupación, pero yo camino con gusto en este dÃa tan agradable y el muchacho viaja de ese modo porque no parezca que llevamos al burro de excursión. Usted ya me entiende, pues no no le entiendo en absoluto. Dijo el labrante. Haga usted lo que quiera, pero, por favor, alejen este espectáculo lamentable de mi vista. Hizo un movimiento desdeñoso con la mano y se sumió de nuevo en su labor. Muy apenados por este segundo encontronazo, volvieron a su trayecto sin decir ni una palabra más. Pero esta vez, padre e hijo estuvieron de acuerdo en que lo adecuado para evitar confusiones serÃa que el joven caminase y que muy a su pesar, el molinero viajase sobre el animal. Ya habÃan olvidado casi el desencuentro con el campesino cuando, al pasar frente al aserradero, uno de los empleados que trabajaba en el exterior vociferó hay mucho fresco por el camino. Eh ah, no crea. El sol está bien alto y apenas corre la brisa. Contestó el ingenuo molinero. Muy gracioso. El vejestorio menudo cara dura. Dijo otro. Si usted quiere desfondarse peregrinando a pleno sol por los caminos polvorientos, pues allá usted pero hacer pasar por tal padecimiento al pobre muchacho, un grandullón que apareció con dos enormes tablones al hombro bramó vengo aquà sinvergüenza que le quiero explicar cuatro cosas. Los ánimos se estaban caldeando y algunos de los trabajantes se dirigÃan hacia los castes, asà que padre e hijo se dieron prisa en alejarse de allà sin decir ni una palabra más. ParecÃa que tampoco estaba bien visto que los jóvenes hicieran ejercicio fÃsico de manera saludable. Padre e hijo no pretendÃan herir la sensibilidad de nadie ni crear más polémicas con los vecinos. Entonces estimaron que lo más oportuno serÃa subir ambos a lomos del pollino adormecidos por el bamboleo y los pasos lentos del jumento se iban aproximando a su destino y cuando ya se veÃan a lo lejos. Las primeras casas de la villa se cruzaron con un apicultor y su hija que parecÃan venir precisamente de allà buenos dÃas saludó el molinero discretamente para sorpresa de padre e hijo. Padre e hija se pararon y el hombre respondió. SÃ, realmente buenos. Padre e hijo sonrieron pobres ingenuos porque el apicultor no habÃa terminado aún su alegato. No serán tan buenos para la pobre. Bestia verdad. AhÃ, padre e hijo, ya se lo vieron venir. Eso no es forma de tratar a un animal tan noble. Es que no se da cuenta que va sufriendo con tanto peso encima. PodrÃan caminar un poco, No que es muy sano. Vamos amparo. No quiero que hables con estas personas, pero lejos de obedecer la niña se plantó frente a ellos desafiante tenÃa las manos juntas formando un hueco entre sus palmas. La abeja es el animal más importante del mundo. Les espetó y abrió las manos, mostrándoles un hermoso ejemplar de apis melÃfera que habÃa estado protegiendo y que en ese momento se elevó suavemente sobre sus cabezas. Hubo un instante de sosiego y armonÃa casi mágico en el que las miradas de todos persiguieron absortos. El vuelo de la abeja mientras se perdÃa en la distancia duró poco, pero todos los animales son importantes y merecen respeto. Su indignación crecÃa a cada palabra. El burro es patrimonio de la humanidad, parte integral del medio ambiente y de nuestra cultura, y no te digo que no logró decir el molinero. No hay derecho a lo que están haciendo explotadores. Liberen alburro. Unos chavales que jugaban allà al lado oyeron el jaleo y además les hizo gracia la consigna, asà que se acercaron gritando también a favor de la liberación. Liber en alburro justicia animal. Liberen al burro. Padre e hijo no pudieron decir ni una palabra más. Se montó tal guirigay que hasta el burrito se asustó y aún colo cansado que estaba Compadre e hijo sobre su espalda y tanto niño, manifestándose alrededor, se las apañó para dar un par de brincos, abrirse paso entre las lÃneas enemigas y salir trotando camino abajo, cuando ya no pudo dar ni un paso de puro agotamiento. Padre e hijo echaron pie a tierra y comentaron la última trifulca. Sólo quedaba una opción para entrar en el pueblo. Sin más polémicas. Prepararon una rama larga adecuadamente y con unas cuerdas, ataron las patas del fatigado animal, de modo que, al levantar el palo padre e hijo y cargarlo sobre sus hombros, el borrico quedaba colgando panza arriba y de esta guisa se presentaron a cruzar el puente de un solo arco que daba acceso a la villa y en cuyas inmediaciones se congregaban tradicionalmente todos los que no tenÃan nada mejor que hacer. La fiesta estaba asegurada en cuanto los congregantes vieron aparecer a los caminantes con el burro colgante, las carcajadas y las chanzas se apoderaron del puente. ReÃan los viejos, reÃan los jóvenes los que se reÃan siempre de todo y los serios de solemnidad. Y no era para menos, pues la tonterÃa era mayúscula, la comparsa nerviosa y aturdida por la algarabÃa. Bandeaba de un lado al otro del viaducto amagando el burro sin él pretenderlo con salir despedido en cada bandazo y al cuarto o quinto fue que se cumplieron los malos augurios y y él el burro, despegó del puente elevándose de manera inverosÃmil antes de precipitarse al rÃo para sorpresa de congregantes y caminantes, aterrizó de buena forma y se fue flotando, arrastrado por la corriente hasta unos prados muy lejanos donde decidió empezar una nueva vida. Mientras tanto, en el puente, padre e hijo se habÃan quedado con un palmo de narices y por no decir ni una palabra de más y por el miedo a lo que dirÃan otras personas y a ser criticados, habÃan perdido el burro. El negocio y lo que podÃa haber sido un estupendo dÃa de campo. No vivimos para complacer a todo el mundo todo el tiempo. Escuchar buenos consejos es muy importante, pero a veces hay que saber imponer el criterio propio y no hacer caso de opiniones malintencionadas. Debemos estar dispuestos a cometer algunos errores de los que sin duda aprenderemos y no condicionar siempre nuestras acciones a lo que piensen los demás. ColorÃn colorado este cuento se ha acabado Samara y el ruiseñor la Jaula de Plata, en un lejano paÃs de Oriente, en un palacio de cristal recubierto de piedras preciosas y adornado por majestuosos jardines cientos de manantiales, lagos y fuentes artÃsticamente esculpidas. VivÃa Samara, hija de un rico comerciante de sedas, hermosa y solitaria. HabÃa crecido, rodeada de lujo y consentida de todos los caprichos. Tal vez por eso era que ahora no mostraba ilusión por nada y nadie conseguÃa hacerla feliz acostumbrada a que la agasajasen con caros extravagantes y bellos regalos los desdeñaba sin ni siquiera llegar a abrirlos. Pero un dÃa, mientras Samara paseaba ensimismada por los jardines de palacio, escuchó el más ex extraordinario canto que habÃa oÃdo jamás, un sonido mágico que llenaba de vida a su corazón. Intrigada por esta música que pareciera ser de otro mundo, la fue siguiendo hasta llegar a la sala, donde eran depositados los valiosos regalos de caballeros, comerciantes o lugareños que visitaban el palacio, y allà descubrió su procedencia. Una delicadÃsima jaula de plata de lÃneas sencillas, pero muy hermosa, en la que habitaba una pequeña criatura, el pajarillo que interpretaba esa música sublime, una tarjeta acompañaba el inesperado presente. Este pájaro es un ruiseñor, Espero que te deleite con su canto. La joven acogió de muy buena gana el obsequio qué maravilla de la naturaleza era aquel ave fantástica. Era un placer observarlo y escucharlo, pero con el paso del tiempo, la joven descubrió algo en los ojos del pajarillo, la de la de la de la tierra tenÃa preocupada. ParecÃan esconder una profunda tristeza. Samara cuidó mucho y bien al ruiseñor, y llegó a quererlo como nunca habÃa querido a nadie, ni animal ni persona. Ãl la hacÃa muy feliz, pero no parecÃa sentir lo mismo en su situación, aquella mirada llena de melancolÃa, Qué te ocurre, querido amigo, pasaron los dÃas y el ruiseñor comenzó a ponerse enfermo. No comÃa, no conseguÃa cantar, estaba muy abatido, casi sin vida. La situación empeoraba y después de consultar a médicos, hechiceros, curanderos y aún sin fin de varios pintos personajes, sin obtener un remedio para la enfermedad que padecÃa la joven presa de la más absoluta desesperación ofreció una recompensa a cualquiera que ayudase a recuperar la salud y la alegrÃa a su estimado compañero. Fueron muchos los que allà se acercaron, ofreciendo sus servicios y sus medicinas hipotingues, pero ninguno logró resultados. Un dÃa se presentó un hombre mayor sucio y de aspecto descuidado que decÃa poseer la facultad de comunicarse con las aves y también que podrÃa averiguar cuál era el mal que aquejaba al pajarillo. Escéptica, pero con una débil esperanza, la joven lo acompañó a la habitación en la que se encontraba el ruiseñor. Al acercarse, el experto lo miró detenidamente y lanzó un silbido suave, al que de inmediato respondió el pobre animal piando débilmente enseguida. Pareció que conversaban, porque durante varios minutos se sucedieron los gorjeos de un lado para el otro. De repente, el hombre se volvió hacia la joven y le dijo el mal que aqueja al ruiseñor es grave, pero tiene cura siempre que tú estés dispuesta a poner de tu parte. Por supuesto, dime qué tengo que hacer. Debemos actuar cuanto antes le apremió. Es escudo chame atentamente. Dijo el hombre, tu fiel compañero te quiere tanto como tú lo quieres a él. Durante este tiempo en el que habéis convivido, lo has cuidado y mimado y está muy agradecido. Me ha contado cómo lo cautivaron cuando era joven, todo lo que ha sufrido desde entonces y cuánto te agradece el cariño recibido. Pero echa de menos su hogar y esto ha hecho mella en su pequeño pero gran corazón. Está aquejado de nostalgia. Añora, a su familia, a sus amigos, su antigua vida, su libertad. No obstante, es tal la nobleza de esta criatura que no te pide que lo liberes, sino que le permitas, aunque sólo sea una vez volar hasta la que fue su casa para reencontrarse con su familia. A cambio, él promete por el afecto que te tiene regresar y seguir a tu lado para siempre, asà que su curación está en tus manos, estás dispuesta a dejar volar a tu ruiseñor hizo el silencio, el hombre conocedor de la fama de egoÃsta e insensible de la hija del comerciante. Dudó de su compasión, pero cuando la miró a los ojos y vio las enormes lágrimas que corrÃan por sus mejillas, pensó que tal vez habÃa esperanza, por supuesto, que abriré la puerta de la prisión en la que jamás debiste entrar. Dijo mirando al ruiseñor, qué ciega he estado. Sólo pensaba en mà y lo único que verdaderamente quiero ahora es tu felicidad. Amigo mÃo. Abrió la puerta de la jaula y le dijo vuela eres libre, libre en todos los sentidos, incluso para no regresar jamás si es lo que deseas. Me has enseñado lo más hermoso que para amar de verdad hay que amar de forma desinteresada. Te quiero ruiseñor. Hasta siempre el Pajarillo le dedicó una última melodÃa y se alejó volando cuenta un anciano muy anciano que conoce la historia que el ruiseñor volvió al año siguiente. Un dÃa apareció en la ventana del dormitorio de Samara y la despertó con su canto. La alegrÃa fue inmensa por ambas partes. El ruiseñor nunca volvió a vivir Enjaulado y cada año regresaba a visitarla y pasaban tiempo juntos, aunque vivÃa con su familia. A veces sentÃa unas ganas tremendas de salir a recorrer el mundo, pero finalmente no se alejaba mucho. Los extrañaba demasiado. Samara y el Ruiseñor fueron grandes amigos para siempre. Vivieron muchos años y disfrutaron de la vida respetándose y sin limitar la libertad del otro colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. El león, el burro y el tesoro. Un burrito curioso observó durante dÃas las maniobras de caza de un imponente león, admirado por su inteligencia, su fuerza y determinación, decidió proponerle una alianza para encontrar un tesoro del que habÃa oÃdo hablar y que se hallaba en una zona con muchos peligros y asà obtener beneficios para ambos. El León, que en un primer momento no daba crédito a lo que escuchaban sus oÃdos, finalmente aceptó el trato. Quedaron al dÃa siguiente a la misma hora en el mismo sitio, para desde allà partir en busca del tesoro. Esa tarde la dedicó el burrito a presumir delante de los suyos. Les decÃa a todos que desde aquel momento habrÃan de tratarlo con más respeto que ahora era un burro de categorÃa con clase, que tenÃa grandes planes y, sobre todo, un socio muy poderoso. No le hicieron mucho caso, pues todos creyeron que se trataba de una absurda broma. Pero al dÃa siguiente, el equino y el león cumplieron con lo acordado y comenzaron su aventura con la información que poseÃa el burrito y la astucia y la fuerza del león. Las muchas dificultades y peligros consiguieron al fin hacerse con su tesoro. Los dos se abrazaron, rieron y dieron saltos de alegrÃa. Llegado el momento de repartir el botÃn, el león le dijo al burrito bros socio. He dividido estas riquezas en tres partes. Lo primero me corresponde por ser el rey de la selva, lo segundo me la quedó también porque soy más fuerte que tú y la tercera la tuya. Es lo que te cobraré por sacarte de este lugar sano y salvo el burrito. Quiso protestar, pero estando a solas con aquel enorme león, tan lejos de casa y sin el apoyo de los suyos, decidió que lo más prudente serÃa hacer todo lo que decÃa el felino y salir de allà lo antes posible. Bajó la cabeza y tomó el camino de regreso, cargando con el tesoro de su socio que le precedÃa con cara de gran satisfacción. Debemos medir muy bien nuestras fuerzas antes de emprender cualquier empresa y no asociarnos con personas que sobrepasen nuestro poder. En estos casos, ser humilde es muy útil si nos autoengañamos o actuamos con vanidad, no estaremos calculando correctamente los riesgos colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. El Zorro y la cigüeña. Doña Cigüeña y Don Zorro solÃan verse de vez en cuando les gustaba hablar un rato y compartir historias, pero al Zorro, Doña Cigüeña le parecÃa demasiado presumida y un dÃa pensó en gastarle una broma. Asà avisó de que irÃa a visitarla a su casa y después de charlar un rato, le dijo eso estupendo poder hablar contigo cigüeña, estoy pensando que serÃa fantástico que vinieras mañana a comer a mi casa. Ah pues, yo encantada, contestó la cigüeña y asà quedaron en que Doña Cigüeña visitarÃa a Don Zorro. Al dÃa siguiente, Doña Cigüeña estaba muy contenta y acudió a comer con sus mejores galas a casa de Don Zorro. Allà estaba él esperando con la mesa puesta y una suculenta sopa servida en dos platos grandes. El Zorro disfrutó de la comida, lamiendo la sopa con la lengua. La pobre cigüeña, sin embargo, con su pico largo y estrecho, no era capaz de pillar nada de sopa y no pudo probar bocado, pero como era muy educada, no dijo nada y al final de la comida le dio las gracias a Don Zorro y le dijo que todo estaba delicioso. Do El Zorro reÃa para sus adentros muy contento de que le hubiera salido bien la broma y doña cigüeña. Antes de irse invitó a Don Zorro a comer al dÃa siguiente en su casa como muestra de agradecimiento. Al dÃa siguiente, Don Zorro fue a casa de Doña Cigüeña. El olor que salÃa de la cocina era realmente delicioso, pero al sentarse a la mesa, don Zorro vio que la comida estaba depositada en lo más hondo de una botella alargada. Doña Cigüeña no tenÃa ningún problema con su pico largo. ConseguÃa atrapar el más pequeño de los pedacitos de comida, mientras que Don Zorro, por más que lo intentaba, no conseguÃa comer nada. Estiraba y estiraba la lengua, pero sólo lograba lamer El cristal trata a los demás como a ti te gustarÃa que te trataran. Es importante usar la empatÃa en nuestras relaciones con los otros. A veces hacemos bromas son demasiado pesadas. Imagina por un momento que estás en el lugar de esa persona y piensas si a ti te gustarÃa recibir la misma broma Si alguien que conocemos ha sido amable y cordial con nosotros, debemos ser agradecidos y evitar burlas o comportamientos que puedan hacer que sufra o se sienta incómodo. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el secreto de la serenidad. Hace mucho, mucho tiempo, en una aldea cercana a los escarpados cárpatos, vivÃa un granjero de nombre, Marek. Marek era un hombre muy agradable y condón de gentes. Le encantaba ser amable ayudar a todo el mundo, gastar bromas y mejorar el ánimo de todos sus vecinos. A Marek le gustaba hacer reÃr a los demás y se sentÃa muy feliz con la felicidad de otros. Sin duda, un hombre de buen corazón. Pero Marek no era perfecto y tenÃa un defecto. Cuando se enfadaba, no conseguÃa controlar su ira. Se ponÃa muy furioso y no era capaz de razonar. Y esto, a pesar de todas sus virtudes, le ocasionaba muchos problemas con los demás, que estaban un poco cansados de tener que aguantar las explosiones de ira de su vecino. Marek querÃa solucionar este problema y, como habÃa oÃdo hablar de una mujer sabia que vivÃa en lo alto de una montaña, se fue hacia allà para pedir ayuda. Puedo ayudarte, le dijo ella, pero para hacerlo necesito ver de dónde parte tu ira. Para ello tengo que verte enfadado, vuelve a tu casa y en el momento en el que te enfades ven corriendo a verme. Al cabo de unos dÃas, Marex se enfadó con su mujer por una tonterÃa y al notar que su ira iba en aumento. En lugar de ponerse a gritar como solÃa hacer, salió corriendo montaña arriba en busca de la mujer Sabia. Sin embargo, al llegar a la cima se dio cuenta de que ya no estaba enfadado. Qué desilusión no podrÃa enseñarle a la mujer Sabia su ira. Oh gran consejera, le dijo al llegar Marek venÃa a enseñarte mi ira, pero al llegar aquà ya se me habÃa pasado. Entiendo la próxima vez debes subir más deprisa. Si no veo tu ira, no podré ayudarte. Asà que Marek regresó a su casa y esperó a que llegara un nuevo enfado. DÃas después, Marek volvió a enfadarse y esta vez pensaba llegar a tiempo. Corrió a toda prisa montaña arriba tan y tan rápido que sus pies apenas tocaba en el suelo. Pero de nuevo, al llegar a la cima, notó que ya no sentÃa a ira. La mujer Sabia volvió a enviarle a casa e insistió en que volviera a intentarlo. Asà que Marek lo volvió a intentar una y otra y otra vez más, pero siempre ocurrÃa lo mismo. Cansado de subir la montaña, Marek le dijo un dÃa a la mujer creo que no puedes ayudarme. Cada vez que vengo, cuando siento ira, llego totalmente sereno. No conseguiré llegar furioso nunca. Creo que he estado perdiendo el tiempo. No lo creas. Le respondió la mujer cada vez que venÃas corriendo tu furia se disipó. Desde que haces esto, no gritas a nadie y consigues dominar tu ira hasta que desaparece. Ahà tienes la solución a tu problema. Cada vez que te sientas furioso, corre, corre todo lo que puedas hasta que tu ira, se aleje y halles la serenidad. Se dio cuenta entonces de que la mujer le habÃa estado ayudando todo el tiempo. A partir de aquel dÃa, el joven consiguió controlar sus enfados y todos sus vecinos fueron mucho más felices. ColorÃn colorado este cuento se ha acabado la anciana y la aguja. Una tarde en un pequeño pueblo, una anciana a la que todos querÃan y respetaban mucho porque siempre tenÃa tiempo para los demás, sabÃa escuchar y daba buenos consejos. Comenzó a buscar algo en la calle. Las personas que la vieron se acercaron extrañados y le preguntaron qué busca abuela que ha perdido. No se preocupe que entre todos lo encontraremos. Ah Gracias, sois muy amables. Lo cierto es que he perdido mi aguja favorita, una aguja vaya. Será realmente difÃcil encontrarla, pero lo conseguiremos, emplearemos el tiempo que sea necesario y daremos con ella. Dijeron los vecinos. Entonces todos empezaron a buscar la aguja, pero pasaba y pasaba la tarde y no hallaban ni rastro de ella. Asà que preguntaron a la anciana recuerda aproximadamente por qué zona se le cayó la aguja. La calle es muy larga y eso ayudarÃa a acercarnos más a nuestro objetivo. Además, está a punto de anochecer y ya no tendremos luz suficiente para buscar ah El caso es que no se me cayó en la calle, sino en mi casa. Los vecinos se miraron unos a otros desconcertados cómo, pero entonces, por qué buscamos aquà algo que no podremos encontrar. Cierto, eso me pregunto yo muchas veces no sé por qué entendiendo esto y siendo inteligentes como sé que sois malgastáis esa inteligencia. Cuando venÃs a consultarme sobre la felicidad, andáis buscando siempre la felicidad en la calle y lejos de vosotros, en lugar de buscarla donde la perdisteis en vuestro interior y sonriendo. Se dio media vuelta y entró en su casa, dejando una profunda reflexión en todos sus vecinos colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el tigre y el burro. En una región remota de la India, en un pueblo de cierta importancia, un grupo de personas discutÃan su sobre el aspecto que deberÃa de tener un asno. No era la primera vez que habÃa debate sobre la cuestión y, como siempre, se oyeron opiniones de lo más diverso y de lo más descabellado, pues en realidad y por extraño que parezca, nadie habÃa visto jamás un asno. El hombre más rico de aquella comarca que sabÃa de la famosa polémica del asno pensaba que alguien de su posición estaba obligado a dar una respuesta a las inquietudes y dudas de sus vecinos antes de que alguna de las batallas dialécticas habituales terminara en algo peor y como él mismo, por extraño que parezca jamás habÃa visto un asno, se hizo llevar uno desde unas lejanas tierras donde habÃa asnos de sobra para todo el mundo, pero casi llegando al pueblo, el burrito se asustó y huyó internándose en un bosque cercano. Un tigre que, por extraño que para jamás habÃa visto un asno. Al divisar tan extraña criatura, lo tomó por una divinidad y no se atrevió a atacarlo. Lo observó escondido en la espesura durante dÃas hasta que el asno abandonó el bosque para pastar un rato en un prado. El As no iba de aquà para allá despreocupado pues por extraño que parezca, nunca habÃa visto un tigre y no sabÃa que era un animal peligroso. El tigre lo seguÃa siempre a distancia prudencial. Un dÃa, el asno rebuznó fuertemente y el tigre salió corriendo muerto de miedo, pero tras unos instantes regresó y después de acostumbrarse al rebuzno del extraño ser pensó que la divinidad no parecÃa ser tan terrible. Cada dÃa se le fue acercando un poco más, hasta que le cogió confianza y comenzó a tomarse algunas libertades, rozándolo, dándole algún empujón, molestándolo a cada momento, hasta que el asno, en un arrebato furioso, le propinó una fuerte patada dolorido. Pero rápidamente recuperado. El tigre se dijo a sà que es esto lo que sabe hacer y saltando sobre él, lo capturó y lo convirtió en su almuerzo. El problema del asno fue que parecÃa poderoso por su tamaño y temible por sus rebuznos. Si no hubiese soltado una coz innecesaria antes de tiempo, mostrando de ese modo todo lo que sabÃa hacer, el tigre, nunca se hubiera atrevido a enfrentarse a él. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. El tesoro escondido ya tiempo. Dos hermanas que habÃan conseguido ahorrar algún dinero tras años de mucho trabajo en el campo, decidieron invertirlo comprando su propia parcela, caminando un dÃa por las colinas, divisaron un terreno abajo en el valle que habÃa sido viñedo con cientos de cepas, pero que ahora permanecÃa descuidado y seco descubrieron en un cartel que estaba en venta animadas. Se acercaron a la casita que habÃa en la finca, llamaron y un anciano abrió la destartalada puerta con desgana buenas tardes. Abuelo dijo una de las hermanas con amabilidad. Hemos visto el cartel. DÃgame por qué vende un terreno tan interesante. Está acaso contaminada. La tierra o algo parecido. No no de ninguna manera. Es muy buena tierra antes, la más productiva del valle. Lo que pasa es que yo lo compré hace mucho tiempo porque me aseguraron que aquà se escondÃa un gran tesoro. Me cansé de buscar y buscar sin ningún éxito. Y ahora ya soy viejo y ya no tengo ni fuerzas ni paciencia. Las hermanas, que aún eran jóvenes y fuertes, decidieron que podrÃa ser una buena inversión. Si lograban encontrar ellas el tesoro, compraron la parcela y el anciano Se fue de allà muy contento y agradecido. Al dÃa siguiente comenzaron a buscar el tesoro. Primero despejaron el campo de todas las hojas y hierbas que no servÃan. Después estuvieron mucho tiempo refrescando y humedeciendo el suelo. Por último, se pasaron meses excavando y removiendo la tierra. Al terminar, todas estas faenas tuvieron que descansar porque no habÃan encontrado nada y habÃan perdido la esperanza. Tras muchos dÃas de abatimiento, sentadas frente a la casucha, contemplando el resultado de su infructuoso esfuerzo, se dieron cuenta de pronto de la verdadera trascendencia de su trabajo. La transformación del campo sobre el que habÃan rebrotado viejas vides y comenzaban incluso a dar sus primeros frutos y de ellas mismas, cuyas manos y brazos se veÃan ahora mucho más fuertes. Las muchachas llevaron las uvas de la siguiente cosecha al mercado y resultaron ser de tan buena calidad que las vendieron todas en un solo dÃa y a muy buen precio. Su fama se extendió por toda la región. Todo el mundo querÃa probar aquel manjar Tuvieron tantos beneficios que en sólo un par de años consiguieron no tener que preocuparse más por el dinero, llevar una vida cómoda y poder permitirse más de un capricho. Ciertamente, aquel terreno escondÃa a un guÃa an tesoro sólo que no era lo que el anciano y las hermanas esperaban. No encontraron joyas ni monedas, pero el esfuerzo y la perseverancia tuvieron finalmente su recompensa colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. Quién le pone el cascabel al gato. En cierta ocasión, los ratones que habitaban en la cocina de una gran casa se reunieron de urgencia para tratar un asunto de la máxima importancia. La cuestión era que la dueña de la propiedad se habÃa hecho dÃas atrás con los servicios de un magnÃfico gato ágil, intuitivo y listo. Como pocos desde que el felino llegó a la casa, no habÃa quien asomar a un bigote fuera de la ratonera y aventurarse en busca de ali o simplemente salir a estirar un poco las patas suponÃa con toda probabilidad caer en las garras del astuto vigilante. Cuando todos hubieron llegado la Asamblea comenzó el ratón de más edad fue el primero en hablar. Compañeros, la situación es muy preocupante. No podemos seguir asà aquà y ahora entre todos debemos encontrar una solución enseguida. Se oyeron opiniones e ideas para todos los gustos discutieron sobre ellas largamente, pero no se ponÃan de acuerdo. Los ánimos empezaron a decaer y poco a poco se fueron quedando en silencio. Hatémosle un cascabel al gato, dijo de pronto un joven ratón de morro afilado claro. De ese modo sabremos en cada momento dónde está y podremos escapar a tiempo. Se oyó decir a otro desde el fondo, A todos les pareció una idea perfecta y al momento lo estaban celebrando como una gran victoria, con aplausos, gritos y bailes. La fiesta no cesaba, pero la voz del ratón jefe lo interrumpió todo un momento, un momento, un momento silencio. Creo que se nos ha olvidado un pequeño detalle. Decidme quién será el que le ponga el cascabel al gato. Nadie contestó. Todos comenzaron a sentir miedo. La mayorÃa bajó la cabeza. Un pequeño grupo se escabulló disimuladamente por una grieta de la pared. Tres se pusieron enfermos en ese mismo instante y a uno de los que más celebraba todavÃa lo están buscando. Finalmente, todos regresaron a sus ratoneras apesadumbrados o contado de otro modo. Juntáronse los ratones para librarse del gato y, después de un largo rato de disputas y opiniones, dijeron que acertarÃan en ponerle un cascabel que andando el gato con él guardarse mejor podÃan Salió un ratón barbicano, colilargo o ziquirromo y encrespando el grueso lomo. Dijo al Senado romano después de hablar culto un rato y en de todos ha de ser el que se atreva a poner ese cascabel al gato. Es genial tener buenas ideas, pero no siempre va a ser sencillo realizarlas. Cuando la tarea es delicada o peligrosa. Es casi imposible encontrar voluntarios. Es más fácil proponer las cosas que asumir la responsabilidad y los riesgos de llevarlas a cabo. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado.








