007. 10 Cuentos con valores y sabiduría Vol. 02. Cuentos para pensar y reflexionar

La pulga y el buey plácido, una pulga pequeñita, pero muy inquieta y parla en China vivÃa ociosamente en los establos de una granja. A diferencia de los otros animales, ella no hacÃa nada de provecho y no tenÃa mayor ambición que pasar el dÃa con el mÃnimo esfuerzo y lo más divertido posible. Y como de acá para allá andaba y a todos daba parloteo no perdÃa noticia, rumor chisme ni cotilleo se sentÃa superior por su forma de vivir. Cuando veÃa a los demás trabajando, se burlaba y les obligaba a escuchar su monserga y no dudaba en inventar, exagerar o menospreciar alguno para darse importancia, sobre todo si ese alguno no estaba presente, le gustaba meter las narices en todas partes y habÃa causado ya más de un conflicto con su falta de discreción. Si subÃa a Lomos de una vaca muy buena, señora vaca, cómo va todo. Se rumorea que el humano va a vender. Algunos animales no le han comentado nada vaya. Eso no es buena señal. Si visitaba el gallinero, qué pena os han metido en un sitio feÃsimo, cuánto polvo y que mal huele el perro guardián ese sÃ, que vive bien, entra y sale cuando quiere dos comidas diarias caseta propia de allà iba a chinchar un poco al perro SPSS. Le susurraba desde el interior mismo de su oreja peluda. Yo no digo nada, pero me han informado de que algunas gallinas están descontentas. PodrÃa haber una sublevación. Vas a quedarte ahà de patas cruzadas o vas a hacer algo claro que si tienes miedo, por cierto, qué me cuentas de la casa mucha gente entrando y saliendo. No tú sabes algo. Todos en la Granja consideraban que su conversación era superficial y ella usa presumida, asà que nunca le contestaban. Se limitaban a quitársela de encima con una enérgica sacudida de orejas, pata cola o plumas. Si fuera el caso. Una tarde en la que el buey plácido regresaba al establo tras haber estado arando los campos, notó un picorcillo en el pescuezo hola Güey me ha parecido que tenÃas ganas de conversación. Oye, qué lástima que tengas que trabajar tanto y no puedas venir a jugar conmigo. Yo me divierto muchÃsimo. Hago siempre lo que quiero sabes tengo todo a mi alcance y tú pobrecito mÃrate. Qué tienes tú sometido explotado feo y despeinado plácido que no perdió en ningún momento la compostura. A pesar de toda la charlatanerÃa que estaba soportando, decidió que era ahora ya de explicarle algo A aquella. Pulga impertinente, pues te diré en lo que tengo yo para que no te preocupes. Tanto dijo tengo la satisfacción de mirar atrás y ver que he realizado una buena labor que será beneficiosa para muchos y que he logrado con mi esfuerzo y mi saber hacer eso ya es importante para mÃ. Pero además, a cambio de mi trabajo, recibo alimentos cuidados y respeto. Dime haces tú algo de lo que te sientas orgullosa. Bueno, yo balbuceo la pulga algo con lo que te ganes el respeto de tus vecinos. Respeto, pues lo cierto es que espera interrumpió el buey yo que hablamos de esto, tengo el cariño de mis vecinos. Mantengo buena relación con todos los animales. Disfruto de su compañÃa y ellos parecen disfrutar también de la mÃa. Te pasa a ti lo mismo claro, puedes verme con cualquiera dijo con fingida seguridad, pero alguien te habla, alguien busca tu compañÃa, pues am a medida que la pulga iba captando la idea de lo que el buey trataba de explicar. Iba palideciendo enrojecÃa un poco y volvÃa a palidecer. Fue un momento extraño, pero por primera vez, ella la pulga más locuaz de los alrededores, se quedó sin palabras, permaneció un instante pensativa y cabizbaja y sintió vergüenza de su conducta. No habÃa sido ni honesta ni respetuosa con los demás y por su actitud se habÃa perdido muchas cosas buenas que ellos disfrutaban y compartÃan plácido Al notar el abatimiento de la pulga, no quiso hacer leña del árbol caÃdo y ser demasiado duro. Asà que intentó dejarle un mensaje positivo, pues él creÃa que todo el mundo merece al menos una segunda oportunidad. Te diré algo más, amiga mÃa, algunas veces envidio tu libertad lo dices en serio, por supuesto, la de cosas que podrÃa hacer yo con todo ese tiempo del que dispones a cuántos podrÃa echar una mano eres una privilegiada. Sólo debe reorganizarte y establecer tus prioridades. Esfuérzate en algo bueno y obtendrás tu recompensa. Sé prudente, respeta a los demás y recuerda que el ocio en exceso te llevará finalmente al aburrimiento colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado sopa de piedra. Siempre es interesante hablar con la gente mayor, aprovechad la oportunidad, cuando la tengáis, de escuchar y aprender de la profunda experiencia de una vida larga. Un anciano es, en todos los casos, fuente de gran SabidurÃa un abuelo, aunque no era el mÃo. Me contó una historia de esas que cuentan los abuelos, de esas que empiezan diciendo, pero aquellos tiempos o en mis tiempos y ya sabes que el relato viene de lejos. Pues bien, en esta historia, un hombre joven y valiente tuvo que abandonar su tierra en busca de mayor fortuna. La falta de diligencia de los gobernantes habÃa llevado a la región a un perÃodo de miseria económica, obligando a multitud de personas a emigrar para esquivar las penurias de la pobreza. Nuestro hombre recorrió medio mundo aprendiendo y trabajando duro. Pasaron los años y aunque hizo muchos amigos y adquirió gran conocimiento en múltiples disciplinas, lo cierto es que, en cuanto a fortuna se refiere, se le podÃa seguir considerando un hombre pobre. A pesar de todo, la nostalgia y la falta de noticias sobre familia y amigos le hicieron finalmente regre besar y no fue fácil, tras muchas jornadas, apurando el camino por anchas calzadas a veces y por dificultosas veredas otras, y acompañado por el invierno que pareció querer seguirlo hasta el final mismo de su viaje, por conocer en que terminaba semejante aventura. Un dÃa al fin entró de nuevo en su pueblo, justo por el mismo sitio por el que habÃa salido muchos años atrás. Mientras avanzaba por aquella senda empinada, cayó en la cuenta de que nadie podrÃa reconocerlo, pues su aspecto habÃa cambiado con los años y el pelo largo y la barba de tantos dÃas le daban un aspecto muy desaliñado, asà que decidió pedir algo de alimento y asearse un poco antes de aparecer en la propiedad de su familia, que estaba al final de la villa. Como por allà no se veÃa un alma. Llamó a la puerta de la primera casa con la que se topó. Buenos dÃas, señora, tendrÃa un poco de pan y queso para un pobre viajero cansado y hambriento y la señora cerrándole la puerta ya en las narices le contestó. Será posible con la que está cayendo y hay quien se atreve a venir pidiendo muy sorprendido y disgustado. El hombre intentó lo mismo en dos casas más y obtuvo muy parecida respuesta. HabÃa mucha escasez y desconfianza según se adentraba en el pueblo. Se iba fijando en el estado lamentable de las calles y las viviendas y pensó en lo poco que podrÃa ayudar a aquella gente. Habiendo regresado con los bolsillos vacÃos, decidió descansar junto a una fuente casi en el centro de la aldea. Allà encontró una olla vieja que alguien habÃa abandonado de inmediato. Tuvo una idea genial, la limpió convenientemente, la llenó de agua y la puso a hervir en una improvisada fogata de su furrón. Sacó una curiosa piedra redondeada que ha que ando habÃa cogido por el camino y la echó en la olla con el jaleo unos chicos y después algunos vecinos más fueron apareciendo tÃmidamente el peregrino vista la expectación aprovechó para olisquear por encima de la olla, haciendo aspavientos y poniendo cara de enorme satisfacción. Mmm. Esto está casi a punto, dijo, asegurándose de que todos lo oyeran, pero se puede saber qué está haciendo con esa piedra. Hombre, dijo una mujer que no perdÃa detalle verá, Señora, esta no es una piedra cualquiera es mágica y hace una sopa deliciosa. Quiere alguien probarla. Más de uno. Se ofreció voluntario al instante y un cucharón grande fue pasando de mano en mano hasta ir a parar a las del maestro Sopero. Este lo utilizó para degustar la sopa con mucho teatro y comunicó con pesar que faltaba un poco de sal visto y no visto. Alguien añadió un puñado de sal y de paso y sin preguntar una mujer arrojó dos chorizos dentro del pote. El cocinero hizo una segunda prueba y dijo m lástima. Con un poco de carne de ternera. El chorizo estarÃa mejor acompañado y el caldo más equilibrado. Alguien gritó falta carne y otro dijo ponedle garbanzos y como ninguno de ellos tenÃa mucho, pero todos tenÃan un poco. A esas alturas, ya nadie querÃa quedarse al margen, bien por el banquete que se intuÃa, bien por no quedar mal delante de los demás. Cada uno aportó lo que pudo y entre todos cocinaron un puchero delicioso. Cuando el hombre de la piedra mágica dio su conformidad, nadie se quedó sin su ración. Está muy rico. Lo mejor que he probado nunca decÃan fue una tarde muy especial. Comieron mucho, rieron y escucharon muchas historias de lugares lejanos y aunque en un primer momento todos creyeron en las propiedades mágicas del pedrusco, finalmente comprendieron que lo extraordinario del acontecimiento fue que lograron juntos lo que ninguno hubiera podido conseguir por sà solo. El hombre de la sopa de piedra aprendió que no hay que mostrar desesperación si necesitas algo de los demás, sino crear la impresión de que les das la oportunidad de ser parte de tu éxito. A sus vecinos les enseñó a cooperar para alcanzar metas mayores y a no ser tan desconfiados. OlorÃn colorado este cuento se ha acabado el eco para Ireri. El sábado era el mejor dÃa de la semana. Los otros dÃas no estaban mal. Le gustaba ir a la escuela y también jugar con sus amigas, pero el sábado era especial. Si el tiempo lo permitÃa su madre la despertaba temprano. Preparaban todo lo necesario y subÃan a la montaña a conectarse con la naturaleza. A veces recorrÃan largas distancias a buen ritmo, disfrutando del aire puro y del paisaje. Otras caminaban despacio, deteniéndose a cada paso, a examinar el tronco de un árbol, distinguir el sonido de algún animal o, con un poco de suerte, recolectar un puñado de frutos silvestres. Ciertamente, en la montaña no existÃa el aburrimiento y siempre siempre regresaban a casa con alguna importante lección. Una tarde, paseando en una zona rocosa y deri tropezó y cayó al suelo, lastimándose levemente en una rodilla, más por orgullo que por el daño que se hizo. Se levantó y gritó con rabia, piedra, boba, bóbara, su sorpresa, una voz repitió desde algún luga de la montaña. Boba, boba, boba, asombrada, Ireri volvió a gritar quién. Eres tú y recibió su respuesta. Eres tú? Eres tú? Eres tú? Enfadada ya con lo que parecÃa una burla, lanzó un desafÃo. Vamos da la cara cobarde y tuvo que escuchar su réplica. Cobarde, cobarde, cobarde. Se giró, miró a su madre y le preguntó has oÃdo quién puede ser su madre. Sonrió y dijo es eco una ninfa que vive en las montañas fÃjate eres maravillosa, gritó y se escuchó de vuelta maravillosa, maravillosa, Dios, no hay nadie Como tú? Como tú? Como tú? Como tú? Irerie permanecÃa muy atenta, aunque no lo entendÃa del todo. Su madre finalmente le explicó el eco. En realidad, es o que como la vida, te devuelve todo lo que dices o haces, porque la vida es un reflejo de nuestras acciones. Si das amor, recibirás amor. Si te comportas con respeto, seguro que te tratan con respeto. Pero si es envidia o desprecio lo que ofreces a los demás, será eso precisamente lo que te devuelvan. Y aunque tropecemos con algunas injusticias de las que no seremos en absoluto responsables, una actitud positiva y una buena relación con las personas de nuestro entorno nos fortalecerá y hará que todo mejore. ColorÃn colorado este cuento. Se ha acabado? Se ha acabado? Se ha acabado? Secaba los frascos de miel castillos en el aire el cuento de la lechera. El hijo de los granjeros salió muy temprano de casa. Aquella mañana apenas habÃa amanecido cuando cruzó la verja y enfiló el camino que le llevarÃa directamente al pueblo, descendiendo por una suave colina. Estaba exultante y tenÃa motivos. Se dirigÃa al mercado para vender la primera miel que habÃa elaborado su familia. Los padres del muchacho decidieron que las abejas serÃan una buena opción para aumentar el rendimiento de la granja, Asà que invirtieron dinero y mucho esfuerzo en unas colmenas que ahora alcanzaban su primera producción. Como el chico, le hacÃa mucha ilusión y habÃa estado esperando el dÃa con ansiedad. Le acomodaron tres grandes frascos dentro de un capazo de esparto, el cual cogió enseguida con ambas manos y sujetó contra el pecho buscando de adoptar la postura más cómoda y segura que le fuera posible y le encomendaron llevarlo al mercado, donde la venta estaba ya apalabrada. Ahora avanzaba alegremente por aquel camino. Cabeza erguida a cabello al viento y la mirada fija en nl el horizonte, como quien se sabe, a punto de dar un paso que cambiará el destino de la humanidad para siempre. Mientras caminada, intentó adivinar el beneficio que obtendrÃa con la operación. Sin duda serÃa cuantioso, pues no era fácil encontrar miel de calidad por aquellos contornos. HarÃa un buen negocio seguro y con aquellas ganancias bien invertidas. Su familia podrÃa quizá comprar más animales o hacerse cargo de más colmenas y comerciarÃan con lo producido y volverÃan a comprar colmenas y vacas y venderÃan más y más cada vez y en poco tiempo. Con aquel sistema serÃan dueños de la granja más importante del paÃs. TendrÃan muchos empleados. Sin duda, una cocinera y un conductor para el fabuloso coche que su padre iba a comprar. Se imaginaba en la enorme piscina o en la casa de la ciudad, donde pasarÃa temporadas con sus amigos. Eso en el tiempo que les sobrase entre viajes y viaje, porque tenÃa intención de conocer muchos paÃses, presenciar acontecimientos destacados y asistir a cantidad de fiestas a las que iban a invitarle visitarÃa las mejores tiendas. Claro, en su nueva situación, no era plan ir vestido de cualquier manera a relacionarse con gente importante. TendrÃa que cuidar mucho su aspecto gimnasio, masajes manicura alguna. Joya estaba feliz, podÃa verse claramente en su nueva vida, pero fue la mala suerte o la falta de atención o culpa del viento que vino a estamparle el pelo contra la cara o de todos juntos. Pero el caso es que lo que no pudo ver fue la roca que tenÃa delante de las narices y contra la que chocó su pie tras el golpe, y al comprender que se estampaba contra el suelo, echó las manos instintivamente hacia adelante para protegerse de la caÃda, lanzando por los aires a gran velocidad el capaz o con los frascos de miel. El primero tuvo un suave aterrizaje sobre la hierba alta colindante, pero los tres delicados recipientes voladores fueron a estrellarse con gran estrépito contra el suelo pedregoso, esparciendo por el camino en un instante, la miel y todas las riquezas que el muchacho esperaba obtener nunca nadie perdió tanto en tan poco tiempo, y es que no hay que ser impaciente. En lo que al futuro se refiere. No podemos esperar un beneficio basado en esperanzas vanas o que no tienen fundamento. Son esenciales la imaginación y la ilusión, pero la fantasÃa en exceso o soñar despiertos puede hacer que no prestemos suficiente atención a lo que tenemos entre manos. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la corneja y la jarra. Qué calor hizo aquel año. La primavera habÃa pasado casi sin lluvias y ahora, en pleno verano, todo estaba seco y polvoriento en el bosque. Algunos animales permanecÃan en sus madrigueras buscando el frescor de la tierra. Otros se escondÃan del sol entre las hojas de los arbustos más frondosos, una corneja que no quiso ir con su familia en busca de zonas más húmedas. Se encontraba ahora sola, sedienta y muy preocupada en la rama de una encina que soportaba la sequÃa con resignación. He cometido un error. Pensó no acompañé a los mÃos cuando aún tenÃa fuerzas y ahora, con lo débil que estoy, no puedo más. Esto es el fin a punto. Estaba de desfallecer cuando de pronto le vino a la cabeza algo que su madre le decÃa A menudo no pierdas en lamentaciones el tiempo de buscar soluciones. Ese recuerdo de su madre y de las cosas que le habÃa enseñado fue lo que le infundió el ánimo y la confianza para poder salir de aquella difÃcil situación. Se armó de valor, tomó aire mientras se concentraba y se echó a volar en misión de reconocimiento. En cuanto alcanzó bastante altura, pudo ver cómo algunos animales afectados por la SED empezaban a comportarse de un modo extraño. Un pato pequeño parado en un prado picaba pausado la punta de un palo y un raro ratón de rabo alargado. Rascaba nervioso la rama de un árbol, pero de agua ni rastro. Continuó volando un poco más, pero no vio ni rÃo, ni lago, ni charca, ni charco, ni agua alguna en la laguna ni en una alberca que estaba cerca de pronto. Cuando ya empezaba a flaquear, avistó al pie de un árbol un cántaro que alguien habÃa dejado de pie entre unas piedras. Extendió de inmediato en una arriesgada maniobra y al instante se habÃa posado al lado de la jarra. Dio dos saltitos para acercarse más y un tercero para subirse al borde del recipiente. Mientras murmuraba que tenga agua, que tenga agua, asomó la cabeza al interior y sorpresa tenÃa agua casi hasta la mitad. Le temblaban las patas de la emoción. Bueno, le temblaba todo el cuerpo cerrando los ojos. Se inclinó de nuevo para beber, pero el cuello de la jarra era estrecho. Su cabeza demasiado grande y su pico demasiado corto para alcanzar el agua. En un arrebato de indignación y desesperanza, agitó las alas con rabia y golpeó la jarra con las patas intentando tumbarla. Todo fue en vano. Estaba bien sujeta entre aquellos pedruscos y con el agua del interior pesaba más de lo que la corneja podÃa mover se. Dejó caer exhausta de espaldas sobre el tronco del árbol y como sólo le quedaban fuerzas para pensar, pensó y pensando y reflexionando, discurriendo y razonando, calculó y consideró que, si tuviera energÃa suficiente, podrÃa coger algunas piedras pequeñas de las que por allà habÃa e introducirlas en la jarra para que ocuparan el fondo y poco a poco, el agua subiera hasta el borde mismo y asà conseguirÃa beber y como habÃa recuperado la serenidad y la confianza. Encontró valor, puso empeño y lo hizo cuando logró alcanzar el agua con el pico y al fin pudo saciar la sed Sintió un alivio infinito, también un poco de vergüenza por haber sido tan irresponsable y con el tiempo cierto orgullo, pues con un pensamiento positivo, un poco de ingenio y mucho esfuerzo, consiguió salvar su vida cuando todo parecÃa perdido. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado vivir el presente. Un joven amable y trabajador, pero un poco impaciente. Partió un dÃa de su pueblo con la firme convicción de no regresar hasta haber encontrado la forma de convertirse en un hombre sabio. Después de muchos dÃas caminando y preguntando a todo aquel con el que se topaba por los caminos, dio con la dirección de una anciana a la que atribuÃan gran conocimiento y personalidad. Cuando al fin llegó a la casa de la susodicha la halló trabajando animadamente en el huerto. A pesar de su avanzada edad, sin pensárselo dos veces se acercó a ella y tras saludarse ambos cortésmente, el joven le preguntó, señora la gente asegura que es usted una mujer sabia. DÃgame, por favor, qué cosas puede hacer una persona a sando que no están al alcance de los demás. Y la anciana contestó cuando cómo, simplemente cómo. Cuando estoy dormida, duermo y cuando hablo contigo, solamente hablo contigo. Eso puedo hacerlo yo y no por eso soy sabio. Dijo el visitante sorprendido. No creo que eso sea asÃ, replicó la mujer. Cuando duermes recuerdas los problemas de la jornada o imaginas todo lo que podrá pasarte al dÃa siguiente, cuando comes ya tienes en mente lo que vas a hacer más tarde y mientras conversamos, piensas en qué vas a preguntarme después y ni siquiera he terminado de hablar. El secreto para alcanzar la sabidurÃa es ser consciente de lo que hacemos en cada momento y disfrutar plenamente cada minuto que vivimos. El pasado no existe y el futuro no ha llegado. Aún Deja atrás antiguos conflictos. Vive el presente con serenidad y equilibrio y tomarás las decisiones correctas para construir un futuro más feliz. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el obstáculo en el camino. Hace mucho tiempo, un hombre que gobernaba una extensa región colocó una gran roca obstaculizando un camino principal. Se escondió y miró para ver si alguien quitaba la enorme piedra. Muchos pasaron simplemente rodeándola. Algunos culparon a las autoridades por no mantener los caminos despejados pero ninguno de ellos hizo nada para quitar la piedra del camino. Una campesina que pasaba por allà con una carga de verduras la vio al aproximarse a ella, puso su carga en el suelo y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho con gran esfuerzo, lo logró mientras recogÃa su carga de vegetales, vio una bolsa en el suelo justo donde habÃa estado la roca. La bolsa contenÃa muchas monedas de oro y una nota del mismÃsimo Gobernador diciendo que el oro era el premio para la persona que apartara la piedra del camino. Dos hombres que pasaban y que lo vieron todo se quedaron muy sorprendidos por lo que habÃa pasado. La mujer no tanto, sólo sonrió mientras se guardaba su recompensa. Ella ya sabÃa que cada piedra en el camino puede estar disfrazando una gran oportunidad que para lograr la experiencia hay que afrontar los retos de la vida, que sólo los valientes saben que cada obstáculo te hace más fuerte y que hay que tropezar y volver a levantarse para ser el auténtico dueño de tu destino. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el agua de la felicidad. En cierta ocasión, un mercader una hechicera y un valiente soldado decidieron asociarse y juntos partir en busca del agua de la felicidad, esperando que, tal como se decÃa, después de beberla, vivirÃan para siempre, alcanzando de ese modo la felicidad plena. El soldado curtido en mil batallas, creÃa que el agua de la felicidad tendrÃa muchÃsima fuerza. AparecerÃa en forma de torrente o de catarata. Por esa razón iba provisto de una reluciente armadura y de su mejor espada, convencido de que deberÃa enfrentarse a ella para someterla y poder bebérsela. La hechicera. Siempre habÃa pensado que el agua de la Felicidad era mágica y misteriosa. Por tanto, la imaginó como un pequeño lago envuelto en la niebla. Para controlarla, prepararÃa un hechizo especial, asà que cargaba con todo tipo de hierbas y ungüentos que habÃa fabricado y vestÃa una larga capa dibujada de estrellas brillantes. El mercader era de la opinión de que el agua de la Felicidad debÃa de ser tremendamente costosa y estarÃa rodeada de gran lujo. Sin duda pensaba él hallarÃan una fuente de perlas o de diamantes. El hombre decidió llenarse todos los bolsillos y unos saquitos que llevaba en el cinto con monedas de oro con la esperanza de tener suficiente para poder comprar el agua. Cuando los viajeros se encontraron por fin el agua de la vida, ésta tenÃa muy poco que ver con lo que se habÃan imaginado. No era un torrente susceptible de ser intimidado por una muestra de fuerza, ni tampoco era un remolino que pudiera ser encantado por un hechizo y tampoco era una fuente de perlas o de diamante que pudiera comprarse con dinero. Era simple y llanamente un pequeño arroyo de agua dulce y, según les habÃa dicho una mujer cerca de allÃ, lo único que hacÃa falta para beneficiarse de los poderes mágicos del agua era zambullirse en ella para refrescarse y beber, para calmar la sed del camino pero hacer esto resultó mucho más difÃcil de lo que hubieran imaginado. El guerrero, con su armadura, era incapaz de cruzar el barro de las orillas. Por otra parte, la larga capa mágica de la hechicera perdÃa sus poderes en cuanto se manchaba de fango y el mercader, con tanto dinero a cuestas, corrÃa el riesgo de que las monedas se le escaparan de los bolsillos y fueran a perderse corriente abajo en el momento en el que se arrodillara. Asà que ninguno de los tres de pie como estaban, podÃa beber ni introducirse en el arroyo. Tras reflexionar durante unos minutos, se dieron cuenta de que sólo habÃa unas sora posible para cada uno de ellos. El guerrero se despojó de la armadura, la hechicera arrojó al barro la capa y el mercader se quitó la ropa que habÃa llenado de monedas y asÃ, uno a uno se fueron metiendo en el agua, liberados de sus cargas y aunque en aquel momento no conocÃan el motivo, comenzaron a sentirse aliviados, rieron y bromearon entre ellos, olvidando el motivo de su viaje y el duro camino que habÃan recorrido hasta allÃ, Y es que abandonaron en la orilla, la ambición desmedida, los prejuicios, la violencia y todo aquello que les impedÃa avanzar en su búsqueda de la felicidad Y a cambio, encontraron en aquel arroyo alegrÃa, paz interior y dos buenos amigos para cada uno colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado los pavos reales y pomposo el cuervo. En un claro del bosque pasaban la tarde un grupo de formidables pavos reales alimentándose de vallas y pequeños frutos y acicalando su plumaje con esmero, ya que se aproximaba el perÃodo de cortejo un cuervo grande. Fascinado por el espectáculo los observaba oculto en la espesura Vaya Come Maravilla, pensó en voz alta qué plumas tan bellas, qué elegantes movimientos. Asà estuvo un buen rato hasta que se ocultó el sol y los pavo reales se marcharon a pasar la noche al enorme árbol en donde siempre se recogÃan para dormir pomposo. El cuervo grande regresó también con los suyos, que ya lo habÃan echado en falta y empezaban a preocuparse por él, pero apenas pudo conciliar el sueño. Ahora que habÃa conocido a los pavos, no sentar a la rÃa del todo a gusto con los de su especie y comenzó a reflexionar sobre las diferencias entre cuervos grandes y pavos reales y en cómo él se identificaba más. Con estos últimos estudiados con detenimiento, sus parientes no tenÃan ni de lejos el porte, la delicadeza y el glamour de sus admirados pavos reales. Muy al contrario, los cuervos grandes tenÃan plumas cortas y negras, daban saltitos sin ningún refinamiento y hasta sus graznidos últimamente le parecÃan molestos y vulgares. Todos los dÃas visitaba el claro al que acudÃan los pavos y pasaba cada vez más tiempo contemplándolos. Este es mi ambiente, se dijo, y una idea fue cuajando en su interior. TenÃa que convertirse en uno de ellos, asà que recogió algunas plumas de las que los pavos dejaban cada tarde por el suelo y las colocó entre las suyas como mejor pudo, intentando burdamente parecerse a uno de sus venerados vecinos. Miró su imagen en una charca iluminada por la luna, hizo unos últimos ajustes a sus postizos y consideró que estaba ante el reflejo de un finÃsimo y genuino pavo cristatus. Al dÃa siguiente se presentó con su nuevo aspecto en el claro del bosque y saludó al grupo como si se conociesen de toda la vida hola, cómo va todo, y se puso a picotear vallas y a mover las plumas, tratando sin mucho éxito de emular a los pavos reales. Estos disimulando la risa y sintiendo lástima al mismo tiempo por el cuervo que estaba haciendo el ridÃculo en grado sumo. Decidieron responder al saludo y esperar la evolución de los acontecimientos. Estuvo tres dÃas y tres noches con su nueva familia. Era la comidilla de todos los animales que extendieron las burlas y los comentarios más allá de los lindes del bosque. La mañana del cuarto dÃa ya estaba muy contrariado. Las costumbres de los pavos eran tediosas. PermanecÃan casi todo el tiempo en el suelo, comiendo unas vallas de gusto repugnante, emitiendo sonidos muy desagradables y realizando extraños movimientos sin sentido con lo que le gustaba a él volar y hacer piruetas. Además, su dieta solÃa ser mucho más rica y variada que la de aquellos sosos y sus plumas no precisaban de tantos cuidados ni tanta parafernalia. Añoraba los grandidos de los otros cuervos y ahora recordaba como expresión máxima de armonÃa y buen gusto, Asà que se despojó de su disfraz y regresó a casa. Pero los cuervos grandes estaban enterados de sus ridÃculas andanzas y muy ofendidos por su actitud de desprecio. Hacia ellos, todos le dieron la espalda y avergonzado y triste. A Pomposo no le quedó más remedio que buscar otro sitio donde vivir lejos de los suyos. Antes de alejarse el viejo buho t o todo lo veÃa y todo lo sabÃa. Le dijo desde las sombras. Pronto se les pasará y te perdonarán, porque te quieren y te aceptan como eres como vos, tenemos defectos y cosas buenas. No pretendas ser otro o volverás a hacer el ridÃculo. Y nunca nunca te compares con nadie, porque recibirás una visión deformada de ti mismo. Hay una gran cantidad de formas de vivir, sentir, pensar lo que tú vales no puede ser el resultado de compararte con los demás tú posees cualidades maravillosas eres único y especial Ãrrete a ti a los tuyos por lo positivo colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado las mejores semillas. Julio era un agricultor. Como otro agricultor cualquiera. Si podiera hech observarlo durante todo un dÃa, comprobarÃais que su jornada no se diferenciaba en nada de las de los otros hortelanos de la zona. Se levantaba para trabajar a la misma hora, realizaba idénticas labores y se alimentaba de los productos de su huerta, que eran similares a los de las huertas de sus vecinos. No era una vida fácil. Todos trabajaban muchÃsimo para sacar adelante a sus familias y Julio no era una excepción lo dicho, ni más alto, ni más fuerte ni más guapo. Lo realmente insólito en aquel hombre era el hecho de que, año tras año, fuese condecorado con el premio al mejor maÃz de la comarca, otorgado con motivo de la celebración de la Feria de Agricultura. La cuestión era causa de muchos comentarios en la región, pero todos se habÃan acostumbrado ya a ver a Julio, recogiendo su premio, agradeciendo brevemente al jurado, dedicando el triunfo a los presentes y regresando a su plantación con la mira misma parsimonia con la que habÃa venido en una ocasión una periodista de la ciudad que habÃa oÃdo hablar de Julio y de su maÃz campeón se desplazó hasta el lugar el dÃa de la feria para ver con sus propios ojos cómo un año más julio recogÃa su premio y para comprobar por sà misma si aquel producto era merecedor de semejante reconocimiento. Y no hubo duda aquel era claramente un maÃz excepcional. Asà que antes de que el galardonado se esfumase, la mujer lo abordó y quiso saber sobre su técnica formación, si tenÃa informadores en el extranjero o si realizaba rituales ancestrales alrededor del huerto en las noches de luna llena. La respuesta le dejó muy desconcertada. Según aquel hombre, la clave era compartir con sus vecinos parte de sus mejores semillas. Pero, hombre, cómo se le ocurre compartir semillas con sus vecinos cuando ellos están compitiendo con usted el campesino le dijo con tranquilidad. Verá usted el polen del maÃz maduro es libre de ir de plantación en plantación. En todo caso dependerá del viento y las abejas, y yo no tengo dominios sobre ninguno de ellos. Si la producción de mis vecinos no es de calidad, la polinización degradará también la mÃa. Si quiero tener un buen maÃz, debo ayudar a que ellos también lo tengan. Sabe usted. Por eso creo que mi bienestar está unido al bienestar de los que me rodean. Por tanto, si lucho por mi felicidad, debo luchar por la de todos. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado.








