004. 2 Cuentos Clásicos Audio cuentos infantiles

Pinocho. Ãrase una vez un carpintero llamado Yepeto que decidió construir un muñeco de madera al que llamó Pinocho. Con él consiguió no sentirse tan solo como se habÃa sentido hasta aquel momento. Qué bien me ha quedado. Exclamó una vez acabado de construir y de pintar cómo me gustarÃa que tuviese vida y fuese un niño de verdad, como habÃa sido muy buen hombre a lo largo de la vida y sus sentimientos eran sinceros. Un hada decidió concederle el deseo y durante la noche dio vida a Pinocho. Al dÃa siguiente, cuando Jepeto se dirigió a su taller, se llevó un buen susto al oÃr que alguien le saludaba hola papá dijo Pinocho, quién habla preguntó Jepeto, soy yo, Pinocho, no me conoces le preguntó Yepeto se dirigió al muñeco Eres Tú. Parece que estoy soñando por fin n nero con un hijo. Jepeto querÃa cuidar a su hijo, como habrÃa hecho con cualquiera que no fuese de madera. Pincho tenÃa que ir al colegio, aprender y conocer a otros niños, pero el carpintero no tenÃa dinero y tuvo que vender su abrigo para poder comprar una cartera y los libros. A partir de aquel dÃa, Pinocho empezó a ir al colegio con la compañÃa de un grillo que le daba buenos consejos, pero, como la mayorÃa de los niños, Pinocho preferÃa ir a divertirse, que ir al colegio a aprender, por lo que no siempre hacÃa caso del grillo. Un dÃa, Pinocho se fue al teatro de tÃteres para escuchar una historia cuando le vio el dueño del teatro quiso quedarse con él. Oh un tÃtolo que camina por sà mismo y habla con él en la compañÃa. Voy a hacerme rico dijo el Titiritero, pensando que Pinocho le harÃa ganar mucho dinero. A pesar de las recomendaciones del pequeño Grillo que le decÃa que era mejor irse de allÃ, Pinocho decidió quedarse en el teatro, pensando que asà podrÃa ganar dinero para comprar un abrigo nuevo a yepeto que habÃa vendido el suyo para comprarle los libros, y asà lo hizo. Durante todo el dÃa estuvo actuando para el Titiritero. Pasados unos dÃas, cuando querÃa volver a casa, el dueño del teatro de Marionetas le dijo que no podÃa irse, que tenÃa que quedarse con él. Pinocho se echó a llorar tan y tan desconsolado que el dueño le dio unas monedas y le dejó marchar de vuelta a casa. El Grillo y Pinocho se cruzaron con dos astutos ladrones que convencieron al niño de que si enterraba las monedas en un campo cercano llamado el Campo de los Milagros, el dinero se multiplicarÃa y se harÃa rico. Confiando en los dos hombres y sin escuchar al Grillo que le advertÃa del engaño, Pinocho enterró las monedas y se fue rápidamente. Los dos ladrones se llevaron las monedas y Pinocho tuvo que volver a casa sin ellas. Durante los dÃas que Pinocho habÃa estado fuera Jepeto, se habÃa puesto muy triste y preocupado, habÃa salido a buscarle por todos los rincones. AsÃ, cuando Pinocho y el Grillo llegaron a casa, se encontraron solos. Por suerte, el hada que habÃa convertido a Pinocho en niño. Les explicó que el carpintero habÃa salido dirección al mar para buscarles. Pinocho y el Grillo decidieron ir a buscarle, pero se cruzaron con un grupo de niños. A dónde vais preguntó Pinocho al paÃs de los juguetes. Respondió un niño. Allà podremos jugar sin parar. Quieres venir con nosotros. Oh, no, no, no le advirtió. El grillo recuerda que tenemos que encontrar a Yepeto, que está triste y preocupado por ti solo un rato dijo Pinocho. Después seguimos buscándole, y Pinocho se fue con los niños, seguido del grillo que intentaba convencerle de continuar buscando al carpintero. Pinocho jugó y brincó todo lo que quiso enseguida. Se olvidó de Yepeto. Sólo pensaba en divertirse y seguir jugando. Pero a medida que pasaba más y más horas en el paÃs de los juguetes, Pinocho se iba convirtiendo en un burro. Cuando se dio cuenta de ello, se echó a llorar al oÃrle el hada, se compadeció de él y le devolvió su aspecto, pero le advirtió A partir de ahora. Cada vez que mientas te crecerá la nariz. Pinocho y el grillo salieron rápidamente en busca de yepeto. Yepeto, que habÃa salido al mar en un pequeño bote de vela, habÃa sido tragado por una enorme ballena. Entonces, Pinocho y el grillito desesperado se hicieron a la mar para rescatar al pobre papá de Pinocho. Cuando Pinocho estuvo frente a la ballena, le pidió por favor que le devolviese a su papá, pero la enorme ballena abrió la boca y se lo tragó también a él. Por fin, Yepeto y Pinocho estaban nuevamente juntos. Ahora debÃan pensar cómo conseguir salir de la barriga de la ballena. Ya sé dijo Pepito Grillo, hagamos una gran fogata. El fuego hizo estornudar a la enorme ballena y la balsa salió volando con sus tres tripulantes. Una vez a salvo. Pinocho le contó todo lo sucedido a Yepeto y le pidió perdón. Yepeto, a pesar de haber sufrido mucho los últimos dÃas, sólo le importaba volver a tener a su hijo con él, por lo que propuso que olvidaran todo y volvieran a casa. Pasado un tiempo, Pinocho demostró que habÃa aprendido la lección y se portaba bien. Iba al colegio, escuchaba los consejos del Grillo y ayudaba a su padre en todo lo que podÃa. Como recompensa por su comportamiento, el hada decidió convertir a Pinocho en un niño de carne y hueso. A partir de aquel dÃa, Pinocho y epeto fueron muy pero que muy felices colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. Caperucita Roja habÃa una vez una niña muy buena. Su madre le habÃa hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo le llamaba Caperucita Roja. Un dÃa, su madre le pidió que llevase unas frutas y unas verduras a su abuela, que vivÃa al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allà el lobo. Caperucita Roja cogió la cesta con las frutas y verduras y se puso de camino. La niña tenÃa que atravesar el bosque para llegar a casa de la abuelita, pero no le daba miedo porque allà se encontraba con muchos amigos, los pájaros, las ardillas. De repente vio al lobo, que era enorme delante de ella a dónde vas niña le preguntó el lobo con su voz ronca a casa de mi abuelita. Le dijo Caperucita, no está lejos. Pensó el lobo para sÃ. Dándose media vuelta, Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores. El lobo se ha ido. Pensó no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores, además de las frutas y las verdugas. Mientras tanto, el lobo se fue a la casa de la abuelita llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era caperucita. Un cazador que pasaba por allà habÃa observado la llegada del lobo. El lobo devoró a la abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada. Se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues caperucita roja llegó enseguida toda contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada. Abuelita, Abuelita, qué ojos más grandes tienes son para verte mejor, dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela. Abuelita, Abuelita, qué orejas más grandes tienes son para oÃrte mejor, siguió diciendo el lobo. Abuelita, Abuelita, qué dientes más grandes tienes o son p RNS? No comerte mejor. Y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que habÃa hecho con la abuela. Mientras tanto, el cazador se habÃa quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en casa de la abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama dormido de tan harto que estaba, el cazador abrió el vientre del lobo. La abuelita y caperucita estaban allà vivas para castigar al lobo malo. El cazador le llenó la barriga de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchÃsima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó. En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja habÃa aprendido la lección. Prometió a su abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara por el camino de ahora en adelante seguirÃa las recomendaciones de su abuelita y de su mamá ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado.








