020. Los pavos reales y Pomposo el cuervo Cuento con valores

Los pavos reales y Pomposo el cuervo En un claro del bosque pasaban la tarde un grupo de formidables pavos reales alimentándose de vallas y pequeños frutos y acicalando su plumaje con esmero, ya que se aproximaba el perÃodo de cortejo un cuervo grande. Fascinado por el espectáculo, los observaba oculto en la espesura vaya, qué maravilla pensó en voz alta, qué plumas tan bellas, qué elegantes movimientos. Asà estuvo un buen rato hasta que se ocultó el sol y los pavo reales se marcharon a pasar la noche al enorme árbol, en donde siempre se recogÃan para dormir. Pomposo, el cuervo grande regresó también con los suyos, que ya lo habÃan echado en falta y empezaban a preocuparse por él. Pero apenas pudo conciliar el sueño. Ahora que habÃa conocido a los pavos, no se sentÃa del todo a gusto con los de su especie y comenzó a reflexionar sobre las diferencias entre cuervos grandes y pavos reales y en cómo él se identificaba más. Con estos últimos estudiados con detenimiento, sus parientes no tenÃan ni de lejos el porte, la delicadeza y el glamour de sus admirados pavos reales. Muy al contrario, los cuervos grandes tenÃan plumas cortas y negras, daban saltitos sin ningún refinamiento y hasta sus graznidos últimamente le parecÃan molestos y vulgares. Todos los dÃas visitaba el claro al que acudÃan los pavos y pasaba cada vez más tiempo contemplándolos. Este es mi ambiente, se dijo y una idea fue cuajando en su interior. TenÃa que convertirse en uno de ellos, Asà que recogió algunas plumas de las que los pavos dejaban cada tarde por el suelo y las colocó entre las suyas como mejor pudo intentando burdamente parecerse a uno de sus venerados vecinos. Miró su imagen en una charca iluminada por la luna, hizo unos últimos ajustes a sus postizos y consideró que estaba ante el reflejo de un finÃsimo y genuino pavo cristatus. Al dÃa siguiente se presentó con su nuevo aspecto en el claro del bosque y saludó al grupo como si se conociesen de toda la vida hola cómo va todo y se puso a picotear vallas y a mover las plumas, tratando sin mucho éxito de emular a los pavos reales estos disimulando la risa y sintiendo lástima al mismo tiempo, por el cuervo estaba haciendo el ridÃculo en grado sumo. Decidieron responder al saludo y esperar la evolución de los acontecimientos. Estuvo tres dÃas y tres noches con su nueva familia. Era la comidilla de todos los animales que extendieron las burlas y los comentarios más allá de los lindes del bosque. La mañana del cuarto dÃa ya estaba muy contrariado. Las costumbres de los pavos eran tediosas. PermanecÃan casi todo el tiempo en el suelo, comiendo unas vallas de gusto repugnante, emitiendo sonidos muy desagradables y realizando extraños movimientos sin sentido con lo que le gustaba a él volar y hacer piruetas. Además, su dieta solÃa ser mucho más rica y variada que la de aquellos sosos y sus plumas no precisaban de tantos cuidados ni tanta parafernalia. Añoraba los grandidos de los otros cuervos y ahora recordaba como expresión máxima de armonÃa y buen gusto. Asà que se despojó de su disfraz y regresó a casa. Pero los cuervos grandes estaban enterados de sus ridÃculas andanzas y muy ofendidos por su actitud de desprecio. Hacia ellos todos le dieron la espalda y avergonzado y triste. A Pomposo no le quedó más remedio que buscar otro sitio donde vivir lejos de los suyos. Antes de alejarse el viejo búho que todo lo veÃa y todo lo sabÃa le dijo desde las sombras. Pronto se les pasará y te perdonarán, porque te quieren y te aceptan como eres o vos tenemos defectos y cosas buenas. No pretendas ser otro o volverás a hacer el ridÃculo. Y nunca nunca te compares con nadie, porque recibirás una visión deformada de ti mismo. Hay una gran cantidad de formas de vivir, sentir, pensar. Lo que tú vales no puede ser el resultado de compararte con los demás tú posees cualidades maravillosas, eres único y especial hérete a TI a los tuyos por lo positivo, colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado.








