June 16, 2023

018. El molinero, el niño y el asno Audiocuento infantil

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El molinero, el niño y el asno. Un molinero, su hijo y un pequeño asno que llevaban a vender en la feria del pueblo, salieron de casa una mañana temprano con la esperanza de hacer un buen negocio y de paso, disfrutar de una larga caminata, respirando el aire puro del campo y contemplando el paisaje. El trabajo en el molino no daba tregua, y tanto el padre como el hijo tenían gran sentido de la responsabilidad, por lo que apenas lo abandonaban para ir a ningún sitio. Avanzaban con buen ánimo por una senda cuando se encontraron con un grupo de personas que merendaban a la sombra en la orilla de un río. Buenos días tengan ustedes, dijo el molinero con ganas evidentes de entablar conversación. Hubo un breve silencio en el que los merendantes observaron con detenimiento a los caminantes y a continuación, uno de ellos dijo sí, sí, muy buenos, sobre todo para el asno que lo llevan de excursión. Padre e hijo, se quedaron sorprendidos por la extraña respuesta. Padre e hijo, se miraron y después miraron a los merendantes con desconcierto disculpe. No entiendo a qué se refiere. Balbuceó el molinero. Yo pasmo en lugar de al perro. Pasean al asno se oyó gritar a una mujer entre las carcajadas del resto. Parece que el borrico es el más listo de los tres. Dijo otro como el jolgorio iba a más y la burla no cesaba. Los caminantes enfilaron de nuevo el sendero y retomaron su andadura cabizbajos sin decir ni una palabra más. Mientras se alejaban de allí, el molinero reflexionó sobre el incidente. Qué tenían en contra del burro. No podía disfrutar el pobre de un cómodo paseo. Se habría promulgado alguna norma contra los burros desocupados de la que en el molino no habían tenido noticias. En cualquier caso, no querían parecer ignorantes ni llamar demasiado la atención. Así que ayudó al muchacho que de mala gana subió a la grupa del animal. Recorrieron de esta forma otro buen trecho y estaban bordeando unos campos de cultivo. Cuando oyeron la voz de un campesino que les gritaba muy alterado. Estarás contento, jovencito, qué falta de educación y de respeto a tus mayores. Ese seguramente es tu pobre padre, que habrás realizado mil y unos sacrificios para alimentarte y darte una educación y ahora tú se lo pagas. Así viajando como un pachá sobre ese abnegado animal mientras un anciano se arrastra penosamente tirando de vosotros dos y usted, señor muestre un poquito de carácter hombre no se deje humillar Así está en un error. Compañero, le agradezco la preocupación, pero yo camino con gusto en este día tan agradable y el muchacho viaja de ese modo porque no parezca que llevamos al burro de excursión. Usted ya me entiende, pues no no le entiendo en absoluto. Dijo el labrante. Haga usted lo que quiera, pero por favor, alejen este espectáculo lamentable de mi vista. Hizo un movimiento desdeñoso con la mano y se sumió de nuevo en su labor. Muy apenados por este segundo encontronazo volvieron a su trayecto sin decir ni una palabra más. Pero esta vez, padre e hijo estuvieron de acuerdo en que lo adecuado para evitar confusiones sería que el joven caminase y que muy a su pesar, el molinero viajase sobre el animal. Ya habían olvidado casi el desencuentro con el campesino cuando, al pasar frente al aserradero, uno de los empleados que trabajaba en el exterior vociferó hay mucho fresco por el camino. Eh ah, no crea. El sol está bien alto y apenas corre la brisa. Contestó el ingenuo molinero. Muy gracioso. El vejestorio menudo cara dura. Dijo otro. Si usted quiere desfondarse peregrinando a pleno sol por los caminos polvorientos, pues allá usted pero hacer pasar por tal parecido al pobre muchacho, un grandullón que apareció con dos enormes tablones al hombro bramó vengo aquí y sin vergüenza que le Quiero explicar cuatro cosas. Los ánimos se estaban caldeando y algunos de los trabajantes se dirigían hacia los caminantes, así que padre e hijo se dieron prisa en alejarse de allí sin decir ni una palabra más. Parecía que tampoco estaba bien visto que los jóvenes hicieran ejercicio físico de manera saludable. Padre e hijo no pretendían herir la sensibilidad de nadie ni crear más polémicas con los vecinos. Entonces estimaron que lo más oportuno sería subir ambos a lomos del pollino adormecidos por el bamboleo y los pasos lentos del jumento se iban aproximando a su destino y cuando ya se veían a lo lejos, las primeras casas de la villa se cruzaron con un apicultor y su hija, que parecían venir precisamente de allí buenos días saludó el molinero discretamente para sorpresa de padre e hijo. Padre e hija se pararon y el hombre respondió. Sí, realmente buenos. Padre e hijo sonrieron pobres ingenuos porque el apicultor no había terminado aún su alegato. No serán tan buenos para la pobre. Bestia verdad. Ahí, Padre e hijo, ya se lo vieron venir. Eso no es forma de tratar a un animal tan noble. Es que no se da cuenta que va sufriendo con tanto peso encima podrían caminar un poco, no que es muy sano. Vamos amparo. No quiero que hables con estas personas, pero lejos de obedecer la niña se plantó frente a ellos desafiante. Tenía las manos juntas formando un hueco entre sus palmas. La abeja es el animal más importante del mundo. Les espetó y abrió las manos mostrándoles un hermoso ejemplar de apis melífera que había estado protegiendo y que en ese momento se elevó suavemente sobre sus cabezas. Hubo un instante de sosiego y armonía casi mágico en el que las miradas de todos persiguieron absortos. El rubor de la abeja mientras se perdía en la distancia. Duró poco, pero todos los animales son importantes y merecen respeto. Su indignación crecía a cada palabra. El burro es patrimonio de la humanidad, parte integral del medio ambiente y de nuestra cultura, y no te digo que no logró decir el molinero. No hay derecho a lo que están haciendo explotadores. Liber en alburro. Unos chavales que jugaban allí al lado oyeron el jaleo y además les hizo gracia la consigna, así que se acercaron gritando también a favor de la liberación. Liberen al burro justicia animal. Liberen al burro. Padre e hijo no pudieron decir ni una palabra más. Se montó tal guirigay que hasta el burrito se asustó y aún colo cansado que estaba Compadre e hijo sobre su espalda y tanto niño, Manifestándose alrededor, se las apañó para dar un par de brincos, abrirse paso entre las líneas enemigas y salir trotando camino abajo, cuando ya no pudo dar ni un paso de puro agotamiento. Padre e hijo echaron pie a tierra y comentaron la última trifulca. Sólo quedaba una opción para entrar en el pueblo sin más polémicas. Prepararon una rama larga, adecuadamente y con unas cuerdas ataron las patas del fatigado animal, de modo que, al levantar el palo Padre e hijo y cargarlo sobre sus hombros. El borrico quedaba colgando panza arriba y de esta guisa se presentaron a cruzar el puente de un solo arco que daba acceso a la villa y en cuyas inmediaciones se congregaban tradicionalmente todos los que no tenían nada mejor que hacer. La fiesta estaba asegurada en cuanto los congregantes vieron aparecer a los caminantes. Con el burro colgante, las carcajadas y las chanzas se apoderaron del puente. Reían los viejos, reían los jóvenes, los que se reían siempre de todo y los serios de solemnidad. Y no era para menos, pues la tontería era mayúscula. La comparsa nerviosa y aturdida por la algarabía bandeaba de un lado al otro del viaducto amagando el burro sin él pretenderlo con salir despedido. En cada bandazo y al cuarto o quinto fue que se cumplieron los malos augurios y el burro despegó del puente elevándose de manera inverosímil antes de precipitarse al río para sorpresa de congregantes y caminantes, aterrizó de buena forma y se fue flotando arrastrado por la corriente hasta unos prados muy lejanos donde decidió empezar una nueva vida. Mientras tanto, en el puente, padre e hijo se habían quedado con un palmo de narices y por no decir ni una palabra de más y por el miedo a lo que dirían otras personas y a ser criticados, habían perdido el burro, el negocio y lo que podía haber sido un estupendo día de campo. No vivimos para complacer a todo el mundo todo el tiempo. Escuchar buenos consejos es muy importante, pero a veces ha hay que saber, imponer el criterio propio y no hacer caso de opiniones malintencionadas. Debemos estar dispuestos a cometer algunos errores de los que sin duda aprenderemos y no condicionar siempre nuestras acciones a lo que piensen los demás. Colorín colorado. Este cuento se ha acabado.