011. El tesoro escondido Audiocuento con valores y sabiduría

El tesoro escondido Hace ya tiempo. Dos hermanas que habÃan conseguido ahorrar algún dinero tras años de mucho trabajo en el campo, decidieron invertirlo comprando su propia parcela. Caminando un dÃa por las colinas, divisaron un terreno abajo en el valle que habÃa sido viñedo con cientos de cepas, pero que ahora permanecÃa descuidado y seco descubrieron en un cartel que estaba en venta. Animadas. Se acercaron a la casita que habÃa en la finca, llamaron y un anciano abrió la destartalada puerta con desgana buenas tardes, abuelo dijo una de las hermanas con amabilidad. Hemos visto el cartel. DÃgame por qué vende un terreno tan interesante está acaso contaminada. La tierra o algo parecido. No no de ninguna manera. Es muy buena tierra. Antes la más productiva del Valle. Lo que pasa es que yo lo compré hace mucho tiempo porque me aseguraron que aquà se escondÃa un gran tesoro. Me cansé de buscar y buscar sin ningún éxito. Y ahora ya soy viejo y ya no tengo ni fuerzas ni paciencia. Las hermanas, que aún eran jóvenes y fuertes, decidieron que podrÃa ser una buena inversión si lograban encontrar ellas el tesoro. Compraron la parcela y el anciano Se fue de allà muy contento y agradecido. Al dÃa siguiente comenzaron a buscar el tesoro. Primero despejaron el campo de todas las hojas y hierbas que no servÃan. Después estuvieron mucho tiempo refrescando y humedeciendo el suelo. Por último, se pasaron meses excavando y removiendo la tierra. Al terminar todas esas, estas faenas tuvieron que descansar porque no habÃan encontrado nada y habÃan perdido la esperanza. Tras muchos dÃas de abatimiento, sentadas frente a la casucha, contemplando el resultado de su infructuoso esfuerzo, se dieron cuenta de pronto de la verdadera trascendencia de su trabajo, la transformación del campo sobre el que habÃan rebrotado viejas vides y comenzaban incluso a dar sus primeros frutos y de ellas mismas, cuyas manos y brazos se veÃan ahora mucho más fuertes. Las muchachas llevaron las uvas de la siguiente cosecha al mercado y resultaron ser de tan buena calidad que las vendieron todas en un solo dÃa y a muy buen precio. Su fama se extendió por toda la región. Todo el mundo querÃa probar aquel manjar. Tuvieron tantos beneficios que en sólo un par de años consiguieron no tener que preocuparse más por el dinero, llevar una vida cómoda y poder permitirse más de un capricho. Ciertamente, aquel terreno escondÃa un gran tesoro, sólo que no era lo que el Anciano y las hermanas esperaban. No encontraron joyas ni monedas, pero el esfuerzo y la perseverancia tuvieron finalmente su recompensa. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado.








