008. 10 Cuentos con valores y sabiduría. Vol. 01. Cuentos para pensar y reflexionar

La estrella y la luciérnaga. Lo importante es ser luz. Me contaron que hace tiempo, durante una cálida noche de verano, una estrella recién nacida iluminó de tal manera a una luciérnaga que volaba en la tranquilidad de la campiña que parecÃa haberla envuelto en un auténtico abrazo de luz con voz suave pero profunda. Se oyó decir a la estrella eres tan pequeñita y tu luz es tan débil. La luciérnaga, que no se lo esperaba, pareció ruborizarse y todo lo rápido que pudo fue a ocultar su vergüenza entre las hojas de un frondoso melocotonero. Cuando hubo recuperado un poco el ánimo y estaba a punto de salir de su escondite, su hermana, que se encontraba casualmente en el árbol y que habÃa permanecido a su lado amparada por la noche observando toda la escena. Le comentó eres portadora de una gran luz hermana mÃa y, sin embargo, estás tan ciega. El tamaño de las cosas sólo hace que ocupen más espacio. Lo importante de verdad en ellas es su esencia, su dignidad y su verdadero carácter. Con pequeños actos de bondad puedes dejar una huella enorme en el universo cuando iluminas el sendero para que pequeños insectos voladores no se vean atrapados en los peligros de la noche. La magnitud de ese pequeño servicio que realizas es enorme, porque está hecho con la luz que tienes en el corazón. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a favor de una causa común o simplemente para ayudar a los demás, es nuestra esencia la que entra en juego y con ello contribuimos a despertarlas. Conciencias, los afectos y los buenos sentimientos y a progresar hacia un mundo mejor colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado. La luciérnaga y la serpiente. Se cuenta que en el atardecer de un caluroso dÃa de verano, volaba una luciérnaga feliz y distraÃda, moviéndose con gracia arriba y abajo mientras se dirigÃa a su casa. Pero una serpiente que estaba hambrienta y aburrida la vio pasar y sin pensárselo dos veces empezó a perseguirla. Cuando creyó que ya la tenÃa a su alcance, le lanzó un bocado, al tiempo que estiraba todo su cuerpo y daba un gran salto. Por muy poco, la luciérnaga consiguió esquivarla ágilmente y, aunque se llevó un susto impresionante, se concentró y escapó con la res rapidez aún con el miedo en el cuerpo, pero la feroz depredadora no pensaba desistir en su intento de comérsela y siguió persiguiéndola con tozudez. La luciérnaga pudo oir durante el primer dÃa, pero la serpiente no desistÃa dos dÃas y nada. Al tercer dÃa, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo el vuelo y fue a posarse sobre un arbusto oculta entre unas pocas hojas. Le dijo a la serpiente perdona que te moleste. Puedo hacerte tres preguntas. No es mi costumbre responder preguntas de nadie, pero cómo te voy a comer pronto puedes preguntar. Respondió la serpiente. Entonces dime tú te alimentas con luciérnagas no, no, qué va contestó la serpiente. Yo te hice algún mal, pues no ninguno volvió a responder el reptil. Entonces por qué quieres acabar conmigo. La serpiente, que no encontraba una respuesta lógica, enrojeció de repente y le dijo porque no soporto verte brillar. Le espetó la serpiente con rabia, al tiempo que se estiraba y lanzaba un último y enfurecido ataque la luciérnaga aprovechó ese intento descontrolado para salir del arbusto con gran destreza y perderse rápidamente en el bosque. Alguna vez te habrás preguntado por qué te han atacado si tú no has hecho nada malo ni contra nadie. Esto es sencillamente porque algunos no soportan verte brillar. Si esto te sucede, debes pasar totalmente de las serpientes y seguir con decisión. Tu camino intenta rodearte siempre de la luz de otras luciérnagas y comparte con ellas tu propia luz y aunque otras brillen más, nunca te comportes como la serpiente. Cuando alguien envidie tus logros o tu suerte, puede que te duela un poco, pero cuando eso pase, continúa siendo tú mismo. No dejes que te hagan daño. Sigue brillando y ten por seguro que siempre habrá quien te apoye y sepa valorar la luz que hay en tu interior colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la rosa y el sapo. Una mañana de primavera, tras un cercado en una calle muy transitada, se alzaba una impresionante rosa destacando por encima de otras flores y arbustos. Era muy hermosa, de colores intensos y pétalos suaves, por lo que todos los que por allà pasaban la miraban y hacÃan comentarios sobre su belleza. La rosa estaba feliz, se sentÃa importante y, desde luego, muy superior a sus compañeros de jardÃn. Pero aquel dÃa la rosa se dio cuenta de que la gente se quedaba maravillada con su hermosura, aunque nadie se atrevÃa a acercarse para admirarla más de cerca. La razón era que, a su lado siempre estaba un sapo grande y oscuro que le resultaba repulsivo. La rosa no estaba dispuesta a soportar esta situación por más tiempo, asà que le dijo mira sapo por tu culpa. Nadie se acerca a mÃ. Tú eres muy feo y no tiene sentido que estés tan cerca de alguien tan hermoso como yo, asà que aléjate de aquà inmediatamente. De acuerdo, si es lo que quieres, me iré y se fue saltando pesadamente. DÃas después pasó por delante del cercado y vio que la flor estaba casi marchita. Apenas le quedaban tres o cuatro pétalos descoloridos, el tallo estaba oscuro y encorvado y las hojas mordisqueadas o esparcidas por la hierba. Ahora la gente sentÃa lástima por ella y ya nadie la miraba. El SAPO le dijo y no es mal. Aspecto te ha pasado. Cuando te marchaste, las hormigas y otros insectos se comieron mis hojas y las malas hierbas crecieron alrededor de mi tallo e impidieron que pudiera absorber el agua que necesito. Claro contestó el SAPO cuando yo estaba aquÃ, me comÃa los insectos e impedÃa que creciesen las malas hierbas. Por eso eras la más bella del jardÃn. La rosa se dio cuenta de su error. HabÃa despreciado al SAPO por su aspecto y porque creÃa que no servÃa para nada todos tenemos algo que aprender o, algo que enseñar. No debemos juzgar a los demás por su aspecto, condición o ideologÃa. Es posible que estén haciendo un bien del que ni siquiera somos conscientes. Lo que importa es lo que tiene cada uno en su interior y el esfuerzo que pone en cada una de sus acciones. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado las dos vasijas. La vasija agrietada un hombre que cargaba agua en la India tenÃa dos grandes vasijas que colgaban de los extremos de un palo que llevaba encima de los hombros. Uno de los cántaros tenÃa varias grietas, mientras que el otro era perfecto y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta su casa. Pero cuando llegaba la vasija rota sólo tenÃa la mitad del agua. Durante dos años completos. Esto sucedió asà diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabÃa idónea para los fines para los que habÃa sido creada. Pero la pobre vasija gritada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentÃa miserable porque sólo podÃa hacer la mitad de todo lo que se suponÃa que era a su obligación. Después de dos años, la tinaja quebrada le dijo un dÃa al aguador estoy avergonzada y quiero disculparme contigo porque debido a mis grietas, sólo puedes almacenar la mitad de mi carga cuando llegamos a casa. El aguador apesadumbrado le dijo compasivamente. Cuando regresemos a casa, quiero que te fijes en las bellÃsimas flores que crecen a lo largo del camino. Asà lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchas flores hermosas durante el recorrido, pero de todos modos se sintió apenada porque al final sólo quedaba dentro de ella la mitad del agua que debÃa llevar el aguador le dijo entonces te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino. Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo del camino por donde vas y dos, dos, dos, dos, Y todos s s s las has regado y durante dos años todo ser que pasaba por aquà ha podido disfrutar de estas maravillosas flores. Si no fueras exactamente tú, incluso con tus defectos, no hubieras sido posible crear esta belleza. No te avergüences nunca de cómo eres al contrario, mira el lado positivo de tus imperfecciones y de ellas brotarán a cada momento la creatividad y la belleza de lo diferente colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el frasco de vidrio cosas grandes y pequeñas. Cierto dÃa, una profesora de filosofÃa decidió llevar a sus alumnas a visitar un exuberante huerto cercano en la creencia de que un poco de aire fresco y naturaleza ayudarÃa a sus jóvenes mentes a absorbe ciertos conocimientos. Tras un breve paseo por el huerto, la maestra invitó a las chicas a sentarse en torno a un viejo pozo que sin duda habÃa conocido tiempos mejores, pues ya no funcionaba y algunas de las piedras que lo conformaban se habÃan desprendido y yacÃan desperdigadas sobre la hierba, Asà que las estudiantes las utilizaron para sentarse. Comenzaban ya a charlar entre ellas. Cuando la maestra hacÃa un tarro de vidrio de los que usan los horticultores para envasar, y lo puso encima de una piedra grande. A la vista de todos, dio unos pasos hacia un árbol y con facilidad alcanzó cuatro o cinco hermosas manzanas. Introdujo las frutas con delicadeza en el tarro hasta que estuvo tan lleno que no se podÃa colocar ni una más. Entonces alzó la mirada y preguntó a su auditorio está lleno este tarro. Todas las alumnas dijeron que sÃ, que era claro que en el tarro no cabÃan nada más. La maestra insistió estáis seguras, abrió un saco que habÃa a su lado y extrajo con ambas manos media docena, al menos de nueces que vació en el interior del recipiente y que fueron a ocupar los espacios que quedaban entre las manzanas. Nuevamente se dirigió al grupo y ahora está lleno este tarro. Antes casi de que terminara su pregunta, todos se apresuraron a contestar un rotundo. SÃ, la maestra sonrió mientras removÃa con disimulo el terreno con la punta de su bota. A continuación, se agachó y se hizo con dos puñados de tierra fresca que dejó caer en el interior del frasco, rellenando inmediatamente los huecos entre las manzanas y las nueces. Miró a sus discÃpulos sin pronunciar palabra. Estos dudaron un momento, pero inmediatamente concluyeron que definitivamente el frasco estaba lleno. Se agachó de nuevo la mujer esta vez para alcanzar una manguera que regaba los frutales. La acercó a la boca del tarro y un gran chorro de agua se introdujo en él, empapando la tierra y cubriendo las manzanas y las nueces hasta rebosar el recipiente. Los estudiantes echaron a reÃr conscientes de su desatino. Cuando regresó la calma, la profesora dijo fijaos en este frasco representa vuestra vida. Las manzanas son las cosas verdaderamente importantes. La familia, la salud, los sentimientos verdaderos, las nueces son cosas que nos importan tan bien el trabajo, la casa, el coche y la tierra. Es el resto de pequeñas cosas en las que gastamos nuestro tiempo. Qué representa el agua. Maestra interpeló un alumno llamado Héctor. El agua es para que entendáis que siempre queda espacio para una buena causa en nuestras vidas. La clave está en no malgastar el tiempo en cosas pequeñas o banales, alojad en vuestras vidas. Primero las cosas importantes, las cosas que, aunque el resto os fallase os, harÃan ser igualmente felices. Nuestros valores, los amigos verdaderos, la familia son la base de nuestra felicidad. Esto que parece sencillo, a veces no lo es tanto y sin darnos cuenta, llenamos nuestro tiempo de cosas pequeñas, sin dejar sitio para las grandes. Organizad vuestro tiempo, estableced vuestras prioridades, jugad con vuestros hijos, utilizad vuestra energÃa en aquello que os apasione y os enriquezca como personas colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el buey hermoso. Hace muchÃsimo tiempo. En Bután nació un becerro que fue adquirido por amir, un hombre rico que lo llamó hermoso. Lo atendÃa con esmero y lo alimentaba con lo mejor. Cuando Hermoso se convirtió en un buy grande, pensaba agradecido que su dueño lo trataba muy bien. Mi amo me trata muy bien y me gustarÃa agradecer su ayuda. Asà pues, un dÃa le propuso mi señor Busque algún ganadero orgulloso de sus animales y dÃgale que puedo tirar de cien carretas cargadas al máximo. A mÃr aceptó y fue a visitar a un mercader. Mis bueyes son los más fuertes. Le dijo éste no. El mÃo puede tirar de cien carretas cargadas, dijo Amir. Apostaron un bolso con monedas de oro y fijaron la fecha para la prueba. El mercader dispuso cien carretas cargadas al máximo con arena para volverlas muy pesadas. La prueba comenzó y Amir se subió a la primera carreta y no pudo resistir la tentación de darse importancia ante todos los presentes. Hizo sonar su látigo y le gritó a Hermoso Avanza perezoso. Vamos Hermoso, sorprendido y triste. Pensó nunca he hecho nada malo y mi amo me insulta. Asà es que permaneció quieto y se resistió a tirar. Todos se rieron mucho y a mr tuvo que pagar al mercader lo que habÃan apostado de vuelta a la casa. Hermoso le dijo por qué estás tan triste. He perdido mucho dinero hoy por tu culpa. Me diste con el látigo. Me llamaste perezoso. Dime en toda mi vida. Te he causado algún daño. Preguntó Hermoso no respondió el amo. Entonces por qué me ofendiste. No es mÃa la culpa, sino tuya. Pero como me da pena verte asà te propongo que vuelvas con él, el mercader y les retes a una apuesta doble, pero ahora sà usa conmigo las palabras que merezco. El mercader pensó que volverÃa a ganar. Asà es que aceptó al dÃa siguiente, que era Navidad. Todo estuvo dispuesto para la nueva prueba. Amir se acercó a Hermoso con una flor en la mano. Le tocó la cabeza y le dijo, Hermoso, podrÃas hacerme el favor de tirar de estas cien carretas. Hermoso obedeció y haciendo gran esfuerzo, tiró de las carretas. El mercader, convencido, pagó las dos bolsas de oro y todos llenaron de cumplidos al buey pero fue Amir quien apreció más que nadie la lección de humildad y respeto que habÃa recibido y la recordó toda su vida. La persona respetuosa sabe dónde terminan sus lÃmites y comienzan los de los demás. ColorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el libro presumido en una biblioteca que iba a ser inaugurada al dÃa siguiente, en un estante amplio con vistas a una gran mesa rectangular que presidÃa la estancia principal, se encontraban dos libros que alguien habÃa colocado allà aquella mañana con mucho esmero muy cerca el uno del otro después de un buen rato, observándose con disimulo entre ellos. El más alto le dijo a su nuevo compañero. No sé cómo han consentido tu presencia en este lugar, puesto que, al contrario que yo tú eres muy feo y simple. Tu encuadernación no esté adornada con oro como la mÃa, tampoco está hecha de cuero y, además, no tienes ningún dibujo deslumbrante en tu portada. Al oÃr estas palabras, el segundo libro, muy apenado, bajó la mirada y guardó un resignado silencio. Se abrió por fin la biblioteca con las primeras luces de la mañana y el libro Feo vio cómo era el preferido por la gente de entre todos los libros del establecimiento con renovado ánimo. Dijo entonces al libro Presumido bien, es cierto que eres más bonito y lucido que yo. Sin embargo, yo soy más leÃdo, pues mis páginas contienen más esencia, más razón y más sabidurÃa que las tuyas colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado las cabras montesas y el cabrero, un cabrero que habÃa llevado sus cabras a pastar a una colina alejada de su granja, se dio cuenta al ir a reagruparlas para volver a casa que a su pequeño rebaño se habÃa unido un grupo de cabras montesas. Al llegar a la granja, cuando las metió anda todas en la cuadra, ya le rondaba en la cabeza la idea de que las cabras montesas se quedaran con él y asà tendrÃa más en su rebaño. El dÃa siguiente amaneció con una gran tormenta que impidió que el cabrero pudiera llevar a sus animales a pastar al aire libre. Al no quedarle más remedio que permanecer en la granja, alimentó a las cabras con forraje que tenÃa reservado para esas ocasiones. Pero mientras que a las suyas les daba una pequeña cantidad, a las montesas le sirvió una ración. El doble o el triple de grande las alojó en la parte más templada del corral y asà pasaron un agradable dÃa de lluvia a la mañana siguiente. Ya habÃa pasado la tormenta y el sol brillaba con fuerza. El pastor abrió la puerta de madera y todas las cabras fueron saliendo ordenadamente. Cuando llegaron a los campos de pastoreo, las cabras montesas, sintiéndose libres, se alejaron brincando hacia la parte más alta de la colina. El pastor, sorprendido e indignado, salió corriendo tras ellas mientras gritaba. Pero qué poca vergüenza sois unas desagradecidas después de cómo os he tratado, me abandonáis a la primera oportunidad. Una de las cabras se giró y le dijo desde una roca elevada, la culpa es tuya y sólo tuya. Nos has decepcionado con tu comportamiento a tus cabras de toda la vida. Les has dado menos alimento que a nosotras que apenas nos conoces y no te preocupó si pasaban frÃo si nos quedásemos a vivir contigo algún dÃa, nos harÃas lo mismo a nosotras mira en esta vida. Los seres queridos son lo primero. No puedes dejarlos de lado por cualquier recién llegado a ellos es a quien debes de dar lo mejor de ti. El hombre aprendió aquel dÃa que nadie confÃa en quien pretende una nueva amistad a cambio de abandonar las que ya tenÃa colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado la fábula del tonto en un pequeño pueblo de clima extremadamente caluroso y seco. Sus habitantes no tenÃan mucho en qué ocupar el tiempo por lo que pasaban los dÃas dormitando bajo alguna buena sombra o charlando y bebiendo en la única cantina que habÃa en la Aldea una tarde un grupo de personas se divertÃan a costa de un pobre infeliz de poca inteligencia que vivÃa de hacer pequeños recados y de las limosnas que podÃa conseguir diariamente. Algunos hombres llamaban al tonto albar donde se reunÃan y le ofrecÃan escoger entre dos monedas, una de tamaño grande de cuarenta reales y otra de menor tamaño, pero de doscientos reales. Ãl siempre cogÃa la más grande y menos valiosa, lo cual provocaba de inmediato a un estallido de risas y comentarios burlones entre todos los que allà estaban. Ese dÃa, un viajante que hacÃa un descanso en su trayecto observaba al grupo reÃrse con el ingenuo personaje. En cuanto tuvo ocasión, le llamó aparte y le preguntó cómo era que todavÃa no se habÃa percatado de que la moneda de mayor tamaño valÃa menos y que por eso todos los presentes se mofaban de él entre chillidos y grandes carcajadas. El hombre, sin apenas levantar la mirada de su moneda recién conseguida, le respondió con naturalidad. Lo sé. No soy tan tonto. Vale cinco veces menos, pero el dÃa que escoja la otra, el jueguecito se termina y no voy a ganar más mis cuarenta reales. El viajante, que sólo habÃa parado para tomar un refresco y buscas un poco de conversación, se llevó de aquel lugar algo mucho más importante. Aprendió que quien parece tonto a veces es el más listo que la ambición sin lÃmite puede acabar con tu fuente de ingresos. Pero, sobre todo, aprendió que no importa lo que piensen los demás de nosotros, sino lo que cada uno piensa de sà mismo y que el hombre verdaderamente inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser listo colorÃn colorado. Este cuento se ha acabado el Maestro sufÃ. El Maestro sufà contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendÃan la enseñanza moral escondida en dicha historia. Maestro le dijo uno de ellos una tarde. Usted nos relata los cuentos, pero no nos aclara su significado pido perdón. Por eso contestó el profesor con humildad. PermÃteme que, en señal de disculpa, le obsequie con un rico melocotón. Gracias, Maestro, respondió halagado el discÃpulo. Quisiera, para que te sientas mejor aún pelarte tu melocotón. Yo mismo me permites. SÃ, claro, Muchas gracias, dijo el joven estudiante, te gustarÃa que, ya que tengo en mi mano un cuchillo de lo corte en trozos para que te sea más cómodo. Me encantarÃa, pero no quisiera abusar de su amabilidad. No es un abuso. Si yo te lo ofrezco, sólo deseo complacerte y espera. Quiero hacer algo más por ti. PermÃteme que te lo mastique antes de dártelo. No, maestro, le aseguro que no me gustarÃa que hiciera eso. Se quejó sorprendido al muchacho. O o el maestro hizo una pausa y dijo si yo os mostrara el sentido de cada cuento, serÃa acomodaros a comer una fruta ya masticada








