Vendí Mi Alma Al Diablo Historias De Terror - REDE

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Mi cita con el diablo. Yo solÃa ser una creyente ferviente en la religión, pero me enfrenté a un problema grave en mi vida en el que, a pesar de mis oraciones y peticiones, no recibà ayuda o al menos eso creÃa. Yo fue entonces que comencé a buscar respuestas en otras formas de espiritualidad. Todos resultaron ser más de lo mismo, excepto uno que sà respondió. A mis llamados. No les revelaré mi nombre ni el de las personas involucradas para protegerlas. Debido a la delicadeza de lo que ocurrió, se darán cuenta del porqué mientras escuchan lo que tengo que contar. Hubo un perÃodo en mi vida que resultó ser bastante complicado. Mis ánimos estaban por los suelos debido a un chico que habÃa conocido. Desafortunadamente, el amor no parecÃa estar de mi lado. Las decepciones amorosas habÃan deshecho mi confianza y a y autor estima y estaba buscando desesperadamente una respuesta para superar esta difÃcil etapa de mi vida. Busqué inicialmente refugio en mi religión pedÃa constantemente una especie de milagro. El tiempo pasaba y yo no obtenÃa ninguna respuesta. Eso provocó que mi fe se desvaneciera. Cuando encontré otras alternativas espirituales, pensé que tendrÃa una respuesta inmediata o por lo menos algún indicio de que se me escuchaba, probaba de todo y practicaba lo que me dijeran, pero no tuve suerte. Yo ya no estaba segura de si creer o no en un ser todopoderoso. Fue en entre toda esta confusión y desesperación que me encontré con algo en Internet. HabÃa información sobre un ritual que afirmaba que uno podÃa ponerse en contacto con una entidad capaz de resolver todos los conflictos que fueran un obstáculo en nuestra vida. Sinceramente pensé que se trataba de pura charlatanerÃa, pero, como ya me encontraba desesperado, tomé la decisión de probarlo. Al tomar notas sobre lo que necesitaba, me daba cuenta que no serÃan elementos que conseguirÃa rápidamente. TendrÃa que ir a buscarlos al mercado negro del lugar más cercano a mi domicilio. La verdad me sentÃa intrigada, pero también asustada. Entonces me encontré con los comentarios de testimonios de las personas que ya lo habÃan intentado y sobre todo, venÃan comentarios que se repetÃan mucho, donde afirmaban que aquella entidad era el mismo diablo. Ya no tenÃa nada que perder si antes todo habÃa fracasado, asà que no consideraré que fuera una mala opción. El ritual consistÃa en acomodar los elementos en cierto orden y seguir los pasos de manera especÃfica. De otro modo no funcionarÃa, o peor aún, el resultado serÃa el no deseado. En primer lugar, debÃa realizarse en un lugar oscuro y tranquilo en medio de la noche. Esto con el fin de aumentar las posibilidades de éxito. Eran necesario conseguir velas negras incienso un espejo y una habitación lo más aislada posible de cualquier ruido exterior. No me costó nada de trabajo conseguir las cosas y el lugar para realizar el ritual podÃa ser mi casa vivo sola y mis únicos acompañantes son mis dos gatos, los cuales son bastante tranquilos de noche. Lo único que no tenÃa conmigo eran las velas negras las que conseguà en el mercado negro y junto con ellas venÃa un incienso de olor a canela que me pareció adecuado agregarlo. Por último, el espejo de cuerpo completo ese ya lo tenÃa en casa. HabÃa más elementos, pero estos ya eran opcionales o a consideración de cada uno. La noche llegó y yo estaba preparada para lo que serÃa uno de los momentos más oscuros de mi vida. Encendà las velas negras y el incienso. En pocos segundos, un aroma dulce a canela se impregnó, lo cual fue creando una atmósfera misteriosa en la habitación. El humo del incienso llenó el aire. Mientras me concentraba en mi reflejo en el espejo. Siguiendo el ritual, comencé a recitar las palabras que se decÃa que atraÃan la atención del diablo. Al inicio, sentà que estaba haciendo. El ridÃculo no pasaba nada. De hecho, pensé que esta serÃa una práctica más del montón, pero a medida que avanzaba en el ritual, la atmósfera se volvÃa cada vez más pesada. SentÃa como si una presencia malévola se apoderara de la habitación, como si las sombras mismas cobraran vida y se acercaran a mà y me quisieran aplastar. SentÃa mucho temor. Comencé a dudar sobre lo que estaba haciendo, pero me di cuenta que ya no habÃa vuelta atrás. Fue entonces cuando el espejo frente a mà comenzó a oscurecerse. Mi reflejo se desvaneció entre la oscuridad y se comenzó a aparecer una imagen distorsionada. Lentamente, la figura de alguien se apareció ante mÃ. Mis ojos se encontraron con los de ese ser que no me quitaba para nada. La vista era muy atractivo, pero en su frente sobresalÃan dos protuberancias pequeñas mismas que parecÃan ser cuernos pequeños. TenÃa ambas manos en sus bolsillos y no me quitaba la vista de encima dentro de mÃ. Comencé a escuchar que me preguntaba cosas, escuchaba insultos y carcajadas, me ofendÃa y me decÃa que me fuera. Fue inevitable sentir que se trataba del diablo o alguien con igual de poder. Entonces me di cuenta que el olor a incienso a canela se habÃa desvanecido. Ya era un olor como al azufre. En la página de Internet mencionaba que no nos dejaramos intimidar al principio. Será difÃcil, pero esta serÃa la primera prueba a superar. Mis palabras quedaron atrapadas en mi garganta. No podÃa decir nada. El diablo sonrió de manera siniestra como si supiera exactamente por qué lo habÃa invocado. Mis pensamientos se volvieron son turbios y confusos y me sentà arrastrada hacia él. Sentà que ya no tenÃa ni privacidad en mi interior. Aquel ser podÃa leer todo en mà con tan sólo su mirada. HabÃa algo en mà que no me dejaba dejar de verlo. El ser finalmente rompió el silencio con una voz que resonó en mi mente no movÃa la boca. PodÃa aún asà escucharle y él no me dejaba de sonreÃr. Sus palabras eran afiladas como cuchillos y retumbaban en mi conciencia. Me preguntó sobre lo que más le temÃa y le contesté que a la soledad. Me preguntó sobre el deseo más oscuro que tenÃa y le dije que querÃa a tantos hombres a mi lado que no los pueda ni controlar. Y me preguntó sobre mi secreto mejor guardado, a lo que le contesté que le hice daño grave a alguien porque me quitó al hombre que yo querÃa. Cada respuesta que salió de mà fue involuntaria. Era como si hubiera desnudado mi alma y ésta se confesara ante él. Ãl se notaba complacido con las respuestas y entonces, por fin, abrió la boca para hablar. Comenzó a prometerme poder dinero venganza en contra de aquellos que me habÃan herido en el pasado. SentÃa que, de algún modo, sus palabras eran seductoras. Yo sólo sentÃa como mi resistencia se debilitaba y caÃa en la tentación. Además, me dijo que tendrÃa a tantos hombres como yo quisiera Esto último hizo que temblara el piso en mis pies. PodÃa tener todo a la vez, todo aquello que estaba buscando. Sin duda serÃa la persona con mejor suerte, serÃa la envidia de cualquier mujer y no habrÃa quien se resistiera. No tenÃa forma de medir. El tiempo en el que estuvimos platicando parecieron ser horas. En todo ese tiempo entramos en una especie de diálogo retorcido, en una especie de umbral. Ãl me decÃa sus términos y condiciones. Yo sólo estaba escuchándolo, pero hubo una regla en especial que resaltó de las demás. El alma de la persona que más amaba serÃa o cobrada como pago principal. Eso serÃa el principio, pues fue muy claro en sus exigencias y me dijo que cada vez serÃan más grandes sus peticiones, pero no se compararÃan con lo que yo tendrÃa como recompensa. Acepté sus términos. SabÃa que quizás me arrepentirÃa en un futuro, pero estaba cegada por las recompensas. El ritual terminó. No tuvimos más contacto. Después de eso, yo, por lo pronto no sentÃa nada extraño ni fuera de lo normal. Incluso pensé que todo habÃa sido un sueño. El aroma canela habÃa vuelto y el ambiente se sentÃa como antes, pero por mi parte, un extremo cansancio me invadió, lo que terminó tumbándome en la cama y me quedé dormida. Al dÃa siguiente me preparé para ir al trabajo como si nada hubiera pasado. No es que no le hubiera dado importancia a lo que habÃa ocurrido la noche anterior, sino que ya no esperaba que sucediera algo relevante. Después de tantas cosas, cuando llegué al trabajo, noté que mis compañeros estaban reunidos en el cubÃculo de uno de mis colegas. De hecho, era el lugar del chico que me gustaba mucho. Al acercarme inicialmente pensé que estaban teniendo una conversación con él, pero al mirar más de cerca me di cuenta de que sobre su escritorio habÃa varios ramos de flores. Una sensación de temor y preocupación me invadió, ya que era evidente que algo habÃa sucedido con él y todo indicaba que no era algo bueno. Mi compañero era una persona muy activa y siempre venÃa a la oficina en bicicleta. Desafortunadamente, su vida fue truncada por un trágico accidente. Un desconocido lo impactó de frente mientras montaba su bicicleta, provocando que saliera volando y chocara contra un muro. Su muerte fue instantánea y el impacto de la noticia dejó a todos en la oficina conmocionados. Me sentÃa destrozada por lo que habÃa sucedido, incapaz de creer que mi compañero habÃa perdido la vida de esa manera. Además, me atormentaba una profunda sensación de culpa. SentÃa que de alguna manera yo tenÃa responsabilidad en su muerte, aunque sabÃa que el accidente habÃa sido causado por un desconocido. Durante todo el dÃa me mantuve en silencio y sumida en una profunda depresión. La noticia de su fallecimiento se extendió rápidamente en la oficina. Todos nos organizamos para asistir a su velorio esa misma noche. SentÃa que le debÃa una disculpa. TenÃa que asistir sin lugar a dudas. Al llegar a la casa funeraria, no pude contener el llanto y me quedé sola en un rincón tratando de ocultarme de las miradas de los demás. TenÃa la sensación de que todos en la sala de velatorio me observaban cuando menos me lo esperaba. Una persona se acercó a mà y me abrazó. Resultó ser el hermano de mi compañero, un hombre sorpresamente atractivo. Su gesto de consuelo y apoyo en medio de mi dolor fue inesperado y reconfortante. A pesar de la tristeza que inundaba el lugar. Su presencia me dio un respiro. En ningún momento del velorio se retiró de mi lado. Siempre estuvo acompañándome y hablando conmigo. Me hacÃa reÃr y hacerme sentir mejor. De pronto olvidé dónde estaba a tal grado que no me importó que se notara que yo era feliz. Ãl me pidió que saliéramos a otro sitio y nos fuéramos del velorio. Sin dudar lo acepté en la mañana siguiente no desperté en mi cama apenas recordaba lo que habÃa sucedido y cuando me percaté del lugar donde estaba, me di cuenta que estaba con el hermano de mi compañero. Todo llegó a mi mente, cada trago, cada plática y como llegamos al hotel, yo no podÃa creer lo que me estaba sucediendo. Me apresuré a ir al baño, a tomar un respiro y mirarme en el espejo y entonces él lo vi Mi reflejo era el mismo diablo no dejaba de sonreÃr. Entonces me preguntó si estaba contenta con lo que conseguÃ. La verdad. No tuve de otra más que decirle que sà y me prometió más sonará extraño, pero antes de que se fuera de mi vista le pedà un favor al diablo. Le rogué que no se llevara a alguien que yo conociera. Ãl sólo se rió a carcajadas y me dijo eso ya fue cobrado hace dos dÃas. Ciertamente, me desconcertó su comentario, pero la muerte de mi amigo fue apenas un dÃa atrás. No le di más importancia al asunto y dejé de pensar en ello. Apenas llegué al trabajo. TraÃa la misma ropa del velorio. A pesar de que fui criticada por todos, no me importó de pronto. Mi jefe me mandó a llamar. Me llamó la atención por la apariencia que traÃa, argumentando que esa no era la imagen de la empresa. Me suspendió por ese dÃa y me pidió que saliera. Yo estaba muy enojada que cuando llegué a mi lugar me di cuenta que habÃan dejado un par de cheques en blanco para que los llenara y le pagara a los proveedores. Se me hizo fácil y los robé para usarlos. Para mà no entraré en detalles de cómo usar los cheques. Lo que sà les puedo decir es que yo podÃa tener tanto dinero como quisiera. Justo al salir de la oficina, me encontré con el hermano de mi compañero. Me esperaba recargado en un auto y me invitó a salir con él. Le comenté que necesitaba bañarme y él me dijo que me bañarÃa en el hotel. No recuerdo con exactitud la cantidad de dÃas que nos ausentamos, pero yo era feliz. Después de tanto tiempo, tenÃa dinero un hombre al que tenÃa a mi lado y en ocasiones llegaban más después de una noche de fiesta y el pago con el diablo ya estaba hecho. HabÃan transcurrido tantos acontecimientos desde aquel dÃa en que contacté al diablo que al regresar a casa, pude percibir que algo inusual habÃa ocurrido. ParecÃa que alguien habÃa entrado, pero pero él extrañamente no parecÃa haberse llevado nada. En cambio, sobre la mesa descansaba una carta que atrajo inmediatamente mi atención y su remitente era mi propio padre. En las lÃneas de la carta me comunicaba que habÃan intentado ponerse en contacto conmigo durante varios dÃas sin éxito alguno y se hallaban desconcertados por mi paradero. Se logró enterar que por dÃas estuve saliendo con alguien que nadie identificaba y que yo habÃa abandonado mi trabajo. Pero lo que más me estremeció fue el impactante final de la carta. Tu madre falleció hace dÃas y tú no pudiste estar a su lado en sus últimos minutos. Fue entonces cuando caà en cuenta del trágico error que habÃa cometido la persona a quien más amaba en este mundo no era mi compañero, sino mi propia madre. Ella habÃa estado a mi lado en cada parte crucial de mi vida y la habÃa echado al olvido. Ahora su alma descansaba junto al mismÃsimo diablo. Mientras las lágrimas empapaban mi rostro. Alguien tocó a la puerta. Me dirigà hacia ella con una extraña esperanza de que mi padre apareciera y afirmara que todo no era más que una broma. Al abrir la puerta, mis ilusiones se desvanecieron abruptamente. Al encontrarme con el hermano de mi compañero. Sin pensarlo, lo abracé con una intensidad que buscaba consuelo y entre sollozos. Le dije toda la historia. Pero su reacción fue desconcertante y en un abrir y cerrar de ojos, un penetrante olor a azufre e inundó la habitación. Los brazos de esa persona comenzaron a hincharse y pude sentir cómo su altura superaba la mÃa atónita. Lo miré en un espeluznante giro de los acontecimientos. Ya no estaba frente a mà la persona con la que habÃa salido, sino el mismÃsimo diablo. Me aseguró que poseÃa todo lo que yo deseaba y si lo deseaba, podrÃa obtener aún más. Mis palabras. Se queda. Quedaron atrapadas en mi garganta ante la abrumadora situación dentro de mÃ, un torbellino de confusión, pensamientos y emociones indecifrables se desataba sin control. Finalmente logré decirle que se marchara, que rompÃa en ese mismo momento cualquier acuerdo que hubiéramos tenido. Su respuesta fue una risa burlona, como siempre lo habÃa hecho, y me insultó una vez más con desprecio, rematando con un comentario despiadado total. El pago ya está hecho. Me comuniqué con mi padre lo más rápido que pude Le supliqué que me perdonara y hasta el dÃa de hoy sé que él sigue herido por mi comportamiento. Recuperar el control de mi vida después de eso resultó extremadamente complicado. Las cosas nunca volvieron a ser como antes y la vida que solÃa tener quedó en manos del diablo. He buscado acercarme nuevamente a Dios para implorar por el alma de mi madre. He afianzado mi fe de una manera o o o o más profunda que antes. Incluso participo activamente en la religión en la medida de lo posible. Pero a pesar de mis esfuerzos, aún persiste ese vacÃo, esa sensación de que mis plegarias no son escuchadas. No los culparÃa, pues entiendo que esta sensación se debe a mi propio comportamiento relato escrito y adaptado por lengua de brujo








