Oct. 13, 2023

Vendí Mi Alma Al Diablo Historias De Terror - REDE

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Mi cita con el diablo. Yo solía ser una creyente ferviente en la religión, pero me enfrenté a un problema grave en mi vida en el que, a pesar de mis oraciones y peticiones, no recibí ayuda o al menos eso creía. Yo fue entonces que comencé a buscar respuestas en otras formas de espiritualidad. Todos resultaron ser más de lo mismo, excepto uno que sí respondió. A mis llamados. No les revelaré mi nombre ni el de las personas involucradas para protegerlas. Debido a la delicadeza de lo que ocurrió, se darán cuenta del porqué mientras escuchan lo que tengo que contar. Hubo un período en mi vida que resultó ser bastante complicado. Mis ánimos estaban por los suelos debido a un chico que había conocido. Desafortunadamente, el amor no parecía estar de mi lado. Las decepciones amorosas habían deshecho mi confianza y a y autor estima y estaba buscando desesperadamente una respuesta para superar esta difícil etapa de mi vida. Busqué inicialmente refugio en mi religión pedía constantemente una especie de milagro. El tiempo pasaba y yo no obtenía ninguna respuesta. Eso provocó que mi fe se desvaneciera. Cuando encontré otras alternativas espirituales, pensé que tendría una respuesta inmediata o por lo menos algún indicio de que se me escuchaba, probaba de todo y practicaba lo que me dijeran, pero no tuve suerte. Yo ya no estaba segura de si creer o no en un ser todopoderoso. Fue en entre toda esta confusión y desesperación que me encontré con algo en Internet. Había información sobre un ritual que afirmaba que uno podía ponerse en contacto con una entidad capaz de resolver todos los conflictos que fueran un obstáculo en nuestra vida. Sinceramente pensé que se trataba de pura charlatanería, pero, como ya me encontraba desesperado, tomé la decisión de probarlo. Al tomar notas sobre lo que necesitaba, me daba cuenta que no serían elementos que conseguiría rápidamente. Tendría que ir a buscarlos al mercado negro del lugar más cercano a mi domicilio. La verdad me sentía intrigada, pero también asustada. Entonces me encontré con los comentarios de testimonios de las personas que ya lo habían intentado y sobre todo, venían comentarios que se repetían mucho, donde afirmaban que aquella entidad era el mismo diablo. Ya no tenía nada que perder si antes todo había fracasado, así que no consideraré que fuera una mala opción. El ritual consistía en acomodar los elementos en cierto orden y seguir los pasos de manera específica. De otro modo no funcionaría, o peor aún, el resultado sería el no deseado. En primer lugar, debía realizarse en un lugar oscuro y tranquilo en medio de la noche. Esto con el fin de aumentar las posibilidades de éxito. Eran necesario conseguir velas negras incienso un espejo y una habitación lo más aislada posible de cualquier ruido exterior. No me costó nada de trabajo conseguir las cosas y el lugar para realizar el ritual podía ser mi casa vivo sola y mis únicos acompañantes son mis dos gatos, los cuales son bastante tranquilos de noche. Lo único que no tenía conmigo eran las velas negras las que conseguí en el mercado negro y junto con ellas venía un incienso de olor a canela que me pareció adecuado agregarlo. Por último, el espejo de cuerpo completo ese ya lo tenía en casa. Había más elementos, pero estos ya eran opcionales o a consideración de cada uno. La noche llegó y yo estaba preparada para lo que sería uno de los momentos más oscuros de mi vida. Encendí las velas negras y el incienso. En pocos segundos, un aroma dulce a canela se impregnó, lo cual fue creando una atmósfera misteriosa en la habitación. El humo del incienso llenó el aire. Mientras me concentraba en mi reflejo en el espejo. Siguiendo el ritual, comencé a recitar las palabras que se decía que atraían la atención del diablo. Al inicio, sentí que estaba haciendo. El ridículo no pasaba nada. De hecho, pensé que esta sería una práctica más del montón, pero a medida que avanzaba en el ritual, la atmósfera se volvía cada vez más pesada. Sentía como si una presencia malévola se apoderara de la habitación, como si las sombras mismas cobraran vida y se acercaran a mí y me quisieran aplastar. Sentía mucho temor. Comencé a dudar sobre lo que estaba haciendo, pero me di cuenta que ya no había vuelta atrás. Fue entonces cuando el espejo frente a mí comenzó a oscurecerse. Mi reflejo se desvaneció entre la oscuridad y se comenzó a aparecer una imagen distorsionada. Lentamente, la figura de alguien se apareció ante mí. Mis ojos se encontraron con los de ese ser que no me quitaba para nada. La vista era muy atractivo, pero en su frente sobresalían dos protuberancias pequeñas mismas que parecían ser cuernos pequeños. Tenía ambas manos en sus bolsillos y no me quitaba la vista de encima dentro de mí. Comencé a escuchar que me preguntaba cosas, escuchaba insultos y carcajadas, me ofendía y me decía que me fuera. Fue inevitable sentir que se trataba del diablo o alguien con igual de poder. Entonces me di cuenta que el olor a incienso a canela se había desvanecido. Ya era un olor como al azufre. En la página de Internet mencionaba que no nos dejaramos intimidar al principio. Será difícil, pero esta sería la primera prueba a superar. Mis palabras quedaron atrapadas en mi garganta. No podía decir nada. El diablo sonrió de manera siniestra como si supiera exactamente por qué lo había invocado. Mis pensamientos se volvieron son turbios y confusos y me sentí arrastrada hacia él. Sentí que ya no tenía ni privacidad en mi interior. Aquel ser podía leer todo en mí con tan sólo su mirada. Había algo en mí que no me dejaba dejar de verlo. El ser finalmente rompió el silencio con una voz que resonó en mi mente no movía la boca. Podía aún así escucharle y él no me dejaba de sonreír. Sus palabras eran afiladas como cuchillos y retumbaban en mi conciencia. Me preguntó sobre lo que más le temía y le contesté que a la soledad. Me preguntó sobre el deseo más oscuro que tenía y le dije que quería a tantos hombres a mi lado que no los pueda ni controlar. Y me preguntó sobre mi secreto mejor guardado, a lo que le contesté que le hice daño grave a alguien porque me quitó al hombre que yo quería. Cada respuesta que salió de mí fue involuntaria. Era como si hubiera desnudado mi alma y ésta se confesara ante él. Él se notaba complacido con las respuestas y entonces, por fin, abrió la boca para hablar. Comenzó a prometerme poder dinero venganza en contra de aquellos que me habían herido en el pasado. Sentía que, de algún modo, sus palabras eran seductoras. Yo sólo sentía como mi resistencia se debilitaba y caía en la tentación. Además, me dijo que tendría a tantos hombres como yo quisiera Esto último hizo que temblara el piso en mis pies. Podía tener todo a la vez, todo aquello que estaba buscando. Sin duda sería la persona con mejor suerte, sería la envidia de cualquier mujer y no habría quien se resistiera. No tenía forma de medir. El tiempo en el que estuvimos platicando parecieron ser horas. En todo ese tiempo entramos en una especie de diálogo retorcido, en una especie de umbral. Él me decía sus términos y condiciones. Yo sólo estaba escuchándolo, pero hubo una regla en especial que resaltó de las demás. El alma de la persona que más amaba sería o cobrada como pago principal. Eso sería el principio, pues fue muy claro en sus exigencias y me dijo que cada vez serían más grandes sus peticiones, pero no se compararían con lo que yo tendría como recompensa. Acepté sus términos. Sabía que quizás me arrepentiría en un futuro, pero estaba cegada por las recompensas. El ritual terminó. No tuvimos más contacto. Después de eso, yo, por lo pronto no sentía nada extraño ni fuera de lo normal. Incluso pensé que todo había sido un sueño. El aroma canela había vuelto y el ambiente se sentía como antes, pero por mi parte, un extremo cansancio me invadió, lo que terminó tumbándome en la cama y me quedé dormida. Al día siguiente me preparé para ir al trabajo como si nada hubiera pasado. No es que no le hubiera dado importancia a lo que había ocurrido la noche anterior, sino que ya no esperaba que sucediera algo relevante. Después de tantas cosas, cuando llegué al trabajo, noté que mis compañeros estaban reunidos en el cubículo de uno de mis colegas. De hecho, era el lugar del chico que me gustaba mucho. Al acercarme inicialmente pensé que estaban teniendo una conversación con él, pero al mirar más de cerca me di cuenta de que sobre su escritorio había varios ramos de flores. Una sensación de temor y preocupación me invadió, ya que era evidente que algo había sucedido con él y todo indicaba que no era algo bueno. Mi compañero era una persona muy activa y siempre venía a la oficina en bicicleta. Desafortunadamente, su vida fue truncada por un trágico accidente. Un desconocido lo impactó de frente mientras montaba su bicicleta, provocando que saliera volando y chocara contra un muro. Su muerte fue instantánea y el impacto de la noticia dejó a todos en la oficina conmocionados. Me sentía destrozada por lo que había sucedido, incapaz de creer que mi compañero había perdido la vida de esa manera. Además, me atormentaba una profunda sensación de culpa. Sentía que de alguna manera yo tenía responsabilidad en su muerte, aunque sabía que el accidente había sido causado por un desconocido. Durante todo el día me mantuve en silencio y sumida en una profunda depresión. La noticia de su fallecimiento se extendió rápidamente en la oficina. Todos nos organizamos para asistir a su velorio esa misma noche. Sentía que le debía una disculpa. Tenía que asistir sin lugar a dudas. Al llegar a la casa funeraria, no pude contener el llanto y me quedé sola en un rincón tratando de ocultarme de las miradas de los demás. Tenía la sensación de que todos en la sala de velatorio me observaban cuando menos me lo esperaba. Una persona se acercó a mí y me abrazó. Resultó ser el hermano de mi compañero, un hombre sorpresamente atractivo. Su gesto de consuelo y apoyo en medio de mi dolor fue inesperado y reconfortante. A pesar de la tristeza que inundaba el lugar. Su presencia me dio un respiro. En ningún momento del velorio se retiró de mi lado. Siempre estuvo acompañándome y hablando conmigo. Me hacía reír y hacerme sentir mejor. De pronto olvidé dónde estaba a tal grado que no me importó que se notara que yo era feliz. Él me pidió que saliéramos a otro sitio y nos fuéramos del velorio. Sin dudar lo acepté en la mañana siguiente no desperté en mi cama apenas recordaba lo que había sucedido y cuando me percaté del lugar donde estaba, me di cuenta que estaba con el hermano de mi compañero. Todo llegó a mi mente, cada trago, cada plática y como llegamos al hotel, yo no podía creer lo que me estaba sucediendo. Me apresuré a ir al baño, a tomar un respiro y mirarme en el espejo y entonces él lo vi Mi reflejo era el mismo diablo no dejaba de sonreír. Entonces me preguntó si estaba contenta con lo que conseguí. La verdad. No tuve de otra más que decirle que sí y me prometió más sonará extraño, pero antes de que se fuera de mi vista le pedí un favor al diablo. Le rogué que no se llevara a alguien que yo conociera. Él sólo se rió a carcajadas y me dijo eso ya fue cobrado hace dos días. Ciertamente, me desconcertó su comentario, pero la muerte de mi amigo fue apenas un día atrás. No le di más importancia al asunto y dejé de pensar en ello. Apenas llegué al trabajo. Traía la misma ropa del velorio. A pesar de que fui criticada por todos, no me importó de pronto. Mi jefe me mandó a llamar. Me llamó la atención por la apariencia que traía, argumentando que esa no era la imagen de la empresa. Me suspendió por ese día y me pidió que saliera. Yo estaba muy enojada que cuando llegué a mi lugar me di cuenta que habían dejado un par de cheques en blanco para que los llenara y le pagara a los proveedores. Se me hizo fácil y los robé para usarlos. Para mí no entraré en detalles de cómo usar los cheques. Lo que sí les puedo decir es que yo podía tener tanto dinero como quisiera. Justo al salir de la oficina, me encontré con el hermano de mi compañero. Me esperaba recargado en un auto y me invitó a salir con él. Le comenté que necesitaba bañarme y él me dijo que me bañaría en el hotel. No recuerdo con exactitud la cantidad de días que nos ausentamos, pero yo era feliz. Después de tanto tiempo, tenía dinero un hombre al que tenía a mi lado y en ocasiones llegaban más después de una noche de fiesta y el pago con el diablo ya estaba hecho. Habían transcurrido tantos acontecimientos desde aquel día en que contacté al diablo que al regresar a casa, pude percibir que algo inusual había ocurrido. Parecía que alguien había entrado, pero pero él extrañamente no parecía haberse llevado nada. En cambio, sobre la mesa descansaba una carta que atrajo inmediatamente mi atención y su remitente era mi propio padre. En las líneas de la carta me comunicaba que habían intentado ponerse en contacto conmigo durante varios días sin éxito alguno y se hallaban desconcertados por mi paradero. Se logró enterar que por días estuve saliendo con alguien que nadie identificaba y que yo había abandonado mi trabajo. Pero lo que más me estremeció fue el impactante final de la carta. Tu madre falleció hace días y tú no pudiste estar a su lado en sus últimos minutos. Fue entonces cuando caí en cuenta del trágico error que había cometido la persona a quien más amaba en este mundo no era mi compañero, sino mi propia madre. Ella había estado a mi lado en cada parte crucial de mi vida y la había echado al olvido. Ahora su alma descansaba junto al mismísimo diablo. Mientras las lágrimas empapaban mi rostro. Alguien tocó a la puerta. Me dirigí hacia ella con una extraña esperanza de que mi padre apareciera y afirmara que todo no era más que una broma. Al abrir la puerta, mis ilusiones se desvanecieron abruptamente. Al encontrarme con el hermano de mi compañero. Sin pensarlo, lo abracé con una intensidad que buscaba consuelo y entre sollozos. Le dije toda la historia. Pero su reacción fue desconcertante y en un abrir y cerrar de ojos, un penetrante olor a azufre e inundó la habitación. Los brazos de esa persona comenzaron a hincharse y pude sentir cómo su altura superaba la mía atónita. Lo miré en un espeluznante giro de los acontecimientos. Ya no estaba frente a mí la persona con la que había salido, sino el mismísimo diablo. Me aseguró que poseía todo lo que yo deseaba y si lo deseaba, podría obtener aún más. Mis palabras. Se queda. Quedaron atrapadas en mi garganta ante la abrumadora situación dentro de mí, un torbellino de confusión, pensamientos y emociones indecifrables se desataba sin control. Finalmente logré decirle que se marchara, que rompía en ese mismo momento cualquier acuerdo que hubiéramos tenido. Su respuesta fue una risa burlona, como siempre lo había hecho, y me insultó una vez más con desprecio, rematando con un comentario despiadado total. El pago ya está hecho. Me comuniqué con mi padre lo más rápido que pude Le supliqué que me perdonara y hasta el día de hoy sé que él sigue herido por mi comportamiento. Recuperar el control de mi vida después de eso resultó extremadamente complicado. Las cosas nunca volvieron a ser como antes y la vida que solía tener quedó en manos del diablo. He buscado acercarme nuevamente a Dios para implorar por el alma de mi madre. He afianzado mi fe de una manera o o o o más profunda que antes. Incluso participo activamente en la religión en la medida de lo posible. Pero a pesar de mis esfuerzos, aún persiste ese vacío, esa sensación de que mis plegarias no son escuchadas. No los culparía, pues entiendo que esta sensación se debe a mi propio comportamiento relato escrito y adaptado por lengua de brujo