El Vaquero Que Descubrió A Las Brujas De La Sierra Gorda - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Tomás Rangel y durante varios años cuidé ganado en un rancho de la Sierra Gorda, cerca de una comunidad de Querétaro. Mi trabajo era sencillo, revisaba los animales, cerraba los corrales al caer la tarde y recorrÃa el terreno porque el dueño solo iba algunos dÃas y yo me quedaba en una casa dentro del rancho. ConocÃa cada cerca, cada paso entre los potreros y el comportamiento del ganado. Por eso supe desde el principio que algo estaba fuera de lo normal cuando comenzaron las primeras muertes. La primera noticia llegó por don Manuel, uno de los rancheros de la zona. Encontró una becerra muerta junto a una cerca, con una quemadura en el cuello y otra en el vientre.
0:52 El pasto no estaba quemado, no habÃa restos de combustible ni señales de que alguien hubiera encendido fuego cerca. Un veterinario revisó el cuerpo y dijo que la muerte habÃa ocurrido en poco tiempo, pero no pudo explicar las lesiones. DÃas después apareció otra vaca muerta en un potrero vecino. También tenÃa quemaduras y tampoco habÃa rastro de incendio. Desde entonces comenzaron los comentarios sobre luces que cruzaban los terrenos durante la noche. En la comunidad las llamaban bolas de fuego. Algunos decÃan que pasaban sobre los potreros, Otros aseguraban que perseguÃan a las vacas hasta hacerlas caer. Yo habÃa escuchado esas historias desde niño, aunque nunca las tomé por ciertas.
1:39 Pensaba que podÃan ser lámparas vistas desde lejos, cazadores caminando por los cerros, o gente entrando a los ranchos sin permiso. Dos trabajadores dijeron que habÃan visto una luz detenerse junto al ganado. Uno creyó que alguien llevaba una antorcha. El otro sostuvo que la luz avanzaba sola. Los escuché, pero seguà pensando que debÃa existir una explicación. Una noche me quedé solo en el rancho. Ya habÃa encerrado a los becerros y revisado el corral. Luego entré a la casa para descansar. El ganado estaba quieto hasta que escuché un mugido fuerte, seguido por otro. En pocos segundos comenzaron los golpes contra la cerca. Las campanas chocaron y varias vacas corrieron dentro del potrero. Tomé la linterna y la carabina que usábamos para espantar coyotes. Salà y vi una esfera de fuego moviéndose cerca de los animales. TenÃa el centro rojo y los bordes amarillos. Avanzaba a poca altura y no habÃa nadie detrás de ella. La esfera fue hacia una vaca que se habÃa separado del grupo. El animal corrió, perdió el equilibrio y cayó de costado. La luz se detuvo sobre su cuello mientras la vaca pateaba el suelo.
2:59 Disparé al aire para alejarla. La esfera subió, se apartó y casi al mismo tiempo apareció otra cerca del bebedero. Un becerro intentó llegar al corral, pero la segunda luz lo siguió y se mantuvo sobre su lomo. El animal cayó y comenzó a respirar con dificultad. Disparé hacia el suelo, lejos de él. La luz se retiró y yo traté de acercarme. aunque las vacas seguÃan corriendo y me cerraban el paso. Cuando llegué al becerro, vi que tenÃa el pelo quemado a lo largo del lomo. TodavÃa respiraba, pero apenas podÃa mover las patas. Regresé a la casa para buscar una cobija y, antes de entrar, escuché pasos cerca del camino. Apagué la linterna, me quedé detrás de una cerca y vi a dos mujeres entrar al potrero. Al acercarse, reconocà a Petra Salinas y a Jacinta León, dos ancianas de la comunidad. Las conocÃa desde hacÃa años. HabÃa hablado con ellas en reuniones y las habÃa visto caminar por esas veredas con frecuencia. Petra llevaba un recipiente cubierto con una tela y Jacinta iba detrás de una de las luces.
4:12 Ninguna cargaba lámpara. La esfera avanzaba frente a ellas. Se detenÃa cuando Petra levantaba la mano y volvÃa a moverse cuando ella bajaba el brazo. Yo permanecà escondido, con la carabina lista, sin saber si habÃa alguien más en el terreno. Las dos mujeres llegaron hasta el becerro. Jacinta dejó otro recipiente junto a su cabeza. Tocó la quemadura con un trapo y dijo unas palabras que no alcancé a entender. El animal movió las patas, lanzó un último sonido y se quedó quieto. Petra destapó su recipiente, lo sostuvo cerca del cuerpo y luego volvió a cubrirlo. No disparé otra vez.
4:56 El ganado seguÃa alterado. Las mujeres estaban cerca y cualquier tiro podÃa alcanzar a una persona o a un animal. Retrocedà hasta la casa, entré y cerré la puerta. Desde una ventana vi que Petra y Jacinta caminaron hacia la salida y las dos luces avanzaron con ellas hasta el camino. Una de las esferas volvió al corral, se detuvo frente a las vacas y provocó otra estampida. Yo me quedé junto a la puerta, con la carabina preparada, hasta que la luz subió y desapareció detrás de los árboles. Al amanecer salà a revisar el terreno. La vaca estaba muerta.
5:37 TenÃa una quemadura circular en el cuello y la piel abierta en el centro. El becerro también habÃa muerto. La quemadura le cruzaba gran parte del lomo y junto a su cabeza habÃa una mancha oscura sobre la tierra. Revisé el bebedero, las cercas y el camino. No encontré alambre cortado, restos de combustible ni huellas de vehÃculo. El resto del ganado permanecÃa reunido en una esquina y evitaba acercarse a los cuerpos. Cuando llegó el dueño, le conté todo en el orden en que habÃa ocurrido. Revisó las lesiones, escuchó mi relato y me pidió prudencia al mencionar a Petra y Jacinta, porque sus familias vivÃan en la comunidad. Su hijo dijo que quizá las habÃa confundido en la oscuridad, pero le respondà que habÃa reconocido a Petra por la voz y a Jacinta por su manera de caminar. Además, las tuve cerca durante varios minutos. Ese mismo dÃa avisaron al veterinario y a la policÃa. Mientras esperábamos, cubrimos los cuerpos y apartamos al resto del ganado. Yo mantuve mi declaración, vi las luces, vi morir a los animales y vi a las dos mujeres dentro del potrero. El veterinario llegó esa mañana y revisó primero a la vaca, luego al becerro.
6:57 Se agachó junto a las quemaduras, cortó parte del pelo alrededor de las heridas y tomó muestras de piel y sangre. Dijo que las lesiones no correspondÃan a agua caliente, ni a un incendio común. También señaló que los animales habÃan muerto en poco tiempo. No quiso dar una causa hasta tener los resultados. Por eso guardó las muestras y pidió que no moviéramos los cuerpos. Más tarde llegaron dos policÃas municipales. Recorrieron el potrero, revisaron el bebedero, tomaron fotografÃas y me hicieron repetir lo ocurrido. Me preguntaron cómo se movÃan las luces y en qué momento reconocà a Petra y a Jacinta.
7:39 Respondà solo lo que recordaba. Los agentes anotaron los nombres, aunque dejaron claro que mi declaración no bastaba para acusarlas. El dueño decidió quedarse conmigo esa noche. Encerramos al ganado. Dejamos a los perros cerca del corral y mantuvimos una lámpara encendida junto a la puerta. Las vacas siguieron inquietas, se amontonaban en una esquina y se movÃan cada vez que los perros ladraban, pero las luces no aparecieron. A la mañana siguiente, el dueño fue a preguntar por la denuncia y me pidió que no dejara solos a los animales. Yo necesitaba comprar comida, asà que fui a la comunidad.
8:20 Al pasar frente a la casa de Jacinta, vi varios recipientes de barro sobre una mesa, y Petra estaba con ella. Las dos me reconocieron, entraron y cerraron la puerta. Seguà caminando. En la tienda pregunté si Petra y Jacinta salÃan por las noches. La mujer que atendÃa bajó la voz y dijo que se reunÃan con otras ancianas. Luego caminaban hacia una mina abandonada detrás del panteón. También contó que algunos vecinos las habÃan visto llevar gallinas, costales y recipientes. Nadie querÃa seguirlas porque tenÃan familiares en la comunidad y cualquier acusación podÃa terminar en una pelea. Cuando volvà al rancho, encontré a don Manuel esperándome. HabÃa escuchado lo que pasó y querÃa hablar conmigo. Me dijo que antes de la muerte de su becerra, vio a Jacinta cerca de su terreno.
9:13 En ese momento no le dio importancia. pero después de mi relato creyó que debÃa contármelo. Don Manuel propuso vigilar la casa de Jacinta y seguirlas si salÃan. Acepté porque necesitaba saber si las luces aparecÃan junto a ellas y si de verdad iban a la mina. La noche siguiente dejamos a otro hombre cuidando el ganado y nos ocultamos cerca del camino. Después de un rato vimos llegar a Petra, acompañada por LucÃa Trejo y Marcelina Cruz. Las tres entraron en la casa de Jacinta y poco después salieron juntas con bolsas, recipientes y un gallo amarrado por las patas.
9:54 Caminaron detrás de la capilla y tomaron la vereda de la mina. Don Manuel y yo las seguimos a distancia. Cerca de la entrada apareció una esfera amarilla. Avanzó hacia ellas y se detuvo frente a una piedra. Las mujeres dejaron los recipientes en el suelo y se colocaron alrededor. Nosotros bajamos hasta una zanja, desde donde podÃamos verlas, aunque solo alcanzábamos a escuchar algunas palabras. Jacinta sostuvo al gallo. Petra colocó una vasija frente a ella. LucÃa encendió varias velas y Marcelina sacó un trapo con pelo de animal. Petra comenzó a hablar. Alcancé a oÃr que mencionaba a las reces muertas, a la fuerza que habÃan sacado de ellas y a una entrega pendiente. Una de las mujeres preguntó qué harÃan con los hombres que vigilaban el rancho.
10:46 Petra respondió que ellas se encargarÃan. No escuché todo, pero distinguà las palabras toro y sangre. Don Manuel se acercó para oÃr mejor. El gallo comenzó a moverse y Jacinta lo sujetó contra la piedra mientras Petra acercaba el recipiente. La esfera cambió de amarillo a rojo y quedó suspendida sobre el animal. Desde el interior de la mina salió una voz grave. No vimos quién hablaba. Solo escuchamos que repetÃa, toro y sangre. Don Manuel quiso retroceder. Movió varias piedras y el ruido llegó hasta la entrada. Las mujeres callaron y miraron hacia nosotros. Petra levantó el brazo. La esfera giró y salió en nuestra dirección. Corrimos hacia el panteón.
11:33 Don Manuel iba adelante, pero perdió el paso y cayó de rodillas. La luz lo alcanzó en la espalda. Su camisa comenzó a arder y cayó de frente. Me quité la chamarra, cubrà el fuego y golpeé la tela hasta apagarlo. Don Manuel gritaba. Intentaba incorporarse y apenas podÃa mover un brazo. La esfera seguÃa cerca. Disparé hacia el suelo y se apartó por unos segundos. Entonces vi a las mujeres bajar por la vereda. Petra llevaba el recipiente destapado. Jacinta le dijo que terminaran antes de que alguien llegara Petra respondió que don Manuel ya estaba marcado y no entendà lo demás.
12:14 Lo tomé por los brazos y lo arrastré hasta la barda del panteón. Luego corrà hacia la capilla y golpeé la campana varias veces. Los primeros vecinos salieron con lámparas y herramientas. Después llegaron otros. Cuando volvimos, las luces se alejaban hacia el cerro y las mujeres ya no estaban. Don Manuel seguÃa consciente. y dijo que vio la esfera antes de sentir el golpe y confirmó que habÃa escuchado hablar de los animales, de un toro y de la sangre de un hombre. Lo subimos a una camioneta y lo llevaron al centro de salud. La policÃa regresó durante la madrugada. Cuatro agentes fueron a la mina con varios vecinos.
12:56 En la entrada encontraron sangre del gallo, velas, pelo de ganado, trapos y recipientes. Más adentro habÃa una figura hecha con madera, cuernos y piel seca. Los agentes tomaron fotografÃas, guardaron los objetos y fueron a buscar a las mujeres. Petra, Jacinta y LucÃa estaban en sus casas. Marcelina no apareció. Las tres negaron haber salido y sus familiares dijeron que habÃan pasado la noche con ellas. La policÃa revisó ropa, patios y habitaciones, pero no encontró sangre. quemaduras ni objetos que demostraran que habÃan estado en la mina. Don Manuel fue trasladado al hospital con quemaduras graves. Durante el camino alcanzó a decir que la luz lo habÃa golpeado en la espalda.
13:45 Los médicos intentaron estabilizarlo, pero su estado empeoró y murió dos dÃas después. En el acta se registró que la muerte estuvo relacionada con las lesiones, aunque nadie pudo explicar qué habÃa producido el fuego. ni por qué la quemadura tenÃa esa forma. Antes de morir, habló con un agente y repitió lo que habÃamos visto en la mina. Dijo que Petra, Jacinta, LucÃa y Marcelina estaban reunidas, que una esfera salió hacia nosotros y que esa luz lo alcanzó cuando corrÃamos. También declaró que habÃa escuchado hablar de una entrega, de la fuerza de los animales, de un toro y de la sangre de un hombre. La policÃa tomó su declaración.
14:29 Revisó otra vez la mina y mandó a analizar los objetos recogidos. Los resultados confirmaron que habÃa sangre de gallo y pelo de ganado, pero no encontraron huellas ni marcas que relacionaran esas cosas con las mujeres. Petra, Jacinta y LucÃa mantuvieron la misma versión. Dijeron que habÃan pasado la noche en sus casas y sus familiares las respaldaron, pero Marcelina no apareció. Los agentes preguntaron por ella, aunque nadie dijo haberla visto. Sin fotografÃas de las mujeres y sin pruebas directas sobre los objetos, la investigación no avanzó. El veterinario tampoco pudo explicar las muertes de la vaca y el becerro. Las muestras de piel y sangre estaban dañadas y no permitieron confirmar la presencia de veneno. El agua del bebedero estaba limpia. En los cuerpos habÃa quemaduras profundas.
15:23 pero no encontraron combustible ni restos de material inflamable. El dueño vendió una parte del ganado y trasladó los animales restantes a otra propiedad. Después enterramos los cuerpos lejos del corral. Yo permanecà algunos dÃas en el rancho, porque los agentes querÃan que señalara los lugares donde habÃa visto las luces y donde estaban Petra y Jacinta cuando entraron al potrero. Volvimos a recorrer el terreno. La tierra donde habÃa caÃdo la vaca seguÃa dura y oscura. Cerca del bebedero encontramos un pedazo de tela parecido al que cubrÃa los recipientes. Los agentes lo guardaron, pero no tenÃa sangre ni una señal que ayudara a identificar a alguien. Me llamaron dos veces para repetir la declaración. Conté lo mismo en cada ocasión sin agregar detalles que no hubiera visto. Nunca afirmé que las luces fueran brujas. Dije que se movÃan sin que una persona las cargara, que siguieron al ganado, que aparecieron junto a las mujeres y que una de ellas alcanzó a don Manuel. Eso era lo que podÃa sostener.
16:30 En la comunidad comenzaron las discusiones. Algunos vecinos decÃan que Petra y Jacinta hacÃan trabajos para conservar la fuerza. Otros aseguraban que todo era una acusación nacida del miedo. Las familias de las ancianas dejaron de saludarme. Y un hermano de Jacinta me advirtió que no volviera a mencionar su nombre. Dejó claro que no permitirÃa otra acusación. El dueño tampoco querÃa más problemas. Ya habÃa perdido animales y dinero. Por eso me dijo que entendÃa si decidÃa irme. Y a principios de noviembre dejé el rancho y me fui a vivir con un hermano. Durante meses tuve heridas en las manos.
17:12 DormÃa poco y despertaba cuando escuchaba mugir al ganado de algún terreno cercano. La investigación quedó abierta, aunque dejaron de hacer preguntas. Marcelina siguió desaparecida. LucÃa se fue a vivir con una hija. Petra murió meses después por una enfermedad y Jacinta permaneció en la comunidad. Nadie fue detenido por la muerte de don Manuel ni por los animales encontrados con quemaduras. Volvà al pueblo al año siguiente para visitar la tumba de don Manuel. Al pasar frente a la casa de Jacinta, la vi sentada con un recipiente sobre las piernas. Me miró, cubrió la vasija con una tela y entró. No me habló y yo tampoco me acerqué.
17:55 Esa noche dormà en casa de un primo y durante la madrugada las vacas de un terreno cercano comenzaron a gritar. Salimos al patio y vimos una esfera roja cruzar la cerca. bajar hacia los animales y desaparecer detrás de los árboles. Varios vecinos corrieron al potrero, pero yo esperé hasta que amaneció. Encontraron un toro muerto. TenÃa una quemadura en el pecho y otra en el cuello. El pasto alrededor seguÃa intacto. La dueña presentó una denuncia y la policÃa tomó fotografÃas. Jacinta dijo que no habÃa salido de su casa y su familia afirmó que estaba enferma y que no podÃa caminar hasta el potrero. Nadie vio a otra persona cerca del ganado. Los agentes regresaron a la mina, pero el lugar estaba vacÃo. Los recipientes, las velas, los trapos y la figura habÃan desaparecido. Registraron la entrada y los alrededores sin encontrar algo que relacionara la nueva muerte con el caso anterior. Regresé a Jalpan ese mismo dÃa y no volvà a trabajar de noche en la sierra. Con el tiempo dejaron de llamarme para declarar. El caso de Don Manuel quedó sin responsables y cada muerte de ganado se registró por separado. Nunca pude demostrar que aquellas mujeres hubieran hecho un pacto con el diablo. Pero puedo afirmar que las vi entrar al potrero, que llevaban recipientes, que las luces avanzaban junto a ellas y que escuché hablar de la fuerza de los animales, de una entrega y de
19:27 la sangre de un hombre. Don Manuel escuchó lo mismo y murió después de que una de esas luces lo alcanzó. Años después, todavÃa se hablaba de animales muertos en comunidades alejadas de la Sierra Gorda. Las denuncias describÃan quemaduras, ganado alterado y luces vistas durante la noche, pero ninguna investigación reunió pruebas suficientes para acusar a alguien. Don Manuel murió, el dueño perdió parte de su ganado y yo dejé aquel trabajo. Petra murió sin declarar. Marcelina nunca apareció y Jacinta siguió viviendo en la comunidad. Las luces continuaron cruzando los potreros y cada nuevo caso comenzó desde cero. Esta historia me sucedió cuando era un niño y vivÃa con mis padres en el estado de Coahuila. En ese entonces no tenÃamos teléfono, ni siquiera una televisión. Eran otros tiempos.
20:31 Nuestra humilde casa se encontraba en una loma. Esto cuando Ciudad Acuña todavÃa era una villa. Enseguida de nosotros, digamos a unos 20 metros, vivÃa la mamá de mi mamá, mi abuela Hortencia. De hecho, su casa estaba en el mismo terreno que el nuestro. Por lo mismo, podrÃa decir que éramos vecinos y nos veÃamos todos los dÃas. Me gustaba mucho platicar con ella porque sabÃa muchas cosas. Además, me contaba interesantes historias. En una ocasión me sorprendió. Me dijo que yo era especial, que no me asustara si un dÃa me perdiera entre el monte. Solamente tenÃa que oler el ambiente y siguiera mi instinto. Asà encontrarÃa el camino.
21:15 En ese momento no entendà por qué me dijo eso. pero se me quedó grabado. En ese tiempo, en Villa de Acuña, se hablaba mucho de la existencia de brujas. Era tanto asà que ya no les tenÃa terror, pero sà respeto. Además, nunca habÃa visto una de cerca, solo me las imaginaba, tal vez por mi edad, porque tendrÃa algunos siete años. No me daba cuenta que, en mi casa, sucedÃan cosas de verdad muy extrañas, las cuales ahora en este tiempo me ponen a pensar. De hecho, pasaban en toda la loma. Para empezar, yo no recuerdo que hubiera gatos ni perros. Pero a pesar de eso, por las madrugadas se escuchaban aullidos lastimeros por todas partes, o se oÃa que maullaba un gato a medianoche muy cerca de las ventanas de nuestra casa. Además, era muy común que miráramos a lo lejos las conocidas bolas de fuego, aquellas que iluminaban el monte por las noches, pero no incendiaban nada.
22:13 También en ocasiones escuchábamos que caminaban sobre el techo o que caÃan cosas pesadas ya muy entrada la madrugada. A mà me resultaba extraño que mis papás no se preocuparan de eso ni se levantaran a investigar. Al dÃa siguiente encontrábamos algunos animales muertos arriba de nuestra casa. Por lo menos yo no le encontraba una explicación lógica. Mi mamá me decÃa que en todo tenÃan que ver con las brujas, por eso me advertÃa que nunca me metiera con ellas y asà ellas no se meterÃan conmigo. Nuestros conocidos contaban muchas historias, donde extrañas mujeres se convertÃan en enormes aves negras.
22:54 Era común verlas volar por encima de las oscuras rancherÃas cercanas a la villa. En ocasiones lo hacÃan en completo silencio, pero también silbaban tratando de imitar el sonido que hacÃan las lechuzas, para asà pasar desapercibidas y hacer sus maldades sin ser detectadas. Aseguraban que esas mujeres eran las causantes de que se desaparecieran muchos animales, al grado de casi acabárselos, pero también las acusaban de atacar a los niños menores de un año a quienes mordÃan durante las noches. Por testimonio de la gente, se sabÃa que entraban a las casas convertidas en serpientes, gatos o guajolotes. Volviendo a las cosas que sucedÃan en mi casa, puedo compartir una de ellas.
23:40 Una mañana me desperté porque mi abuela le estaba gritando a mi mamá por ayuda. Me acuerdo que me levanté deprisa. Primero me asomé por la ventana. Recorrà con la vista todo el patio sin encontrarla. Puse atención para estar seguro que sà era mi abuela quien gritaba. Cuando la volvà a escuchar, salà al patio para abarcar un tramo más amplio, pero no lograba verla. Me acerqué a su casa y le hablé en varias ocasiones. Me di cuenta que de ahà no salÃan los gritos. Extrañado, caminé de regreso. Revisé que no se hubiera caÃdo o que estuviera escondida jugándome una broma. Extrañamente, no se encontraba por ninguna parte. Como los gritos no paraban, le hablé a mi mamá para que se diera cuenta de lo que estaba pasando. Al escucharlo, se quedó pensando un momento. Luego se levantó. Yo iba a salir con ella a buscarla, pero me dijo que la esperara adentro. Minutos después, regresó para pedirle a mi papá que le ayudara a bajar a mi abuela de arriba de un árbol. Pensé que habÃa escuchado mal. Les pregunté dónde estaba mi abuela, o qué le habÃa pasado.
24:51 Solo me contestaron que no me saliera. Sin decir nada me fui detrás de ellos, lo que vi fue bastante extraño. En medio del patio habÃa un árbol muy grande, tal vez de algunos seis metros de altura. AhÃ, atorada entre las ramas más altas, se escuchaba mi abuela. Mi poca conciencia no me daba para comprender cómo era posible eso. Me acuerdo que le di varias vueltas al árbol mirando para arriba hasta que la encontré. De verdad que lo que estaba viendo resultaba imposible, porque mi abuela tenÃa un poco más de 80 años. No podÃa ser que se hubiera podido trepar sola hasta allá. Además,¿ para qué harÃa una cosa asÃ? Mi papá corrió por una escalera de madera que él mismo habÃa construido. La recargó en un tronco grueso y se subió despacio a ayudarla. Mientras tanto, nosotras, mi mamá y yo, mirábamos incrédulas. No se me puede olvidar aquella escena. Antes de que desatorara a mi abuela, mi papá dejó caer un chivo negro bastante grande. Después de unos segundos un gato, luego cayó una gallina y un perro, todos del mismo color. Me les quedé mirando porque esos animales todavÃa se movÃan, pero me preguntaba cómo habÃan llegado ahÃ. Se pasaban los minutos, hasta que con muchas dificultades logró bajar mi abuela. Ya estando en tierra, pude ver sus ropas manchadas con un lÃquido rojo. Se encontraba totalmente despeinada y con algunos rasguños en los brazos
26:22 y piernas. Recuerdo que le pregunté extrañado qué le habÃa pasado, por qué estaba ahÃ. Ni siquiera volteó a verme. muy seria se sacudió un poco luego como pudo junto a los animales y se metió a su casa seguida por mi mamá segundos después podÃa escuchar las fuertes risotadas de las dos como si todo se tratara de una gracia asà estuvieron por algunos minutos no se podÃan contener mi papá ni caso les hizo como a la media hora terminaron de platicar. Más tarde le pregunté a mi mamá cómo era posible que mi abuela, siendo ya una anciana, hubiera podido subir hasta la copa del árbol más grande.
27:04 Volteó a verme. Con una sola mirada entendà que no deberÃa preguntar cosas como esa. Asà hubiera quedado, como una extraña anécdota. Lo raro de esto fue que no sucedió una sola vez. Por lo menos recuerdo otras tres veces más. La segunda vez que sucedió, mi abuela quedó lastimada, porque se le encajaron varias ramas, algunas de ellas gruesas. Aunque no pude acercarme a verla, puedo asegurar que de sus heridas no le salÃa nada de sangre. Asà sucedió dos veces más, donde mi papá la tuvo que ayudar a bajar de lo más alto de ese árbol. Siempre al hacerlo traÃa diferentes animales, e incluso una vez cayeron dos chivas grandes. que luego metió para su casa y ya no las volvÃamos a ver. Cuando esas cosas sucedÃan, yo me hacÃa el dormido, pero después que me dejaban solo para ir a ayudarle, no perdÃa detalle asomándome por la ventana.
28:04 Entonces podÃa ver no solo a mi abuela, también a mi mamá reÃr mientras recogÃan gallinas y gatos que caÃan de arriba del árbol. En una de esas veces se dislocó uno de sus brazos porque brincó del árbol. Pero con un solo movimiento, ella sola se lo volvió a acomodar, sin demostrar ninguna mueca de dolor. Era un niño, pero no era un tonto. PodÃa entender que algo extraño y fuera de la realidad estaba pasando con mi abuela. Era muy obvio que mi mamá y mi papá lo sabÃan, pero parecÃa no importarles. Pero además de eso, pasaban otras cosas raras, por ejemplo, mi abuela nunca comÃa con nosotros, de hecho, ni cocina tenÃa. Por lo mismo, desde el dÃa que miré que traÃa el chivo, el gato y el perro, se me vino a la mente la terrorÃfica idea que se alimentaba de animales crudos, que por otra parte, no se sabÃa de dónde los conseguÃa, porque en la loma no habÃa. Otra cosa extraña era que prácticamente no salÃa de dÃa a ningún lado, ni siquiera al patio.
29:10 Era como si le tuviera miedo al sol. Lo hacÃa hasta que las primeras sombras comenzaban a aparecer y solo la veÃamos un rato porque después parecÃa que se esfumaba. Entonces comencé a imaginar las peores cosas sobre ella. Muy cerca de nuestra casa habÃa dos caminos. Uno era por donde iban y venÃan las personas. ese recorrÃa varias rancherÃas y una que otra comunidad pero el otro un camino angosto casi una vereda nadie lo usaba ni de dÃa ni de noche porque según las habladurÃas de la gente ese era pasadera de brujas mi mamá ya me lo habÃa advertido infinidad de veces que nunca debÃa meterme por ahà porque si entraba ya no saldrÃa jamás extrañamente la única de la casa que habÃa caminado por ahà aunque yo nunca la habÃa visto habÃa sido mi abuela según entendÃa en ese tramo de monte se encontraban hierbas que no se daban en otras partes por eso era muy común que curanderas y brujas visitaran ese lugar y eso habÃa espantado a las personas de la villa por eso todos prefirieron usar el otro camino y evitar encontrarse con ellas A escondidas de mi mamá, muchas veces le llegué a pedir a mi abuela que un dÃa me dejara acompañarla a recolectar plantas, porque siempre habÃa querido conocer ese lugar.
30:36 Ella me decÃa que sÃ, pero se pasaban los dÃas, las semanas y nunca me lo cumplÃa. Las cosas extrañas no dejaban de suceder. Por ejemplo, ni en nuestra casa, ni en casa de la abuela habÃa espejos. Según decÃan, no les gustaba mirar su reflejo, esa era su excusa. Además de eso, no consumÃamos nada de sal, ni acostumbrábamos los ajos, esto por su olor. Aunque se escuche extraño, tampoco tenÃamos una escoba. Toda la limpieza lo hacÃamos con un trapo o con un trapeador. Estas y otras cosas pasaban, pero a mà no se me permitÃa preguntar el por qué.
31:17 Aunque suene extraño, las tijeras yo las conocà después que me casé. Asà se fueron pasando los meses y mis dudas crecÃan. Un dÃa, cuando estaba por comenzar la noche, salà al baño de pozo que tenÃamos. Entonces, miré que mi abuela se metió al monte por el camino que me tenÃan prohibido, ese, el de las brujas. Me sorprendà mucho porque ya iba a oscurecer, eso me decÃa dos cosas. O mi abuela no les tenÃa miedo a las brujas, o todo era un cuento inventado por las personas. Aunque también eso podrÃa confirmar mis sospechas que ella, mi abuela, también era una bruja y no me lo querÃan decir.
31:57 Si eso resultara cierto, respondÃa a todas mis dudas. Que se encontraran animales sobre el techo y que mi abuela se trepara en un árbol de seis metros era porque podÃa volar. No encontraba otra razón. Ya intrigado y queriendo averiguar cuál era la verdad que escondÃa mi abuela, Me acerqué hasta donde empezaba ese camino. Haciendo un esfuerzo, lo único que pude ver fue a lo lejos la silueta de mi abuela perderse entre la oscuridad del monte. Lo pensé un momento. Me fijé que nadie me mirara. Luego me decidÃ. No sé de dónde tomé valor para meterme por ese camino que, aunque lo negara, le tenÃa miedo.
32:39 Lo harÃa aunque fuera unos cuantos metros. Tal vez podrÃa alcanzar a mi abuela y convencerla de acompañarla. O por lo menos enterarme lo que en realidad hacÃa en ese oscuro y solitario lugar. Además, confirmarÃa o desmentirÃa que ahà habÃa brujas. Sin medir las consecuencias y pasándome de imprudente, caminé un rato por ese angosto camino que daba muchas vueltas. En ocasiones miraba a mi abuela que iba recolectando plantas. Entonces me apuraba para alcanzarla, pero luego se me perdÃa entre los espinosos matorrales. Como siempre andaba vestida de negro, se confundÃa entre la oscuridad. Cuando ya estaba completamente oscuro, supe lo horrible que se veÃa el monte por la noche.
33:25 De pronto escuché unos fuertes aleteos, además de unos ruidos extraños. Entonces paré. Al verme y sentirme solo en medio de arbustos y nopaleras, entendà que habÃa cometido un tremendo error al meterme a ese lugar. SabÃa que no debÃa estar más tiempo ahÃ. Era hora de regresar. Comencé a avanzar despacio porque no lograba ver con claridad por dónde estaba el camino. Volteaba hacia arriba porque podÃa oÃr el sonido de las lechuzas. Pero también habÃa otros sonidos que no sabÃa lo que eran y que ya me estaban poniendo nervioso. apenas de unos pasos me sorprendà porque me salió al frente la silueta de una mujer con cabello largo pensé que era mi abuela porque asà lo usaba además con dificultad podÃa distinguir su cara me preguntó qué andaba haciendo por ahà entonces desconocà la voz escondà mi miedo le respondà tratando de escucharme muy seguro que andaba recolectando plantas con mi abuela Hortensia y le di mi nombre Escuché que la mujer sonrió, pero de manera burlona. Me dijo Tenchita, te anda buscando. Me agarró de la mano, me sacó del camino y me comenzó a estirar hacia en medio del monte sin darme tiempo de reaccionar. Intentaba zafarme, pero esa mujer tenÃa los dedos tan grandes que le daba vuelta a mi mano. Además, se le sentÃan grandes uñas que me estaba clavando. Por todo lo que habÃa escuchado
34:55 de ese lugar, lo primero que imaginé fue que era una bruja. Ya me habÃa estirado como 15 metros cuando, de un fuerte jalón, logré liberarme. Entonces corrà como pude. Lo hice asà a ningún rumbo, esquivando cuanto matorral se me aparecÃa enfrente. Escuché a esa mujer que me gritó por mi nombre y que corrió detrás de mà seguramente para atraparme. No me querÃa imaginar lo que me sucederÃa si lograra hacerlo. Para intentar engañarla, me tiré al suelo y me arrastré lo más rápido que pude hacia uno de mis costados. Me escondà junto a un arbusto espinoso. Ahà me quedé escuchando primero el silencio, después pisadas que se aproximaban. Alguien pasó a escasos dos metros de donde estaba. Por los ruidos de esas pisadas sabÃa que ya no nada más era una, sino varias las mujeres que me andaban buscando, pero además escuchaba distintas voces que me llamaban por mi nombre.
35:52 Todas las voces eran de mujer. Nunca habÃa tenido tanto miedo como esa noche. No sabÃa exactamente en dónde estaba, ni cuánto podÃa aguantar escuchando todo eso. Para volver las cosas todavÃa más tétricas, miré cómo pasaban bolas de fuego casi rozando los matorrales, esparciendo cientos de chispas. Hubo un momento en que se escuchaban muchas risas. Iban y venÃan para todos lados. SabÃa que esas mujeres intentaban engañarme porque escuchaba la voz de mi abuela en distintas partes a la vez. Ya no tenÃa ninguna duda, lo de las brujas era verdad. Recordando lo que un dÃa me habÃa dicho la abuela que hiciera en caso de perderme. Me calmé un poco, respiré, olà el ambiente y seguà mi instinto.
36:40 Entonces me comencé a arrastrar para donde creÃa que se encontraba mi casa. por los sonidos que se escuchaban, puedo decir que llegué a pasar muy cerca de algunas de esas mujeres. Asà lo hice, tal vez por una hora. Para mi buena suerte, vi con alegrÃa que logré salir de ese camino. Estaba asustado, todo rasguñado y lleno de tierra. No tenÃa idea de qué horas podrÃan ser. Caminé unos metros entre toda aquella oscuridad. Antes de llegar a la casa, miré que algo cayó pesadamente sobre el techo. Hasta donde estaba escuché el golpe. Sabiendo que eso era una bruja, corrÃa a esconderme. Segundos después se comenzaron a escuchar los lloriqueos de un perro. Con mucho cuidado me asomé. De pronto una figura negra brincó del techo de nuestra casa al patio. Lo hizo con una gran facilidad, como lo harÃa un puma o cualquier felino. Dio unos pasos, luego se quedó parada. ParecÃa presentir algo cuando comenzó a oler el ambiente. lentamente se fue girando hasta quedar mirando hacia donde yo estaba cuando la reconocà no querÃa aceptarlo esa mujer era mi abuela pero sus ojos eran extraños parecÃa que los tenÃa de gato e incluso le brillaban en la oscuridad cuando les daba la luz de la luna se puso a caminar por el patio la verdad yo comencé a temblar de nervios porque era evidente que me habÃa olido y me estaba buscando estaba confundido no tenÃa
38:14 por qué temerle era mi abuela mi temor era que asà convertida en bruja como estaba me fuera a desconocer a mitad del patio se puso a dar vueltas caminaba en cÃrculos mientras decÃa muchas cosas que no podÃa entender por ratos se quedaba sin moverse como si se quedara hipnotizada reaccionaba y comenzaba a caminar de nuevo luego de un rato se metió a su casa no me quise mover porque pensé que me podrÃa estar tanteando Como no le quitaba la vista de encima a su vivienda, pude ver cuando de pronto se incendió lumbre en su interior. A pesar de eso, no habÃa humo, ni se quemaba la casa. Ese fuego se hizo una bola. Anduvo dentro de un lado para el otro por unos momentos. Después salió disparada hacia el monte. Me quedé atónito sin poder procesar rápidamente lo que habÃa sucedido. Aún sabiendo que mi abuela ya se habÃa ido, me daba miedo moverme de ahÃ.
39:13 Volteaba constantemente al árbol donde la habÃa visto atorada. Minutos después tuve que hacerlo. Nada más fue cuestión de dar los primeros pasos. Después pude correr. Lo hice hasta llegar a mi cuarto. Toda la noche la pasé asustado de lo que pudiera ocurrir. Además, no sabÃa si contarle a mi mamá o no lo que habÃa visto esa noche, porque al meterme por aquel camino la habÃa desobedecido. Pero, sobre todo, no sabÃa qué reacción iba a tener yo al ver a mi abuela, o lo que era peor. Qué reacción iba a tener ella al verme a mÃ. Ni siquiera recuerdo a qué horas me dormÃ. Al siguiente dÃa hice de todo para no salir al patio porque no querÃa toparme con los ojos de mi abuela. No lo puedo negar, la verdad era que le tenÃa mucho miedo.
40:02 No pasaron más de tres dÃas sin que me la encontrara en el patio. Platicamos de muchas cosas hasta que al final me confesó que era una bruja. Me dijo que ya no tenÃa caso que me lo ocultara, porque ella sabÃa que la habÃa visto aquella noche. Entre otras cosas, me dijo que ella ya no hacÃa el mal ni practicaba la magia negra. Por su edad, poco a poco iba perdiendo sus capacidades de bruja. Era por eso que en ocasiones chocaba con nuestra casa o se quedaba atorada en las ramas del árbol. Me pidió de muchas maneras que nunca le tuviera miedo porque jamás me dañarÃa. A partir de ahÃ, tuve una lucha interior por mirarla simplemente como una mujer. Al igual que mi mamá y mi papá, aprendà a aceptar a mi abuela. Obviamente no me gustaba lo que hacÃa, eso de robar animales y comérselos. Pero era algo que ni ella podÃa hacer algo por evitarlo.
40:59 Mi abuela murió hasta los 100 años, aunque por pláticas me enteré que tenÃa más. al parecer ni ella sabÃa cuántos, por las cosas que hacÃa la reconocÃamos como bruja, y con esta historia no pretendo disculparla, pero ni mi papá, ni mi mamá, ni yo, nunca jamás supimos que le hiciera daño a un ser humano, asà se termina mi historia. Al correr de los años supe de verdad que yo era alguien especial, asà como me lo decÃa mi abuela, porque podÃa intuir las cosas, los sueños se me volvÃan realidad, e incluso sabÃa cuando alguien iba a morir. Seguramente todo esto me pasaba por ser nieto de una bruja, aunque también tuve dudas de que mi madre lo fuera, por todo lo que pasaba en la casa, pero por respeto nunca me atrevà a preguntarle. Esta historia comienza cuando yo solo tenÃa 18 años. Casi acababa de cumplirlos y habÃa estado planeando una excursión a un bosque junto con mis amigos, quienes a último momento todos terminaron cancelando. Me sentà un poco decepcionado. HabÃa estado planeando esa excursión durante meses. Esa fue la principal razón por la que, a pesar de todo, no quise cancelarla. Pensé que podrÃa ser un viaje interesante para mÃ. aunque tuviera que hacerlo solo. Fue asà como
42:33 el dÃa marcado me fui. HabÃa un sitio destinado para que las personas acamparan o exploraran un poco bajo un sendero marcado, pero ese no era mi plan. Yo querÃa adentrarme un poco más. Yo solÃa hacer ese tipo de cosas bastante seguido. Nunca habÃa pasado nada más allá de que alguien me dijera que no podÃa cruzar por propiedad privada o algo asÃ. por lo cual me sentÃa muy confiado, como siempre. Ese dÃa salà del sendero apenas pude y comencé a andar por el bosque. Nada fue diferente a otras ocasiones, aunque aquel lugar sà era algo más relajante de lo usual. Incluso estaba pensando en buscar un buen sitio para acampar y quedarme ahà toda la noche. Con esta idea me puse a buscar un buen lugar. Estuve caminando un rato sin encontrar uno. Estaba tan empeñado en encontrar el sitio perfecto que ni siquiera me percaté de que el sol comenzaba a ocultarse, para cuando me di cuenta que no podÃa seguir buscando en ese momento, por lo que, un poco desanimado, reunà fuerzas para regresar al sendero y reunirme con el resto de las personas. Después de casi 30 minutos caminando por el camino que juraba era el correcto, no podÃa ver ningún letrero o rastro que indicara que estaba yendo en la dirección adecuada, En un principio no entré en pánico. SabÃa que esa era la última cosa que debÃa hacer. Mientras más nervioso se pone
44:04 uno en esas situaciones, más fácil es perderse. Intenté mantener la calma. Aún convencido de que habÃa tomado el camino correcto, continué andando. Tras unos minutos más, me di cuenta de que, en serio, habÃa tomado el camino equivocado. No solo no encontraba el sendero principal, sino que parecÃa estar más centrado en el bosque que antes. Por si fuera poco, la noche ya habÃa caÃdo por completo, dándole a toda esa experiencia un aire aún más aterrador. A pesar de eso, traté de mantener la calma. Estuve de pie un momento intentando orientarme, pensando que tal vez solo habÃa tomado una vuelta equivocada algo muy común en aquellos bosques donde todo se ve igual. QuerÃa tomar un pequeño respiro y relajarme antes de continuar, cuando, de pronto, un grito puso todos mis sentidos en alerta. ParecÃa el grito de una mujer.
45:02 Era desgarrador y lleno de pánico. No sé si alguien ha escuchado gritar a un ser humano asÃ, pero al menos hasta ese momento yo no lo habÃa hecho, y realmente espero que nadie tenga que escucharlo jamás. Aquel grito erizó cada vello de mi cuerpo, y sin pensarlo mucho y ni siquiera saber si era el camino correcto, comencé a caminar en dirección contraria al del grito, si soy del todo honesto, en este punto de la historia no sé muy bien lo que sucedió, tenÃa mucho miedo y creo que en un punto, dejé de caminar para comenzar a correr, pude escuchar el grito dos veces más, lo único que me hizo detenerme y donde comienzo a recordar todo con mayor claridad, aunque creo que no pasó mucho tiempo desde los gritos, fue que comencé a escuchar rezos y cánticos que sonaban como de iglesia, solo que no eran como los que yo estaba acostumbrado a oÃr. Si bien no era creyente, me habÃa educado en la religión católica, por lo que conocÃa muy bien esos rezos y cánticos.
46:05 Estaba seguro de que lo que estaba escuchando no era nada parecido. se escuchaban como dichos en otra lengua, y tampoco parecÃan dirigidos a Dios. No sabrÃa explicar cómo lo sabÃa, pero algo en mà me lo decÃa. Lo peor de estos rezos no era su contenido, sino que parecÃa que se estaban acercando a mÃ. Una vez que pude prestar más atención, me di cuenta de que también comenzaban a escucharse pasos entre las hierbas y hojas secas del bosque. Por esa razón, sin pensarlo demasiado, Me agaché y me escondà entre la hierba, pensando que una vez que se alejaran podrÃa continuar mi camino. Tal vez entonces podrÃa salir de ahà y alertar a la policÃa sobre los gritos de aquella mujer, que estaba convencido tenÃan que ver con todo lo que estaba ocurriendo. No escuché más gritos después de eso. Estuve oculto por menos de cinco minutos cuando aquellos pasos y rezos se hicieron más fuertes, más claros de alguna forma. Fue entonces cuando noté que no era una sola persona, ni siquiera tres como pensaba al principio.
47:14 Era un grupo de al menos veinte personas, todas con gabardinas negras y capuchas. No podÃa verles el rostro debido a la oscuridad. Caminaban rezando y cantando mientras uno de ellos agitaba un incensario. Me encontraba paralizado viendo aquello. No tenÃa ni idea de lo que mis ojos estaban presenciando. Me preguntaba si acaso le habÃan hecho algo a la mujer que habÃa escuchado gritar. HabÃa leÃdo muchas historias de terror, como para no darme cuenta de que aquello parecÃa una secta o un grupo de locos intentando realizar un ritual. QuerÃa quedarme lo más quieto posible. Si bien me sentÃa un poco cobarde por no intentar ayudar a la mujer a la cual no veÃa por ningún lado, también sabÃa que aunque lo intentara jamás podrÃa contra 20 sujetos. Es más, ni siquiera me sentÃa capaz de enfrentarme a uno solo.
48:08 Nunca fui ese tipo de persona, y estaba muy consciente de ello. Estaba observándolos fijamente cuando, de pronto, mi teléfono sonó. No habÃa tenido cobertura en casi todo el trayecto. Mi tono era muy escandaloso y claramente llamé la atención de la secta. Fue entonces cuando vi que llevaban máscaras puestas. Eran máscaras horribles. No me refiero a máscaras de Halloween ni nada parecido. ParecÃan hechas por ellos mismos. Pero estoy seguro de que el material rugoso y elástico que se veÃa era piel. Aunque siempre he querido pensar que era piel de algún animal, otra parte de mà jamás ha podido estar del todo seguro de ello. A pesar de que eso me dio mucho miedo y sentà como si mis propios nervios fueran a traicionarme. logré reunir el valor suficiente como para ponerme de pie y salir corriendo con todas mis fuerzas. Aunque ya me estaba alejando lo suficiente y no parecÃa ser perseguido por esas personas, no podÃa dejar de escuchar los cantos y los rezos. Era como si los estuvieran entonando directamente en mi oÃdo, sin importar cuánto avanzara. Estaba casi al borde del colapso, pero no dejé de correr ni un solo momento. A pesar de querer cubrirme los oÃdos, seguà corriendo intentando encontrar cualquier indicio de que estaba cerca del sendero. En un punto creo que tropecé, o al menos eso imagino, porque no recuerdo
49:38 exactamente qué pasó, pero sà recuerdo estar en el suelo, con mucho dolor en la cabeza, perdà la conciencia, desperté exaltado, incluso recuerdo que grité, me calmé al mirar a mi alrededor, todo estaba en calma, justo como habÃa estado el bosque durante mi trayecto, antes de que todo se descontrolara aquella noche. Aún asÃ, no podÃa estar completamente tranquilo. Miraba a mi alrededor pensando que en cualquier momento alguno de esos hombres aparecerÃa, pero no pasó. Me puse de pie e intenté mantener la compostura. Estuve mirando mis dedos por mucho tiempo, no tanto para orientarme, sino porque querÃa encontrar alguna prueba, lo que fuera, que me indicara que lo vivido la noche anterior habÃa sido real. pero no habÃa nada, ni rastro, ni señal, ni huella. Y al pensarlo un poco mejor, me di cuenta de lo absurdo que todo sonaba. Pensé que tal vez en mi intento por escapar habÃa caÃdo.
50:42 Me golpeé la cabeza y soñé todo. Era la explicación más lógica. Aunque todo se sintió tan real y una parte de mà no se tragaba esa historia, era algo que necesitaba creer, porque simplemente no podÃa procesar lo que habÃa vivido. Caminé por muy poco tiempo más, hasta que sentà que el alma regresaba a mi cuerpo al ver el letrero del sendero. Siendo del todo honesto, aunque habÃa caminado en esa dirección, no estaba seguro de que fuera el camino correcto. Solo querÃa alejarme lo más posible y no volver al lugar donde creÃa haber visto todo aquello. Aunque intentaba convencerme de lo contrario, todos mis miedos y preocupaciones se disiparon en el momento en que vi aquel letrero.
51:27 Corrà hacia él y no tardé en ver personas haciendo su vida normal. Luego de tranquilizarme un poco, supe que tenÃa que hacer lo mismo. TenÃa que volver a casa y no mencionar nada de esto a nadie. Mis padres eran algo paranoicos y de hecho, estaban muy en contra de que hiciera ese viaje, por lo que no querÃa darles ningún motivo para decirme que les habÃa dicho. Y fue asà como aquel sueño quedó solo para mÃ. Aunque sà tenÃa un gran chichón en la cabeza, producto del golpe que habÃa sufrido en el bosque. Pasaron dos dÃas en los que en realidad no sucedió nada fuera de lo habitual. Estuve todo ese tiempo tratando de olvidar lo que habÃa pasado, aunque, para ser del todo honesto, tenÃa muchas pesadillas, sobre todo con el grito de la mujer.
52:17 PodÃa despertarme hasta cinco veces en una misma noche, escuchando aquel grito retumbar en mis oÃdos. No podÃa simplemente olvidarlo, aunque deseaba hacerlo, Fue entonces, en la tercera noche, cuando algo diferente sucedió. Mis padres tuvieron que salir a cenar con sus amigos y me quedé solo en casa. Eso no era algo fuera de lo común. De hecho, solÃa pasar con bastante frecuencia. Aquel dÃa pensé salir a correr de noche en un parque cercano. Siempre habÃa disfrutado de ese parque, especialmente porque a partir de las ocho y media solÃa estar casi vacÃo. A veces habÃa una que otra persona trotando como yo, pero la mayorÃa del tiempo estaba completamente solo. SabÃa que necesitaba despejarme, y correr siempre habÃa sido una forma efectiva de hacerlo para mÃ. Lo hice.
53:10 DebÃa haber dado menos de cinco vueltas al parque cuando algo me detuvo en seco. Al principio comencé a escuchar lo que parecÃan ser susurros, pero poco a poco comenzaron a tomar forma. Pude entender mejor lo que se decÃa. Y entre más escuchaba, más claro se hacÃa. Eran rezos. Los mismos rezos que habÃa escuchado aquella noche en el bosque. Solo recordarlo hizo que un escalofrÃo recorriera toda mi espalda. Miré a mi alrededor sin comprender de dónde venÃan esas voces. Estaba a punto de llegar a una de las partes más oscuras del parque, pero me detuve. Algo dentro de mà me decÃa que me arrepentirÃa mucho si entraba ahÃ.
53:53 Era como un sexto sentido. si es que puedo llamarlo asÃ. Aun queriendo pensar de forma racional, intenté convencerme de que tal vez solo habÃa escuchado cualquier cosa y que mi cerebro lo habÃa malinterpretado. Después de todo, aún estaba algo asustado y paranoico, pero aunque no querÃa pasar por ese lugar, pensé que ya habÃa corrido suficiente. Me di media vuelta y comencé a correr en dirección contraria, hacia la salida. No habÃa dado más de unos cuantos pasos cuando los rezos se escucharon mucho más fuerte. Era como si estuvieran acercándose cada vez más a mÃ. De pronto, escuché un grito, el mismo grito de aquella mujer, pero esta vez fue como si lo hubiera hecho directamente en mi oÃdo. Fue tan fuerte y me tomó tan por sorpresa que caà al suelo de la impresión. Inmediatamente dirigà mi vista detrás de mÃ, solo para ver cómo en la oscuridad comenzaba a distinguirse una silueta, la de un hombre con gabardina.
54:57 Eso fue suficiente para mÃ. Me levanté de inmediato y comencé a correr con todas mis fuerzas. Ni siquiera me detuve al salir del parque. Seguà corriendo hasta llegar a mi casa. La casa estaba muy silenciosa y, en verdad, lo agradecÃ. No paraba de repetirme que todo estaba bien, que solo debÃa tranquilizarme, que todo lo vivido en el bosque no habÃa sido real y que me estaba sugestionando, justo como cuando era niño y veÃa alguna pelÃcula de terror. SolÃa hacer eso con frecuencia. Me di una ducha y me fui a la cama. Solo querÃa dormir hasta el dÃa siguiente, pues necesitaba dejar todo ese dÃa atrás. Para mi fortuna, nunca he tenido problemas para dormir. Si lo intento, normalmente me duermo de inmediato. No sé cuánto tiempo pasó, ni siquiera escuché cuando mis padres volvieron, pero desperté por un olor putrefacto. Era como a animales muertos, y llenaba por completo mi habitación. Me provocó muchas arcadas y quise levantarme para abrir la ventana, pero cuando lo intenté, no pude moverme. Mi cuerpo se sentÃa rÃgido como una tabla.
56:10 No tenÃa control sobre mà mismo. Fue una experiencia horrible. Intenté gritar, pero tampoco lo logré. Era como si el grito se quedara atrapado en mi garganta, causándome un dolor intenso. Lo único que conseguÃ, luego de un rato, fue que no pudiera volver a cerrar la boca. ParecÃa que mi mandÃbula se habÃa trabado. Intentaba con todas mis fuerzas cerrarla, y mientras lo hacÃa, sentÃa algo más. Como si ya no estuviera solo. Alguien más estaba conmigo. Miré a todos lados, intentando ver a mis padres, creyendo que tal vez estaba a salvo, que quizás habÃa hecho algún ruido que los alertara. Pero no vi a nadie mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad. Pude ver en la esquina más oscura del cuarto, a alguien. No era un hombre con capucha, era algo que parecÃa estar en cuclillas. TenÃa unos ojos enormes que brillaban, y de pronto se movió en cuatro patas, trepó a mi cama y quedó a solo unos centÃmetros de mi cara, podÃa sentir su peso sobre mi pecho impidiéndome respirar, entonces gruñó, en ese momento entendà que el hedor provenÃa de aquella cosa, apestaba de una manera indescriptible y luego vomitó en mi boca, sÃ, asà como lo digo, fue la cosa más asquerosa que he experimentado en toda mi vida. aunque la oscuridad no me dejaba ver bien podÃa notar que era una sustancia negruzca con un sabor
57:42 tan horrible como su olor creo que me desmayé porque no recuerdo nada más desperté exaltado con arcadas y un horrible malestar en el estómago todo parecÃa normal no habÃa nada en la habitación que me hiciera pensar que lo ocurrido la noche anterior habÃa sido real ni siquiera estaba sucio no habÃa absolutamente nada excepto por unas marcas rojas en mi pecho. No eran heridas abiertas, más bien parecÃan marcas de presión, como si algo hubiera estado sobre mà durante mucho tiempo. Al ponerme de pie, sentà debilidad, y mi garganta estaba muy irritada, como si hubiera estado gritando durante horas. Miré a mi alrededor, casi con la esperanza de encontrar a aquella cosa, pero no vi nada. Fui al comedor donde mis padres estaban desayunando, Mi madre me dijo que llevaba más de 20 minutos llamándome y que no respondÃa.
58:41 Eso fue raro, porque siempre solÃa despertar antes que todos, pero ella asumió que estaba cansado, que tal vez me habÃa desvelado y por eso no quiso insistir. No quise decirles nada. Como ya mencioné antes, mis padres son bastante paranoicos. Creen en todo lo relacionado con lo paranormal. Y cualquier señal de eso la quieren resolver yendo a la iglesia o culpándome por haberme alejado de Dios. Yo, por mi parte, estaba tan paranoico que no podÃa relajarme un solo instante. Cada vez que cerraba los ojos, incluso si solo parpadeaba. Recordaba aquella sustancia asquerosa bajando por mi garganta. Me daban náuseas constantes. Apenas podÃa concentrarme en la escuela. Mis amigos comenzaron a notar lo ojeroso y pálido que me veÃa.
59:30 Incluso uno de ellos dijo que me veÃa asustado. Intenté convencer a todos de que estaba bien, pero creo que no fui muy convincente. Aunque dejaron de preguntarme, noté claramente que nadie me creyó. Esa noche no pude dormir, sentÃa que si lo hacÃa, esa cosa volverÃa. Cualquier ruido me sobresaltaba, incluso un cambio en el olor del ambiente me ponÃa en alerta. Por suerte, esa noche no ocurrió nada. o al menos nada de lo que yo me haya dado cuenta. Pero al amanecer volvà a escuchar ese horrible grito. Fue tan fuerte que me caà de la cama y me rompà la nariz. Tuve que ir al hospital para detener el sangrado. Una vez allÃ, los médicos notaron que me veÃa muy enfermo. Me hicieron algunos análisis y aunque los resultados indicaban que todo estaba en orden, los doctores no parecÃan convencidos. Terminaron por recetarme vitaminas, especialmente porque detectaron hematomas en mi espalda. Yo no tenÃa ni idea de cómo habÃan llegado ahÃ. Aún asÃ, como insistà en que me sentÃa bien, me dejaron ir a casa. Esa misma tarde me encontraba en casa preparando la cena. Mis padres estaban en la sala viendo televisión mientras yo picaba unos vegetales.
1:00:50 Estaba muy concentrado en lo mÃo. Me habÃa ofrecido a hacer la cena porque querÃa distraer mi mente de todo lo que habÃa estado pasando y estaba funcionando. Hasta que algo me hizo detenerme. Un pensamiento cruzó fugazmente por mi mente. Cortarme uno de los dedos. Al principio fue solo eso, un pensamiento pasajero, pero se volvió tan recurrente que, sin darme cuenta, lo hice. En lugar de retirar el dedo al cortar los vegetales, lo dejé donde estaba y corté. Fue un corte muy profundo y aparatoso. Mi madre, que se desmaya fácilmente con la sangre, perdió el conocimiento al ver la cantidad que dejé en la cocina. Incluso necesitaron ponerme puntos. Todo se catalogó como un accidente. Yo mismo dije que lo habÃa sido, pero en el fondo sabÃa exactamente lo que habÃa ocurrido. Aquello no fue un accidente, no del todo. Fue algo que yo mismo habÃa provocado y no entendÃa por qué. Tuve más de estos accidentes.
1:01:51 Fueron demasiados, tantos que toda esta historia bien podrÃa centrarse solo en ellos, pero no me detendré demasiado en eso. Solo mencionaré algunos. Por ejemplo, engrapé mi dedo en tres ocasiones distintas. Una vez me corté con un cúter en la pierna y en otra estuve a punto de meter la mano en un triturador de basura. afortunadamente mi padre me vio justo a tiempo no dijo nada ni siquiera preguntó pero al verme mirando fijamente la máquina la apagó y me dijo que mejor me mantuviera alejado de esa cosa tal vez ya habÃa empezado a notar un patrón en todos estos accidentes y por eso hizo lo que hizo me salvó la mano entera Otra cosa extraña era que cada vez que caminaba cerca de una carretera, sentÃa un impulso fuerte de arrojarme a los coches. De hecho, estuve a punto de ser atropellado en dos ocasiones, pero los conductores lograron frenar a tiempo. Como dije, fueron muchas situaciones, unas peores que otras. No me quiero enfocar solo en eso, porque no terminarÃa nunca. Pero, además de los accidentes, mi aspecto empeoraba cada vez más. Comencé a ir con regularidad al médico. Todo lo que comÃa me hacÃa daño. Algunas noches sentÃa como mi estómago se inflaba y se endurecÃa, como si tuviera una piedra dentro. Era doloroso, pero siempre que intentaba levantarme o pedir ayuda, mi voz se quedaba
1:03:24 atrapada en mi garganta. Y al dÃa siguiente, cuando iba al doctor, los estudios salÃan normales. No parecÃa haber ninguna enfermedad estomacal. Solo me decÃan que probablemente era estrés. Siempre me habÃa jactado de tener buena salud. Mis padres también eran saludables. Y yo creÃa tener una dieta equilibrada. ComÃa de todo, sin exigencias. Pero sin importar lo que comiera, todo me hacÃa daño. Comencé a adelgazar rápidamente porque no podÃa retener la comida por más de 40 minutos. Mis padres se preocuparon. Me llevaron a muchos doctores y especialistas, pero nada parecÃa ayudar. Yo empeoraba cada dÃa. Claramente no querÃa contar desde qué momento habÃa comenzado todo esto. Yo mismo pensaba que solo estaba enfermo, enfermo de verdad. Que en cuanto los doctores identificaran la enfermedad, me recetarÃan algo y todo pasarÃa. Eso era lo que realmente querÃa creer. Pensaba que era solo cuestión de tiempo. HabÃa algo que no podÃa seguir justificando ni ignorando. Las pesadillas. Cada noche, sin excepción, soñaba con aquella secta, con sus susurros. Pero no eran sueños cualquiera. ParecÃan más reales que la propia vigilia, como si estuvieran ocurriendo en mi habitación. Siempre despertaba con la sensación de que esos susurros se desvanecÃan justo antes de abrir los ojos. Era como volverme loco Nadie más los escuchaba,
1:04:59 solo yo. Volvà a ver a aquella criatura pálida en más de una ocasión, pero nunca fue tan asquerosa conmigo como la primera vez. Esta cosa simplemente se reÃa. Se quedaba en la esquina de mi habitación mirándome directamente y reÃa. Era una risa desquiciada, burlona. Al principio me daba miedo, pero con el tiempo comencé a odiarla. En más de una ocasión me levanté dispuesto a golpearla. a patearla, a hacer algo. Pero en cuanto encendÃa la luz, no habÃa nada. Era como si simplemente se desvaneciera con la oscuridad. Apenas me acercaba a la esquina donde la habÃa visto, ya no habÃa rastro de ella. La única razón por la que no perdà completamente la cordura fue que algo ocurrió que confirmó que todo esto era real. Recuerdo que un dÃa llegaron de visita una tÃa y mis primos menores.
1:05:55 Yo no estaba en casa, A mis primos les encantaba mi habitación porque tenÃa colecciones de cosas interesantes. Normalmente la dejaba cerrada, pero ese dÃa habÃan llegado de sorpresa y la puerta estaba abierta. Cuando volvà a casa, mi tÃa estaba visiblemente molesta conmigo. Yo no entendÃa por qué. Pensé que, como siempre, los niños habÃan tomado mis cosas sin permiso. Pero antes de que pudiera llegar a mi cuarto... Mi madre me detuvo y me preguntó qué tenÃa ahà dentro. Los niños, según me dijo, habÃan salido despavoridos, gritando que una figura querÃa llevárselos. Yo no tenÃa ni idea de lo que estaban hablando y entré a mi cuarto. Todo estaba en su lugar, nada parecÃa en desorden, aunque podÃa percibir cierto aroma, ese horrible olor que aquella cosa dejaba, ese aroma a animal muerto. Aunque era muy leve, sà podÃa notarlo. Le pregunté a mis primos sobre la criatura que habÃan visto, a lo que ellos dijeron que no la habÃan visto del todo bien, solo que estaba en la esquina del cuarto y que sus ojos eran grandes y brillaban. Aseguraron que dijo mi nombre y luego comenzó a llamarlos y a reÃrse, lo cual los asustó y por eso salieron corriendo del cuarto. Con lo poco que me dijeron, comencé a tener cierta esperanza de que no estaba perdiendo la razón. Algo, en realidad, estaba en mi cuarto.
1:07:24 Eso que escuchaba reÃrse bien podrÃa ser esa cosa. Aunque nunca la habÃa oÃdo hablar como ellos decÃan, lo que más me dio escalofrÃos fue saber que conocÃa mi nombre, o al menos pareció preguntar por mÃ. Eso fue lo más peligroso de aquel dÃa. Recuerdo muy bien una noche en la que pude dormir durante la tarde. Luego de llegar de la escuela, dormà profundamente hasta casi las seis de la noche cuando desperté algo exaltado. No fue por ningún grito ni nada en especial. Solo me sentÃa inquieto, como si estuviera esperando algo horrible. Pero con el paso de los minutos, me fui tranquilizando. Salà de mi habitación y fui a la cocina a prepararme algo de comer.
1:08:08 No habÃa probado nada en todo el dÃa. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo no estaba bien. Yo estaba solo en casa. Siempre habÃa evitado a toda costa quedarme solo. Me aterraba la idea de que esas cosas pudieran hacerse presentes mientras lo estuviera. Por eso siempre intentaba estar con mis padres. Y en el momento en que vi que no estaban, mi sangre se congeló. No tenÃa idea de qué hacer. Pensé en salir de casa y esperarlos afuera, aunque se viera extraño. Pero era mejor eso que quedarme ahÃ. De por sà ya estaba nervioso. Caminé hacia la puerta y quise abrirla, pero no se movÃa.
1:08:49 No abrÃa. ParecÃa cerrada con llave. Empecé a forzarla, pero no se podÃa. Aún estaba intentando abrirla cuando comencé a escuchar aquellos malditos sonidos de nuevo. Una especie de rezos rápidos y confusos, como susurros en agua. Aunque esta vez los sonidos se detuvieron casi enseguida. Y luego comenzaron de nuevo, pero más lentos y más claros. Aún asÃ, no podÃa distinguir lo que decÃan. Siempre he creÃdo que era un idioma antiguo, tal vez latÃn o algo parecido. Asà es como se escuchaba. Volté para ver detrás de mÃ, y en la sala habÃa al menos 20 personas con capuchas. No se les veÃa el rostro. Todo era completamente negro. Me miraban directamente. Era una de esas escenas de pesadilla. QuerÃa arrancar la puerta, pero no parecÃa tener cerradura visible. Jalaba la puerta con toda mi fuerza y de pronto se abrió, pero no fui yo quien lo logró. Mi padre la abrió desde el otro lado. Me encontró en el suelo.
1:09:55 Me tiré al piso para señalar lo que habÃa visto, pero otra vez no habÃa nada ahÃ. Nada que comprobar a lo que acababa de ver. Solo quedaba yo, con la poca cordura que me quedaba. A partir de este momento, todo se vuelve muy oscuro. Recuerdo muy bien esa noche en la que todo fue un punto y aparte. Estaba dormido una de las pocas veces en que habÃa podido descansar bien. Ni siquiera puedo recordar que un sueño me causara malestar. Solo dormÃa, hasta que sentà como si algo me tomara del tobillo y me jalara con fuerza, haciéndome caer de la cama. Me azoté contra el suelo. Por suerte, no caà de cara como aquella vez que me rompà la nariz. Pero cuando abrà los ojos, pude ver que aquella cosa, que antes estaba en la esquina de mi cuarto, ahora estaba debajo de mi cama. Apenas sobresalÃa del colchón, y al notar que yo lo miraba, comenzó a reÃrse con esa risa desquiciante. Asustado, me puse de pie y me envolvà en las cobijas. No salà de ahà hasta el dÃa siguiente, cuando noté que mi cobija tenÃa sangre.
1:11:05 Fue entonces que me di cuenta de que tenÃa tres cortes profundos en el pie. Estaban muy hinchados e infectados. Pensé en mostrárselos a mis padres, en ir al doctor. Pero en ese momento estaba tan convencido de que si decÃa algo, todo desaparecerÃa y volverÃan a tratarme como a un loco. Pensé que no era para tanto. La vela herida como pude la vendé y continué con mi vida. Dos dÃas después, el dolor era insoportable. Me hacÃa limpiezas regularmente, justo como habÃa visto en internet, pero nada parecÃa funcionar. La herida empeoraba, por lo que terminé yendo al doctor sin que mis padres lo supieran. Recuerdo mucho esa consulta.
1:11:51 Fue horrible. Fui a urgencias diciendo que tenÃa una herida infectada que no mejoraba. Me hicieron esperar un buen rato, hasta que me dejaron pasar. En cuanto el doctor vio mi pie, su rostro se transformó. Se notaba que estaba realmente preocupado. Me preguntó desde cuándo tenÃa la herida y por qué no habÃa ido antes. Le dije que solo habÃan pasado un par de dÃas, que no sabÃa exactamente cómo me la habÃa hecho, pero que habÃa estado intentando curarla por mi cuenta. Entonces me mostró algo que me hizo estremecer. Una parte de mi pie estaba negra. Me dijo que eso eran principios de gangrena y que se estaba extendiendo por la zona donde se encontraba. Lo más seguro, dijo, era que tenÃan que amputar el pie entero. No podÃa creer lo que estaba escuchando. No creÃa que fuera tan grave.
1:12:44 Claro que dolÃa, pero no tanto. Todo pasó muy rápido. Para ser honesto, no tengo muchos recuerdos de eso. Todo está medio borroso. Tal vez porque entré en shock después de escuchar la noticia. Lo siguiente que supe fue que estaba en el quirófano. Iban a amputarme el pie. Los doctores, al igual que mis padres, intentaron cuestionarme sobre con qué me habÃa cortado. Yo no querÃa decirles la verdad, pues temÃa no solo haber perdido el pie, sino que además todos me tomaran por un loco que necesitaba calmantes o que debÃa ser internado en un hospital psiquiátrico. simplemente inventé que habÃa ido a un rÃo y que al meter el pie en el agua me habÃa cortado con algo, aunque no habÃa visto que era, no parecÃa una historia muy creÃble, pero nadie más podÃa explicar exactamente lo que habÃa pasado, asà que terminaron creyendo mi versión, la recuperación fue dolorosa. En todo ese tiempo, aquella cosa seguÃa allÃ, en la esquina de mi habitación, observándome, riéndose de mÃ.
1:13:52 No sabÃa cómo iba a terminar todo esto, pero en mi mente no cabÃa otra posibilidad que la peor. Recuerdo que en un momento de desesperación decidà contarle todo a mi mejor amiga. No omità nada. Le hablé de mi viaje al bosque, de la secta, de aquella presencia oscura, y de cómo por su culpa habÃa perdido uno de mis pies. Por fortuna, mi amiga no se rió ni pensó que estaba perdiendo la razón. Me escuchó con atención, en silencio, con los ojos bien abiertos. Luego me dijo que parecÃa estar maldito, que tal vez alguien me habÃa echado el mal de ojo, o que aquellas personas de la secta me habÃan castigado por haberlos descubierto. También me mencionó que conocÃa a alguien que podrÃa ayudarme. Nunca habÃa ido con él, pero una mujer que le leÃa las cartas hablaba de un hombre que se dedicaba a romper maldiciones y otras cosas oscuras. Yo no era creyente, nunca lo fui, pero estaba tan desesperado que estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa. Me dio la dirección del hombre y fui casi de inmediato. Desde el momento en que crucé el umbral, el tipo pareció inquieto aunque trató de disimularlo.
1:15:06 Me sentó en una silla y me ofreció un té con un sabor espantoso. Después me explicó que el sabor era asà solo para quienes estaban malditos. Que si no lo estuviera, el té sabrÃa agua. Hizo una limpia. Pasó varios huevos sobre mi cuerpo. Uno tras otro se reventaban antes de terminar la limpieza. El lÃquido que salÃa de ellos era negro y despedÃa un olor podrido, como carne muerta. Al principio pensé que era parte del show, que tal vez los habÃa preparado asà para asustarme, pero su expresión era auténtica preocupación. Para cuando rompió el sexto huevo, se rindió. Me miró a los ojos y me pidió que le contara todo desde el principio. Y asà lo hice. Cuando llegué a la parte del bosque, su rostro cambió por completo.
1:15:56 Se puso pálido, tembloroso, me pidió con voz temblorosa que me fuera, confundido le pregunté por qué, le dije que necesitaba su ayuda o al menos una explicación, pero él me dijo que lo que yo habÃa visto en aquel bosque eran brujos antiguos, entidades que no toleraban a los entrometidos, asustado le pregunté si eso significaba que querÃan matarme, el brujo negó con la cabeza y asegurando que si hubieran querido matarme lo habrÃan hecho ese mismo dÃa nunca habrÃa salido del bosque me explicó que si aún estaba con vida era sólo porque se estaban divirtiendo conmigo esperando a ver cuánto podÃa soportar le pregunté si habÃa algo que se pudiera hacer una limpieza una barrera un conjuro cualquier cosa pero el hombre sólo me pidió otra vez que me fuera Dijo que si él intervenÃa, esos brujos podÃan tomarlo como una ofensa personal, que él no se metÃa con ellos y que por favor me alejara de su casa.
1:17:02 Al salir, lo escuché murmurando rezos. Comenzó a limpiarse a sà mismo, a echar humo por todos los rincones, como si yo hubiera dejado una sombra en su lugar de trabajo. Quise convencerme de que solo era un loco, que no sabÃa qué decir y querÃa asustarme aún más. Pero sus palabras explicaban demasiadas cosas. Fui a ver al menos a siete brujos más. Todos hicieron lo mismo. Algunos fueron amables, otros no tanto. Pero todos me echaron cuando les conté lo que habÃa visto en el bosque. Algunos solo me desearon suerte. Otros me pidieron que nunca regresara. Cada vez que intentaba buscar ayuda, algo peor me ocurrÃa. Comencé a perder dientes. No por golpes, no por enfermedad. Simplemente se caÃan.
1:17:50 Hoy solo tengo tres dientes reales. Luego fue el cabello. Se caÃa a mechones dejando huecos en mi cabeza. Terminé por afeitarme para que al menos pareciera parejo. Mis riñones fallaron. Un dÃa simplemente dejaron de funcionar. Lo más horrible es que mi cuerpo rechaza todas las donaciones. Debo dializarme. Muchos médicos han admitido que no entienden cómo sigo con vida. Dicen que mi cuerpo parece apagarse y encenderse como un viejo aparato mal conectado Hoy en dÃa estoy parcialmente ciego. Los doctores han dejado de hablar de tratamientos. Ahora solo ofrecen palabras de consuelo. Me dicen que disfrute el tiempo que me queda, pero yo no puedo disfrutar nada. Cada vez que lo intento, vuelvo a escuchar esas risas, esos rezos, o veo aquella cosa mirándome desde las sombras.
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