Silencio En La Brecha: La Noche Que Algo Cazó A Los Militares - Historias De Terror - REDE
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0:05 Yo estaba al mando de una célula de respuesta rápida de seis elementos. Esa noche nos enviaron a una brecha al norte de Altar para instalar un filtro temporal, porque durante varios dÃas se habÃan reportado movimientos de vehÃculos, traslado de combustible y paso de personas por esa zona. Llegamos cerca de las once, colocamos una unidad en el cruce y la otra unos metros atrás, cubriendo la salida por la que habÃamos entrado. Soto y Castro quedaron en la unidad de apoyo. Rivas, Calderón y Méndez se mantuvieron conmigo. Revisamos radios, armas y combustible. Después apagamos las luces que no necesitábamos y dejamos encendidos los faros principales. Durante la primera hora no pasó ningún vehÃculo. Escuchamos motores a distancia, pero ninguno se acercó. También oÃmos coyotes en distintos puntos y no le dimos importancia. porque era común escucharlos en esa parte del desierto. Poco antes de medianoche, Soto informó que habÃa visto un animal detrás de un bordo. Encendió el faro lateral, revisó el terreno desde la ventana y no encontró nada. Le indiqué que permaneciera dentro de la unidad y que no bajara sin una razón clara. Minutos después, el viento se detuvo y la temperatura cayó de golpe.
1:31 Todos lo sentimos al mismo tiempo. El aire dentro de la camioneta se volvió frÃo y el metal de las puertas empezó a perder el calor. Méndez intentó comunicarse con la base para preguntar si habÃa algún cambio de clima en el sector, pero la señal empezó a fallar. Probó otro canal y recibió lo mismo. Estática, fragmentos de voz y palabras sueltas que no alcanzamos a entender. Pensamos que se trataba de una interferencia. aunque la radio habÃa funcionado bien desde nuestra llegada. El primer golpe vino de la parte trasera de la unidad de apoyo. Soto informó que algo habÃa chocado contra la defensa. Castro iluminó el suelo desde la ventana y encontró un coyote tendido junto a una llanta. TenÃa sangre en un costado, se levantó con dificultad y se alejó antes de que pudieran ver mejor la herida. Les ordené cerrar las ventanas y asegurar las puertas.
2:31 Poco después, algo golpeó la parte baja de nuestra camioneta. Calderón alcanzó a ver unas patas pasar frente a la llanta. Encendimos los faros y encontramos un coyote detenido en medio de la brecha. Caminaba mal y tenÃa sangre en el cuello. Otro salió por un costado y un tercero apareció detrás de los conos. Los tres estaban heridos, pero ninguno retrocedió cuando quedaron bajo la luz. Rivas dijo que podÃan estar enfermos y Méndez propuso retirarnos antes de que se acercaran más. Le respondà que, primero, tenÃamos que mover la unidad de apoyo porque estaba atravesada en parte de la salida. Soto encendió el motor y, en ese momento, varios coyotes salieron de los arbustos. Dos golpearon la puerta del conductor, otros atacaron la parte trasera y uno se lanzó contra una llanta.
3:25 Castro abrió la ventana unos centÃmetros y disparó. Alcanzó a uno que cayó junto a la camioneta, pero los demás siguieron atacando. El disparo no los dispersó ni cambió su conducta. Aparecieron más en los dos extremos del cruce. Algunos rodearon a Soto y Castro. Otros ocuparon la brecha por la que debÃamos salir. Ya no se movÃan de forma aislada. Cuando uno se acercaba a una puerta, otro se colocaba frente a la llanta. y cuando Soto intentaba avanzar, los que estaban detrás se apartaban mientras los del frente cerraban el paso. Le ordené retroceder y colocarse detrás de nosotros.
4:05 Soto respondió que una llanta estaba perdiendo presión, aunque todavÃa logró mover la camioneta unos metros. En ese momento algo arañó nuestra puerta del conductor. El sonido recorrió la lámina y dejó varias marcas profundas. Calderón las vio y dijo que un coyote no podÃa alcanzar esa altura desde el suelo. Antes de que yo respondiera, la radio emitió una voz clara que dijo el apellido de Soto. Contestó por reflejo, preguntó quién estaba llamando y pidió identificación. Nadie respondió y la estática volvió de inmediato. Los coyotes dejaron de golpear las unidades y se quedaron inmóviles. Los que estaban frente a nosotros se apartaron y dejaron libre una parte del camino.
4:54 Soto pidió autorización para abrirse paso con la camioneta, pero le ordené esperar, porque podÃa quedar atravesado si la llanta terminaba de ceder. Castro informó que todavÃa sostenÃa el peso, aunque ya no les permitirÃa salir con rapidez. Méndez revisó la puerta trasera y confirmó que seguÃa cerrando. Rivas mantuvo el arma apuntada hacia el frente y Calderón cubrió el costado derecho. Nadie hablaba más de lo necesario. Desde el norte empezamos a escuchar pasos sobre la grava. Eran lentos, pesados y avanzaban directamente hacia los faros. Los coyotes bajaron la cabeza y se apartaron del centro de la brecha.
5:39 La figura entró en la luz a poca distancia. TenÃa el cuerpo de un coyote grande, las patas delanteras demasiado largas y el lomo más alto que el de los otros. Se detuvo frente a nosotros, levantó la parte delantera del cuerpo y se sostuvo sobre las patas traseras. Al quedar erguida alcanzó la altura de un hombre. El pelo oscuro le cubrÃa el cuerpo, excepto una parte de la cara. La frente, la nariz y los ojos tenÃan rasgos humanos. aunque la boca seguÃa siendo la de un animal y permanecÃa abierta. No dio un paso más, solo mantuvo la vista sobre nuestra camioneta. Calderón levantó el arma y me preguntó si debÃa disparar. Le ordené esperar porque todavÃa necesitábamos una salida, y no sabÃamos qué harÃan los demás animales si abrÃamos fuego. Rivas dijo que debÃamos retirarnos de inmediato.
6:33 Puse la unidad en reversa. Pedà a todos que se aseguraran y miré hacia la camioneta de apoyo. Soto mantenÃa el motor encendido. Castro cubrÃa la ventana y los coyotes seguÃan quietos alrededor de ellos. La figura bajó de nuevo a cuatro patas, apoyó el peso sobre las extremidades delanteras y avanzó unos pasos. Después corrió directamente hacia nosotros. La criatura golpeó el frente de la unidad y subió al cofre antes de que terminara la maniobra. La lámina se hundió bajo su peso. Las garras atravesaron el borde y quedaron frente al parabrisas. Calderón disparó dos veces desde el interior y uno de los impactos le dio en el hombro y la hizo caer hacia un costado. Se levantó casi de inmediato y comenzó a rodearnos, apoyando mal una de las patas delanteras. Al mismo tiempo, los coyotes volvieron a atacar las dos camionetas. Se lanzaban contra las puertas.
7:32 MordÃan las llantas y buscaban las ventanas. Avanzaban por grupos y cambiaban de posición al encontrar una parte débil. Soto intentó sacar la unidad de apoyo, pero la llanta dañada terminó de ceder. El ring golpeó el suelo y la camioneta quedó inclinada. Varios animales se concentraron en una puerta trasera, mientras otros cerraron la salida. Méndez pidió apoyo por radio. La señal entraba por momentos. alcanzó a dar nuestra ubicación y a informar que estábamos rodeados por animales agresivos. Desde la base preguntaron por el personal, pero la comunicación se cortó. La criatura se detuvo junto a la puerta de Calderón, apoyó una garra sobre el vidrio y presionó hasta dejar una marca. Después retiró la pata y volvió la cabeza hacia la unidad de apoyo. Los coyotes que rodeaban a Soto y Castro se alejaron al mismo tiempo abrieron un espacio entre las dos camionetas y dejaron libre el paso.
8:34 Soto pidió autorización para abandonar su unidad. Le indiqué que esperara hasta que Rivas abriera la puerta trasera. Luego le ordené cruzar con Castro sin detenerse. Rivas se colocó junto a la puerta. Méndez cubrió la brecha desde la ventana y yo mantuve la unidad encendida. Cuando di la orden, Soto bajó primero y corrió hacia nosotros. Castro salió detrás con su arma corta en la mano. Los animales no se movieron hasta que ambos quedaron fuera. Soto llegó a nuestra camioneta. Rivas lo sujetó del brazo y lo metió. Castro estaba a mitad del camino cuando un coyote lo golpeó por la espalda. Cayó sobre la grava. Otro animal se lanzó contra sus piernas y dos más lo sujetaron por el pantalón. Castro disparó hacia el suelo. Alcanzó a uno, pero los otros comenzaron a arrastrarlo. Calderón abrió la puerta para cubrirlo y antes de que pudiera bajar, la criatura grande se lanzó contra él. Metió una garra entre el marco y la lámina, tiró de la puerta y la dobló.
9:40 Calderón cayó sobre el asiento, trató de apartarse y el animal alcanzó su chaleco. Rivas y yo lo sujetamos de los brazos. Méndez disparó desde el asiento trasero y el impacto le dañó la mandÃbula a la criatura. El agarre cedió. Logramos meter a Calderón y cerramos la puerta lo suficiente para mantenerla en su sitio. TenÃa heridas en el pecho y otra en el hombro. El chaleco habÃa detenido parte del ataque, pero respiraba con dificultad. Soto pidió que regresáramos por Castro. Miré hacia la unidad de apoyo y lo vi en el suelo tratando de levantarse, pero los coyotes se movÃan a su alrededor y lo mantenÃan separado de nosotros.
10:22 Puse la transmisión en avance e intenté acercarme. pero las ruedas traseras patinaron. Durante el primer retroceso habÃamos quedado apoyados contra un montÃculo y el motor seguÃa funcionando, aunque no tenÃamos tracción. Rivas y Soto dijeron que podÃan bajar a empujar. Les ordené hacerlo por el lado contrario a la criatura y regresar en cuanto las ruedas se liberaran. Méndez abrió la puerta trasera para cubrirlos. Ambos bajaron, empujaron mientras yo aceleraba y la unidad avanzó unos centÃmetros. Los coyotes comenzaron a acercarse. Rivas subió primero y Soto resbaló al regresar. Méndez lo sujetó del chaleco y lo jaló hacia adentro.
11:05 Cerramos la puerta cuando uno de los animales ya estaba cerca. La criatura volvió a levantarse. TenÃa la mandÃbula dañada, el hombro herido y una pierna débil. Aún asà avanzó hacia Castro. Soto abrió la puerta y disparó varias veces. Dos impactos dieron en el torso y otro alcanzó una pierna. El animal cambió de dirección y corrió hacia nosotros. Soto cerró antes de que llegara. Las garras golpearon la puerta y la unidad se inclinó. Las ruedas recuperaron apoyo. Aceleré y salimos del montÃculo. Giré hacia la camioneta de Soto. Golpeé una de sus puertas y la empujé hasta abrir el paso hacia el sur. Méndez dijo que Castro seguÃa moviéndose.
11:52 Lo vimos levantar un brazo y arrastrarse unos centÃmetros, pero la criatura quedó detrás de él, mientras los coyotes ocupaban los costados del camino. Soto insistió en que regresáramos, y Calderón dijo que si nos detenÃamos quedarÃamos atrapados otra vez. Rivas señaló la parte trasera. Varios animales ya venÃan hacia nosotros y otros avanzaban por delante. Girar para buscar a Castro cerraba nuestra única salida y dejaba a Calderón sin atención, asà que seguà hacia el sur. Soto mantuvo la vista en Castro mientras nos alejábamos. Alcanzó a verlo arrastrarse una vez más. Después, los coyotes se juntaron alrededor de él y lo cubrieron por completo. La criatura permaneció en el cruce y no nos siguió de inmediato, pero los demás animales sÃ. CorrÃan a ambos lados de la camioneta, golpeaban la lámina y buscaban colocarse frente a las ruedas. Aumenté la velocidad hasta donde el terreno lo permitÃa. La puerta de Calderón vibraba en cada desnivel. Rivas la sostuvo y Méndez mantuvo presión sobre las heridas. Nadie habló durante los primeros minutos. Solo escuchábamos el motor, los golpes contra la carrocerÃa y la respiración corta de Calderón. Soto seguÃa mirando hacia atrás. con el arma descargada entre las manos. La radio volvió a encenderse. Primero llegó la estática, después escuchamos la voz de Castro. DecÃa que seguÃa vivo, que los
13:22 animales se habÃan apartado y que podÃamos regresar por él. Soto tomó el equipo y le preguntó dónde estaba, pero yo no respondà ni reduje la velocidad. La transmisión volvió a entrar, más clara. Castro repitió que seguÃa vivo y pidió que no lo dejáramos ahÃ. Soto tomó el radio y preguntó dónde estaba. La voz respondió que seguÃa junto a la unidad de apoyo, que los animales se habÃan retirado y que podÃa caminar. Le pedà la clave de reconocimiento del turno. Hubo una pausa. Después la voz repitió el nombre de Soto y pidió que no lo dejáramos ahÃ. Castro conocÃa la clave y todos la conocÃamos. Volvà a solicitarla y la transmisión terminó. Soto mantuvo el equipo en la mano, pero ya no respondió. Los coyotes siguieron corriendo junto a la camioneta, salÃan de la oscuridad, golpeaban las puertas y volvÃan a perderse fuera del alcance de los faros.
14:21 Uno saltó contra el parabrisas dañado. Rivas disparó. El animal cayó frente a nosotros y la rueda derecha pasó sobre el cuerpo. El volante se desvió. Logré mantener la unidad dentro de la brecha. aunque el golpe terminó de dañar el frente y comenzó a salir vapor por el cofre. La temperatura del motor subió con rapidez. SeguÃa avanzando porque detenernos en ese tramo nos dejaba rodeados otra vez. La unidad perdió fuerza al llegar a una subida, alcanzó la parte alta y se apagó unos metros después. Quedamos inmóviles, con un cauce seco a un lado y terreno abierto al otro. Méndez volvió a pedir apoyo. Esta vez, la señal se sostuvo y alcanzó a informar que tenÃamos un herido grave, un elemento desaparecido y la camioneta fuera de servicio.
15:12 Desde la base, confirmaron que varias unidades iban hacia nuestra posición. Revisamos municiones y atendimos a Calderón. Las heridas del pecho seguÃan sangrando, pero estaba consciente. Méndez cambió la compresa y le pidió que mantuviera la respiración lenta. Rivas tenÃa cortes por el vidrio. Soto y yo seguÃamos sin lesiones. Los golpes alrededor de la camioneta se detuvieron. Soto dijo que iba a regresar por Castro, pero le respondà que no podÃa hacerlo a pie. La distancia, la oscuridad y los animales lo dejarÃan expuesto antes de llegar al cruce. Insistió en que habÃa escuchado su voz, pero le recordé que no habÃa dado la clave. Soto apretó el radio, miró hacia la brecha y permaneció dentro. No alcanzamos a decir más.
16:04 Algo cayó sobre el techo. La lámina se hundió en la parte trasera y varias garras atravesaron el metal. Soto disparó hacia arriba. El cuerpo cayó por un costado y golpeó el suelo. Era la misma criatura. Se levantó junto a la puerta trasera, herida en el hombro, la mandÃbula abierta y una pierna sin fuerza. Golpeó la ventana hasta romperla. Soto disparó otra vez y vació el cargador. La criatura retrocedió, cayó junto a una llanta y se quedó inmóvil. Los coyotes aparecieron alrededor de la subida. HabÃa más que en el cruce. Algunos sangraban, otros avanzaban sin heridas visibles. Se detuvieron fuera de la luz y comenzaron a cerrar el espacio desde varios puntos. Rivas y Méndez dispararon cuando los primeros alcanzaron la camioneta. Dos cayeron. y los demás pasaron entre ellos y siguieron atacando. Uno entró por la ventana rota y mordió a Soto en el antebrazo. Méndez lo golpeó con la culata hasta que lo soltó, pero la mordida le abrió la piel y el brazo perdió fuerza de inmediato. Otro coyote se metió debajo de la unidad y arrancó cables. Las luces del tablero se apagaron, el radio quedó encendido unos segundos más y la voz de Castro volvió a escucharse. Esta vez dijo que ya podÃa vernos.
17:29 Al norte aparecieron dos figuras altas, caminaban erguidas, separadas una de la otra, y se detuvieron fuera del alcance de los faros. Los coyotes dejaron de atacar, retrocedieron y abrieron un paso hacia el cauce. No disparamos, pues la munición era limitada y las figuras se mantenÃan lejos. Méndez sostuvo la comunicación con la base hasta que el radio perdió energÃa. Poco después, escuchamos motores. Las dos figuras bajaron al cauce y desaparecieron. Los coyotes se retiraron en la misma dirección y varios arrastraban a los que habÃan caÃdo. Cuando llegaron las unidades de apoyo, cubrieron la brecha y atendieron primero a Calderón y a Soto. La criatura que habÃa quedado junto a nuestra llanta ya no estaba. Solo encontramos sangre, marcas sobre la tierra y un rastro que terminaba en el cauce. Calderón y Soto fueron evacuados. Rivas, Méndez y yo regresamos al filtro con parte del personal de apoyo para buscar a Castro. La unidad seguÃa en el cruce, con una puerta doblada, sangre en el suelo y casquillos alrededor.
18:40 Encontramos el arma corta de Castro cerca del lugar donde habÃa caÃdo. Su radio estaba dentro de la camioneta, conectado al equipo. Nadie lo habÃa movido desde que bajó. La voz que escuchamos durante la huida no habÃa salido de ese aparato. Seguimos las manchas de sangre hacia el norte, pero, después de varios metros, se mezclaron con huellas de coyotes y con marcas más grandes, alargadas, que entraban y salÃan del mismo rastro. El terreno se endureció más adelante y las huellas desaparecieron. Buscamos hasta el amanecer, pero no encontramos a Castro y tampoco encontramos parte de su uniforme, su chaleco, o señales de que hubiera llegado a otra brecha. Calderón sobrevivió, aunque perdió capacidad en un pulmón. Soto necesitó varias operaciones y nunca recuperó por completo la fuerza del brazo. Rivas y Méndez pidieron cambio de zona. Yo seguà en servicio, pero no regresé a ese cruce. Durante las semanas siguientes se hicieron más recorridos. Otros grupos reportaron voces por radio.
19:47 Golpes en las unidades y animales que avanzaban junto a los vehÃculos. No hubo restos, capturas ni una explicación que pudiera sostenerse. La búsqueda de Castro continuó varios dÃas y terminó sin resultados. Su cuerpo nunca apareció. Yo iba en el segundo vehÃculo aquella madrugada. Me llamó Daniel Ibarra, era cabo y llevaba la radio, además del arma de apoyo. Ãramos diez hombres repartidos en dos blindados ligeros. En el primero viajaban el sargento Vega, Morales al volante, Cárdenas en la torreta y los soldados Luna y Reyes. En el segundo Ãbamos el teniente Rojas, Salgado como conductor, Torres, el sanitario Corrales y yo. Avanzábamos por una brecha de Michoacán, cerca de las tres de la mañana. El camino era angosto, tenÃa curvas cerradas y la vegetación llegaba hasta las orillas.
20:51 No habÃa casa cerca ni otra luz aparte de los faros. MantenÃamos poca distancia con el primer vehÃculo, porque una curva bastaba para perderlo de vista. Vega avisó por radio que bajarÃa la velocidad. Vi el blindado entrar en la curva. y a un costado del camino, distinguió una figura sobre una roca, se levantó sobre las patas traseras y quedó frente a los faros, medÃa cerca de dos metros, tenÃa el pecho ancho, los brazos largos, pelo negro y cabeza de lobo, los ojos reflejaron una luz roja cuando volteó hacia el vehÃculo, saltó sobre el parabrisas y cayó con todo el peso sobre el frente, la suspensión bajó, Morales perdió la lÃnea del camino y antes de que pudiera corregir, la criatura levantó una garra y abrió el cristal blindado de un solo golpe. El brazo entró hasta el tablero y alcanzó a Morales en la cara. El vehÃculo salió de la curva, golpeó la orilla y quedó atravesado. Cárdenas disparó desde la torreta. La criatura pasó sobre el techo, evitó el arma y cayó detrás del blindado. El teniente Rojas ordenó detenernos. Salgado frenó y dejó el frente orientado hacia la curva. Abrà la escotilla y giré el arma hacia los costados, pero no encontré un blanco. Solo vi ramas moverse junto al camino. Vega informó que Morales estaba herido y que el vehÃculo no respondÃa. Rojas intentó pedir apoyo.
22:22 La transmisión se cortó y no recibió respuesta. Asà que ordenó acercarnos para cubrir al primer grupo y sacar al conductor. Salgado avanzó despacio. Antes de llegar, la criatura salió por el lado derecho, corriendo sobre las cuatro extremidades. Cruzó frente a nosotros, golpeó la llanta delantera del primer blindado y la abrió con las garras. Cárdenas soltó una ráfaga. Vi tierra levantarse y uno de los disparos alcanzó el hombro. La criatura perdió el paso, recuperó el equilibrio y entró en la vegetación. Vega bajó con Luna y Reyes mientras Morales permanecÃa inclinado sobre el volante, cubriéndose la cara. Corrales pasó al primer vehÃculo para revisarlo y confirmó que seguÃa consciente, pero tenÃa heridas profundas y perdÃa mucha sangre. HabÃa que moverlo de inmediato. Rojas decidió abandonar el primer blindado pues la llanta estaba destruida, el frente habÃa quedado atorado y el motor fallaba, la salida más rápida era pasar a Morales al segundo vehÃculo y retroceder hasta encontrar un sitio donde girar, Luna y Reyes fueron por la camilla, Vega se quedó junto a la puerta del conductor y Cárdenas mantuvo la torreta orientada hacia el monte, yo vigilaba desde arriba mientras Torres cubrÃa el otro costado, durante unos segundos no ocurrió nada, El motor seguÃa encendido, Corrales trabajaba con Morales, y todos escuchábamos cualquier movimiento fuera del camino. Las ramas
23:56 se rompieron detrás del convoy. Giré el arma, pero la criatura ya habÃa alcanzado a Reyes. Lo golpeó por la espalda y lo lanzó contra el costado del blindado. Luna disparó a pocos metros, y los tiros dieron en el cuerpo, aunque no frenaron el ataque. La criatura sujetó a Luna por un brazo y lo levantó del suelo. Vega y yo abrimos fuego. Entonces la criatura lo soltó, retrocedió hacia el monte y desapareció entre las ramas. Luna cayó cerca de la orilla. Reyes trató de levantarse, dio un paso y volvió a caer. Torres bajó para ayudarlo y Corrales salió del primer vehÃculo. torres apenas habÃa llegado hasta reyes cuando la criatura regresó desde el otro lado salió detrás de luna lo tomó del chaleco y empezó a arrastrarlo hacia la vegetación vega le disparó hasta perderlo de vista luna gritó una vez después oÃmos golpes entre las ramas y el sonido se alejó el teniente ordenó que nadie entrara a buscarlo torres y corrales levantaron a reyes y lo llevaron al segundo blindado tenÃa una herida en la cabeza Respiraba con dificultad y apenas respondÃa. Lo dejaron en el piso para que Corrales pudiera atenderlo, mientras Vega regresaba con Morales. Rojas ordenó sacar primero al conductor. Vega abrió la puerta, lo sostuvo por el pecho y lo ayudó a bajar. Morales podÃa mover las piernas, pero no caminar sin apoyo. TenÃa sangre en la cara, el uniforme y
25:29 las manos. Preguntó qué habÃa golpeado el vehÃculo. Nadie le contestó Lo trasladamos entre vega, torres y corrales sin dejar de vigilar los costados. Mientras avanzábamos, escuchamos pasos alrededor del primer blindado. Cárdenas giró la ametralladora hacia el ruido, pero no encontró un objetivo. Salgado mantuvo el motor encendido y abrió la puerta trasera. Recibimos a Morales y lo acostamos junto a Reyes. Corrales volvió con los dos heridos, pero Reyes respiraba cada vez más lento y dejó de responder. Morales seguÃa consciente, aunque perdÃa fuerza. El teniente ordenó a Vega que regresara. Ãl se habÃa quedado junto al primer blindado para cubrir a Cárdenas y miró hacia el punto donde habÃan arrastrado a Luna, pero Rojas repitió la orden.
26:22 En ese momento, la criatura cayó sobre el techo del primer vehÃculo. Cárdenas disparó una ráfaga corta. Escuchamos el golpe del arma contra el metal. Después, un sonido fuerte sobre la torreta y un grito. Vega volvió hacia la puerta trasera. Torres levantó el fusil y yo giré el arma hacia el techo. La criatura seguÃa arriba, pero Cárdenas no habÃa bajado y el camino continuaba bloqueado. El teniente ordenó que nadie se separara otra vez, pues todavÃa tenÃamos que sacarlo. Cárdenas quedó atrapado con medio cuerpo fuera de la torreta. La criatura lo sujetaba del chaleco y tiraba de él hacia arriba. Vega abrió la puerta trasera del primer blindado y disparó hacia el techo. Torres hizo lo mismo desde nuestro vehÃculo, mientras yo mantenÃa la ametralladora fija, porque cualquier ráfaga podÃa alcanzar a Cárdenas. La criatura tiró otra vez y lo sacó por completo. Cayó sobre el techo, se aferró al soporte del arma y pidió ayuda. Vega avanzó hasta la parte trasera y disparó varias veces La criatura soltó a Cárdenas, bajó de un salto y quedó fuera de nuestra vista Cárdenas intentó descender por un costado, pero la criatura apareció desde abajo Lo sujetó del tobillo y lo lanzó al camino Vega se acercó disparando hacia el suelo Cárdenas extendió una mano, pero la criatura volvió a
27:54 tirar de él y lo arrastró fuera del alcance de los faros El teniente Rojas le ordenó a Vega que regresara, pero avanzó hacia la vegetación y siguió disparando. Torres tuvo que sujetarlo por el equipo y hacerlo retroceder. Cárdenas dejó de gritar poco después, pero ya no podÃamos verlo ni tenÃamos un ángulo seguro. Vega subió al segundo vehÃculo con una herida en el hombro. PodÃa sostener el fusil, aunque apenas movÃa ese brazo. Rojas cerró la puerta trasera y ordenó salir de inmediato. Dentro quedábamos ocho hombres. Reyes y morales estaban heridos de gravedad, mientras Luna y Cárdenas habÃan quedado en el monte. Salgado comenzó a retroceder porque el camino seguÃa demasiado estrecho para girar. ConducÃa usando los espejos y las indicaciones de torres. Yo permanecÃa en la torreta con la ametralladora orientada hacia la curva. El primer blindado quedó atrás. atravesado en la brecha con los faros encendidos cuando nos habÃamos alejado un poco la criatura cruzó frente a las luces y se detuvo en medio del camino estaba erguida sobre las patas traseras tenÃa heridas en el pecho y en un hombro disparé una ráfaga varios impactos dieron en el cuerpo y cayó sobre una rodilla se apoyó con una mano volvió a levantarse y corrió hacia nosotros disparé otra vez pero la ametralladora se trabó. Torres
29:26 y Vega abrieron fuego desde las troneras. La criatura cambió de dirección y entró en la vegetación antes de alcanzarnos. Rojas ordenó continuar. Corrales atendÃa a Reyes y Morales en el piso. Reyes no respondÃa y su respiración se detenÃa por momentos. Morales seguÃa consciente, aunque perdÃa sangre por las heridas del rostro. Corrales dijo que ambos necesitaban atención inmediata. pero el terreno no permitÃa una marcha estable. Salgado mantuvo la reversa, corregÃa el volante en cada curva y trataba de conservar el centro del camino. Rojas vigilaba la puerta trasera, Vega cubrÃa el lado derecho y Torres controlaba el izquierdo.
30:11 Yo abrà el mecanismo de la ametralladora, saqué los cartuchos dañados y acomodé la cinta, hasta que el arma volvió a responder. Entonces, la criatura golpeó el costado izquierdo. El vehÃculo se inclinó y Torres cayó contra el banco. Salgado avisó que una llanta habÃa perdido presión. Siguió avanzando, pero poco después escuchamos el rin contra la terracerÃa. La velocidad bajó y el blindado comenzó a irse hacia la orilla. Rojas preguntó si podÃa mantenerlo en movimiento, y Salgado respondió que sÃ, aunque la dirección empezaba a endurecerse. Vega dijo que detenernos para cambiar la llanta nos dejarÃa expuestos. Nadie podÃa bajar sin separarse del grupo. Asà que continuamos. La criatura atacó otra vez desde el lado derecho. Una garra entró junto a la rueda trasera y arrancó parte de la cubierta. Giré el arma y disparé una ráfaga corta.
31:11 Vi una parte del cuerpo antes de que volviera a ocultarse. Dentro, Corrales intentaba mantener a Reyes con vida. Le sostuvo la cabeza, revisó la respiración y comenzó a reanimarlo mientras Salgado seguÃa retrocediendo. Después de varios intentos, Corrales se detuvo y dijo que Reyes habÃa muerto. Nadie respondió. Rojas ordenó asegurar el cuerpo al piso para que no se desplazara. Luego pidió que todos mantuviéramos la atención en los costados. corrales cubrió a reyes y regresó junto a morales que ya hablaba con dificultad y apenas podÃa mantener los ojos abiertos el siguiente golpe cayó sobre el techo justo encima de mà la placa se hundió y la escotilla se abrió unos centÃmetros traté de cerrarla pero una mano entró por la abertura las garras alcanzaron mi chaleco y tiraron de mà hacia arriba me sujeté del soporte de la ametralladora Rojas y Vega me agarraron por las piernas mientras Torres se apartaba.
32:16 Sentà que una correa del chaleco se rompÃa y que el cuerpo empezaba a salir. Asà que saqué la pistola, disparé hacia el techo y la criatura soltó el equipo. Caà dentro del vehÃculo sobre Torres. Rojas cerró la escotilla y la aseguró con una correa. Desde ese momento perdimos la ametralladora y la vista completa del camino. Solo podÃamos observar por las troneras y por la puerta trasera. Salgado avisó que la dirección respondÃa cada vez menos y que necesitaba llegar a un tramo ancho para girar. Rojas le ordenó continuar mientras el eje resistiera. Durante unos segundos dejaron de escucharse golpes. Vega recargó el fusil con una sola mano.
33:01 Torres revisó las troneras y yo cambié el cargador de la pistola. Corrales seguÃa junto a Morales tratando de contener la hemorragia. Entonces la criatura atacó la puerta trasera. El primer golpe dañó el seguro superior y el segundo abrió una separación entre la puerta y el marco. Vega colocó una barra para contenerla y Rojas apoyó el pie contra el borde. Una garra entró por la abertura. Vega disparó y la mano se retiró. Después escuchamos a la criatura caminar junto al vehÃculo. Primero entre la vegetación, luego sobre la terracerÃa. Salgado continuó en reversa con la llanta destruida.
33:43 El blindado golpeaba contra el suelo y la puerta cedÃa un poco más en cada movimiento. SeguÃamos avanzando, pero el eje ya no sonaba parejo y la criatura permanecÃa a nuestro lado. La puerta trasera recibió otro golpe y la barra se dobló. Vega la levantó y trató de encajarla de nuevo, mientras el teniente roja sostenÃa el borde con el pie. La abertura ya dejaba entrar las puntas de las garras. Torres disparaba cada vez que aparecÃan, pero la criatura retiraba la mano y volvÃa a golpear desde otro ángulo. Salgado avisó que el tramo ancho estaba cerca, pero el eje trasero apenas resistÃa. TenÃa que girar en un solo movimiento.
34:29 Rojas ordenó que todos se sujetaran. Corrales se inclinó sobre Morales, aseguró el cuerpo de Reyes contra el piso y apoyó una mano en la pared. Salgado inició el giro, la rueda dañada se hundió en la orilla, el blindado bajó de un costado y chocó contra un árbol, y el golpe me lanzó contra la puerta. Torres perdió el fusil, Vega cayó sobre el hombro herido, y Corrales quedó encima de Morales. El motor siguió encendido, pero el vehÃculo quedó inclinado. Salgado aceleró, pero las ruedas delanteras giraron sin avanzar y el eje trasero golpeó contra el suelo. Dijo que tenÃa las piernas atrapadas entre el asiento y el tablero. Rojas le preguntó si podÃa mover los controles, y Salgado respondió que todavÃa alcanzaba el acelerador, aunque no podÃa liberarse. Corrales revisó a Morales, pero ya no respondÃa. TenÃa el pulso débil y respiraba con dificultad. Vega se sentó junto a la puerta trasera, apoyó el fusil en la rodilla y mantuvo el brazo herido contra el cuerpo. Torres recuperó su arma.
35:38 Rojas reunió la munición que quedaba y la repartió sin apartar la vista de la puerta. Nos ordenó disparar solo cuando tuviéramos el cuerpo completo frente a nosotros. La criatura caminó alrededor del vehÃculo. Escuchábamos los pasos sobre la tierra y el roce contra la vegetación. Se detenÃa junto a una tronera, avanzaba hacia el frente y regresaba a la puerta. Ninguno lograba verla completa. Un golpe tiró la barra al piso. Vega intentó colocarla otra vez, pero una garra entró por la abertura. Rojas disparó y alcanzó la mano. La criatura la retiró. Quedó sangre en el marco, aunque los pasos continuaron.
36:18 Las luces se apagaron. Salgado dijo que el choque habÃa dañado el sistema eléctrico. Solo quedó encendida una lámpara de emergencia. Alcanzábamos a ver la puerta, las armas y los cuerpos en el piso. Corrales señaló una abertura detrás del asiento del conductor. PodÃamos salir por ahà arrastrándonos, pero Rojas decidió que la usarÃamos si la puerta cedÃa y ordenó que Corrales pasara primero porque llevaba el equipo médico. La criatura golpeó de nuevo. El marco se abrió en la parte superior y la puerta quedó sostenida por un solo seguro. Vega disparó por la separación y Torres hizo lo mismo desde la tronera. Los disparos la obligaron a apartarse, pero regresó antes de que pudiéramos asegurar la puerta. El siguiente golpe arrancó el seguro. La puerta cayó hacia adentro y atrapó las piernas de Vega. La criatura quedó frente a la abertura, agachada. Rojas, Torres y yo disparamos al mismo tiempo.
37:20 Vi impactos en el pecho y el cuello. Retrocedió, apoyó una mano en el suelo y volvió a lanzarse hacia adentro. Sujetó al teniente por el equipo del pecho y lo levantó, pero Rojas disparó la pistola hasta vaciar el cargador. La criatura lo golpeó contra el marco y lo arrojó fuera. Torres avanzó para cubrir la puerta. Disparó a corta distancia. pero la criatura lo alcanzó en la cara con una garra. Cayó junto al cuerpo de Reyes y dejó de moverse. Vega intentó levantarse con el brazo sano, pero la criatura lo tomó por una pierna y empezó a sacarlo. Disparé hasta terminar el cargador. Los impactos hicieron que lo soltara por un momento. Vega trató de arrastrarse hacia adentro, pero la puerta caÃda le cerraba el paso. La criatura volvió a sujetarlo y lo llevó fuera de nuestra vista. Corrales abrió la salida detrás del conductor y me indicó que cubriera la puerta. Cambié a la pistola y disparé cuando la criatura regresó. Uno de los tiros le alcanzó el hombro.
38:26 Giró hacia mà y avanzó sobre las cuatro extremidades. Corrales pasó por la abertura. Yo retrocedÃ, disparé los últimos cartuchos y me metà detrás del asiento de Salgado. Ãl seguÃa consciente, y me ordenó salir y dijo que intentarÃa mover el vehÃculo para distraer a la criatura. Pasé por la abertura y caà debajo del frente. Corrales me tomó del brazo y me llevó hacia el costado izquierdo. Desde ahà escuchamos a Salgado acelerar. El blindado se movió unos centÃmetros. El motor perdió fuerza y volvió a detenerse. La criatura entró por la puerta trasera. Salgado hizo un disparo desde su asiento.
39:07 Después escuchamos un golpe dentro del compartimiento y el motor se apagó. Corrales y yo bajamos a una zanja y no encendimos luces. Yo tenÃa cortes en el hombro y apenas escuchaba del lado derecho. Ãl se habÃa lastimado un tobillo al salir, pero podÃa caminar con apoyo. Nos quedaban pocas municiones y no tenÃamos forma de regresar por los demás. Seguimos por la zanja hasta encontrar una alcantarilla antes del amanecer. Entramos, cubrimos parte de la abertura con ramas y nos quedamos en silencio. Más tarde escuchamos pasos sobre el camino. Las patas de la criatura aparecieron frente a la entrada. TenÃa sangre en las garras y una herida abierta en una pierna.
39:51 Se detuvo ahà durante varios segundos. Yo mantuve la pistola apuntada, aunque ya no tenÃa cartuchos. Corrales sostuvo el arma junto al pecho, pero la criatura no entró. Reanudó el paso y siguió hacia el sur hasta que dejamos de escucharla. Salimos cuando hubo luz suficiente. Caminamos hasta encontrar una zona habitada y pedimos ayuda. Corrales y yo fuimos los únicos que salimos de la brecha. No regresamos. No tenÃamos transporte, munición ni capacidad para sacar a los heridos. La criatura habÃa recibido disparos y podÃa caminar. La última vez que la vi, llevaba sangre en las garras. Apoyaba mal una pierna y seguÃa avanzando. Nosotros tomamos la dirección contraria y no volvimos a detenernos. Mi nombre es Andrés y soy militar en el ejército mexicano. Muchas personas probablemente consideren que ese trabajo nos expone a experiencias fuertes. y no necesariamente relacionadas con seres humanos o delitos. Y aunque muchas de esas historias tienen que ver con ello, hay más de uno de nosotros que podrÃa contar experiencias que te harÃan dudar de todo lo que crees saber en este mundo.
41:16 Lo digo con total certeza porque siempre fui la clase de persona que nunca creyó en lo paranormal, ni siquiera en las religiones. Me consideraba completamente ateo en esa etapa de mi vida. Y debo admitir que, incluso, me llegué a sentir un poco superior por ello, pues pensaba que yo no estaba siendo engañado por todas esas charlatanerÃas y ese tipo de cosas. Ese era mi pensamiento, al menos hasta que vivà la experiencia que hoy les voy a contar. Todo comenzó cuando fuimos enviados a un pueblo de Chiapas. No voy a dar la ubicación por obvias razones, ni tampoco voy a decir qué estábamos haciendo allà por las mismas razones. Fuimos algunos soldados acompañados de tres perros, los cuales iban a ayudarnos en nuestra encomienda. Yo estaba muy familiarizado con uno de los perros, un enorme pastor belga que para mà era un animal magnÃfico. Era leal, centrado y siempre estaba atento. Y lo mejor de todo es que parecÃa tener una cierta preferencia por mÃ. En su descanso siempre estaba conmigo, aunque eso estaba prohibido, pues eran perros de servicio. A los superiores no les molestaba. No era como si mimara al perro o lo tratara de una forma especial. Simplemente parecÃa disfrutar de su tiempo conmigo, y yo lo dejaba. Esa era nuestra relación, más que nada.
42:41 Una noche me encontraba de guardia y el perro estaba conmigo. Esto era bastante común, incluso cuando estaba atado o llevado a otro lugar, él siempre encontraba la forma de ir conmigo. Después de un rato me lo permitieron, pensaron que podrÃa ser de ayuda. Yo estaba junto a él y no habÃa sucedido nada interesante en varias horas. El sueño comenzó a vencerme. HabÃa tenido un dÃa muy pesado y por si fuera poco habÃa estado sufriendo de insomnio las noches anteriores, lo que parecÃa estarme pasando factura. En ese momento trataba de mantenerme despierto, pero llegó un punto en el que no pude hacerlo y me quedé dormido. No creo que hayan sido más de un par de minutos, siendo completamente honesto, porque ni siquiera caà en un sueño profundo cuando escuché el ladrido del perro. SabÃa muy bien ese ladrido. Era defensivo, casi amenazante. Como si estuviera lanzando una advertencia a alguien o algo. Al abrir los ojos con rapidez y empuñar mi arma, no pude ver nada. El perro seguÃa mirando fijamente hacia la selva. ParecÃa inquieto. Siguió gruñendo y yo comencé a ponerme más alerta. A decir verdad, él era un perro muy obediente. Si le decÃas que se quedara quieto o que no ladrara, él obedecÃa al instante. pero en ese momento no importaba cuántas veces le dijera que guardara silencio, él no dejaba de estar a la defensiva,
44:11 ladrando de vez en cuando muy atento, su pelaje comenzó a erizarse, lo que me hacÃa saber que lo que sea que estuviera viendo no solo debÃa ser real, sino peligroso, me acerqué un poco más a la selva, con él a un lado, querÃa encontrar lo que fuera que causaba ese comportamiento, Pensé que tal vez podrÃa tratarse de un enemigo o algún depredador que intentaba entrar al campamento. Era algo muy extraño. De hecho, jamás habÃa experimentado algo similar. Pero sà habÃa escuchado sobre esos casos. Y si yo estaba de guardia, claramente era mi responsabilidad hacerme cargo de la situación. A medida que nos acercábamos, el perro se ponÃa cada vez más agresivo. Nunca lo habÃa visto asÃ, lo que hizo que apuntara con el arma. aunque no sabÃa exactamente hacia dónde apuntaba. Solo estaba decidido a disparar a cualquier cosa que se moviera. En un momento, el perro corrió adentrándose en la selva mientras ladraba y gruñÃa.
45:15 Pensé que tal vez habÃa visto algo con más claridad. Estaba más cerca de lo que lo inquietaba tanto, y eso lo habÃa hecho correr en ese sentido. Comencé a seguirlo, solo para asegurarme de que no se perdiera o se lastimara. Llegó un momento en que de repente corrió tan rápido que lo perdà de vista. Iluminé a todos lados y caminé un poco más siguiendo su rastro, pero sentÃa que me estaba adentrando demasiado en la selva y no lo encontraba. Lo llamé por su nombre, intenté seguir su rastro, pero llegó un punto en el que ya no lo encontraba, lo cual me pareció raro porque yo era muy bueno siguiendo rastros. Pensé que tal vez era por el viento o porque estaba algo oscuro. Pensé en regresar y explicar lo que habÃa pasado a mis superiores, pero sabÃa que no era una buena idea. Después de todo, ellos confiaban en que, si el perro estaba conmigo, yo iba a cuidarlo, y claramente no lo habÃa hecho lo suficientemente bien. Ahora estaba perdido en la selva. Si era difÃcil encontrar a un ser humano allÃ, no querÃa imaginarme buscando a un perro.
46:27 aunque pensaba que él tenÃa las capacidades de volver por sus propios medios. No querÃa simplemente dejarlo allà a su suerte. SabÃa que habÃa depredadores que, por más bueno que fuera el animal, no serÃa nada contra ellos. Me adentré un poco más en la selva, intentando encontrar mejor el rastro y seguirlo. Pero entre más me adentraba, más me convencÃa de que se habÃa perdido. Ya no podÃa escucharlo en absoluto. Yo también ya estaba muy adentrado en la selva, Y sabÃa que, con un movimiento en falso, también estarÃa perdido. Y entonces tendrÃa un verdadero problema sin saber qué hacer. Me di vuelta y regresé. Ya pensarÃa qué hacer después.
47:10 Incluso intentaba convencerme de que el perro regresarÃa antes de que terminara mi guardia. En serio querÃa creer eso. Comencé a caminar de regreso. No faltaba mucho para salir. De hecho, ya podÃa ver el final cuando escuché un chillido del perro. Lo habÃa escuchado lastimado muchas veces y sonaba exactamente igual. Di media vuelta inmediatamente dirigiéndome al lugar de donde habÃa escuchado el sonido. Y, seguido eso, pasaron unos cuantos minutos antes de que escuchara cómo algo corrÃa hacia mÃ. Luego de eso, fue cuestión de momentos para que lo viera. El perro estaba corriendo hacia mÃ. ParecÃa estar bien en un principio. Empecé a llamarlo e incluso lo reprendà un poco, pero no podÃa ocultar que estaba completamente emocionado de que estuviera allÃ, aunque al menos a primera vista se veÃa ileso.
48:05 Lo primero que hice fue hacer que me siguiera hacia la salida de la selva. Ya sentándome de nuevo en el lugar de vigilancia, comencé a revisarlo para cerciorarme de que estuviera bien. El perro parecÃa bien, aunque estaba sucio. y no sabrÃa cómo explicarlo, pero se veÃa más grande. Ya sé que esto serÃa una gran alarma porque claramente no era el mismo perro, pero es que tenÃa unas marcas de nacimiento en la parte inferior, que incluso revisé una vez que noté que parecÃa un poco más grande. Vi que las marcas seguÃan ahÃ, en el mismo lugar, lo cual me hizo confirmar que él era el perro. Era idéntico, no importaba el tamaño que hubiera adquirido. Además, no era tan grande, solo un poco más grande de lo que juraba que era antes de entrar a la selva.
48:55 SabÃa que eso no tenÃa ningún sentido. El perro era el mismo. RespondÃa a su nombre. TenÃa las mismas marcas, el mismo color y los mismos ojos. Ãl era el perro. Estaba seguro. Además,¿ qué harÃa otro perro pastor belga rondando por la selva al mismo tiempo que mi pastor belga estuviera en ella? No tenÃa ningún sentido. Pensé que tal vez lo estaba viendo de ese tamaño solo por la perspectiva que tenÃa en ese momento. Tal vez nunca lo habÃa visto detenidamente como para percatarme del tamaño de sus patas, las cuales parecÃan estar heridas en las cuatro. Era como si se hubiera lastimado al escarbar o algo asÃ, pero no parecÃan tan graves. Las curé y dejé el tema de lado. El resto de mi guardia pasó sin ningún tipo de improviso. Estuve con el perro, lo miraba de vez en cuando, tratando de convencerme de que siempre habÃa sido asà de grande. Y de hecho, me convencà de que, efectivamente, siempre habÃa sido asà de grande. No habÃa otra explicación.
49:58 Después de todo, continué hasta que vinieron a relevarme. Mi compañero ni siquiera dijo nada sobre el animal, sobre que se veÃa más grande o que notaba algo extraño en él. Eso me dio la razón final para creer que todo estaba en orden. le dije que el perro se quedarÃa allà con él, pues yo irÃa a dormir, y que cuando fueran por él simplemente se los diera, a lo que él aceptó, también le agradaba el animal, eso fue la primera vez que noté algo raro, y es que acaricié su cabeza como solÃa hacerlo, pero de una forma algo tosca, y el perro retiró la cabeza casi de inmediato, como si le disgustara, lo cual me pareció extraño, él nunca hacÃa eso, Mientras seguÃa mi camino, lo miré de reojo y pude notar que me miraba con cierto disgusto.
50:49 No sabÃa que un animal podÃa mirar asÃ. De hecho, me dio un poco de escalofrÃos, pero al final lo dejé asÃ. Estaba realmente cansado después de todo lo que habÃa pasado. Durante el resto de aquel dÃa, todo fue normal. El perro estuvo bastante distante de mÃ, lo cual me hizo sentir algo raro, si soy completamente honesto. estaba acostumbrado a que siempre que tenÃa la oportunidad se escapaba para estar a mi lado pero no era como si me importara tanto como para ir a buscarlo o ver si estaba bien además se veÃa que estaba bien fue asà como llegó la noche nuevamente yo me encontraba dormido esa noche no me tocaba guardia fue entonces cuando fui despertado comencé a escuchar mi nombre Primero fue como un susurro, pero poco a poco fue volviéndose más claro. Cuando desperté, creà que todavÃa habÃa sido un sueño, pero antes de que pudiera volver a dormirme, escuché nuevamente la voz llamándome, diciendo mi nombre una y otra vez. No decÃa que querÃa, no me pedÃa nada, solo decÃa mi nombre. Era extraño, como si quien lo estuviera repitiendo estuviera imitando, como si estuviera aprendiendo a hablar. No sé si me voy a intentar, pero parecÃa estar imitando todas las formas de decirlo. No decÃa otra cosa, solo mi nombre. Me levanté, me puse mis botas y mi abrigo para salir a ver quién estaba haciendo eso. No habÃa otro Andrés en mi equipo.
52:22 Era claramente alguien intentando llamar mi atención, o eso era lo que pensaba. Salà de la tienda. Afuera no habÃa nadie, y solo pude ver a mi compañero haciendo guardia a la distancia. me pareció extraño no ver a nadie más cuando hace apenas un momento estaba escuchando como repetÃan mi nombre una y otra vez salà completamente pues estaba fuera querÃa ir al baño aún asà mientras caminaba para hacer lo mÃo estuve mirando hacia todos lados tratando de ver si habÃa alguien que pudiera estar queriendo jugarme una broma pero no pude ver a nadie cuando estaba a punto de regresar a la tienda para seguir durmiendo escuché nuevamente mi nombre Esta vez fue un poco más claro, pero nuevamente no reconocà la voz. Miré hacia todos lados y fue cuando lo vi. Al perro saliendo detrás de un tronco volteado cerca del campamento. ParecÃa estar escondido ahÃ, como si estuviera esperando a que yo lo encontrara o algo asÃ.
53:24 No sabrÃa decirlo, pero esa era su actitud. Solo sé que cuando salió me miró por completo y giró la cabeza como confundido. claramente no pensé ni por un instante que el perro hablara eso era tonto para mà lo llamé me hacÃa raro que estuviera ahà porque si no estaba conmigo comúnmente lo tenÃan en su jaula o amarrado algún árbol pero no traÃa correa supuse que tal vez se habÃa soltado o se les habÃa olvidado encadenarlo cuando lo llamé este corrió directo a la selva pude ver cómo se movÃa entre las hierbas hasta que desapareció por completo de mi rango visual pensé en ir tras él justo como lo habÃa hecho la noche anterior pero algo dentro de mà me detuvo no sé si fue miedo no recuerdo haber sentido miedo pero algo me decÃa que no debÃa hacerlo lo miré y pensé que volverÃa después de todo habÃa vuelto por su cuenta la noche anterior era un perro listo y tal vez querÃa cazar algo mil y una excusas pasaron por mi cabeza para no tener que ir tras él esa noche Y asà fue como volvà a la tienda de campaña. Cuando amaneció, supe inmediatamente que el perro no habÃa vuelto. Y lo supe porque mi superior entró a mi tienda para ver si estaba conmigo. Pero solo le mentà diciéndole que no, pues sabÃa que si le contaba que lo habÃa visto la noche anterior entrar a la selva y no habÃa hecho
54:55 nada para detenerlo, estarÃa en problemas. Solo me dejó ahà para continuar con la búsqueda. Lo buscó casi todo el dÃa, pero sin éxito se rindió y formó equipos para seguir con nuestra encomienda. Yo no podÃa decir o hacer nada. Solo me quedaba mantener las esperanzas de que volverÃa por sà mismo, como lo hizo aquella noche. Lo único que hacÃa que mantuviera las esperanzas era que ese dÃa estuvimos caminando por la selva, viendo el perÃmetro y realizando lo que Ãbamos a hacer con los otros perros. Yo traÃa uno de ellos. Estábamos caminando cuando los perros comenzaron a ponerse nerviosos. No se portaron agresivos, pero tenÃan miedo y retrocedÃan, a pesar de que estaban bien sujetos con las correas.
55:42 Su fuerza nos hacÃa ir más lento. Era bastante extraño. Perros que habÃan vivido muchas cosas difÃcilmente retrocedÃan. Estaban entrenados para ello. De la nada se habÃan convertido en un par de perros cobardes. Todo eso hizo que mis compañeros se pusieran nerviosos. Yo me mantuve firme, agarré al perro con más fuerza. No querÃa que saliera corriendo y se perdiera como en otras ocasiones. Pero en realidad, este no querÃa adentrarse, querÃa salir. Estaba huyendo en dirección contraria. Fue entonces cuando el perro que tenÃa agarrado, mi superior, logró liberarse del collar y salió corriendo. Solo alenté al perro que yo tenÃa. Lo sujeté con más fuerza hasta que también logró liberarse del collar y salió corriendo tras el otro.
56:31 No podÃamos hacer el trabajo que Ãbamos a hacer sin los perros, por lo que Molesto, mi superior, nos dijo que fuéramos tras ellos y los trajéramos de regreso, lo cual inmediatamente hicimos. Yo sabÃa exactamente hacia dónde dirigirme, pues, como dije antes, podÃa seguir rastros perfectamente. No tenÃa idea de hasta dónde llegarÃamos antes de que se acabara la luz del dÃa, pero sabÃa que serÃa más fácil continuar de lo que me habÃa pasado aquella noche. Continué caminando, siguiendo el rastro, y me separé del resto de mis compañeros, los cuales parecÃan estar más juntos buscando a los otros perros. Pensaba que tenÃa algunos compañeros detrás de mÃ, pero luego me di cuenta de que no era asÃ. Me habÃa separado sin darme cuenta, pero no me preocupé en absoluto.
57:21 TenÃa buena orientación y como era de dÃa, solo pensaba que tenÃa que encontrar al perro y después volverÃa sin ningún problema. Continué caminando seguro de que estaba cerca del perro. No tenÃa idea de cuál de los dos perros era, pero sà sabÃa que estaba cerca. En un momento algo me detuvo. Estaba siguiendo el rastro cuando escuché mi nombre. Pero esta vez era una oración completa, no solo mi nombre. Dijo que encontró a Andrés. Fue entonces que pensé que era un compañero. No reconocà su voz, pero en ese momento no pensé en ello. Volvà a escuchar la voz diciendo lo mismo, pidiéndome que fuera rápido. Me acerqué de inmediato siguiendo aquella voz y lo primero que vi a lo lejos fue al perro. Pero no era ninguno de los que buscábamos. Era aquel pastor belga inconfundible. Me sentà aliviado por haberlo encontrado, pero solo me tomó un momento darme cuenta de que a su lado no estaba nadie, ni mi compañero ni nadie. Entonces me cuestioné quién me habÃa hablado. Cuando me acerqué más, pude ver que frente a él se encontraba otro de nuestros perros, el cual estaba tirado. No quiero ser tan especÃfico ni gráfico aquÃ, solo diré que su estómago estaba abierto. HabÃa sido atacado horriblemente.
58:44 Y lo peor era que el otro perro estaba cubierto casi por completo de sangre, tanto el hocico como las patas. Quise aún encontrar al compañero que me habÃa llamado, pero no habÃa nadie allà más que yo y el otro perro. Me encontraba sin saber exactamente cómo debÃa proceder cuando el perro me miró directamente y sin expresión alguna habló. Dijo que no volverá a escaparse. Quedé impactado por lo que escuché. No hizo nada más. no se paró sobre dos patas ni comenzó a reÃrse ni nada parecido solo me miró y entonces fue cuando corrà hacia él no me detuve hasta que me encontré con uno de mis compañeros quien me estaba buscando no podÃa ni hablar estaba pálido y no sabÃa qué decir no querÃa que me tomaran por loco no creÃa que nadie fuera a creer lo que acababa de vivir solo señalaba hacia atrás lo que hizo que un grupo fuera a ver qué estaba pasando encontraron al perro allà tirado pero no encontraron al otro, nunca volvieron a encontrar al otro, he escuchado historias sobre cómo la selva a veces reclama animales, no sé si ese fue el caso de lo que pasó con él o si fue algo diferente, algo mucho más oscuro que se llevó al animal, aún lo recuerdo y me da un escalofrÃo pensar que aquella cosa sigue allà rondando por la selva,
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