Una Secta Me Atormentó Historias De Terror - REDE

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Crucifijo al contar esta historia. Mi nombre no importa para que me conozcan un poco. Basta decir que siempre fui un muchacho problemático. No me llevaba bien con mis hermanos ni con mi mamá, mucho menos con mi padrastro. Ahora que ya han pasado los años, sé que ellos en realidad eran buenos. El que miraba todo de manera negativa era yo, al grado de desear no haber nacido. Desde que murió mi papá me volvà rebelde e insoportable, y eso que apenas tenÃa nueve años me cayó como patada de mula. El hecho de que mi mamá se volviera a casar. Eso hizo que algo cambiara dentro de mÃ. A partir de ahà y con el correr de los años, nunca más fui buen estudiante aborrecÃa a la escuela. Aparte de eso, no creÃa en nada ni en Dios ni en el diablo. El futuro no me importaba. Para mÃ, lo más modo importante era vivir la vida lo mejor que se pudiera. Mis amigos, que puedo decir de ellos, eran iguales que yo, sin oficio ni beneficio. Algunos e incluso habÃan estado recluidos en el tutelar para menores y otros vivÃan en la calle. Antes de cumplir la mayorÃa de edad. Me salà de la casa sin avisarle a nadie, sin llevar nada. Lo único de valor que tenÃa era un pequeño crucifijo de plata que colgaba de mà cuello, uno que me habÃa regalado mi madrina cuando cumplà los ocho años y que estaba bendito. Me fui a meter a un cuarto que me prestó un conocido. Ahà me reunÃa con mis amigos, aunque no habÃa para comer. TenÃa fiestas que duraban dÃas un tiempo. Me junté con una mujer que conocà en la calle y ahà la llevé a vivir por varios meses. Ella era muy extraña, adoradora de la Santa muerte por las noches, se levantaba dormida y estando asÃ, rezaba muchas cosas que yo no po nÃa a entender. HabÃa veces que se escuchaban ruidos dentro del cuarto sin haber nadie más ahà que nosotros. Yo me imaginaba que la muerte se aparecÃa cada madrugada. Lo único que se me ocurrÃa cuando eso pasaba era agarrar mi cruz. Con eso era suficiente de todo aquello desaparecÃa. Esa muchacha se llamaba Yajaira. Nunca tuvimos una relación estable. Un dÃa se molestó por algo que ya no recuerdo. Se fue y no volvió. Entre todo ese cÃrculo de muchachos habÃa uno con el cual siempre tuve problemas porque nos gustaban las mismas muchachas. Por eso peleábamos todo el tiempo por ellas. Otra cosa que no me gustaba de él era que presumÃa mucho de pertenecer a una secta satánica. Por eso, cuando discutÃamos, me amenazaba con hacerme daño, pero yo lo ignoraba. A él sólo lo conocÃa como el güero. Ese muchacho siempre vestÃa de negro. Usaba el pelo largo, unas botas tipo montaña. Estaba muy tatuado en un brazo. TraÃa al diablo en el otro dos calaveras. Además, tenÃa la sangre muy pesada. El que lo invitó a asistir a las fiestas decÃa que el huero hablaba por las noches con el diablo. Nos aseguraba que en una ocasión lo miró vomitar sangre oscura con algunos grillos negros. El güero les dijo que la sangre no era suya. La habÃa bebido de una persona que, al parecer estaba enfermo y le habÃa caÃdo mal. Nadie sabÃa si eso era verdad. A todos les decÃa que soñaba con hacerme daño, pero que no podÃa hacerlo por el crucifijo de plata que yo traÃa en mi cuello. Por alguna razón, el crucifijo se lo impedÃa. Según él era muy respetuoso de esas cosas. Por lo mismo, llegó a pedirle a varios que me lo robaran para poder atacarme. Estaba enterado de las cosas que decÃa sobre mà con tono siniestro. DecÃa que me odiaba que un dÃa beberÃa mi sangre y ofrendarÃa mi alma al demonio para que se alimentara con ella. Aún asÃ, pese a las diferencias que tenÃa con el güero, él siempre asistÃa a las fiestas. En ella se la pasaba invitando a todos asistir a sus misas negras o a pertenecer a su secta menos a mÃ. Muchas veces, cuando tenÃa una fiesta, no conocÃa a la gran mayorÃa de los muchachos que asistÃan a mi propia casa porque eran invitados de los invitados, eso sÃ, algunos se miraba a leguas que andaban en muy malos pasos, pero eso a mà era lo que menos me importaba, porque yo nunca fui una blanca paloma. En una de las muchas fiestas por una tonterÃa discutà tan fuerte con el güero que nos fuimos a los golpes. Se hizo una pelea campal de todos contra todos. Fue lo único que recuerdo esa noche me encontraba tan tomado que yo. Creo que perdà el conocimiento porque ya no supe de mÃ. Al despertar, aún estaba oscuro ya no habÃa nadie en el cuarto, solamente yo con los sÃntomas de una resaca horrible. Cuando recuperé un poco de conciencia, desconocà el lugar. El cuarto era demasiado grande y el piso polvoroso estaba lleno de basura. Fijándome bien supe que no era mi cuarto. Estaba en una casa abandonada totalmente desconocida para mÃ. Intentaba levantarme, pero estaba muy adolorido. Me sentÃa bastante débil y mareado, aunque sentÃa unas ganas enormes de vomitar, hacÃa esfuerzos por no hacerlo. Con la poca visión que tenÃa, me di cuenta que estaba tirado en medio de un dibujo pintado en el piso. Era un cÃrculo grande con una estrella adentro. Además, habÃa algunas veladoras ya quemadas a mi alrededor. Haciendo un esfuerzo mayor, me levanté. Trataba de reconocer el lugar, volteando para todas partes. Me recargué en la pared para agarrar fuerzas porque estuve a punto de caer. No puedo decir que estaba asustado, porque no es verdad, pero sà desconserrs porque no sabÃa cómo diablos habÃa podido llegar a ese lugar sin darme cuenta. PodÃa percibir un olor raro. Al dar unos pasos, descubrà en el piso algunos animales muertos. Eran pequeños, ParecÃan gatos, palomas y gallinas, todos de color negro. No estaban echados a perder. Tal vez tendrÃan dos dÃas de estar ahÃ. En ese momento no entendÃ. Además, no me iba a detener a investigar lo que les pudo haber pasado a esos pobres animales estaban muertos y ya el lugar no se sentÃa tan frÃo como si minutos antes hubieran estado muchas personas. TodavÃa se podÃa sentir esa sensación de presencia. Al menos ahà donde me encontraba en ese momento Cuando revisé mis manos, tenÃa unos cordones amarrados en las muñecas como si hubiera estado atado de pies y manos, porque en los tobillos extrañamente también traÃa con los movimientos que hacÃa al caminar me dolÃan varias partes del cuerpo sobre todos los brazos y los costados. Me me quedo revisar, pero todo estaba tan oscuro que me lo impedÃa. Además, apenas sà tenÃa fuerzas para mantenerme en pie. Poco a poco fui acostumbrándome más a la oscuridad. Me di cuenta que también habÃa restos de que hubo una fogata, la cual tendrÃa horas apagada porque ya no le salÃa humo ni olÃa a quemado tan valeante caminé como pude sin saber a ciencia cierta lo que habÃa pasado. Busqué la salida casi a tientas apoyándome de las paredes frÃas llenas de grafitis. Avanzaba temeroso porque se me figuraba que algo se movÃa en medio de toda esa horrible oscuridad. Quizá fue eso el miedo a ver algo diabólico el que me impulsó a encontrar la salida. Minutos después estuve en la calle tratando de reconocer el lugar. Caminé sofocado un rato entre las sombras hasta que por suerte conocà un local asà supe que estaba como a siete cuadras de mi casa. No tenÃa tiempo de pensar cómo habÃa llegado hasta ahà o como me habÃan llevado hasta ese lugar. Me urgÃa a llegar. Quince minutos después llegué a mi cuarto, el cual se encontraba abierto. Apenas entré sentà una mala sensación. ParecÃa que me miraban muchos ojos invisibles. Lo digo asà porque adentro no habÃa nadie aparte de mÃ, pero me sentÃa fuertemente observado, como si alguien me estuviera esperando, alguien que despedÃa una mala vibra y que yo no podÃa ver. Recordé que eso se sentÃa cuando se aparecÃa la muerte. Tratando de ignorar todo aquello. Quise prender el foco, pero este no encendió. HacÃa a oscuras. Caminé hasta mi cama y me dejé caer porque me sentÃa muy mal, como si estuviera enfermo. Supuse que durmiendo un poco me reanimarÃa acostado en mi cama. Tal vez por lo mareado que estaba, veÃa pasar muchas cosas, sombras grandes y pequeñas. ParecÃa que danzaban por segundos como si fueran remolinos. Luego desaparecÃan. A veces se me figuraba ver rostros bastante extraños me hablaban, pero no lograba entender lo. Que querÃan decirme otros solamente me miraban con unos ojos enormes. En un momento que me toqué el pecho, me di cuenta que no traÃa. Puesto mi crucifijo de plata. Supuse que lo habÃa perdido el dÃa de la pelea. Quise hacer el intento de levantarme para buscarlo, pero me fue imposible. No sé cuánto tiempo pasó porque me quedé dormido. Estoy seguro que tuve horribles pesadillas, pero no las recordaba. Supongo que dormà todo el dÃa. Cuando desperté estaba oscuro. Otra vez me sorprendà al verme de nuevo en aquella casa abandonada, igual que la madrugada anterior. Tirado en el suelo en medio de aquellos extraños dibujos, llegué a pensar que el haber estado en mi casa pudo ser un sueño. Me quedé en el piso por unos segundos más hasta estar bien seguro de poder levantarme. Me sentÃa tremendamente mal en esta ocasión. Algunas veladoras estaban prendidas todavÃa, aunque a punto de consumirse por completo. Además, olÃa mucho a madera quemada. Aunque me sentÃa terrible esta vez no salà corriendo de ahà poco a poco, mi mente fue atando cabos. Era evidente que en ese lugar habÃan realizado un rito satánico, quizá una misa negra o un sacrificio. No podÃa saberlo porque desconocÃa esas prácticas. Lo primero que se me vino a la mente fue la secta a la que tanto presumÃa el huero que pertenecÃa. Tal vez todo eso era verdad. También recordé las amenazas de ese muchacho. Me daba miedo suponer que yo estaba haciendo una de las vÃctimas de su llamada secta satánica, aunque de ser cierto, no entendÃa lo que hacÃan ahà ni para qué me utilizaban. Recordaba los animales muertos que habÃa visto la noche anterior también que el güero decÃa que ofrendarÃa mi vida al diablo. Por lo mismo sentÃa escalofrÃos. Además, yo me empecé a imaginar muchas cosas más horribles. La mente es poderosa y traicionera. Me imaginaba atado en el suelo en medio de aquella dibujo, mirando muchas caras deformes iluminadas por la pobre luz de las velas y un diablo enorme que me veÃa divertido. Me sentÃa desesperado, pero tan débil que no podrÃa regresar caminando hasta mi cuarto por sà solo mejor busqué un rincón en un pequeño cuarto de aquella construcción. Me acomodé sobre unos cartones para descansar, pero ahà me quedé dormido. Recuerdo haber despertado siendo de dÃa, pero no podÃa mantenerme despierto menos tenÃa fuerzas para levantarme. Cerré los ojos para ya no saber de mà sin precisar qué horas serÃan. Se habÃa hecho de noche. Otra vez desperté porque escuchaba muchas voces con un eco extraño temeroso busqué con la mirada, pero no encontré a nadie. Supuse que tal vez lo estaba imaginando. Cuando comprobé que no era producto de mi imaginación ni estaba dormido, supe que habÃa personas en el otro cuarto, ahà donde creÃa que hacÃan los ritos satánicos. Tratando de hacer el menos ruido posible. Me levanté para asomarme y hacÃa averiguar qué estaba sucediendo en el cuarto contiguo de aquella construcción abandonada. HabÃa movimiento. Al mismo tiempo que me asomé, se levantó una llamarada con su resplandor. Pude darme cuenta que estaban reunidos fácilmente más de diez hombres. Hicieron muchas cosas raras. TenÃan una horrible figura a la cual le rezaron. Uno de ellos tomó con sus manos un animal y lo mordió al perecer. Era una gallina, regó la sangre dentro del cÃrculo que estaba en el suelo, y todos hicieron reverencia. Me quedé atónito cuando todos hicieron lo mismo de uno por uno, mordÃan un animal, regaban su sangre para después aventarlo. Algunas aves al caer todavÃa aleteaban un poco. Quizá eran mis nervios, pero me parecÃa que la horrible figura, a la cual veneraban de vez en cuando se movÃa como extasiada de todo lo que hacÃan en su honor en voz baja, tal vez para no darse a descubrir. Cantaban o tarareaban una especie de melodÃa que a mà me parecÃa macabra. Todos lo hacÃan al mismo tiempo, pero nunca pude entender lo que decÃan. AsÃ, estuvieron por largo rato mientras yo los miraba sin comprender cuál era la finalidad de todo aquello. Cuando terminaron, uno de ellos caminó hacia el cuartito donde me encontraba. Pensé que me habÃan descubierto y venÃan por mÃ. Me arrinconé lo más que pude. Me tiré al suelo. SabÃa que, por lo oscuro no me mirarÃan como quiera. Me tapé con lo que encontré para mi buena suerte, sólo venÃa para hacer una necesidad seguido de otro más. Hablaron unas cuantas palabras. Por eso, al escuchar lo, supe que uno de ellos era el güero. Segundos después se fueron ahà Me quedé sin moverme asà me estuve, a pesar que ya no se escuchaba a nadie. Cuando vi que estaba pronto a amanecer, me levanté para intentar salir porque ya no aguantaba un minuto más en ese lugar. Caminé despacio, temeroso de que alguien me vi era. Los treinta o cuarenta segundos que me llevaron recorrer aquel espacio donde habÃan realizado esas prácticas demonÃacas fueron suficientes para tener algunos escalofrÃos por la mala vibra que se podÃa sentir. Además, estaban grabadas en mi mente las imágenes de lo que habÃa visto. Volteé a ver los restos que habÃan quedado gallinas, muertas, velas encendidas, unas maderas humeantes y todo el piso salpicado horrorizado. Ya no quise mirar más. Llegué a mi casa buscando mi crucifijo. Entendà que no estarÃa seguro sin él. En ese momento creà que sà existÃa el bien y el mal. Por más que lo busqué no estaba por ninguna parte, aunque me sentÃa mal. Aún sà barrÃ, recogà todas las cosas, pero no apareció. Como ya no aguantaba el ardor del cuerpo. Me quité la camisa para checarme Me asusté al ver que tenÃa pequeñas cortadas y mordidas en diferentes partes, sobre todo en los brazos, asà como en las costillas. Era él eso lo que tanto me molestaba ahà SÃ, recordé la pesadilla que tuve aquella noche. Soñé que el güero, junto con Yajaira, mi ex novia, me picaban las costillas con algo filoso. Luego comenzaron a morderme, no sólo ellos, otros más que aparecieron de repente en ese momento me entró la duda. Me sentà confundido porque ya no podrÃa asegurar que todo hubiera sido un sueño o un terrible recuerdo de algo que en realidad me habÃa pasado sin contar con otra opción. Pensé en irme a refugiar a la casa de mi mamá. En eso estaba cuando apareció uno de mis amigos. Al verme me dijo que pensó que estaba muerto, porque eso les decÃa el güero. Platicamos un poco. Asà me enteré que el Güero y ya Jaira eran novios. Todos sabÃan que la secta a la que pertenecÃan eran bebedores de sangre y adoradores del mal. Le pedà que me contara lo que sucedió esa noche del pleito. Lo único que me quiso decir que después de la pelea, el güero los habÃa corrido a todos quedándose solo conmigo. Le pregunté por mi crucifijo. Me dijo que no sabÃa. Por precaución. No le comenté que me irÃa a casa de mi mamá. Minutos después, cuando se retiró tan rápido como pude y sin recoger nada, salà de ese cuarto para no volver. Cuando llegué a casa de mi mamá no me miraron con buenos ojos. TenÃan mucho tiempo sin saber de mÃ. Además, mi aspecto era para tenerme desconfianza. Hablamos por horas sin poder convencer a mi mamá de que me dejara volver. Hasta que llegó mi padrastro y logró convencerla, no podÃa creer que hubiera hecho eso por mÃ. Al principio no creÃan en lo que les contaba hasta que comenzaron a pasar cosas extrañas en la casa. Primero, aquellas siluetas oscuras que danzaban en mi cuarto se hicieron presentes ahà también. Luego voces y sonidos se escuchaban por las noches. Por alguna razón, todo aquello me venÃa siguiendo, o quizá yo lo traÃa adentro. Mi mamá, mi padre y mis hermanos ya estaban asustados porque decÃan que me escuchaban roncar muy fuerte, pero además, muy raro. Era como si varias personas roncaran al mismo tiempo mirarlos asà me preocupaba mucho porque corrÃa un riesgo que me pidieran que me fuera de la casa y yo ya no tenÃa a quien más recurrir por ayuda. Como ya le habÃa dicho a mi mamá y a mi padrastro, que tal vez me habÃan ofrendado al diablo. Me prometieron ayudarme. Primero buscaron alguna persona que supiera de esas cosas llamadas paranormales, pero no pudieron contactar con ninguna. Pasaron dos noches más escuchando ruidos y voces siniestras. Además, también ellos sentÃan una presencia. Por eso decidieron llevarme a la Iglesia por primera vez después de muchos años, estuve de acuerdo con ellos. Ahà cuidadosos con las palabras hablaron con el sacerdote. Al principio se mostró sorprendido. Nos preguntó varias veces si no era una broma. Se miraba incrédulo. Aún asÃ, me hizo una oración, me confesó y me dio a comer la hostia consagrada. La consumà sin ningún problema. Por lo mismo, nos dijo el padre que no tenÃa nada maligno adentro, porque de haberlo tenido, la hubiera vomitado. Como también le dije del crucifijo que habÃa perdido y que yo sentÃa que me protegió del mal. Mientras lo tuve, me regaló uno que ahà tenÃa. Me dijo que tuviera mucha fe en él que nunca me lo quitara. Nos dio algunas recomendaciones a mi mamá Le pidió que me diera su bendición y me encomendara a Dios. A mà me dijo que rezara antes de dormir y al despertar, pero sobre todo, que nos acercáramos a la iglesia, nos dijo que al dÃa siguiente irÃa a bendecir la casa. Mi mamá le suplicó que fuera ese mismo dÃa. Estuvo de acuerdo, pero nos advirtió que serÃa al atardecer porque no podÃa más. Temprano llegamos a la casa como a la una de la tarde. Me fui a recostar un rato porque aún no me reponÃa del todo. Apenas cerré los ojos. Sentà un asco horrible. Algo se querÃa salir por la boca. Intenté gritarle a mi mamá, pero algo me lo impedÃa. Lo primero que pensé fue que el demonio querÃa expulsar la hostia. La querÃa sacar a como diera lugar. Me aguanté lo más que pude todos los intentos de vómito. Tomé una sábana la puse en mi boca. Luego le di vueltas alrededor de mi cabeza para contenerme. Después apreté el crucifijo que me regaló el sacerdote. Comencé a ver horribles demonios transparentes por todas partes, primero, uno después dos. Asà poco a poco se iban multiplicando. No lo podÃa creer. Cuando me di cuenta que estaban saliendo de mÃ, sabÃa que no era mi imaginación. Por eso me puse a rezar con toda mi fe lo poco que sabÃa. No puedo asegurar cuánto tiempo estuve luchando contra todo aquello. Tal vez horas, porque de pronto se abrió la puerta. Era el padre, acompañado de mi mamá, pude darme cuenta que se asustaron. Al verme el sacer cerdote, le pidió a mi mamá que saliera y cerrara la puerta. Cuando nos quedamos solos. Yo estaba muerto de miedo porque no sabÃa lo que me podÃa pasar. Cerré los ojos para que el padre me hiciera una oración que duró un largo rato. Quizá ya no habÃa nada maligno adentro, porque ya nada sucedió. Después que terminó de orar, me hizo en la frente la señal de la cruz con agua bendita. Aunque las ganas de vomitar habÃan desaparecido, el miedo no se me quitaba. A partir de ese dÃa. Fui a la iglesia durante nueve dÃas seguidos, donde varias personas se reunÃan alrededor de mà y me imponÃan las manos para hacerme oración de sanación. Aunque no es el mismo crucifijo que me regaló mi Madrina. Siendo un niño, nunca me he quitado este otro que me regaló el sacerdote, porque traerlo me hace sentir seguro y protegido todo el tiempo. Relato escrito y adaptado por Gato negro








