Una Niña Demonio Atacaba A Mi Hermana Historias De Terror - REDE

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La niña. Mi nombre es Carlos y tengo treinta y tres años. Soy originario del pueblo de Ameca y mis familiares. También la casa en la que vivimos perteneció a mis abuelos. Creo que ha sido parte de la herencia familiar, porque desde que tengo memoria, he vivido en esa casa cuando era pequeño, mis abuelos también vivÃan con nosotros. Ya era una casa antigua, muy grande, que tenÃa muchas habitaciones. Mis abuelos la hicieron asà porque fueron una familia numerosa. Incluso nuestra familia también era grande. Tengo cuatro hermanas y somos cinco hermanos en Ameca. Estudié hasta la preparatoria. Después tuve que trasladarme a Guadalajara para estudiar trabajo social. Fueron cuatro años de universidad. Durante ese tiempo creà que me gustarÃa la ciudad y me quedarÃa a vivir en ella, pero no fue asÃ. En cuanto termine la da licenciatura, me regresé de nuevo a mi pueblo con dificultad. Fui consiguiendo trabajo en un inicio. Tuve la inquietud de rentar una habitación para vivir aparte de mi familia, pero en ese tiempo aún no tenÃa los ingresos económicos suficientes y me regresé a vivir a la casa de mis padres. La habitación que me perteneció estaba ocupada por un primo que vivÃa con mis padres. HabÃa otras habitaciones desocupadas, pero elegà quedarme en la que fue la de mi hermana Clara. Por lo regular, la habitación de ella era una que nadie querÃa usar, porque pasaron acontecimientos extraños. La casa de mis padres no estaba en el centro de ameca. HabÃa que transitar por todo el pueblo para llegar a ella. Eso permitÃa que estuviéramos de cerca. Con la naturaleza. HabÃa un corral en la parte trasera de la casa y podÃamos salir al campo cerca. De ahà habÃa una presa a la que llegábamos caminando. Cuando mi hermana, Clara tenÃa ocho años, yo tenÃa doce. Ella dormÃa con otra de mis hermanas. Mis otras dos hermanas dormÃan en otra habitación. Me empecé a dar cuenta de que algo le sucedÃa. Clara porque una noche ella comenzó a gritar muy fuerte. El silencio. Se interrumpió por un grito que me dio miedo. Los primeros que llegaron al cuarto de Clara fueron mis padres. De inmediato atendieron a mi hermana. Ella estaba llorando y no podÃa decir lo que le sucedÃa. Le preguntaron a mi otra hermana qué habÃa ocurrido. Ella se limitó a encoger sus hombros con una cara de molestia porque la habÃan despertado. Yo me asomaba al cuarto para tratar de saber qué pasaba, pero todo estaba en orden. A excepción de que la veladora se habÃa caÃdo y habÃa cera por el piso. Mi mamá trató de tranquilizar a clara para que pudiera decir el motivo de su miedo. Ya que se calmó, comenzó a decir que una niña estaba en su cuarto. Era más o menos de la misma edad que ella traÃa un vestido de color azul cielo. Ya tenÃa tiempo que ella se aparecÃa en la habitación. En ocasiones sólo caminaba, abrÃa la puerta y se salÃa, pero esta vez no fue asÃ. La niña se acercó a su cama y le habló. Mientras clara contaba lo sucedido. De nuevo, le dio miedo y se puso a llorar. Ya no pudo decir qué más habÃa pasado. Mi mamá volteaba a ver a mi padre para ver qué iban a hacer con lo sucedido. Cuando ya pudieron calmar a Clara, la llevaron a su habitación para que durmiera con ellos. Al dÃa siguiente le pregunté a Clara que la asustó tanto, ya que mis otras hermanas le decÃan mentirosa. Me dijo que la niña incluso ya le habÃa dado regalos. Clara me mostró una peineta. Se veÃa que era antigua, porque las flores secas que tenÃa como adorno se veÃan viejas. Le pregunté si me podÃa quedar a dormir en su habitación. Ella me dijo que sÃ. Por la noche me quedé en su cama do dormido juntos, pero yo nunca vi a nadie. Ella me dijo que no todas las noches se le aparecÃa y que quizás era uno de esas. Me quedé durante una semana en su habitación, pero nunca pude ver a la niña. Mis padres fueron con el sacerdote de la parroquia para que fuera a bendecir la casa. El padre dijo unas oraciones al mismo tiempo que rociaba la casa con agua. Bendita le puso más atención al cuarto de Clara les dijo a mis padres que era necesario que todos nos acercáramos más a la iglesia. Era una manera de recibir la protección de Dios y habló sobre los sacramentos. Ese dÃa, mis padres lo invitaron a comer. No supe si en realidad sirvió todo lo que el sacerdote hizo. ParecÃa que habÃa funcionado, porque durante un tiempo clara ya no volvió a asustarse por la presencia de la niña. Sin embargo, después de varios años, cuando Clara era adolescente, la escuché platicar con mi hermana. Le decÃa que ella seguÃa viendo a la niña en la habitación, pero ya no quiso decirle a mis padres por qué lo que el sacerdote hizo no sirvió. La niña siguió yendo a visitarla. Nunca se comunicó con ella ni tampoco le quiso hacer daño, pero siempre le inquietó su presencia. Mientras escuchaba esa conversación con mis dos hermanas me encontraba escondido. Cuando salà de mi escondite, Clara saltó y echó un grito. Me dijo que le dio más miedo verme porque no se imaginaba que estuviera escuchando. Mis dos hermanas se enojaron y no quisieron seguir platicando. Siempre me quedé con la incertidumbre de quien era esa niña y por qué sólo se le aparecÃa a Clara. Con el paso del tiempo, todos crecimos y cada quien tomó rumbo distintos. Mi hermana Clara se casó y continuó viviendo en el pueblo. Su casa no quedaba cerca de la casa. Cuando regresé con mis padres después de estar en Guadalajara, mi habitación estaba ocupado por uno de mis primos. Ãl se habÃa venido de su pueblo a probar suerte. No me importó porque tenÃa la curiosidad de estar en la habitación de Clara, asà que le dije a mi madre que me quedarÃa en ese cuarto. A mi mamá se le hizo un poco raro. Lo noté por la expresión de su cara. Llevé mis pertenencias al cuarto de Clara. Desde el momento en que entré sentà la sensación de que alguien me observaba, pero creà que tenÃa esa predisposición a creer en algo sobrenatural, por lo que mi hermana, Clara decÃa cuando era pequeña, mientras acomodaba mis cosas, pude ver en el closet que aún habÃa vestidos de mis hermanas. También encontré aquella peineta que Clara me habÃa mostrado la saqué del closet y la puse en la cómoda. Esa noche estuvo tranquilo. No sucedió nada en absoluto. Asà pasaron varias semanas sin que viera el espÃritu de la niña, llegué a pensar que todo habÃa sido un invento de Clara y que no era cierto lo que ella decÃa. Conseguà un trabajo en la secretarÃa de Salud. HabÃa ocasiones en las que llegaba más tarde de mi horario normal. Ese dÃa habÃa tenido un dÃa complicado. Llegué a la casa, tomé un vaso con leche y me fui a descansar. La ventana del cuarto daba al corral Desde ahà podÃa ver el campo y los cerros llenos de árboles. El cielo estaba muy oscuro por la presencia de una tormenta. Antes de que me durmiera comenzó a llover muy fuerte. También hubo tormenta eléctrica a través de la ventana. VeÃa la forma en que el cielo se iluminaba por los relámpagos. Hubo un estruendo muy fuerte y en ese momento se fue la luz. No me importó, porque estaba a punto de quedarme dormido acostado sobre la cama. PodÃa ver lo fuerte de la lluvia. El cielo de nuevo se volvió a iluminar por un relámpago. En ese momento pude ver por unos instantes a una niña que se asomaba por la ventana. Me senté en la cama pensando que quizás me habÃa confundido afuera. Todo estaba en completa oscuridad, por lo que era casi imposible ver algo cuando otro relámpago iluminó la habitación. Ahà estaba ella con su cabello hasta los hombros y ojos grandes. No sabÃa qué hacer. Me quedé sentado sobre la cama. La niña estaba fuera de la habitación, pero tenÃa miedo de que ella entrara a mi cuarto. Me quedé sentado durante un rato sobre la cama. De pronto comencé a notar que la puerta comenzó a abrirse lentamente. Era como si ella no quisiera hacer ruido. Entró y se quedó parada. Viéndome no sabÃa qué hacer ni qué decir por el miedo que tuve. Lo único que se me ocurrió fue a acostarme y cubrirme con la cobija. Completamente. Creo que funcionó, porque me quedé durante unos minutos. AsÃ, después me destapé y ella ya habÃa desaparecido. Esa noche la pasé muy mal entré la tormenta que estuvo muy fuerte y la niña que se apareció dormà solo por ratos, porque tenÃa la sensación de que ella aún estaba presente, aunque no la pudiera ver. Al dÃa siguiente me fui a trabajar en mi horario normal. Debido a la carga laboral, me olvidé por completo de la aparición de la pequeña hasta que una compañera de trabajo me dijo que mi hermana habÃa ido a buscarme. En La primera persona que pensé fue en Clara. Le pregunté si me habÃa dejado algún mensaje. Me dijo que no salà de trabajar A las seis de la tarde. En vez de ir a mi casa. Me fui con mi hermana. Clara pude llegar sin problemas caminando. Cuando ella me vio me abrazó. TenÃa varios dÃas que habÃa regresado a Meca y a ella no la habÃa visto platicamos durante un buen rato. Clara pensó que habÃa ido a visitarla para saludarla. Cuando le pregunté para qué habÃa ido a buscarme al trabajo, ella me dijo que ni siquiera sabÃa en qué parte estaba trabajando. Estaba enterada que habÃa conseguido empleo, pero no supo los detalles y que ella no habÃa sido. Me confundà un poco cuando me dijo que ella no habÃa ido a preguntar por mà en el trabajo. TenÃa otras tres hermanas más, pero ellas no vivÃan en Ameca. Se habÃan ido a otros destinos después que se casaron. Por eso asumà que habÃa sido Clara la que me habÃa ido a buscar. Le conté a mi hermana lo que me habÃa sucedido la noche anterior. Le pedà una disculpa por no haberle creÃdo sobre la niña que aparecÃa en su habitación. Mi hermana tuvo un momento sensible, porque era la primera persona de la familia que le creÃa clara. Me contó con detalles las veces que llegó a ver a la pequeña. Me dijo que era una niña como de ocho o diez años. Era muy delgada, con cabello negro hasta los hombros y ojos muy grandes. Los dos coincidimos en la descripción de la pequeña. Al parecer, estaba exactamente igual que cuando ella la veÃa. Le dije a clara que era necesario hacer algo al respecto. No era posible que después de tanto tiempo, ella aún siguiera atrapada en nuestra casa. También le comenté mi duda sobre quién me habÃa buscado en el trabajo. Noté que Aclara no le importó el hecho de que alguien que dijo ser mi hermana habÃa preguntado por mà la noté ausente y preocupada, me despedà de ella y me fui a mi casa esa noche. No vi a la pequeña ni los siguientes dos dÃas. Siempre coincidÃa que cuando llovÃa la niña se aparecÃa durante esa noche de nuevo la vi pero en esta ocasión entró a mi habitación y se sentó a un lado de mi cama. No hizo nada más que estar ahà durante un rato. Quizás parezca sencillo escuchar el relato de que estaba presente, pero con la oscuridad de la noche, con la lluvia al exterior y los truenos, tuve miedo de que ella se acercara más. Encogà mis piernas para no tener ningún contacto con ella. La niña se quedó ahÃ. Después se levantó, abrió la puerta, se quedó viéndome por unos segundos. Al mismo tiempo tiempo sonrió y se marchó el sueño. Se me fue por completo. TenÃa la sensación de que en cualquier momento regresarÃa. No sucedió asÃ. Sin embargo, ya no pude descansar por la mañana. Le comenté a mi mamá lo que estaba pasando en la habitación de clara. A ella no le agradó que le dijera que yo también estaba viendo a la niña, porque noté que no me puso mucho interés medio evasivas y me cambió la conversación después que me pasó lo de esas noches. Ya no quise dormir en esa habitación. Mis cosas personales las dejé ahà para ya no tener que hacer más movimientos. Sólo por la noche me iba a otro de los cuartos a dormir. Sin embargo, sucedió lo que no habÃa pasado en tantos años. Creà que por el hecho de estar en otro lado la pequeña no se me aparecerÃa. Pensé que estaba destinada a estar en esa habitación, porque durante todo el tiempo en que Clara dijo que veÃa a la niña, ningún otro miembro de la familia pudo verla. Era por eso que dudamos de lo que decÃa. Después de dos semanas, estaba viendo una pelÃcula en la sala de la casa y noté que una sombra pasó por el pasillo. Creà que era alguno de mis padres, pero sabÃa que ellos se dormÃan muy temprano, porque se levantaban todos los dÃas. A las cinco de la mañana fui para ver de quién se trataba. Al fondo del pasillo. Estaba ella parada mientras sonreÃa. Apagué la televisión y me fui casi corriendo a mi cuarto. Pensé que era una manera de ya no verla. Aunque fue un pensamiento inocente, ella entró a mi habitación sin ningún problema. Esa noche la pasé muy mal. La niña estuvo ahà la mayor parte de la noche poco antes de que amaneciera ella. Se fue fue complicado tratar de hacer mi trabajo. Me sentÃa muy cansado en cuanto salà de la oficina. Me fui directo a la casa de Clara. Quizás con su ayuda podrÃa saber la causa de las apariciones de esa niña y, sobre todo, cómo asegurar que si fuera para siempre le platiqué a Clara lo que me habÃa sucedido. Ella se sorprendió. Me dijo que a ella sólo se le habÃa aparecido en su habitación. En otros lugares de la casa no habÃa ocurrido. Le pregunté si tenÃa alguna idea de cuál era el motivo por el que esa niña se aparecÃa en la casa. Ella me dijo que desconocÃa la razón, pero que tuviera en cuenta que la casa era muy antigua. Quizás alguno de nuestros padres sabrÃa el motivo. Me di cuenta que clara también la habÃa pasado muy mal, porque me contó que esa pequeña comenzó a hacerle daño. Ella me mostró algunas de las cicatrices que tenÃan partes de su cuerpo, principalmente en la espalda. Le pregunté cómo le habÃa sucedido eso. Ella me dijo que sólo la despertaba el dolor en la parte del cuerpo hasta que ya tenÃa la herida. La niña siempre la lastimaba. Cuando se encontraba dormida. Me fui de la casa de mi hermana. Hablé con mi madre, pero ella estaba muy hermética. No me quiso decir nada. Le pregunté a mi padre. Supuse que él sà conocÃa lo que habÃa sucedido, porque esa casa perteneció a sus padres. Mi papá Al darse cuenta de mi insistencia, me dijo que mi abuelo le habÃa contado de un accidente que tuvo cuando era pequeño. Su hermana menor habÃa muerto en el potrero. En aquella época no habÃa tanta medicina como ahora ni tampoco médicos ameca. En aquella época era un poblado muy pequeño. La hermana murió por la herida que se le infectó. Como no tenÃan los recursos suficientes para llevarla a la ciudad. Ella no duró mucho tiempo. La enterraron en una parte del terreno de la casa. Lo que mi padre me contó no se me hizo descabellado de alguna manera. Era una práctica común de aquella época. No fue la única persona que la enterraron en una parte de la casa. Mi padre me señaló una pequeña cruz que se encontraba en los lÃmites del lugar, nos acercamos a la tumba para hacerle una oración a aquella niña que perteneció a la familia. Los dos nos llevamos una sorpresa Cuando vimos la tierra removida. Se notaba que hacÃa poco tiempo habÃan hecho un pozo en ese lugar y escarbé para ver qué habÃa en el interior. Encontré una pata de gallina amarrada con un trozo de tela rojo, unas hierbas que ya estaban secas. Noté que tenÃan espinas. Iba a seguir escarbando porque creà que también el cuerpo de aquella niña habÃa sido profanado. No era una práctica en la que creÃa, pero en el pueblo era muy común que la mayorÃa de la gente pensara que todo era brujerÃa. Fui de nuevo con mi hermana Clara le dije cuál era la situación de esa pequeña. Ella no daba crédito que después de tanto tiempo nadie hubiera hecho algo al respecto. Clara. Me sugirió que fuera con la Curandera del Pueblo. Para que ella nos dijera que podÃamos hacer le pedà a mi hermana que me acompañara, porque era algo que no querÃa hacerlo solo nos fuimos juntos con Jacinta, la Curandera del Pueblo. Después que le explicamos todo lo sucedido, ella nos preguntó por qué habÃamos tardado tanto tiempo en hacer algo con ese cuerpo. Le respondimos que apenas nos enteramos de lo ocurrido. Jacinta, en ese momento hizo un ritual. Cuando terminó, nos dijo que tenÃa temor de que aquella aparición no fuera el espÃritu de la pequeña, sino un demonio, porque el maligno se valÃa de la imagen tierna de un niño o niña. Para lograr su cometido, añadió que la mayor parte de veces se trataba del mal. Jacinta nos acompañó al lugar para tratar de limpiar aquel espacio, pero nos dijo que eso iba a llevar tiempo. Le pregunté si era necesario hacer la exhumación y depositar el cadáver en un cementerio. Ella nos respondió que no habÃa para qué hacerlo. El problema no era porque habÃan puesto el cuerpo en ese lugar, sino porque alguien llevaba mucho tiempo haciendo el mal. Con la niña nos hizo una serie de preguntas para saber si si ese demonio nos habÃa hecho daño. Clara le mostró las cicatrices en la espalda y le dijimos que solamente aparecÃa en el cuarto de Clara. Sólo hasta hace pocos dÃas se atrevió a salir de él. Fue cuando busqué más información. Jacinta nos comentó que lo que le hizo a clara era para llamar su atención y que el maleficio no habÃa sido para nosotros, pero sà para otras personas. Continuó con cánticos al mismo tiempo que le tomaba un trago a una botella. Conservaba el contenido en su boca para después rociar el lugar. Asà lo hizo durante varias veces. Depositó una pequeña bolsa de tela al interior. Llevaba sal bendita y exorcizada. Nos dijo que no nos asustáramos si en esos dÃas el espÃritu de esa niña o lo que sea que fuera hiciera cosas distintas era normal. Después que Jacinta terminó con el ritual, nos fuimos a la casa. Los dos querÃamos darnos cuenta si algo habÃa cambiado en la casa. Nos fuimos da directamente al que era cuarto de clara. Sin embargo, todos se encontraba normal asà que clara se fue a su casa en la noche. No me quise ir a dormir a esa habitación. Preferà quedarme en la sala. En la madrugada me despertaron ruidos en ese cuarto se escuchaba que se caÃan objetos. Abrà la puerta y me encontré con un desastre. Todo estaba tirado en el suelo, las ventanas estaban rotas. Cerré la puerta con llave y ya no quise entrar. Durante más de dos horas se siguieron oyendo objetos que caÃan y se rompÃan casi al amanecer. Todo quedó en silencio. No quise ni abrir la puerta. Al dÃa siguiente fui con Jacinta de nuevo. Ella me explicó que era normal. El demonio se rehusaba a irse de ese lugar. Pero si en todo ese tiempo que vivió ahà no nos dañó, ya no lo harÃa. En poco tiempo se iba a ir de ese cuarto, como si las palabras de Doña Jacinta fueron pron Después todo quedó en calma. Ya no volvieron a escucharse ruidos en esa habitación, pero tampoco quise regresar a dormir a ella. A partir de aquella vez ya no volvà a ver a la niña, pero tampoco entré a ver si encontraba algo distinto. Creemos que se terminó la presencia de esa niña. De cualquier manera, reconocemos aquel lugar en el que fue enterrada la pequeña como su tumba. Con frecuencia le llevo flores relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas








