Jan. 2, 2024

Una Bruja Quería Que Venerara Al Diablo Historias De Terror - REDE

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El ángel más viejo. En mil novecientos cuarenta y cuatro ya contaba con ocho años de edad. Vivía solamente con mi mamá. Aunque nací en unas rancherías muy cerca de Saltillo, Coahuila, siempre me he considerado de esa ciudad siendo muy humildes. Vivíamos en unas casas de adobe donde en ocasiones llegamos a pasar hambre. Por eso, desde muy niño anduve por las calles vendiendo galletas o pan que hacía mi mamá. Cabe mencionar que las galletas eran para vender, no para comérnoslas nosotros. Entonces eso se convertía en un doble sufrimiento. Aparte de cargar la canasta y caminar parte del día iba oliendo su delicioso aroma. Eso provocaba que sintiera más hambre. En una ocasión que caminé más lejos de lo habitual, conocí a una señora ya muy grande de edad, aunque vivía en condiciones precarias. Le ofrecí las galletas. Cuando me miró, noté lo paco de sus ojos. Eran como si estuvieran a punto de apagarse en ese momento. No me fijé en su aspecto ni en su forma de vestir, pero sí me llamó la atención. Su voz hablaba muy ronca y en ocasiones demasiado despacio. Observó mis pies descalzos, tal vez hasta mi desnutrición. Cuestionó el que anduviera solo por las calles. Después volteó para todos lados como cerciorándose de que no hubiera nadie mirándonos. Tenía dos perros enormes que no se cansaban de olerme. Después de unos segundos se alejaron como probando que yo me acercara a la señora Sabían que no representaba ningún peligro para ella. Me pidió que la acompañara dentro de su humilde vivienda y así lo hice sin miedo ni preocupación. Me compró dos galletas. Me preguntó si ya había comido, a lo que contesté que no. Con un movimiento de mi cabeza, me sentó a su mesa y me sirvió un té muy levemente. Recuerdo que era de canela. Mientras comía amor, me comenzó a contar que tenía muchos años viviendo sola, pero que un ángel se encargaba de cuidarla. Yo apenas la escuchaba. Volteaba para todas partes porque su casa era extraña. Demasiado sombría y hacía frío ahí dentro en la inocencia que me daban mis ocho años. No me preocupé demasiado que en uno de los oscuros cuartos tuviera un altar con una figura extraña muy grande. No alcanzaba a distinguirla bien, pero podía ver las lucecitas de muchas veladoras. Además, el olor a incienso y será quemada llegaba hasta donde estábamos sentados. También miraba a los perros a actuar de rara manera, hasta parecía que se secreteaban. Luego volteaban a mirarme, aunque tenía una manta en lugar de puerta. Nunca hicieron el intento por meterse. Rápidamente. Terminé mi galleta y el té le di. Las gracias a la señora con su voz ronca pero apagada. Me dijo que volviera al día siguiente para comprarme otra vez. Me detuve un momento porque a los perros antes de irme me dijo que le diría al ángel que me cuidara. Me retiré mirando bien el camino para poder regresar al otro día y me comprara galletas, aunque le platiqué a mi mamá sobre esa. Señora, no me hizo mucho caso porque estaba ocupada en sus cosas. Sólo me advirtió que no me fuera muy lejos y que le dijera que a mí ya me cuidaba mi ángel de la guarda esa ocasión se escucharon cosas raras gran parte de la noche anduvieron caminando alrededor de la casa. No teníamos ni perros ni gatos que hicieran esos ruidos. Más de una vez se escuchó como si alguien muy pesado brincara en el techo. Ya por la mañana le pregunté a mi mamá si se había dado cuenta de todo aquello, a lo que me respondió que no. Me preparó la canasta con las galletas y salí a vender como siempre. Como a las nueve de la mañana me fui de nuevo a esa casa. Ya me estaba esperando a aquella. Señora. En ese momento no me di cuenta que su semblante había cambiado. Hasta un poco más tarde, la miré directo a los ojos. Así pude notar un brillo que el día anterior no tenía la sentí con ánimo hasta parecía más ligera. Me platicó que el ángel había visitado la noche anterior le regaló otros ojos y fuerzas para poder seguir viviendo ella. Como agradecimiento. También le ofreció algo, pero no me dijo que me volvió a decir que a ella la cuidaba a ese ángel y aunque éste era muy viejo, porque era de los primeros que había creado Dios, tenía mucho poder. Me aseguró que por las noches se le aparecía para platicar durante horas. Además, le enseñaba muchas cosas, entre ellas cómo hacer magia, también como atender a las personas enfermas para que no murieran muchas cosas más. Cuando ese ángel la tocaba con sus manos, le quitaba cualquier dolor que tuviera. Se le iba el sueño, el hambre, el cansancio y la sed Además, le ayudaba a mirar en la oscuridad entusiasmada. Me dijo me prometió que un día vendría por mí, pero todavía no sé cuándo. Esa fue la primera vez que la miré. Sonreír haciendo una seña con su dedo me dijo que no dijera nada, porque a el ángel no cualquiera lo podía ver. Ya le hablé de ti y me dijo que si tú quieres, también se te puede aparecer para ayudarte. Habló en voz baja mientras sonreía. De nuevo estaba a punto de decir que sí, y cuando de afuera le gritó una persona que la buscaba. Así me enteré que se llamaba Josefina porque nunca me había dicho su nombre. Se levantó de la mesa para hablar con ella y para calmar a los perros que no dejaban de ladrar. Yo aún no me terminaba mi té Por eso me quedé sentado. Desde ahí pude escuchar que era una señora la que le pidió ayuda. Solicitaba una amarre En ese momento no entendí lo que era eso. Hoy sé que es un trabajo negro de Brujería. Entraron a la casa. La señora me dijo que volviera mañana porque se iba a ocupar. Me terminé mi galleta antes de salirme de tu vida un momento porque los perros me estaban esperando afuera. Todavía recuerdo sus ojos parecían de seres humanos. Doña Josefina me dijo que saliera sin miedo porque los perros no me harían nada, además que recordara que el Ángel iría detrás de mí para cuidarme. Después de caminar unos metros me habló una señora joven. Me advirtió que no me anduviera metiendo en la casa de doña Josefina, porque era bien sabido ahí en la colonia que era una bruja. Esa señora hace maldades por las noches, se le aparece el diablo para bañarla con lumbre. A veces se quita las tripas, se pone ojos de gato y sale a robar niños para comérselos. La miré un momento. Luego me retiré sin decir nada. No creí que eso fuera verdad, porque pensé un poco que una bruja la iba a visitar un ángel como la señora Josefina me había dicho. Mientras me alejaba, aquella joven señora me decía que no volviera porque un día me iba a arrepentir. Tal vez no entiendas, pero esa bruja tiene pacto con el diablo y necesita almas de niños para ofrecérselas al maligno. Esa noche en mi casa me sentía extraño. Quizá fue la primera vez que sentí verdadero miedo, pero lo raro era que ni siquiera entendía el por qué Me pasaba eso ya muy de madrugada desperté porque escuché un ruido. Recuerdo que estaba boca abajo. Cuando me volteé miré que alguien estaba parado en el cuarto donde dormía mi mamá. Era una silueta muy negra que se confundía con la oscuridad. Pensé que era ella, pero después me di cuenta que esta figura era más alta. Además, algo traía en la cabeza, quizá unos cuernos. Ni siquiera me atreví a preguntarle si era a ella. Era evidente que no. De pronto abrió unas alas negras que tenía y le brillaron los ojos. En ese momento me tapé con la colcha para no verlo. Lo primero que se me vino a la mente fue el ángel que se le aparecía a la señora Josefina y que quería visitarme, Pero lo que estaba ahí me producía un miedo tan terrible como paralizante. Aunque no escuchaba nada, sabía que estaba ahí. Lo podía sentir Solamente lo había visto unos segundos, pero me bastaban para saber que eso no era un ángel. Aunque tuviera alas, no sé cuánto tiempo estuve así. Me llevé un tremendo susto. Cuando mi mamá me movió para despertarme, me quité la colcha temeroso de lo que pudiera encontrar. Para mi buena suerte, esa cosa ya no estaba como pude. Le conté a mi mamá lo que había visto. Le describí esa horrenda figura con alas y cuernos. Por supuesto, no me creyó. Me dijo que no fuera tan fantasioso. Seguramente estaba soñando ese día. Mi mamá no me mandó a vender porque me notó temeroso y desvelado. Además, alguien que no supe quién le había regalado una despensa. Esa vez comimos como hacía mucho tiempo, no lo hacíamos extrañamente. Tenía la necesidad de ir a ver a la señora Josefina. Parecía que me llamaba desde su casa. No le dije a mi mamá, pero extrañaba el té que me daba. Pero sobre todo hablar con ella. Cuando se aproximaba la noche de nueva cuenta, me sentí inquieto. Presentía que ese espantoso ser se me aparecería. Por eso le pedí a mi mamá que me dejara dormir en su cuarto. Como la vez anterior, desperté a mitad de la noche porque sentía una fuerte mirada al voltear ahí estaba esa horrenda figura. Parecía una densa sombra sin definir lo que en realidad era. Yo empezaba a sospechar que no era ningún ángel. Era el diablo como pasaba el tiempo y no desaparecía. Quise hablarle a mi mamá, pero no me salían las palabras. No podía dejar de ver a esa figura que le brillaban unos alargados ojos y las alas estaban larguísimas. Cuando por fin pude moverme desperté a mi mamá llorando, le dije lo que estaba ahí parado ella tratando de calmarme me abrazaba, asegurándome que no había nada. Seguramente lo estaba imaginando. Me tranquilicé un poco hasta que aquella cierra siniestra figura desapareció así de la nada. En ese momento mi mamá me hizo preguntas sobre Doña Josefina. Yo le platiqué todo lo que pude recordar de ella y de lo que me dijo la otra señora la que aseguraba que era una bruja. Después de escucharme, me prohibió que volviera a visitar a esa señora porque, a lo mejor, si era una bruja en ese momento dije que sí, pero por alguna extraña razón, seguía teniendo una necesidad de ir a verla al siguiente día. Desobedeciendo a mi mamá la visité, me preguntó muy seria si lo había visto. Como no le contesté, me dijo lo que miraste anoche es el ángel de ahora en adelante te visitará como a mí no le tengas miedo. Él les va a ayudar a TI y a tu mamá. De hecho, fue él quien les llevó la despensa. No me atreví a decirle que yo pensaba que era el diablo que me producía terror, Como me sentía muy a gusto con ella. Le dije que estaba bien, aunque por dentro temblaba de miedo apartir ir de ahí esa figura oscura se me aparecía todas las noches. No me hacía nada, ni siquiera me hablaba. No le dije a mi mamá que lo veía, porque ella, por alguna razón, no lo podía ver. Por lo mismo, no me creía. La verdad era que ya no estábamos tan mal, Comíamos mejor. Ya no andaba descalzo. Yo seguía vendiéndole galletas a la señora Josefina sin que mi mamá lo supiera. Habían pasado como tres semanas. Cuando un día la señora Josefina me pidió que le ayudara con algo, se ofreció a comprarme todas las galletas para que me quedara a auxiliarla, porque tenía que atender a una persona con una rara enfermedad. Accedía a quedarme platicamos un rato como a media mañana llegaron tres personas. Una de ellas se miraba extraña. Era evidente que era la enferma porque estaba en los puros huesos con los ojos saltones. Miraba para todas partes como buscando algo de su boca. Escurría saliva. Prácticamente no tenía cabello. Además, solía muy ir mal a los segundos. Le demostró miedo a la señora Josefina le gritó en repetidas ocasiones que no se le acercara. Yo estaba impresionado por el aspecto y el comportamiento que tenía la señora enferma. Me hice para un rincón a ver lo que sucedía. Doña Josefina, le pidió a los familiares que le ayudaran para sujetarla. La acostaron sobre la mesa. La señora Josefina pasaba sus manos por encima del cuerpo de aquella señora, pero sin tocarla mientras las personas sujetaban a la enferma de pies y manos. De vez en cuando me pedía que le diera algunas hierbas, y esa fue toda mi ayuda. Qué más podía hacer. Era sólo un niño. No recuerdo las palabras textuales, pero hablaban de quitar un embrujo. Sería un trabajo especial porque era tan fuerte el mal que estaba pronta a morir. La barrió con huevo negro como de gallina. Luego le rezó por largo tiempo. Cuando terminó con ella, se la tuvieron que llevar cargada entre las dos personas porque no podía mantenerse en pie. Después de que se fueron algo se quedó en el ambiente como si hubiera dejado parte de su enfermedad flotando en el aire. Luego la señora Josefina hizo unos rituales con mucho humo para neutralizar todo aquello. Antes de mediodía me compró todas las galletas. Asustado por lo que había visto, pero contento porque había vendido todas las galletas. Me fui de prisa para mi casa. Los siguientes días así fueron llegaban personas para ser atendidas de diferentes cosas, algunas de ellas perturbadoras. En ocasiones eran tan terribles los gritos que me paralizaba del miedo que eso me producía. Pero doña Josefina, que para ese entonces todavía no la consideraba una bruja, me hablaba fuerte para que reaccionara. Ya empezaba a conocer los nombres de las muchas plantas que utilizaba para sus trabajos e incluso para lo que servían. En una ocasión llevaron un niño de mi edad decía que escuchaba voces dentro de su cabeza. Lo llevaban amarrado de las manos porque él sólo se rasguñaba o intentaba agredir a las personas, entre varios. Lo sujetamos mientras Doña Josefina a la fuerza le metía unas hierbas en la boca. Luego le apretó tan fuerte el estómago que lo hizo vomitar. Al hacerlo arrojó cabellos y moscas. Cosas como esas sucedían todos los días. Poco a poco me iba acostumbrando a mirar todo tipo de cosas, algunas más atroces que otras, pero todas aterradoras. Lo bueno era que ya no andaba en las calles vendiendo galletas sin que supiera a mi mamá le ayudaba a la bruja Josefina, como le decían muchos de sus vecinos. Así pasaron muchos días. Aquella figura oscura, la que la señora me aseguraba que era su ángel. Se me aparecía todas las noches. El temor que me producía me provocaba tenerle miedo a la oscuridad, así como estar solo en mi cuarto. En una ocasión que estaba en la casa de la Bruja, me dijo que ya era tiempo que conociera el ángel me llevó frente al altar. Cuando miré la imagen que ahí tenía, me di cuenta que era un ser horrible con alas y cuernos como el que se aparecía todas las noches en mi casa. Quise correr porque yo sabía que era el diablo, pero la señora Josefina me agarró del brazo. No te asustes. Me dijo así como lo ves. Es un ángel creado por Dios también tiene mucho poder. Era la misma macabra figura que miraba por las noches, sólo que ahí, siendo de día, lo pude ver bien como en realidad era. Tenía un rostro deforme y arrugado de piel oscura con unas enormes orejas. Los dedos de sus manos huesudas eran largos y terminaban en picudas uñas. Sus negras alas estaban rotas y despedía un olor horrible que la señora Josefina trataba de ocultar prendiendo inciensos de diferentes aromas. Se miraba grotesco porque estaba desnudo. Pero lo peor de todo era el aspecto tan terrible que tenía parecía hambriento. Sus ojos a simple vista eran verdaderos. Estaban totalmente negros, aunque en ocasiones le brillaban. Despedían un odio que nunca había visto en ninguna persona. Sin soltarme del brazo, la bruja me dijo que su nombre era lucifer A. Ella le daba todo lo que le pidiera. A mí también me lo podía dar. Solamente tenía que decir que sí. Él. Desde ese momento sería mi dueño y nada me faltaría. Le contesté lo que me había dicho mi mamá que a mí ya me cuidaba el ángel de la guarda me miró con desagrado. Me preguntó que cuántas veces lo había visto y en qué me había ayudado. No supe qué decirle. Solamente la miraba asustado. Me aseguró que el ángel Lucifer me quería dar toda su sabiduría, porque ella pronto caería en un sueño eterno y necesitaba que alguien como yo se fuera preparando para ocupar su lugar. Mi conciencia no me daba para entender lo que me pedía. Quería salir corriendo de ahí y no volver jamás, pero una fuerza invisible me tenía clavado en el piso Me dio la última oportunidad. Al día siguiente tendría que aceptarlo como señor o retirarme para siempre. Tendría que elegir seguir viviendo bien o regresar a la pobreza extrema. Ese día llegué a mi casa sintiéndome atrapado. Le tuve que confesar a mi mamá todo lo que me estaba pasando y lo que estaba a punto de hacer. Primeramente me dio la regañada de mi vida y por estarle ocultando que, en lugar de vender le ayudaba a la bruja de mil formas, me explicó en el peligro que estaba a gritos. Me dijo que no iría más. Cuando cayó la noche, sabía que el diablo se iba a hacer presente. Por eso, antes de dormir, nos pusimos a rezar. No sé cuántas horas, porque lo hicimos hasta que me quedé dormido en un momento que desperté. Mi madre seguía rezando en voz alta, se escuchaba nerviosa, le temblaba la voz y en ocasiones se le olvidaban los rezos y decía otras palabras que no eran. Volteé hacia donde siempre aparecía esa figura y ahí estaba ya. No era totalmente oscuro. Podía notar sus facciones tenebrosas. Tenía una expresión de decepción en lo arrugado de su cara. Le señalé a mi mamá en lugar donde estaba ese ser horrible y aunque pareciera que no lo miraba, temblaba de miedo con el rosario en sus manos no dejaba de rezar. La razón era el ambiente. Hasta el día de hoy no puedo explicar lo que se sentía. Se podía respirar el miedo. Estoy seguro que era eso lo que tenía a mi mamá tan nerviosa. Aún siendo un niño, me arrepentí muchas veces de lo que inocentemente había hecho, porque pasaban los segundos y esa horrible figura no desaparecía. También yo me puse a rezar como pude en mi ignorancia, le pedía a Dios que se llevara a su ángel y que nunca regresara. Aunque volviéramos a sentir hambre, recuerdo que me abracé de mi mamá cerré los ojos repitiendo infinidad de veces mi deseo que desapareciera esa figura que tanto miedo me daba. Llegó el momento que pensé que nunca se iría. Pero cuando mi mamá dejó de rezar los abrí de nuevo. Para mi sorpresa ya no estaba todo aquello. Se dejó de percibir. Mi mamá también lo sintió. Al instante Me preguntó si todavía lo miraba, lo busqué por todas partes entre la oscuridad del cuarto. Por unos minutos nos quedamos ahí y pronto amaneció por la incertidumbre de no saber si se había ido para siempre o había desaparecido porque se hizo de día un rato. Después nos fuimos para la iglesia. Mi mamá habló con el padre, quien me hizo una oración. Ahí, en ese momento, sin testigos, sin hacer papeleo, como se hace ahora, me bautizaron, dejamos la casa de Saltillo y nos fuimos a vivir a Derramadero, ahí donde yo había nacido. Mi mamá tenía gente conocida que nos ayudaron como ellos pudieron para que tuviéramos donde habitar aún viviendo tan lejos de la bruja. Josefina por las mañanas escuchaba que me hablaba y hasta el día de hoy extraño el té que me tomaba junto a mi galleta, aunque jamás volví a ver a ese ángel horrible hasta la fecha. Recuerdo su imagen. Nunca lo podré olvidar como esto me ocurrió siendo muy niño. La mayoría de la gente no me cree que le ayudaba a una bruja y que miré al diablo relato escrito y adaptado por gato negro