Nov. 3, 2023

Una Bruja Le Quitó La Vida A Mi Abuelo Historias De Terror - REDE

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Una bruja vive en mi casa. Los recuerdos que tengo de mi infancia son en la casa que fue de mis padres, ubicada en la calle Atenas, en la colonia americana. Ahí crecí al lado de ellos, de mis abuelos y mi hermana. Era una casa grande, antigua y muy bonita, sobre todo porque tenía una alberca. Esta casa perteneció a mis abuelos maternos, por lo que sus paredes guardaban muchos recuerdos, ya que en ellas estaban las fotografías de ellos cuando se casaron, así como una foto de mi abuelo Fernando con su traje de militar, porque él fue soldado durante la Revolución. La casa tenía tres habitaciones y una adicional para el personal del servicio. Mi abuelo Fernando tenía otra casa cerca en el lago de Chapala. Junto con mi abuela, vivieron un tiempo ahí, pero cuando fueron mayores se regresaron a la casa de Atenas. Ellos ocupaban una habitación, otra era para mis padres y la última para mi hermana y para mí. Había una señora que le ayudaba a mi mamá, con los quehaceres de la casa venía de lunes a viernes. Durante el día, ella se llamaba Lucía. Después que enfermó mi abuelo Fernando, mi mamá le pidió a Lucía que se quedara a dormir porque mi abuelo necesitaba de asistencia. La mayor parte del tiempo. No eran actividades pesadas, pero que implicaban mucho tiempo. Cómo bañarlo, darle de comer, llevar el control y horario de sus medicamentos, sacarlo a pasear al jardín, leerle un libro. Como mi madre trabajaba casi todo el día, no lo podía cuidar. Además, mi abuela también sufría los estragos del tiempo. Por eso ella ya no estaba en condiciones de cuidar a mi abuelo, Fernando de Lucía se sabía muy poco sólo que era viuda y sus hijos ya no vivían a su lado, por por lo que no fue urda complicado que ella se quedara más tiempo en la casa. El servicio que cotidianamente hacía Lucía era el de mantener limpia la casa y hacer de comer. Mi mamá se encargaba de lavar y planchar la ropa. Lucía era una persona callada y amable. Nunca nos trató mal, pero cuando empezó a quedarse a dormir en la casa, noté conductas extrañas en ella. Por lo regular se quedaba en la habitación del abuelo, aunque había días en los que él se sentía mejor y Lucía se iba a la habitación del servicio. En una ocasión estaba jugando escondidas con mi hermana Fabiola. Casi se terminaba el conteo del juego. Sin dudarlo, entré al cuarto de Lucía. No le tomé importancia a las cosas que habían dentro del cuarto. Me escondí debajo de la cama encontré algo que me picó en la pierna. Había un amarrado de espinas, un ramillete de hierbas secas y un muñeco muy extraño. Sin pensarlo, lo metí en la bolsa de mi vestido y me lo llevé. Seguía jugando con mi hermana y me olvidé del objeto encontrado. En aquel tiempo tenía diez años y mi hermana Fabiola ocho, por lo que antes de las diez de la noche nos íbamos a descansar una noche. Estaba durmiendo profundamente. Cuando escuché un ruido dentro del clóset como estaba tan cansada, no le tomé importancia. Sin embargo, los sonidos continuaron pensé en hablarle a mi mamá, pero no lo hice porque los ruidos dejaron de escucharse. En la mañana que me levanté para prepararme para ir a la escuela, encontré ropa que tenía colgada dentro del closet tirada en el piso. Comencé a levantarla y encontré el muñequito que había guardado en la bolsa de mi vestido hasta ese momento. Me acordé de él. No supe cómo había llegado hasta ese lugar. Lo levanté y lo puse sobre la cómoda Faby. Me preguntó de dónde lo había sacado. Le platiqué que lo encontré en el cuarto de Lucía. Ella me dijo que anteriormente, cuando Lucía iba durante el día a hacer el aseo a ella le gustaba verla en la casa, pero cuando comenzó a quedarse a dormir ya le daba miedo. Le pregunté por qué tenía ese temor. Creo que Faby no supo explicarme lo que realmente me quería decir, porque sólo me respondió que le daba miedo cuando caminaba por la noche. Quise preguntarle más detalles de lo que notaba en Lucía, pero mi mamá nos habló para que bajáramos a desayunar e irnos a la escuela. Mientras tomábamos nuestro licuado, Lucía entró al comedor. Era la primera vez que la veía enojada. Mi mamá se fue a la cochera a calentar el auto. Lucía me tomó del cuello de mi uniforme. Me dijo que le devolviera lo que le pertenecía. No tenía derecho a meterme en sus cosas. Me miró con tanta ira que me dio miedo tartamudeando le respondí que cuando regresara de la primaria, le devolvería a su muñeco. Sus palabras fueron un tanto amenazantes. De repente entró mi madre y Lucía se hizo la vida disimulada como si me estuviera acomodando el cuello. Mi madre ni siquiera se dio cuenta de lo que había pasado. Mi mamá le dijo a Lucía que cuidara muy bien de sus padres cualquier contratiempo que tuviera con ellos. No dudara en hablarle por teléfono. Ese día, en cuanto regresé de la escuela, me fui directo a mi habitación para regresarle a Lucía. A su muñeco no entendía por qué le importaba tanto si estaba muy feo. Fui con ella y se lo entregué ofreciéndole una disculpa. Le dije que jamás volvería a tomarle nada de su cuarto. Era la última vez que lo hacía. Ella puso su cara muy cerca de la mía. Me dijo que más valía que no lo volviera a hacer, porque entonces me sucederían cosas que no me iban a gustar. No le quise decir nada a mi mamá, porque sabía que también me iba a regañar por tomar cosas que no me pertenecían, Así que preferí quedarme callada solo. Fabi vio cuando ella me habló de esa manera, pero creo que ella también se asustó porque no dijo nada. Los siguientes días, mi abuelo empezó a ponerse peor de su enfermedad. Había noches en las que escuchaba cuando Lucía andaba por el pasillo corriendo para poder asistir a mi abuelo con rapidez. En una de esas veces me levanté porque comencé a escuchar movimientos en la cocina, se caían los trastes y había mucho ruido. Cuando entré en la cocina no había nadie, sólo varios platos rotos sobre el piso. De pronto sentí que alguien respiraba detrás de mí. Me volteé de inmediato, pero no había nadie aún así. Tenía la sensación de que alguien se encontraba en la cocina. No me quise quedar por más tiempo, por lo que me fui de inmediato a mi cuarto y me metí entre las cobijas. Me cubrí por completo hasta la cabeza. Hice tanto ruido que Faby despertó. Me dijo que ya no le estuviera quitando la cobija si no tenía sueño, al menos la dejara dormir fa de inmediatos. Se volvió a quedar dormida. Ella siempre se dormía profundamente. Me quedé durante un rato despierta. De repente, la puerta comenzó a abrirse lentamente. Pensé que se iba a aparecer a alguien, pero los pasos apresurados de mi madre detuvieron la puerta que comenzaba a Abrirse fue una noche complicada porque escuché que todos estaban despiertos. Casi no pude dormir la mayor parte del tiempo. La pasé en vela por la mañana. Cuando me levanté todos estaban despiertos. Mi madre se acercó conmigo. Me dijo que mi abuelo había muerto. La noche anterior ya le habían hablado al médico para que extendiera el certificado de defunción. Estaban esperando que llegara para poder comenzar con los trámites del funeral. Le pedí a mi madre que me permitiera ver a mi abuelo por última vez. Ella me dijo que era mejor que me quedara con el recuerdo que tenía de él. No sé por qué motivo. Me dio mucha curiosidad ver a mi abuelo. Esperé un r descuido por parte de mis padres y de Lucía para poder entrar a la habitación con cautela. Abrí la puerta del cuarto de mis abuelos él yacía sobre la cama. Daba la apariencia de que estaba dormido. Sólo tenía una gran palidez. Sin pensarlo lo tomé de su mano. Aún estaba tibia. No pude sentir ni pensar nada. Sólo lo miraba absorta sin entender lo que significaba la muerte. Nuevamente empecé a sentir que alguien estaba dentro de la habitación. Era una sensación extraña. Miré alrededor sin encontrar a nadie. No me pude quedar por más tiempo. Me salí de inmediato del cuarto de mi abuelo. Cuando abrí la puerta, choqué con Lucía. Ella llevaba una veladora encendida y el muñeco que me había encontrado en su habitación. Lucía me dijo con su dedo que guardara silencio puso la veladora en el piso a los pies de mi abuelo. El muñeco lo metió debajo de la cama. No en ndo por qué ella hizo eso. Sólo me limité a salir y guardar el silencio que lucía me pedía. Escuché voces en la sala. El médico había llegado. Todos se fueron a la habitación de mi abuelo. Vi que Fabilla se había levantado. Ella me preguntó qué estaba sucediendo. Sin más preámbulo. Le dije que el abuelo había muerto. Fabiy no dijo nada. Se limitó a verme. Las dos nos quedamos sentadas en la sala. Encendí la tele para distraernos mientras pasaban un programa de caricaturas. Sentí Cuando alguien se sentó a mi lado, lo noté porque se hundió el sillón. Me levanté como resortera. Ahí continuaba el hueco en el cojín del sillón. Fabby me preguntó por qué me había asustado. Le dije que alguien se había sentado a mi lado. Ella me respondió que era el abuelo. Desde un día antes él había ido a despedirse de ella. Le dijo que la quería mucho y que siempre estaría con nosotras cuidándonos porque nos quería mucho, que no nos preocupáramos si se moría. Él nos acompañaría siempre. Cuando escuché las palabras que Faby me dijo ni siquiera se me ocurrió pensar que todo era producto de su imaginación infantil. Más bien corroboré que ella también lo había visto y que aquella sensación que tenía de que alguien estaba conmigo, lo más seguro era que se trataba de mi abuelo. Sin siquiera pensar en lo incongruente de esa idea, me quedé tranquila pensando que sólo se trataba de él. Después que el médico se marchó, mi padre empezó los trámites para que vinieran a recoger el cuerpo de mi abuelo. Mi madre estaba desconsolada llorando, mientras que mi abuela estaba muy tranquila. Ella era la que trataba de darle ánimos. A mi madre le dijo que no se pusiera triste. El abuelo no se había ido, estaba con nosotras. Él le había dicho que siempre nos iba a cuidar. Después que escuché a la abuela, me di cuenta que no sólo nosotras lo percibíamos, sino que también o ella u n n n o s u s o n or. De dos horas llegó el servicio funerario para llevarse el cuerpo del abuelo. Hasta ese momento sentí una sensación que me oprimía el pecho. No tenía la menor idea por qué experimentaba eso pero me quedó durante varios días. Cuando crecí, me di cuenta que era por la ausencia del abuelo. Mi abuela estaba sentada en la sala muy tranquila, como si nada hubiera ocurrido. De repente se volteaba para platicar con alguien. En otras ocasiones se sonreía como si le hubieran platicado algo divertido. No entendía la enfermedad que tenía la abuela. Sólo sabía que su mente ya no estaba muy bien. Por ese motivo creía que todo era producto de su imaginación. Pero hubo un momento en que me dijo que el abuelo se encontraba a mi lado. Me volteé asustada. No pude creer lo que estaba viendo. Era su silueta dibujada en la pared por el efecto que producía la luz del foco en la pared había una sombra era idéntica al abuelo. Me retiré del lugar espantada. Mis padres no estaban andaban resolviendo asuntos legales para poder sepultar al abuelo. Miré a Lucía con miedo. Ella sólo se sonrió. Me dio la impresión de que ella sí sabía lo que estaba ocurriendo. Ya no quise entrar al cuarto del abuelo. Me fui a mi habitación con Faby. Trataba de no pensar en nada ni de estar cerca de Lucía, porque a partir de que el abuelo murió, la noté distinta. Su mirada se había transformado después de un rato. Escuché cuando mis padres llegaron, corría a abrazar a mi madre. Quería decirle lo que estaba sucediendo, pero no sabía cómo hacerlo, porque ni siquiera lo entendía. Sólo me quedé un instante en sus brazos. Mi mamá me dijo que me preparara porque nos íbamos a ir a la funeraria. Me preguntó si tenía algo que decirle respecto a la muerte de mi abuelo. Le respondí que no. Me dijo qué tipo de ropa. Me pusiera que lo hiciera lo más pronto posible, igual que la apoyara con Faby para que se cambiara, porque en pocos minutos nos iríamos a velar al abuelo. A mi mamá le afectó mucho la muerte de su papá. Se le notaba lo triste que estaba intentaba estar cerca de ella, pero llegaba gente a darle las condolencias, por lo que prefería apartarme a un lugar más tranquilo. La funeraria estaba muy grande. Tenía una sala grande con sillones, una cafetería y un pasillo largo que conducía a otra de las alas funerarias. En medio estaban los baños. Junto con fab empezamos a caminar por todo el lugar. Había elevadores que nos llevaban a los distintos pisos, nos subimos y apretamos uno de los botones al azar. Cuando se abrieron las puertas del elevador, estábamos en la parte más alta de la funeraria. Estaba compuesto por dos salones enormes que también servían para velar a los muertos. Fabiy no se quería bajar del elevador. Me me dijo que mejor nos regresáramos con nuestros padres. Le dije que no pasaría nada, Sólo íbamos a explorar el lugar enseguida. Nos bajaríamos, caminamos entre las alas. Cada una de ellas tenía una habitación pequeña con dos camas individuales, para que, en caso de que el doliente estuviera muy agotado, pudiera descansar un poco. Al abrir la puerta de uno de los cuartos, nos sorprendimos de ver a Lucía en uno de ellos. Ella estaba hincada rezando en voz baja, por lo que no pude entender lo que decía, pero me llamó la atención ver que tenía entre sus manos aquel muñeco feo. Ella de inmediato se incorporó, escondió el muñeco me dijo que no deberíamos estar ahí y que recordara que debía de guardar silencio, porque si no lo hacía, me iba a suceder lo mismo que a mi abuelo. Cuando Lucía me amenazó de esa manera, no me quedó la menor duda de que ella le había hecho algo al abuelo. Agarré de la mano a fab y y der inmediato nos fuimos al elevador. Mientras la puerta del elevador se cerraba, pude ver a Lucía que estaba parada mirándonos con ojos amenazadores mientras sostenía el muñeco de la cabeza. En el momento en que ingresamos a la sala en la que se encontraba mi abuelo, mi mamá. Ni siquiera se dio cuenta de que no estábamos. Más bien, mi papá nos estaba buscando. Nos dijo que no nos alejáramos del lugar porque había otras alas en las que estaban velando a otras personas y no quería que algo malo nos fuera a suceder. Nos llevó a la cafetería y nos preparó un aperitivo con un té caliente. Mientras nos sentamos en los sillones a comer, mi papá se quedó con nosotras. Empezó a hablar del abuelo de lo bien que se había portado con él. Mi padre no terminaba de hablar cuando escuchamos un quejido fuerte que no supimos de dónde provenía. Volteamos a ver a mi papá, Él también estaba desconcertado. Se levantó para buscar quién había hecho ese quejido, pero alrededor no había nadie estábamos solos en esa parte de la sala. Por un instante nos quedamos viendo sin decir nada. Después, mi papá empezó a hablar de otras cosas, haciendo como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, le pregunté si acaso podía ser el espíritu del abuelo, porque yo lo seguía sintiendo muy cerca. Mi papá dijo que eran tonterías cuando una persona se moría se iba al cielo. El alma de mi abuelo ya estaba cerca de Dios. Las palabras de mi papá no me convencieron para nada había escuchado con claridad de ese quejido. Si no era el alma de mi abuelo, era de alguien más. En ese momento llegó Lucía le dijo a mi padre que se fuera al lado de mi mamá. Ella se quedó a cuidarnos por un instante le tuve temor. Sin embargo, ella volvió a ser la misma de antes. Era la primera vez que asistía a un funeral. Después que terminaron de sepultar a mi abuelo, nos fuimos a la casa. Desde que entré tuve la sensación de que mi abuelo no estaba muerto. En cambio, a mi madre se le notaba su tristeza. Mi mamá no habló nada durante el regreso a casa. Era la primera vez que mi papá nos ponía tanta atención. Nos dijo que dejáramos descansar a mamá. Él nos daría de comer. Después veríamos una película. Juntos estábamos sentados en la sala. Cuando entró mi abuela, nos dijo que Fernando también quería estar con nosotras. Todos sabíamos que a ella ya se le olvidaban las cosas. Por eso no le dijimos nada. Mi abuela se sentó con nosotros al mismo tiempo que le decía al abuelo Fernando que se sentara a un lado de ella. No fue su gestión ni nada por el estilo, pero todos sentimos como si de verdad mi abuelo estuviera presente. Volteé hacia con mi padre. Él se levantó de inmediato del sillón. No dijo nada, pero su rostro revelaba que había visto algo. Él dijo que lo mejor era ver la película. En otra ocasión todos están estábamos muy cansados y lo más probable era que nos quedaríamos dormidos. Nos dijo que nos saliéramos al jardín a jugar un rato. Si queríamos, podíamos nadar un poco. Me pareció una gran idea. Al igual que a Faby, corrimos a ponernos nuestro traje de baño. Fui la primera en meterme al agua enseguida mi papá y al final Faby, mi abuela, se quedó en la sala desde donde me encontraba, podía verla que platicaba con alguien, aunque se encontraba sola en la sala. A Lucía, a mis padres le dijeron que se fuera a descansar a su casa, que volviera hasta el día siguiente o si necesitaba más días que los tomara, porque entendían que habían sido días difíciles para ella. Lucía estuvo de acuerdo y se fue a su casa. Después que terminó el funeral, le pregunté a mi papá por qué mi abuela decía que mi abuelo estaba con ella. Él me respondió que le iba a llevar tiempo a aceptar la ausencia de él, porque fueron muchos años los que estuvieron juntos, por lo que deberíamos tenerle paciencia. Cuando ella dijera que el abuelo estaba presente, nos quedáramos callados Mientras conversaba con mi padre, escuché que alguien pronunciaba mi nombre. Volteé hacia todas partes. Le pregunté a mi papá si él también había escuchado que me hablaban. Él me respondió que no. Me quedé sentada en el escalón de la alberca. De pronto vi una silueta reflejada en el agua. No sabría decir si se trataba de mi abuelo, pero fue lo más parecido. A él. Mi padre se dio cuenta que me salí de inmediato de la alberca. Le dije que era mi abuelo el que aún estaba presente en la casa. Él no se había ido, seguía con nosotros. Mi abuela también se daba cuenta de lo mismo. Por eso ella platicaba con él. Mi padre me dijo que no era posible y que su espíritu ya estaba en el cielo. Quise creerle, pero no lo conseguí porque cada día había muestras de que mi abuelo permanecía en la casa. Dos días después llegó Lucía, mi madre le dijo que ya no era necesario que se quedara a dormir, aunque sí la necesitaba durante el día. Con el paso de los días, nos fuimos adaptando a la ausencia del abuelo, aunque mi abuela aseguraba que él no se había ido. En una ocasión en la que no tuvimos clases en la escuela, estaba con mi hermana jugando en el jardín. De pronto vi que Lucía se fue corriendo a su cuarto. Fui para ver qué estaba sucediendo. Sin abrir la puerta, me quedé afuera de su habitación alcancé a escuchar que ella decía malas palabras. Parecía que platicaba con alguien, aunque al interior del cuarto sólo estaba ella. Lo supe porque vi cuando mi abuela pasó por el pasillo. Ella me hizo una señal que en ese momento no entendí. Lucía seguía rezando, pero en otro idioma que no conocí. De pronto la puerta se abrió abruptamente. Lo único que pude distinguir. Fue una hora brillante que desapareció de inmediato. Lucía no me dijo nada, sólo se salió del cuarto. Iba con tanta rapidez que casi tumba a mi abuela. No quería decirle nada a fabiy porque ni siquiera sabía lo que realmente sucedía. Nos sorprendimos mucho cuando Lucía renunció al trabajo, argumentó una serie de cosas que mi mamá no le creyó. Después la escuché diciéndole a mi papá que Lucía ya no quería estar en la casa, que todo lo que le dijo fueron evasivas para no decir la verdad. Mi papá le preguntó a qué se refería. Mi mamá le respondió que no estaba segura, pero creía que ella había acelerado la muerte de su padre Fabi llegó. Me preguntó qué sucedía. Le dije que no había entendido lo que mis padres platicaron y me la llevé al jardín de nuevo. En aquella época no tenía la edad indicada para entender lo que realmente sucedió. Ni tampoco sabía el motivo por el que creía que mi abuelo seguía presente en la l la casa. Pensé que era parte del proceso de muerte en el que una persona, al morir, tarda en dejar el lugar en el que vivió, pero que con el paso del tiempo, mi abuelo se iría al cielo. Cuando crecí y seguí sintiendo la presencia de mi abuelo en su casa. Después de unos años de la muerte de mi abuelo. Mi abuela también murió. Sin embargo, la casa estuvo tranquila. No sentía su presencia ni escuchaba nada extraño. Mis padres se fueron a vivir cerca del lago de Chapala. Mi hermana Fabi se fue al extranjero para estudiar una maestría. Me quedé en la casa porque el lugar de trabajo era en la ciudad de Guadalajara. Con cierta frecuencia iban algunas de mis amigas a visitarme y a pasar el fin de semana en la Alberca. La primera vez que dos de ellas fueron a mi casa, se quedaron un rato en la sala en lo que preparaba unos bocadillos para irnos a la piscina. Una de ellas me dijo que sentía alguien presente y b B no sabía ur cómo explicarlo, pero había alguien más en la casa. Jamás les había comentado a mis amigas sobre lo que sucedió con mi abuelo. No sabía si ya me había acostumbrado a los ruidos extraños y a la presencia del abuelo, que ya no dije nada. Pero cuando mi amiga me hizo ese comentario, me di cuenta que el abuelo aún estaba presente en la casa. En realidad, no he podido saber si Lucía fue la responsable de lo ocurrido o realmente el abuelo tuvo una muerte natural. Cuando mis amigas u otras personas van a mi casa, ellas me dicen que sienten la presencia de alguien sin saber nada de la historia que conté. Me aseguran que sienten una vibra extraña en esos momentos. Dudo de que sea el alma de mi abuelo, porque él fue una gran persona, pero hago un recuento de los años pasados y me doy cuenta de que ese espíritu que se quedó atorado en la casa. Nunca nos hizo daño ni a mis padres ni a mi hermana Faby. Si acaso fue Lucía la responsable de la muerte de mi abuelo, no supe cuáles fueron sus motivos para hacerlo. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas