Una Bruja Le Quitó La Vida A Mi Abuelo Historias De Terror - REDE

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Una bruja vive en mi casa. Los recuerdos que tengo de mi infancia son en la casa que fue de mis padres, ubicada en la calle Atenas, en la colonia americana. Ahà crecà al lado de ellos, de mis abuelos y mi hermana. Era una casa grande, antigua y muy bonita, sobre todo porque tenÃa una alberca. Esta casa perteneció a mis abuelos maternos, por lo que sus paredes guardaban muchos recuerdos, ya que en ellas estaban las fotografÃas de ellos cuando se casaron, asà como una foto de mi abuelo Fernando con su traje de militar, porque él fue soldado durante la Revolución. La casa tenÃa tres habitaciones y una adicional para el personal del servicio. Mi abuelo Fernando tenÃa otra casa cerca en el lago de Chapala. Junto con mi abuela, vivieron un tiempo ahÃ, pero cuando fueron mayores se regresaron a la casa de Atenas. Ellos ocupaban una habitación, otra era para mis padres y la última para mi hermana y para mÃ. HabÃa una señora que le ayudaba a mi mamá, con los quehaceres de la casa venÃa de lunes a viernes. Durante el dÃa, ella se llamaba LucÃa. Después que enfermó mi abuelo Fernando, mi mamá le pidió a LucÃa que se quedara a dormir porque mi abuelo necesitaba de asistencia. La mayor parte del tiempo. No eran actividades pesadas, pero que implicaban mucho tiempo. Cómo bañarlo, darle de comer, llevar el control y horario de sus medicamentos, sacarlo a pasear al jardÃn, leerle un libro. Como mi madre trabajaba casi todo el dÃa, no lo podÃa cuidar. Además, mi abuela también sufrÃa los estragos del tiempo. Por eso ella ya no estaba en condiciones de cuidar a mi abuelo, Fernando de LucÃa se sabÃa muy poco sólo que era viuda y sus hijos ya no vivÃan a su lado, por por lo que no fue urda complicado que ella se quedara más tiempo en la casa. El servicio que cotidianamente hacÃa LucÃa era el de mantener limpia la casa y hacer de comer. Mi mamá se encargaba de lavar y planchar la ropa. LucÃa era una persona callada y amable. Nunca nos trató mal, pero cuando empezó a quedarse a dormir en la casa, noté conductas extrañas en ella. Por lo regular se quedaba en la habitación del abuelo, aunque habÃa dÃas en los que él se sentÃa mejor y LucÃa se iba a la habitación del servicio. En una ocasión estaba jugando escondidas con mi hermana Fabiola. Casi se terminaba el conteo del juego. Sin dudarlo, entré al cuarto de LucÃa. No le tomé importancia a las cosas que habÃan dentro del cuarto. Me escondà debajo de la cama encontré algo que me picó en la pierna. HabÃa un amarrado de espinas, un ramillete de hierbas secas y un muñeco muy extraño. Sin pensarlo, lo metà en la bolsa de mi vestido y me lo llevé. SeguÃa jugando con mi hermana y me olvidé del objeto encontrado. En aquel tiempo tenÃa diez años y mi hermana Fabiola ocho, por lo que antes de las diez de la noche nos Ãbamos a descansar una noche. Estaba durmiendo profundamente. Cuando escuché un ruido dentro del clóset como estaba tan cansada, no le tomé importancia. Sin embargo, los sonidos continuaron pensé en hablarle a mi mamá, pero no lo hice porque los ruidos dejaron de escucharse. En la mañana que me levanté para prepararme para ir a la escuela, encontré ropa que tenÃa colgada dentro del closet tirada en el piso. Comencé a levantarla y encontré el muñequito que habÃa guardado en la bolsa de mi vestido hasta ese momento. Me acordé de él. No supe cómo habÃa llegado hasta ese lugar. Lo levanté y lo puse sobre la cómoda Faby. Me preguntó de dónde lo habÃa sacado. Le platiqué que lo encontré en el cuarto de LucÃa. Ella me dijo que anteriormente, cuando LucÃa iba durante el dÃa a hacer el aseo a ella le gustaba verla en la casa, pero cuando comenzó a quedarse a dormir ya le daba miedo. Le pregunté por qué tenÃa ese temor. Creo que Faby no supo explicarme lo que realmente me querÃa decir, porque sólo me respondió que le daba miedo cuando caminaba por la noche. Quise preguntarle más detalles de lo que notaba en LucÃa, pero mi mamá nos habló para que bajáramos a desayunar e irnos a la escuela. Mientras tomábamos nuestro licuado, LucÃa entró al comedor. Era la primera vez que la veÃa enojada. Mi mamá se fue a la cochera a calentar el auto. LucÃa me tomó del cuello de mi uniforme. Me dijo que le devolviera lo que le pertenecÃa. No tenÃa derecho a meterme en sus cosas. Me miró con tanta ira que me dio miedo tartamudeando le respondà que cuando regresara de la primaria, le devolverÃa a su muñeco. Sus palabras fueron un tanto amenazantes. De repente entró mi madre y LucÃa se hizo la vida disimulada como si me estuviera acomodando el cuello. Mi madre ni siquiera se dio cuenta de lo que habÃa pasado. Mi mamá le dijo a LucÃa que cuidara muy bien de sus padres cualquier contratiempo que tuviera con ellos. No dudara en hablarle por teléfono. Ese dÃa, en cuanto regresé de la escuela, me fui directo a mi habitación para regresarle a LucÃa. A su muñeco no entendÃa por qué le importaba tanto si estaba muy feo. Fui con ella y se lo entregué ofreciéndole una disculpa. Le dije que jamás volverÃa a tomarle nada de su cuarto. Era la última vez que lo hacÃa. Ella puso su cara muy cerca de la mÃa. Me dijo que más valÃa que no lo volviera a hacer, porque entonces me sucederÃan cosas que no me iban a gustar. No le quise decir nada a mi mamá, porque sabÃa que también me iba a regañar por tomar cosas que no me pertenecÃan, Asà que preferà quedarme callada solo. Fabi vio cuando ella me habló de esa manera, pero creo que ella también se asustó porque no dijo nada. Los siguientes dÃas, mi abuelo empezó a ponerse peor de su enfermedad. HabÃa noches en las que escuchaba cuando LucÃa andaba por el pasillo corriendo para poder asistir a mi abuelo con rapidez. En una de esas veces me levanté porque comencé a escuchar movimientos en la cocina, se caÃan los trastes y habÃa mucho ruido. Cuando entré en la cocina no habÃa nadie, sólo varios platos rotos sobre el piso. De pronto sentà que alguien respiraba detrás de mÃ. Me volteé de inmediato, pero no habÃa nadie aún asÃ. TenÃa la sensación de que alguien se encontraba en la cocina. No me quise quedar por más tiempo, por lo que me fui de inmediato a mi cuarto y me metà entre las cobijas. Me cubrà por completo hasta la cabeza. Hice tanto ruido que Faby despertó. Me dijo que ya no le estuviera quitando la cobija si no tenÃa sueño, al menos la dejara dormir fa de inmediatos. Se volvió a quedar dormida. Ella siempre se dormÃa profundamente. Me quedé durante un rato despierta. De repente, la puerta comenzó a abrirse lentamente. Pensé que se iba a aparecer a alguien, pero los pasos apresurados de mi madre detuvieron la puerta que comenzaba a Abrirse fue una noche complicada porque escuché que todos estaban despiertos. Casi no pude dormir la mayor parte del tiempo. La pasé en vela por la mañana. Cuando me levanté todos estaban despiertos. Mi madre se acercó conmigo. Me dijo que mi abuelo habÃa muerto. La noche anterior ya le habÃan hablado al médico para que extendiera el certificado de defunción. Estaban esperando que llegara para poder comenzar con los trámites del funeral. Le pedà a mi madre que me permitiera ver a mi abuelo por última vez. Ella me dijo que era mejor que me quedara con el recuerdo que tenÃa de él. No sé por qué motivo. Me dio mucha curiosidad ver a mi abuelo. Esperé un r descuido por parte de mis padres y de LucÃa para poder entrar a la habitación con cautela. Abrà la puerta del cuarto de mis abuelos él yacÃa sobre la cama. Daba la apariencia de que estaba dormido. Sólo tenÃa una gran palidez. Sin pensarlo lo tomé de su mano. Aún estaba tibia. No pude sentir ni pensar nada. Sólo lo miraba absorta sin entender lo que significaba la muerte. Nuevamente empecé a sentir que alguien estaba dentro de la habitación. Era una sensación extraña. Miré alrededor sin encontrar a nadie. No me pude quedar por más tiempo. Me salà de inmediato del cuarto de mi abuelo. Cuando abrà la puerta, choqué con LucÃa. Ella llevaba una veladora encendida y el muñeco que me habÃa encontrado en su habitación. LucÃa me dijo con su dedo que guardara silencio puso la veladora en el piso a los pies de mi abuelo. El muñeco lo metió debajo de la cama. No en ndo por qué ella hizo eso. Sólo me limité a salir y guardar el silencio que lucÃa me pedÃa. Escuché voces en la sala. El médico habÃa llegado. Todos se fueron a la habitación de mi abuelo. Vi que Fabilla se habÃa levantado. Ella me preguntó qué estaba sucediendo. Sin más preámbulo. Le dije que el abuelo habÃa muerto. Fabiy no dijo nada. Se limitó a verme. Las dos nos quedamos sentadas en la sala. Encendà la tele para distraernos mientras pasaban un programa de caricaturas. Sentà Cuando alguien se sentó a mi lado, lo noté porque se hundió el sillón. Me levanté como resortera. Ahà continuaba el hueco en el cojÃn del sillón. Fabby me preguntó por qué me habÃa asustado. Le dije que alguien se habÃa sentado a mi lado. Ella me respondió que era el abuelo. Desde un dÃa antes él habÃa ido a despedirse de ella. Le dijo que la querÃa mucho y que siempre estarÃa con nosotras cuidándonos porque nos querÃa mucho, que no nos preocupáramos si se morÃa. Ãl nos acompañarÃa siempre. Cuando escuché las palabras que Faby me dijo ni siquiera se me ocurrió pensar que todo era producto de su imaginación infantil. Más bien corroboré que ella también lo habÃa visto y que aquella sensación que tenÃa de que alguien estaba conmigo, lo más seguro era que se trataba de mi abuelo. Sin siquiera pensar en lo incongruente de esa idea, me quedé tranquila pensando que sólo se trataba de él. Después que el médico se marchó, mi padre empezó los trámites para que vinieran a recoger el cuerpo de mi abuelo. Mi madre estaba desconsolada llorando, mientras que mi abuela estaba muy tranquila. Ella era la que trataba de darle ánimos. A mi madre le dijo que no se pusiera triste. El abuelo no se habÃa ido, estaba con nosotras. Ãl le habÃa dicho que siempre nos iba a cuidar. Después que escuché a la abuela, me di cuenta que no sólo nosotras lo percibÃamos, sino que también o ella u n n n o s u s o n or. De dos horas llegó el servicio funerario para llevarse el cuerpo del abuelo. Hasta ese momento sentà una sensación que me oprimÃa el pecho. No tenÃa la menor idea por qué experimentaba eso pero me quedó durante varios dÃas. Cuando crecÃ, me di cuenta que era por la ausencia del abuelo. Mi abuela estaba sentada en la sala muy tranquila, como si nada hubiera ocurrido. De repente se volteaba para platicar con alguien. En otras ocasiones se sonreÃa como si le hubieran platicado algo divertido. No entendÃa la enfermedad que tenÃa la abuela. Sólo sabÃa que su mente ya no estaba muy bien. Por ese motivo creÃa que todo era producto de su imaginación. Pero hubo un momento en que me dijo que el abuelo se encontraba a mi lado. Me volteé asustada. No pude creer lo que estaba viendo. Era su silueta dibujada en la pared por el efecto que producÃa la luz del foco en la pared habÃa una sombra era idéntica al abuelo. Me retiré del lugar espantada. Mis padres no estaban andaban resolviendo asuntos legales para poder sepultar al abuelo. Miré a LucÃa con miedo. Ella sólo se sonrió. Me dio la impresión de que ella sà sabÃa lo que estaba ocurriendo. Ya no quise entrar al cuarto del abuelo. Me fui a mi habitación con Faby. Trataba de no pensar en nada ni de estar cerca de LucÃa, porque a partir de que el abuelo murió, la noté distinta. Su mirada se habÃa transformado después de un rato. Escuché cuando mis padres llegaron, corrÃa a abrazar a mi madre. QuerÃa decirle lo que estaba sucediendo, pero no sabÃa cómo hacerlo, porque ni siquiera lo entendÃa. Sólo me quedé un instante en sus brazos. Mi mamá me dijo que me preparara porque nos Ãbamos a ir a la funeraria. Me preguntó si tenÃa algo que decirle respecto a la muerte de mi abuelo. Le respondà que no. Me dijo qué tipo de ropa. Me pusiera que lo hiciera lo más pronto posible, igual que la apoyara con Faby para que se cambiara, porque en pocos minutos nos irÃamos a velar al abuelo. A mi mamá le afectó mucho la muerte de su papá. Se le notaba lo triste que estaba intentaba estar cerca de ella, pero llegaba gente a darle las condolencias, por lo que preferÃa apartarme a un lugar más tranquilo. La funeraria estaba muy grande. TenÃa una sala grande con sillones, una cafeterÃa y un pasillo largo que conducÃa a otra de las alas funerarias. En medio estaban los baños. Junto con fab empezamos a caminar por todo el lugar. HabÃa elevadores que nos llevaban a los distintos pisos, nos subimos y apretamos uno de los botones al azar. Cuando se abrieron las puertas del elevador, estábamos en la parte más alta de la funeraria. Estaba compuesto por dos salones enormes que también servÃan para velar a los muertos. Fabiy no se querÃa bajar del elevador. Me me dijo que mejor nos regresáramos con nuestros padres. Le dije que no pasarÃa nada, Sólo Ãbamos a explorar el lugar enseguida. Nos bajarÃamos, caminamos entre las alas. Cada una de ellas tenÃa una habitación pequeña con dos camas individuales, para que, en caso de que el doliente estuviera muy agotado, pudiera descansar un poco. Al abrir la puerta de uno de los cuartos, nos sorprendimos de ver a LucÃa en uno de ellos. Ella estaba hincada rezando en voz baja, por lo que no pude entender lo que decÃa, pero me llamó la atención ver que tenÃa entre sus manos aquel muñeco feo. Ella de inmediato se incorporó, escondió el muñeco me dijo que no deberÃamos estar ahà y que recordara que debÃa de guardar silencio, porque si no lo hacÃa, me iba a suceder lo mismo que a mi abuelo. Cuando LucÃa me amenazó de esa manera, no me quedó la menor duda de que ella le habÃa hecho algo al abuelo. Agarré de la mano a fab y y der inmediato nos fuimos al elevador. Mientras la puerta del elevador se cerraba, pude ver a LucÃa que estaba parada mirándonos con ojos amenazadores mientras sostenÃa el muñeco de la cabeza. En el momento en que ingresamos a la sala en la que se encontraba mi abuelo, mi mamá. Ni siquiera se dio cuenta de que no estábamos. Más bien, mi papá nos estaba buscando. Nos dijo que no nos alejáramos del lugar porque habÃa otras alas en las que estaban velando a otras personas y no querÃa que algo malo nos fuera a suceder. Nos llevó a la cafeterÃa y nos preparó un aperitivo con un té caliente. Mientras nos sentamos en los sillones a comer, mi papá se quedó con nosotras. Empezó a hablar del abuelo de lo bien que se habÃa portado con él. Mi padre no terminaba de hablar cuando escuchamos un quejido fuerte que no supimos de dónde provenÃa. Volteamos a ver a mi papá, Ãl también estaba desconcertado. Se levantó para buscar quién habÃa hecho ese quejido, pero alrededor no habÃa nadie estábamos solos en esa parte de la sala. Por un instante nos quedamos viendo sin decir nada. Después, mi papá empezó a hablar de otras cosas, haciendo como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, le pregunté si acaso podÃa ser el espÃritu del abuelo, porque yo lo seguÃa sintiendo muy cerca. Mi papá dijo que eran tonterÃas cuando una persona se morÃa se iba al cielo. El alma de mi abuelo ya estaba cerca de Dios. Las palabras de mi papá no me convencieron para nada habÃa escuchado con claridad de ese quejido. Si no era el alma de mi abuelo, era de alguien más. En ese momento llegó LucÃa le dijo a mi padre que se fuera al lado de mi mamá. Ella se quedó a cuidarnos por un instante le tuve temor. Sin embargo, ella volvió a ser la misma de antes. Era la primera vez que asistÃa a un funeral. Después que terminaron de sepultar a mi abuelo, nos fuimos a la casa. Desde que entré tuve la sensación de que mi abuelo no estaba muerto. En cambio, a mi madre se le notaba su tristeza. Mi mamá no habló nada durante el regreso a casa. Era la primera vez que mi papá nos ponÃa tanta atención. Nos dijo que dejáramos descansar a mamá. Ãl nos darÃa de comer. Después verÃamos una pelÃcula. Juntos estábamos sentados en la sala. Cuando entró mi abuela, nos dijo que Fernando también querÃa estar con nosotras. Todos sabÃamos que a ella ya se le olvidaban las cosas. Por eso no le dijimos nada. Mi abuela se sentó con nosotros al mismo tiempo que le decÃa al abuelo Fernando que se sentara a un lado de ella. No fue su gestión ni nada por el estilo, pero todos sentimos como si de verdad mi abuelo estuviera presente. Volteé hacia con mi padre. Ãl se levantó de inmediato del sillón. No dijo nada, pero su rostro revelaba que habÃa visto algo. Ãl dijo que lo mejor era ver la pelÃcula. En otra ocasión todos están estábamos muy cansados y lo más probable era que nos quedarÃamos dormidos. Nos dijo que nos saliéramos al jardÃn a jugar un rato. Si querÃamos, podÃamos nadar un poco. Me pareció una gran idea. Al igual que a Faby, corrimos a ponernos nuestro traje de baño. Fui la primera en meterme al agua enseguida mi papá y al final Faby, mi abuela, se quedó en la sala desde donde me encontraba, podÃa verla que platicaba con alguien, aunque se encontraba sola en la sala. A LucÃa, a mis padres le dijeron que se fuera a descansar a su casa, que volviera hasta el dÃa siguiente o si necesitaba más dÃas que los tomara, porque entendÃan que habÃan sido dÃas difÃciles para ella. LucÃa estuvo de acuerdo y se fue a su casa. Después que terminó el funeral, le pregunté a mi papá por qué mi abuela decÃa que mi abuelo estaba con ella. Ãl me respondió que le iba a llevar tiempo a aceptar la ausencia de él, porque fueron muchos años los que estuvieron juntos, por lo que deberÃamos tenerle paciencia. Cuando ella dijera que el abuelo estaba presente, nos quedáramos callados Mientras conversaba con mi padre, escuché que alguien pronunciaba mi nombre. Volteé hacia todas partes. Le pregunté a mi papá si él también habÃa escuchado que me hablaban. Ãl me respondió que no. Me quedé sentada en el escalón de la alberca. De pronto vi una silueta reflejada en el agua. No sabrÃa decir si se trataba de mi abuelo, pero fue lo más parecido. A él. Mi padre se dio cuenta que me salà de inmediato de la alberca. Le dije que era mi abuelo el que aún estaba presente en la casa. Ãl no se habÃa ido, seguÃa con nosotros. Mi abuela también se daba cuenta de lo mismo. Por eso ella platicaba con él. Mi padre me dijo que no era posible y que su espÃritu ya estaba en el cielo. Quise creerle, pero no lo conseguà porque cada dÃa habÃa muestras de que mi abuelo permanecÃa en la casa. Dos dÃas después llegó LucÃa, mi madre le dijo que ya no era necesario que se quedara a dormir, aunque sà la necesitaba durante el dÃa. Con el paso de los dÃas, nos fuimos adaptando a la ausencia del abuelo, aunque mi abuela aseguraba que él no se habÃa ido. En una ocasión en la que no tuvimos clases en la escuela, estaba con mi hermana jugando en el jardÃn. De pronto vi que LucÃa se fue corriendo a su cuarto. Fui para ver qué estaba sucediendo. Sin abrir la puerta, me quedé afuera de su habitación alcancé a escuchar que ella decÃa malas palabras. ParecÃa que platicaba con alguien, aunque al interior del cuarto sólo estaba ella. Lo supe porque vi cuando mi abuela pasó por el pasillo. Ella me hizo una señal que en ese momento no entendÃ. LucÃa seguÃa rezando, pero en otro idioma que no conocÃ. De pronto la puerta se abrió abruptamente. Lo único que pude distinguir. Fue una hora brillante que desapareció de inmediato. LucÃa no me dijo nada, sólo se salió del cuarto. Iba con tanta rapidez que casi tumba a mi abuela. No querÃa decirle nada a fabiy porque ni siquiera sabÃa lo que realmente sucedÃa. Nos sorprendimos mucho cuando LucÃa renunció al trabajo, argumentó una serie de cosas que mi mamá no le creyó. Después la escuché diciéndole a mi papá que LucÃa ya no querÃa estar en la casa, que todo lo que le dijo fueron evasivas para no decir la verdad. Mi papá le preguntó a qué se referÃa. Mi mamá le respondió que no estaba segura, pero creÃa que ella habÃa acelerado la muerte de su padre Fabi llegó. Me preguntó qué sucedÃa. Le dije que no habÃa entendido lo que mis padres platicaron y me la llevé al jardÃn de nuevo. En aquella época no tenÃa la edad indicada para entender lo que realmente sucedió. Ni tampoco sabÃa el motivo por el que creÃa que mi abuelo seguÃa presente en la l la casa. Pensé que era parte del proceso de muerte en el que una persona, al morir, tarda en dejar el lugar en el que vivió, pero que con el paso del tiempo, mi abuelo se irÃa al cielo. Cuando crecà y seguà sintiendo la presencia de mi abuelo en su casa. Después de unos años de la muerte de mi abuelo. Mi abuela también murió. Sin embargo, la casa estuvo tranquila. No sentÃa su presencia ni escuchaba nada extraño. Mis padres se fueron a vivir cerca del lago de Chapala. Mi hermana Fabi se fue al extranjero para estudiar una maestrÃa. Me quedé en la casa porque el lugar de trabajo era en la ciudad de Guadalajara. Con cierta frecuencia iban algunas de mis amigas a visitarme y a pasar el fin de semana en la Alberca. La primera vez que dos de ellas fueron a mi casa, se quedaron un rato en la sala en lo que preparaba unos bocadillos para irnos a la piscina. Una de ellas me dijo que sentÃa alguien presente y b B no sabÃa ur cómo explicarlo, pero habÃa alguien más en la casa. Jamás les habÃa comentado a mis amigas sobre lo que sucedió con mi abuelo. No sabÃa si ya me habÃa acostumbrado a los ruidos extraños y a la presencia del abuelo, que ya no dije nada. Pero cuando mi amiga me hizo ese comentario, me di cuenta que el abuelo aún estaba presente en la casa. En realidad, no he podido saber si LucÃa fue la responsable de lo ocurrido o realmente el abuelo tuvo una muerte natural. Cuando mis amigas u otras personas van a mi casa, ellas me dicen que sienten la presencia de alguien sin saber nada de la historia que conté. Me aseguran que sienten una vibra extraña en esos momentos. Dudo de que sea el alma de mi abuelo, porque él fue una gran persona, pero hago un recuento de los años pasados y me doy cuenta de que ese espÃritu que se quedó atorado en la casa. Nunca nos hizo daño ni a mis padres ni a mi hermana Faby. Si acaso fue LucÃa la responsable de la muerte de mi abuelo, no supe cuáles fueron sus motivos para hacerlo. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








