Sept. 30, 2023

Una Bruja Le Quitó La Vida A Mi Abuela Historias De Terror - REDE

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El llamador de Ángeles. En casa vivíamos mis padres y mi hermana Cessi. Mis papás trabajaban la mayor parte del día, por lo que nos cuidaba mi abuela Ofelia, como ella nos atendió desde que éramos pequeños. También le decíamos Mamá. Mi abuela llegaba desde muy temprano a la casa antes de que mis padres se fueran a trabajar. Nos preparaba el desayuno y el refrigerio para comer a la hora del recreo a la salida de la escuela. Siempre estaba con una sonrisa porque nos esperaba con mucha alegría, ya tenía más de sesenta años, aunque aún conservaba su jovialidad, ya que se ponía a jugar con nosotros en aquella época. Creía que así eran todas las abuelas. Pero cuando crecí y me di cuenta de que tuve mucha suerte de tenerla, porque varios de mis amigos me comentaron de que sus abuelas los regañaban, incluso les pegaban con ls. Cierta frecuencia, uno de los juegos que más le gustaba jugar a Mamá Ofelia eran las cartas. Después que terminábamos de hacer nuestra tarea, nos poníamos a jugar los tres. Me parecía impresionante que, después de que jugábamos burro castigado, ella me decía que me quedara con una carta y no se la mostrara porque la iba a adivinar y lo lograba. No sé cómo le hacía para realizar ese truco, pero siempre ganaba. Nos decía que si no le atinaba a la carta, ella lavaba los trastes de la comida, pero que si ganaba nos tocaba lavarlos a nosotros casi siempre perdíamos. A veces lavaba los trastes Mi hermana en otras ocasiones lo hacía yo mi mamá no se parecía casi en nada a la abuela. Ella era de carácter más serio como lo fue mi abuelo. Casi nunca jugó con nosotros. Lo que le he agradecido era que siempre tuvimos todo lo necesario, incluso íbamos de vacaciones a lugares que pocos tenían la posibilidad de hacer, pero con ella no era divertido pasar el tiempo, porque si no hacíamos las cosas como decía, se molestaba mucho. Me hubiera gustado que mi mamá se pareciera, aunque sea un poco, a mi mamá Ophelia. Cuando fuimos adolescentes, mi hermana Cessi estaba en primero de secundaria y yo en tercero. Aún así, mi mamá Ophelia iba a la casa a prepararnos la comida. Ella decía que era la época más difícil de cualquier ser humano. Y que necesitábamos más supervisión. Entré a la preparatoria y mi abuela iba menos tiempo a la casa, pero eso no provocó que nuestra relación fuera menos estrecha. Teníamos otra manera de relacionarnos. Mi abuelo murió en ese tiempo. Creo que a la abuela le afectó tanto que su estado de ánimo cambió, Se volvió más callada y al poco tiempo se enfermó en su casa. No había nadie quien la pudiera cuidar. Los hermanos de mi madre le dijeron que le correspondía a ella cuidarla, porque todo el tiempo estuvo al pendiente de nosotros. Ahora la que necesitaba apoyo era la abuela. Mi madre reclamó porque dijo que ella no podía hacerlo. Tenía que trabajar. Estuvo de malas por varios días porque no sabía cómo iba a resolver el problema de la abuela. A los pocos días se la llevó a la casa. Le dije a mi madre que yo le ayudaría a cuidarla SS también dijo lo mismo, aunque había disposición de hacerlo. Teníamos que ir a la preparatoria y Mamá Ofelia tenía que quedarse sola por varias horas. En una ocasión, cuando llegué la abuela estaba llorando como una niña dentro del baño. Se había encerrado con llave. Le pedí que me abriera, pero no lo quería hacer. Después de un largo tiempo me abrió muy avergonzada. Me dijo que no había alcanzado a llegar al baño. Se había ensuciado y eso le provocaba mucha vergüenza. Le dije que no se preocupara a todos. Nos podía pasar eso para para trans tratar de hacerla sentir bien. Le comenté que a mí me había pasado algo semejante en la secundaria, aunque no era verdad. Sirvió para que ella se riera de lo sucedido. La ayudé para que se metiera a la ducha y después estuvo muy contenta, olvidándose del incidente. Esa tarde la pasamos jugando como cuando era pequeño. Los siguientes días transcurrieron sin que hubiera contratiempos como el anterior, a excepción que a Mamá Ofelia se le caían las tazas de la mano porque empezaban a temblarle mucho sus manos. El caos fue cuando un día llegué de la preparatoria y Mamá Ofelia no estaba. Se me hizo extraño. Yo era el primero que llegaba a casa. Sé si y mis papás llegaban más tarde. Le marqué por teléfono a mi mamá para preguntarle por ella se angustió cuando le dije que no estaba. Le marqué a sus otros hijos de mi abuela, Nadie sabía nada de ella. Salí a la calle a buscarla preguntando a la gente. Llegué hasta dónde estaba Mamá Ofelia desorientada, angustiada porque ya no sabía cómo llegar a la casa. Traté de calmarla y nos fuimos de regreso. Mi mamá se salió más temprano del trabajo. Cuando llegó ya estábamos en casa. Mi mamá dijo que eso no podía continuar, ya no la podíamos dejar sola. Con tristeza, me di cuenta de que tenía razón. Mi madre empezó a buscar un asilo para llevarla y que le dieran los cuidados que necesitaba. Era para darle una atención más digna. Mi mamá le dijo que la llevaríamos a ese lugar. Mi abuela bajó la mirada y lo aceptó resignadamente. La conocía tanto que sabía que no le gustaba la idea, pero con tal de no ser una molestia, lo aceptó sin decir nada. Mi madre se encargó de buscar el lugar ideal, Aunque me dolía la idea de llevarla a ese sitio. También entendí que no había otra opción. Se hicieron los preparativos necesarios antes de marcharse. Mi abuela me dijo que fuera a su habitación, sacó de una cajita una bola de color dorado que colgaba de una cadena. Al momento de mover la bola, emitió un sonido muy bonito. Me dijo que era un llamador de ángeles. Cada vez que tuviera necesidad de estar con ella, sólo lo sonara y enseguida. Ella buscaría la manera de estar conmigo. Me lo entregó en mi mano y me hizo que le prometiera que lo iba a hacer y que cuidaría mucho el llamador de Ángeles porque era una herencia de su madre que ahora me pertenecía tan sólo de pensar en que me dio ese obsequio. Me conmovió mucho, y no porque fuera un artículo de oro, sino por su valor emotivo. Llevamos a mi mamá Ophelia al asilo el siguiente fin de semana. Mi papá prefirió no involucrarse. Él se quedó en la casa viendo televisión. Acompañamos a mi madre cessy y yo cuando llegamos al lugar, me pareció bonito y agradable. Era la primera vez que estaba de acuerdo con mi madre en recepción. Recibieron a mi abuela y nos guiaron hacia la que sería su habitación. Desde el momento en que mi abuela caminó por el pasillo, me agarró de la mano y me dijo que ese lugar no le gustaba. Sentía la presencia de alguien lo grato. Sabía que mi abuela siempre había tenido una percepción extrasensorial a eventos que no tenían explicación. Era uno de los motivos por los que mi mamá se peleaba con ella, porque mi madre era una persona muy racional y mamá Ofelia creía en espíritus, en energías, incluso sabía de artes adivinatorias y muchos trucos. Con voz muy bajita. Le dije que le creía. Le pregunté qué fue lo que sintió. Ya no me pudo decir, porque llegó la enfermera, tomó a mi abuela del brazo y la metió a su habitación. Nos dijo que podíamos ir a visitarla todos los días si así lo queríamos. Nos dijo que ya nos teníamos que retirar. Era para no hacerle más difícil la despedida a mi mamá Mauhelia. Ella sonrió con desgano y movió su mano, indicándome sonar el llamador de Ángeles. Le dije que no lo olvidaría. Nos fuimos tristes de ese lugar. Nunca creímos que mi abuelita terminaría ahí. Siempre pensé que estaríamos juntos hasta el último día de su vida. Por primera vez vi a mi mamá triste. También le había afectado dejar a su madre esa noche. No pude dormir bien tan sólo de pensar cómo se sentiría mi mamá Ofelia al día siguiente. En cuanto salí de la preparatoria, me fui a verla. Ella me recibió muy contenta. Estaba muy limpia y peinada. Me dijo que la trataban muy bien y que ya empezaba a hacer amistad con otra señora se llamaba tere Sin embargo, me llevó a su habitación. Antes de cerrar la puerta, se asomó que no viniera nadie habló como en susurro. Me dijo que en ese asilo había una persona que no era muy buena. De inmediato le pregunté si alguien del personaje él no la había tratado bien. Ella lo negó. Me dijo que no la estaba entendiendo. Había una mujer otra interna en el asilo que practicaba la brujería. Después que mi mamá Ofelia me dijo eso, le dije que no podía en tan poco tiempo afirmarlo. Lo más probable era que no se habían caído bien, pero de ahí a que fuera una bruja. Mi abuela me pidió que me sentara. Me dijo que no estaba inventando nada A esa mujer la había conocido cuando era más joven en algún momento de su vida Fueron amigas, pero que su amistad no terminó bien. Entre las dos llegaron a aprender rituales y a usarlos para tener abundancia, pero que ella torció el camino y empezó a practicar la magia negra. Cuando me dijo eso, le creí no se trataba de meras suposiciones, sino de hechos reales. Le invité a salir a caminar al jardín. Ahí me podía contar todo lo que quisiera sobre esa persona. Noté en la cara de mi abuela, que le dio gusto que le creyera. Me dijo que por las noches ella veía a una persona que rondaba en los jardines y en los pasillos, se metía en las habitaciones de algunas de las compañeras del asilo y, por una extraña razón, esa persona se enfermaba e incluso llegaba a morir. Al tiempo que bajó la voz. Me comentó que tan Solo en ese día amaneció muerta una compañera. Ella vio cuando una sombra oscura se metió en uno de los cuartos. Al poco tiempo, las enfermeras y el médico entraron corriendo. Después de unas horas se la llevaron en una camilla, cubierto todo su cuerpo con una sábana blanca. Después que Mamá Ofelia me contó ese acontecimiento, si dudé un poco de ella, pensé que el hecho de no dormir en casa le había afectado mucho por el jardín. Pasó la persona a la que se refería mi abuela me dijo que era ella. Como si esa mujer escuchara el comentario de Mamá Ofelia, volteó y nos saludó amigablemente, se acercó hacia nosotros. Mi abuela me presentó con ella le dijo que era su nieto. La mujer dijo llamarse a Melia enseguida. Se despidió y se fue. A partir de ese momento, Mamá Ofelia se puso inquieta. Comenzó a decirme cosas incoherentes, como que Amelia escuchaba todo lo que platicábamos y que me estaba poniendo en riesgo al presentarme con ella, que tuviese mucho cuidado porque quizás se me podría aparecer en mi cuarto. Traté de calmarla diciéndole que no me podría hacer daño porque ni siquiera sabía dónde vivía. Ella estaba dentro del asilo. Además, era una persona de edad avanzada que usaba un bastón para poder caminar. No podría hacerme nada. Mi abuela me dijo que no me confiara. El bastón lo usaba sólo para engañar a las personas, porque ya la había visto en varias ocasiones y caminaba perfectamente bien. Sólo lo hacía para que pensaran que era una mujer vulnerable, pero no lo era o no quiso quedar por más tiempo en el asilo. No era el mejor día para Mamá Ofelia. La llevé a su habitación. Le leí un poco hasta que se quedó dormida. Me salí del cuarto con cuidado para que no se despertara. En cuanto salí de la habitación, me sorprendí porque afuera estaba Amelia parada en el pasillo sin hacer nada más. Se me hizo muy extraño, le dije adiós y me marché. En cuanto llegué a mi casa, le pedí a mi mamá que hablara con los médicos para que le dieran medicamentos para dormir. A Mamá Ofelia porque no estaba durmiendo en las noches, lo que provocaba que estuviera alterada durante el día. Le conté lo sucedido. Ella estuvo de acuerdo conmigo esa noche, mi subconsciente se quedó con las últimas imágenes del asilo porque comencé a tener sueños alusivos a mi abuela y a Amelia. Cuando de repente me sacó de ese sueño un sonido, desperté y seguí escuchando un cascabel. No entendía lo que pasaba del cajón del buró salía el sonido era el llamador de Ángeles de mi abuela que comenzó a sonar. Me quedé con el objeto en mis manos durante unos minutos. Sentado sobre la cama. De nuevo escuché cuando sonó el llamador de Ángeles. Ahora sí tenía la certeza de que el sonido provenía de él y de inmediato pensé en mi abuela, pero eran casi las cuatro de la mañana. No podía hacer nada a esa hora En cuanto amaneció. Me fui al asilo. Falté a las primeras clases en la preparatoria no me importó porque algo me decía que las cosas no estaban bien con Mamá Ofelia, aunque también lo dudé un poco porque si ella no estuviera bien, le hubieran hablado por teléfono a mi mamá por las dudas. Fui al asilo. En cuanto llegué, me dijeron que Mamá Ofelia no estaba en su habitación. La habían llevado a la enfermería porque se cayó en la madrugada. Estuvo caminando por los jardines, por lo que tuvo un accidente nada grave, pero por precaución estaba en la enfermería. Les pedí que me permitieran verla. Me dejaron platicar con ella por unos minutos. Estaba golpeada de sus brazos en la cara. Tenía un raspón. Le dije que no se saliera en las noches de su habitación. Por eso le había sucedido ese accidente. Mamá Ofelia me interrumpió, me dijo que ella había salido al jardín porque vio de nuevo a Amelia, que salió de su cuarto. Cuando ella pasó por el pasillo, la escuchó que iba haciendo un conjuro en voz baja. Por eso la siguió vio. Cuando se metió en la habitación de su compañera y empezó a hacer un ritual, me dijo que ella entró para interrumpir lo que estaba haciendo. Por eso Amelia se había molestado una fuerza siniestra. La aventó hacia la pared y la lastimó, pero no era porque se hubiera caído. Mi abuela me señaló a su compañera que estaba en otra camilla. Ella confirmaba lo que mi abuela me decía. Sólo decía que sí era cierto todo. Para terminar, mi abuela me dijo que la sacara. De ahí, porque cualquier noche Amelia podría entrar a su habitación y quitarle la vida para tranquilizar a mamá Ofelia. Le dije que hablaría con mi madre. Las cosas no se quedarían así En ese momento. Me acordé del llamador de Ángeles. Le pregunté por qué en la noche había sonado mi llamador de Ángeles. Mi abuela me respondió que lo hizo sonar porque se encontraba en peligro. Ya me había dicho que iba a hacer una manera de comunicarnos. No podía creer lo que me decía ni tampoco cómo lo había hecho, pero ya eran muchas cosas que no entendía. Le dije que más tarde regresaría. Por la tarde hablé con ces. Le pregunté por qué motivo ella no se acercaba con mi abuela desde el día en que la llevamos al asilo. No la había visitado. Sés. Me dijo que ella no tenía un vínculo tan grande con ella, que siempre había sido su favorito, pero que al día siguiente iríamos junto a verla. En cuanto llegó mi mamá le dije lo que sucedía con la abuela. Ella sólo iba a los fines de semana a visitarla. Me respondió que no le hiciera caso. Desde que era pequeña. Su mamá le decía un montón de mentiras respecto a los espíritus buenos y malos que nos rodeaban. De cualquier manera, hablaría con los doctores para que le dieran medicamentos para dormir y, si era necesario, la llevaría a un psiquiatra. Al día siguiente, SS cumplió su promesa. Me acompañó a ver a la abuela. En cuanto mamá Ofelia la vio, le dio tanto gusto que se puso a llorar esa tarde. La pasamos muy bien, porque en ningún momento nos mencionó a Amelia y sus brujerías. Ese fue el recuerdo más bonito con el que nos quedamos de ella. Nos quedamos en el asilo hasta que una de las enfermeras nos dijo que ya era hora de que nos fuéramos a descansar. La abuela estaba muy cansada. Necesitaba bañarla, darle sus medicamentos y a hacerle un poco de ejercicios. Nos despedimos de Mamá Ofelia con un abrazo. Le dijimos que al día siguiente iríamos a verla. Eran las siete de la tarde. Cuando nos despedimos de la abuela. Al cruzar los jardines, sentí como si alguien estuviera a mi lado. Le pregunté a sé si ella también percibía la presencia de otra persona. Ella me miró con ojos de susto. Me dijo que había escuchado que le susurraban algo al oído pero no distinguió lo que le decían. La agarré del brazo y apresuramos nuestro andar en el camino de regreso. Le dije a mi hermana que no había querido decir nada, porque quizás no me iba a creer. Le comenté que Mamá Ofelia sí tenía manera de comunicarse con las personas aún cuando estuvieran lejos. Le platiqué sobre el llamador de Ángeles. También le dije sobre Amelia. Sé si me creyó. Me dijo que era necesario sacar de ese asilo a Mamá Ofelia. En cuanto mi madre llegó del trabajo, se sin ó me ayudó a confrontarla. Le dijimos todo lo que nos había sucedido y que creíamos que Mama Ofelia estaba en peligro, pero todo fue en vano. Mi mamá nos dijo que ya nos había contaminado su madre con sus ideas espirituales que ella estaría bien. Dio por terminada la conversación y se fue a su habitación. Esa noche me sentía muy cansado y agobiado. Le dije a SSY que al día siguiente no iríamos a la escuela. Mejor pasaríamos la mañana con Mama Ophelia para que ella nos ayudara a encontrar una manera de ayudarla. Sé si estuvo de acuerdo y nos fuimos a descansar. En cuanto me acosté en la cama, me quedé profundamente dormido. Comencé a tener una pesadilla que no me permitió descansar. En ese sueño. Veía a Mamá Ofelia que caminaba en un jardín grande, lleno de árboles frondosos. Ellos no dejaban que la luz de la luna se filtrara, ni tampoco la de la lámpara por lo que estaba muy oscuro. Mientras Mamá Ophelia caminaba ra por un pasillo. Al fondo estaba una mujer que sonreía de una manera siniestra. Así estuve con otro tipo de sueños extraños en los que estuvo involucrada mi abuela. De pronto desperté porque el llamador de Ángeles empezó a sonar. Tenía la certeza de que se trataba de mi mamá Ofelia. El reloj marcaba las cuatro de la mañana. Me levanté y desperté a cessi Le dije que era necesario que fuéramos al asilo. Ella me dijo que no eran horas para visitar a la abuela. Con gran desesperación, le dije que presentía que Mamá Ofelia no se encontraba bien. Era mejor que nos dijeran que todo estaba en orden. Así, si la vi que no estaba de acuerdo con desgano, se vistió mientras pedía el servicio de un huber. En poco tiempo estuvimos en el asilo. Desde que el coche dio vuelta en la calle del asilo, vi la luz roja de la ambulancia. Quise entrar al asilo, pero no me lo permitieron. El vigilante me detuvo, me dijo que no lo hiciera. En ese mono momento sacaron a mi abuelita en una camilla. Creí que no se había dado cuenta de que estábamos presentes, pero noté que movía sus dedos de la mano derecha como si nos estuviese diciendo adiós. Esa fue la última vez que la vimos cuando la llevaron al hospital. Aún tenía vida, pero según el reporte, antes de llegar al hospital murió. No nos permitieron irnos en la ambulancia con mi mamá Ophelia, porque los dos éramos menores de edad le hablaron a mi madre le dijeron en cuál hospital llevarían a mi abuela. Mi papá fue a recogernos al asilo. Esa fue la noche más larga. Se hicieron los trámites necesarios para la funeraria y enterrar a Mamá Ofelia en el cementerio de Mezquitán. Mientras vi que el féretro empezaba a descender dentro de la tumba, me pareció escuchar el ligero sonido que emitía el llamador de ángeles, pero creí que todo era producto de mi imaginación, porque relacionaba ese objeto con mi querida abuela. Después que terminaron los rituales por la muerte de Mamá Ofelia, nos fuimos a descansar en nuestras respectivas habitaciones. Nunca lo había hecho, pero le pedí a mi hermana cesy que se fuera un rato a mi cuarto. Tenía una necesidad imperiosa de hablar de Mama Ofelia de cosas triviales, pero quería pensar en ella. Sé si se quedó durante largo rato conmigo. El cansancio nos empezó a vencer ella. Se fue a su habitación y me quedé dormido. De nuevo me despertó el sonido del llamador de Ángeles. Lo saqué del cajón en el que se encontraba. No quería que mi mente me hiciera una mala jugada. Era verdad, porque de nuevo volvió a sonar Mamá Ofelia. No me había dejado. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas