Una Bruja Le Quitó La Vida A Mi Abuela Historias De Terror - REDE

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El llamador de Ãngeles. En casa vivÃamos mis padres y mi hermana Cessi. Mis papás trabajaban la mayor parte del dÃa, por lo que nos cuidaba mi abuela Ofelia, como ella nos atendió desde que éramos pequeños. También le decÃamos Mamá. Mi abuela llegaba desde muy temprano a la casa antes de que mis padres se fueran a trabajar. Nos preparaba el desayuno y el refrigerio para comer a la hora del recreo a la salida de la escuela. Siempre estaba con una sonrisa porque nos esperaba con mucha alegrÃa, ya tenÃa más de sesenta años, aunque aún conservaba su jovialidad, ya que se ponÃa a jugar con nosotros en aquella época. CreÃa que asà eran todas las abuelas. Pero cuando crecà y me di cuenta de que tuve mucha suerte de tenerla, porque varios de mis amigos me comentaron de que sus abuelas los regañaban, incluso les pegaban con ls. Cierta frecuencia, uno de los juegos que más le gustaba jugar a Mamá Ofelia eran las cartas. Después que terminábamos de hacer nuestra tarea, nos ponÃamos a jugar los tres. Me parecÃa impresionante que, después de que jugábamos burro castigado, ella me decÃa que me quedara con una carta y no se la mostrara porque la iba a adivinar y lo lograba. No sé cómo le hacÃa para realizar ese truco, pero siempre ganaba. Nos decÃa que si no le atinaba a la carta, ella lavaba los trastes de la comida, pero que si ganaba nos tocaba lavarlos a nosotros casi siempre perdÃamos. A veces lavaba los trastes Mi hermana en otras ocasiones lo hacÃa yo mi mamá no se parecÃa casi en nada a la abuela. Ella era de carácter más serio como lo fue mi abuelo. Casi nunca jugó con nosotros. Lo que le he agradecido era que siempre tuvimos todo lo necesario, incluso Ãbamos de vacaciones a lugares que pocos tenÃan la posibilidad de hacer, pero con ella no era divertido pasar el tiempo, porque si no hacÃamos las cosas como decÃa, se molestaba mucho. Me hubiera gustado que mi mamá se pareciera, aunque sea un poco, a mi mamá Ophelia. Cuando fuimos adolescentes, mi hermana Cessi estaba en primero de secundaria y yo en tercero. Aún asÃ, mi mamá Ophelia iba a la casa a prepararnos la comida. Ella decÃa que era la época más difÃcil de cualquier ser humano. Y que necesitábamos más supervisión. Entré a la preparatoria y mi abuela iba menos tiempo a la casa, pero eso no provocó que nuestra relación fuera menos estrecha. TenÃamos otra manera de relacionarnos. Mi abuelo murió en ese tiempo. Creo que a la abuela le afectó tanto que su estado de ánimo cambió, Se volvió más callada y al poco tiempo se enfermó en su casa. No habÃa nadie quien la pudiera cuidar. Los hermanos de mi madre le dijeron que le correspondÃa a ella cuidarla, porque todo el tiempo estuvo al pendiente de nosotros. Ahora la que necesitaba apoyo era la abuela. Mi madre reclamó porque dijo que ella no podÃa hacerlo. TenÃa que trabajar. Estuvo de malas por varios dÃas porque no sabÃa cómo iba a resolver el problema de la abuela. A los pocos dÃas se la llevó a la casa. Le dije a mi madre que yo le ayudarÃa a cuidarla SS también dijo lo mismo, aunque habÃa disposición de hacerlo. TenÃamos que ir a la preparatoria y Mamá Ofelia tenÃa que quedarse sola por varias horas. En una ocasión, cuando llegué la abuela estaba llorando como una niña dentro del baño. Se habÃa encerrado con llave. Le pedà que me abriera, pero no lo querÃa hacer. Después de un largo tiempo me abrió muy avergonzada. Me dijo que no habÃa alcanzado a llegar al baño. Se habÃa ensuciado y eso le provocaba mucha vergüenza. Le dije que no se preocupara a todos. Nos podÃa pasar eso para para trans tratar de hacerla sentir bien. Le comenté que a mà me habÃa pasado algo semejante en la secundaria, aunque no era verdad. Sirvió para que ella se riera de lo sucedido. La ayudé para que se metiera a la ducha y después estuvo muy contenta, olvidándose del incidente. Esa tarde la pasamos jugando como cuando era pequeño. Los siguientes dÃas transcurrieron sin que hubiera contratiempos como el anterior, a excepción que a Mamá Ofelia se le caÃan las tazas de la mano porque empezaban a temblarle mucho sus manos. El caos fue cuando un dÃa llegué de la preparatoria y Mamá Ofelia no estaba. Se me hizo extraño. Yo era el primero que llegaba a casa. Sé si y mis papás llegaban más tarde. Le marqué por teléfono a mi mamá para preguntarle por ella se angustió cuando le dije que no estaba. Le marqué a sus otros hijos de mi abuela, Nadie sabÃa nada de ella. Salà a la calle a buscarla preguntando a la gente. Llegué hasta dónde estaba Mamá Ofelia desorientada, angustiada porque ya no sabÃa cómo llegar a la casa. Traté de calmarla y nos fuimos de regreso. Mi mamá se salió más temprano del trabajo. Cuando llegó ya estábamos en casa. Mi mamá dijo que eso no podÃa continuar, ya no la podÃamos dejar sola. Con tristeza, me di cuenta de que tenÃa razón. Mi madre empezó a buscar un asilo para llevarla y que le dieran los cuidados que necesitaba. Era para darle una atención más digna. Mi mamá le dijo que la llevarÃamos a ese lugar. Mi abuela bajó la mirada y lo aceptó resignadamente. La conocÃa tanto que sabÃa que no le gustaba la idea, pero con tal de no ser una molestia, lo aceptó sin decir nada. Mi madre se encargó de buscar el lugar ideal, Aunque me dolÃa la idea de llevarla a ese sitio. También entendà que no habÃa otra opción. Se hicieron los preparativos necesarios antes de marcharse. Mi abuela me dijo que fuera a su habitación, sacó de una cajita una bola de color dorado que colgaba de una cadena. Al momento de mover la bola, emitió un sonido muy bonito. Me dijo que era un llamador de ángeles. Cada vez que tuviera necesidad de estar con ella, sólo lo sonara y enseguida. Ella buscarÃa la manera de estar conmigo. Me lo entregó en mi mano y me hizo que le prometiera que lo iba a hacer y que cuidarÃa mucho el llamador de Ãngeles porque era una herencia de su madre que ahora me pertenecÃa tan sólo de pensar en que me dio ese obsequio. Me conmovió mucho, y no porque fuera un artÃculo de oro, sino por su valor emotivo. Llevamos a mi mamá Ophelia al asilo el siguiente fin de semana. Mi papá prefirió no involucrarse. Ãl se quedó en la casa viendo televisión. Acompañamos a mi madre cessy y yo cuando llegamos al lugar, me pareció bonito y agradable. Era la primera vez que estaba de acuerdo con mi madre en recepción. Recibieron a mi abuela y nos guiaron hacia la que serÃa su habitación. Desde el momento en que mi abuela caminó por el pasillo, me agarró de la mano y me dijo que ese lugar no le gustaba. SentÃa la presencia de alguien lo grato. SabÃa que mi abuela siempre habÃa tenido una percepción extrasensorial a eventos que no tenÃan explicación. Era uno de los motivos por los que mi mamá se peleaba con ella, porque mi madre era una persona muy racional y mamá Ofelia creÃa en espÃritus, en energÃas, incluso sabÃa de artes adivinatorias y muchos trucos. Con voz muy bajita. Le dije que le creÃa. Le pregunté qué fue lo que sintió. Ya no me pudo decir, porque llegó la enfermera, tomó a mi abuela del brazo y la metió a su habitación. Nos dijo que podÃamos ir a visitarla todos los dÃas si asà lo querÃamos. Nos dijo que ya nos tenÃamos que retirar. Era para no hacerle más difÃcil la despedida a mi mamá Mauhelia. Ella sonrió con desgano y movió su mano, indicándome sonar el llamador de Ãngeles. Le dije que no lo olvidarÃa. Nos fuimos tristes de ese lugar. Nunca creÃmos que mi abuelita terminarÃa ahÃ. Siempre pensé que estarÃamos juntos hasta el último dÃa de su vida. Por primera vez vi a mi mamá triste. También le habÃa afectado dejar a su madre esa noche. No pude dormir bien tan sólo de pensar cómo se sentirÃa mi mamá Ofelia al dÃa siguiente. En cuanto salà de la preparatoria, me fui a verla. Ella me recibió muy contenta. Estaba muy limpia y peinada. Me dijo que la trataban muy bien y que ya empezaba a hacer amistad con otra señora se llamaba tere Sin embargo, me llevó a su habitación. Antes de cerrar la puerta, se asomó que no viniera nadie habló como en susurro. Me dijo que en ese asilo habÃa una persona que no era muy buena. De inmediato le pregunté si alguien del personaje él no la habÃa tratado bien. Ella lo negó. Me dijo que no la estaba entendiendo. HabÃa una mujer otra interna en el asilo que practicaba la brujerÃa. Después que mi mamá Ofelia me dijo eso, le dije que no podÃa en tan poco tiempo afirmarlo. Lo más probable era que no se habÃan caÃdo bien, pero de ahà a que fuera una bruja. Mi abuela me pidió que me sentara. Me dijo que no estaba inventando nada A esa mujer la habÃa conocido cuando era más joven en algún momento de su vida Fueron amigas, pero que su amistad no terminó bien. Entre las dos llegaron a aprender rituales y a usarlos para tener abundancia, pero que ella torció el camino y empezó a practicar la magia negra. Cuando me dijo eso, le creà no se trataba de meras suposiciones, sino de hechos reales. Le invité a salir a caminar al jardÃn. Ahà me podÃa contar todo lo que quisiera sobre esa persona. Noté en la cara de mi abuela, que le dio gusto que le creyera. Me dijo que por las noches ella veÃa a una persona que rondaba en los jardines y en los pasillos, se metÃa en las habitaciones de algunas de las compañeras del asilo y, por una extraña razón, esa persona se enfermaba e incluso llegaba a morir. Al tiempo que bajó la voz. Me comentó que tan Solo en ese dÃa amaneció muerta una compañera. Ella vio cuando una sombra oscura se metió en uno de los cuartos. Al poco tiempo, las enfermeras y el médico entraron corriendo. Después de unas horas se la llevaron en una camilla, cubierto todo su cuerpo con una sábana blanca. Después que Mamá Ofelia me contó ese acontecimiento, si dudé un poco de ella, pensé que el hecho de no dormir en casa le habÃa afectado mucho por el jardÃn. Pasó la persona a la que se referÃa mi abuela me dijo que era ella. Como si esa mujer escuchara el comentario de Mamá Ofelia, volteó y nos saludó amigablemente, se acercó hacia nosotros. Mi abuela me presentó con ella le dijo que era su nieto. La mujer dijo llamarse a Melia enseguida. Se despidió y se fue. A partir de ese momento, Mamá Ofelia se puso inquieta. Comenzó a decirme cosas incoherentes, como que Amelia escuchaba todo lo que platicábamos y que me estaba poniendo en riesgo al presentarme con ella, que tuviese mucho cuidado porque quizás se me podrÃa aparecer en mi cuarto. Traté de calmarla diciéndole que no me podrÃa hacer daño porque ni siquiera sabÃa dónde vivÃa. Ella estaba dentro del asilo. Además, era una persona de edad avanzada que usaba un bastón para poder caminar. No podrÃa hacerme nada. Mi abuela me dijo que no me confiara. El bastón lo usaba sólo para engañar a las personas, porque ya la habÃa visto en varias ocasiones y caminaba perfectamente bien. Sólo lo hacÃa para que pensaran que era una mujer vulnerable, pero no lo era o no quiso quedar por más tiempo en el asilo. No era el mejor dÃa para Mamá Ofelia. La llevé a su habitación. Le leà un poco hasta que se quedó dormida. Me salà del cuarto con cuidado para que no se despertara. En cuanto salà de la habitación, me sorprendà porque afuera estaba Amelia parada en el pasillo sin hacer nada más. Se me hizo muy extraño, le dije adiós y me marché. En cuanto llegué a mi casa, le pedà a mi mamá que hablara con los médicos para que le dieran medicamentos para dormir. A Mamá Ofelia porque no estaba durmiendo en las noches, lo que provocaba que estuviera alterada durante el dÃa. Le conté lo sucedido. Ella estuvo de acuerdo conmigo esa noche, mi subconsciente se quedó con las últimas imágenes del asilo porque comencé a tener sueños alusivos a mi abuela y a Amelia. Cuando de repente me sacó de ese sueño un sonido, desperté y seguà escuchando un cascabel. No entendÃa lo que pasaba del cajón del buró salÃa el sonido era el llamador de Ãngeles de mi abuela que comenzó a sonar. Me quedé con el objeto en mis manos durante unos minutos. Sentado sobre la cama. De nuevo escuché cuando sonó el llamador de Ãngeles. Ahora sà tenÃa la certeza de que el sonido provenÃa de él y de inmediato pensé en mi abuela, pero eran casi las cuatro de la mañana. No podÃa hacer nada a esa hora En cuanto amaneció. Me fui al asilo. Falté a las primeras clases en la preparatoria no me importó porque algo me decÃa que las cosas no estaban bien con Mamá Ofelia, aunque también lo dudé un poco porque si ella no estuviera bien, le hubieran hablado por teléfono a mi mamá por las dudas. Fui al asilo. En cuanto llegué, me dijeron que Mamá Ofelia no estaba en su habitación. La habÃan llevado a la enfermerÃa porque se cayó en la madrugada. Estuvo caminando por los jardines, por lo que tuvo un accidente nada grave, pero por precaución estaba en la enfermerÃa. Les pedà que me permitieran verla. Me dejaron platicar con ella por unos minutos. Estaba golpeada de sus brazos en la cara. TenÃa un raspón. Le dije que no se saliera en las noches de su habitación. Por eso le habÃa sucedido ese accidente. Mamá Ofelia me interrumpió, me dijo que ella habÃa salido al jardÃn porque vio de nuevo a Amelia, que salió de su cuarto. Cuando ella pasó por el pasillo, la escuchó que iba haciendo un conjuro en voz baja. Por eso la siguió vio. Cuando se metió en la habitación de su compañera y empezó a hacer un ritual, me dijo que ella entró para interrumpir lo que estaba haciendo. Por eso Amelia se habÃa molestado una fuerza siniestra. La aventó hacia la pared y la lastimó, pero no era porque se hubiera caÃdo. Mi abuela me señaló a su compañera que estaba en otra camilla. Ella confirmaba lo que mi abuela me decÃa. Sólo decÃa que sà era cierto todo. Para terminar, mi abuela me dijo que la sacara. De ahÃ, porque cualquier noche Amelia podrÃa entrar a su habitación y quitarle la vida para tranquilizar a mamá Ofelia. Le dije que hablarÃa con mi madre. Las cosas no se quedarÃan asà En ese momento. Me acordé del llamador de Ãngeles. Le pregunté por qué en la noche habÃa sonado mi llamador de Ãngeles. Mi abuela me respondió que lo hizo sonar porque se encontraba en peligro. Ya me habÃa dicho que iba a hacer una manera de comunicarnos. No podÃa creer lo que me decÃa ni tampoco cómo lo habÃa hecho, pero ya eran muchas cosas que no entendÃa. Le dije que más tarde regresarÃa. Por la tarde hablé con ces. Le pregunté por qué motivo ella no se acercaba con mi abuela desde el dÃa en que la llevamos al asilo. No la habÃa visitado. Sés. Me dijo que ella no tenÃa un vÃnculo tan grande con ella, que siempre habÃa sido su favorito, pero que al dÃa siguiente irÃamos junto a verla. En cuanto llegó mi mamá le dije lo que sucedÃa con la abuela. Ella sólo iba a los fines de semana a visitarla. Me respondió que no le hiciera caso. Desde que era pequeña. Su mamá le decÃa un montón de mentiras respecto a los espÃritus buenos y malos que nos rodeaban. De cualquier manera, hablarÃa con los doctores para que le dieran medicamentos para dormir y, si era necesario, la llevarÃa a un psiquiatra. Al dÃa siguiente, SS cumplió su promesa. Me acompañó a ver a la abuela. En cuanto mamá Ofelia la vio, le dio tanto gusto que se puso a llorar esa tarde. La pasamos muy bien, porque en ningún momento nos mencionó a Amelia y sus brujerÃas. Ese fue el recuerdo más bonito con el que nos quedamos de ella. Nos quedamos en el asilo hasta que una de las enfermeras nos dijo que ya era hora de que nos fuéramos a descansar. La abuela estaba muy cansada. Necesitaba bañarla, darle sus medicamentos y a hacerle un poco de ejercicios. Nos despedimos de Mamá Ofelia con un abrazo. Le dijimos que al dÃa siguiente irÃamos a verla. Eran las siete de la tarde. Cuando nos despedimos de la abuela. Al cruzar los jardines, sentà como si alguien estuviera a mi lado. Le pregunté a sé si ella también percibÃa la presencia de otra persona. Ella me miró con ojos de susto. Me dijo que habÃa escuchado que le susurraban algo al oÃdo pero no distinguió lo que le decÃan. La agarré del brazo y apresuramos nuestro andar en el camino de regreso. Le dije a mi hermana que no habÃa querido decir nada, porque quizás no me iba a creer. Le comenté que Mamá Ofelia sà tenÃa manera de comunicarse con las personas aún cuando estuvieran lejos. Le platiqué sobre el llamador de Ãngeles. También le dije sobre Amelia. Sé si me creyó. Me dijo que era necesario sacar de ese asilo a Mamá Ofelia. En cuanto mi madre llegó del trabajo, se sin ó me ayudó a confrontarla. Le dijimos todo lo que nos habÃa sucedido y que creÃamos que Mama Ofelia estaba en peligro, pero todo fue en vano. Mi mamá nos dijo que ya nos habÃa contaminado su madre con sus ideas espirituales que ella estarÃa bien. Dio por terminada la conversación y se fue a su habitación. Esa noche me sentÃa muy cansado y agobiado. Le dije a SSY que al dÃa siguiente no irÃamos a la escuela. Mejor pasarÃamos la mañana con Mama Ophelia para que ella nos ayudara a encontrar una manera de ayudarla. Sé si estuvo de acuerdo y nos fuimos a descansar. En cuanto me acosté en la cama, me quedé profundamente dormido. Comencé a tener una pesadilla que no me permitió descansar. En ese sueño. VeÃa a Mamá Ofelia que caminaba en un jardÃn grande, lleno de árboles frondosos. Ellos no dejaban que la luz de la luna se filtrara, ni tampoco la de la lámpara por lo que estaba muy oscuro. Mientras Mamá Ophelia caminaba ra por un pasillo. Al fondo estaba una mujer que sonreÃa de una manera siniestra. Asà estuve con otro tipo de sueños extraños en los que estuvo involucrada mi abuela. De pronto desperté porque el llamador de Ãngeles empezó a sonar. TenÃa la certeza de que se trataba de mi mamá Ofelia. El reloj marcaba las cuatro de la mañana. Me levanté y desperté a cessi Le dije que era necesario que fuéramos al asilo. Ella me dijo que no eran horas para visitar a la abuela. Con gran desesperación, le dije que presentÃa que Mamá Ofelia no se encontraba bien. Era mejor que nos dijeran que todo estaba en orden. AsÃ, si la vi que no estaba de acuerdo con desgano, se vistió mientras pedÃa el servicio de un huber. En poco tiempo estuvimos en el asilo. Desde que el coche dio vuelta en la calle del asilo, vi la luz roja de la ambulancia. Quise entrar al asilo, pero no me lo permitieron. El vigilante me detuvo, me dijo que no lo hiciera. En ese mono momento sacaron a mi abuelita en una camilla. Creà que no se habÃa dado cuenta de que estábamos presentes, pero noté que movÃa sus dedos de la mano derecha como si nos estuviese diciendo adiós. Esa fue la última vez que la vimos cuando la llevaron al hospital. Aún tenÃa vida, pero según el reporte, antes de llegar al hospital murió. No nos permitieron irnos en la ambulancia con mi mamá Ophelia, porque los dos éramos menores de edad le hablaron a mi madre le dijeron en cuál hospital llevarÃan a mi abuela. Mi papá fue a recogernos al asilo. Esa fue la noche más larga. Se hicieron los trámites necesarios para la funeraria y enterrar a Mamá Ofelia en el cementerio de Mezquitán. Mientras vi que el féretro empezaba a descender dentro de la tumba, me pareció escuchar el ligero sonido que emitÃa el llamador de ángeles, pero creà que todo era producto de mi imaginación, porque relacionaba ese objeto con mi querida abuela. Después que terminaron los rituales por la muerte de Mamá Ofelia, nos fuimos a descansar en nuestras respectivas habitaciones. Nunca lo habÃa hecho, pero le pedà a mi hermana cesy que se fuera un rato a mi cuarto. TenÃa una necesidad imperiosa de hablar de Mama Ofelia de cosas triviales, pero querÃa pensar en ella. Sé si se quedó durante largo rato conmigo. El cansancio nos empezó a vencer ella. Se fue a su habitación y me quedé dormido. De nuevo me despertó el sonido del llamador de Ãngeles. Lo saqué del cajón en el que se encontraba. No querÃa que mi mente me hiciera una mala jugada. Era verdad, porque de nuevo volvió a sonar Mamá Ofelia. No me habÃa dejado. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








