Una Bruja Intentó Quitarme El Alma Historias De Terror - REDE

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Bruja de almas. Todas las personas, al menos las que me han escuchado, cuando les cuento mi historia, coinciden en que es lo suficientemente extraña como para aceptarla a la primera, porque es muy diferente a lo que la mayorÃa de la gente cuenta cuando hablan de brujas. En el año que me sucedió, esto estaba en tiempo de estudios. Por lo mismo, me habÃa ido a una ciudad más grande para iniciar la universidad, a diferencia de donde yo soy. Ahà se hablaba de cosas extrañas a las cuales no estaba acostumbrado a escuchar. Especialmente se platicaba sobre brujas. Aseguraban que eran reales hasta las describÃan con lujo de detalle. Hablaban con tanta seguridad que me ponÃan a dudar de su existencia. No me asustaba, ya estaba lo suficientemente maduro para creer o no en las cosas paranormales. Eso sà de ser ciertas. No estaba preparado para enfrentarlas. La mayorÃa de mis compañeros tenÃan algo que contar sobre encuentros terribles con ellas otros e incluso aseguraba que alguno de sus familiares eran practicantes de la brujerÃa. Después de unos meses de clases, ya tenÃa mi grupo de amigos, Todos pensábamos diferente. Aún asà tenÃamos una buena relación entre ellos. HabÃa uno en particular, Edgar, que creÃa y practicaba cosas esotéricas. El tarot el aura otras ciencias extrañas como misteriosas, al menos para mÃ, toda su plática giraba alrededor de eso. Dos veces lo acompañamos para que le leyeran las cartas del tarot y en algunas ocasiones llegamos a jugar a la huija sólo por seguirle la corriente. La mayorÃa de nosotros no creÃa que eso fuera verdad. Debo de admitir que hacerlo me inquietaba. Yo sabÃa por mi abuela que no deberÃamos meternos en esas cosas, porque podrÃamos agarrar algún mal. HabÃa escuchado que en la huija se podÃan contactar espÃritus, en entres malignas e incluso demonios, pero me daba vergüenza decirles a mis amigos pensando que se burlarÃan de mÃ, Como suele suceder las veces que utilizamos la hija. Nunca me atrevà a preguntar nada. Simplemente miraba escéptico cómo el triángulo se movÃa bajo la yema de nuestras manos para formar palabras. Aunque ellos decÃan que se movÃa sola, Nunca lo creÃ. Para mà eso era un juego nada más en una ocasión que jugábamos aseguraron haber contactado un espÃritu que adivinó el nombre de todos. Además, nos dijo de qué color era nuestra aura y nos habló del valor de las almas. Según Edgar, ese espÃritu le pedÃa que dejara abierto el portal y se lo recompensarÃa como el ambiente se ponÃa cada vez más tenso. Me quise salir del juego, pero todos me dijeron que no. Cuando Edgar le dijo a ese espÃritu que no lo harÃa, terminó por amenazarnos a todos diciendo que un dÃa saldrÃa de la huija para buscarnos. Desde ese dÃa, yo ya no quise saber nada de esa tabla. Un viernes por la noche, una amiga y yo acompañamos a Edgar a una sesión espiritista o algo asà donde, por largo rato, una mujer estuvo invocando espÃritus de sus familiares fallecidos, además de otras entidades. En un cuarto casi oscuro, alumbrándonos apenas con dos velas, nos tomamos de las manos y la espiritista nos pidió que cerráramos los ojos. No los podÃamos tener abiertos porque los espÃritus no se manifestarÃan. AsÃ. Estuvimos en medio de invocaciones por un espacio de dos horas. Lo más fuerte de la sesión fue cuando contactó a una misteriosa mujer que se encontraba atrapada en alguna dimensión. PedÃa ayuda para poder salir. De ahà escuchar todo aquello me tenÃa impactado. Se escuchaban golpes en las paredes, no sabÃa si eran reales. Aún asÃ. Estaba nervioso a más no poder porque se llegaron a caer algunas cosas. No pude evitar abrir los ojos y miré que se apagó una de las velas que estaban iban en la mesa. JurarÃa que alguien le habÃa soplado. Volteaba a ver a mi amiga, pero ni ella ni Edgar se notaban asustados como lo estaba. Yo. Más me asusté cuando la señora espiritista, con una voz extraña, dijo que entre nosotros habÃa un alma que le apetecÃa y harÃa lo imposible por tenerla. Cuando terminó todo aquello, salà aturdido de ese lugar, llevando grabada en mi mente no sólo la voz de la señora, también algunas psicofonÃas y manifestaciones, además de una sensación rara que no me dejaba en paz toda esa noche. Asà la pasé aturdido. Me sentÃa como si hubiera tomado de más, trataba de cerrar los ojos, pero sólo se me abrÃan. ParecÃa que me obligaban a ver algo que no estaba. Lo sabrÃa tanto que se me querÃan salir. También me comenzaron a zumbar los oÃdos. A la mañana siguiente, cuando me levanté, me sentÃa hinchado de la cara. Me miré al espejo porque me ardÃan mucho los ojos y, por más, que me lavaba la boca. Me sabÃa mucho hacer sangre. De hecho, traÃa entre los dientes. Me daban unas fuertes punzadas en todo el cuerpo como un tipo de calambre horrible que nunca habÃa sentido. Se me cerraban los ojos, me sentÃa muy débil, tanto que tenÃa dificultad para caminar. Por eso arrastraba los pies al hacerlo. Un error mÃo fue no darle la importancia que merecÃa. Sólo me automediqué tomando las pastillas que habÃa en el botiquÃn de mi casa para poder cumplir con las labores de la escuela. Pensaba que pronto se me pasarÃa como no cesaban los malestares me di un tiempo por la tarde para ir al médico, quien solamente me dio otras pastillas con la consigna de que si no se me calmaba, tendrÃa que realizarme unos análisis de sangre. Esa noche sufrà de unos espasmos horribles. El cuerpo se me movÃa de manera violenta. Lo primero que pensé fue que eran convulsiones por todas las pastillas que habÃa ingerido. Era tanto asà que sentÃa que algo se querÃa salir de adentro de mi cuerpo. Asà estuve esa noche a a aturdido como me encontraba. No me habÃa percatado que afuera en el patio trasero se escuchaban algunos ruidos extraños. Alguien o algo brincaba de los árboles al techo de mi casa. Con la poca conciencia que tenÃa, no me daba para imaginar qué clase de animal podrÃa andar brincando arriba de los árboles. En ese momento no pensé en algo sobrenatural por lo mal que me sentÃa. Ni siquiera me asomé para ver lo que pasaba. Después de unos minutos. De repente, asà como me surgió, desaparecieron todos los malestares. Sentà un gran alivio y, por lo mismo me quedé dormido enseguida. A la mañana siguiente, cuando me miré al espejo, me sorprendà al mirar mis ojos. Mis pupilas estaban muy dilatadas. Además, se me empezaban a formar grandes ojeras. Por lo mismo no fui a la escuela. Aparte de eso, todo parecÃa normal, pero el recuerdo de lo sucedido me tenÃa inquieto. No estaba seguro de lo que habÃa escuchado afuera. Tampoco entendÃa el porqué de esos terribles sÃntomas SerÃa como las once de la mañana que comencé a sentirme mal de nuevo, aunque no de la misma manera que la noche anterior, cuando ya no podÃa controlar los movimientos de mi cuerpo, me asusté. Además, empecé a escuchar voces dentro de mi cabeza. De nueva cuenta, recurrà al médico. Me mandó a hacerme unos análisis. Los resultados arrojaron que no tenÃa ningún mal, No habÃa rastros de haber tenido convulsiones ni enfermedad alguna. Por eso preferà no avisar a mis padres con el diagnóstico de que era estrés. Regresé a mi casa. Antes de entrar me habló un vecino que tenÃa poco tiempo de vivir. Ahà se me acercó para decirme que la noche anterior en mi patio se apareció una sombra bastante extraña. Aparentemente era de una mujer, aunque no estaba cien por ciento seguro, pero esta sombra era muy diferente a todo lo conocido. Se le notaban grandes y delgados brazos. Lo más inquietante era que trepaba a los árboles con una facilidad asombrosa como si fuera algún animal. Lo extraño era que los perros no le ladraban. Todo hacÃa suponer que no la miraban. Tal vez era sólo un espÃritu extrañado por su plática. Le comenté lo que me estaba pasando. Lo que me dijo me preocupó. Me comentó que tenÃa algunos conocimientos de un tipo de magia. Según él, lo que andaba rondando mi casa era una bruja un tanto asustado. Le pregunté qué era eso y qué podÃa hacer, porque yo no conocÃa nada de brujas. Me dijo que podrÃa ser una bruja negra de esas que se dedicaban a hacer el mal. Eran poderosas porque tenÃan pacto con el diablo, podÃan volar transformarse en algún animal para trasnochar entre las casas, las más poderosas tenÃan la capacidad de manifestarse en espÃritu aparecer y desaparecer según ameritaban sus actividades nocturnas. La única solución que me dio fue ayudarme a consultar con otra bruja. Seguramente ella me ayudarÃa porque no sabÃamos qué intenciones tenÃa esa mujer al acercarse a mi casa. Como él no tenÃa mucho tiempo de vivir en la ciudad, tardarÃa unos dÃas en conseguirla. Se me vino a la mente mi amigo Edgar. Tal vez él conocÃa a alguien que pudiera ayudarme, sólo que para hablar con él tendrÃa que esperar al lunes siguiente, porque ese dÃa era un viernes por la tarde. A pesar de la amistad que tenÃamos, no sabÃa dónde vivÃa un poco tranquilo de saber que no tenÃa ninguna enfermedad grave, pero nervioso de pensar que algo tan terrible como una bruja me podÃa estar Acosando entré a mi casa a un temeroso, me acosté porque necesitaba descansar. Pasando un poco más de una hora, me vino una sensación rara. No sé cómo explicarlo. Era como si eso que sentÃa. Me avisara de que algo malo me iba a pasar. Luego me invadió una terrible angustia. Todo esto me duró unos minutos, nada más, porque de repente sentà una especie de descargas eléctricas. Era una energÃa que intentaba salir por las manos, los pies y la cabeza, primero, haciéndome estremecer por lo feo que sentÃa. Después comencé a gritar de lo asustado que estaba desesperado. Caminaba por todo el cuarto agarrándome la cabeza con las manos, tumbando muchas cosas, porque tenÃa la vista nublada a causa de las fuertes punzadas que no cesaban en un momento que me acerqué a la ventana, alcancé a distinguir a una figura arriba de un árbol. Era una mujer vestÃa con ropas oscuras, trataba de ocultarse entre las ramas mientras miraba fijamente hacia mi casa. Fueron solamente unos segundos porque al instante desapareció de mi vista. Para mi sorpresa, a los pocos minutos, todos mis terribles malestares desaparecieron. Además, los ruidos normales surgieron el sonido de los grillos y el ladrar de los perros, porque segundos antes todo estaba en una calma inquietante. Supe sin temor a equivocarme que la causante de todo lo que me estaba pasando era esa horrible mujer. Pero no tenÃa ni idea de que era lo que querÃa de mà o por qué me rodeaba mi casa. HabÃa escuchado que las brujas se robaban a los niños pequeños sin bautizar para chuparles la sangre. Obviamente, a mà no me querÃa para eso, porque ya era mayor de edad. La causa era otra que no lograba adivinar. Pasando un buen rato, me tranquilicé un poco tratando de dormir. Cerré los ojos. Al momento sentà que alguien se trepó arriba de mÃ. Era imposible porque me encontraba completamente solo y encerrado en mi cuarto. Aquello estaba tan pesado que no me dejaba respirar. No podÃa moverme, ni siquiera me permitÃa abrir los ojos. Se restregaba más a mi cuerpo. Escuchaba como eso que estaba postrado sobre mÃ. Me olÃa podÃa oÃr claramente el sonido de su lengua pasar por sus labios como si se saboreara conmigo. Llegué a pensar que todo era un mal sueño, pero podÃa sentir su aliento caliente en mi cara. Además, al respirarlo, me producÃa un asco horrible. También escuchaba ladrar de manera inusual a mi perro. No sé cuánto tiempo estuve asÃ, luchando por despertar hasta que con dificultad pude levantar los párpados. Al hacerlo, alcancé a ver frente a mà una figura oscura de una mujer de pelo largo muy parecida a la que habÃa visto sobre el árbol. Sin dejar de mirarme, comenzó a desvanecerse poco a poco, hasta desaparecer ante mis ojos, dejándome una sensación de terror que muy pocas veces habÃa experimentado. A esa hora de la noche. Fui a despertar a mi vecino porque no sabÃa qué más hacer. Al ver me parecÃa que me estaba esperando, me preguntó si ya la habÃa visto, a lo que le contesté que sÃ. Mientras me comenzaba a llenar de sal todo el cuerpo, me preguntó si acostumbraba a jugar a la huija. Al responderle que sÃ, hizo una mueca de desagrado. Me dijo las almas son atractivas para los demonios que encuentras ahÃ. No es una simple tabla, es una puerta al más allá o que tener cuidado. Quizá nuestras almas despiden un aroma que les llama la atención a esos seres. Eso lo saben las brujas. Cuando ellas se encuentran a una persona débil, se aferran a robar su alma, la poseena a la fuerza y se las ofrecen a los demonios a cambio de ciertos favores o poderes. Está de más decir que las personas mueren ese tipo de brujas no son personas que encuentras a la vuelta de la esquina. Son seres salidas del mismÃsimo infierno. Si te eligen, es muy difÃcil que salgas Ileso le comenté sobre la sesión espiritista a la que habÃa asistido y todo lo que ahà habÃa visto, me dijo que podrÃa ser que esa bruja ya tenÃa tiempo siguiéndome, quizá ya habÃa olido mi alma. Por eso pretendÃa robarla para ofrendarla al diablo. Le pregunté si él conocÃa a alguien que pudiera ayudarme. Para mi desgracia, me contestó que aún no. Además, me dijo que, al parecer, yo necesitaba atención especial porque quien me acosaba si era una bruja de almas y deshacerse de ella era muy difÃcil. Ese tipo de brujas no se pueden asustar con tijeras o volteando escobas. Como cuenta la gente, se tiene que conseguir una protección muy poderosa. Me decÃa yo voy a ver qué puedo hacer, porque tu situación es muy delicada. Todos tus malestares son por eso la bruja te quiere arrancar el alma. Ya no tienes mucho tiempo. Yo sólo lo escuchaba decirme eso con cara de preocupación en lo que encontraba una solución. Me regaló agua bendita para que le pusiera a las puertas y ventanas. También me recomendó regarza al enfrente de la puerta principal. Otra cosa deberÃa poner unas bandejas de agua frente a las ventanas. Eso las asustaba, además de darme unas oraciones. Me pidió que fuera valiente, que aguantara lo más que pudiera esa noche. Las cosas se pusieron peor que nunca. Comencé a jadear por falta de aire. Me sentà tan mal que me era imposible levantarme de la cama. Me estremecÃa y me temblaba todo el cuerpo. Escuchaba como alguien se arrastraba por el techo de mi cuarto. En ocasiones golpeaban las ventanas o empujaban las puertas. Lo más terrible era saber que era una bruja queriéndose meter En ese momento no se me ocurrÃa ponerme a rezar, gritar por ayuda o esconderme. Solamente tenÃa fuerzas para intentar sobrevivir, respirando como se pudiera. La cosa más espantosa que me tocó vivir esa noche fue cuando tuve una sensación de pesadez. Luego me sentà fuera de mi cuerpo desde un rincón me miraba convulsionarme. También veÃa a una mujer espantosa que de manera desesperada por no poder meterse a mi cuarto. Se asomaba por las ventanas. Deseaba con todas mis fuerzas que pronto amaneciera o que perdiera el sentido para por fin poder librarme de todo lo espantoso que estaba viviendo de repente mi espÃritu, quizá negándose a irse regresaba a mi cuerpo de manera violenta o chocar contra mÃ. Esos momentos eran de lucidez. Luego, de nueva cuenta, me sentÃa flotando. Era como estar fuera de la realidad. Fue horrible sentir como una fuerza maligna. Me jalaba tratando de sacarme de la casa. En ese momento me dolÃan todos los huesos y no podÃa defenderme las cosas que habÃa puesto en las puertas y ventanas. Si funcionaron, pero sólo para retener a la bruja, porque los terribles malestares se hicieron presentes la cabeza me querÃa estallar sangre, me escurrÃa por nariz y boca todo eso. No puedo negarlo. Me tenÃa muerto de miedo a más no poder Sobreponiéndome a todo eso tan espantoso, me puse a rezar las oraciones que recordaba. Sólo asà me fui liberando poco a poco de la horrible opresión que tenÃa y que me impedÃa respirar. Me daba miedo salir a buscar a mi vecino, pues temÃa que la bruja estuviera merodeando alrededor de mi casa, tal vez escondida entre los árboles o buscando la manera de meterse para quitarme el alma. Muy disminuido de mis fuerzas, logré amanecer como a las diez de la mañana todavÃa estaba acostado. Me sobresalté porque mi vecino tocó la puerta de manera insistente. Me incorporé como pude y abrà la puerta. Se asombró nada más al verme como estaba también al mirar cómo habÃa quedado toda mi casa casi destruida, me dijo que ya tenÃa una dirección apoyándome en él. Nos encaminamos en busca de ayuda, esperando que esa persona me pudiera liberar de todo lo que me aquejaba. Por más de una hora, viajamos en su auto hasta llegar a unas rancherÃas que parecÃan abandonadas. Llegamos a una pequeña casa de madera donde nos recibió una persona de aspecto duro. Mi vecino ya lo habÃa puesto al tanto de todo. Después de decirme su nombre, me confirmó que esa bruja me habÃa elegido porque me sintió débil, ignorante e incrédulo. El ser asà me convertÃa a empresa fácil para ella o para cualquier otro ser sobrenatural. Me explicó que liberarse de una burbuja de esa clase era muy difÃcil porque no tenÃan un cuerpo fÃsico. Es más que otra cosa, el alma o el espÃritu de una bruja antigua que sale cada que se deja abierto algún portal miraba mis ojos con insistencia, mojó las yemas de sus dedos con su saliva y, tras unas lÃneas en mi frente, luego con un algodón empapado con un lÃquido, me talló los ojos como si estuviera borrando algo por un largo rato. Me barrió con algo parecido a una trenza. También me untó un brebaje que ya tenÃa preparado. DespedÃa un olor muy fuerte y me ardió al primer contacto. Después me dio a beber un preparado de hierbas amargas. Con él todo mi ser se reforzarÃa lo que me habÃa hecho. Esta persona era para que a la Bruja le pareciera indeseable mi alma asà desistirÃa de atacarme. Me amarró unos listones en muñecas y tobillos. Asà regresamos para mi casa. Mi vecino se ofreció a quedarse conmigo para acompañarme esa noche, que seguramente serÃa muy difÃcil. Por supuesto que acepté ya en casa por recomendación de aquella persona que me atendió. Quitamos la sal y los baldes de agua que habÃa puesto. Nos sentamos en la cocina esperando a que anocheciera. Cuando por fin cayó la noche, estaba nervioso a la expectativa de lo que se podrÃa escuchar o ver por la tensión que tenÃa. Se me figuraba que algunas sombras se asomaban entre las ramas de los árboles. Mi vecino me aseguraba que no habÃa nada. Si acaso coincidimos en escuchar algunos sonidos raros. ParecÃa que alguien que no podÃamos ver respiraba muy fuerte a los árboles de mi patio. Se le caÃan las hojas como si algo invisible nos acechaba. Eso fue todo asÃ. Amanecimos tensos, pero sintiéndome liberado por precaución los dÃas posteriores, regué sal y agua bendita, puse los baldes de agua frente a las ventanas e incluso algunos espejos. No terminé en la escuela. Regresé a casa de mis padres. Cuando les conté esta historia, por supuesto que no me creyeron molestos. Me dijeron que era un pretexto para no estudiar y me mandaron a trabajar a las labores del campo. Por lo mismo, muy pocas veces he contado mi historia. Yo no sé mucho de brujas. No puedo asegurar que todo lo que me pasó fue por causa de una de ellas, pero tengo testigos, al menos mi vecino. Sé que todavÃa vive después de pasar por una situación asÃ. No se puede vivir en paz. Jamás he vuelto a jugar a la huija mucho menos Meterme con espÃritus. Relato escrito y adaptado por gato negro








