Dec. 19, 2023

Una Bruja Intentó Quitarme El Alma Historias De Terror - REDE

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Bruja de almas. Todas las personas, al menos las que me han escuchado, cuando les cuento mi historia, coinciden en que es lo suficientemente extraña como para aceptarla a la primera, porque es muy diferente a lo que la mayoría de la gente cuenta cuando hablan de brujas. En el año que me sucedió, esto estaba en tiempo de estudios. Por lo mismo, me había ido a una ciudad más grande para iniciar la universidad, a diferencia de donde yo soy. Ahí se hablaba de cosas extrañas a las cuales no estaba acostumbrado a escuchar. Especialmente se platicaba sobre brujas. Aseguraban que eran reales hasta las describían con lujo de detalle. Hablaban con tanta seguridad que me ponían a dudar de su existencia. No me asustaba, ya estaba lo suficientemente maduro para creer o no en las cosas paranormales. Eso sí de ser ciertas. No estaba preparado para enfrentarlas. La mayoría de mis compañeros tenían algo que contar sobre encuentros terribles con ellas otros e incluso aseguraba que alguno de sus familiares eran practicantes de la brujería. Después de unos meses de clases, ya tenía mi grupo de amigos, Todos pensábamos diferente. Aún así teníamos una buena relación entre ellos. Había uno en particular, Edgar, que creía y practicaba cosas esotéricas. El tarot el aura otras ciencias extrañas como misteriosas, al menos para mí, toda su plática giraba alrededor de eso. Dos veces lo acompañamos para que le leyeran las cartas del tarot y en algunas ocasiones llegamos a jugar a la huija sólo por seguirle la corriente. La mayoría de nosotros no creía que eso fuera verdad. Debo de admitir que hacerlo me inquietaba. Yo sabía por mi abuela que no deberíamos meternos en esas cosas, porque podríamos agarrar algún mal. Había escuchado que en la huija se podían contactar espíritus, en entres malignas e incluso demonios, pero me daba vergüenza decirles a mis amigos pensando que se burlarían de mí, Como suele suceder las veces que utilizamos la hija. Nunca me atreví a preguntar nada. Simplemente miraba escéptico cómo el triángulo se movía bajo la yema de nuestras manos para formar palabras. Aunque ellos decían que se movía sola, Nunca lo creí. Para mí eso era un juego nada más en una ocasión que jugábamos aseguraron haber contactado un espíritu que adivinó el nombre de todos. Además, nos dijo de qué color era nuestra aura y nos habló del valor de las almas. Según Edgar, ese espíritu le pedía que dejara abierto el portal y se lo recompensaría como el ambiente se ponía cada vez más tenso. Me quise salir del juego, pero todos me dijeron que no. Cuando Edgar le dijo a ese espíritu que no lo haría, terminó por amenazarnos a todos diciendo que un día saldría de la huija para buscarnos. Desde ese día, yo ya no quise saber nada de esa tabla. Un viernes por la noche, una amiga y yo acompañamos a Edgar a una sesión espiritista o algo así donde, por largo rato, una mujer estuvo invocando espíritus de sus familiares fallecidos, además de otras entidades. En un cuarto casi oscuro, alumbrándonos apenas con dos velas, nos tomamos de las manos y la espiritista nos pidió que cerráramos los ojos. No los podíamos tener abiertos porque los espíritus no se manifestarían. Así. Estuvimos en medio de invocaciones por un espacio de dos horas. Lo más fuerte de la sesión fue cuando contactó a una misteriosa mujer que se encontraba atrapada en alguna dimensión. Pedía ayuda para poder salir. De ahí escuchar todo aquello me tenía impactado. Se escuchaban golpes en las paredes, no sabía si eran reales. Aún así. Estaba nervioso a más no poder porque se llegaron a caer algunas cosas. No pude evitar abrir los ojos y miré que se apagó una de las velas que estaban iban en la mesa. Juraría que alguien le había soplado. Volteaba a ver a mi amiga, pero ni ella ni Edgar se notaban asustados como lo estaba. Yo. Más me asusté cuando la señora espiritista, con una voz extraña, dijo que entre nosotros había un alma que le apetecía y haría lo imposible por tenerla. Cuando terminó todo aquello, salí aturdido de ese lugar, llevando grabada en mi mente no sólo la voz de la señora, también algunas psicofonías y manifestaciones, además de una sensación rara que no me dejaba en paz toda esa noche. Así la pasé aturdido. Me sentía como si hubiera tomado de más, trataba de cerrar los ojos, pero sólo se me abrían. Parecía que me obligaban a ver algo que no estaba. Lo sabría tanto que se me querían salir. También me comenzaron a zumbar los oídos. A la mañana siguiente, cuando me levanté, me sentía hinchado de la cara. Me miré al espejo porque me ardían mucho los ojos y, por más, que me lavaba la boca. Me sabía mucho hacer sangre. De hecho, traía entre los dientes. Me daban unas fuertes punzadas en todo el cuerpo como un tipo de calambre horrible que nunca había sentido. Se me cerraban los ojos, me sentía muy débil, tanto que tenía dificultad para caminar. Por eso arrastraba los pies al hacerlo. Un error mío fue no darle la importancia que merecía. Sólo me automediqué tomando las pastillas que había en el botiquín de mi casa para poder cumplir con las labores de la escuela. Pensaba que pronto se me pasaría como no cesaban los malestares me di un tiempo por la tarde para ir al médico, quien solamente me dio otras pastillas con la consigna de que si no se me calmaba, tendría que realizarme unos análisis de sangre. Esa noche sufrí de unos espasmos horribles. El cuerpo se me movía de manera violenta. Lo primero que pensé fue que eran convulsiones por todas las pastillas que había ingerido. Era tanto así que sentía que algo se quería salir de adentro de mi cuerpo. Así estuve esa noche a a aturdido como me encontraba. No me había percatado que afuera en el patio trasero se escuchaban algunos ruidos extraños. Alguien o algo brincaba de los árboles al techo de mi casa. Con la poca conciencia que tenía, no me daba para imaginar qué clase de animal podría andar brincando arriba de los árboles. En ese momento no pensé en algo sobrenatural por lo mal que me sentía. Ni siquiera me asomé para ver lo que pasaba. Después de unos minutos. De repente, así como me surgió, desaparecieron todos los malestares. Sentí un gran alivio y, por lo mismo me quedé dormido enseguida. A la mañana siguiente, cuando me miré al espejo, me sorprendí al mirar mis ojos. Mis pupilas estaban muy dilatadas. Además, se me empezaban a formar grandes ojeras. Por lo mismo no fui a la escuela. Aparte de eso, todo parecía normal, pero el recuerdo de lo sucedido me tenía inquieto. No estaba seguro de lo que había escuchado afuera. Tampoco entendía el porqué de esos terribles síntomas Sería como las once de la mañana que comencé a sentirme mal de nuevo, aunque no de la misma manera que la noche anterior, cuando ya no podía controlar los movimientos de mi cuerpo, me asusté. Además, empecé a escuchar voces dentro de mi cabeza. De nueva cuenta, recurrí al médico. Me mandó a hacerme unos análisis. Los resultados arrojaron que no tenía ningún mal, No había rastros de haber tenido convulsiones ni enfermedad alguna. Por eso preferí no avisar a mis padres con el diagnóstico de que era estrés. Regresé a mi casa. Antes de entrar me habló un vecino que tenía poco tiempo de vivir. Ahí se me acercó para decirme que la noche anterior en mi patio se apareció una sombra bastante extraña. Aparentemente era de una mujer, aunque no estaba cien por ciento seguro, pero esta sombra era muy diferente a todo lo conocido. Se le notaban grandes y delgados brazos. Lo más inquietante era que trepaba a los árboles con una facilidad asombrosa como si fuera algún animal. Lo extraño era que los perros no le ladraban. Todo hacía suponer que no la miraban. Tal vez era sólo un espíritu extrañado por su plática. Le comenté lo que me estaba pasando. Lo que me dijo me preocupó. Me comentó que tenía algunos conocimientos de un tipo de magia. Según él, lo que andaba rondando mi casa era una bruja un tanto asustado. Le pregunté qué era eso y qué podía hacer, porque yo no conocía nada de brujas. Me dijo que podría ser una bruja negra de esas que se dedicaban a hacer el mal. Eran poderosas porque tenían pacto con el diablo, podían volar transformarse en algún animal para trasnochar entre las casas, las más poderosas tenían la capacidad de manifestarse en espíritu aparecer y desaparecer según ameritaban sus actividades nocturnas. La única solución que me dio fue ayudarme a consultar con otra bruja. Seguramente ella me ayudaría porque no sabíamos qué intenciones tenía esa mujer al acercarse a mi casa. Como él no tenía mucho tiempo de vivir en la ciudad, tardaría unos días en conseguirla. Se me vino a la mente mi amigo Edgar. Tal vez él conocía a alguien que pudiera ayudarme, sólo que para hablar con él tendría que esperar al lunes siguiente, porque ese día era un viernes por la tarde. A pesar de la amistad que teníamos, no sabía dónde vivía un poco tranquilo de saber que no tenía ninguna enfermedad grave, pero nervioso de pensar que algo tan terrible como una bruja me podía estar Acosando entré a mi casa a un temeroso, me acosté porque necesitaba descansar. Pasando un poco más de una hora, me vino una sensación rara. No sé cómo explicarlo. Era como si eso que sentía. Me avisara de que algo malo me iba a pasar. Luego me invadió una terrible angustia. Todo esto me duró unos minutos, nada más, porque de repente sentí una especie de descargas eléctricas. Era una energía que intentaba salir por las manos, los pies y la cabeza, primero, haciéndome estremecer por lo feo que sentía. Después comencé a gritar de lo asustado que estaba desesperado. Caminaba por todo el cuarto agarrándome la cabeza con las manos, tumbando muchas cosas, porque tenía la vista nublada a causa de las fuertes punzadas que no cesaban en un momento que me acerqué a la ventana, alcancé a distinguir a una figura arriba de un árbol. Era una mujer vestía con ropas oscuras, trataba de ocultarse entre las ramas mientras miraba fijamente hacia mi casa. Fueron solamente unos segundos porque al instante desapareció de mi vista. Para mi sorpresa, a los pocos minutos, todos mis terribles malestares desaparecieron. Además, los ruidos normales surgieron el sonido de los grillos y el ladrar de los perros, porque segundos antes todo estaba en una calma inquietante. Supe sin temor a equivocarme que la causante de todo lo que me estaba pasando era esa horrible mujer. Pero no tenía ni idea de que era lo que quería de mí o por qué me rodeaba mi casa. Había escuchado que las brujas se robaban a los niños pequeños sin bautizar para chuparles la sangre. Obviamente, a mí no me quería para eso, porque ya era mayor de edad. La causa era otra que no lograba adivinar. Pasando un buen rato, me tranquilicé un poco tratando de dormir. Cerré los ojos. Al momento sentí que alguien se trepó arriba de mí. Era imposible porque me encontraba completamente solo y encerrado en mi cuarto. Aquello estaba tan pesado que no me dejaba respirar. No podía moverme, ni siquiera me permitía abrir los ojos. Se restregaba más a mi cuerpo. Escuchaba como eso que estaba postrado sobre mí. Me olía podía oír claramente el sonido de su lengua pasar por sus labios como si se saboreara conmigo. Llegué a pensar que todo era un mal sueño, pero podía sentir su aliento caliente en mi cara. Además, al respirarlo, me producía un asco horrible. También escuchaba ladrar de manera inusual a mi perro. No sé cuánto tiempo estuve así, luchando por despertar hasta que con dificultad pude levantar los párpados. Al hacerlo, alcancé a ver frente a mí una figura oscura de una mujer de pelo largo muy parecida a la que había visto sobre el árbol. Sin dejar de mirarme, comenzó a desvanecerse poco a poco, hasta desaparecer ante mis ojos, dejándome una sensación de terror que muy pocas veces había experimentado. A esa hora de la noche. Fui a despertar a mi vecino porque no sabía qué más hacer. Al ver me parecía que me estaba esperando, me preguntó si ya la había visto, a lo que le contesté que sí. Mientras me comenzaba a llenar de sal todo el cuerpo, me preguntó si acostumbraba a jugar a la huija. Al responderle que sí, hizo una mueca de desagrado. Me dijo las almas son atractivas para los demonios que encuentras ahí. No es una simple tabla, es una puerta al más allá o que tener cuidado. Quizá nuestras almas despiden un aroma que les llama la atención a esos seres. Eso lo saben las brujas. Cuando ellas se encuentran a una persona débil, se aferran a robar su alma, la poseena a la fuerza y se las ofrecen a los demonios a cambio de ciertos favores o poderes. Está de más decir que las personas mueren ese tipo de brujas no son personas que encuentras a la vuelta de la esquina. Son seres salidas del mismísimo infierno. Si te eligen, es muy difícil que salgas Ileso le comenté sobre la sesión espiritista a la que había asistido y todo lo que ahí había visto, me dijo que podría ser que esa bruja ya tenía tiempo siguiéndome, quizá ya había olido mi alma. Por eso pretendía robarla para ofrendarla al diablo. Le pregunté si él conocía a alguien que pudiera ayudarme. Para mi desgracia, me contestó que aún no. Además, me dijo que, al parecer, yo necesitaba atención especial porque quien me acosaba si era una bruja de almas y deshacerse de ella era muy difícil. Ese tipo de brujas no se pueden asustar con tijeras o volteando escobas. Como cuenta la gente, se tiene que conseguir una protección muy poderosa. Me decía yo voy a ver qué puedo hacer, porque tu situación es muy delicada. Todos tus malestares son por eso la bruja te quiere arrancar el alma. Ya no tienes mucho tiempo. Yo sólo lo escuchaba decirme eso con cara de preocupación en lo que encontraba una solución. Me regaló agua bendita para que le pusiera a las puertas y ventanas. También me recomendó regarza al enfrente de la puerta principal. Otra cosa debería poner unas bandejas de agua frente a las ventanas. Eso las asustaba, además de darme unas oraciones. Me pidió que fuera valiente, que aguantara lo más que pudiera esa noche. Las cosas se pusieron peor que nunca. Comencé a jadear por falta de aire. Me sentí tan mal que me era imposible levantarme de la cama. Me estremecía y me temblaba todo el cuerpo. Escuchaba como alguien se arrastraba por el techo de mi cuarto. En ocasiones golpeaban las ventanas o empujaban las puertas. Lo más terrible era saber que era una bruja queriéndose meter En ese momento no se me ocurría ponerme a rezar, gritar por ayuda o esconderme. Solamente tenía fuerzas para intentar sobrevivir, respirando como se pudiera. La cosa más espantosa que me tocó vivir esa noche fue cuando tuve una sensación de pesadez. Luego me sentí fuera de mi cuerpo desde un rincón me miraba convulsionarme. También veía a una mujer espantosa que de manera desesperada por no poder meterse a mi cuarto. Se asomaba por las ventanas. Deseaba con todas mis fuerzas que pronto amaneciera o que perdiera el sentido para por fin poder librarme de todo lo espantoso que estaba viviendo de repente mi espíritu, quizá negándose a irse regresaba a mi cuerpo de manera violenta o chocar contra mí. Esos momentos eran de lucidez. Luego, de nueva cuenta, me sentía flotando. Era como estar fuera de la realidad. Fue horrible sentir como una fuerza maligna. Me jalaba tratando de sacarme de la casa. En ese momento me dolían todos los huesos y no podía defenderme las cosas que había puesto en las puertas y ventanas. Si funcionaron, pero sólo para retener a la bruja, porque los terribles malestares se hicieron presentes la cabeza me quería estallar sangre, me escurría por nariz y boca todo eso. No puedo negarlo. Me tenía muerto de miedo a más no poder Sobreponiéndome a todo eso tan espantoso, me puse a rezar las oraciones que recordaba. Sólo así me fui liberando poco a poco de la horrible opresión que tenía y que me impedía respirar. Me daba miedo salir a buscar a mi vecino, pues temía que la bruja estuviera merodeando alrededor de mi casa, tal vez escondida entre los árboles o buscando la manera de meterse para quitarme el alma. Muy disminuido de mis fuerzas, logré amanecer como a las diez de la mañana todavía estaba acostado. Me sobresalté porque mi vecino tocó la puerta de manera insistente. Me incorporé como pude y abrí la puerta. Se asombró nada más al verme como estaba también al mirar cómo había quedado toda mi casa casi destruida, me dijo que ya tenía una dirección apoyándome en él. Nos encaminamos en busca de ayuda, esperando que esa persona me pudiera liberar de todo lo que me aquejaba. Por más de una hora, viajamos en su auto hasta llegar a unas rancherías que parecían abandonadas. Llegamos a una pequeña casa de madera donde nos recibió una persona de aspecto duro. Mi vecino ya lo había puesto al tanto de todo. Después de decirme su nombre, me confirmó que esa bruja me había elegido porque me sintió débil, ignorante e incrédulo. El ser así me convertía a empresa fácil para ella o para cualquier otro ser sobrenatural. Me explicó que liberarse de una burbuja de esa clase era muy difícil porque no tenían un cuerpo físico. Es más que otra cosa, el alma o el espíritu de una bruja antigua que sale cada que se deja abierto algún portal miraba mis ojos con insistencia, mojó las yemas de sus dedos con su saliva y, tras unas líneas en mi frente, luego con un algodón empapado con un líquido, me talló los ojos como si estuviera borrando algo por un largo rato. Me barrió con algo parecido a una trenza. También me untó un brebaje que ya tenía preparado. Despedía un olor muy fuerte y me ardió al primer contacto. Después me dio a beber un preparado de hierbas amargas. Con él todo mi ser se reforzaría lo que me había hecho. Esta persona era para que a la Bruja le pareciera indeseable mi alma así desistiría de atacarme. Me amarró unos listones en muñecas y tobillos. Así regresamos para mi casa. Mi vecino se ofreció a quedarse conmigo para acompañarme esa noche, que seguramente sería muy difícil. Por supuesto que acepté ya en casa por recomendación de aquella persona que me atendió. Quitamos la sal y los baldes de agua que había puesto. Nos sentamos en la cocina esperando a que anocheciera. Cuando por fin cayó la noche, estaba nervioso a la expectativa de lo que se podría escuchar o ver por la tensión que tenía. Se me figuraba que algunas sombras se asomaban entre las ramas de los árboles. Mi vecino me aseguraba que no había nada. Si acaso coincidimos en escuchar algunos sonidos raros. Parecía que alguien que no podíamos ver respiraba muy fuerte a los árboles de mi patio. Se le caían las hojas como si algo invisible nos acechaba. Eso fue todo así. Amanecimos tensos, pero sintiéndome liberado por precaución los días posteriores, regué sal y agua bendita, puse los baldes de agua frente a las ventanas e incluso algunos espejos. No terminé en la escuela. Regresé a casa de mis padres. Cuando les conté esta historia, por supuesto que no me creyeron molestos. Me dijeron que era un pretexto para no estudiar y me mandaron a trabajar a las labores del campo. Por lo mismo, muy pocas veces he contado mi historia. Yo no sé mucho de brujas. No puedo asegurar que todo lo que me pasó fue por causa de una de ellas, pero tengo testigos, al menos mi vecino. Sé que todavía vive después de pasar por una situación así. No se puede vivir en paz. Jamás he vuelto a jugar a la huija mucho menos Meterme con espíritus. Relato escrito y adaptado por gato negro