Un Mimo Demonio Desapareció A Niños Historias De Terror - REDE

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La tienda de telas. Cuando era niña, mi madre trabajaba en una tienda de telas muy grande ubicada en el centro de Guadalajara. Esto ocurrió ya hace bastantes años. La tienda que hoy llevo un hombre muy famoso fue reubicada y el nombre original fue modificado por aquellos años. Esta tienda estaba dentro de una casona antigua de las primeras que construyeron los españoles cuando aún era conocido como Nueva Galicia. De hecho, el negocio era de una familia que por generaciones se dedicaron al comercio de telas. No conozco mucho sobre la historia de la familia, pues su ascendencia es casi tan antigua como la Fundación de Guadalajara. Mi madre trabajaba en la tienda más antigua por aquel entonces también se daban cursos de costura. Además de realizar trabajos de sastrerÃa. El salón donde daban las clases era el último piso, uno después de la bodega donde se apilaban los casimires más finos. Mi familia era bastante pobre. En ese entonces mi abuela vivÃa con cinco de sus hijos en una vecindad en el barrio de Santa tere Mi padre jamás se hizo responsable de mÃ, menos de mi madre. Por aquel entonces las personas eran más intolerables y cuando a mi madre se le notó el embarazo, la echaron de casa. Por suerte, una de las dueñas de la tienda de Telas era bastante humanitaria y nos acogió a mi madre y a mà en un cuarto, en una casa cerca del parque Morelos. Como en ese entonces, mi madre no contaba con nadie que pudiera cuidarme. Le permitÃan que me quedara con ella. Asà pasé varios años de mi vida hasta donde tengo conciencia. Me encantaba jugar entre los rollos de tela. Me gustaba esconderme dentro de las islas e imaginar que entraba a un mundo mágico. Asà pasé varios años en los que no sentà miedo alguno de nada. Mi madre me daba una vida decente. Incluso entré a la escuela, como lo harÃa cualquier otra niña de mi edad. Por las tardes. Siempre la pasaba con mi madre en su trabajo. Creo que varias veces escuché decir a dos señoras que eran costureras que habÃan visto y escuchado cosas extrañas. Estas las asociaban con fantasmas. El velador se llamaba Pedro y era un hombre muy amable, a pesar de que era alcohólico. Siempre andaba intentando ayudar en cualquier cosa que se llegara a necesitar. Ãl era quien más hablaba sobre apariciones y sobre todo como no sentÃa miedo ante nada. Ãl era el tipo de persona que juraba haberle ganado al mismo demonio en las cartas, además de haber atado un par de brujas mientras se transformaban en animales. H s s s historias que cuando o s o n o logras creer de inmediato, pero en manera que vas creciendo, comienzas a cuestionar todo. Pedro hablaba mucho sobre un ente extraño que se materializaba en una habitación donde guardaban vestidos de novia que no habÃan sido reclamados, de hecho, de entre todos los cuartos y bodegas de aquella casona antigua. Era ésta la que más miedo daba, ya que muchos de esos vestidos estaban puestos en maniquÃes tan antiguos que habÃan perdido la mayor parte de su rostro. Y una vez que me encontraba jugando allà un maniquà de eso se movió Solo cuando le conté a mi madre lo ocurrido, me dijo que pudo haber sido posible, que estuviera mal acomodado y me agarró de sorpresa. Yo quise creerla a mi madre. Pero lo cierto es que el movimiento fue desde la cabeza. No fue como si se cayera por fuerza de gravedad, sino que la figura y su movimiento casi natural idénticoal de cualquier ser humano. Es difÃcil de explicar, ya que no es nada parecido a las escenas de pelÃculas de terror. Modificaron nuevamente el edificio, esto a causa de que algunas partes estaban muy dañadas, ya por el paso del tiempo se tuvo que tirar mucho material, de entre los cuales iban esos viejos, maniquÃes y vestidos de novia antiguos. Por aquel entonces también entró a trabajar una señora que se llamaba Teresa. Ella tenÃa una niña de mi edad que llevaba por nombre el mismo nombre de su mamá. No tardamos en hacernos amigas. Siempre andábamos juntas. Las personas nos veÃan y creÃan que éramos hermanas. Esto debido a que tenÃamos el mismo tipo de piel y estatura. En ese entonces nos la pasábamos jugando en la tienda. Nos escondÃamos entre las islas de tela una tarde de s que hubo mucha gente, Dos niños de unos clientes se unieron a nosotras para jugar a las escondidas. Era una tarde bastante calurosa. Nunca he vuelto a experimentar un calor en verano como el de aquel año. Jugábamos en la segunda planta, en una zona que no era muy concurrida, ya que allà se encontraban las telas más finas. En una zona en especÃfico hacÃa frÃo, cosa que era extraña debido al clima. Era mi turno de contar, pero hice trampa fingà mantener los ojos cerrados y recargarme en un muro. Pero sólo mantuve esa posición unos segundos en cuanto dejé de escuchar los pasos de Teresita y ambos niños me giré para ver hacia dónde se dirigÃan. Caminé lentamente hasta que vi cómo Teresitas se escondÃa escalera abajo, mientras que los otros niños estaban en una isla de telas. Me quedé enfrente viendo cómo entraba En eso. Uno de los niños se percató lo que yo estaba haciendo. Salió de la isla para intentar reclamarme. En eso ocurrió algo terrible. De la isla. Salió una mano, llevaba un guante blanco y olanes. La mano se aferró al niño y lo tiró hacia adentro. El niño intentó gritar, pero otra mano salió tapando su boca. En eso, tanto Teresita como el otro niño salieron de su escondite y comenzaron a decirme tramposa. Yo intenté callarlos para intentar decirles lo que acababa de pasar. Entramos todos a la isla llamando al niño que sin mal no recuerdo, se llamaba Eric, pero del niño ni sus luces Fuimos a buscar a sus padres. Cerraron la tienda y pusieron a todos los empleados a buscarlo, pero no lo encontraron. Yo di mi testimonio, pero tanto por la edad que tenÃa en ese entonces como la descripción que daba de las manos, no me creyeron. Nadie vestÃa de esa manera tan anticuada. Además, era imposible que alguien asà pasara desapercibido por el personal de la tienda. El acto se mantuvo en secreto y durante mucho tiempo mi madre no me dejaba alejarme de ella en el trabajo. Además, se mantuvo solo un acceso a la tienda y se contrató a un guardia de seguridad privada para que la custodiara sonará cruel. Pero al año todos se olvidaron de ese incidente. SerÃa por poca empatÃa o porque ya jamás volvimos a ver a los padres de los niños. Yo recordaba como si fuera un sueño lo ocurrido. Incluso me llegué a cuestionar si en realidad lo habÃa vivido o soñado. Y cuando todo el mundo pareció olvidarse del asunto, volvieron a bajar la guardia en la tienda y a Teresita y a mà nos permitieron jugar de nuevo libremente por las islas de Telas. Un dÃa, mientras jugábamos en las ruedas planta, escuchamos la risa de un niño. Esto me asustó, pero Teresita me calmó diciéndome que era muy probable que sólo se tratara de algún hijo de un cliente. En eso, Teresita quiso entrar en una isla, pero yo se lo impedÃ. Le intenté recordar el incidente con el par de hermanitos, pero ella parecÃa no recordar e intentaba zafarse de mi mano. Comencé a jalar su mano hacia mÃ. Forcejeamos un poco y terminamos cayendo antes de poder Levantarme vi de nuevo esa mano con el guante blanco y su camisa de olanes nos hacÃa señas para que entráramos dentro de la isla. Le dije a Teresita que mirara lo que yo estaba viendo, pero ella parecÃa poseÃda, tenÃa los ojos en blanco y no me hacÃa caso. Lo único que se me ocurrió fue pararme y jalar a Teresita hasta llegar a las escaleras. Una vez allÃ, ella recobró la conciencia y se soltó a llor Cuando se calmó, me dijo que no sabÃa lo que estaba haciendo. Era como si hubiera perdido el control de su cuerpo. Le dije que sólo habÃan pasado unos cuantos segundos y que volvÃa a ver la mano que se llevó al niño. Le volvà a preguntar si no recordaba lo que habÃa pasado, pero decÃa que no lograba recordar exactamente lo ocurrido. Sólo sabÃa que un niño se habÃa perdido. Sonará bastante extraño a cualquier persona que intentaba recordarle lo ocurrido. Terminaba diciendo que o bien no recordaba o te cambiaba el tema de inmediato. ParecÃa como si hubiesen hecho un pacto de silencio en torno a ese asunto, cosa que se esperarÃa de los adultos, pero de teresita que era una niña de mi edad. No por esa ocasión no volvimos a la segunda planta. Nos subimos a una de las bodegas a jugar con unas muñecas que tenÃamos allÃ. No tardamos en encontrarnos a Pedro el velador. Aproveché para contarle lo que nos habÃa ocurrido y, al igual que lo que venÃa haciendo con todas las personas, le pregunté si recordaba cuando el niño se perdió en la tienda. Fue la única persona que me dijo que sÃ. Incluso me dio detalles que yo habÃa olvidado enseguida. Le pregunté si no sabÃa el porqué parecÃa que ya nadie recordaba ese acontecimiento. Pedro me dijo que no recordaban, porque la desaparición del niño fue algo de origen paranormal, que aquel ente que se lo llevó ejercÃa una fuerza psÃquica poderosa sobre todas las personas, sobre todo en los adultos, que perdÃan la sensibilidad hacia lo paranormal. Le pregunté a Pedro si sabÃa exactamente qué era el ser de guantes blancos. Me dijo que no habÃa manera de saberlo, pero si era posible ahuyentarlo que él lo intentarÃa y que nosotras deberÃamos tener cuidado y mantenernos alejada, sobre todo de la zona en que el niño se perdió. Esa misma tarde escuchamos unos pasos y el rebotar de una pelota en el pasillo de las bodegas. Sentà mucho miedo. Lo que me contó. Pedro me habÃa puesto aún más nerviosa de lo que estaba. Por suerte, se llegó la hora de irnos a casa y escuché a mi madre silbando desde la parte de abajo. Al salir del pasillo, entré en una intersección que te lleva otro piso más arriba. Ahà vimos la sombra de un pequeño. No pudimos reconocer su rostro, pero si escuchamos como si sollozara y pidiera ayuda, no nos atrevimos a acercarnos a él. De hecho, corrà a abrazar a mi madre y enseguida le dije que no deseaba pasar las tardes en la tienda, que preferÃa quedarme en casa. No me importaba si estaba sola toda la tarde. Mi madre primero me dijo que no, pero después de que le estuve insistiendo, al final terminó accediendo, aunque me puso de condición quedarme encerrada y no abrir la puerta a nadie por ningún motivo. Obedecà a mi madre durante un tiempo, porque pronto me aburrà de la programación en la tele. Por aquellos años no existÃan tantas opciones como hoy en dÃa. La habitación en la que vivÃamos tenÃa una enorme ventana por la que era fácil salir y entrar a la casa. Comencé a escaparme por las tardes y caminar por el centro. En una de esas me encontré a Teresita, a quien le di mi dirección y le dije que le pidiera permiso a su madre de visitarme por las tardes. Asà no estarÃamos aburridas. Pasó una semana para que Teresita me visitara. Yo De la misma manera le dije a mi madre que le habÃa pedido a Teresita visitarme, solo que tuve que decirle una mentira. Le dije que me la encontré en la tienda, pues si le confesaba que estaba escapándome de casa, seguramente me darÃa una buena tunda. Cuando me visitó la noté demasiado extraña. Pasó de ser una niña alegre e inquieta como yo a ser una niña callada y Tranquila. Yo para ese entonces ya estaba en la pubertad y supuse que Teresita también y que era por ello su cambio de humor, pero me equivocaba. Ella me contó que seguÃa estando en la tienda de telas, que al final lo habÃa recordado todo el niño que desapareció y la mano enguantada. Esto gracias a que siguió el fantasma del niño. Ãl le enseñó el lugar donde murió y, lo peor de todo, el ser que se lo llevó. Ese ser iba vestido como una especie de mimo y según Teresita actuaba igual que él. Ella lo vio dentro de una de las bodegas. DecÃa que no parecÃa un ser humano, sino al que quiere hacerse pasar por uno alguien gracioso que intenta llamar la atención de los niños para llevárselos al pozo, donde estaba el alma del niño perdido También me contó que ella ya no se alejaba de la caja en la que su madre trabajaba y que cada vez que le pedÃa un mandado, Teresita se negaba, cosa que hacÃa enojar a su madre, a pesar de que le habÃa contado en reiteradas ocasiones que tenÃa miedo del extraño mimo que veÃa en las telas. Su madre le acusaba de ser una mentirosa y floja. Después de escuchar la historia de Teresita, me quedé Atónita. SabÃa que algo se escondÃa entre las telas no era algo humano, sino algo tan siniestro y malvado como para alimentarse de niños de por sà ya le tenÃa miedo a los payasos, arlequines y demás artistas de ese tipo, sobre todo a los que se reunÃan en la plaza a lanzar sus chistes humillantes a toda la gente. Recuerdo que mi madre me prohibÃa acercarme a ese tipo de eventos, ya que decÃa que en esos lugares se robaban a los niños. Lo que mi mamá no sabÃa era que no era necesario salir para encontrarse con un mimo que se robaba a los niños, ya que éste se encontraba en su trabajo. Yo me mantuve alejada tanto como pude de la tienda de telas. No obstante, hubo ocasiones en las que fue inevitable que yo estuviera ahÃ. Era una de esas pocas ocasiones mi madre me encargó algunas cosas de la bodega. En la segunda planta. Yo ya era más grande, tenÃa quince años. Me dijo mi madre que ya pronto podrÃa trabajar si mal. No recuerdo, Teresita y su madre ya no asistÃan a la tienda, esto a causa de que su madre se juntó con un señor que se hizo cargo de ellas. Poco a poco, las cosas cambian y en la tienda fue igual. Me sorprendió ver las cosas tan cambiadas. Muchos cuartos que fueron usados como bodegas se cerraron, lo mismo que el taller de costura. Sólo quedaron algunas máquinas antiguas. Las demás fueron vendidas. Ese dÃa se me ocurrió enterar al antiguo taller. Todo estaba empolvado. En ese momento sentà como si aquella tienda de telas, a pesar de los sucesos terrorÃficos, fuera mi refugio y en verdad lo era. Gracias a él, mi madre pudo criarme de una manera decente. Estaba ya por terminar la secundaria. En ese momento, un sentimiento de nostalgia se apoderó de mà y me solté a llorar. No sé si serÃa porque ya iba entrando a la adolescencia que me sentÃa muy sensible, o si el lugar en sà tuviera aquel efecto sobre las personas. Me senté a llorar cubriendo mi cara y una vez que logré tranquilizarme, noté algo bajo mi pie. Era un cuadro pequeño muy empolvado. Tomé el cuadro entre mis manos. Después lo limpié con ayuda de un trozo de tela. Entonces lo vi era una fotografÃa en color sepia. Mostraba un mimo, el mismo que habÃa visto teresita. Llevaba la cabeza calva, la cara pintada de blanco, los ojos completamente negros, sin vida. El hombre llevaba un traje con muchos solanes, una sonrisa falsa y junto a él tres hombres vestidos. De manera muy elegante. Debido al tipo de fotografÃa, pude adivinar que la foto era bastante vieja. Nunca fui buena en historia, pero deduje que tal vez era del siglo pasado. Sentà mucho rechazo hacia la imagen, pues sabÃa que ese mimo era el mismo del que hablaba. Teresita además ver las manos con guantes blancos y la camisa de SantÃn con olanes misma que vi llevarse al pobre niño. Arrojé el cuadro contra una esquina. Me pareció una burla de la propia existencia hacia mi vida de por sà me sentÃa sensible. Lancé el cuadro hacia una esquina. Segundos después, como obra de magia, un cajón de las máquinas se abrió por sÃ. Solo. En ese momento no sentà nada de miedo. CreÃa que alguien deseaba comunicarse conmigo. Verdad no lo sentÃa malo. Me acerqué al cajón y encontré un periódico muy viejo. No puedo recordar exactamente la fecha En el periódico. Las letras no eran claras. Estaban ya consumidas por el paso del tiempo. Sólo algunas imágenes donde estaba aquel mimo acompañado de alguna feria o circo. Otra cosa que encontré fue un cuaderno igualmente envejecido, el cual la tinta que formaba sus palabras estaban corridas, esto por la humedad del lugar. Lo único que distinguà fue una sucesión de sÃmbolos extraños. Me imaginé que ese cuaderno tendrÃa notas sobre brujerÃa. En ese momento entró una empleada me decÃa que mi madre me estaba buscando. Guardé la húmeda libreta en mi bolsa y salà del taller. Una vez que me encontré con mi madre, ella me dijo que si yo querÃa podÃa empezar a trabajar en la tienda como anhelaba tener mi propio dinero. No dudé en aceptar el trabajo aparte. SentÃa una enorme curiosidad por ver si era posible ayudar al niño. Cuando estuve en casa, saqué el cuaderno y revisé lo poco que quedaba legible. Mayormente eran anotaciones de sÃmbolos y medidas del cuerpo humano. Los dibujos estaban muy bien hechos, demasiado téticos. Deseché el cuaderno. No querÃa tenerlo más. En nuestro edificio ha habÃa una mujer un poco mayor que se practicaba los trabajos de brujerÃa, a la cual la mayorÃa de las personas le tenÃan miedo, pero la visitaban muchas personas en autos de lujo y muy bien vestidas. Recuerdo que una vez vi con ella, un médico al que mi madre me llevaba a consulta, fui a esa misma tarde a buscarla. La mujer era bastante amable. Me llamó por mi nombre. Supuse que lo conocÃa porque lo habÃa escuchado. Por ahà la mujer tenÃa una marca de viruela en un ojo. Llevaba el cabello suelto todo de color gris a excepción de un mechón negro. La señora me invitó a sentarme junto a ella y beber un poco de té cosa que al principio me dio desconfianza, pero se me hacÃa algo descorté rechazarla le conté sobre la fábrica de telas, de la desaparición del niño, del hombre vestido de mimo y la libreta que te tira. La señora me dijo que ese ser no era humano, que tal vez alguna vez lo fue, pero que sus intenciones eran demasiado oscuras, que le hubiera gustado que conservara el cuaderno para saber exactamente a qué nos enfrentábamos. Me dio un par de amuletos y me dijo que, como ya era más grande de edad, no debÃa temer que ese ser buscaba algo en especÃfico y que mientras me mantuviera alejada de la zona en la que solÃa aparecerse no habrÃa ningún problema. También me contó de varias cosas que no entendà hasta que fui más grande. Me dijo que la mayorÃa de parásitos en el plano astral fueron alguna vez almas humanas, pero que estos seres eran tan malignos que se negaban a trascender y pagar por sus pecados. Entré a trabajar, pero no duré mucho tiempo. La tienda fue movida del lugar y yo conseguà un mejor empleo en una tienda departamental. Mi madre se volvió a casar y yo me distancié de ella. La veÃa pocas veces. Supe que tuvo dos hijos. Se fue a vivir a Puerto Vallarta. El edificio donde anteriormente estaba la tienda de telas fue remodelado. Escuché el rumor que encontraron varios huesos y un vestuario de mimo en el sótano. Esta noticia me dejó más preguntas que respuestas. Actualmente el edificio no existe más relato. Escrito y adaptado por Mauricio Farfán








