Nov. 14, 2023

Un Gallo Nahual Queria Hcerme Daño Historias De Terror - REDE

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El gallo diablo. Lo que voy a compartir con ustedes es algo que me pasó cuando tenía unos doce años. Es algo que aún me ocasiona pesadillas por las noches y me ha hecho que no vuelva a visitar la casa de los abuelos. Es una historia que en la familia se ha compartido. Cada vez que tenemos reuniones, siempre salen más detalles de lo que recuerdo, pero considero que sea mejor que se los cuente de cómo lo viví. Mi nombre es Carlos, y juro por Dios que lo que les contaré es verdad. Para ponerlos en contexto desde el inicio de esta historia, es importante compartir el entorno en el que mi familia creció un pintoresco poblado llamado Navidad, ubicado en el Estado de Jalisco. Este lugar se encuentra apartado de la civilización y todavía conserva las encantadoras tradiciones de un pueblo mágico. Las mañanas y las noches en Navidad suelen ser frescas. Navidad es un pueblo escasamente poblado, lo que significa que la mayoría de las personas se conocen entre sí, las relaciones son estrechas y la comunidad se caracteriza por su cercanía y solidaridad. Este ambiente, a pesar de su tranquilidad, a menudo está cargado de leyendas locales y creencias populares que añaden un toque de misticismo a la vida cotidiana. Las tradiciones antiguas se sienten en cada rincón de Navidad, creando un escenario perfecto para relatos llenos de misterio y terror. Las reuniones familiares en vacaciones las hacíamos en la casa de los abuelos. Ellos tienen una casa grande y tradicional de esas donde el patio se encuentra justo en el centro y alrededor están distribuidas las habitaciones. En ese patio. Mi abuelo tenía numerosas jaulas repletas de gallinas, tantas que a menudo estaban apiladas una sobre otra. Con mis primos solíamos divertirnos molestando a las gallinas, picándolas con palos y haciéndolas enfurecer. Mi abuelo siempre nos regañaba cuando descubría nuestras travesuras. Pero un día llegó con un saco de harina y nos reveló que tenía un gallo diablo. Todos nos quedamos fascinados, alejándonos un poco para observar mientras él sacaba del costal un enorme gallo rojo. Su cresta era de un negro intenso y sus plumas exhibían una combinación de tonos negro y rojo. Las patas del gallo eran tan oscuras como su cresta. No pude evitar preguntarle a mi abuelo por qué le llamaba gallo diablo. Él sostuvo al ave con firmeza entre sus piernas mientras me explicaba que se trataba de un gallo de pelea que había derrotado a varios oponentes en el pasado. El dueño original había decidido deshacerse de él y mi abuelo lo adoptó con la intención de criar descendencia con el tiempo. Supe por comentarios de otras personas que el antiguo dueño le había recomendado a mi abuelo que desistiera de esa idea. Este gallo era especial y lo mejor sería poner fin a su vida lo más pronto posible para evitar problemas. Pero mi abuelo tenía una perspectiva diferente sobre el gallo diablo. Decidió encerrarlo en una jaula y nos advirtió seriamente que no lo molestáramos si no queríamos meternos en problemas graves. Así que, siguiendo las palabras de mi abuelo, nos quedamos observando cómo el gallo nos miraba fijamente. Su mirada no mostraba miedo en absoluto. Al contrario, parecía desafiantemente decidido como si estuviera dispuesto a lastimarnos. Si nos acercábamos demasiado esa misma noche, mientras todos dormían profundamente, tuve la urgencia de ir al baño. El baño estaba ubicado en el extremo opuesto del patio y para llegar hasta allí tenía que cruzar el patio y pasar junto a las jaulas de las gallas. Las noches en Navidad solían ser increíblemente silenciosas. Desde la tarde. La tranquilidad se apoderaba del pueblo y esa quietud me llenaba de un miedo inexplicable. En una ocasión había visto a un grupo de gatos negros corriendo por allí lo que me había asustado profundamente, pero lo que experimenté esa noche fue algo que jamás habría imaginado. Pasé junto a las jaulas. Mis ojos nunca abandonaron la sombra del tejado sumido en un estado de alerta constante. Fue entonces cuando escuché una voz que me dijo eh niño voltea mi corazón, dio un salto. No esperaba que alguien me hablara. Al girar sólo vi las jaulas en la penumbra. Traté de enfocar mi mirada para descubrir quién o qué me estaba hablando. Cuando la voz volvió a resonar esta vez más cerca, incluso cerca de mis pies, aún mis ojos no se habían acostumbrado completamente a la oscuridad, así que tardé unos segundos en ubicar la fuente de la voz y otra vez me habló, pero esta vez fue más aterrador. La voz llena de amenaza sonaba ahora como si estuviera susurrando directamente en mi oído. Mi mirada, finalmente adaptada a la penumbra, se posó en una jaula que antes no había notado sumida en la oscuridad, pero al observarla detenidamente, un pequeño ojo rojo brilló en la negrura. Era el gallo diablo. La realidad de que un animal me estuviera hablando me llenó de un miedo irreconocible. Me invitó a acercarme, pero yo no tenía la más mínima intención de hacerlo. Dejé al gallo allí hablando solo mientras corría a toda velocidad hacia la habitación donde estaban mis padres, sintiendo un terror indescriptible que me impulsaba. Cuando llegué a la habitación, mis padres estaban profundamente dormidos, no y no s tns paron mi presencia. Decidí no despertarlos. Sabía que me regañarían y me dirían que todo se trataba de mi imaginación que me dejaba llevar por ella. Ya me había sucedido antes, como cuando confundí una simple sombra en el tejado, así que me quedé un rato mirando por la ventana que daba al exterior del patio, esperando que algo sucediera para poder avisarles a mis padres. Aún así, durante varios minutos todo permaneció a oscuras y en silencio. De repente sentí una intensa necesidad de ir al baño. El susto anterior había borrado mi necesidad de orinar, pero ahora no podía ignorarlo. Me acerqué a mis padres y les pedí que me llevaran al baño, pero no obtuve respuesta. Reuniendo todo el valor que pude, salí de la habitación corriendo, pasé junto a las jaulas y pude escuchar a alguien. Riendo No quise mirar atrás. Mi corazón latía tan fuerte que estaba seguro de que si me detenía a ver al gallo diablo no sobreviviría para contarlo. Así que logré atravesar el patio con los nervios de punta y finalmente alivié mis necesidades. En ese momento decidí que lo mejor sería no volver a mi habitación. Opté por entrar en otra donde estaban mis primos y dormir allí cualquier cosa con tal de evitar pasar nuevamente junto a ese monstruo enjaulado. La idea de enfrentar al gallo diablo me aterraba demasiado para considerar siquiera la posibilidad de acercarme a él. A la mañana siguiente, mis primos me despertaron preguntándome qué hacía en ese lugar. Al principio no quise asustarlos, pero su insistencia fue tanta que terminé contándoles. Lo que me había pasado la noche anterior en cuestión de minutos. Todos los primos nos dirigimos a la jaula del gallo diablo para inspeccionarlo. Allí estaba acurrucado, pero con la mirada fija en nosotros, o al menos eso pensé al principio, ya que noté que no dejaba de mirarme, incluso cuando intentaba esconderme entre mis primos, el gallo movía la cabeza y me buscaba con su mirada penetrante. Esta situación nos desconcertó a todos, pero uno de mis tíos que estaba presente mencionó que era común que los animales actuaran de esa manera y que probablemente la voz que había escuchado se trataba sólo de mi imaginación. Después del desayuno, a mi abuelo se le ocurrió la idea de sacar al gallo de la jaula para que estirara las piernas. Lo amarró firmemente de una pata y lo dejó sujeto cerca de las otras jaulas. Yo no quería acercarme ni un poco. Podía sentir el terror recorriendo mis huesos y no podía dejar de temblar. Les pedí a mis primos que saliéramos a jugar. No podía soportar estar allí. Todos se dieron cuenta de mi miedo, así que decidimos salir un rato al quiosco del pueblo. Mientras esto ocurría, el gallo diabolo se veía impaciente. No dejaba de mirarme, pero yo me dispuse a ignorarlo por completo, intentando alejar de mi mente la presencia de ese monstruo emplumado que parecía tener una extraña obsesión conmigo. Cuando regresamos ya había olvidado por completo la situación. Estábamos a un lado de las jaulas rebotando el balón de fútbol, cuando de repente esa ave emplumada se abalanzó contra mí haciéndome caer al suelo. Inmediatamente, mi tío, que nos acompañaba, sostuvo el gallo, pero este animal parecía poseer una fuerza sobrenatural. Ni el peso completo de mi tío podía mantenerlo tranquilo. Fue necesario que mi padre y mi abuelo intervinieran para detenerlo y aún así les costó bastante trabajo mantenerlo quieto. Los ojos del gallo nunca se apartaron de mí En todo momento. Su mirada penetrante estaba inyectada de maldad. No cabía duda había un demonio dentro de ese gallo que sin duda que da quería algo conmigo. La llegada de la noticia sobre el gallo diablo en el pueblo desató una ola de especulaciones y miedo. Algunos lugareños afirmaban que mi abuelo había liberado un demonio, mientras que otros creían que el animal estaba poseído por fuerzas oscuras. Las leyendas y las historias de nahuales siempre habían rondado Navidad, pero esta vez la presencia del gallo diablo avivó los temores más antiguos de la gente. En medio de estos murmullos surgió el misterioso caso de Don Masiel, un hombre mayor que había desaparecido de manera misteriosa. Siempre se había dicho que Don Maciel poseía habilidades sobrenaturales. Se rumoreaba que era un hual antiguo capaz de transformarse en diferentes animales. Durante la noche. Se decía que cazaba como un lobo negro y enorme, pero en ocasiones se convertía en un imponente gallo negro con rojo, se divertía vino a las gallinas de los corrales. Aunque mi abuelo decía que estas historias eran meras fantasías. La desaparición de Don Maciel añadió un toque siniestro a la situación. Don Masiel se ausentaba por días y regresaba después y mi abuelo, que lo conocía, decía que estaba loco, pero que ésta era la mayor locura que se contaba sobre él. En medio de todas estas incertidumbres, mi abuela sugirió medidas para prevenir un problema mayor. Propuso amarrar al gallo de ambas patas y meterlo a una jaula Mi abuela, que era más calmada y atenta ante todas nuestras preocupaciones, se convirtió en un faro de apoyo para mí. Comprendiendo mis más grandes temores, siempre me dijo que todo estaría bien. A pesar de las advertencias de la abuela, Mi abuelo siempre se mostraba escéptico a las historias de nahuales y demonios la noche de luna llena descendió sobre el pueblo y con ella la tensión se sentía en el aire. Mi abuela, la que estaba convencida de que Don Masiel era el nahual, envió a mi abuelo a cuidar los corrales esa noche, armado con un banco y su pistola. Por precaución, se quedó sentado frente a ellos. Mientras tanto, los demás primos y yo nos refugiamos en una habitación cercana, entreteniéndonos con historias de terror y juegos de cartas para distraernos de la atmósfera inquietante que se sentía en la casa. Todo parecía tranquilo al principio. De vez en cuando echaba un vistazo a mi abuelo para asegurarme de que estuviera alerta y despierto, pero pasada la medianoche, la fatiga finalmente se apoderó de él y se quedó profundamente dormido. Los demás primos cayeron en un sueño profundo. Mientras tanto, yo me mantuve despierto hasta el final. Cabeceaba de vez en cuando quería mantenerme despierto observando al abuelo, pero el frío empezó a invadir la habitación y me terminó arrullando. Fue cuando entonces un fuerte quejido me provocó que despertara me acerqué a la puerta de la habitación. Miré alrededor, pero no noté nada fuera de lo común. Entonces el sonido se volvió a escuchar. Observé a mi abuelo que dormía plácidamente sentado y al mirar hacia dónde estaba la jaula del gallo diablo, quedé petrificado. La jaula, que antes estaba quieta, ahora vibraba intensamente con una mirada fija. Noté que el gallo diablo había crecido de manera descomunal. La jaula ya le quedaba chica quedé asombrado y con temor no podía moverme. Era incapaz de apartar la vista de esta terrorífica transformación. De repente, el gallo comenzó a retorcerse y contorsionarse de manera inhumana. Sus ojos brillaban con una intensidad sobrenatural. La jaula temblaba violentamente, lo que ocasionó que las demás gallinas se despertaran y a la vez alteraran. El sueño de mi amor vuelo. Él se levantó tan rápido como pudo y sin poder creer lo que estaba viendo, tomó la jaula donde estaba el gallo y la arrojó lejos hacia la entrada de la casa como era de madera y por lo rápido que estaba creciendo, el gallo terminó destrozándose en varios pedazos. Cerré tan rápido como pude la puerta de la habitación. Sabía que ese gallo me quería hacer daño. Entonces escuché como mi abuelo le gritaba, le decía que se fuera lejos de su hogar y que no los molestara nunca. Abrió un poco la puerta sólo para cerciorarme lo que estaba ocurriendo y aterrado. Me di cuenta que mi abuelo apuntaba su pistola a un anciano desnudo que estaba frente a la puerta. Por último, mi abuelo le advirtió diciéndole vete más ciel El anciano no se movió por un rato. Miraba a su alrededor y mi abuelo volvió a repetirle lo mismo, pero ahora más agresivo. El anciano se dio la media vuelta y se fue yo No me atreví a salir por un rato. Sólo vi que mis padres y un par de tíos salieron de sus habitaciones a ver qué estaba ocurriendo. A mi abuelo se le notaba aún el susto encima. Se quedaron en silencio por unos minutos tratando de procesar lo que acababa de suceder. Mi abuelo desde ese día comenzó a creer esas leyendas de los nahuales. Al día siguiente, ya en plena luz del día, tanto mis abuelos como todos los tíos y mis padres fueron a la casa de Don Masiel para confrontarlo, pero lo único que encontraron fue la puerta abierta y todo el interior sacudido como si alguien lo hubiera saqueado. Pero Don Masiel no se encontraba. Se decía en el pueblo que había gente que lo vio partir a primera hora de la madrugada, traía consigo una enorme mochila y no habló con nadie y hasta donde se se no se ha buenovuelto a ver. Por lo que a mí respecta, ya tengo varios años que no voy a la casa de los abuelos en el poblado de Navidad. No es que no me guste, sino porque en verdad tengo miedo. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo