Un Demonio Trata De Robar Mi Alma Historias De Terror - REDE

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El demonio del panteón israelita. Mi nombre es Mateo. Desde que era pequeño vivà en la misma colonia, en Atemajac del Valle, en la calle Aldama. La historia que les voy a contar me sucedió cuando era un niño, apenas tenÃa diez años. Me pasó en la casa de mis padres, ya que enfrente de ella habÃa un panteón, pero no era uno común, sino un cementerio israelita. El cementerio era muy peculiar porque era distinto a los panteones tradicionales, ya que en los lugares de reposo tradicionales se ha acostumbrado a poner en la tumba una lápida con una inscripción, una cruz, un santo o la Virgen de Guadalupe, con un rosario y flores frescas o de plástico. En cambio, en el cementerio que les digo era distinto. En vez de cruces, en las tumbas estaba la Cruz de David sin otro adorno más que ese y teniendo alrededor de ellas árboles frondos que proveÃan de una gran sombra a las tumbas. El lugar no era muy grande, asà que era posible recorrerlo rápidamente. Estaba rodeado de bardas pequeñas con una reja muy alta. Sólo tenÃa una entrada por ser vecinos. SabÃamos la forma de entrar a cualquier hora. En aquel tiempo salÃa a jugar con mis amigos por la tarde. Incluso se hacÃa de noche y no habÃa ningún problema en quedarnos en la calle, aunque mis amigos y yo estábamos familiarizados con el lugar. HabÃa ocasiones en las que veÃamos movimientos extraños al interior del cementerio. Cuando nos acercábamos alcanzaba a escuchar ruidos. Mis amigos decÃan que era porque el aire movÃa las hojas secas y que las ramas de los árboles también producÃan ese sonido extraño, pero yo percibÃa algo más. Ellos me decÃan que estaba loco, asà que preferÃa ya no decirles nada. Recuerdo que una noche después de cenar, uno de mis amigos me invitó a jugar. Nos fuimos frente al puerto del cementerio, donde hay un pequeño parque con columpios y un arenero. Mientras jugábamos, empecé a ver que algo extraño estaba sucediendo. Adentro del panteón. Vi una figura oscura moviéndose entre las tumbas. Pensé que era uno de mis amigos jugando una broma, asà que me acerqué corriendo. Pero cuando llegué allà no habÃa nadie. Ellos estaban ocupados jugando en el parque y no habÃan visto nada. Un poco asustado, decidà volver con ellos y tratar de olvidar lo sucedido. Sin embargo, cada vez que miraba hacia el panteón sentÃa una sensación extraña en mi estómago. Era como si alguien o algo estuviera observando desde adentro. Más tarde, cuando estábamos a punto de irnos a casa, vi algo que me dio temor. Era una mujer vestida de blanco flotando en el aire sobre una tumba. No podÃa creer lo que estaba ocurriendo. Mis amigos también la vieron y gritamos todos juntos. La mujer nos miró fijamente con unos ojos negros y vacÃos y desapareció en la oscuridad. Los dÃas siguientes no pude sacarme de la cabeza la imagen de esa mujer. SentÃa que estaba en peligro, que algo malo iba a pasar. Cuando le conté a mis padres lo que habÃa visto, ellos me dijeron que probablemente habÃa sido mi imaginación y que no me preocupara tanto por cosas sin importancia. Sin embargo, yo sabÃa que algo extraño estaba sucediendo en el cementerio. A veces, mientras hacÃa la tarea en mi habitación, podÃa ver sombras moviéndose a través de las ventanas de mi casa. Otras ocasiones escuchaba ruidos extraños en la noche, como si algo estuviera moviendo la reja del cementerio y quisiera salir de ahÃ. Un dÃa, mientras caminaba hacia la escuela, vi a un hombre mayor saliendo del cementerio. TenÃa la piel pálida y una mirada frÃa A la vez entrecerró los ojos como si acabara de salir de un lugar muy oscuro. Se detuvo frente a mà y me miró fijamente. Sentà un escalofrÃo que recorrÃa a mi espalda. Me apresuré para alejarme de allÃ. Esa noche, mientras estaba acostado en mi cama, vi algo que me dejó sin aliento por la ventana. Apareció la mujer vestida de blanco, flotando sobre mi ventana. Supuse que flotaba porque mi cuarto se encontraba en el segundo piso. Quedaba justo enfrente del cementerio. Esta vez ella me miró directamente y dijo algo en un idioma que no entendÃ. Creà que no le habÃa alcanzado a escuchar. Por eso me pareció que hablaba un idioma distinto o que tuve tanto miedo que lo habÃa imaginado. Los dÃas pasaron y mi obsesión por lo que vi en el cementerio no me dejaba en paz. A pesar de que mis padres intentaban tranquilizarme, yo no podÃa dejar de sentir que algo malo estaba sucediendo allÃ. Un dÃa comencé a sentirme mal con fiebre y dolor de cabeza. Mi madre pensó que sólo era un resfriado, asà que me dio unos remedios caseros, pero la fiebre no cedió. Al contrario, Cada dÃa iba en aumento al grado que tenÃa que bañarme con agua tibia para evitar que convulsionara. Era la única manera de controlar la fiebre por un rato. Cada dÃa comencé a sentirme más débil y cansado. Fue entonces cuando mi madre decidió llevarme al médico. El doctor me hizo algunos exámenes y descubrió que tenÃa una infección muy fuerte en los pulmones. Me recetó algunos medicamentos y me dijo que debÃa descansar para recuperarme, por lo que dejé de ir a la escuela. Aunque tomaba varios medicamentos, mi salud siguió empeorando, Me costaba trabajo respirar y sentÃa que me faltaba el aire mis padres, al ver que respiraba con mucha dificultad, me llevaron al hospital cercano. Allà los médicos me hicieron de nuevo los análisis pertinentes. Les dijeron a mis padres que tenÃa una enfermedad grave. Nunca dijeron cuál era su nombre, sólo que me encontraba muy delicado, por lo que era necesario quedarme en el hospital por más tiempo para recibir tratamiento y mantenerme en observación. Durante el tiempo que estuve en el hospital, recuerdo que con frecuencia tenÃa sueños extraños en los que aparecÃa esa mujer parada a los pies de la cama que en ocasiones me susurraba en el oÃdo palabras incomprensibles. Me despertaba sudando y temblando. Ya no querÃa hablar de mis sueños con nadie, porque me daba cuenta que no me creÃan. Me decÃan que todo era por la fiebre tan alta o por efecto secundario de algún medicamento. Poco a poco, mi salud se fue deteriorando. Mis padres se preocupaban cada vez más porque los médicos les decÃan que no sabÃan qué podÃa ocurrir. Cuando escuchaba a los doctores, ellos pensaban que yo no me daba cuenta, pero sabÃa que algo malo estaba sucediendo. SentÃa que mi vida se estaba apagando lentamente, como si algo me estuviera consumiendo desde adentro un dÃa. Me desperté con una extraña sensación en el pecho se n n n n n ns, como si algo se hubiera roto por dentro. Le dije a mi madre que estaba muy mal. Ella llamó a los doctores de inmediato, pero cuando lo hicieron ya era muy tarde. Mi corazón habÃa dejado de latir aún conservo la memoria de que todo se volvió oscuro y sentà que ya no respiraba. De repente vi una luz extraña que se acercaba a mà me acerqué a ella y vi a la mujer del cementerio. Estaba allà frente a mÃ, mirándome fijamente a los ojos. Intenté alejarme de ella, pero me tomó de la mano. Sentà un escalofrÃo recorriendo todo mi cuerpo. Entonces la mujer me llevó consigo y todo se volvió aún más oscuro. No sé cuánto tiempo pasó, pero después me desperté en el hospital. Los médicos me explicaron que habÃa muerto por unos segundos, pero que habÃan logrado traerme de vuelta a la vida con un desfibrilador. Yo aún estaba temblando y no podÃa creer lo que habÃa vivido. Cuando mis padres me preguntaron qué habÃa pasado, porque me vieron muy nervioso. Les hablé sobre la mujer del cementerio y como ella me habÃa llevado a un lugar que no conocÃa. Sin embargo, ellos pensaron que todo habÃa sido un sueño, una alucinación causada por la falta de oxÃgeno en mi cerebro, pero yo sabÃa que lo que habÃa visto era real. La mujer del cementerio me habÃa hablado y me habÃa llevado con ella. No sabÃa por qué querÃa llevarme, pero algo me decÃa que no era algo bueno. Desde entonces empecé a tener pesadillas con la mujer del cementerio. Soñaba que ella me llevaba de vuelta al otro mundo y que yo no podÃa hacer nada para detenerla. Me despertaba sudando y temblando. Después de mi experiencia cercana a la muerte, algo cambió en mÃ. Ya no era el mismo niño que solÃa ser Empecé a sentir una extraña conexión con el cementerio y los muertos que allà descansaban. Empecé a tener sueños cada vez más vÃvidos y extraños. Soñaba que caminaba entre las tumbas hablando con los muertos y sintiendo su presencia a mi alrededor. Al principio me asustaba, pero luego me di cuenta de que no era una sensación de miedo, sino más bien una sensación de familiaridad. También comencé a ver cosas que los demás no podÃan ver. A veces veÃa sombras moviéndose en la oscuridad y en otras ocasiones veÃa a personas que habÃan fallecido. HacÃa mucho tiempo caminando por las calles de la ciudad. Al principio intenté ignorar estas visiones y pensé que estaba perdiendo la razón, pero luego me di cuenta de que esto era algo real. Yo podÃa ver a los muertos y ellos podÃan verme a mÃ. Yo era como un puente entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. PodÃa sentir su presencia a mi alrededor todo el tiempo, aunque en ocasiones tenÃa miedo. Poco a poco, me fui acostumbrando a verlos en varias veces HabÃa intentado confiarle esto que me pasaba a mis padres, después a mis amigos, pero no me creyeron, asà que tomé el decisión de no hacerlo. TenÃa que aprender a convivir con los muertos sin que nadie lo supiera, ya que lo más probable era que no me creyeran y que me estaba volviendo loco. Asà que aprendà a mantener lo que me sucedÃa en secreto y a vivir una vida normal durante el dÃa, mientras que por la noche veÃa a los muertos en el cementerio. Esta vida dual no era fácil, pero era la única forma en que podÃa seguir adelante. Me encontraba solo en mi habitación porque me habÃa alejado mucho de mis amigos. Ya no era como antes. No me llamaba mucho la atención jugar con ellos, porque todo el tiempo me encontraba entre los dos mundos. En una ocasión en la que mis padres habÃan salido fuera, no habÃa nadie en la casa. Me quedé profundamente dormido en mi mente creà que dormÃa, pero después mis padres me dijeron que habÃa estado en coma. En esta ocasión ya no sólo vi a los muertos. Me hallaba en una habitación oscura y frÃa. No sabÃa cuánto tiempo habÃa pasado ni cómo habÃa llegado ahÃ. Empecé a sentir una presencia siniestra cerca de mÃ, sin saber el motivo. Tuve miedo enseguida. Entendà el motivo. A un lado de mà estaba una presencia maligna. No tenÃa la certeza de quién era, pero sabÃa que no era buena. Alrededor de esa habitación, todo estaba lleno de humo y sombras. Intenté salir de ese lugar, pero no lo conseguà Me sentÃa atrapado en un lugar desconocido. De pronto escuché una voz familiar. No sabÃa el motivo por el cual me parecÃa conocida, pero el hecho de escuchar el sonido de esas palabras me hacÃa sentir bien. Con el tiempo. Supe que era mi abuelo, un pariente que no habÃa conocido porque murió antes de que yo naciera. Mi abuelo me dijo que no tuviera miedo que confiara en mis habilidades, las cuales eran sobrenaturales, ya que podrÃan ser un regalo o una maldición. Mi abuelo me contó cosas que nunca habÃa sabido sobre nuestra familia y nuestras raÃces. Al lado de ese hombre me sentÃa en un estado de tranquilidad, pero de pronto entró una fuerza oscura y siniestra que intentaba robar mi espÃritu. Traté de resistirme con todas mis fuerzas sin lograr nada. Mi abuelo se interpuso entre el ente y yo y comenzó a luchar contra él. Pude ver la energÃa que emitÃan ambos, la de lente siniestro oscura y frÃa y la de mi abuelo cálida y brillante. Asà estuvieron durante unos instantes hasta que el ente siniestro me tocó el corazón con su mano helada. Fue cuando pude reaccionar y moverme. Cuando abrà los ojos. Estaba rodeado de médicos. Mis padres estaban llorando detrás de la ventana de cristal. No comprendÃa lo que habÃa ocurrido. Hasta que un doctor, al verme tan confundido, se acercó a mà y me dijo que me tranquilizara. Acababa de salir de un estado de coma que habÃa durado quince dÃas. No comprendà cómo habÃa ocurrido él en qué momento estuve tanto tiempo dormido. Si sólo habÃa sentido que habÃan pasado unas cuantas horas después que estuve dos dÃas más en observación, me dieron de alta en el hospital. Salà sintiéndome distinto. Cuando llegué a mi casa y me pude ver en el espejo, me veÃa igual, pero me sentÃa diferente. Mi madre entró a mi cuarto me dijo que le hablara de lo que sentà mientras estuve en coma. Le dije que habÃa visto a mi abuelo. Ella abrió los ojos muy grandes. Le dije cosas de él que ella también conocÃa. Me abrazó muy fuerte. Me dijo que, en efecto, él era mi abuelo y habÃa estado con él la primera noche que estuve en mi casa. Después que salà del hospital en la medianoche, sentà mucho frÃo. Me levanté para ponerme una cobija afuera. Estaba lloviendo y la calle estaba frÃa y desolada. De pronto sentà la mirada de alguien. Ahà estaba la mujer vestida de blanco inerte en una esquina de mi habitación. Caminé hacia atrás con miedo de que ella se acercara a mà de pronto como si estuviese volando. Se acercó a mà rápidamente, Me susurró unas palabras. Después se marchó. Me quedé aterrado durante toda la noche. QuerÃa asomarme por la ventana para ver hacia el cementerio, pero tenÃa miedo. Me quedé acostado, pero como no me pude dormir, me levanté y me asomé en la ventana. Ahà estaba la mujer de blanco caminando entre las tumbas. Se quedó parada sobre una en especÃfico. No sé por cuánto tiempo estuve en la ventana viéndola que se quedaba estática sobre una tumba. Ya pronto estaba por amanecer. Cuando me sentà muy cansado, la mujer habÃa desaparecido. Me acosté a dormir. Le dije a mi madre lo que habÃa presenciado durante la noche. Esta vez sà me creyó. Me pidió detalles de la mujer. Cuando se la describÃ, ella se quedó pensativa. Me dijo que quizás era un alma que necesita de mi auxilio. Le dije que no creÃa que buscar ayuda. QuerÃa algo más de mÃ. Me dijo que buscarÃa información para hacer algo al respecto. Ya era mucho tiempo en que ella me buscaba. Esperaba que fuese un alma buena que no me quisiera dañar. Asà lo hizo. Mi madre acudió con una vidente para que nos orientara. Ella le pidió que me llevara. Era la única forma en que me podÃa ayudar. En cuanto me fue posible caminar. Acudà con ella. Mientras tanto, cada noche veÃa a esa mujer vagar entre las tumbas verla desde mi casa. Ya no me daba mucho miedo, pero saber que en cualquier momento podrÃa entrar a mi cuarto. Eso sÃ, me producÃa terror. Cuando entré con la vidente. No era una mujer anciana como me la habÃa imaginado. Era joven y amable. Me explicó que en el mundo de los espÃritus hay seres buenos y seres malos. En este caso, ella creÃa que el espÃritu de esa mujer no era muy buen. Bueno porque alcanzaba a percibir una energÃa extraña. Le respondà que ella, en una ocasión habÃa tratado de comunicarse conmigo, pero no la habÃa comprendido. La vidente. Le dijo a mi madre que era mejor investigar quién fue esa mujer y hacer un ritual para que ella se alejara de mÃ, porque, de acuerdo a lo que mi madre le contó, ella querÃa obtener algo. DesconocÃa qué podÃa ser, pero sus intenciones no habÃan sido del todo buenas. Los más seguro era alejarla de mÃ. Quizás por eso me habÃa enfermado. La mujer explicó que en ocasiones las enfermedades son provocadas por los mismos espÃritus y cuando eso sucede, era porque nos querÃan dañar. No fue complicado para mi mamá encontrar esa información. El panteón no era muy grande y, como vecinos del lugar. Los empleados del cementerio ya nos conocÃan un poco, asà que más o menos le dijeron cuál podrÃa ser la tumba de esa mujer. Le explicaron a mi mamá que no era la primera vez que alguien llegaba a preguntar por ella. Mi mamá fue a ver la tumba. Yo me quedé en mi cuarto. Desde ahà le apunté con mi dedo cuál era la tumba en la que yo la veÃa. Ella se paró en una en especÃfico. Le grité que sà era esa. Le tomó unas fotos con su celular y se regresó. Me mostró la fotografÃa. Lo extraordinario fue que, cuando la vimos en ella estaba plasmado un ente blanco. No se alcanzaba a distinguir con claridad, pero le dije a mi madre que era ella. Creo que, en vez de darme miedo, me dio gusto de que por fin hubiese evidencia de lo que yo veÃa. Después de que ocurrió lo de la fotografÃa, ella seguÃa mostrándose en el cementerio. Mi madre no tenÃa la capacidad de verla, pero yo sà le decÃa en qué parte estaba. Por la noche de nuevo se apareció en la ventana, viéndome fijamente. Les mentirÃa si les dijera que no le tenÃa miedo. No era algo a lo que me pudiese acostumbrar, pero en en esta ocasión ella no iba sola un ser oscuro. Iba con ella. No comprendà el motivo por el que ella lo habÃa llevado. Esa noche pasó algo muy extraño. Traté de gritar y de pedir apoyo a mi mamá, pero no pude. Creo que el miedo me paralizó. Esa sombra oscura me envolvió y caà como en una especie de remolino descendiente en el que estuve sostenido por un instante después estuve en un pozo completamente oscuro Durante un rato me quedé en la completa oscuridad. Sin embargo, hubo un momento en que se apareció la mujer vestida con su túnica blanca, pero se veÃa diferente con una mirada maléfica y una sonrisa siniestra, como si dentro de ella estuviese el demonio. Comenzó a hablar. Lo único que le pude entender fue cuando dijo Lilith se acercó a mà y comenzó a quitarme el aliento. En ese momento creà que ya no iba a sobrevivir. De nuevo pude ver a un ser de luz que me ayudó en ese momento crucial, en el que creÃa que iba a perder la vida. En ese momento en que me encontraba en trance, no pude comprender que de nuevo era mi abuelo el que trataba de protegerme. De lo que sà me di cuenta era que se trataba de un demonio vestido de mujer. Ella trataba a toda costa de absorber mi alma o mi espÃritu, pero no le fue posible, por lo que regresé a mi mundo. Con el paso de los años, no sé si me acostumbré a vivir entre los dos mundos, o poco a poco fui perdiendo la capacidad de comunicarme con los espÃritus. De lo que sà estuve convencido fue que en la época que fui pequeño, hubo un ente que todo el tiempo estuvo detrás de mÃ. Creo que jamás me acostumbré a mirar a esa mujer caminar entre las tumbas del panteón israelita. Pero la última vez que intentó quedarse con mi espon entendà que se trataba de uno de los demonios judÃos. Aunque tenÃa una figura femenina, no dejaba de serlo. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








