Jan. 31, 2024

Un Demonio Poseía El Juguete De Mi Bebé Historias De Terror - REDE

Un Demonio Poseía El Juguete De Mi Bebé Historias De Terror - REDE

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La maldición de la muñeca Nancy. Lo que voy a contar me sucedió cuando era una niña, tenía ocho años. Fueron sucesos que en aquel momento me causaron mucha confusión. Con el paso del tiempo, me di cuenta que nada fue producto de mi imaginación ni de mis fantasías de niña. En aquella época, mis abuelos vivían muy cerca de nuestra casa. En la misma cuadra. Ellos se vinieron de un pueblo a radicar a la ciudad. Cuando mi madre llegó junto con su familia, ella tenía dieciséis años. En alguna ocasión le pregunté cómo fue que compraron la casa, porque era muy antigua. Mi mamá me respondió que la encontraron en buen precio a causa de que estaba en condiciones de abandono y sumamente deteriorada el presupuesto que tenían mis abuelos para la compra de una casa no era mucho, por lo que corrieron con suerte de encontrar una vivienda que se ajustará al dinero que tenían. Recuerdo que en una ocasión le pregunté a mi mamá si sabía a quién le perteneció la casa. Ella me dijo que nunca se había hecho esa pregunta, así que no me supo responder. Tuve esa duda porque cuando mis abuelos llegaron junto con sus hijos, la casa tenía muebles muy viejos y pertenencias que fueron de los primeros dueños. Cuando mi mamá se casó, se fue a vivir lejos. Más adelante surgió la oportunidad de comprar una casa muy cerca de con mis abuelos y mis padres la compraron con un crédito. La colonia también era de las más antiguas en Guadalajara, por lo que la casa que compraron mis padres no era precisamente nueva, aunque no era tan vieja como la de mis abuelos. La mayor parte de mi infancia la pasé en casa de mis abuelitos. Me gustaba estar ahí porque su casa era muy grande, tenía muchas habitaciones, un patio central y otro trasero en la parte de atrás. Mi abuelita puso muchas plantas y pasto, por lo que era agradable pasar el rato jugando en ese lugar. Además, también a mis primos les gustaba estar ahí, por lo que con frecuencia alguna de mis primas llegaba y nos poníamos a jugar. Era la que más estaba en la casa de los abuelos por vivir más cerca. A mis hermanos no les gustaba mucho estar en la casa jugando. A ellos les interesaba jugar en la calle fútbol, juntar botellas de vidrio para ir a la fábrica de vidrio y que se las cambiaran por canicas. Como a mi mamá no le gustaba que anduviera haciendo esas cosas. Me dejaba ir a jugar en la casa vieja, como ella le decía. Entre las habitaciones que tenía había una que mis abuelos no usaban. Decían que no era necesaria, por lo que metían en ese cuarto o cualquier mueble o cosa que no necesitaran. Ese era el lugar en el que más me gustaba estar porque tenía varios juguetes antiguos que seguramente le pertenecieron a una niña que murió muchos años atrás. La mayor parte de los juguetes estaban hechos de madera. Había un trompo, un yoyo, trenes y muchos objetos más. Mis abuelos me dijeron que les daba. A pesar tirar tantos juguetes, pensaron que les podrían gustar a uno de sus nietos. Por eso no se deshicieron de ellos, aunque eran bastante viejos. La mayor parte de ellos se encontraba en muy buenas condiciones. Entre todos los que había en ese cuarto hubo uno en especial que me llamó la atención. Era una muñeca que aún conservaba su estuche, lo que permitió que la muñeca estuviera en mejor estado. La caja estaba deteriorada y llena de polvo detrás de un mueble de madera, como que se cayó y se quedó en la parte de atrás entre el mueble y la pared Traté de sacarla sin poder hacerlo. Fui por la escoba y la pude jalar cuando la vi creí que se trataba de otro juguete viejo y feo, pero era todo lo contrario. En el empaque de la muñeca decía su nombre Nancy apenas estaba legible cuando saqué a la muñeca se encontraba en muy buenas cosas. El paso del tiempo no le había ocasionado estragos. La muñeca estaba muy bonita. Desde el primer momento me cautivó. Tenía su cabello largo hasta la cintura de color negro, con una trenza que servía como diadema. Su vestido era de flores de colores. Tenía aretes y unos zapatos de color negro. Me dio tanto gusto encontrarla que la abracé. Cuando la apreté, escuché un sonido en su espalda. Le desabroché el vestido y vi que tenía un mecanismo para ponerle pilas. Creí que podría hablar o cantar, incluso caminar. Me emocioné tanto que salí con la muñeca en brazos medí alrededor de cuarenta centímetros. Fui a la cocina con mi abuelita para mostrarle mi hallazgo. Cuando ella me la vio, me dijo que era una muñeca muy bonita. Incluso pensó que era nueva, porque me preguntó cuándo me la habían comprado. Le respondí que la acababa de encontrar en el cuarto viejo. Mi abuelita se extrañó mucho y me pidió que se la mostrara. La revisó cuidadosamente. Me dijo que era muy extraño que estuviera en tan buenas condiciones porque la muñeca era vieja. Le dije que quizás no lo era tanto lo pensé por el estado en que se encontraba. Mi abuelita le encontró el mecanismo en la espalda. Me dijo que le pusiera pilas para saber si aún funcionaba. Me dio dinero para que fuera a la tienda a comprar unas pilas. Me fui emocionada a comprarlas. Cuando regresé, mi abuelita también estaba interesada en saber si servía a la muñeca. Le puso las pilas en la espalda, pero la muñeca no funcionó por más que mi abuelita limpió. El mecanismo no dio resultados. Las dos nos sentimos un poco decepcionadas, aunque fue por poco tiempo, porque lo demás estaba en muy buenas condiciones. Mi abuelita se sentó en una silla del comedor. Me dijo que la muñeca se llamaba Nancy. Fue muy popular en los años setenta En el pueblo en el que vivió. No era fácil que llegaran tantos juguetes, pero una de esas muñecas sí llegó. Ella quiso tener una, pero era muy costosa y sus padres no se la pudieron comprar. Por eso la conocía. Cada vez que iba a la calle principal. Se quedaba en el aparador de la tienda de juguetes y ropa viendo a Nancy por tres años. Estuvo esperando que en Navidad se la regalaran, pero no sucedió. Se hizo a la idea de que no la iba a tener, por lo que le dio mucho gusto que me la encontrara. Me dijo que la muñeca me pertenecía porque la había encontrado. Mi abuelita me preguntó cómo fue que la descubrí, porque ella era la encargada de ordenar ese cuarto y nunca la había visto. Le conté la dificultad con la que la pude sacar. Ella se echó a reír porque hasta ese momento me di cuenta que mi vestido estaba completamente sucio de polvo. Me dijo que me fuera a bañar para que estuviera limpia. Mi abuelita me dijo que me podía poner alguno de sus vestidos que aún conservaban. Le dije que no era necesario. Ya me iba cuando mi abuelita me habló para decirme que olvidaba. Mi muñeca le dije que no iba a ser de las dos, por lo que se quedaría en su casa. Noté que a mi abuelita le dio mucho gusto. Sin embargo, me dijo que para que fuera justo para las dos, una semana la iba a pasar conmigo y otra semana con ella. Me fui a asear a mi casa. Le conté a mi mamá lo que había encontrado en el cuarto viejo, pero a ella no le importó mucho. Estaba inmersa en tejer suéteres escolares que vendía, así que sólo asintió. No me importó mucho, porque a mi abuelita sí le había interesado. Aún era temprano, por lo que pensé en bañarme y regresar de nuevo a la casa de mi abuelita. En cuanto estuve lista, me fui a su casa. Mi abuelita estaba sentada frente al televisor tejiendo un vestido, me dijo que se lo estaba haciendo. A Nancy me dio tanto gusto que fui por la muñeca para que mi abuelita le pudiera tomar medidas y le quedara muy bien. Sin embargo, le le le le nr. Encontré en el cuarto viejo. Pensé que mi abuelita la había cambiado de lugar. Salí a preguntarle dónde la había puesto. Ella me respondió que no la había movido porque estuvo preparando la comida que en el lugar en el que la dejé debería de estar. Sin decirle nada más, me regresé de nuevo a buscarla. Me sorprendí que la encontré sentada en el sillón en el que la había dejado. Estaba segura que había revisado en ese lugar sin haberla encontrado. Me quedé por unos segundos mirándola. Le dije que no se estuviera escondiendo por qué nuestra abuelita le estaba tejiendo un vestido nuevo. Si lo seguía haciendo, entonces empezaríamos a tener problemas. En el momento en que le dije esas palabras, la tomé de la cintura y la puse enfrente de mi rostro. No sé si fue mi imaginación, pero tuve la impresión de que Nancy dejaba de sonreír y se ponía seria a modo de broma. Le dije que no se sintiera. Sólo estaba bromeando. La quería mucho y la abracé. Cuando de nuevo puse su rostro enfrente del mío vi que de nuevo sonreía, me quedé por más tiempo mirándola sin notar ningún cambio. Le llevé la muñeca a mi abuelita. No le quise decir nada, porque ni siquiera tenía la seguridad de lo que había visto. Pensé que sólo se trataba de mi gran imaginación. Aquella tarde me quedé hasta en la noche en casa de mi abuelita. De cierta manera había hecho un vínculo con ella, así que estuve hasta tarde hasta que llegó mi madre a buscarme. Me preguntó por qué no me había ido a la casa. Al día siguiente tenía escuela. Además, no sabía si había terminado la tarea. Le dije que me quería quedar a dormir en casa de mi abuelita. Sin embargo, no me lo permitió. Me dijo que hasta el fin de semana ya nos íbamos de la casa de mi abuelita. Cuando mi mamá vio a Nancy, la agarró y preguntó dónde la había encontrado, se alteró tanto que agaró al la muñeca. Le dijo a mi abuelita que se deshiciera de ella. No sabía cómo había llegado a mis manos, pero que no me permitiera jugar con esa muñeca. Me agarró de la mano y me llevó casi a rastras hacia mi casa. Quise preguntarle muchas cosas a mi mamá, pero ella no me ponía atención. Estaba tan alterada que ya no le quise decir nada. Aquella noche me quedé molesta por la actitud que tomó mi mamá. Ni siquiera se involucraba en mis juegos y se permitía decidir con qué juguete podía jugar. Pensé que ya no le diría nada del trato que tenía con mi abuelita. Tan sólo de verla como se puso. Me orilló a que le ocultara que seguiría jugando con Nancy. Al día siguiente, después de salir de la escuela, me apresuré a terminar mi tarea e irme a la casa de mi abuelita. Estaba a punto de salir cuando mi mamá me preguntó si ya me iba a la casa de su mamá. Le respondí que sí. Pensé que de nuevo me iba a regañar por jugar con Nancy, pero parecía que ya se le había olvidado su molestia con la morra muñeca. En cuanto llegué con mi abuelita, ella me mostró el vestido color rosa que le tejió a Nancy de inmediato. Fui por ella y la comencé a cambiar. Mientras le quitaba su ropa. Noté que tenía una mancha negra en la parte del estómago. Se la mostré a mi abuela. Ella me dijo que podían ser hongos. Me dijo que fuera por un trapo y alcohol para desinfectar a la muñeca y quitarle la mancha. Tallé muchas veces la parte sucia sin conseguir que se le quitara. Se lo mostré a mi abuelita. Ella también lo intentó. Me dijo que quizás era un defecto de la muñeca o que quizás por el paso del tiempo se le había hecho. Vestí a Nancy y me puse a jugar con ella mientras mi abuela seguía tejiendo frente al aparato de televisión. En la televisión salió un programa que llamó mi atención. Me senté al lado de mi abuelita verlo dejé a Nancy sentada en el sillón. Estuvimos viendo la tele por un rato. Cuando busqué a Nancy en el lugar en el que la había dejado, ya no estaba ahí. Le pregunté a mi abuelita por la muñeca, aunque fue una pregunta sin sentido, porque en todo momento estuvimos juntas. Ella me respondió que era muy extraño que fuera a buscarla a su habitación. Cuando entré al cuarto de mi abuelita, me llevé una gran sorpresa al ver a Nancy recostada en la cama de mi abuelita. Estaba reposando en medio de las dos almohadas. Era la segunda vez que tenía un evento raro con Nancy, aunque creo que debido a la edad que tenía, no le di la importancia necesaria, ni tampoco mi abuelita lo hizo, porque en cuanto ella me vio con la muñeca, ni siquiera me preguntó cómo había sucedido, que se hubiera cambiado de lugar. Los días siguientes continué yendo a la casa de mi abuelita a jugar con mi muñeca, sin que sucediera nada extraño. Llegué a pensar que todo había sido una confusión de mi parte. La siguiente semana me tocaba llevarme a Nancy. Le dije a mi abuelita que me la iba a llevar esa semana y si mi mamá se molestaba, la dejaría todo el tiempo en su casa. Cuando llegué a mi casa, mi mamá seguía tejiendo en su máquina. Era temporada de inicio de clases y todavía tenía muchos su éteres por terminar. Así que no tuve problema con entrar con Nancy. La acomodé sobre mi cama, pero pensé que le podría hacer su propia cama. Busqué una caja que se ajustara a su tamaño y comencé a hacerla. Me gustó el resultado. Después de jugar un rato con ella, la acosté en su cama y me fui a buscar algo para cenar. Mi mamá seguía tejiendo. Me serví un poco de cerial con leche y me fui a acostar antes de dormirme le di un beso a Nancy. Le dije que soñara con los angelitos. Me sorprendí porque tuve la sensación de que ella me entendía. Me pareció que giraba su cabeza hacia donde me encontraba. Incluso le pregunté si me entendía. Obviamente, no obtuve respuesta alguna, pero ya eran muchas coincidencias las que me habían pasado. Pensé en estar atenta durante la noche, aunque creo que eso no iba a ser posible, porque pronto me quedé profundamente dormida y me olvidé que iba a vigilar. La muñeca No supe a qué hora de la noche comencé a escuchar una melodía. Tardé unos segundos en tratar de despertar el ruido. Apenas era audible, pero el silencio de la noche permitió que fuera posible escuchar la canción. Me quedé por unos segundos acostada tratando de encontrar el origen del sonido. Después se quedó todo en silencio. Me costó un poco de trabajo poder conciliar de nuevo el sueño por un rato. Estuve despierta acostada en mi cama. Comenzaba a quedarme dormida cuando de nuevo escuché la misma canción. En esta ocasión me di cuenta que el ruido venía de mi habitación no hice ningún movimiento. Me quedé acostada cubierta con mi cobija. De pronto oí unos ruidos, como si anduviera una rata o una cucaracha dentro de mi cuarto. Me dio temor porque le tenía fobia a las cucarachas. Tan sólo de pensar que hubiera una de ellas dentro de o mi habitación. Me daban escalofríos. Estaba a punto de encender la lámpara cuando vi una pequeña silueta que se movía hacia la ventana. No era mucha la luz que se filtraba a través del cristal, porque no había luna llena. Sólo alcanzaba a entrar un poco del alumbrado público. Fue lo suficiente para ver a mi muñeca parada en el borde de la ventana. Como si se estuviera asomando hacia la calle. Se encontraba de espaldas. Fue por lo que no se dio cuenta que me tapé la boca para no gritar. Nancy estuvo por unos minutos parada en la ventana. Después se deslizó a través de la cortina y se fue hacia mi cama. Comencé a sentir cuando ella caminó sobre mi cuerpo. Después se quedó viéndome dormir. Fueron los segundos más largos que tuve enseguida. Nancy se bajó y se acomodó de nuevo en la cama que le hice el resto de la noche. Ya no me pude dormir. Me urgía que amaneciera y poder decirle a mi mamá lo que había sucedido. Cualquier sonido que escuchaba pensaba que se trataba de la muñeca, pero eran ruidos que provenían del exterior. En cuanto vi que el alba comenzaba a dar muestras de su presencia. Suspiré aliviada. Empecé a escuchar el ruido de los trastes. Cuando mi mamá los lavaba. Me levanté con rapidez, evitando ver a Nancy era mi mamá la que estaba lavando los trastes. Cuando me vio, me preguntó si me encontraba bien, ya que siempre le costaba mucho trabajo levantarme. No sabía cómo decirle lo de la muñeca, porque ya me había advertido que no jugara con ella. Mi mamá me hizo muchas preguntas. Qué me había sucedido si me caí de la cama y cometarios de ese tipo estaba a punto de decirle. Cuando entró mi hermano, le dijo que se sentía muy mal, que le dolía la cabeza. Mi mamá le tocó la frente, le dijo que tenía fiebre y se fue con él a su habitación a ponerle el termómetro. No supe si fueron mis nervios los que me traicionaron. Pero alcancé a ver de reor como si alguien corriera por el pasillo. Iba a ver de qué se trataba. Aunque el miedo no me permitió hacerlo. Escuché más ruidos. De repente brinqué porque sentí que tocaron mi hombro. Era mi mamá que venía de atender a mi hermano. Me dijo que no iría a la escuela porque estaba con temperatura y vómito. Lo más seguro era que traía una infección en el estómago. Me preguntó por qué me había asustado tanto. Le dije todo lo que ocurrió con la muñeca. Cuando terminé de decirle los detalles, mi madre se enojó mucho. Me comentó que ya me había advertido que no jugara con Nancy, pero no le hice caso. Le pregunté si también a ella le había ocurrido lo mismo mi mamá se me acercó o puso su rostro muy cerca del mío. Lo único que me respondió fue que esa muñeca tenía que desaparecer. Ya lo había intentado hacer cuando era niña y ahora se me aparecía a mí. Tenía tantas preguntas que hacerle a mi mamá, aunque sólo le pude hacer una cómo había llegado Nancy a sus manos. Por lo que sabía mi abuelita desconocía su existencia. Mi mamá no respondió. Se limitó a decirme que Nancy tenía que irse de la casa. Fue en búsqueda de la muñeca. Se encontraba en la cama que le había hecho. La puso dentro de una bolsa negra de plástico. Me dijo que la acompañara. Pensé que la llevaría a la casa de mi abuelita, pero pasamos de largo su casa. Nos fuimos al templo de la colonia que se encontraba a dos cuadras de nuestra vivienda. El padre se preparaba para dar la misa de siete de la mañana. Mi madre tocó en la sacristía. Se escuchó una voz que nos permitía el paso. Mi mamá le explicó al padre lo que ocurría con la muñeca. Él lo tomó muy a la ligera porque sonrió y nos dijo que si podíamos esperarlo a que terminara la misa con gusto podía bendecir la muñeca. Nos quedamos hasta que terminó la misa. Era la primera vez que le ponía atención a lo que el sacerdote decía. Mi único interés era que Dios nos ayudara. Cuando el padre terminó la misa, nos llamó para que fuéramos de nuevo a la sacristía. Tenía el acetre con agua bendita. Le pidió a mi mamá que sacara la muñeca con el hisopo comenzó a mojarla con el agua mientras decía unas oraciones. Era como si tratara de expulsar el demonio de la muñeca. Nancy no tuvo ninguna reacción. Sólo escuché de nuevo la misma melodía que oí en la madrugada. Cuando mi mamá le revisó la espalda y abrió el mecanismo que traía, se encontraba vacío no tenía pilas. Mi mamá se lo mostró al padre. Él la sintió. Después le dijo algo a mi mamá de manera muy discreta, porque no alcancé a escuchar lo que le decía. Después que salimos de la iglesia, mi mamá me dijo que ya no jugaría con Nancy, la tiraría a la basura. Me dolió mucho hacerlo, aunque en esta ocasión mi mamá tenía razón. Fuimos a un contenedor que estaba enfrente de la iglesia, amarró la bolsa con un nudo y la aventó dentro del bote. Me fui decepcionada de lo que había sucedido. Mi mamá me dijo que tampoco iría a la escuela. Ya era tarde y no alcanzaría a llegar, así que aquel día no asistía a clases. Le dije a mi mamá que quería estar con mi abuelita. Ella no tuvo objeción. Me dejó afuera de su casa. Cuando llegué con mi abuelita no me pude contener. Me puse a llorar. Le conté todo lo sucedido. Mi abuelita me dijo que no estuviera triste. Ella me compraría otra muñeca, quizás no igual a Nancy, porque lo más seguro era que ya no las fabricaban, pero me buscaría una muy parecida. Aquel día me quedé en casa de la abuela hasta en la noche me fui a mi casa para dormir. Me sentía muy cansada. Ni siquiera quise cenar me. Fui directo a mi habitación. Me quedé dormida, enseguida hasta que de nuevo la misma melodía me despertó. Esta vez salté de inmediato en la cama. Sabía que se trataba de Nancy. Encendí la vi la luz, aunque no la pude ver por ningún lado. Sólo seguía escuchando la canción. Iba a decirle a mi mamá lo que sucedía, pero ella ya la había escuchado. Me comentó que no era tan fácil deshacerse de Nancy. Me dijo que me fuera a dormir a su cuarto. Me acomodé en su cama. Mientras seguíamos escuchando el sonido Era como si Nancy estuviera caminando por toda la casa, porque distinguía que el sonido de la melodía venía de distintos lados de la casa. Luego comenzamos a escuchar más ruidos. Comenzó a escucharse que encendieron la televisión. Mi mamá despertó a mi padre le dijo que Nancy había regresado. Mi papá se levantó somnoliento y comenzó a buscarla por todas partes de la casa. Me pareció que él sabía de qué se trataba. Por más que mi padre buscó por toda la casa. No la pudo encontrar, pero a la noche siguiente, cuando todo estaba en completo silencio y bajo la oscuridad, de nuevo comenzábamos a escuchar la misma melodía. Era era un un una melodía con pocas notas, pero era un sonido muy perturbador. Ya no iba a dormir a mi cuarto. Mi papá metió un sofá a su habitación y me quedaba a dormir en el mismo cuarto de ellos. Mi mamá fue a preguntarle a mi abuelita si a ella no le había ocurrido nada extraño con la muñeca. Mi abuelita se sorprendió mucho Cuando mi mamá le hizo esa pregunta, le dijo que yo la había llevado a su casa. De inmediato le comenté a mi abuelita que yo no lo había hecho. Ella nos pidió que la siguiéramos. Nos mostró a Nancy recostada sobre su cama ahora con un vestido azul que le había tejido. Mi mamá De inmediato le dijo que esa muñeca no podía estar ahí. Cuando le explicó todo lo sucedido, mi abuelita se cubrió su boca. Tratando de evitar un comentario. En ese momento nos dijo que ella había escuchado ruidos en la noche, pero nunca pensó que se tratara de Nancy. Mi mamá le dijo a mi abuelita que no sabía qué hacer con Nancy, ya ya había oido intentado hacer todo lo que estaba a su alcance sin conseguir nada. Incluso esa muñeca me había encontrado. Mi abuelita le preguntó a mi mamá cómo fue que la obtuvo, porque ella nunca le compró una. Mi mamá le respondió que fue un regalo que le hizo una amiga. Ahora se daba cuenta que lo único que hizo aquella amiga fue heredar la maldición de la muñeca, porque cuando se la regaló le dijo que no le comentara a nadie. Fue por lo que nunca se lo dijo a mi abuelita desde un principio que la tuvo. Comenzaron a suceder hechos raros con la muñeca, por lo que la metió en su empaque y trató de deshacerse de ella. Aunque se daba cuenta que nada sirvió. La única manera de hacerlo era obsequiarla a otra niña. Sin embargo, ella no haría lo mismo que le hicieron. Tenía que buscar otra forma de deshacerse de ella. Mi abuelita le sugirió a mi mamá ir con una amiga de ella. Esa persona sabía de remedio y curaciones con medicina tradicional quizás las podía ayudar de inmediato. Tomamos a Nancy y fuimos con la amiga de mi abuelita. Mi mamá pidió un taxi. No se encontraba tan lejos, pero era importante hacerlo lo más rápido posible. Mientras estábamos en el auto de Alquiler, agarré a Nancy para verla con detenimiento. Parecía tan inofensiva, aunque de repente vi cómo se extendió su boca para sonreír la. Venté al piso del auto. Mi mamá me preguntó qué sucedía. Le dije casi llorando que la muñeca me había sonreído. Vi cómo se burlaba el chofer, aunque no me importó. Mi mamá y mi abuelita sí sabían la verdad. La amiga de mi abuelita ya nos estaba esperando porque previamente ella le había hablado por teléfono. En cuanto ingresamos a la casa de la señora, ella nos dijo que habíamos hecho lo correcto. Se había transferido una maldición a través de la muñeca. Se hizo todo un ritual para conseguir algo. A cambio. La maldición pasaría a r cada dueño que la tuviera. Ella iba a intentar romper el conjuro, aunque no sabía si podía lograrlo, porque desde que entramos a su casa sintió toda la energía negativa que tenía la muñeca. La amiga de mi abuelita le preguntó por qué me habían llevado. Era muy chica por mi edad podía poner en riesgo mi espíritu. Mi abuelita le dijo que fui yo quien encontró la muñeca. Ella dijo que estaba bien, pero que me mantuviera alejada del ritual. Sólo necesitaba un objeto personal. Mi madre me dijo que le diera mi cadena con la medalla de la Virgen de Guadalupe. Las tres entraron a un cuarto que estaba hasta el fondo. Me quedé en la sala de espera. Había varias sillas para que las personas pudieran permanecer sentadas. Me puse a observar cada uno de los objetos que servían para protección y para muchas cosas más. Era temprano y no habían más personas en el lugar, por lo que pude caminar por todos lados y sin nno que nadie me dijera nada. Hubo un instante en que me quedé viendo un espejo muy antiguo. Me hizo recordar el espejo de blanca Nieves mientras miraba cada uno de sus detalles. No percibí que había alguien en mi espalda hasta que escuché el susurro de unas palabras que no entendí, pero la melodía era la misma que cada noche escuché. Al ver a través del espejo, pude ver a Nancy que se encontraba detrás de mí. Grité asustada, enseguida. Salieron mi abuelita, a su amiga y mi madre les dije que acababa de ver. A la muñeca les apunté con mi mano el espejo. La amiga de mi abuelita dijo que era parte del ritual, ya que nuevamente se había transferido la maldición, así que no se iba a dar por vencida tan fácil. La señora dijo que lo mejor era que dejáramos a Nancy en su poder. Ella se encargaría de hacer un ritual a diario para mantenerla sin que ocasionara un daño. Nos dio una amuleto a cada una. Nos fuimos de la casa de la señora con la idea de que todo iba a estar bien au aunque neo tenía duda de que realmente pudiera funcionar lo que nos dijo, porque Nancy se me había aparecido. Las siguientes noches seguí durmiendo en el cuarto de mis padres hasta que fui adquiriendo confianza. Después de unas semanas me pude ir a dormir a mi habitación. No me volvieron a pasar situaciones extrañas, a excepción que en sueños escuchaba aquella melodía que me daba tanto miedo, el demonio Paymon. Estuve viviendo durante mucho tiempo con mis compañeras del trabajo. Rentábamos una casa en una parte céntrica. Por lo regular visitaba a mis padres una vez al mes. Ellos también vivían en la misma ciudad. Había decidido independizarme por situaciones personales. Trabajaba en la editorial de una revista. En ese lugar conocí a Chuy comenzamos a salir y después de un tiempo de noviazgo, decidimos ir rnos a vivir juntos. Primero él se fue a vivir conmigo en la casa que compartía con otras compañeras. En cuanto pudimos conseguir un departamento en renta, nos fuimos a vivir aparte. No tenía problema con la renta porque entre los dos íbamos a compartir los gastos. Empezamos el año nuevo viviendo juntos. Los dos primeros años estuvimos muy bien. Me fui adaptando a mi nueva forma de vida. Entre mis planes no estaba quedar embarazada. Sin embargo, ocurrió cuando menos lo esperaba. Al principio me sentí confundida porque había dicho que no iba a ser madre Chuy decía lo mismo. Entre los dos decidimos qué tendríamos al Bebé. El embarazo transcurrió sin ningún problema. Cuando llegó el día de dar a luz mi bebé nació sin contratiempos. Los primeros meses, la casa estuvo llena de visita por parte de la familia de Chui y de la mía. Recibí muchos obsequios. Cuando terminó mi incapacidad y tenía que regresar al trabajo. La editorial en la que trabajaba ofrecía servicios de guardería. Dentro de las mismas instalaciones inscribí a mi pequeño Abel, así que los tres nos íbamos al mismo centro de trabajo. Con cierta frecuencia nos visitaba mi madre y la de Chuy para cargar al pequeño Abel. Un día, a mi suegra le llevó un oso de peluche de color amarillo. Ella lo había traído de su último viaje a Mexicali. En ese tiempo, Abel ya tenía un año en cuanto vio el oso de peluche y lo abrazó y no se volvió a separar de ese juguete. A partir de ese día, se iba a dormir. Abrazado de su oso, le gustaba la sensación de sentirse cobijado con alguien. Cuando lo acostaba en su cuna le quitaba el peluche para que Abel no corriera el riesgo de asfixiarse. Por lo primero que preguntaba al despertarse era por su oso. En cuanto lo veía, lo abrazaba efusivamente y le platicaba. No alcanzaba a distinguir lo que mi hijo le decía porque tenía poco tiempo que comenzaba a hablar. Apenas decía palabras como papá y mamá me llamó la que en cuanto Abel pudo emitir palabra le decía a lo o món nunca entendí por qué mi pequeño sin conocer esa palabra comenzó a nombrarlo de esa manera, por lo que todos le decíamos el oso mon Se me fue haciendo raro que mi hijo tuviera una predilección exagerada por ese juguete, pero mi madre me dijo que era de lo más normal conforme a Bel creciera se iba a ir olvidando de él, así que ya no se me hizo extraño que mi hijo llorara si no podía abrazar a Mon A partir de que Abel cumplió los dos años, cambiamos su cuna a una habitación aparte. La primera noche lloró mucho porque estaba acostumbrado a dormir con Chui conmigo hasta que muy entrada la madrugada dejó de llorar. Estaba a punto de ir por mi pequeño y llevarlo a mi cama a dormir, pero Chuy no me lo permitió. Me dijo que sí iba por él iba a pasar más tiempo para que aprendiera a dormir solo Chuy tuvo toda la razón. Esa fue la única noche que lloró. Después dejó de hacerlo. Los primeros días iban en la madrugada a la habitación de Abel para cerciorarme que todo estuviera en orden. Poco a poco adquirí la confianza y dejé de hacerlo. Una noche me despertó el llanto de Abel. Fui de inmediato a su habitación. Lo encontré en el piso. Al parecer se había caído de la cuna. No supe cómo sucedió el accidente porque la cuna tenía barrotes altos. Revisé todo el cuerpo de Abel sin encontrar golpes graves, sólo un chichón que se le hizo en la frente. A partir de esa noche. Compré aparatos para escuchar cualquier sonido que mi bebé hiciera. Dejé un aparato en el buró del cuarto de mi pequeño. El otro aparato me lo llevé y lo dejé a un lado de mi cama. Después que dejé a Abel, dormido en su cuna, me puse a leer un libro. Casi no lo hacía porque tenía muy poco tiempo entre mis responsabilidades el hogar y mi bebé estaba emocionada leyendo un capítulo de un libro de misterio de Edgar Allan Poe. Cuando escuché una carcajada de Abel, tomé el aparato para verificar si no me había equivocado. De nuevo escuché que se estaba riendo de inmediato, me levanté y fui a la habitación de mi pequeño. Él se encontraba sentado en la cuna. Con la luz del celular iluminé alrededor del cuarto. No encontré a nadie. No supe por qué mi bebé había despertado y mucho menos el motivo por el que se estuviera riendo. Me quedé unos minutos para intentar dormirlo, pero no tenía sueño. Siguió riéndose mientras veía hacia un lado de la pared encendí la lámpara de la habitación y no había nadie en ese lugar. Mi pequeño cerró sus ojos porque los lastimé con la luz blanca de la lámpara lo acomodé de nuevo sobre su almohada. Le jalé el cordón a su móvil para que emitiera una de las canciones de cuna. Casi siempre. Abel se dormía con esa melodía, pero mi pequeño no daba muestras de que se fuera a dormir, porque seguía carcajeándose. Lo único que se me ocurrió hacer fue llevarlo a la sala y ponerlo en su corral para que jugara con sus juguetes mientras se cansaba y le daba un poco de sueño Abel empezó a tallarse sus ojos como a las tres de la mañana. Lo llevé a su cuna y se quedó dormido Inmediatamente. Me sentí tan cansada porque había dormido muy poco. Al día siguiente tenía que madrugar para ir al trabajo. Me fui a mi lugar de trabajo con mucho sueño. Sólo había dormido escasas tres horas. Dejé a Abel en la guardería y me fui a trabajar al mediodía. Me hablaron por parte de la encargada de la guardería para decirme que quería hablar conmigo. Cuando fui a recoger a mi pequeño, pasé a la oficina de la directora. Ella comenzó a hacerme una serie de preguntas respecto a la alimentación de Abel, sus horarios de sueño, los niños con los que convivía. Le pregunté qué había notado en mi hijo. Ella me respondió que todo era una encuesta de rutina. Me dijo que lo hacían con los bebé que comenzaban a tener la ablactación y a hablar. Era una manera de saber los cambios que ocurrían con los pequeños y saber en qué momento empezar a enseñar el control de esfínteres. Le comenté que se me hacía prematuro porque Abel tenía dos años la maestra Me dijo que era la edad ideal para que mi pequeño aprendiera a dejar el pañal. Hasta ese momento, todo me pareció una actividad de rutina. Sin embargo, antes de marcharme de la oficina de la maestra y retirarme con Abel, me preguntó quién era mon por qué Abel, la mayor parte del tiempo se reía con un amigo imaginario, incluso hasta platicaba con él la maestra. Me dijo que era normal. No a todos los niños. Le sucedía el tener un amigo imaginario. Cuando terminé de conversar con la directora, salí de la guardería con mi hijo. Esa fue la primera vez que empecé a dudar de lo que mi hijo veía porque empecé a ponerle más atención. Hubo una ocasión en que Abel estaba sentado en su cora jugando con sus juguetes. De pronto llegó caminando hasta la cocina. Fui a ver el corral. Todo estaba en perfecto orden. No entendí cómo le hizo para salir de ahí, porque el corral tenía sus barrotes muy altos para la edad que tenía mi pequeño. Era imposible que hubiera saltado. Además, nos encontrábamos solo en la casa por la tarde que llegó Chuy le comenté lo que sucedía con Abel, aunque él no le tomó la importancia necesaria. Me dijo que era normal que Abel hubiera saltado los barrotes y que tuviera un amigo imaginario. Él lo tuvo por muchos años y era un adulto normal. Traté de darle más detalles, pero Chui se limitó a reír y a Ignorarme. Entendí que con él no iba a lograr nada, porque no se involucraba en la formación de nuestro pequeño. La mayor parte de su educación lo hacía. Yo empecé a investigar con otras madres si era normal lo que le ocurría a Abel. Algunas me dijeron que sí, que era la edad en la en la r que los pequeños tenían cambios y que las madres tan aprensivas como yo. A todo le veía el lado malo. Dejé de preguntar a otras madres. Creí que realmente todo era producto de mi exageración. Hasta que me ocurrió un suceso extraordinario. Seguí con los aparatos para escuchar los sonidos de Abel en mi habitación eran las cuatro treinta de la madrugada. Cuando comencé a escuchar una melodía extraña que emitía el aparato, chuy no se dio cuenta de nada, seguía durmiendo. Lo moví para que también él fuera testigo de lo que estaba ocurriendo, pero sólo se cambió de posición y siguió durmiendo. La canción era perturbadora porque a esa hora la casa estaba en completo silencio. De pronto oí como si una voz masculina estuviera cantando en la habitación de Abel. Me levanté de inmediato y salí de mi cuarto antes de entrar. Tuve miedo que algún hombre estuviera dentro y nos quisiera hacer daño. Abrí la puerta, pero todo estaba en orden. Abel dormía profundamente. Revisé la habitación sin encontrar nada extraño me asomé por la ventana. Sólo había oscuridad y silencio. Me quedé despierta en la habitación de Abel hasta que la luz del día empezó a entrar por la ventana. No pude darle una explicación lógica a lo que sucedió en la madrugada mari Era. Mi compañera de trabajo me preguntó si me encontraba bien. Le respondí que llevaba varias noches durmiendo muy poco porque escuchaba a través del aparato reproductor de sonido que alguien cantaba en la habitación de mi hijo, pero cuando entraba a su cuarto no encontraba nada anormal. Todo estaba en orden. Cuando le tararé la melodía que escuchaba a través del aparato, ella me dijo que si ya había intentado poner una cámara en la habitación de mi pequeño con ella podría salir de dudas. Ese día, en cuanto salí del trabajo, me fui a la plaza de la tecnología a comprar la Cámara. Su instalación fue sencilla. Con ella alcanzaba a ver la cuna de Abel, así como un diámetro amplio alrededor de él. Aquella noche me fui a dormir temprano Dejé la Cámara encendida. No escuché ninguna canción. Fue una noche tranquila. Creo que fue la primera que pude descansar al día siguiente. Era sábado, por lo que tuve oportunidad de revisar la Cámara con calma. En cuanto me desperté, fui directamente con Abel. Él todavía estaba dormido. Me llamó la atención ver tirados muchos de sus juguetes, porque por la noche siempre lo ponía a recogerlos antes de que se durmiera. Hice caso omiso al desorden y revisé la Cámara. Fue necesario que viera varias ocasiones el vídeo para darme cuenta de lo que ocurría en la habitación. La tercera vez que vi el video, noté que la cabeza del oso de Abel se movía en dirección hacia la ventana de la habitación. No podía creer lo que veía. Fui de inmediato a despertar. A Chui le mostré el vídeo l l l l o o que no veía nada. Aquella vez discutí con él porque no le interesaba nada de lo que le sucedía a Abel. Creo que fue una de las peores discusiones que tuvimos, porque Chuy me dijo que era una loca aprehensiva que veía cosas donde no existían. Me molestó tanto su comentario que no le volví a mostrar el vídeo. Le hablé por teléfono a Mary y le mostré lo que sucedía en la habitación de mi hijo. Cuando ella lo vio. Me dijo que el oso Mondeabel estaba poseído. Se me hizo una exageración su comentario, aunque dudé de lo que mi amiga me dijo. En el fondo, me quedé con la incertidumbre del por qué veía que el oso movía su cabeza. A partir de lo que ocurrió aquella noche, comencé a revisar la Cámara Todos los días me levantaba un poco más temprano de lo usual para alcanzar a ver el video. Las siguientes noches. Todo estuvo normal. No hubo ningún acontecimiento extraño. Eso originaba que tuviera más dudas de lo que real te vi Me quedé un poco más tranquila porque en casi tres semanas no sucedió nada raro. Abel seguía amando a su oso, pero también se entretenía con otros juguetes. Le compré varios peluches para quitarle definitivamente su oso Mon sin que lo percibiera. Entre los juguetes que le llevé hubo uno que lo cautivó. Era un dinosaurio verde de tamaño mediano. En cuanto Abel lo vio, lo abrazó y no se separó de él. Aproveché el momento y guardé su oso en una bolsa negra. Lo puse en mi closet en la parte superior hasta el fondo. Después que pasara un tiempo, pensaba deshacerme de él. En cuanto llevé a mi hijo a acostar en su cuna, comenzó a preguntar por su oso. Mon le dije que su oso también tenía familia y que había ido a visitarla, pero pronto iba a regresar. Abel me miró extrañado por el comentario que le hice. Movió su cabeza diciendo que no se puso a llorar por un rato. Estaba a punto de darle su peluche. Cuando se quedó dormido abrazando su dinosaurio. Sentí remordimiento de ver a mi hijo que todavía suspiraba por haber llorado tanto, pero me sentía tranquila de saber que por fin lo iba a separar de ese peluche que le causó tanto apego. Me fui a descansar antes de acostarme. Le hablé por teléfono a Mari para decirle lo que acababa de hacer, aunque sus palabras no me dejaron tranquila. Ella seguía diciendo que el oso estaba poseído por un demonio y que no iba a ser suficiente con se lo quitara a mi hijo y tratara de deshacerme de él. Mari me dijo que necesitaba ir con un sacerdote para que lo bendijera o con una persona que supiera de brujería para que me dijera exactamente qué hacer con el oso. Porque si trataba de sólo tirarlo a la basura o de regalarlo a otro pequeño. Solamente estaría pasando la maldición a otra persona. Lo mejor era que cerrara completamente el círculo. Me quedé pensando en lo que mi amiga me dijo, pero el primer paso era lograr el deso apego de mi hijo con su juguete favorito. Dejé encendido el aparato para escuchar lo que sucedía en la habitación de Abel, porque tenía el presentimiento de que en cualquier momento pudiera despertar buscando a su oso. Iban a ser las cuatro de la madrugada. Cuando escuché reír a mi hijo. Pensé que Chuy estaba con él, pero mi esposo estaba durmiendo. Fui al cuarto de Abel. Mi hijo se encontraba sentado en su cuna riendo. Él estaba atento al techo de la habitación. Ni siquiera se percató que había entrado a su cuarto sin decirle nada me quedé observando. Él seguía riendo. Sin embargo, en el techo no vi nada extraño. No entendí qué era lo que a Abel le causara tanta diversión. Le dije que no era hora para estar jugando. Tenía que dormir, pero mi pequeño apuntó con su dedito hacia un lado de la pared y me dijo que era su oso. Mon Volteé hacia donde me apuntaba sin lograr ver nada. Empecé a tener un poco de miedo recordando las palabras que me dijo mi amiga Mary. No sé si fue que estaba muy susceptible, pero comencé a sentir frío dentro de la habitación. Era como si hubiera cambiado el clima drásticamente. Aunque fue muy raro, porque era temporada de verano, tenía una sensación extraña. Sentía la presencia de alguien sin conseguir ver a nadie. Me senté en el sofá que estaba a un lado de la cuna poco a poco a bel se fue tranquilizando y se quedó dormido. Estaba a punto de salir de la habitación de mi hijo. Cuando escuché un ruido en el closet era como si anduviera una rata dentro. No hice el intento de buscarla porque le tenía miedo a ese tipo de animales. Me fui rápidamente a mi cuarto. Me acosté en la cama. Chuy alcanzó a despertar. Me preguntó qué sucedía. Le dije que había ratas en la casa. Me dijo que al día siguiente se encargaría de exterminarlas. Chuy sintió cómo temblaba. Me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, aunque no era verdad. Estuve el resto de o de la noche pensando qué sucedía con mi hijo y su oso mon También pensé en hacerle caso a Mary le preguntaría dónde me sugería que llevara al Peluche comenzaba a darme sueño. De repente escuché un ruido fuerte en mi closet hasta chuy se despertó. Me preguntó qué había sido ese ruido. Le dije que seguramente las ratas estaban por toda la casa, porque también en la habitación de Abel sucedía lo mismo. Chui me dijo que, como le debían, un día de descanso lo tomaría para buscar la plaga y deshacerse de ella. Le pregunté si se podía quedar con Abel así, no tendría que llevarlo a la guardería. Me respondió que sí. Por la mañana no fue necesario que lo despertara. Se quedaría a dormir por más tiempo. Sólo fui a cerciorarme de que estuviera bien. Abrí con cuidado la puerta de su habitación para no hacer ruido y que no se fuera a despertar lo que vi hizo que tuviera un grito ahogado. Su oso mon estaba a un lado de mi pequeño Abel. Tuve el impulso de quitárselo y tirarlo a la basura, pero me acordé de las palabras de Mary cerré nuevamente la puerta con cuidado. Fui con Chuy para contarle lo ocurrido, aunque tenía desconfianza de que no me creyera en cuanto lo moví se despertó. Seguramente vio el miedo en mi rostro porque me puso mucha atención y no dudó de lo que le dije. Le conté que había escondido a su oso en mi closet y que en ese momento estaba en el cuarto de Abel. Chuy me dijo que se encargaría de hacer algo al respecto. Le pregunté por qué en esta ocasión me había escuchado y me creía él me respondió que ya había visto cosas extrañas con el oso de Abel, pero que no me quiso decir porque sabía que me afectaría mucho. Me dijo que hubo una ocasión en la que se levantó en la madrugada para ir al baño. Encontró al oso de Abel sentado en uno de los muebles de la sala. Sabía perfectamente que su hijo no se quería despegar del oso y que cada vez que yo lo acostaba a nuestro hijo se dormía abrazando a su peluche, por lo que le causó mucho mucha extrañeza verlo sentado en la sala. También me dijo que en otra ocasión salió por un vaso de agua. El oso estaba sentado en la silla del comedor. Incluso tuvo la sensación de que tenía vida porque creyó ver que cambiaba de posición, pero que no estaba seguro de que realmente hubiera ocurrido. Eso le mostré nuevamente el vídeo que tenía en el que el oso movía su cabeza. Él saltó de la cama. Me dijo que ese oso estaba endemoniado o que rayos pasaba con él para que se moviera como si tuviera vida. No me pude quedar por más tiempo platicando con Chui porque se me estaba haciendo. Tarde le encargué a mi hijo antes de salir de la casa. Le hizo una advertencia. Le dije que tuviera mucho cuidado porque probablemente los ruidos que escuchábamos no se trataban precisamente de ratas. Chuya sintió. Me dijo que cualquier cosa me llamaría por teléfono. También le dije que nos íbamos a deshacer del juguete maldito a como diera lugar. Pedí un taxito para alcanzar a llegar a tiempo al trabajo. El tráfico estaba caótico. El chofer me dijo que iba a tomar una ruta alterna porque nos llevaría mucho rato quedarnos en ese lugar. Estuve de acuerdo. Sin embargo, tuvimos un accidente que me impidió llegar a mi lugar de trabajo. No fue nada grave, sólo tuve unos golpes y contusiones. Los paramédicos me querían llevar al hospital, pero le dije que me sentía bien. Avisé lo que me había sucedido en el trabajo. Mi supervisor me dijo que me tomara el día y me recuperara de los golpes, así que me regresé a mi casa. Cuando llegué encontré un desorden total. Le hablé a Chui y a Abel, pero nadie me respondió de pronto. Vi que la puerta de la entrada se abrió. Era Chui que traía en brazos a mi hijo Me dijo que me saliera de inmediato de la casa. Vi el miedo en los ojos de mi esposo. Me fui con él ya cuando estuvimos un poco lejos de la casa. Chuy me dijo que cuando comenzó a buscar en el closet de nuestra habitación, vio la bolsa negra que le dije, pero dentro de ella no estaba el oso de Abel lo buscó en la habitación de su hijo sin conseguir encontrarlo. De pronto comenzaron a escucharse que se caían los trastes y los cuadros de las paredes. Parecía como si ese juguete se estuviera escondiendo y no quisiera marcharse de nuestra casa. Lo único que se me ocurrió fue a hablar con Mary. Cuando le dije lo que estaba ocurriendo. Me dijo que no entrara a la casa a menos que fuera acompañada de un brujo o de un sacerdote, porque el demonio no estaba dispuesto a marcharse. De ahí fuimos a la iglesia a hablar con el padre, pero no lo pudimos encontrar. La secretaria de la notaria nos dijo que el padre había ido a dar misa a otra parroquia. Estaba supliendo a un sacerdote que se encontraba enfermo que llegaría por la tarde a oficiar la misa. De siete de la tarde se me hizo mucho tiempo, lo que tardaría en llegar el padre. De nuevo le marqué a Mari para pedirle su apoyo. Ella me dio el teléfono de una mujer que me podría ayudar. No dudé en malle y decirle lo que sucedía con el oso de Peluche, quizás de la mujer que me recomendó mar y notó mi desesperación porque en poco tiempo estuvo en mi casa. Me pidió que me quedara al lado de mi hijo y de chuya fuera de la casa. Ella me dijo que aún no entraba y ya sentía la energía negativa. Cuando la mujer entró a la casa, empezaron a escucharse muchos ruidos. Casi estuve a punto de entrar, pero chuy me detuvo me dijo que no lo hiciera. Pasó un poco más de una hora cuando salió la mujer con el oso en su mano. Nos dijo que fue una dura batalla que aún no terminaba. Paymond seguía dentro del oso de Peluche. En el momento en que la mujer dijo ese nombre, le pregunté quién era Paymon. Ella me respondió que un demonio que tenía a su cargo otra legión de demonios. En ese momento entendí el motivo por el que mi pequeño le decía Mon no supe qué sucedió con el oso de Peluche. La mujer me decía que no se lo podía llevar la len us para que lo hiciera, porque no lo quería tener ni un minuto más en mi casa. Ella me dijo que me haría el favor solo porque Mary era una amiga muy cercana a ella. Cuando se llevaron el oso, todo regresó a la normalidad, ya se podía respirar mejor dentro de la casa, la caja musical. Hace muchos años que me pasó este acontecimiento. Era una niña de ocho años. Vivía al lado de mis padres y de mi hermana, que era menor que yo. Mi abuelita vivía en la misma colonia a cinco cuadras de donde se encontraba nuestra casa. La casa de mis abuelos era muy grande, porque vivían con ella dos hijas y cinco hombres que aún estaban solteros. Mi madre era una de las más grandes. Fue de las primeras que se vino a vivir a Guadalajara, enseguida sus padres se vinieron a radicar a esta ciudad porque era difícil salir adelante en el pueblo costero del que eran originarios. Después de varios años de estar radicando en Guadalajara, mi abuelita mandó traer a su mamá y a su única hermana que estaba soltera. Las dos vivían solas. También eran originarias del mismo pueblo. Entre mis tíos que trabajaban en el mercado de abastos, le rentaron una casa a mi bisabuela en la misma calle donde ellos vivían, Así que la familia estaba muy cerca. Todos los domingos íbamos a la casa de mis abuelos, nos juntábamos todos los primos y primas de las hijas que ya estaban casadas. Comíamos y cenábamos con toda la familia entre semana. Casi no nos reuníamos a excepción de que alguno de mis tíos o abuelos cumpliera años. Mi bisabuela ya estaba muy grande, por lo que ella no se reunía con nosotros los domingos. Mi mamá me decía que la visitara, aunque fuera por un rato. Ella creía que me aburría ir a la casa de mi bisabuela Pachita Me pero me gusta porque ella conservaba muchas cosas antiguas. Aun cuando vendió su casa para vivir cerca de su hija, sus muebles y objetos personales se los trajo. Mi bisabuela Pachita tenía un ropero de madera que era muy antiguo y grande. Me gustaba estar dentro del mueble porque tenía un olor que me gustaba mucho. Era un olor a viejo. Además, la ropa de mi bisabuela era antigua. A veces le pedía permiso para ponerme alguno de sus vestidos que nunca antes había visto Sin embargo, ella me decía que eran muy grandes y no me quedaban, pero los iba a conservar para cuando fuera mayor y me los iba a regalar además del Ropero me gustaba mucho su tocador, porque tenía un espejo grande con adornos de flores talladas sobre el mueble. Tenía una caja musical era rectangular en ella guardaba su joyería. Recuerdo que tenía un relicario con la foto de ella y de quien fue su esposo, porque mi bisabuela, Pachita ya era viuda, aunque nunca conocía a mi bisabuelo. Me gustaba mucho su caja musical porque se le podía dar cuerda al abrirla. Tocaba la melodía de para Elisa de Beethoven. Mi bisabuela me permitía usar la caja musical con la advertencia de que la cuidara mucho, porque esa caja se la regaló mi bisabuelo cuando eran novios, así que ella le tenía un gran cariño. Me podía pasar mucho tiempo escuchando la caja musical sin que me enfadara. Había ocasiones en las que mis primas no querían acompañarme a la casa de mi bisabuela porque decían que se aburrían mucho y que cuando iba ya no me quería venir. Les decía que podíamos jugar con su ropa, con su juego de té, con otros objetos antiguos que tenía, pero ellas preferían no acompañarme a mi bisabuela. Le daba mucho gusto verme se encontraba enferma y sólo salía a la calle cuando tenía cita con el médico. La mayor parte del tiempo estaba en su cama. Me acercaba a ella y me sentaba en un banco pequeño de madera que tenía. Me sentaba a su lado y me platicaba anécdotas de cuando era niña, como eran costumbres y tradiciones de otra época. Me emocionaba escucharla. Incluso un día me permitió usar su juego de té. Le dijo a mi tía Tomasa que preparara un poco de té para enseñarme cómo usar la taza y levantar el dedo. Meñique a la hora de tomarlo. A mi tía le parecía curioso que me divirtiera mucho estar con ellas, porque era la única de la familia que lo hacía. Empecé a espaciar las visitas porque mi bisabuela empezó a empeorar. Fue necesario que le pusieran oxígeno cuando traía su mascarilla para el oxígeno era muy difícil conversar con ella. Además, cada vez estaba más débil y la mayor parte del tiempo se encontraba dormida. Un domingo que fui a verla le costaba mucho trabajo respirar mi tía Tomasa me dijo que lo mejor era que me fuera a la casa de mi abuela porque su mamá mamá se encontraba muy grave. Me disponía a retirarme cuando llegó la mayor parte de la familia a verla en aquel momento. No supe que mi bisabuela estaba agonizando, porque a los pocos minutos empecé a escuchar el llanto de los que estaban presentes, ya que mi bisabuela Pachita acababa de morir, Mi mamá y sus hermanos se encargaron de realizar todos los preparativos para el funeral. Al día siguiente de su muerte, la fuimos a sepultar al panteón. Después que terminó el funeral y el novenario, mi tía Tomasa me dijo que mi bisabuela me había dejado un regalo. Era la caja musical que tanto me gustaba. Me dio mucho gusto que mi bisabuela pensara en mí antes de morir. Aquella vez fue la primera ocasión que entendía mi bisabuela Pachita. Cuando ella se dio cuenta que me gustaba mucho su caja musical, me dijo que no me la regalaba porque para ella tenía un gran valor sentimental. Ahora sentía lo mismo. No se trataba de lo que costara la caja musical, sino que era el recuerdo de mi bisabuela. Me fui contenta a mi casa con mi pertenencia valiosa. Cuando mi madre me la vio, me preguntó si la había tomado sin permiso. Le conté que mi bisabuela me la había dejado. La puse sobre el buró que estaba a un lado de mi cama. La primera noche abrí la caja musical para escuchar la melodía antes de dormirme. Luego la cerré y me dispuse a dormir. No supe qué hora sería. Cuando me despertó la melodía tan conocida. Me incorporé. Noté que la caja musical estaba abierta con su bailarina girando sobre el espejo. No le di la importancia necesaria. La cerré y me dormí de nuevo. La siguiente noche me sucedió lo mismo. A cierta hora de la noche. Escuché la canción de Beethoven que rompió el silencio. Mi mamá también la oyó. Fue a mi cuarto a pedirme que dejara de jugar. Me dijo que todos necesitaban descansar y que no eran horas para estar con la caja musical. Le dije a mi mamá que no lo había hecho, la que la cabra había comenzado a tocar por ella misma. Pero ella no me creyó, porque se me quedó viendo moviendo negativamente la cabeza aquella. Segunda vez que la caja musical tocó su melodía de una manera autónoma, me quedé despierta tratando de encontrar la causa por la que sonaba. No encontré nada extraño. Me venció el sueño y me quedé profundamente dormida. La tercera noche volvió a suceder lo mismo. Mi madre entró molesta, tomó la caja musical y se la llevó a su cuarto. Me dijo que se quedaría con ella durante una semana después me la regresaría. Me sentí decepcionada de que no me creyera, pero pude dormir sin tener interrupciones los siguientes días. No me di cuenta que durante las noches la caja musical siguió tocando hasta que mi mamá me dijo que la iba a llevar a reparar. No tuve la menor idea de dónde la llevó, porque cuando mi caja musical regresó siguió fallando. Fue a visitar a mi tía Tomasa para decirle lo que sucedía con el regalo de mi bisabuela. Le comenté que, quizás por ser un objeto antiguo, estaba fallando. Mi tía no me respondió nada, Se quedó pensando y se metió a la habitación que perteneció a mi bisabuela Pachita. Sacó un reloj que no funcionaba, era redondo y colgaba de una cadena. Me preguntó si sabía leer el reloj. Le respondí que sí. Mi tía me dijo que ese reloj le perteneció a mi bisabuelo y que la hora que marcaba el reloj fue el momento en que él murió. Mi tía Tomasa me dijo que me fijara a qué hora sonaba la melodía de la caja musical y cuando tuviera esa información, fuera a decirle siguiendo las instrucciones que mi tía me dio, estuve atenta en la noche a las tres cuarenta y cinco de la madrugada. Sonó la melodía la pude escuchar con facilidad porque mi mamá la sacó de su habitación y la dejó en la sala. No era un sonido molesto, pero si alcanzaba a distinguirlo hasta mi cuerno me levanté con cuidado de no hacer ruido. Fui a la sala y me quedé observando la caja estaba abierta con la bailarina. Moviéndose, acosté a la muñequita y cerré la caja musical. Al día siguiente fui a la casa de mi tía Tomasa. Me quedaba de paso de regreso de la escuela. Le dije la hora en la que había sonado la caja musical. Ella me dijo que era exactamente la misma hora que tenía el reloj de su padre. No entendía cuál era la relación ni por qué la caja sonaba a cierta hora de la noche. Me fui de la casa de mi tía cuando llegué a la casa. Mi mamá me preguntó por qué había tardado en llegar. Le expliqué lo que había hecho. Ella se quedó pensativa. Me dijo que iríamos por la tarde a visitar a mi tía Tomasa. Se me hizo muy extraño porque por lo regular no íbamos entre semana. Cuando terminé mi tarea, nos fuimos a la casa de mi tía. Mi mamá me dijo que podía ir un rato a la casa de la abuela mientras ella platicaba con mi tía Tomasa. En aquel tiempo. No me dieron ninguna explicación de lo que estaba sucediendo. Mi mamá se limitó a llevar de regreso la caja musical a la casa de mi tía. Le dije que no lo hiciera porque era un regalo que me había hecho mi bisabuela, pero ella no me escuchó. Me dijo que la caja se regresaba al lugar al que pertenecía. Me dolió que me quitaran mi regalo por más que pregunté. No me dijeron nada. Con el paso del tiempo dejé de preguntar por la caja musical. De todas maneras, ni mi tía ni mi madre me decían la verdad. Las visitas a la casa de mi tía fueron espaciando hasta una vez en la que ella llamó por teléfono para decirnos que se sentía muy mal. Mi mamá no se encontraba, por lo que fui a verla a su casa. Cuando llegué con mi tía, le costaba trabajo respirar de inmediato, pedí un taxi y nos fuimos al hospital. No era nada grave, pero sí el síntoma de que mi tía había heredado la en enfermedad de mi bisabuela como vivía sola. De nuevo comencé a ir a su casa para apoyarla en lo que necesitara y que no se sintiera tan sola. Cuando vi la caja musical, sentí un poco de nostalgia. Mi tía lo notó. Me dijo que la caja era mía, me la podía llevar. Cuando quisiera, le dije que a mi mamá no le iba a agradar la idea mi tía me dijo que ahora era distinto porque había crecido. Me la podía llevar. De nuevo. Sentí la misma emoción de cuando era pequeña. Le agradecí a mi tía que me la regresara. Sin embargo, antes de que me la entregara, le pregunté por qué me la habían quitado. Mi tía tomasa me dijo que no me dieron ninguna explicación porque era muy pequeña, pero que ya podía saber los motivos que tuvieron mi madre y ella para hacerlo. Mi tía comenzó diciéndome que cuando mi bisabuelo vivía era un hombre muy guapo. Se casó con mi bisabuela Pachita, pero tuvo varios amoríos de manera clandestina. Una de las mujeres con las que anduvo decían que se obsesionó con mi orabuelo. Cuando él la quiso dejar ella, no se lo permitió. Le hizo una marre para que siempre se quedara a su lado. Nunca pudieron saber, pero creyeron que aquella mujer fue la que le provocó la muerte al bisabuelo Cuando aquella mujer se dio cuenta de que él no iba a regresar a su lado porque un día en la madrugada en que el bisabuelo se fue montado en su caballo a la parcela, la caja musical que le perteneció a mi bisabuela, Pachita, comenzó a tocar inesperadamente a las tres cuarenta y cinco de la mañana. Más tarde le fueron a dar la noticia de que mi bisabuelo se había caído del caballo se golpeó en la cabeza. Había muerto de manera instantánea. A partir que ocurrió su muerte, la caja musical empezó a tocar a la misma hora en la madrugada. Luego que mi tía me platicó la historia, entendí el motivo por el que no me quisieron decir nada. Me fui con mi objeto valioso de regreso. Ahora ya no tendría problemas con que sonara por la noche. Cuando mi mamá me vio con la caja musical, ni siquiera me pidió explicación. Se limitó a sonreír. Me dijo que ya era hora que regresara con su dueña. Como era costumbre. A las tres cuarenta y cinco de la madrugada, la caja musical comenzó a sonar, pero a nadie nos tomó por sorpresa. De cierta manera Sabíamos cuál era la causa y que cada noche sería lo mismo en aquel tiempo no me puse a analizar el verdadero motivo de que la caja sonara. Me quedé con la idea de que mostraba la hora de la muerte de mi bisabuelo. Cuando el sonido irrumpía. El silencio me llevaba a pensar en mi bisabuelo y mi bisabuela, así que le encontré una finalidad positiva. Sin embargo, desde la primera noche que la caja musical estuvo en mi buró no sólo tocó a la misma hora empecé a notar que escuchaba ruidos en mi habitación que antes no me sucedían. Era el sonido de algún animal que estaba entre mis objetos personales. Creí que podría ser algún animal rastrero, por lo que al día siguiente me puse a revisar, entre mis cosas, qué provocaba ese sonido. No encontré nada anormal. Incluso le pregunté a mi mamá si ella también escuchaba ruidos. Ella me respondió que no rocié mi habitación con insecticida. La dejé cerrada por dos horas después abrí la ventana y la puerta para que el olor se fuera. Creí que era una solución para los animales rastreros. Aunque en la noche nuevamente escuché movimiento en mi closet, pero ahora con mayor intensidad, me levanté a revisar qué sucedía sin encontrar nada. Comenzaba a quedarme dormida cuando vi que algo se movía Alcancé a distinguir muy poco porque mi habitación estaba en completa penumbra. Sólo una débil luz entraba a través de la cortina de la ventana. Noté el movimiento de alguien en esa esquina. Prendí de inmediato mi lámpara no conseguí ver nada. Solamente escuché como si alguien se escurrió era debajo de mi cama con un poco de temor me levanté para prender la luz del foco. Me quedé por unos minutos con la luz encendida. Traté de calmarme y de seguir durmiendo, porque al día siguiente tenía escuela. Me llevó cierto tiempo poder dormirme de nuevo. A la mañana siguiente le pregunté a mi mamá si había notado algo extraño en la casa. Ella me respondió que no, para ese tiempo ya le tenía un poco más de confianza. Le dije lo que me había ocurrido durante la noche. Me comentó que iba a estar atenta a cualquier cosa, aunque me dijo que no descartara la posibilidad de que todo se debía al regreso de la caja musical, porque antes de que llegara, todo estaba en perfecto orden. Cuando la caja llegó de nuevo, comenzaron a suceder los hechos extraños. Mi madre me dijo que iba a hablar con mi tía Tomasa, pero le dije que no lo hiciera. Iría a verla por la tarde para que me dijera todo respecto a la caja musical. Luego que terminé mi sa actividades escolares, fui a la casa de mi tía Tomasa. Le conté todo lo que estaba sucediendo. Mi tía me dijo que a ellas nunca les había sucedido algo similar, porque, de haberlo sabido, mi bisabuela nunca me hubiera regalado la caja musical, aunque tampoco entendía qué pasaba ni por qué. Después de tanto tiempo, se hacía presente el espíritu de un ser que no había podido trascender hacia el más allá. Cuando me fui de la casa de mi tía, me sentí confundida. Creí que obtendría información de lo ocurrido. Sin embargo, no sucedió de esa manera. Casi tenía la certeza de que la siguiente noche iba a ocurrir lo mismo y así pasó. Ni siquiera me pude dormir al poco tiempo que apagué la luz de la lámpara pude escuchar y notar que había alguien era un ser oscuro. Por tal motivo se confundía entre la oscuridad de mi habitación. Me daba cuenta de que estaba presente porque oía el crujir de sus huesos. Cada vez que hacía un movimiento, me quedé inerte fingiendo que dormía de pronto vi cómo se fue incorporando. Al parecer, se encontraba sentado o en cuclillas, porque cuando se puso de pie pude distinguir una sombra oscura enorme que caminaba con dificultad, pero que se acercaba hacia mi cama. Se movía con lentitud, al tiempo que movía a cada extremidad notaba el ruido que producían sus articulaciones. Seguramente el ente pensó que estaba dormida porque se fue acercando cada vez más hasta que lo sentí muy cerca de mi rostro. Permanecí con los ojos cerrados por el miedo que tenía, porque creí que si lo sabría, me iba a robar mi alma. Sólo fueron unos segundos que se me hicieron muy largos. Estaba a punto de abrir los ojos. Cuando vi que el ser se apartaba de mi cama, comenzó a caminar alrededor de mi habitación como si estuviera buscando algo. De repente se detuvo frente a la caja musical la abrió y comenzó a su su música, que en ese momento ya no se me hizo agradable. Me pareció perturbadora, enseguida que terminó la melodía. El ser oscuro había desaparecido. Era evidente que él era quien hacía funcionar la caja musical. Lo que no entendí fue porque hasta ese momento se hizo presente el resto de la noche. Fue difícil que pudiera conciliar el sueño después de lo vivido cualquier sonido externo o dentro de la casa lo relacionaba con el ser oscuro. En cuanto amaneció, fui directamente a hablar con mi mamá. Al contarle todo lo ocurrido, ella no dudó de lo que le decía. Me dijo que llevaríamos a bendecir la caja musical por la tarde, porque seguramente se trataba de brujería. Así lo hicimos. Fuimos al templo que estaba más cercano a nuestra casa. En cuanto entramos a la iglesia, sin motivo aparente, la caja musical comenzó a sonar su melodía, lo que propició que él el párroco saliera de inmediato de la sacristía. Se estaba preparando para dar la misa. Nos hizo una señal para que nos sentáramos en una banca y esperáramos ahí en pocos minutos. El padre estuvo con nosotras con mucha paciencia. Nos pidió que le contáramos lo que estaba sucediendo. Mientras le decía todos los detalles, Él asentía. En un principio creí que nos iba a tomar de locas, pero por su actitud noté que no era la primera vez que le sucedía dicho evento. Cuando terminé de explicarle lo que pasaba, él tomó la caja musical. Nos explicó que, efectivamente, se trataba de una maldición. Fue más específico al decirnos que era un trabajo de hechicería, el cual se realizó de manera indirecta. El objeto era precisamente la caja musical. Con ese objeto se hizo el vínculo entre la persona que se quería dañar. El sacerdote entró a la sacristía para sacar agua. Bendita, dijo unas oraciones y roció con el líquido la caja musical. Fue muy extraño lo que sucedió, porque al momento que le cayó el agua, la caja comenzó a tocar la melodía sin que se abriera. Estaba cerrada y continuaba tocando. El padre nos dijo que era la evidencia de que se había realizado un ritual de maldición. Dependía mucho del tipo de hechizo que hicieron. Quizás no sería suficiente con la oración y el agua bendita. En caso de que así fuera, nos dijo que estaba, a nuestra consideración dejar el artefacto en sus manos. Él lo dejaría en la habitación de al lado del templo, en donde estaban los nichos para las urnas. Había un lugar especial para encender sirios y veladoras. Ahí quedó la caja musical y todos los días antes de empezar la misa rezaría por la liberación del alma de la persona a quien se le hizo el ritual. Cuando el Padre nos presentó esa opción, no dudamos de inmediato le dijimos que estábamos de acuerdo. Él nos explicó que podíamos ir por la caja musical en el momento en que así lo decidiéramos, ya que era de nuestra propiedad. Nos dio indicaciones para que rezáramos por las almas benditas del purgatorio, porque lo más probable era que se tratara de un alma en pena, ya que si hubiese sido un demonio, no se quedaría tanto tiempo esperando a hacer daño. Salimos de la Iglesia agradeciendo la ayuda del Padre Roberto. Fue el motivo por el cual empecé a ir a misa más seguido. Tenía mucho tiempo que no lo hacía. En un principio. Fue por curiosidad para saber si todavía seguía la caja musical en la parroquia. La última vez que fui a verla, escuché claramente su conocida melodía. Aún cuando se encontraba cerrada, me di cuenta que no iba a ser tan fácil liberar del objeto. Al ser que vagaba desde mucho tiempo, nunca tuve la certeza de que se tratara de mi bisabuelo. El hecho es que hasta en la actualidad la caja musical sigue dentro de la iglesia. Ocasiones en las que me despierta la melodía, aunque sabía que la caja musical no se encontraba en mi casa, a veces me queda la duda si fue real o simplemente estuve soñando el juguete maldito. Lo que me pasó no sucedió en mi casa. Trabajaba como empleada doméstica en una casa rica vivía al lado de mi esposo y dos hijos que ya eran adolescentes, por lo que les dejaba preparada la comida y su refrigerio para la secundaria. Ellos estaban acostumbrados a calentarse la comida y prepararse para ir a la escuela. Cuando mi esposo tenía el turno de la tarde, él se encargaba de llevar a mis dos hijos a la escuela y de recogerlos, aunque no siempre estaba en el mismo turno, por lo que mis hijos se acostumbraron a ir y venir de la secundaria. Solos en la casa que trabajaba, realizaba el quehacer, lavaba la ropa y p y preparaba la comida. La señora y el señor trabajaban. Tenían una niña de cinco años y un niño de siete. Llegaba a su casa a las siete de la mañana a las ocho de la mañana, ellos salían a su trabajo. Me encargaba de arreglar a los niños para que fueran al quind y a la primaria. Después el chofer se encargaba de llevarlos y de recogerlos. Me quedaba sola la mayor parte de la mañana porque los niños se quedaban en el colegio, que tenía un horario extendido hasta las tres de la tarde. A esa hora iba pancho el chofer a recogerlos. Los cuidaba hasta las cinco de la tarde. A esa hora llegaban sus padres y me podía retirar a mi casa. Llevaba diez años trabajando en ese lugar. Recuerdo el primer día que llegué a la casa me sorprendí de ver tanto lujo y riqueza. Venía de una familia humilde y no estaba acostumbrada a ver tantos aparatos para lavar la ropa y secarla. Así como los electrodomésticos que facilitaban la preparación de la comida. Le tenía afecto a esa familia porque me daban un buen trato. Hubo una ocasión en que uno de mis hijos se enfermó. Estuvo hospitalizado por una semana. Mis patrones me dijeron que me fuera a cuidar a mi hijo. No me descontaron la semana que no trabajé y me dieron un bono extra para los medicamentos que necesitaba. Mi hijo Me tocó ver desde el momento en que mi patrona quedó embarazada. Al principio se sintió muy mal por los cambios que tuvo su cuerpo por el embarazo. Le dije que mi madre era curandera en el pueblo. Ella le podía mandar algún remedio para los malestares por el embarazo. Pensé que se iba a negar, pero ella de inmediato me dijo que sí. Le marqué por teléfono a mi madre para que me mandara las hierbas que necesitaba. Mi patrona. Cada mañana le preparaba el té que mi madre le mandó. También le daba sus tinturas en medio vaso de agua. Se sintió tan bien que empezó a recomendar a mi madre con algún de sus amigas. Me tocó cargar al primer hijo de la señora Laura cuando llegaron del hospital. Desde ese día lo cuidaba durante mi turno en el día. Había ocasiones en que la señora me pedía que me quedara alguna noche a cuidar del pequeño Carlos, sobre todo cuando estaba enfermo porque lloraba por la noche. Me quedaba uno o dos días, lo que fuera necesario para que la patrona pudiera descansar e irse a trabajar. Al día siguiente. Se me hacía pesado que darme más tiempo en la casa. Además, no veía a mis hijos, pero la recompensa económica que me daba la señora permitía que tuviéramos todo lo necesario en la casa. Cuando el pequeño Carlos tenía seis meses, mis patrones se fueron de vacaciones a Estados Unidos. Fueron días tranquilos porque no tenía que cuidar al bebé ni preparar comida. Sólo mantenía la casa en orden esos días fue posible que estuviera más temprano en mi casa. Desde que llegaron de Estados Unidos trajeron varios juegos muy bonitos. Entre ellos había un tren eléctrico con sus vías, varios carros de control remoto y muchos juguetes. Más. La señora Laura me dio dos carros de control remoto para cada uno de mis hijos. Le agradecí a la señora que se hubiera tomado la molestia de gastar en mis hijos. Además, eran carros costosos que no cualquier niño podía tener, Así que cada vez me sentía más agradecida con la señora. Desde que los patrones llegaron con la caja del tren eléctrico, me dijeron que en cuanto tuviera un tiempo, me pusiera a armar las vías y el tren me dieron la instrucción que lo dejara armado en la habitación del niño. No lo sentí como un trabajo adicional. Al contrario, me entretuve armando el tren. Cuando prendí la locomotora, noté que también aventaba vapor. Recordé mi infancia con ese juguete. Claro que nunca tuve acceso a un artefacto así, al bebé de mi patrona todavía no le llamaba mucho la atención el tren o, quizás porque venía enfermo. No quiso jugar con él, porque desde que llegaron del aeropuerto, el pequeño lloraba mucho. Mi patrona me dijo que no sabía qué le sucedía, porque estuvo tranquilo en su estancia en Estados Unidos, incluso en el avión. No lloró sólo hasta que llegaron a la casa. Comenzó a inquietarse. Le dije a la señora Laura que quizás el pequeño resintió el cambio de clima y de lugar que era cuestión de tiempo para que se tranquilizara. Sin embargo, ese día el niño estuvo llorando mucho. La señora lo llevó a consulta con el pediatra. Le dijo que sólo tenía cólicos por el cambio de alimentación. Se me hizo raro que el pediatra dijera eso si el niño sólo tomaba leche, materna y jugos naturales. Le di su medicamento de cisaprida en gotas, pero el pequeño seguía molesto. Lloraba la mayor parte del tiempo. La señora Laura me pidió que me quedara a cuidarlo. En la noche. Le llamé por teléfono a mi esposo para avisarle que me quedaría esa noche. Los días que me tenía que quedar en casa de los señores, tenía una hermana que vivía en la misma cosa. Si mi esposo trabajaba en el turno de noche, él los llevaba a casa de mi hermana para que mis hijos no se quedaran solos. Aquella noche dormí muy poco porque el pequeño Carlos estuvo muy inquieto. Dormía en ratos. Me dio la impresión de que el pequeño no tenía malestar en el estómago, sino que estaba asustado del pueblo del que venía. Teníamos la creencia de que cuando los niños se asustaban, había que sobarlos para el susto. Mi mamá me enseñó a revisar la mollera de los niños, que era la parte blanda que se encontraba en la parte superior de la cabeza de los pequeños. Si esa parte estaba hundida, significaba que el niño estaba asustado. De igual manera, mi mamá hacía un ritual para quitar el espanto a los pequeños o a las personas adultas. Mi madre decía que cuando una persona vivía una situación difícil en la calle o en cualquier otro lugar, se asustaba y se quedaba con el susto. Por ese motivo él era necesario quitar el espanto a las personas, porque luego se confundían con enfermedades y ningún medicamento surtía efecto, porque no servían para curar el susto. La señora Laura me dijo que su Bebé estuvo la mayor parte del tiempo con ella y no les pasó ningún acontecimiento extraño o anormal para que su hijo se asustara. Le dije que los miedos de los adultos no eran los mismos que los de los niños. Hasta la sensación de caerse les generaba miedo. Mi patrona no me creyó del todo. Preferí no decirle nada más, como el pequeño Carlos seguía llorando mucho. La señora me pidió que me quedara de nuevo a cuidarlo por la noche mientras lo sostenía en mis brazos cuando todos estaban dormidos, le sobé su cabeza, le puse un poco de alcohol en la mollera y le amarré un trapo en su cabeza. Le había aprendido a mi madre a sobar a los pequeños. No sé si fue casualidad, pero el bebé se quedó dormido esa noche. Pude dormir por mí más tiempo. Al día siguiente, el niño estuvo más tranquilo. Mi patrona me dijo que ya no era necesario que me quedara a dormir. La siguiente noche sentí un alivio al escucharla. Ya podría ver a mis hijos los siguientes días, el pequeño Carlos estuvo tranquilo. Por lo general, era un bebé muy apacible. Sólo cuando se sentía mal. Lloraba mucho durante el día. Estuvo jugando con su móvil y sus juguetes. Le daba la leche materna que la señora Laura dejaba en el refrigerador mientras bebía su leche y lo acomodaba para repetir. Escuché que se prendió el móvil de la habitación del bebé. Fui para ver qué había pasado. Todo estaba en perfecto orden, a excepción que el móvil giraba al ritmo de la canción de cuna lo apagué. Se Me hizo muy raro que se hubiera encendido solo porque el juguete tenía un botón para encendido y apagado. Me quedé un rato en el patio con el bebé para que tomara un poco de sol. Le puse una cobija sobre el celo hésped y lo acomodé con su pelota. Estaba muy contento y sonriente hasta el patio. Escuché el sonido del tren que estaba encendido. Replicaba el mismo silbido que un tren real. Fue bastante raro, porque el juguete también funciona con un botón de encendido y apagado. Vi a Pancho que estaba lavando uno de los autos. Le pedí que vigilara por unos minutos al bebé para ir a la habitación. Cuando entré al cuarto, el tren estaba dando vueltas sobre la vía. Apagué la locomotora Me quedé pensando por unos segundos qué estaba ocurriendo con los juguetes. De pronto escuché el llanto del pequeño. Carlos salí de inmediato a abrazarlo. Pancho me dijo que sin motivo aparente, el pequeño comenzó a llorar. Lo revisé cuidadosamente en cada parte de su cuerpo para saber si no lo había picado algún animal. No encontré ninguna marca de picadura. Sin embargo, noté una mancha oscura alrededor de su ombligo me lo llevé dentro de la cara casa. Carlito seguía llorando desesperado. Le calenté su leche lo mesí para que se durmiera, pero él seguía con el llanto desesperado. Lo único que se me ocurrió fue meterlo a bañar en su tina. En cuanto su cuerpo tocó el agua tibia, el pequeño comenzó a tranquilizarse, Se puso contento y reía muy alegre. Le revisé su mollera. Noté que nuevamente la tenía hundida. Después que lo saqué de latina, lo sobé y le puse su cordón alrededor de su cabeza. Le di su alimento y se quedó dormido. Lo acomodé en su cuna y me fui a hacer de comer. Tenía un aparato para escuchar cualquier sonido que el bebé hiciera. Estuvo tranquilo por alrededor de una hora. De pronto escuché la música del móvil. Fui de inmediato a la recámara del bebé. Él seguía profundamente dormido. Me asomé por la ventana y vi a pancho que seguía lavando los coches. Me quedé por un instante tratando de entender lo que estaba sucediendo en esa hábita. No encontré nada anormal. Me regresé a la cocina. Intuía que algo sucedía en ese cuarto, aunque no sabía definir con exactitud lo que estaba ocurriendo. Al llegar del trabajo, la señora me preguntó cómo estaba su hijo. Le expliqué lo que me sucedió, pero ella no me hizo caso. Creo que me tomó a loca ese día. Salí temprano del trabajo. Mi patrona me dio permiso de que me fuera a mi casa. Me dijo que quizás estaba muy cansada. Por eso me figuraba que sucedían cosas extrañas. En cuanto llegué a mi hogar, le marqué por teléfono a mi mamá. Le expliqué lo que sucedía con el hijo de mi patrona. Mi mamá, sin pensarlo, me dijo que a mi patrona le habían hecho una maldición y que utilizaron uno de los juguetes para que lo llevara a todos lados. Le platiqué lo que sucedía con el bebé. Mi mamá me comentó que el pequeño tenía la capacidad de estar en contacto con seres de luz, pero así como podía ver a los Ángeles, también podía ver a igo los demonios y al mal. Por ese motivo, el niño con frecuencia estaba asustado. Después que colgué el teléfono mi madre, lo único que hizo fue corroborar lo que sospechaba. Sabía un poco sobre los seres malignos, pero me vine muy joven del pueblo y ya no seguía aprendiendo más sobre las artes oscuras. En cambio, mi madre era una experta en ese tema. En una ocasión vi cuando le sacaba el mal a una niña Por recomendación de mi mamá, me dijo que le explicara a la señora Laura lo que sucedía. Si por algún motivo no me creía, yo no tenía ninguna responsabilidad, porque estaba avisada en cuanto ella llegó, le conté lo que había sucedido contrario a lo que esperaba ella. Me puso mucha atención. Me dijo que por las noches se encendía el móvil. En otra ocasión se levantó a apagar la locomotora. La señora me dijo que ella no era creyente de cosas paranormales, pero todo lo que sucedió desde que llegaron de Estados Unidos era muy extraño. Además, su hijo de sons despertaba llorando desesperado, como si alguien lo despertara. A propósito, me preguntó si podía pedirle a mi mamá que viniera a revisar la casa. Le respondí que ella no acostumbraba a hacer trabajos en ninguna casa. La gente que necesitaba de sus servicios acudía a su vivienda. Quizás si le pedía el favor, ella vendría. Le comenté a mi mamá sobre la solicitud de mi patrona. Ella dudó un poco, pero después me dijo que lo iba a hacer por mí que el siguiente sábado iría a revisar al bebé. Los siguientes días todo estuvo en completa calma. El bebé tranquilo sólo lloraba cuando tenía hambre o sueño. Incluso llegué a pensar que habíamos exagerado un poco las cosas. Mi mamá llegó el sábado por la mañana nos fuimos juntas a mi trabajo. En cuanto pasamos el umbral de la puerta, ella se detuvo me dijo que había algo malo en esa casa. En ningún momento dudé de lo que me dio ella. Desde niña tenía la capacidad de ver seres de otro mundo. La llevé a la habitación del bebé. Noté en su rostro que no le agradó lo que vio. La señora Laura se fue detrás de nosotras. Mi mamá hizo un ritual de liberación, llevaba un líquido transparente. Me dijo que era una infusión de distintos tipos de hierbas. Hubo un momento en que el pequeño Carlos comenzó a reírse a carcajadas mirando hacia un lado de la pared salimos de la habitación. Mi mamá le dijo a la señora Laura que había un demonio en el cuarto del Bebé, que hicieron un ritual de magia negra en el que el demonio se hacía presente a través de los juguetes. No era solamente el tren de vapor y el móvil. Mi mamá señaló a una marioneta de payaso nos dijo que en él se había hecho la maldición. No me había percatado de la presencia de ese juguete. Mi patrona nos dijo que había sido un obsequio del hijo de su hermana, él ya estaba más grande y le dio el muñeco al pequeño, aunque a él todavía no le llamaba la atención. Por eso el juguete quedó olvidado en el estante. Mi mamá le dijo a la señora Laura que hablara con su hermana y le preguntara si le había pasado algo extraño con ese juguete o si alguien se lo había regalado a su hijo. Mi patrona puso en alta voz su teléfono para que escucháramos lo que su hermana decía. Ella corroboró lo que mi madre sospechaba. Dijo que desde que su hijo llegó con el muñeco tuvo una conducta extraña. Su hijo nunca le dijo que algo malo sucedía con el juguete. Cuando se lo obsequió a Carlitos pensó que era un buen gesto de su parte. Mi mamá le dijo a mi patrona que no era sencillo deshacerse de un juguete maldito, incluso si lo llevaba a bendecir. Tampoco era garantía de que el juguete quedaría liberado. Lo ideal era quemarlo mientras se hacía un ritual de liberación. La señora Laura le preguntó a mi mamá si se podía llevar el objeto y hacer el ritual en su casa. Mi madre le respondo que así no funcionaba. Tenía que hacerse en el lugar en el que habitaba, porque si se lo llevaba, era posible que el demonio se pudiera quedar en otro de los juguetes. La prueba era que también el tren de vapor y el móvil se movían de manera autónoma. La hora indicada para hacerlo era a las tres de la mañana. Alguien debía cuidar y proteger al pequeño Carlos. Nos fuimos de la casa de mi patrona medio el resto del día para que consiguiéramos todo lo necesario para el ritual. Nos dijo que nos iba a mandar al chofer para que nos recogiera. A las dos treinta de la madrugada llegó pancho por nosotras. Mi madre llevaba todo lo requerido. Cuando llegamos a la casa de la señora Laura, su esposo no se veía muy convencido. Nos dijo que sólo eran supercherías que le habíamos metido a su esposa. Mi mamá de inmediato le dijo que si no estaba de acuerdo, ella se iba. La señora Laura intervino. Dijo que entráramos ella está estaba de acuerdo en lo que se iba a hacer. En el patio de la casa, mi mamá prendió el brasero. Cuando el carbón tuvo la mayor intensidad, me dijo que fuera por el muñeco. Entré a la habitación de Carlitos tratando de no hacer ruido y que no fuera a despertar lo. Único malo fue que no encontré el juguete. Lo busqué en las repisas, en el juguetero en todas las partes de la habitación sin conseguir encontrarlo. Salía a decirles que no encontraba el muñeco. Mi mamá dijo que estaba enterado de lo que le íbamos a hacer. No iba a ser posible hacer el ritual, por lo que nos dispusimos a retirarnos. Estábamos dentro del auto. Cuando salió la señora Laura nos dijo que escuchaba un sonido extraño, pero no sabía de dónde provenía. Nos bajamos de inmediato del auto. Le dijimos a Pancho que estuviera atento a cualquier eventualidad. Si notaba algo raro, no dudara en hablarnos. En efecto, se escuchaba un ruido raro, pero no logramos encontrar la marioneta pa Pa se que la or como si se estuviera burlando de nosotras. Al notar lo que sucedía, mi mamá comenzó a hacer oración de desalojo, sin importar que el muñeco no estuviera presente. Siguió con el ritual. De repente escuchamos un ruido fuerte en la habitación de Carlitos. Nos habíamos olvidado de él. Corrimos hacia arriba. Cuando quisimos abrir la puerta estaba cerrada por dentro. La señora Laura se puso muy nerviosa. Lloraba porque temía que el muñeco fuera a dañar a su hijo. Salía la cochera para que Pancho nos ayudara a abrir la puerta. Encontramos al pequeño fuera de la cuna Nunca supimos qué sucedió ni cómo le hizo para salirse de su cama. La señora Laura de inmediato lo revisó por todas partes. No encontró ningún golpe ni evidencia de que lo hubieran maltratado. Buscamos en todos lados al muñeco sin encontrarlo. Aquella noche no lo busqué con tanto ahínco, porque tenía que llevar a descansar a mi mamá. Al día siguiente nos fuimos al pueblo. El lunes me dediqué a hacer limpieza y buscar con más rigurosidad al muñeco sin encontrarlo por ninguna parte. Asumí que se había marchado. Le hablé a mi mamá para decirle que el muñeco no aparecía por ningún lado. Ella me dijo que era la prueba de que el muñeco estaba poseído ningún juguete por sí. Sólo tenía la particularidad de tener movimiento a menos que tuviera un mecanismo con pilas. Cuando se realizaba un conjuro, se utilizaba un medio para que el demonio pudiera mantenerse en él. En este caso fue a través del muñeco. Mi mamá me dijo que bañara a Carlitos en una tina con agua tibia, le pusiera sal de grano y prendiera ramas de laurel para proteger el niño y la casa. Hice todo lo que mi madre me dijo. No tuve que dar ninguna explicación a mis patrones porque me quedaba sola con el pequeño. Tenía temor de que en cualquier momento regresara el juguete maldito. No sucedió. Sin embargo, me quedó la duda de que pudiera aparecer. Mi madre me dijo que estuviera atenta a cualquier cambio en el pequeño, porque no era tan sencillo deshacerse de un maleficio. Durante dos años no sucedió nada. Todo estuvo tranquilo. Carlitos creció de una manera normal. La dinámica familiar cambió cuando nació la pequeña. A los pocos días que ella nació, empecé a notar que ocurrían nuevamente situaciones extrañas. Acomodaba a los juguetes en la noche. Al día siguiente los encontraba ordenados de distinta manera. Pensaba que se debía a que Carlitos jugaba con ellos. Probé con unos juguetes que puse en una parte alta de las repisas, sólo para comprobar si algo sucedía. Los encontré acomodados de distinta manera. Empecé a sospechar que algo malo estaba sucediendo. En cuanto tuve oportunidad de hablar con la señora Laura, le comenté las sospechas que tenía ella. Me dijo que en esta ocasión no le iba a hablar a mi mamá, no porque desconfiara de ella, sino porque podía suceder lo mismo que aquella noche. Lo mejor era tomar medidas diferentes. La señora Laura primero llevó a un sacerdote para que bendijera la casa. Después llevó a una vidente que era muy reconocida. Tenía una manera particular de realizar sus rituales. Mientras la mujer estuvo presente. De nuevo se encendieron los juguetes. Ella continuó con el ritual. Antes de retirarse le dijo a mi patrona que era necesario llevarse el muñeco. Ella sabría qué hacer con él. Lo mantendría en un baúl especial del que sería difícil que saliera. A la señora Laura le dijo que le encantaría que se lo llevara definitivamente de su casa, aunque quizás de nuevo se pudo haber escondido y sería complicado encontrarlo. La vidente le comentó que, con lo que hizo podría encontrar al muñeco de de hecho, se n n n n n NR entraba en el baño. Fuimos de inmediato al baño para ver si era cierto. La marioneta estaba sentada sobre el lavabo. Cuando la vidente quiso agarrarla, se movió como si alguien la estuviera manipulando de sus cordones. Fue el momento en el que le tuve mucho temor. La mujer tomó a la marioneta, la puso en una bolsa negra y se la llevó. Desde que ella se llevó el juguete maldito, todo volvió a la normalidad. Los pequeños estuvieron más tranquilos. Sin embargo, al pequeño Carlos, la mancha negra que tenía en su ombligo, no se le quitó con ningún tratamiento. Mi madre me dijo que la marioneta estaba enfermando al pequeño para llevarse su alma. No supe si de verdad sucedió lo que me dijo mi madre. Ella me dio unos remedios naturales para que el pequeño Carlos mejorara y la Mancha desapareció. Mi patrona le dijo a Carlitos que no aceptara ningún juguete que le quisieran regalar. Relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas