Jan. 27, 2024

Un Demonio Nos Estaba Acechando Historias De Terror - REDE

Un Demonio Nos Estaba Acechando Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Criatura de la noche. Lo que me tocó vivir se asemeja mucho a las historias de terror que he escuchado, sobre nahuales y sobre demonios. Lo perturbador de todo esto no es lo que me haya pasado, sino comprobar con mis propios ojos que esos seres diabólicos, ya sea uno u otro si existen. Mi nombre es Rodrigo. En la actualidad tengo sesenta y cuatro años. Por obvias razones, nunca platico estas cosas sólo cuando es necesario. De joven fui asaltante y es algo de lo que hoy me arrepiento aclaro. Nunca maté a nadie. Esto fue por dos años ya con la mayoría de edad entré al ejército teniendo el grado de sargento con hombres rudos bajo mi mando, a los cuales muchas veces los tuve que someter para hacerme respetar como elemento militar, me tocó patrullar en plena madrugada en medio de la sierra, con verdadero peligro latente. Nunca se acostumbra uno a estar expuesto a un ataque, ya sea humano o animal. Después que salí del ejército, estuve preso un poco más de un año en la cárcel. Varias veces tuve que luchar por mi vida Al quedar libre, me involucré en pandillas e incluso me detuvo la policía infinidad de veces porque me la pasaba en pleitos callejeros. Ya tengo diez años en mi último trabajo como guardia de seguridad en una morgue, donde me ha tocado experimentar cosas fuertes. Comento esto para hacerme entender que nunca fui ni he sido una persona temerosa. Al contrario, siempre fui rudo a nada ni a nadie le tenía miedo. Además, no creía en las cosas paranormales el diablo las brujas para mí eran un cuento. Mi historia es esta. Cuando contaba con treinta y cinco años, me invitó a un amigo llamado Luis, al Estado de Puebla. Fuimos a visitar a sus abuelos por motivo de la Navidad, o al menos eso fue lo que él me dijo. En uno de los muchos pueblos pequeños que hay por allá. Me pareció extraño que entre sus cosas llevara un arma y un machete. No le pregunté nada por qué él era policía, pero al mirarlo, ponerse un escapulario y persignarse antes de salir, ya no supe qué pensar, porque no estábamos acostumbrados a esas cosas. Todo el camino lo noté extraño hasta su plática lo era. Me preguntó si creía en demonios o en seres diabólicos. Yo le contesté que no, porque nunca había visto uno insistió en preguntarme lo que haría si en alguna ocasión me encontrara de frente con una criatura como esa. No le contesté por qué no miraba esa posibilidad. Ya faltaban pocos kilómetros para llegar. Luis seguía con ese tema. Me parecía muy extraño, porque tenía muchos años de conocerlo y nunca hablábamos de cosas así, cuando por fin llegamos al pueblo, ya había caído la tarde. No sé ahora. En ese tiempo era un lugar casi sumido en la oscuridad. Además, un tanto cercano a un cerro de día. Se miraba todo muy bonito, pero de noche las cosas cambiaban radicalmente. Apenas lo pudimos apreciar, pero en las puertas y paredes de la casa tenía unas cruces blancas pintadas burdamente. No parecían de adorno. Eso hacía suponer que trataban de protegerse de algo maligno. Nos recibió Don Heraclio, el abuelo de mi amigo, una persona mayor, quizá de unos setenta años, vestía como los hombres de campo, con sombrero y guaraches. Tanto él como su esposa se notaban muy serios Aún así nos atendieron amablemente, nos sentaron a su mesa y nos sirvieron de cenar después de un rato. Al notar su seriedad, mi amigo les preguntó qué sucedía. Los abuelos intercambiaron miradas. Después, Don Heraclio nos dijo que le había mandado hablar a Luis porque un demonio merodeaba por los caminos y veredas muy cerca del pueblo. Ya nadie estaba seguro, ni animales ni personas, sobre todo por las noches. La preocupación que sentían era que ese demonio tenía dos noches rondando muy cerca de su casa y les asustaba que los fuera a atacar a ellos, a sus perros o a sus gallinas. Mi amigo les preguntó qué clase de demonio era. Su abuela le respondió. El más horrible que te puedas imaginar, un ser que se confunde con la noche y con los animales, una criatura que huele el miedo de las personas. En ocasiones se transforma en el mismo monte para no ser visto y así atacar. Cuando aparece el silencio, se apodera de la noche y el miedo de los seres vivos. No tiene mucho que apareció. Si acaso unas semanas desde entonces se presiente la muerte. Al amanecer animales como gallinas o perros comenzaron a aparecer muertos. Algunos otros desaparecieron, no sólo aquí en el pueblo, también por los alrens. Primero se pensó que eran ladrones, pero algunos animales se encontraron entre el monte estaban destrozados al grado de ser solamente restos. Pareciera que los habían atacado con una gran saña. Seguramente quien lo hizo estaba hambriento de carne, pensando que pudieran ser coyotes, lobos e incluso algún felino grande. Se pusieron trampas, pero ese ser las desactivas sin caer en ellas, demostrando que tiene inteligencia superior a cualquier animal. La esposa de Don Heraclio nos dijo que todo el pueblo estaba espantado. Evitaban salir por las noches porque algunas personas aseguraban que ese demonio no era otra cosa que un gual. Tal vez nos vieron ignorantes en el tema. Por eso, entre los dos nos explicaron lo que era un gual. Por esas tierras no es un cerdo grande o un burro, ni siquiera un perro enorme, tampoco un brujo que se transforma. Es un ser salido del infierno, un demonio insaciable que, protegido por las sombras de la noche, ataca a todo lo que se mueve. Nos aseguraron los abuelos que nadie lo podía matar. Aunque yo no creía en esas cosas. Escuchar a esos señores platicar con esa seguridad me hacían dudar por momentos que fueran cuentos inventados por la gente. Además, al hacerlo, se escuchaban temerosos. Cuando Don Heraclio decía la palabra demonio, su esposa se persignaba y viceversa. Varias veces se levantaron para asomarse por las ventanas, asegurándose que todo estuviera bien. Nos contaron que ese ser ahullaba de una forma horrible. Cuando lo hacía se podía escuchar a larga distancia. Era tan aterrador el aullido que los animales se escondían temerosos después que terminaron de contarnos lo que estaba sucediendo. Mi amigo los calmó diciéndoles que mientras nosotros estuviéramos ahí, nada les pasaría. Si era necesario, saldríamos a casarlo sin importar lo que fuera esa criatura. Pronto se hizo mor tarde. Don Heraclio y su esposa nos acomodaron unos catres para cuando quisiéramos acostarnos, nos aconsejaron que esa noche durmiéramos. Ellos se metieron a su cuarto, que curiosamente también tenía una cruz pintada. Aseguraron la puerta por dentro con un candado. Después todo quedó en silencio. Esa noche, mi amigo y yo nos quedamos un buen rato afuera de la casa para vigilar, de paso fumarnos un cigarro antes de dormir. No tomábamos en serio lo de aquel demonio. Para no sugestionarnos. Luis se atrevió a decir que sus abuelos ya eran viejos. Seguramente se asustaban con cuentos de la gente del pueblo. Me aseguro que sólo estaríamos una semana. Al comprobar que no pasaba nada, ellos se quedarían más tranquilos. Horas después estábamos a punto de entrar en la casa porque el frío había arreciado cuando de pronto miramos como una figura bastante grande y al parecer pesada, pasó corriendo entre el monte, tal vez a unos quince metros de donde donde estábamos. Aunque no alcanzamos a distinguir lo que era. Nos quedamos sorprendidos por la velocidad con la que se movía más que una persona. Parecía un animal sólo que más alto nos acercamos unos metros, podíamos escuchar sus pisadas y cómo movía los matorrales a su paso. En ocasiones lo escuchábamos de un lado, luego en otro. Nos miramos porque eso no era lo normal en un animal e incluso en un solo hombre. Supusimos que podrían ser varias personas tratando de robar. Agarramos unos palos y fuimos a ver si acaso caminamos unos seis metros más cuando una sombra dio un gran salto para alejarse. Nos hicimos para atrás sorprendidos porque ningún animal común podría hacer eso, mucho menos un humano mido un aproximado de uno ochenta de estatura. A esa figura extraña le calculé que me superaba en altura. No emitió ningún sonido, sólo se alejó dando grandes saltos hasta desaparecer de nuestra vista. Por lo menos, yo era la primera vez que miraba una cosa así. Nos quedamos parados mirando rumbo al monte por unos segundos no sé cómo describirlo, pero algo quedó en el ambiente. Mi amigo sugirió que nos metiéramos a la casa y así lo hicimos. No les dijimos nada a los abuelos de Luis para no asustarlos. Nos acostamos en silencio, pero inquietos. Aunque fue una cosa bastante rara lo que miramos. No estaba seguro de que fuera una cual o un demonio, como nos habían dicho, porque nunca había visto una cosa de esas. Lo único que puedo decir es que era una criatura. Ni siquiera era medianoche cuando los sonidos extraños volvieron. No sólo eso. Algo seguía en el ambiente, una rara sensación que me ponía nervioso. Quizá mi amigo también lo sintió, porque despertó. Al mismo tiempo, buscó entre sus cosas y sacó su arma. Lo miraba decidido a investigar qué eran esos ruidos. Nos miramos a los ojos porque algo o alguien pasó corriendo a un lado de nuestra ventana. Le dije que saliéramos a ver, pero se negó porque se escuchaba un gruñido de un animal bastante grande, quizá un oso, un lince o algo más peligroso que nos pudiera atacar. Nos aguantamos adentro por alguna razón. Yo temblaba de los nervios que sentía no lo podía creer. Creo que como nunca estaba temeroso y eso que no habíamos visto nada claro. Por primera vez comencé a aceptar que era algo sobrenatural y trataba de sobreponerme. Lo que me extrañaba era que no escuchábamos los clásicos aullidos, que cuenta la gente que hacen los nahuales, pero si no era un hual, entonces era un demonio. Claro que eso era peor. Ya no dormimos. Nos mantuvimos alertas por si eso lo que anduviera afuera intentara meterse. Sólo escuchamos algunos ruidos más, pero no pasó a mayores. Cuando amaneció, salimos a investigar. Buscamos huellas y, para nuestra sorpresa, las encontramos eran semejantes a las de un perro u otro canino, sólo que para nuestro asombro eran más del doble del tamaño normal. De otra cosa que nos dimos cuenta era un terrible olor que había en el monte. Era tan fuerte que nos tapamos la nariz por más que buscamos de dónde venía esa pestilencia. No encontramos nada. Recorrimos un gran tramo de monte buscando un cadáver sin encontrarlo. Luis comentó que entonces podría ser un demonio. Yo nunca había olido el azufre, pero mucha gente asegura que es como oler un animal muerto y a eso olía precisamente tallando la tierra con los pies. Borramos lo más que pudimos aquellas huellas. No sabíamos si comentarle a los abuelos, pero lo que sí haríamos era tener cuidado, porque ya no teníamos dudas lo del demonio o nahual iba en serio. Sin alejarnos mucho, caminamos un rato más alrededor de la casa, buscando alguna madriguera o algún ratos que pudiéramos seguir, pero no había nada, ni siquiera huellas como las que encontramos cerca de la vivienda. Estuvimos de acuerdo que sólo existían dos posibilidades. Esa criatura volaba o se desaparecía. Cualquiera que fuera. La respuesta era para temerle y tener cuidado. Regresamos a la casa confundidos después de platicarlo un rato, agarramos valor, nos pusimos de acuerdo para quedarnos afuera toda esa noche, de ser posible cazar a esa criatura de una vez para que los abuelos estuvieran a salvo y así poder regresar tranquilos a la ciudad. Aunque nosotros no les comentamos lo que haríamos. Don Heraclio y su esposa sabían de nuestros planes. Por eso, antes de que anocheciera hablaron con nosotros, nos persignaron y nos dieron su bendición. La abuela de Luis le pidió el arma, le hizo la señal de la cruz. Mientras le echaba agua, Bendita la tocó con su mano derecha. Luego le hizo una oración en voz baja y se la devolvió ya curada y cua, cuando ya ya s todo estaba oscuro. Los abuelos nos pidieron que tuviéramos cuidado. Le prendieron una veladora a un santo que tenían y se metieron a su cuarto. Luego escuchamos cuando aseguraron la puerta con el candado como Luis traía su arma, le pregunté si su abuelo tendría otra. Sólo movió su cabeza para decir que no. Después de besar su escapulario un tanto inquietos, nos salimos a ver qué averiguábamos. Como hecho adré de esa fue una noche fría y nublada. Ni siquiera teníamos una lámpara Por lo mismo, la oscuridad era notable. Sin tener una buena visión, nos ocultamos entre unos matorrales de regular tamaño, según nosotros, para acechar a nuestra presa. Aunque al principio nos encontrábamos tranquilos. Poco a poco nos iba ganando la incertidumbre de no saber qué clase de cer se nos iba a presentar un gual, un demonio u otra cosa más espantosa. Pasaba el tiempo y no sucedía nada. En un momento nos dimos cuenta de que ya no se escuchaba ningún ruido. Las gallinas guardaron silencio, los perros se ocultaron hasta el sonido de los insectos desapareció entrecerraba los ojos buscando algún movimiento fuera de lo común. No le podía decir a mi amigo Luis, porque él se apoyaba en mí, pero la verdad deseaba que no apareciera nada ni nadie, mucho menos alguna criatura que no fuera de este mundo. Se escuchó el crujir de algunas ramas. Eso nos puso en alerta. Cuando los volvimos a escuchar, supimos que alguien andaba caminando entre el monte de una manera sigilosa. Creció la atención por el frío o tal vez sería el miedo. Pero me corrían los escalofríos de una manera horrible. Era la primera vez que lo sentía así. De repente, algo se movió entre la oscuridad. Era tan negro lo que mirábamos que parecía que la noche había cobrado vida. No se dejaba ver del todo, pero era evidente que algo rondaba la casa. Supimos que estaba frente a nosotros porque le brillaban los ojos como a los gatos. Hasta parecía que emitían una luz y con ella trataba de encontrarnos, o tal vez ya nos había olfateado de vez en cuando parpadeaba porque dejábamos de ver esas luces. Luego aparecían de nuevo. En ocasiones, esos ojos brillantes se bajaban casi hasta tocar el suelo, luego se iban elevando hasta alcanzar una gran altura desde donde estábamos. No se alcanzaba a ver claramente lo que era, porque se confundía con la oscuridad y con los matorrales, pero ahí estaba no hacía ningún intento de venir hacia nosotros. No nos dimos cuenta. Cuando desapareció de nuestra vista. Sólo dejamos de verlo, pero aún así se sentía su presencia. Guardamos el más absoluto silencio para poder escuchar sus pasos y nada a los pocos minutos presentí que estaba detrás de nosotros. Quizá unos escasos metros podía sentir su potente mirada. Me daba miedo voltear, pero tenía que hacerlo sin hacer movimientos bruscos. Volteé sólo para darme cuenta que lo que estaba ahí erguido en dos patas, no era un animal ni siquiera algo que se asemejara a un humano. Era un monstruo de un aspecto extraño y terrorífico. El impacto de verlo así de repente fue muy fuerte. No pude gritar porque se me trabaron las quijadas. Sentí que se me bajó toda la sangre y el pecho. Se me hizo duro impidiéndome respirar con facilidad. Era exageradamente negro. Comprobé que si era más alto que yo, me quedé congelado por unos segundos más no podía dejar de verlo. Por eso me di cuenta que sus ojos estaban en blanco, no tenía orejas y movía constantemente la nariz entendiendo que se guiaba por el olfato. Su hocico era enorme, con los dientes de fuera. Casi todo su cuerpo estaba cubierto de pelo grueso y apestaba horrible, peor que a una ni mal muerto. Volteé un poco para alertar a mi amigo del peligro en el que nos encontrábamos y al volver la mirada ya no estaba ese ser. Al verme asustado, Luis dedujo que había visto a la criatura. Por eso apuntó su arma para todas partes sin encontrar nada. No sé cómo explicarlo, pero podía respirar el peligro. Yo portaba un machete grande. Sin embargo, me sentía indefenso ante semejante criatura. No cabía la menor duda que nosotros éramos la presa. No él, como mi amigo Luis, no había visto de cerca esa cosa. Se sentía más seguro. Sigilosamente. Salió de donde estábamos escondidos. Comenzó a caminar rumbo al monte. Yo sólo lo miraba sin poder decirle que no fuera ante mi mirada. Se perdió entre la oscuridad. Quería ir detrás de él para cubrirlo, pero mis piernas no me respondían por interminables segundos. Todo fue un silencio inquietante de un terrible sobresalto. Cuando escuché que Luis gritos de una fea manera seguido de varias detonaciones. Al momento me liberé de la opresión que me tenía paralizado y sin pensarlo, corrí al monte. Yo también sin medir el peligro, le grité a mi amigo en repetidas ocasiones corría rasguñándome con los espinosos matorrales. Tiraba tajos con el machete a cualquier rama que se moviera. Busqué a Luis por algunos metros en medio de toda esa negrura. Sólo me detuve porque miré a lo lejos una figura indefinida, totalmente negra. Estaba parada en medio de todo ese monte por su tamaño. Sabía que no era mi amigo. Luis de repente desapareció. Busqué a mi amigo hasta encontrarlo casi a rastras. Lo llevé hasta la casa. Nos metimos y cerré la puerta. Revisé a Luis para comprobar que no tuviera heridas graves. Eso sí temblaba asustado así literalmente, me aseguró que lo que había visto entre el monte era un demonio espantoso. Me dijo que le disparó toda la carga de su pistola. Aún así, esa criatura salió volando antes de hacerlo lo había rasguñado. Todavía no nos calmábamos cuando se escuchó un sonido horrible, seco y bastante grave. No era un aullido como tal más bien, era una mezcla de grito o bramido de un animal bastante grande que me erizó la piel. Lo peor fue saber que esa criatura se aproximaba pasados unos minutos afuera de la casa. Se escuchaban unas fuertes pisadas. Quizás las cruces pintadas le impidieron entrar porque de haber querido, hubiera deshecho cualquier puerta o pared Así estuvo por largo rato hasta que se dio el momento que todos los ruidos extraños cesaron. Supimos que se había ido porque regresaron los sonidos del monte, los grillos y toda esa clase de animales. No por eso se nos quitó todo el miedo que teníamos y que casi no podíamos dominar. Está de más decir que esa noche no dormimos. Fue la primera vez en mi vida que temeroso me puso a rezar pidiéndole a Dios que ese ser espantoso no volviera a la mañana siguiente, cuando salieron los abuelos de su cuarto. Nosotros aún no nos atrevíamos a salir a revisar lo hicimos ya pasado el mediodía nos acompañó Don Heracleo con machete en mano. Luis aprovechó para contarle qué le había disparado a esa criatura alrededor de la casa no encontramos huellas de ninguna especie, ni siquiera las de nosotros, como si alguien las hubiera borrado. Luego, con extrema precaución, nos adentramos al monte para ver si mirábamos rastros de sangre para nuestro asombro. Tampoco había nada. El tiempo pasó lentamente hasta completar la semana. La criatura ya no apareció por ningún lado, ni por la casa ni por el pueblo. Por eso regresamos a la ciudad esperando que hubiera terminado todo aquello. Dos semanas después supe por unos conocidos que mi amigo Luis había muerto de una manera extra. Al hacerle la autopsia, el forense encontró heridas internas semejantes a rasguños, pero por fuera, su piel estaba INTACTA días previos a su muerte. Sus compañeros lo escucharon decir que un demonio se le aparecía constantemente para atormentarlo. Por eso se la pasaba asustado. No sé si su muerte fue a consecuencia de su trabajo o por haber agredido a esa criatura del infierno. Tal vez ese ser lo siguió hasta la ciudad para acabar con él. De aquellos señores, los abuelos de Luis, ya no supe nada. Nunca tuve el valor de regresar a ese pueblo, porque ese ser nahual o demonio se quedó grabado en mi mente hasta el día de hoy. El haberlo visto a esos segundos bastó para nunca más volver a ser él mismo. Relato escrito y adaptado por gato negro.