Un Demonio Nos Estaba Acechando Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Criatura de la noche. Lo que me tocó vivir se asemeja mucho a las historias de terror que he escuchado, sobre nahuales y sobre demonios. Lo perturbador de todo esto no es lo que me haya pasado, sino comprobar con mis propios ojos que esos seres diabólicos, ya sea uno u otro si existen. Mi nombre es Rodrigo. En la actualidad tengo sesenta y cuatro años. Por obvias razones, nunca platico estas cosas sólo cuando es necesario. De joven fui asaltante y es algo de lo que hoy me arrepiento aclaro. Nunca maté a nadie. Esto fue por dos años ya con la mayorÃa de edad entré al ejército teniendo el grado de sargento con hombres rudos bajo mi mando, a los cuales muchas veces los tuve que someter para hacerme respetar como elemento militar, me tocó patrullar en plena madrugada en medio de la sierra, con verdadero peligro latente. Nunca se acostumbra uno a estar expuesto a un ataque, ya sea humano o animal. Después que salà del ejército, estuve preso un poco más de un año en la cárcel. Varias veces tuve que luchar por mi vida Al quedar libre, me involucré en pandillas e incluso me detuvo la policÃa infinidad de veces porque me la pasaba en pleitos callejeros. Ya tengo diez años en mi último trabajo como guardia de seguridad en una morgue, donde me ha tocado experimentar cosas fuertes. Comento esto para hacerme entender que nunca fui ni he sido una persona temerosa. Al contrario, siempre fui rudo a nada ni a nadie le tenÃa miedo. Además, no creÃa en las cosas paranormales el diablo las brujas para mà eran un cuento. Mi historia es esta. Cuando contaba con treinta y cinco años, me invitó a un amigo llamado Luis, al Estado de Puebla. Fuimos a visitar a sus abuelos por motivo de la Navidad, o al menos eso fue lo que él me dijo. En uno de los muchos pueblos pequeños que hay por allá. Me pareció extraño que entre sus cosas llevara un arma y un machete. No le pregunté nada por qué él era policÃa, pero al mirarlo, ponerse un escapulario y persignarse antes de salir, ya no supe qué pensar, porque no estábamos acostumbrados a esas cosas. Todo el camino lo noté extraño hasta su plática lo era. Me preguntó si creÃa en demonios o en seres diabólicos. Yo le contesté que no, porque nunca habÃa visto uno insistió en preguntarme lo que harÃa si en alguna ocasión me encontrara de frente con una criatura como esa. No le contesté por qué no miraba esa posibilidad. Ya faltaban pocos kilómetros para llegar. Luis seguÃa con ese tema. Me parecÃa muy extraño, porque tenÃa muchos años de conocerlo y nunca hablábamos de cosas asÃ, cuando por fin llegamos al pueblo, ya habÃa caÃdo la tarde. No sé ahora. En ese tiempo era un lugar casi sumido en la oscuridad. Además, un tanto cercano a un cerro de dÃa. Se miraba todo muy bonito, pero de noche las cosas cambiaban radicalmente. Apenas lo pudimos apreciar, pero en las puertas y paredes de la casa tenÃa unas cruces blancas pintadas burdamente. No parecÃan de adorno. Eso hacÃa suponer que trataban de protegerse de algo maligno. Nos recibió Don Heraclio, el abuelo de mi amigo, una persona mayor, quizá de unos setenta años, vestÃa como los hombres de campo, con sombrero y guaraches. Tanto él como su esposa se notaban muy serios Aún asà nos atendieron amablemente, nos sentaron a su mesa y nos sirvieron de cenar después de un rato. Al notar su seriedad, mi amigo les preguntó qué sucedÃa. Los abuelos intercambiaron miradas. Después, Don Heraclio nos dijo que le habÃa mandado hablar a Luis porque un demonio merodeaba por los caminos y veredas muy cerca del pueblo. Ya nadie estaba seguro, ni animales ni personas, sobre todo por las noches. La preocupación que sentÃan era que ese demonio tenÃa dos noches rondando muy cerca de su casa y les asustaba que los fuera a atacar a ellos, a sus perros o a sus gallinas. Mi amigo les preguntó qué clase de demonio era. Su abuela le respondió. El más horrible que te puedas imaginar, un ser que se confunde con la noche y con los animales, una criatura que huele el miedo de las personas. En ocasiones se transforma en el mismo monte para no ser visto y asà atacar. Cuando aparece el silencio, se apodera de la noche y el miedo de los seres vivos. No tiene mucho que apareció. Si acaso unas semanas desde entonces se presiente la muerte. Al amanecer animales como gallinas o perros comenzaron a aparecer muertos. Algunos otros desaparecieron, no sólo aquà en el pueblo, también por los alrens. Primero se pensó que eran ladrones, pero algunos animales se encontraron entre el monte estaban destrozados al grado de ser solamente restos. Pareciera que los habÃan atacado con una gran saña. Seguramente quien lo hizo estaba hambriento de carne, pensando que pudieran ser coyotes, lobos e incluso algún felino grande. Se pusieron trampas, pero ese ser las desactivas sin caer en ellas, demostrando que tiene inteligencia superior a cualquier animal. La esposa de Don Heraclio nos dijo que todo el pueblo estaba espantado. Evitaban salir por las noches porque algunas personas aseguraban que ese demonio no era otra cosa que un gual. Tal vez nos vieron ignorantes en el tema. Por eso, entre los dos nos explicaron lo que era un gual. Por esas tierras no es un cerdo grande o un burro, ni siquiera un perro enorme, tampoco un brujo que se transforma. Es un ser salido del infierno, un demonio insaciable que, protegido por las sombras de la noche, ataca a todo lo que se mueve. Nos aseguraron los abuelos que nadie lo podÃa matar. Aunque yo no creÃa en esas cosas. Escuchar a esos señores platicar con esa seguridad me hacÃan dudar por momentos que fueran cuentos inventados por la gente. Además, al hacerlo, se escuchaban temerosos. Cuando Don Heraclio decÃa la palabra demonio, su esposa se persignaba y viceversa. Varias veces se levantaron para asomarse por las ventanas, asegurándose que todo estuviera bien. Nos contaron que ese ser ahullaba de una forma horrible. Cuando lo hacÃa se podÃa escuchar a larga distancia. Era tan aterrador el aullido que los animales se escondÃan temerosos después que terminaron de contarnos lo que estaba sucediendo. Mi amigo los calmó diciéndoles que mientras nosotros estuviéramos ahÃ, nada les pasarÃa. Si era necesario, saldrÃamos a casarlo sin importar lo que fuera esa criatura. Pronto se hizo mor tarde. Don Heraclio y su esposa nos acomodaron unos catres para cuando quisiéramos acostarnos, nos aconsejaron que esa noche durmiéramos. Ellos se metieron a su cuarto, que curiosamente también tenÃa una cruz pintada. Aseguraron la puerta por dentro con un candado. Después todo quedó en silencio. Esa noche, mi amigo y yo nos quedamos un buen rato afuera de la casa para vigilar, de paso fumarnos un cigarro antes de dormir. No tomábamos en serio lo de aquel demonio. Para no sugestionarnos. Luis se atrevió a decir que sus abuelos ya eran viejos. Seguramente se asustaban con cuentos de la gente del pueblo. Me aseguro que sólo estarÃamos una semana. Al comprobar que no pasaba nada, ellos se quedarÃan más tranquilos. Horas después estábamos a punto de entrar en la casa porque el frÃo habÃa arreciado cuando de pronto miramos como una figura bastante grande y al parecer pesada, pasó corriendo entre el monte, tal vez a unos quince metros de donde donde estábamos. Aunque no alcanzamos a distinguir lo que era. Nos quedamos sorprendidos por la velocidad con la que se movÃa más que una persona. ParecÃa un animal sólo que más alto nos acercamos unos metros, podÃamos escuchar sus pisadas y cómo movÃa los matorrales a su paso. En ocasiones lo escuchábamos de un lado, luego en otro. Nos miramos porque eso no era lo normal en un animal e incluso en un solo hombre. Supusimos que podrÃan ser varias personas tratando de robar. Agarramos unos palos y fuimos a ver si acaso caminamos unos seis metros más cuando una sombra dio un gran salto para alejarse. Nos hicimos para atrás sorprendidos porque ningún animal común podrÃa hacer eso, mucho menos un humano mido un aproximado de uno ochenta de estatura. A esa figura extraña le calculé que me superaba en altura. No emitió ningún sonido, sólo se alejó dando grandes saltos hasta desaparecer de nuestra vista. Por lo menos, yo era la primera vez que miraba una cosa asÃ. Nos quedamos parados mirando rumbo al monte por unos segundos no sé cómo describirlo, pero algo quedó en el ambiente. Mi amigo sugirió que nos metiéramos a la casa y asà lo hicimos. No les dijimos nada a los abuelos de Luis para no asustarlos. Nos acostamos en silencio, pero inquietos. Aunque fue una cosa bastante rara lo que miramos. No estaba seguro de que fuera una cual o un demonio, como nos habÃan dicho, porque nunca habÃa visto una cosa de esas. Lo único que puedo decir es que era una criatura. Ni siquiera era medianoche cuando los sonidos extraños volvieron. No sólo eso. Algo seguÃa en el ambiente, una rara sensación que me ponÃa nervioso. Quizá mi amigo también lo sintió, porque despertó. Al mismo tiempo, buscó entre sus cosas y sacó su arma. Lo miraba decidido a investigar qué eran esos ruidos. Nos miramos a los ojos porque algo o alguien pasó corriendo a un lado de nuestra ventana. Le dije que saliéramos a ver, pero se negó porque se escuchaba un gruñido de un animal bastante grande, quizá un oso, un lince o algo más peligroso que nos pudiera atacar. Nos aguantamos adentro por alguna razón. Yo temblaba de los nervios que sentÃa no lo podÃa creer. Creo que como nunca estaba temeroso y eso que no habÃamos visto nada claro. Por primera vez comencé a aceptar que era algo sobrenatural y trataba de sobreponerme. Lo que me extrañaba era que no escuchábamos los clásicos aullidos, que cuenta la gente que hacen los nahuales, pero si no era un hual, entonces era un demonio. Claro que eso era peor. Ya no dormimos. Nos mantuvimos alertas por si eso lo que anduviera afuera intentara meterse. Sólo escuchamos algunos ruidos más, pero no pasó a mayores. Cuando amaneció, salimos a investigar. Buscamos huellas y, para nuestra sorpresa, las encontramos eran semejantes a las de un perro u otro canino, sólo que para nuestro asombro eran más del doble del tamaño normal. De otra cosa que nos dimos cuenta era un terrible olor que habÃa en el monte. Era tan fuerte que nos tapamos la nariz por más que buscamos de dónde venÃa esa pestilencia. No encontramos nada. Recorrimos un gran tramo de monte buscando un cadáver sin encontrarlo. Luis comentó que entonces podrÃa ser un demonio. Yo nunca habÃa olido el azufre, pero mucha gente asegura que es como oler un animal muerto y a eso olÃa precisamente tallando la tierra con los pies. Borramos lo más que pudimos aquellas huellas. No sabÃamos si comentarle a los abuelos, pero lo que sà harÃamos era tener cuidado, porque ya no tenÃamos dudas lo del demonio o nahual iba en serio. Sin alejarnos mucho, caminamos un rato más alrededor de la casa, buscando alguna madriguera o algún ratos que pudiéramos seguir, pero no habÃa nada, ni siquiera huellas como las que encontramos cerca de la vivienda. Estuvimos de acuerdo que sólo existÃan dos posibilidades. Esa criatura volaba o se desaparecÃa. Cualquiera que fuera. La respuesta era para temerle y tener cuidado. Regresamos a la casa confundidos después de platicarlo un rato, agarramos valor, nos pusimos de acuerdo para quedarnos afuera toda esa noche, de ser posible cazar a esa criatura de una vez para que los abuelos estuvieran a salvo y asà poder regresar tranquilos a la ciudad. Aunque nosotros no les comentamos lo que harÃamos. Don Heraclio y su esposa sabÃan de nuestros planes. Por eso, antes de que anocheciera hablaron con nosotros, nos persignaron y nos dieron su bendición. La abuela de Luis le pidió el arma, le hizo la señal de la cruz. Mientras le echaba agua, Bendita la tocó con su mano derecha. Luego le hizo una oración en voz baja y se la devolvió ya curada y cua, cuando ya ya s todo estaba oscuro. Los abuelos nos pidieron que tuviéramos cuidado. Le prendieron una veladora a un santo que tenÃan y se metieron a su cuarto. Luego escuchamos cuando aseguraron la puerta con el candado como Luis traÃa su arma, le pregunté si su abuelo tendrÃa otra. Sólo movió su cabeza para decir que no. Después de besar su escapulario un tanto inquietos, nos salimos a ver qué averiguábamos. Como hecho adré de esa fue una noche frÃa y nublada. Ni siquiera tenÃamos una lámpara Por lo mismo, la oscuridad era notable. Sin tener una buena visión, nos ocultamos entre unos matorrales de regular tamaño, según nosotros, para acechar a nuestra presa. Aunque al principio nos encontrábamos tranquilos. Poco a poco nos iba ganando la incertidumbre de no saber qué clase de cer se nos iba a presentar un gual, un demonio u otra cosa más espantosa. Pasaba el tiempo y no sucedÃa nada. En un momento nos dimos cuenta de que ya no se escuchaba ningún ruido. Las gallinas guardaron silencio, los perros se ocultaron hasta el sonido de los insectos desapareció entrecerraba los ojos buscando algún movimiento fuera de lo común. No le podÃa decir a mi amigo Luis, porque él se apoyaba en mÃ, pero la verdad deseaba que no apareciera nada ni nadie, mucho menos alguna criatura que no fuera de este mundo. Se escuchó el crujir de algunas ramas. Eso nos puso en alerta. Cuando los volvimos a escuchar, supimos que alguien andaba caminando entre el monte de una manera sigilosa. Creció la atención por el frÃo o tal vez serÃa el miedo. Pero me corrÃan los escalofrÃos de una manera horrible. Era la primera vez que lo sentÃa asÃ. De repente, algo se movió entre la oscuridad. Era tan negro lo que mirábamos que parecÃa que la noche habÃa cobrado vida. No se dejaba ver del todo, pero era evidente que algo rondaba la casa. Supimos que estaba frente a nosotros porque le brillaban los ojos como a los gatos. Hasta parecÃa que emitÃan una luz y con ella trataba de encontrarnos, o tal vez ya nos habÃa olfateado de vez en cuando parpadeaba porque dejábamos de ver esas luces. Luego aparecÃan de nuevo. En ocasiones, esos ojos brillantes se bajaban casi hasta tocar el suelo, luego se iban elevando hasta alcanzar una gran altura desde donde estábamos. No se alcanzaba a ver claramente lo que era, porque se confundÃa con la oscuridad y con los matorrales, pero ahà estaba no hacÃa ningún intento de venir hacia nosotros. No nos dimos cuenta. Cuando desapareció de nuestra vista. Sólo dejamos de verlo, pero aún asà se sentÃa su presencia. Guardamos el más absoluto silencio para poder escuchar sus pasos y nada a los pocos minutos presentà que estaba detrás de nosotros. Quizá unos escasos metros podÃa sentir su potente mirada. Me daba miedo voltear, pero tenÃa que hacerlo sin hacer movimientos bruscos. Volteé sólo para darme cuenta que lo que estaba ahà erguido en dos patas, no era un animal ni siquiera algo que se asemejara a un humano. Era un monstruo de un aspecto extraño y terrorÃfico. El impacto de verlo asà de repente fue muy fuerte. No pude gritar porque se me trabaron las quijadas. Sentà que se me bajó toda la sangre y el pecho. Se me hizo duro impidiéndome respirar con facilidad. Era exageradamente negro. Comprobé que si era más alto que yo, me quedé congelado por unos segundos más no podÃa dejar de verlo. Por eso me di cuenta que sus ojos estaban en blanco, no tenÃa orejas y movÃa constantemente la nariz entendiendo que se guiaba por el olfato. Su hocico era enorme, con los dientes de fuera. Casi todo su cuerpo estaba cubierto de pelo grueso y apestaba horrible, peor que a una ni mal muerto. Volteé un poco para alertar a mi amigo del peligro en el que nos encontrábamos y al volver la mirada ya no estaba ese ser. Al verme asustado, Luis dedujo que habÃa visto a la criatura. Por eso apuntó su arma para todas partes sin encontrar nada. No sé cómo explicarlo, pero podÃa respirar el peligro. Yo portaba un machete grande. Sin embargo, me sentÃa indefenso ante semejante criatura. No cabÃa la menor duda que nosotros éramos la presa. No él, como mi amigo Luis, no habÃa visto de cerca esa cosa. Se sentÃa más seguro. Sigilosamente. Salió de donde estábamos escondidos. Comenzó a caminar rumbo al monte. Yo sólo lo miraba sin poder decirle que no fuera ante mi mirada. Se perdió entre la oscuridad. QuerÃa ir detrás de él para cubrirlo, pero mis piernas no me respondÃan por interminables segundos. Todo fue un silencio inquietante de un terrible sobresalto. Cuando escuché que Luis gritos de una fea manera seguido de varias detonaciones. Al momento me liberé de la opresión que me tenÃa paralizado y sin pensarlo, corrà al monte. Yo también sin medir el peligro, le grité a mi amigo en repetidas ocasiones corrÃa rasguñándome con los espinosos matorrales. Tiraba tajos con el machete a cualquier rama que se moviera. Busqué a Luis por algunos metros en medio de toda esa negrura. Sólo me detuve porque miré a lo lejos una figura indefinida, totalmente negra. Estaba parada en medio de todo ese monte por su tamaño. SabÃa que no era mi amigo. Luis de repente desapareció. Busqué a mi amigo hasta encontrarlo casi a rastras. Lo llevé hasta la casa. Nos metimos y cerré la puerta. Revisé a Luis para comprobar que no tuviera heridas graves. Eso sà temblaba asustado asà literalmente, me aseguró que lo que habÃa visto entre el monte era un demonio espantoso. Me dijo que le disparó toda la carga de su pistola. Aún asÃ, esa criatura salió volando antes de hacerlo lo habÃa rasguñado. TodavÃa no nos calmábamos cuando se escuchó un sonido horrible, seco y bastante grave. No era un aullido como tal más bien, era una mezcla de grito o bramido de un animal bastante grande que me erizó la piel. Lo peor fue saber que esa criatura se aproximaba pasados unos minutos afuera de la casa. Se escuchaban unas fuertes pisadas. Quizás las cruces pintadas le impidieron entrar porque de haber querido, hubiera deshecho cualquier puerta o pared Asà estuvo por largo rato hasta que se dio el momento que todos los ruidos extraños cesaron. Supimos que se habÃa ido porque regresaron los sonidos del monte, los grillos y toda esa clase de animales. No por eso se nos quitó todo el miedo que tenÃamos y que casi no podÃamos dominar. Está de más decir que esa noche no dormimos. Fue la primera vez en mi vida que temeroso me puso a rezar pidiéndole a Dios que ese ser espantoso no volviera a la mañana siguiente, cuando salieron los abuelos de su cuarto. Nosotros aún no nos atrevÃamos a salir a revisar lo hicimos ya pasado el mediodÃa nos acompañó Don Heracleo con machete en mano. Luis aprovechó para contarle qué le habÃa disparado a esa criatura alrededor de la casa no encontramos huellas de ninguna especie, ni siquiera las de nosotros, como si alguien las hubiera borrado. Luego, con extrema precaución, nos adentramos al monte para ver si mirábamos rastros de sangre para nuestro asombro. Tampoco habÃa nada. El tiempo pasó lentamente hasta completar la semana. La criatura ya no apareció por ningún lado, ni por la casa ni por el pueblo. Por eso regresamos a la ciudad esperando que hubiera terminado todo aquello. Dos semanas después supe por unos conocidos que mi amigo Luis habÃa muerto de una manera extra. Al hacerle la autopsia, el forense encontró heridas internas semejantes a rasguños, pero por fuera, su piel estaba INTACTA dÃas previos a su muerte. Sus compañeros lo escucharon decir que un demonio se le aparecÃa constantemente para atormentarlo. Por eso se la pasaba asustado. No sé si su muerte fue a consecuencia de su trabajo o por haber agredido a esa criatura del infierno. Tal vez ese ser lo siguió hasta la ciudad para acabar con él. De aquellos señores, los abuelos de Luis, ya no supe nada. Nunca tuve el valor de regresar a ese pueblo, porque ese ser nahual o demonio se quedó grabado en mi mente hasta el dÃa de hoy. El haberlo visto a esos segundos bastó para nunca más volver a ser él mismo. Relato escrito y adaptado por gato negro.








