Aug. 1, 2023

Un Demonio Habitaba En Mi Historias De Terror - REDE

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El niño demonio. Contar mi historia no es sencillo. Mi nombre es Gabriel. No puedo decir mi apellido ni revelar demasiada información sobre mí, solo mi edad, la cual es de veintidós años y desde los diez años en adelante, mi vida ha sido tranquila y bastante normal. Pero antes de esa edad no tengo muchos recuerdos claros. De pronto llegan a mi mente recuerdos fugaces de mis amigos, abuelos y padres. La razón es porque un demonio me maldijo y mis memorias del pasado son sólo simples manchas en mi cabeza. Todo comenzó semanas atrás de que conociera a mi verdugo. Desperté esa noche asustado por una pesadilla que había tenido. La verdad no la recuerdo con mucha claridad, pero sí recuerdo que yo estaba sentado en la cama llorando y empapado de sudor y orina por el susto. Mi madre llegó a ver qué me había ocurrido. Ella me abrazaba para tranquilizarme, pero yo no podía dejar de gritar. Realmente no sabía por qué lo estaba haciendo. Sólo tenía la necesidad de hacerlo. Mi padre llegó un par de minutos después y al verme llorar, dio por hecho que me había picado un alacrán o una araña. Las cosas se tranquilizaron. Mi mamá me había dado un té caliente para relajarme un poco por más que quise recordar lo que me había ocurrido en la pesadilla. No pude decirles a mis padres esa noche. Mi mamá se quedó a dormir conmigo. Al día siguiente, mientras estaba sentado en el sillón mirando televisión, empecé a sentir una presencia siniestra a mi alrededor. Era algo extraño sentía como si algo estuviera por caerme encima en cualquier segundo. Al final del día, ese ese o extraña sensación ya se había vuelto más real. Podía ver una sombra persiguiéndome a donde fuera. La veía por el rabillo del ojo escondiéndose de mí. Le dije a mi madre lo que me estaba pasando, pero ella me dijo que era porque no había dormido bien. Pero conforme pasaban los días, mis sueños se volvieron más vívidos y aterradores. Despertaba a mitad de la noche sudando y temblando. Cuando lograba recordar las pesadillas, veía a alguien buscándome y yo tenía que esconderme, pero cuando no podía recordarlos, era incapaz de tener los detalles exactos de lo que había sucedido. Esto último me pasaba cuando en mis pesadillas aquella sombra sí me alcanzaba. Me sentía abrumado por todo lo que me estaba ocurriendo. No pasó mucho tiempo cuando todo ya comenzó a afectarme en mi vida diaria. En una ocasión me encontraba preparándome para ir a la escuela y al verme al espejo para ver cómo estaba vestido, tuve la sensación de que yo ya no estaba controlando mi cuerpo de pronto sonreí. No tenía razón por la cual hacerlo, pero ante el espejo estaba sonriendo. Cuando logré tomar el control nuevamente me sentí débil. Las piernas se me doblaron del cansancio y sentía como si no hubiera dormido nada. Las voces se volvieron más intensas y las sombras parecían ser más grandes. Ya no se escondían de mí, Los escuchaba hablarme me maldecían y gritaban a la vez, sobre todo la voz de lo que parecía ser un hombre. Aún le recuerdo resonar en mi cabeza en ocasiones no podía escuchar lo que me decían los demás por oír la voz de esta persona. Comenzó a persuadirme para hacer cosas malvadas que yo sabía que estaban mal. Me resistía con todas mis fuerzas, pero en ocasiones llegué a sentir que no podía y tenía que rendirme. Mis padres, desesperados por mi situación, decidieron buscar ayuda espiritual en un templo importante de la ciudad. Se encontraron con un sacerdote que resultó ser que era un gran conocedor en experiencias similares a posesiones demoníacas. El sacerdote, a quien llamaré como el padre Tomás, escuchó atentamente la historia que mis padres le contaron. Luego de reflexionar unos momentos, decidió realizar una serie de pruebas y rituales para determinar si se trataba de una posesión demoníaca. Al día siguiente nos dirigimos al templo. Nos pidieron fotografías y objetos míos de mi infancia. Apenas puse un pie en el templo. Pude sentir que dentro de mí algo daba vueltas. Era como traer un animal corriendo en mi estómago. Me dieron tantas ganas de vomitar que tuve que hacerlo en las puertas. Cuando quise hablar, me di cuenta que mi voz había cambiado. Era horrenda y parecía ser de un viejo gruñón. Inexplicablemente, comencé a gritar pidiendo que no me dejaran enterar al templo. Mis padres tuvieron que arrastrarme hasta dentro mi vista se nubló. Dentro de mí sólo escuchaba los gruñidos de una bestia y sentía que tomaba el control sobre mí cuando llegamos frente al padre Tomás se dio cuenta de la situación y pidió que me amarraran. Mis padres. Al principio se negaron, pero al ver en lo que me estaba transformando, no tuvieron ninguna objeción. El padre examinó detenidamente cada uno de los elementos y realizó oraciones y rituales de purificación. Mientras se llevaban a cabo los rituales, tuve la misma sensación extraña por la que pasé en la puerta. Era como si una presencia maligna se retorciera en mi cuerpo, recorría mi estómago, se estiraba como si le doliera estar dentro de mí y al mismo tiempo, a mí me lastimaba mucho. El Padre Tomás se dio cuenta de esto y le comentó a mis padres que, para terminar el ritual de sanación era necesario concluirlo en nuestra casa. No quería que ese demonio terminara matándome por estar en el templo. Mis padres estuvieron de acuerdo. Recuerdo haber visto la cara de preocupación de ambos. Ellos eran conscientes de que era necesario hacer todo lo posible para liberarme de esa influencia maligna. Juntos regresamos a casa y nos preparamos para continuar el ritual. Antes de irnos, el padre Tomás les entregó a mis padres un rosario, una biblia y un sirio. Esa noche fue la peor de todas. Recuerdo que mi padre me despidió con un beso en la frente. Me dijo que me amaba y al mismo tiempo escuchaba la otra voz, diciéndome que eran mentiras. Mi madre me abrazó y me dijo que la pesadilla terminaría pronto. No sé cuánto tiempo pasó después de acostarme que al abrir los ojos estaba parado frente al espejo de la sala sonriendo nuevamente. No tenía control sobre mi cuerpo. Sólo podía ver lo que estaba ocurriendo. No recordaba el momento en el que me levanté. En eso pude escuchar que mi padre le hablaba a mi madre para que viniera a verme, y cuando mi padre se descuidó, me aventé hacia él para morderlo. Lo alcancé a lastimar del brazo. Por fortuna, se logró quitar de mi mordida. Llegó mi madre con la soga del tendedero y me amarró como pudo, pero mi fuerza era más que la de los dos. En cuanto tenía una oportunidad, me aventaba contra mi padre, le decía que yo era el mismo demonio en persona y que no tenían escapatoria. Mi voz era igual a la de una persona anciana. Yo intentaba tomar el control sobre mi cuerpo, pero era imposible. Sentía que había una barrera enorme que no me dejaba llegar a él. Mis brazos y piernas se retorcían de dolor. Los dedos de mis manos se retraían como si estuvieran agarrando algo. Mi boca se torcía, al igual que mis ojos. Sentí como mi cuerpo se comenzaba a deformar. Entonces pude sentir una enorme carga caer sobre mis hombros, lo que provocó que cayera al suelo. Algo habían hecho mis padres, que me ayudó a que mi cuerpo ya no se pudiera mover y que yo retomara el control sobre él. Comencé a llorar. Mi voz era la de antes me di cuenta que me habían puesto el rosario que el padre Tomás nos había obsequiado lo que restó de la noche. Mis papás se quedaron a dormir junto a mí en el suelo. Mis padres llegaron a la decisión de que era hora de trabajar en mi sanación. Mi padre tuvo que ir por el Padre Tomás para iniciar con el proceso. Sin falta. Al día siguiente comenzó todo. Me tenían atado sobre una silla del comedor. Yo no preguntaba el por qué. Simplemente sabía que era necesario. El padre Tomás, con una serenidad y determinación impresionantes, inició con el ritual. Pude ver que tenía mucho conocimiento y experiencia. Con una mirada firme, tomó los objetos sagrados y los utilizó como herramientas poderosas para enfrentar al demonio. Mi voz cambió y le exigía al padre que se callara. Cada gesto y cada palabra pronunciada eran cargados de una energía espiritual que parecía desafiar directamente a la oscuridad que me había atormentado durante tanto tiempo. Yo podía sentir que el demonio que estaba dentro de mí perdía fuerza, pero esto provocaba que se volviera más agresivo. Nuevamente perdí el control de mi cuerpo. Mi cabeza comenzó a moverse de manera agitada. Sentía que daba vueltas rápidamente. Varias veces escupía al padre para que se alejara de mí, pero a pesar de todo, él no retrocedía. A medida que avanzaba el ritual. Pude sentir como las cadenas invisibles que me habían mantenido prisionero comenzaban a aflojarse lentamente. Era como si la luz de la fe y la esperanza que emanaba del padre estuviera disipando las sombras y debilitando la presencia maligna. Aún sentía que dentro de mí el demonio persistía, pero ya no tenía tanta fuerza. El padre me miró a los ojos y me preguntó puede sacarlo. Yo le dije que sí asintiendo con la cabeza me liberó de mis ataduras, permitiéndome moverme libremente. Mientras el proceso de purificación continuaba, cerré los ojos y me sumergían las palabras sagradas que fluían de sus labios. Sentía cómo cada sílaba resonaba en mi interior. Después, una luz divina comenzaba a envolverme. Su calor reconfortante llegaba a cada rincón de mi ser Era una sensación de paz y protección que no había experimentado jamás. Pero el demonio, desesperado por mantenerse dentro de mi cuerpo seguía susurrando palabras llenas de odio hacia mi familia. De pronto sentí una fuerza diferente en mí. Los restos del padre se volvieron más fuertes y resonaron con más intensidad en mi cabeza y a pesar de los intentos del demonio, por debilitarme, me mantuve firme. Finalmente, después de una intensa lucha, vencimos la presencia del demonio se debilitó. Pude sentir cómo se desvanecía lentamente. El padre Tomás me desató por completo. Miré a mi madre y me apresuré a abrazarla. Aún mis piernas me dolían bastante. Después de eso, creo que me desmayé, pues no recuerdo qué sucedió. Cuando abrí los ojos, pude percibir la mirada llena de alivio y alegría de mis padres. Sentía como si un peso enorme hubiera sido levantado de mis hombros. Pero el demonio no se fue con las manos vacías. Las memorias de los primeros diez años de mi vida los olvidé. Solo me quedó el recuerdo amargo de ese evento. Es como si me lo hubiera dejado con la intención de que no lo olvidara. Hoy en día, mi vida es más tranquila, pero aún así después de tantos años. Al cerrar los ojos, tengo la sensación de que lo sigo viendo y escuchando. Pero sobre todo, lo que más me inquieta es que en ocasiones he llegado a tener pesadillas que no logro recordar cuanto despierto. Pero las cosas se tranquilizan cuando me pongo el rosario que el padre Tomás me obsequió. Relato escrito ya dado por lengua de brujo