Un Demonio Habitaba En Mi Historias De Terror - REDE

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El niño demonio. Contar mi historia no es sencillo. Mi nombre es Gabriel. No puedo decir mi apellido ni revelar demasiada información sobre mÃ, solo mi edad, la cual es de veintidós años y desde los diez años en adelante, mi vida ha sido tranquila y bastante normal. Pero antes de esa edad no tengo muchos recuerdos claros. De pronto llegan a mi mente recuerdos fugaces de mis amigos, abuelos y padres. La razón es porque un demonio me maldijo y mis memorias del pasado son sólo simples manchas en mi cabeza. Todo comenzó semanas atrás de que conociera a mi verdugo. Desperté esa noche asustado por una pesadilla que habÃa tenido. La verdad no la recuerdo con mucha claridad, pero sà recuerdo que yo estaba sentado en la cama llorando y empapado de sudor y orina por el susto. Mi madre llegó a ver qué me habÃa ocurrido. Ella me abrazaba para tranquilizarme, pero yo no podÃa dejar de gritar. Realmente no sabÃa por qué lo estaba haciendo. Sólo tenÃa la necesidad de hacerlo. Mi padre llegó un par de minutos después y al verme llorar, dio por hecho que me habÃa picado un alacrán o una araña. Las cosas se tranquilizaron. Mi mamá me habÃa dado un té caliente para relajarme un poco por más que quise recordar lo que me habÃa ocurrido en la pesadilla. No pude decirles a mis padres esa noche. Mi mamá se quedó a dormir conmigo. Al dÃa siguiente, mientras estaba sentado en el sillón mirando televisión, empecé a sentir una presencia siniestra a mi alrededor. Era algo extraño sentÃa como si algo estuviera por caerme encima en cualquier segundo. Al final del dÃa, ese ese o extraña sensación ya se habÃa vuelto más real. PodÃa ver una sombra persiguiéndome a donde fuera. La veÃa por el rabillo del ojo escondiéndose de mÃ. Le dije a mi madre lo que me estaba pasando, pero ella me dijo que era porque no habÃa dormido bien. Pero conforme pasaban los dÃas, mis sueños se volvieron más vÃvidos y aterradores. Despertaba a mitad de la noche sudando y temblando. Cuando lograba recordar las pesadillas, veÃa a alguien buscándome y yo tenÃa que esconderme, pero cuando no podÃa recordarlos, era incapaz de tener los detalles exactos de lo que habÃa sucedido. Esto último me pasaba cuando en mis pesadillas aquella sombra sà me alcanzaba. Me sentÃa abrumado por todo lo que me estaba ocurriendo. No pasó mucho tiempo cuando todo ya comenzó a afectarme en mi vida diaria. En una ocasión me encontraba preparándome para ir a la escuela y al verme al espejo para ver cómo estaba vestido, tuve la sensación de que yo ya no estaba controlando mi cuerpo de pronto sonreÃ. No tenÃa razón por la cual hacerlo, pero ante el espejo estaba sonriendo. Cuando logré tomar el control nuevamente me sentà débil. Las piernas se me doblaron del cansancio y sentÃa como si no hubiera dormido nada. Las voces se volvieron más intensas y las sombras parecÃan ser más grandes. Ya no se escondÃan de mÃ, Los escuchaba hablarme me maldecÃan y gritaban a la vez, sobre todo la voz de lo que parecÃa ser un hombre. Aún le recuerdo resonar en mi cabeza en ocasiones no podÃa escuchar lo que me decÃan los demás por oÃr la voz de esta persona. Comenzó a persuadirme para hacer cosas malvadas que yo sabÃa que estaban mal. Me resistÃa con todas mis fuerzas, pero en ocasiones llegué a sentir que no podÃa y tenÃa que rendirme. Mis padres, desesperados por mi situación, decidieron buscar ayuda espiritual en un templo importante de la ciudad. Se encontraron con un sacerdote que resultó ser que era un gran conocedor en experiencias similares a posesiones demonÃacas. El sacerdote, a quien llamaré como el padre Tomás, escuchó atentamente la historia que mis padres le contaron. Luego de reflexionar unos momentos, decidió realizar una serie de pruebas y rituales para determinar si se trataba de una posesión demonÃaca. Al dÃa siguiente nos dirigimos al templo. Nos pidieron fotografÃas y objetos mÃos de mi infancia. Apenas puse un pie en el templo. Pude sentir que dentro de mà algo daba vueltas. Era como traer un animal corriendo en mi estómago. Me dieron tantas ganas de vomitar que tuve que hacerlo en las puertas. Cuando quise hablar, me di cuenta que mi voz habÃa cambiado. Era horrenda y parecÃa ser de un viejo gruñón. Inexplicablemente, comencé a gritar pidiendo que no me dejaran enterar al templo. Mis padres tuvieron que arrastrarme hasta dentro mi vista se nubló. Dentro de mà sólo escuchaba los gruñidos de una bestia y sentÃa que tomaba el control sobre mà cuando llegamos frente al padre Tomás se dio cuenta de la situación y pidió que me amarraran. Mis padres. Al principio se negaron, pero al ver en lo que me estaba transformando, no tuvieron ninguna objeción. El padre examinó detenidamente cada uno de los elementos y realizó oraciones y rituales de purificación. Mientras se llevaban a cabo los rituales, tuve la misma sensación extraña por la que pasé en la puerta. Era como si una presencia maligna se retorciera en mi cuerpo, recorrÃa mi estómago, se estiraba como si le doliera estar dentro de mà y al mismo tiempo, a mà me lastimaba mucho. El Padre Tomás se dio cuenta de esto y le comentó a mis padres que, para terminar el ritual de sanación era necesario concluirlo en nuestra casa. No querÃa que ese demonio terminara matándome por estar en el templo. Mis padres estuvieron de acuerdo. Recuerdo haber visto la cara de preocupación de ambos. Ellos eran conscientes de que era necesario hacer todo lo posible para liberarme de esa influencia maligna. Juntos regresamos a casa y nos preparamos para continuar el ritual. Antes de irnos, el padre Tomás les entregó a mis padres un rosario, una biblia y un sirio. Esa noche fue la peor de todas. Recuerdo que mi padre me despidió con un beso en la frente. Me dijo que me amaba y al mismo tiempo escuchaba la otra voz, diciéndome que eran mentiras. Mi madre me abrazó y me dijo que la pesadilla terminarÃa pronto. No sé cuánto tiempo pasó después de acostarme que al abrir los ojos estaba parado frente al espejo de la sala sonriendo nuevamente. No tenÃa control sobre mi cuerpo. Sólo podÃa ver lo que estaba ocurriendo. No recordaba el momento en el que me levanté. En eso pude escuchar que mi padre le hablaba a mi madre para que viniera a verme, y cuando mi padre se descuidó, me aventé hacia él para morderlo. Lo alcancé a lastimar del brazo. Por fortuna, se logró quitar de mi mordida. Llegó mi madre con la soga del tendedero y me amarró como pudo, pero mi fuerza era más que la de los dos. En cuanto tenÃa una oportunidad, me aventaba contra mi padre, le decÃa que yo era el mismo demonio en persona y que no tenÃan escapatoria. Mi voz era igual a la de una persona anciana. Yo intentaba tomar el control sobre mi cuerpo, pero era imposible. SentÃa que habÃa una barrera enorme que no me dejaba llegar a él. Mis brazos y piernas se retorcÃan de dolor. Los dedos de mis manos se retraÃan como si estuvieran agarrando algo. Mi boca se torcÃa, al igual que mis ojos. Sentà como mi cuerpo se comenzaba a deformar. Entonces pude sentir una enorme carga caer sobre mis hombros, lo que provocó que cayera al suelo. Algo habÃan hecho mis padres, que me ayudó a que mi cuerpo ya no se pudiera mover y que yo retomara el control sobre él. Comencé a llorar. Mi voz era la de antes me di cuenta que me habÃan puesto el rosario que el padre Tomás nos habÃa obsequiado lo que restó de la noche. Mis papás se quedaron a dormir junto a mà en el suelo. Mis padres llegaron a la decisión de que era hora de trabajar en mi sanación. Mi padre tuvo que ir por el Padre Tomás para iniciar con el proceso. Sin falta. Al dÃa siguiente comenzó todo. Me tenÃan atado sobre una silla del comedor. Yo no preguntaba el por qué. Simplemente sabÃa que era necesario. El padre Tomás, con una serenidad y determinación impresionantes, inició con el ritual. Pude ver que tenÃa mucho conocimiento y experiencia. Con una mirada firme, tomó los objetos sagrados y los utilizó como herramientas poderosas para enfrentar al demonio. Mi voz cambió y le exigÃa al padre que se callara. Cada gesto y cada palabra pronunciada eran cargados de una energÃa espiritual que parecÃa desafiar directamente a la oscuridad que me habÃa atormentado durante tanto tiempo. Yo podÃa sentir que el demonio que estaba dentro de mà perdÃa fuerza, pero esto provocaba que se volviera más agresivo. Nuevamente perdà el control de mi cuerpo. Mi cabeza comenzó a moverse de manera agitada. SentÃa que daba vueltas rápidamente. Varias veces escupÃa al padre para que se alejara de mÃ, pero a pesar de todo, él no retrocedÃa. A medida que avanzaba el ritual. Pude sentir como las cadenas invisibles que me habÃan mantenido prisionero comenzaban a aflojarse lentamente. Era como si la luz de la fe y la esperanza que emanaba del padre estuviera disipando las sombras y debilitando la presencia maligna. Aún sentÃa que dentro de mà el demonio persistÃa, pero ya no tenÃa tanta fuerza. El padre me miró a los ojos y me preguntó puede sacarlo. Yo le dije que sà asintiendo con la cabeza me liberó de mis ataduras, permitiéndome moverme libremente. Mientras el proceso de purificación continuaba, cerré los ojos y me sumergÃan las palabras sagradas que fluÃan de sus labios. SentÃa cómo cada sÃlaba resonaba en mi interior. Después, una luz divina comenzaba a envolverme. Su calor reconfortante llegaba a cada rincón de mi ser Era una sensación de paz y protección que no habÃa experimentado jamás. Pero el demonio, desesperado por mantenerse dentro de mi cuerpo seguÃa susurrando palabras llenas de odio hacia mi familia. De pronto sentà una fuerza diferente en mÃ. Los restos del padre se volvieron más fuertes y resonaron con más intensidad en mi cabeza y a pesar de los intentos del demonio, por debilitarme, me mantuve firme. Finalmente, después de una intensa lucha, vencimos la presencia del demonio se debilitó. Pude sentir cómo se desvanecÃa lentamente. El padre Tomás me desató por completo. Miré a mi madre y me apresuré a abrazarla. Aún mis piernas me dolÃan bastante. Después de eso, creo que me desmayé, pues no recuerdo qué sucedió. Cuando abrà los ojos, pude percibir la mirada llena de alivio y alegrÃa de mis padres. SentÃa como si un peso enorme hubiera sido levantado de mis hombros. Pero el demonio no se fue con las manos vacÃas. Las memorias de los primeros diez años de mi vida los olvidé. Solo me quedó el recuerdo amargo de ese evento. Es como si me lo hubiera dejado con la intención de que no lo olvidara. Hoy en dÃa, mi vida es más tranquila, pero aún asà después de tantos años. Al cerrar los ojos, tengo la sensación de que lo sigo viendo y escuchando. Pero sobre todo, lo que más me inquieta es que en ocasiones he llegado a tener pesadillas que no logro recordar cuanto despierto. Pero las cosas se tranquilizan cuando me pongo el rosario que el padre Tomás me obsequió. Relato escrito ya dado por lengua de brujo








