Jan. 24, 2024

Testimonios De Inmigrantes Que Cruzaron El Desierto Historias De Terror - REDE

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Fe. Hace siete años, mi papá emigró a los Estados Unidos de manera ilegal y ese viaje resultó ser mucho más que un simple viaje para cruzar la frontera. En aquel entonces, cruzar por esa ruta era más viable que hoy, aunque no menos desafiante. Se unió a un grupo que planeaba cruzar la frontera. En la misma noche en que llegó a la zona sin perder tiempo, realizó el pago correspondiente al coyote, el guía que lideraría la travesía, Aunque este coyote tenía sólo cuatro cruces en su historial, lo que generaba cierta desconfianza. No había más opciones esa noche y mi padre decidió unirse al grupo junto con otras nueve personas. La caminata hacia el desierto comenzó con la esperanza de una vida mejor al otro lado de la frontera. Sin embargo, apenas habían recorrido algunos kilómetros metros cuando mi padre se percató de un problema. Resulta que un día antes de partir hacia la frontera, había realizado una pequeña peregrinación con el propósito de pedirle a la virgen que lo cuidara. Durante su viaje. Al término de esta peregrinación, mi padre se encontró con una uña enterrada. Sin embargo, debido a la prisa por llegar a la frontera, no le dio la importancia de vida y partió con el grupo. En medio del desierto. La uña enterrada se convirtió en un dolor punzante que impedía a mi padre mantener el paso con los demás. La molestia se intensificaba a medida que avanzaban. Aunque intentó ignorar el dolor al principio, se volvió evidente que la uña estaba afectando su capacidad para seguir el ritmo del grupo poco a poco se quedó rezagado, enfrentándose a la difícil elección entre soportar el dolor y seguir adelante o detenerse y arriesgarse a perderse en el vasto y oscuro desierto. Él le pidió al coyote que lo esperara, pero el coyote se negó, afirmando que si se quedaba atrás, sería problema suyo. Así que, en un giro desafortunado, mi padre se encontró solo en medio del vasto y desolado desierto, desorientado y sin tener ni idea de su ubicación. Mi padre comenzó a caminar sin rumbo fijo la oscuridad de la noche lo envolvía y la soledad se volvía más palpable a cada paso que daba. Durante el resto de esa larga noche deambuló sin un destino claro, perdiéndose aún más en la inmensidad del desierto. Con la llegada del sol y la iluminación de la mañana siguiente, Mi padre continuó avanzando, pero sin tener una dirección clara. La sedí el hambre lo atormentaban, ya que el agua y la escasa comida se agotaron rápidamente. En medio del intenso calor del desierto, Buscó refugio en las escasas sombras que ofrecía el terreno árido, tratando de resguardarse del inclemente sol que castigaba la tierra desértica. La esperanza de mi padre se centraba en la posibilidad de ser en RNS entrado por algún grupo de viajeros compasivos. Sin embargo, dada su desorientación y la vastedad del desierto, era consciente de que esa esperanza era casi ilusoria. La desesperación se apoderaba de él mientras continuaba caminando, luchando contra la fatiga y la incertidumbre que se cernían sobre su destino en aquel inhóspito lugar. Al regresar a la noche, ya con resignación marcada en cada paso, mi padre se dejó caer en la orilla de un matorral. La fatiga y el desaliento se apoderaban de él, mientras el frío del desierto y el agotamiento lo envolvían como un abrazo despiadado. En ese momento de desesperanza, cuando el silencio del desierto parecía devorarlo todo, un sonido rompió la quietud. Un ruido persistente semejante al mugir de una vaca, resonó en el aire nocturno. La sorpresa lo invadió y sus oídos se agusaron para captar cada matiz de aquel sonido en la oscuridad. A pesar de la curiosidad, al explorar con la mirada el entorno iluminado por la luna, mi padre no pudo identificar la fuente del misterioso mujido. La sensación de intriga y confusión se apoderó de él mientras buscaba desesperadamente el origen de aquel sonido en la vastedad del desierto. En ese instante, cuando la incertidumbre se apoderaba de su mente, una fuerte corriente de aire frío lo envolvió y sintió un toque suave pero firme en el hombro sorprendido giró rápidamente para encontrarse con un hombre de aspecto misterioso. Justo detrás de él. El hombre vestido de negros se erigía como una figura enigmática en medio del desierto. Aunque mi padre no podía discernir completamente sus facciones bajo el sombrero de ala ancha que llevaba la presencia misteriosa del individuo capturó su atención. Cuando mi padre, movido por la curiosidad y la necesidad, le preguntó quién era y á cómo había llegado hasta allí. El hombre respondió de manera evasiva, como si llevara consigo secretos que no estaban destinados a ser revelados en ese momento. Aunque el hombre no mostraba ninguna intención hostil, la sombra que proyectaba en la arena bajo la luz de la luna confería una extrañeza al encuentro. La luz plateada de la luna revelaba una silueta que parecía distorsionarse en la arena en momentos fugaces. La sombra del hombre adquiría una forma sutilmente distinta a la de su figura física, creando una sensación de desconcierto en la mente de mi padre. En cierto punto de la conversación, el hombre abordó la realidad del hambre y la sed que atormentaban a mi padre. Con una extraña serenidad, sacó un pequeño frasco de cristal de sus pertenencias y le dijo esto te dará la fuerza para seguir adelante. Mi padre, movido por la lógica y la desconfianza instintiva, rechazó de manera rotunda el pequeño frasco de Cristal que el mirar misterioso hombre vestido de negro le ofrecía ante la negativa. La expresión del extraño personaje cambió sutilmente arqueó una ceja con sorpresa, como si la renuencia de mi padre fuera algo incomprensible para él. Prefieres morir en el desierto antes que confiar en mí, preguntó el hombre su voz, resonando con una mezcla de incredulidad y persuasión. La pregunta quedó suspendida en el aire, creando un momento de tensión entre mi padre y el enigmático personaje. Sin titubear, mi padre reafirmó su decisión, explicando que confiaba en la protección divina y no estaba dispuesto a aceptar la ayuda de alguien en cuyas intenciones eran tan enigmáticas. Prefería depender de la providencia de Dios antes que confiar en las dudosas ofertas de un extraño. En un giro surrealista, el hombre vestido de negro desapareció ante los ojos de mi padre como si se hubiera evaporado en la oscuridad de la noche. La rra repentina ausencia del misterioso personaje dejó a mi padre en un estado de desconcierto, preguntándose si lo que acababa de presenciar era real o fruto de su fatiga y desesperación en el desierto. Aunque el hombre había desaparecido físicamente, la sensación de estar siendo observado persistió en la mente de mi padre, una presencia invisible pero palpable que lo acompañó en cada paso. Mientras continuaba su travesía solitaria por el árido paisaje nocturno con cautela, mi padre se puso de pie sacudiendo la fina capa de arena que se había acumulado en su ropa mientras yacía junto al matorral. Con determinación decidió enfrentar las inclemencias del desierto por sí mismo, confiando en su fortaleza interior y la firmeza de sus convicciones. La falta persistente de agua y comida continuaba siendo su mayor adversario, pero la determinación y la fe lo impulsaron a seguir adelante un paso tras otro. En medio de la vastedad desértica. A medida que avanzaba, la sed se volvía más intensa y el implacable calor del sol castigaba su cuerpo exhausto, cuyas reservas de energía menguaban con cada paso. Después de otro día de travesía solitaria, mi padre divisó en la distancia a un grupo de viajeros que se acercaban la visión de posibles aliados en medio de la inmensidad del desierto. Generó un destello de esperanza en su mirada fatigada. Sin embargo, la experiencia previa con el hombre vestido de negro había sembrado en él una semilla de desconfianza que persistía en estado de alerta. Mi padre observó cautelosamente, mientras el grupo se acercaba, la ansiedad y la incertidumbre se mezclaban con la esperanza de encontrar apoyo en medio de aquel vasto desierto. A medida que el grupo se aproximaba una figura, se destacó del resto y avanzó hacia mi padre. Sostenía un rosario entre sus manos y su expresión tranquila irradiaba un sentido o de calma reconfortante. Extendió el rosario hacia mi padre con un gesto amable compartiendo palabras que resonaron en la quietud del desierto. No teníamos planeado pasar por aquí, pero Dios me habló hoy. Me dijo que debíamos venir en esta dirección en un gesto de generosidad. Compartieron con mi padre el agua y la comida que llevaban consigo. La sensación de Alivio se apoderó de él, mitigando la sed y el hambre que lo habían atormentado durante su solitaria travesía. Al final, mi padre decidió continuar su camino en compañía de esas personas y fue así que logró cruzar la frontera Sombras. Hace ya muchos años me vi inmerso en una experiencia aterradora mientras llevaba a cabo la desafiante travesía de emigrar ilegalmente a los Estados Unidos. Aunque mi sueño parecía inalcanzable debido a la falta de recursos económicos. Mi perseverancia y esfuerzo, junto con algunos préstamos, finalmente me brindaron la oportunidad de reunir el dinero necesario para embarcarme en este viaje complicado. A través del inclemente desierto, tomé la decisión de unirme a un grupo de siete personas liderado por un guía encargado de facilitar nuestro paso clandestino. Este guía nos aseguró un viaje seguro y rápido, indicándonos que debíamos caminar durante las horas de la noche y evitar los caminos principales. Equipados con agua a ropa, comida y una gran dosis de valentía, partimos desde un punto cercano a la frontera tan pronto como cayó la oscuridad. Nuestra travesía nos llevó a caminar durante horas por terrenos áridos plagados de cactus y espinas, mientras enfrentábamos el frío y la fatiga en silencio. Compartíamos palabras necesarias entre nosotros temerosos de la presencia de de la patrulla fronteriza, pero aferrándonos con esperanza a la posibilidad de una nueva vida. Al otro lado, el vasto y oscuro desierto se extendía ante nosotros con su terreno desafiante que ponía a prueba a nuestra resistencia. Cada paso era una lucha contra el agotamiento y la incertidumbre del camino. En cierto punto, hicimos una pausa en el borde de una pendiente bastante pronunciada. Nos sentamos buscando un breve respiro antes de aventurarnos a descender al fondo del barranco. Desde esa posición elevada disfrutamos de la vista impresionante del cielo estrellado y del desierto bañado por la suave luz de la luna en ese momento de tranquilidad. Mientras admirábamos la majestuosidad de la naturaleza, un susurro rompió la quietud de la noche. Mi nombre. La voz tenía un matiz familiar, como la de un amigo que originalmente planeaba unirse a nosotros, pero por diversas razones, no pudo acompañarnos, aunque la idea de su presencia de último momento cruzó mi mente. Rápidamente Descarté la posibilidad en ese remoto acantilado. Éramos sólo nosotros siete y el silencio que envolvía el profundo barranco. Aunque por un instante dudé de lo que mis oídos habían captado, opté por guardar silencio y continuar observando el horizonte el guía, percibiendo que era el momento de seguir adelante. Nos instó a comenzar el descenso hacia el fondo del barranco. Con cautela. Iniciamos la bajada por la empinada y resbaladiza pendiente, ofreciéndonos apoyo mutuo en cada paso. La oscuridad del barranco se cernía sobre nosotros. Mientras descendíamos, La única iluminación provenía de la débil luz lunar que se filtraba entre las rocas. La tarea no era sencilla. Cada paso requería atención para evitar resbalones en la pendiente irregular. Finalmente llegamos al fondo, donde encontramos un terreno plano arenoso. Nuestro guía explicó que descansaríamos allí unas horas, un lugar más seguro y oculto. Nos instó a descansar en silencio sin encender luces, asegurándonos de que él estaría despierto para despertarnos cuando fuera el momento de continuar Mientras nos acurrucamos para combatir el intenso frío. La mayoría caía en un sueño reparador, pero yo no podía evitar sentir nerviosismo por lo que había escuchado anteriormente inmerso en mis pensamientos. No me percaté de su llegada a unos diez metros de distancia. Sombras oscuras se movían y susurraban. Entre ellas eran figuras ajenas a nuestro grupo, generando un temor profundo. Pensé que podían ser agentes migratorios que nos descubrirían, pero el guía parecía ajeno a su presencia. Estaba allí con su rifle mirando en otra dirección sin reaccionar. En ese instante, un joven a mi lado compartió en voz baja. No las obses son ánimas. Es medianoche se irán, Aunque la advertencia del joven resonaba inquietante. Mi curiosidad y el temor se mezclaron dentro de mí. La tentación de echar un vistazo furtivo a las sombras que se movían en la oscuridad del desierto se volvió irresistible. Con sigilo y precaución, me deslicé unos metros hacia donde se encontraban las figuras misteriosas. A medida que me aproximaba, noté una extraña luminiscencia que irradiaba de ellas. Una luz tenue pero suficiente para revelar contornos difusos. Algunas de estas presencias parecían vestir ropas de otra época, mientras que otras eran simplemente siluetas perdidas en la oscuridad. A pesar de su silencio, susurros incomprensibles se entrelazaban en el viento nocturno como suspiros olvidados. Mientras las observaba, una mezcla de emociones se apoderó de mí. La oscura noche avanzaba y la de la erra las ánimas como sombras que se disuelven con la llegada de la luz del día finalmente se desvanecieron en la oscuridad. El silencio reinaba, pero de repente se rompió con pasos sigilosos que se acercaban al girar para ver me encontré con el guía, el coyote, que, sin decir una palabra, agarró mi brazo bruscamente y me obligó a levantarme arrastrándome de regreso al grupo. La preocupación se reflejaba en sus ojos, pero también había una firmeza que anunciaba que algo no estaba bien. Llevándome a un lado, El coyote, con un semblante serio me advirtió sobre las consecuencias de mis acciones, señalando que ponían en peligro a todos. Su voz llevaba un tono de urgencia mientras explicaba que la noche en el desierto era implacable y cualquier distracción podía ser fatal. De repente, la paliza llegó con fuerza un recordatorio contundente de la gravedad de la situación. Acaso quieres atraer problemas. Gritó el coyote mientras sus golpes caían con dureza. El dolor se entrelazaba con la confusión, pero sus palabras eran claras. Mis acciones habían cruzado una línea peligrosa con el rostro magullado y la advertencia. Resonando en mis oídos, el coyote se inclinó hacia mí, mostrándome discretamente el arma que llevaba bajo su playera. Si vuelvo a verte andar de mirón con esas sombras, no dudaré en meterte un balazo. No pongas en peligro a todos por tus tonterías. Advirtió con una seriedad que dejó claro que estaba dispuesto a hacer cumplir sus palabras. El grupo observaba en silencio algunos con rostros preocupados otros con gestos de desaprobación. Justo antes del amanecer, cuando el cielo empezaba a teñirse de tonos naranjas y rojizos, las ánimas volvieron a materializarse en la penumbra del desierto. Su presencia, aunque misteriosa, se volvía un recordatorio palpable de la magia efímera que la noche desataba en el silencioso paisaje. Con plena conciencia de que adentrarse en el misterio de las ánimas podía poner en peligro no sólo mi vida, sino la de todo el grupo, decidí detenerme la urgencia de cerrar los ojos y confiar en las indicaciones del coyote. El guía experimentado se apoderó de mí. Su mirada alerta y su conocimiento del terreno lo convertían en el salvaguarda de nuestras vidas en aquella travesía nocturna, mientras las ánimas continuaban su danza en la periferia de mi percepción, decidí sumergirme en la oscuridad. Detrás de mis párpados. Mis sentidos agudizados por la necesidad de seguridad, esperaban pacientemente las indicaciones del coyote. La oscuridad se volvía mi aliada, ocultándome de las presencias misteriosas que danzaban en el límite de lo tangible. A lo lejos, resonaron los pasos firmes del coyote. Su voz serena, pero cargada de autoridad, nos dio la señal de que era hora de continuar. La travesía continuó con el sol, ascendiendo en el horizonte, marcando el comienzo de un nuevo día en el desierto implacable. Unas cuantas horas después llegamos al lugar donde nos estaba esperando una camioneta y el resto es historia. Nunca supe que eran esas sombras, aunque tengo la teoría de que pudieran ser las almas de aquellas que sufrieron una muerte debido a las inclemencias del desierto guía en aquel rincón apacible del pueblo. La vida transcurría para mi hermano Óscar y su esposa Ana, conformando una pareja joven que habitaba en la cotidianidad del lugar. Óscar, con esfuerzo incansable, dedicaba largas horas en un taller mecánico. Su propósito era claro asegurarse de que Ana no careciera de nada, a pesar de las jornadas extensas que a veces lo mantenían trabajando hasta altas horas de la noche. Cada acción de Óscar estaba imbuida de la esperanza de mejorar su situación financiera y brindarle a Ana un nivel de vida más confortable. No obstante, la realidad imponía sus desafíos. Ana, una mujer de gustos exigentes, se convertía en una prueba constante para la determinación de mi hermano. A pesar de sus esfuerzos, el dinero ganado con Sudor no parecía ser suficiente para satisfacer los caprichos de Ana, quien anhelaba vivir en un esplendor que rivalizaba con el de una reina. Consciente de las demandas de su esposa, Óscar sintió la necesidad de redoblar sus esfuerzos. Fue así como decidió sumergirse en jornadas nocturnas de trabajo. Esperanzado en que este sacrificio adicional pudiera llenar los vacíos económicos que se interponían en la búsqueda de la felicidad de Ana. Sin embargo, la la la o la o la de las aspiraciones de mi cuñada no conocía límites. A pesar de los sacrificios de Óscar, Ana persistía en su deseo de un estilo de vida más lujoso. La insatisfacción de Ana no sólo se manifestaba en sus exigencias materiales, sino que también la llevaba por un sendero de vanidad y soberbia. Los actos desinteresados de Óscar, lejos de ser apreciados, parecían alimentar un sentido de superioridad Enana. A medida que la insatisfacción crecía, Ana buscaba gratificación en otros lugares. Fue entonces cuando la trama tomó un giro inesperado. Ana, en su búsqueda de satisfacción se involucró en relaciones extramatrimoniales, traicionando la confianza de Óscar. Sus engaños alcanzaron extremos impactantes, llevándola a cometer adulterios en la intimidad del hogar, compartido incluso en la cama Conyugal. Óscar, ajeno a estas transgresiones, continuaba con su arduo trabajo, sin sospechar la traición que se gestaba en la penumbra de su propio hogar. Este oscuro secreto permaneció oculto durante muchos años, revelándose sólo mucho después, cuando la verdad emergió como un doloroso eco del pasado. En retrospectiva, lamento no haber sabido antes lo que ocurría, pues mi intervención podría haber cambiado el curso de los acontecimientos. En un giro de los acontecimientos que nadie esperaba. Uno de los amantes secretos de Ana soltó una revelación intrigante. Este amante compartió la existencia de un tío en la frontera, desempeñando el papel de Coyote. La mención de esta conexión despertó en Ana una idea tentadora enviar a Óscar a los Estados Unidos para que pudiera enviarle dólares mientras ella se entregaba a la libertad de sus propias travesías amorosas. Con Astucia logró persuadir a mi hermano para que cruzara la frontera en busca de esta oportunidad o s óscar para s s preparados para sons desconocido, se aventuró hacia la frontera buscando al coyote relacionado con el misterioso pariente de su esposa. Juntos se adentraron en el vasto y desafiante desierto. Sin embargo, su intento de evadir las miradas indiscretas no pasó desapercibido. Pronto los implacables agentes de migración aparecieron persiguiendo tanto al coyote como a todos aquellos que intentaban atravesar el ardiente desierto en búsqueda de un futuro incierto. En medio de la persecución, mi hermano, consciente de las consecuencias legales que acechaban, se lanzó a una carrera desesperada, ignorando el agotamiento que pesaba en cada paso. La ansiedad se apoderaba de él, pero no se percató de que en su precipitada huida tropezó y golpeó su cabeza contra el suelo árido del desierto, quedando inconsciente en medio de la vastedad implacable. Al recobrar la conciencia, en las primeras luces de la madrugada, Óscar se encontró con una escena de vida que le resultaba ajena. Un hombre desconocido, al lado de una modesta fogata que luchaba contra la oscuridad de la noche, estaba calentando algo de comida. La generosidad del desconocido no se hizo esperar. Le ofreció a mi hermano un sorbo de agua y compartió unas palabras reveladoras diciendo agarraron a todos. Sólo te salvaste, porque los de la migra te vieron tirado y ahí te dejaron. De lo contrario, ya estarías tras las rejas. Mi hermano, Óscar me contó que Mientras él y el hombre cenaban junto a la fogata, intercambiaron historias sobre por qué estaban en medio del desierto. El hombre le reveló a Óscar que estaba intentando llegar al otro lado porque allá vivían algunos de sus parientes. Le explicó que ya habría llegado si no fuera por unos problemas con la migra. Estuvo a punto de ser capturado. La conversación entre ellos se volvía más intensa a medida que compartían sus experiencias y desafíos. El hombre le contaba a Óscar sobre los obstáculos y peligros que enfrentó durante su travesía, mientras mi hermano compartía su propia odisea, motivada por las expectativas insatisfechas de Ana y la traición que desconocía. No obstante, en ese momento crítico en el que el hombre parecía estar a punto de desgranarlos pormenores de su encuentro con la migra. Sorpresivamente, interrumpió la narración con tono cauteloso. Le sugirió a Óscar que era más prudente seguir caminando. Ambos se pusieron de pie, abandonando la fugaz iluminación de la fogata que momentáneamente había dibujado sus rostros cansados en la penumbra del desierto. Fue después de este breve paréntesis, cuando mi hermano, Óscar, con voz serena, compartió conmigo los detalles minuciosos de las arduas situaciones que él y su compañero enfrentaron durante las horas que se deslizaron en medio del implacable desierto. La oscura noche, con su manto opresivo, les planteó retos inesperados, terrenos desiguales que desafiaban cada paso temperaturas extremas que oscilaban entre el sofocante calor diurno y el gélido frío nocturno y la constante amenaza de ser detectados por las patrullas fronterizas que patrullaban la zona. A lo largo de muchas horas, continuaron caminando sorteando los desafíos imprevistos que el terreno y las circunstancias les presentaban. La perseverancia de Óscar y su compañero se enfrentó a la adversidad con determinación, convirtiendo cada obstáculo en una prueba superada. El silencio del desierto fue testigo de su travesía, marcada por la incertidumbre y la resistencia ante lo desconocido. Finalmente, clarides se dio ante un paisaje más prometedor. En la lejanía se dibujaba la silueta recta y firme de una carretera con un paso acelerado y decidido. Óscar y su compañero avanzaban motivados por la certeza de que alcanzar la carretera representaba un paso en ns más cerca de su destino y con suerte de una nueva vida. Cuando finalmente llegaron a la anhelada carretera, un suspiro de alivio y la expresión de satisfacción se dibujaron en los rostros fatigados de ambos hombres se dejaron caer en la orilla del camino, dejando que la espera se mezclara con la esperanza de que algún vehículo los llevara hacia un futuro que hasta ese momento sólo se vislumbraba en sus sueños bajo el sol que ya se encontraba alto en el cielo. El hombre que previamente había interrumpido su relato retomó la anécdota que había dejado suspendida en la madrugada mientras esquivaba a la patrulla de migración. Un suceso impactante marcó la narrativa. Un oficial en un intento por detenerlos abrió fuego y disparó cuatro veces. Los oficiales, al ver que el hombre caía al suelo, dieron por concluida la cacería. No lo siguieron más, pues había caído muerto sobre la arena del desierto. Cada vez que oscar relata esta impactante historia. Subraya la extraordinaria sensación que experimentó al escuchar esas palabras. Mi hermano volteó hacia su costado, pero el hombre ya no estaba ahí. Un fantasma lo había ayudado durante la madrugada, un fantasma lo había guiado a través del desierto. El llanto del desierto. Hace muchos años, en el pasado de mi padre, cuando vivía en un pueblo marcado por la pobreza y la violencia, surgió en su mente la idea de buscar un futuro mejor en los Estados Unidos. La oportunidad se presentó de la mano de dos individuos conocidos como coyotes, quienes ofrecieron la posibilidad de cruzar al otro lado por un precio tentador. La oferta prometía empleo y dinero, una salida aparente de las dificultades que enfrentaba en su lugar de origen. Sin titubear, Mi padre, tomó la decisión de vender sus pertenencias para unirse a un grupo compuesto por otros veinticinco hombres, todos compartiendo el mismo sueño de una vida mejor. Antes de embarcarse en esta travesía nocturna, los coyotes ofrecieron un discurso lleno de advertencias. Hicieron hincapié en la importancia de permanecer unidos como grupo, en el valor del silencio y en los peligros del camino. De manera enigmática, mencionaron otras cosas inexplicables. Que podrían encontrarse en el vasto desierto. Las inquietudes de mi padre respecto a esas otras cosas inexplicables se disiparon rápidamente Con el ocaso del sol. El grupo inició su caminata en medio de la inmensidad del desierto. En total silencio, Decidido y guiado por los coyotes, el grupo avanzaba con determinación en la penumbra del desierto. Mi padre, al final del grupo, se encontraba ahora frente a los dos hombres que no eran mexicanos. Eran como la de Venezuela o algo. El reloj marcaba las tres de la mañana cuando estaban ingresando a una zona del desierto temida por ser peligrosa, donde criaturas extrañas acechaban en las sombras. El miedo se adueñó del grupo, pero nadie se atrevió a desafiar la orden. En susurros confirmaron su acuerdo y continuaron caminando, adentrándose en lo desconocido con la incertidumbre de la noche como única compañía. Quince minutos después, el desgarrador llanto de un niño rompió el silencio, emergiendo desde la dirección que ya habían dejado atrás. El llanto persistía lastimero y desesperado, alimentando la incertidumbre y la inquietud entre los caminantes. A pesar de la compasión que despertaba, los coyotes insistieron en que era una trampa. Mi padre recuerda que las palabras literales de los coyotes fueron el llanto no provenía de un niño real, sino de un ente malévolo o demonio. A pesar de las advertencias de los coyotes, uno de los hombres del grupo se separó unos metros como si estuviera hipnotizado por el llanto desgarrador que resonaba en la oscuridad del desierto los coyotes, con gestos de urgencia, le advirtieron que no se retrasara, insistiendo en que el llanto no era más que una artimaña de algo malévolo. Sin embargo, el hombre parecía estar bajo la influencia de una fuerza inexplicable. Ignorando las advertencias de los coyotes, comenzó a describir con detalle al niño que supuestamente veía a lo lejos es un niño pequeño, descalzo y desaliñado. Sus ojos reflejan una tristeza profunda. Murmuró el hombre mientras los demás se miraban entre sí con nerviosismo. Los coyotes, visiblemente frustrados, instaron al hombre a regresar al grupo, recordándole los peligros del desierto y la importancia de seguir sus instrucciones al pie de la letra. Sin embargo, el hombre parecía incapaz de apartar la mirada de la visión ilusoria que lo había atrapado. De repente, los coyotes, con expresiones de preocupación, obligaron al grupo a seguir avanzando sin el hombre que se había quedado atrás. A pesar de la inquietante situación, el grupo siguió adelante dejando atrás al hombre que se había quedado hipnotizado por el llanto del supuesto niño. Con cada paso que se alejaban, los gritos horrorosos del hombre resonaban en la noche, creando una atmósfera de terror entre los caminantes. Los coyotes, visiblemente asustados, obligaron al grupo a acelerar el paso, advirtiéndoles que la criatura que había atacado al hombre podría perseguirlos. El miedo se apoderó de todos y en un instante, el silencio de la noche fue reemplazado por el sonido frenético de pies, corriendo sobre la arena del desierto. Mi padre, al igual que los demás, corría con desesperación en una mirada fugaz hacia atrás pudo ver una figura oscura similar a una araña. Persiguiéndolos a una velocidad, los coyotes lideraban la carrera guiando al grupo a través de la oscuridad y la incertidumbre del desierto. Las sombras de la noche se cerraban a su alrededor y la criatura, con sus ocho patas, se mantenía persistente en su persecución. La carrera frenética continuó hasta que finalmente los coyotes condujeron al grupo a una zona más abierta del desierto. Con un gesto rápido. Indicaron que se dispersaran y se ocultaran entre las dunas de arena. Todos se lanzaron al suelo jadeando y temblando de miedo. La criatura, al llegar al área abierta, pareció confundirse momentáneamente moviéndose en diferentes direcciones. Antes de desaparecer entre las sombras, los coyotes, con miradas preocupadas, esperaron a asegurarse de que la criatura se hubiera alejado. Después de la intensa persecución y el encuentro con la criatura en forma de arte, el grupo permaneció oculto entre las dunas de arena, jadeando y temblando de miedo. Los coyotes, con expresiones de preocupación revisaron el área con detenimiento. Durante unos angustiosos minutos, se aseguraron de que la criatura se hubiera alejado. Antes de dar la señal de que podían continuar, el grupo se levantó y reanudó la travesía a través del vasto desierto. Los coyotes lideraron nuevamente la marcha, guiando al grupo con precaución y manteniendo un ojo vigilante en los alrededores. El resto del trayecto transcurrió sin incidentes adicionales. A medida que avanzaban las sombras de la noche se disiparon gradualmente ante el amanecer sucesos extraños. En una emocionante expedición de casa en el vasto desierto de Sonora, me aventuré con dos amigos con la esperanza de experimentar la naturaleza en su máxima expresión. Llegamos con entusiasmo, preparados para un campamento de tres días repleto de emociones y descubrimientos. Sin embargo, el inicio de nuestra aventura resultó en un día marcado por la escasez de avistamientos de animales. Aunque encontramos inquietantes restos desgarrados que insinuaban la presencia de un depredador salvaje, posiblemente un puma. El primer día transcurrió sin éxito. En avistar criaturas majestuosas. Al regresar al campamento, la calma se vio repentinamente interrumpida por un amigo que me despertó con urgencia, señalando la inquietante realidad de pasos susurrantes. Fuera de nuestra tienda. Equipados con nuestro fiel rifle, salimos con cautela al oscuro misterio de la noche de Sértica. Al iluminar la penumbra con nuestras linternas, quedamos boquiabiertos al descubrir la figura de un hombre descalzo y sin camisa, su piel angulosa, reflejando la tierra tenacidad del desierto, agachado a unos diez metros de distancia. Al intentar comunicarnos con él, se erguió de manera repentina, revelando una imponente estatura de más de dos metros y extremidades que parecían estirarse hacia la oscuridad. Su rostro que emergía de las sombras era una visión espeluznante poseía grandes ojos negros que parecían contener misterios indecifrables, una nariz puntiaguda que destacaba en la penumbra y una sonrisa macabra que dejaba entrever unos dientes desgastados y deteriorados. En ese momento, la única idea que cruzó mi mente fue la necesidad de retirarnos de manera expedita. Regresamos rápidamente a la seguridad de nuestra tienda y al salir nuevamente, la misteriosa figura se había desvanecido en la negrura de la noche desértica, como si se hubiera fundido con las sombras que abrazaban el paisaje lunar. Armados con nuestro rifle, revisamos los alrededores con cautela alertas a cualquier indicio de que algo estuviera fuera de lo normal. Cada rincón del desierto parecía esconder secretos y sombras. Pasamos casi una hora explorando los alrededores, asegurándonos de que la figura misteriosa se hubiera desvanecido completamente. No encontramos rastro alguno, sólo el silencio inquietante que se apoderaba del desierto en la penumbra de la noche. A pesar de la fatiga acumulada durante el día y la tensión del encuentro, la idea de descansar no era fácil. Nos turnamos para mantener la vigilancia con uno de nosotros despierto, mientras los otros dos intentaban conciliar el sueño. El tiempo transcurría lentamente en la quietud de la noche desértica cada sonido por mínimo que fuera despertaba nuestra atención. Nos manteníamos alerta el rifle siempre a nuestro alcance, listos para cualquier eventualidad. El compañero que estaba de guardia con ojos cansados, pero vigilantes exploraba la vastedad del desierto, iluminado por la tenue luz de la luna. El silencio sólo se rompía por el susurro ocasional del viento y el crujir de la arena bajo nuestros pies. En algún momento de la madrugada, mientras el cielo estaba salpicado de estrellas, el turno de guardia pasó a otro de nosotros. La rotación continuó a lo largo de la noche, cada uno enfrentando la oscuridad y la incertidumbre del desierto. Mientras mi amigo estaba de guardia en la oscura madrugada despertó a los dos que dormíamos con un susurro urgente. El sonido de pasos nuevamente rompía la tranquilidad de la noche. La tensión regresó instantáneamente y los tres permanecimos en silencio escuchando atentamente. Los pasos eran más audibles. Esta vez resonando en la quietud del desierto con el corazón, latiendo con fuerza, prestamos atención y pronto no sólo oímos los pasos, sino también otros sonidos inquietantes alrededor de nuestra tienda de campaña. Era como si algo estuviera olfateando. Los sonidos continuaron durante un tiempo que nos pareció eterno la criatura o lo que sea que fuera parecía jugar con nosotros como si disfrutara, provocando miedo. Finalmente, con el primer destello de luz del amanecer, los sonidos cesaron la criatura o lo que sea que nos acechaba. Se disipó en la penumbra del desierto. Aunque sentimos alivio. La experiencia dejó una huella imborrable en nuestra memoria y la incertidumbre persistió mientras desmantelábamos el campamento y nos alejábamos del desierto de sonora túnicas blancas. Mi tío, con la ambición de trabajar en Estados Unidos, ahorró el dinero necesario y llegó a la frontera. La experiencia se complicó con un guía grosero marcando un tono sombrío la caminata nocturna en el desierto fue difícil. Escucharon risas lejanas, generando inquietud, temiendo cazadores o agentes de la migra. Buscaron refugio bajo matorrales. A pesar de las risas, el coyote les instó a seguir avanzando. Decidieron dar la vuelta para evadir a quienes creían que lo seguían. Siguiendo al coyote. Corrieron sin prestar atención. En su urgencia, llegaron a un círculo de huesos alrededor velas destellaban en la penumbra personas con túnicas blancas. Revelaron un ritual enigmático. Mi tío decidió correr y escapar del círculo. Las personas vestidas de blanco también corrieron refugiándose entre matorrales. Notó que una figura pasó corriendo cerca. La figura se detuvo al escuchar un grito y se elevó en el aire, convirtiéndose en una bola de fuego a unos cinco metros paralizado. Mi mi o o or permaneció en silencio para pasar. Desapercibido. Desconcertado por el evento, escuchó gritos desgarradores en la distancia, aumentando la confusión. A pesar del agotamiento, se quedó profundamente dormido en su escondite durante toda la noche. Cuando despertó en su escondite entre los matorrales, la mañana había llegado y la luz del sol revelaba un paisaje que guardaba secretos oscuros. Se encontró rodeado por la presencia de agentes de la migra. Mi tío se vio obligado a levantarse y caminar hacia la patrulla mientras los agentes conversaban entre sí en inglés. Al llegar al vehículo pudo observar el desolador panorama que rodeaba la zona. Cuerpos yacían dispersos con extrañas heridas. Una escena macabra que sugería el caos que se desató durante la misteriosa noche. Aunque desconocía los detalles, intuyó que lo ocurrido en el círculo de huesos y el encuentro con la figura que se convirtió en una bola de fuego. Estaba esta n n n nudos a aquellos cadáveres en las oficinas de la migra. Mi tío fue interrogado por alguien que hablaba español, pero sus explicaciones cayeron en oídos incrédulos. La narrativa de su encuentro con la bola de fuego y el círculo de huesos. Sonaba como una historia de ficción para los agentes y la incredulidad se reflejaba en sus rostros. A pesar de que insistió en su versión de los eventos, los agentes no le creyeron. Relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras