Robé Una Cruz Del Diablo En Un Cementerio Historias De Terror - REDE

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La Cruz del Diablo. Mi nombre es Mario. En este momento cuento con sesenta años. Me considero una persona normal como cualquier otro, a pesar de que de vez en cuando puedo intuir las cosas antes de que sucedan. También muchas veces los sueños recurrentes que tengo se me vuelven realidad, aunque nadie me cree. Tengo la capacidad de ver sombras y figuras espectrales por donde camino. En ocasiones una voz ajena sale de mi boca, aunque puedo percibirla a los demás. No cuando me sucede eso sà me da miedo. También puedo ver pequeñas figuras entre la obscuridad que yo identifico como duendes. Pero lo que es peor y en ocasiones no me deja dormir, es la voz del diablo. Sé que es él, porque cuando la escucho no sólo tiembla mi cuerpo, también lo hace mi alma. He llegado a pensar que vive dentro de mÃ, porque la otra voz que a veces me sale es la que escucho por las noches. Los pocos estudios que me han hecho demuestran que no tengo daño mental aún asÃ. A veces discuto con esa voz en mi casa. Aseguran que hablo solo. Esto me sucede ahora, pero no siempre fue asÃ. Antes. Era creyente de las cosas de Dios hasta iba a la Iglesia, pero una noche todo cambió radicalmente. Desde siempre, mi familia y yo hemos vivido frente al panteón municipal de mi localidad. Para nosotros, el vivir aquà es algo a lo que estamos acostumbrados. Me atrevo a decir que la paz del Campo Santo no es para nada inquietante, como muchos dicen, brincar la barda del panteón. Cada que se nos iba el balón era cosa de todas las noches que jugábamos al fútbol en la calle, nos turnábamos para entrar y recoger la pelota entre las tumbas, ya sin ningún miedo hasta conocÃamos los nombres de los difuntos que estaban ahà cerca de la barda. En más de una ocasión nos llegamos a meter ya obscuro sólo para pasearnos adentro cuando enterraban a una persona. Nos metÃamos para buscar monedas o cosas olvidadas. En ocasiones agarrábamos cigarros de las tumbas o nos llevábamos las flores para venderlas. Recuerdo que un treinta y uno de octubre, en lugar de jugar en la calle o pedir dulces, nos reunimos para ver una pelÃcula de terror en la video Cassetera. HabÃamos rentado el despertar del diablo, una pelÃcula que en ese tiempo daba mucho miedo. Después de muchos sobresaltos, la terminamos de ver como estábamos algo asustados. Uno de nosotros puso un reto. TenÃamos que entrar al panteón a esas horas de la noche sacar y traer algo. De ahà Todos estuvimos de acuerdo. Luego echamos suertes para ver a quién le tocaba. Primero. Solamente éramos tres. A mà me tocó entrar al último en el frente de mi casa. Pusimos unas sillas y nos sentamos para ver que nadie hiciera trampa. La calle que nos dividÃa del panteón era angosta y sin pavimentar. El primero que entró se iba riendo para demostrar que no tenÃa miedo. Tardó varios minutos en salir. Cuando volvió caminaba tranquilamente. TraÃa unas flores de plástico de diferentes colores. Nos las mostró Mientras nos decÃa que ya habÃa cumplido, nos pidió que tuviéramos cuidado porque, según él, alguien andaba caminando por todo el panteón Al verlos escondió detrás de unos árboles. Cuando pasó cerca de él, se tapó nariz y boca porque despedÃa un terrible olor. Nos aseguró que esa figura, además de ser muy alta, era extraña porque tenÃa cuernos. Obviamente, no le creÃmos. SabÃamos que harÃa todo lo posible por asustarnos y desistiéramos de entrar. Además ni asustado. Se miraba. Por lo mismo, sólo le seguimos la corriente. El siguiente en entrar. De igual manera, tardó un rato. Mi amigo que ya habÃa entrado ahora, si se mostraba nervioso, me insistió que lo que nos habÃa contado era verdad. Pidió a Dios para que mi otro amigo, el que andaba adentro regresara con bien. Minutos después miramos que mi amigo brincaba la cerca. Al volver. TraÃa una veladora en vaso de vidrio con la imagen de la Santa muerte. También comentó que habÃa cumplido mientras ponÃa pulgar arriba. Ãl también contó la misma historia, sólo que aseguró que lo que andaba caminando dentro del panteón era un ser que le brillaban los ojos y tenÃa grandes cuernos. Me pidió que cuando entrara no me dejara ver por él, aunque ya habÃan logrado que me pusiera nervioso. No iba a demostrar miedo. Por eso, a manera de burla me persigné. Di la vuelta y caminé rumbo al panteón. Cuando les di la espalda, dije que no habÃa problema, subà y brinqué la cerca. Cuando estuve dentro, me quedé parado un momento para asegurar que no hubiera nadie por ahÃ. Luego caminé entre las tumbas por unos minutos buscando algo diferente para llevar me. Fui hasta una sección del panteón donde habÃa tumbas muy ar antiguas. Pareciera mentira, pero el ambiente en ese lugar era más frÃo. Después de caminar un rato más me llamó mucho la atención. Una cruz de regular tamaño era diferente a todas las demás, aunque no se podÃa apreciar bien por lo obscuro del lugar. Me decidà por ella era una cruz de metal bastante extraña. Sólo que habÃa un problema. TenÃa que arrancarla de aquella tumba, como nunca habÃa hecho algo asà lo dudé. Un poco luego, sin ningún respeto y sin miedo alguno, lo hice porque nada más estaba encajada en la tierra cuando la saqué sentà algo extraño, como una rara fuerza que me entraba por las manos agarrando un poco de aire. Ignoré todo aquello. Revisé la cruz porque pesaba menos de lo que aparentaba. Por lo mismo, sin problema cargué con ella. Ni siquiera me moricé el lugar de donde la habÃa quitado. Caminé por en medio del panteón con sensaciones extrañas que nunca habÃa tenido un presentimiento. Me hacÃa voltear constantemente porque sentÃa que alguien me venÃa siguiendo, pero cada vez que volteé no miré a nadie. Volteé a verla cerca. Sólo asà me di cuenta que me habÃa metido muy adentro más de lo acostumbrado. Caminaba despacio mientras empezaba a sentir una extraña culpa. Caà en cuenta que le estaba robando algo al panteón o peor aún a uno de los muertos. Yo sabÃa que eso no estaba bien. Por un momento dudé si continuar caminando o no. Estuve a punto de soltar la cruz para salir corriendo de ahÃ, pero me sobrepuse. Trataba de convencerme que sólo era un juego que, por cierto, no querÃa perder. Cuando me faltaban unos cuantos metros para la cerca, algo me hizo voltear hacia atrás. Me sorprendà porque el panteón se veÃa diferente hasta me parecÃa un lugar tenebroso. Los árboles se meneaban como si hiciera mucho viento. Se me figuraba que extrañas sombras caminaban entre las tumbas. Cuando volteaba a verlas se ocultaban. No sabÃa el por qué estaba mirando y sintiendo todo aquello. Miré fijamente a un lugar en especÃfico me di cuenta que dos siluetas aparecieron de la nada. Comenzaron a caminar tambaleantes. Estas venÃan directo a mà aún con los nervios. Lo más rápido que pude. Subà a la cerca. Estando arriba, volté de nuevo sólo para ver una figura espantosa tan horrible como el diablo estaba parada. Mirándome como era noche de Halloween. Supuse que era una persona disfrazada que se habÃa metido al panteón al igual que yo como quiera, no pude evitar sentirme tenso como pude, brinqué la cerca y llegué con mis amigos. Quizá traÃa mal aspecto, porque se sorprendieron al verme. Me preguntaron qué me habÃa pasado. Me aseguraron que me encontraba bastante pálido. Ni siquiera les pude contestar. Me preguntaron si también habÃa visto al diablo, pero movà la cabeza de manera negativa. Cuando por fin reaccioné, les dije que todo era una broma, como pude sonreÃr. No sé si me creyeron. No me atrevà a contarles que si habÃa alguien disfrazado dentro del panteón tratando de asustarnos, además, ya no tenÃa caso. Ya estábamos afuera. Cuando les mostré la cruz que habÃa arrancado que aquella tumba. Estuvimos de acuerdo que era lo bastante extraña para que yo ganara el reto para esas horas. Ya todos estábamos cansados. Uno de mis amigos nos retó a que ahora devolviéramos las cosas que habÃamos sacado. Yo ya no estuve de acuerdo, alegando que era muy tarde y por la mañana tendrÃa cosas que hacer. Pero la verdad era que ya no me atreverÃa a meterme al panteón sabiendo que alguien con una máscara anduviera merodeando tal vez con malas intenciones. Después de la medianoche, mis amigos se fueron a sus casas un poco nervioso por lo que habÃa visto. Recogà las cosas que sacamos del panteón, la veladora y las flores que habÃan traÃdo. Las tiré al bote de la basura, pero la cruz no esa. Me la llevé para mi cuarto. Ni siquiera me di el tiempo de revisarla para que no la vieran mis papás. La escondà debajo de mi cama un rato después me acosté a dormir. Batallé mucho para lograrlo y cuando lo hice me vinieron sueños espantosos en ellos. Me veÃa parado frente a la tumba donde habÃa arrancado aquella cruz. Una voz ronca y seca me decÃa por qué interrumpes el sueño eterno de los muertos. Cuando volteé a ver quién me hablaba, era el mismo ser espantoso que habÃa visto en el panteón desperté porque sentà que movieron. La cama todavÃa estaba muy oscuro. Escuché que ladraban algunos perros con insistencia, pero otros lloraban de una manera lastimera. Me asomé por una de las ventanas, pero no se veÃa a nadie. Intenté dormir de nuevo, pero seguÃa inquieto. Llegó un momento en que me levanté para revisar el cuarto, porque presentÃa que alguien estaba escondido ahà dentro. Con precaución, revisé mi armario. Después, aunque con algo de miedo, me asomé debajo de la cama. Tampoco habÃa nadie, solamente aquella cruz extraña. Cuando me convencà que no habÃa nada, supe que aquella rara sensación venÃa de afuera por alguna razón. SentÃa la necesidad de asomarme por la otra ventana que daba rumbo al panteón. TenÃa que hacerlo. No sé por qué, pero algo me lo impedÃa como un mal presentimiento sobreponiéndome a todo aquello. Luego de unos minutos me venció la curiosidad. Me levanté de la cama de nuevo con la intención de averiguar lo que pasaba. Cuando me asomé, me quedé sin poder moverme aquel diablo horrible. Se habÃa salido del panteón y ahora estaba parado en la acera enfrente a mi casa. No tenÃa duda era el mismo que habÃa visto el mismo de mi pesadilla como pude. Me quité de la ventana para convencerme de que no lo estaba imaginando. Me asomé de nuevo ahà seguÃa parado sin moverse con unos cuernos grados y muy delgado. Nada más de verlo me ponÃa más nervioso. Sugestionado tal vez por la pelÃcula que habÃamos visto, llegué a pensar que todo era mi imaginación o una pesadilla de la cual pronto iba a despertar. Pero pasaban los minutos y nada. Obviamente, eso no iba a suceder, porque estaba despierto. Lo que miraba era la terrible realidad. Me di cuenta que las manos me sudaban. Además, comenzaron a Dolerme prendà una pequeña lámpara que tenÃa para poder checarme. Me sorprendà al verme porque las dos manos estaban arrugadas y todas de escarapeladas. Cuando dejaron de ladrar los perros, me asomé de nuevo rumbo al panteón, aunque ya no estaba a la persona disfrazada de diablo. Me sentÃa tenso y nervioso. Como nunca trataba de calmarme, pero me miraba las manos como las tenÃa. AsÃ, me amaneció con un intenso dolor preocupado por lo que habÃa hecho. No sabÃa cómo contarle a mis papás porque en mi casa siempre nos hablaban del respeto por los muertos y yo nunca lo habÃa tenido. Todo ese dÃa me aguanté sin decir nada. Traté de ocultar las manos lo más que pude. Asà llegó la noche. Algo que se hizo raro fue que le empecé a tener miedo al panteón. No sabÃa por qué, pero el solo hecho de voltear hacia allá me ponÃa nervioso. Eso me decÃa que el diablo que miré la noche anterior podrÃa ser verdadero. Me llenaba de nervios cada vez que volteaba, porque se me figuraba que lo iba a haber parado. Mirando rumbo a mi casa del miedo que me daba. Se me revolvÃa el estómago. Fui presa del insomnio porque apenas me iba a dormir. Me susurraban al oÃdo cosas que no alcanzaba a entender. Por eso hacÃa un esfuerzo por mantenerme despierto el mayor tiempo posible. Pasó un dÃa más cuando se hizo de noche y me acosté decidido a dormir. Pensé que pronto pasarÃa todo aquello de los nervios que tenÃa. Estaba al pendiente de todos los ruidos que se escuchaban a mà alrededor cerraba los ojos, pero pronto lo sabrÃa porque presentÃa que iba a tener fuertes pesadillas. No recuerdo la hora, pero a mitad de la noche me asomé de nuevo por mi ventana. Ahà estaba ese diablo asomando la cabeza. Miraba para mi casa agarrado de la cerca como si se fuera a salir del panteón. No pude más. Me fui a buscar a mis papás para que lo miraran. Les apunté con mi dedo donde estaba ese diablo. Después que se asomaron, voltearon a verme extrañados porque no habÃa nada trataron de convencerme que lo habÃa soñado o imaginado. Me asomé y no habÃa nadie. Son las ramas de los árboles los que se mueven. Me dijo mi mamá después que se retiraron a dormir. Me asomé de nuevo y ahà estaba supe en ese momento que algo macabro me estaba pasando. Lo peor era que estaba solo mis papás No me iban a creer. Cerré esa ventana, acomodé la cortina de manera que no pudiera ver al exterior. Decidà no volverme a asomar escuchar lo que escuchara. Estaba seguro que pronto todo aquello iba a pasar. A principios de noviembre ya estaba fresco el ambiente, pero dentro de mi cuarto el frÃo era muy marcado. TenÃa que ponerme una chamarra para aguantar estar ahÃ. Cerrar la ventana no fue suficiente para liberarme de todo aquello primero por las noches escuchaba murmullos que no eran de nadie, al menos no de mi familia. Además, un fétido olor estaba en el ambiente que, curiosamente se iba cuando amanecÃa una noche miraba una sombra parada a un lado de la ventana adentro de mi cuarto. Cuando le hablé a mi mamá, el sonido de mi voz se escuchó con un eco extraño. Salté de la cama muy sorprendido e intenté de nuevo, pero aquella voz retumbó igual. Corrà con mis papás para que me escucharan. Al hablar me dijeron que no jugara con eso. Ellos me escuchaban normal, les mostré mis manos, pero no tenÃa nada un tanto molesto. Mi papá me quiso reprender por mi comportamiento. Por lo mismo, les tuve que contar lo que habÃamos hecho la noche del halloween. Por suerte, sentà que en algo me creyeron. Estaban seguros que sólo estaba asustado. Por eso me llevaron con una señora para que me curara de espanto de nueva cuenta. Frente a ella. Tuve que contar lo que habÃamos hecho aquella noche en el panteón. Después de barrerme me preguntó qué habÃa hecho con la cruz. Al decirle que estaba debajo de mi cama. No sólo se sorprendió ella también lo hicieron mis papás. Tuve que confesar que la cruz la habÃa arrancado de una tumba antigua y lo que habÃa sentido al hacerlo, además de lo que me pasaba en las manos. Aquella señora me dijo que curarme no serÃa tan fácil. Lo primero que me pidió fue que regresara al dÃa siguiente con la cruz para que ella la revisara y asà saber qué se podÃa hacer. Me dio unas recomendaciones para que no volviera a tocar la cruz y muy preocupados nos fuimos para la casa todo el camino. Mi mi papá o me reprendió con duras palabras. Me dijo una y otra vez que me enseñara a respetar a los muertos con unos guantes del trabajo de mi papá saqué la cruz debajo de mi cama apenas la toqué escuché de nuevo la extraña voz me decÃa cosas horribles que traté de ignorar. Como pude logré ver la cruz con atención. TenÃa inscritos sÃmbolos extraños, asà como raras figuras semejantes a horribles demonios. La envolvà con algunas mantas y la metimos en la cajuela del auto. Luego nos retiramos a dormir, esperando que pronto amaneciera para ir con esa señora. Esa noche no se escuchó nada raro. En mi cuarto. Los perros ladraron mucho y pesadas pisadas se pudieron escuchar en todo el patio. Lo que sÃ. Las pesadillas me atormentaron toda la noche Me miraba corriendo dentro del panteón, mientras ese demonio me perseguÃa emitiendo un lamento aterrador que me hacÃa despertar sobresaltado. Al dÃa siguiente, cuando le mostré la cruz a la señora se s Son, la sorprendió. Aseguró que nunca habÃa visto cosa como esa. Después de checarla de diferentes maneras, nos dijo que sà tenÃa un embrujo, pero no sabÃa de qué clase. Por un espacio de dos horas la estuvo revisando comparando las inscripciones con las de unos viejos libros que ella tenÃa, hasta que por fin terminó tomó la extraña cruz. La pasó por encima de brazas humeantes después la golpeó con unas hierbas mientras rezaba después de purificarla, me mandó ir a dejarla donde pertenecÃa. Después tenÃa que volver con la señora para que me ayudara, porque esa cruz tenÃa un embrujo muy fuerte y al tocarla con las manos se me habÃa pasado. También nos dijo que cabÃan otras dos posibilidades. Una era que la cruz estuviera conteniendo a un demonio que estaba dentro de una persona muerta y al quitarla, éste se habÃa liberado. Si era ese el caso, no habrÃa mucho problema, porque mi acción no lo habÃa afectado. Eso sÃ, ese demonio quedó se harÃa suelto para siempre dentro del panteón. Por otra parte, podrÃa ser que la tumba que profané pertenecÃa a un demonio y él, a toda costa, recuperarÃa lo que era suyo en este caso, la cruz, sin importar las consecuencias. De ser asÃ, tampoco habrÃa tanto problema con devolver lo que querÃa y pedirle perdón al demonio. Se podrÃan solucionar las cosas sin que me atacara por siempre de nueva cuenta me dio muchas recomendaciones. La más importante de ellas fue que no llevara ninguna protección divina, es decir, sin crucifijos, medallas estampas ni nada que tuviera que ver con Dios. También tenÃa que ir solo de preferencia a la misma hora que habÃa arrancado la cruz, pedir permiso al demonio y colocarla en su lugar, luego regresar sin voltear además, no volver jamás. Esa misma noche me metà al panteón para cumplir al pie de la letra lo que me habÃa recomendado a aquella. Señora mis mis mis mientras rno mis padres se quedaron en la calle a esperarme dispuestos a entrar si era necesario, pedà permiso a los muertos para caminar entre ellos. Asà avancé despacio. Iba nervioso, pero decidido a devolverle la cruz a quien le perteneciera. El solo hecho de pensar que se me podÃa aparecer el diablo me hacÃa temblar con dificultad. Encontré la tumba de tierra. Le pedà perdón al dueño del sepulcro por haber interrumpido su descanso. Después de pedir permiso para acercarme coloqué la cruz de metal en su lugar, asà como estaba nuevamente, supliqué su perdón para después retirarme sin voltear. Salà del panteón, esperanzado de que todo habÃa terminado esa noche no dormà en mi cuarto me dijo mi mamá que al dÃa siguiente lo iban a bendecir. Cuando regresé con la señora para que me liberara del mal que tenÃa, me aseguró que tardarÃa un tiempo, pero que me recuperarÃa que no me asustara por las cosas que podrÃa ver o escuchar Desde entonces. Vivo asà mirando sombras, teniendo sueños recurrentes, escuchando voces e imaginando que alguien se asoma por encima de la barda del panteón dejamos de jugar en la calle. No supe si a mis amigos también les pasó algo como a mÃ, porque jamás quisieron hablar de lo que hicimos esa noche y con el tiempo ya no nos frecuentamos. De vez en cuando. Al estar solo escucho una voz que me pide que quite la cruz de la tumba por miedo. Nunca les he dicho a mis papás lo que me sigue pasando. Relato escrito y adaptado por gato negro.








