¿Que Recuerdas De Servicio A La Comunidad De Canal 5? Historias De Terror - REDE

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El secreto de Nessa, ciudad Neza, como le decimos, muchos actualmente tienen los mejores tianguis que existen en el Estado de México. Me atreverÃa a decir que el mejor de todos es el tianguis del salado. Si bien es cierto que no es el lugar más seguro del paÃs. Ahora no es tan peligroso como antes por dar un ejemplo muy sencillo del que todos los habitantes de Nessa se acordarán. Cuando Peña fue gobernador en el Estado de México, dejó entrar a losetas y también a la familia michoacana, y esos criminales controlaban las calles en Neza, cobraban derecho de piso en los tiangues. Los siguientes sucesos que voy a relatar ocurrieron durante la década de los noventas, una década gobernada por salinas y por cedillo. Quienes llevaron al paÃs a la peor inflación en la historia de México. Fue en esa década que experimentamos momentos contrastantes. Por un lado, disfrutamos del espectáculo del eclipse total de sol, que se extendió por casi todo el paÃs durante siete minutos, pero también tuvimos que enfrentar situaciones dolorosas como la trágica muerte del cardenal de Guadalajara, Juan Jesús Posadas o campo. El crimen organizado mostraba sus primeras señales de violencia desmedida al asesinarlo a tiros en un estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara. En ese tiempo, el movimiento zapatista alzó armas en busca de cambios y en una triste repetición de la historia de Kennedy, Tijuana se convirtió en el escenario de la muerte de Colosio. Luego Salina se escapó del paÃs en medio de una gran agitación polÃtica. Estaban ocurriendo tantas cosas que lo que menos le importaba a los medios era cubrir los extraños acontecimientos que se estaban suscitando en Sawalcoyotl, en el Estado de México. La casa donde compartÃa mi vida con mis padres era modesta de un solo piso y pintada en un suave tono azul. Se raste mi hermana, que era un año menor que yo, nunca salÃa de casa porque cuando yo tenÃa nueve años, una niña de su salón la empujó. Mi hermana se golpeó en la cabeza muy fuerte, inclusive le salió sangre de una oreja. Después de ese golpe empezó a tener problemas con la vista de ambos ojos. Luego de un mes perdió la visión en un ojo y ocho meses después quedó completamente ciega. Por esa razón, mi madre, que era una mujer de voz suave, no tenÃa un trabajo fijo, encontró la forma de generar ingresos estando en casa. Lo que ella hacÃa era recibir esporádicamente un artÃculo para una sección especÃfica dentro de una revista. Le pagaban bien, pero le solicitaba en el manuscrito una vez cada cinco o seis semanas, asà que en realidad no era un ingreso con el que estuviéramos contando para los gastos del mes. Por otro lado, mi padre pasaba todos los dÃas trabajando en la central de abastos. Se levantaba y salÃa de casa a las cuatro treinta años de la mañana y no regresaba hasta las siete de la noche después de cenar. Estaba tan agotado que se acostaba temprano sólo para repetir la misma rutina al dÃa siguiente, él tenÃa un descanso cada quince dÃas y ese dÃa de descanso lo utilizaba para ayudar a mi madre a hacer limpieza profunda de toda la casa. En aquel entonces yo habÃa terminado la secundaria y tenÃa pocos meses de haber ingresado a la preparatoria y fue precisamente en la escuela por medio de unos compañeros de clase que yo me enteré que se realizaban algo que se conocÃa como tardeadas. Me explicaron que una tardeada era básicamente una fiesta que se llevaba a cabo en una discoteca y estaba exclusivamente dirigida a estudiantes de secundaria y preparatoria. De hecho, se llamaba tardeada porque esos eventos eran después del horario de clases. Inclusive se podÃa entrar con el uniforme de la escuela. Para ser honesto, desconozco cuándo fue que se empezaron a realizar esos eventos. Si a mà no me hubieran individo, posiblemente jamás me hubiera enterado. Al principio no me pareció una muy buena idea por el hecho de que el evento era dentro de una discoteca, porque hasta donde yo tenÃa entendido, esos lugares eran para adultos, sobre todo por el tipo de ambiente. Sin embargo, el compañero que me invitó me aseguró que las tardeadas eran eventos controlados, que los organizadores rentaban el lugar por varias horas para que en ese lapso de tiempo fuera exclusivo para estudiantes. La seguridad del lugar no dejaba entrar a mayores de edad, solamente estudiantes de secundaria y preparatoria. Finalmente, me convenció de ir siempre fui de buenas calificaciones y, por lo mismo, no ocupaba pedirle permiso a mi madre para nada. Mientras yo llegara a la casa a cenar, no habÃa ningún problema obvio. En la cena yo tenÃa que contarle a mis padres dónde habÃa estado. Además, andar de fiesta tampoco era lo mÃo. Fui a esa primera tardeada más que nada por curiosidad, por tener un tema de conversación en común con el resto de los compañeros. Durante la secundaria, siempre me sentà el bicho raro. Usaba lentes, tenÃa frenos en los dientes y cargaba con algunos kilos demás. Además, destacaba en inteligencia. Esta combinación parecÃa ser la fórmula perfecta para atraer burlas. Asà que, al entrar a la preparatoria, mi objetivo era mezclarme con los demás. No estaba buscando volverme popular. Sólo querÃa evitar, llamar la atención y ser blanco de burlas, y un buen primer paso era ir al evento que todos iban a la tardeada. Ese en particular, comenzó a las cinco de la tarde. MentirÃa sido ella el nombre de la discoteca porque, sinceramente, no me acuerdo. El ambiente era bastante agradable y, en general, se sentÃa como un entorno sano. Digo en general porque durante las tres horas que estuve en la tardeada noté que en ciertas áreas de la discoteca habÃa grupos consumiendo bebidas alcohólicas. Algunos incluso estaban usando sustancias ilegales. Sin embargo, como yo iba solamente a escuchar buena música, no tenÃa nada de qué preocuparme mientras no me acercara a los grupitos que van a otras cosas. En el transcurso de los siguientes seis meses fui a varias tardeadas en las que me tocó ver cosas que eran indicios de que algo no andaba bien. Por ejemplo, me tocó ver que los de la barra a los vasos de refresco que eran para las muchachas les ponÃan alcohol, pero no era todas las bebidas, sino que era para algunas muchachas que en la entrada la persona de seguridad les daba una especie de pulsera de papel que brillaba en la oscuridad. A ellas las embriagaban y luego, cuando iban al baño, se tardaban demasiado tiempo en regresar. Llegué a escuchar que las muchachas de otras escuelas, sobre todo las de secundaria, a las que les daban la pulsera, ya no regresaban a sus casas, que desaparecÃan y cuando sus padres iban a la delegación, no les hacÃan caso. En una de tantas ocasiones, cuando fui a la barra por un vaso de refresco, vi que una señora de unos cincuenta años estaba ahà detrás de la barra hablando con los trabajadores, mientras miraba una mesa donde solamente habÃa muchachas de secundaria. Claro que no escuché lo que estaban hablando porque apenas iba caminando a la barra. Cuando llegué, la señora ya se estaba retirando. Lo único que alcancé fue que el de la barra le dijo claro que sÃ, Doña Beleán. Fue en esa tardÃada que yo entendà que algo estaba pasando. Cuando varios estábamos afuera de la discoteca ya para irnos salieron las muchachas que estaban en aquella mesa que la señora y los de la barra habÃan estado viendo. Ellas parecÃan un poco desorientadas, pero antes de que se fueran, el de seguridad las abordó y les dijo que se subieran al único taxi que estaba estacionado en el lugar, que no se preocuparan por pagar porque ya estaba cubierto al principio como que no querÃan, pero el mismo de seguridad insistió a tal punto que él mismo las acompañó para que se subieran al taxi. Yo vi todo eso de reojo y ocurrió a plena vistas, sin que a nadie le importara lo raro de la situación. Luego de un mes me enteré que esa tal señora Belén era la encargada de organizar todas las tardeadas que se hacÃan en nesa. Lo digo porque una tarde, mientras un grupo de amigos y yo estábamos esperando entrar a una de esas tardeadas, presenciamos una escena curiosa. Cabe aclarar que era una discoteca diferente. No era la misma en la que yo habÃa visto a esa señora. Un hombre de alrededor de cuarenta años se acercó directamente a la entrada de la discoteca. La persona encargada de la seguridad detuvo su avance y le explicó por qué no podÃa ingresar, ya que el evento estaba destinado a estudiantes y que los adultos podÃan entrar más tarde en la noche. El señor de cuarenta años le afirmó ser amigo de la organo de esos eventos. Sin embargo, el guardia de seguridad parecÃa escéptico y le pidió que le proporcionara el nombre de la persona a cargo. El hombre respondió que la organizadora se llamaba Belén y que necesitaban hablar con ella sobre un asunto importante. Ante esta respuesta, finalmente lo dejaron pasar. Como reconocà el nombre. Le comenté a mis amigos que estaba muy raro y les conté lo que habÃa pasado antes cuando una señora de nombre Belén estaba detrás de la barra platicando con los trabajadores y ahora ese señor estaba diciendo que una mujer de nombre belén era la organizadora de los eventos. Todos estuvimos de acuerdo en que tenÃa que tratarse de la misma mujer, porque, de lo contrario serÃa demasiada casualidad. Además, nos resultó extraño que un adulto estuviera detrás de la organización de todas estas tardeadas. Inicialmente habÃamos supuesto que alguna sociedad de alumnos, o son la entidad estudiantil, estaba a cargo de organizar todo, pero aparentemente nuestras conjeturas no eran correctas para ese punto. Ya habÃa formado dos grupos de amigos distintos, uno con quienes me relacionaba en la escuela y otro con quienes compartÃan las tardeadas. La razón detrás de esta división era que casi ninguno de mis amigos que tenÃa en ese momento gustaba de asistir a esos eventos. Asà que por ese motivo tuve que buscar mi amistades dentro de las tardeadas. En una ocasión, los del grupo que Ãbamos a las tardeadas nos reunimos en la casa de uno de ellos porque era su cumpleaños. Fue un sábado. De hecho, todos habÃamos pedido permiso para quedarnos a dormir en la casa del amigo para no andar en la calle durante la madrugada. A eso de las dos de la mañana empezamos a platicar sobre si irÃamos a la tardeada que iba a hacer en quince dÃas. En eso uno de los compañeros nos preguntó si ya no sabÃamos en ur del rumor del camión de los helados. Todos volteamos a verlo confundidos y le dijimos que nos contara ese amigo nos dijo que se estaba diciendo que algunas muchachas de las que les daban pulseras, que brillaban en la oscuridad, estaban apareciendo muertas en traxcala, que era un camión de helados el que iba a tirar los cuerpos. Yo al principio no creÃ, pero entonces otro amigo añadió oh. Ya, pues, puede ser porque por ahà escuché que los comerciales que pasan en el Canal Cinco, pero en las televisiones de Tlaxcala, son diferentes a los comerciales de aquÃ. Ninguno de nosotros entendió que tenÃa que ver una cosa con la otra. Nos explicó que lo que cambiaba eran los comerciales al servicio de la Comunidad que ponÃan retratos hablados de mujeres jóvenes sin nombre y sin apellido. Solamente ponÃan la edad y el lugar en el que habÃan sido vistas por última vez y que a los dos o tres dÃas eso mujeres jóvenes aparecÃan sin vida en ese lugar. Ese amigo sugirió que, a lo mejor, esas mujeres eran las que iban a las tardeadas, que se las robaban, les hacÃan cosas y luego les quitaban la vida. Después avisaban el canal cinco En qué lugar de tlaxcala iban a tirar los cuerpos para que al servicio de la Comunidad pasaran la información y ya iban a dejarlos ahà para que los encontraran. Era una historia bastante turbia y planteaba la existencia de algún grupo u organización que estuviera detrás de todo. Pero estábamos en una época en la que el PRI habÃa conspirado para robar elecciones e imponer a salinas. Después volvieron a conspirar para matar a Colosio, su propio candidato e imponer a Cedillo. Tomando en cuenta eso, era perfectamente posible que existiera un grupo que estuviera organizando eventos para estudiantes de secundaria y preparatoria. Los eventos bien pudieran ser ser una cortina de humo que les sirviera para robar jovencitas, utilizarlas confines que no me quiero ni imaginar y después deshacerse de ellas. Por supuesto que nada de eso se lo contaba a mis padres, porque entonces se asustarÃan y ya no me dejarÃan ir. Además, como las vÃctimas solamente eran mujeres, ni mis amigos ni yo nos preocupamos de que nos pudiera pasar algo. Recuerdo una ocasión en particular, durante la cena, que mis padres me comentaron que habÃan escuchado algunos rumores extraños sobre las tardeadas a las que yo asistÃa y querÃan saber si yo tenÃa algo que decir al respecto. Yo rápidamente respondà que no, y aprovechando a que mis padres les gustaba Café Tacuba les vi el tema inventando que en la tardeada habÃan puesto una canción de esa banda. Fue un comentario muy atinado, porque justo esa semana habÃa sido lanzado el nuevo disco de Café Tacuba, Asà que la conversación dejó de lado las tardes y se centró en ese disco de música. Luego pasamos de hablar de eso para comentar el triunfo del Necaxa en el Campeonato de fútbol. Mi padre siempre fue fanático de ese equipo. Ese detalle no se me olvida porque después de eso, el fútbol mexicano cambió a tener dos torneos por año. Mientras platicábamos y cenábamos, la televisión estaba puesta en el canal cinco, Esta estaba encendida a un bajo volumen. No le estábamos mirando directamente. Más bien estaba encendida porque mis padres habÃan desarrollado una manÃa después de sufrir el terremoto de mil novecientos ochenta y cinco. Mantener la televisión encendida les daba la seguridad de estar al tanto de cualquier noticia importante. AsÃ, si algo significativo o serio ocurrÃa, sin importar en qué canal estuviera sintonizada la televisión, se interrumpirÃa la programación para transmitir la noticia. En ese momento estaban pasando a los Power Rangers, que comenzaba a las ocho de la noche y terminaba a las ocho treinta. Después de que terminaba, empezaba una caricatura de dinosaurios que no recuerdo cómo se llama, pero terminaba a las nueve de la noche. Hubo una pausa de comerciales y en ese instante se transmitió la sección del al servicio de la Comunidad, cuya función era dar cobertura y difusión a la desaparición de personas. Esos anuncios siempre ocasionaban que me sintiera incómodo porque justo al empezar se podÃa escuchar una especie como de murmullo distorsionado o estática en el fondo. Además, las fotografÃas que mostraban de las personas desaparecidas solÃan estar borrosas y poco claras. Pero lo que realmente me inquietaba era cuando, en lugar de fotografÃas incluÃan retratos hablados, es decir, dibujos. Estos retratos hablados, por lo general, me parecÃan inquietantes y siempre me generaban una sensación desagradable. Era precisamente por la mala sensación que me dejaba que solÃa ignorar esos comerciales. Sin embargo, de reojo alcancé a notar que pusieron un retrato hablado de alguien a quien yo conocÃa rápidamente voltea para ver mejor y aunque su rostro no era exactamente igual, era demasiado parecido. Además, la edad y el nombre que dieron coincidÃa con el de mi compañero. Sin embargo, el apellido no asà que aquello quedó como algo curioso. De hecho, al dÃa siguiente en la escuela no pude evitar comentar lo sucedido. Resultó que otros compañeros del salón también habÃan visto ese retrato hablado en el canal cinco y le hicimos un poco de burla a él. Por parecerse a la persona que estaba extraviada nada muy pesado, solamente bromas de adolescentes. Si mal, no recuerdo aquello ocurrió en un martes o miércoles, pero lo que sà está claro es que el dÃa lunes de la semana siguiente, mi compañero no asistió a clases y, lamentablemente, los dÃas que siguieron tampoco llegó a clases. La poca información de la que nos enteramos fue que los padres del compañero habÃan informado a la escuela que su hijo se habÃa extraviado. Fue un momento triste y desconcertante. Aunque no éramos amigos cercanos, el compañero en cuestión no me caÃa mal. De hecho, habÃamos colaborado en varias actividades y nos habÃamos prestado ayuda en algunas tareas. Era un muchacho que parecÃa buena gente y un dÃa simplemente desapareció sin dejar rastro. Yo no pude evitar pensar que fue muy extraño que en aquel fragmento en el canal cinco al servicio de la Comunidad, hubieran puesto un retrato hablado casi idéntico a él, con diferente apellido, pero con su mismo nombre y que menos de una semana después él desapareciera. Además, ya traÃa en la cabeza la historia de que esa sección del Canal Cinco estaba relacionada con la muerte de muchachas que iban a las tardeadas. Claro que la desaparición del compañero no encajaba en esa historia, porque él era hombre y según lo que se contaba en aquella historia era que las vÃctimas solamente eran mujeres. No habÃan pasado ni siquiera dos meses desde la desaparición del compañero. Cuando otra cosa sucedió. Un sábado, yo me habÃa quedado despierto en la sala porque estaba viendo la pelÃcula que pasaban en el Canal Cinco a la medianoche, en la sección Ãxitos de Hollywood. La pelÃcula en cuestión era la de los cazafantasmas. Hubo un comercial me levanté y fui a la cocina para servirme un poco de jugo. Al regresar al sillón, me topé con que estaban transmitiendo un fragmento del al servicio de la comunidad. Entre la gente que anunciaron mostraron un retrato hablado de una niña de once años, cuyos rasgos faciales y nombre encajaban sorprendentemente con los de la hija de una vecina. Pasaron tres noches. La cuarta noche mientras me encontraba en mi cuarto durmiendo un sonido peculiar, me despertó era la tÃpica melodÃa que tocaban los camiones de helados y nieves que vendÃan en las calles. Sin embargo, el sonido estaba distorsionado, acompañado por un ruido metálico de fondo y un zumbido extraño que daba la impresión que la bocina del camión tenÃa algunas fallas. Resultaba completamente ilógico que un camión de helados estuviera circulando en plena madrugada, mucho menos en una colonia como la de Nessa, ya que no es precisamente el lugar más seguro para transitar a esas horas. Intrigado por esta situación poco común, me dirigà a la sala y me asomé por la ventana esperando poder ver el camión de helados que habÃa escuchado, aunque tuve que estar esperando por unos cinco minutos. Finalmente, el camión pasó por la calle justo frente a mi casa. Sin embargo, este vehÃculo no era precisamente idéntico al de los helados. Se asemejaba más a uno de esos camiones que distribuÃan productos del pan bimbo y las abritas. Lo que más me llamó la atención. Además de la melodÃa tan disonante, fueron las letras que tenÃa pintadas en el costado que decÃa la michoacana y también el dibujo de una muñeca bastante parecida al de la empresa. Aunque era fácil darse cuenta de que no era el mismo diseño. En teorÃa que un camión con música de helados tuviera ese nombre y ese logo no deberÃa haber sido extraño, ya que la michoacana es una marca en México de heladerÃa. Sin embargo, el diseño de la muñeca no era lo único que no coincidÃa con el original, sino que el texto tenÃa otro tipo de letra, Además de que tanto el dibujo de la muñeca como las letras tenÃan colores que nada tenÃan que ver con los originales, pude haberme ido a dormir sin más solo que al ver ese camión no pude evitar acordarme de la historia que decÃa que un camión de la michoacana andaba tirando cuerpos en Tlaxcala, que estaba a menos de dos horas de neza. El primer pensamiento que tuve fue que tal vez ese camión apenas estaba yendo a Tlaxcala, que por algún motivo, tal vez para evitar la policÃa, tuvo que desviarse de su ruta y que por eso estaba pasando por la calle donde yo vivÃa. Me quedé mirando por la ventana hasta que dejé de escuchar su melodÃa. Al dÃa siguiente nos enteramos de la desaparición de la niña de nuestra vecina. Eso y lo que le habÃa pasado a mi compañero de clases se lo platiqué a mis amigos de las tardeadas. Todos estuvieron de acuerdo en que era muy raro. Inclusive comentaron que de seguro estaba relacionado con las muchachas que aparecÃan en Tlaxcala, Porque en el caso de mi compañero, que llegó a ir a más de dos tardeadas. El canal cinco esta estaba dado relacionado con su desaparición y con la hija de la vecina era igual, pero también el camión de los helados. Empezamos a preocuparnos, inclusive varios consideramos la posibilidad de dejar de ir a las tardeadas, pero uno nos convenció de que tenÃamos que seguir yendo de vez en cuando para estar al pendiente. DecÃa algo pasaba, porque todos nosotros tenÃamos conocidos e inclusive primos que iban a las tardeadas. Iba a ser casi imposible convencer a los demás que dejaran de ir. Entonces, si nosotros, que ya creÃamos saber lo que estaba pasando, nos mantenÃamos al pendiente, quizás podrÃamos evitar que algo le pasara algún conocido de nosotros. Asà que continuamos yendo. Pasaron nueve meses, un dÃa durante el receso. Yo estaba caminando cerca de las canchas en la preparatoria cuando escuché una conversación en la que alguien mencionó que la semana anterior, en las primeras horas de la madrugada, ha habÃa es dos del sonido de un camión de helados en su colonia que, a pesar de que no llegó a ver el camión, el sonido de la música lo habÃa despertado. Yo, sin pensarlo me acerqué. Interrumpà la conversación y le pregunté si alguien habÃa desaparecido en su colonia. Ãl volteó a verme muy confundido y me respondió con otra pregunta y tú cómo sabes eso. Tragué saliva y le respondà que lo mismo habÃa pasado en mi colonia. Hubo un silencio incómodo en ese momento. La novia del otro muchacho se acercó y se dio cuenta que estábamos muy pensativos preguntó quién era yo y por qué los tres estábamos tan callados. Su novio le mencionó el tema del camión de helados. Ella hizo un gesto raro y luego nos dijo que un amigo suyo le habÃa hablado de lo mismo. Meses atrás. Añadió que este amigo le habÃa dicho que tenÃa una grabación del sonido del camión, ya que habÃan estado teniendo una fiesta en su patio cuando el camión pasó, aunque el camión no aparecÃa en la grabación, el sonido de la melodÃa del camión. Si se alcanzaba a escuchar el muchacho le preguntó a su novia si ella habÃa visto esa grabación, pero respondió que no, porque en su momento no le pareció algo que pudiera interesarle. Entonces, aprovechando los pocos minutos que quedaban del receso, la novia del muchacho nos llevó con su amigo y le pedimos que nos dejara ver esa grabación. Acordamos ir todos a su casa después de clases. Voy a dar los nombres de todos para no caer en confusiones. El que habÃa escuchado el camión de helados en su colonia se llamaba Isaac, El que tenÃa la novia se llamaba Iván. La novia de Iván se llamaba Sol y el amigo de Sol se llamaba Félix. Ya estando los cinco en la casa de Félix, puso la cinta VHS en la videocassetera y, efectivamente, mientras se ve que se están preparando para partir el pastel antes de cantar las mañanitas, se escucha la misma música que yo habÃa escuchado en la madrugada antes de que desapareciera. La hija de la vecina Isaac también confirmó que esa era la melodÃa que él habÃa escuchado. Desde ese dÃa nosotros cinco nos empezamos a juntar detrás de la cooperativa y aunque hablábamos de muchas cosas diferentes, por lo menos una vez cada semana, nuestro tema de conversación era el camión de helados. Como un mes después, mientras iba en camino hacia la preparatoria, justo alrededor de las seis de la mañana, algo curioso sucedió de repente. Asà de la nada, la extraña melodÃa del camión de helados empezó a sonar dentro de mi cabeza, pero no ocurrió solo en ese momento. Esa melodÃa regresó a mi mente en otras diez ocasiones a lo largo del dÃa. SucedÃa en momentos en los que mi mente no estaba ocupada en pensamientos ni estaba inmersa en ninguna actividad particular. Era como si la melodÃa estuviera esperando el momento oportuno para sonar en mi cabeza. La situación se volvió aún más inquietante cuatro dÃas después, cuando, durante una tarde tranquila en casa, mientras yo estaba mirando el canal cinco en la televisión, durante los comerciales, en un fragmento de al servicio de la Comunidad, la melodÃa resonó nuevamente en mi cabeza. Era como si mi cerebro me estuviera gritando con fuerza que debÃa estar alerta porque algo iba a suceder si de por sà yo odiaba esos comerciales más después del incidente del compañero del salón y de la hija de la vecina, pues cuando me pasó que recordé la melodÃa del camión de los helados, mientras pasaban eso en la tele sentà un miedo terrible. Un domingo al mediodÃa, mientras todos en la familia estábamos haciendo limpieza profunda en la casa pasó un camión vendiendo helados, ni siquiera en un camión de la michoacana. Era un camión de color amarillo. La música que llevaba tenÃa la tonada tÃpica de la canción de los helados, pero como el estilo de rock and roll de los sesentas, yo sentà un escalofrÃo y me quedé paralizado por un momento. Mi padre se dio cuenta y me preguntó si estaba bien, si querÃa un helado. Yo reaccioné y le respondà que no querÃa uno. La semana siguiente, en la escuela, Isaac llegó al lugar donde nos juntábamos con alguien de un semestre más arriba, se llamaba Gabriel. Isac lo llevó con nosotros porque Gabriel habÃa escuchado esa misma melodÃa de helados durante la madrugada. Le comentamos que lo más probable era que alguien fuera a desaparecer en los próximos dÃas le recomendamos que se quedara despierto todo lo que pudiera para que estuviera al pendiente de que la vÃctima no fuera alguien de su familia. Hasta ese momento, yo no le habÃa comentado a mis amigos de la preparatoria sobre lo que estaba ocurriendo en las tardeadas. Ya con el nuevo con Gabriel éramos seis entre nosotros, seis poco a poco, cada que nos juntábamos detrás de la cooperativa. Comenzamos a idear teorÃas para tratar de comprender lo que estaba sucediendo en Nessa, pero, por más que le dábamos vueltas al asunto, no lográbamos entender cómo exactamente ese camión de helados podÃa estar detrás de las desapariciones. Entendà que necesitaba contarles que lo que estaba sucediendo era mucho más grande de lo que ellos pensaban como ninguno de ellos era de mi salón. Les conté lo que habÃa pasado con mi compañero varios meses atrás que habÃa desaparecido luego de que en el Canal Cinco pasaran su retrato. Ellos no entendÃan qué tenÃa que ver eso con el camión de los Helados. Entonces les dije que antes de que yo escuchara el camión habÃa visto que en el Canal Cinco habÃan puesto un retrato hablado de la niña que desapareció en mi colonia. Luego les dije que se estaba diciendo que el camión de los helados estaba tirando cadáveres en Traxcala, que habÃan puesto retratos hablados de esas muchachas como desaparecidas en el Canal Cinco, pero únicamente en las televisiones de Tlaxcala, que esos retratos hablados habÃan sido emitidos después de que las muchachas asistieran a alguna discoteca en la que hubo una tardeada, eventos a los cuales también mi compañero desaparecido habÃa asistido en varias ocasiones. Por lo tanto, todo estaba conectado, el camión de los helados, los comerciales, del servicio de la comunidad y las tardeadas. Todo eso, de alguna manera estaba vinculado a las desapariciones de menores que estaban ocurriendo en Nessa. Los dejé pensando. Guardé silencio por un momento en lo que trataban de asimilar lo que les acababa de decir. Todos me hicieron preguntas y traté de responder con la poca información que tenÃa. Cuando ya no hubo más preguntas. Aproveché para comentarles que varios dÃas después de haber visto la grabación VHS en la casa de Félix, yo habÃa empezado a recordar la incómoda melodÃa de manera involuntaria. En varias ocasiones les dije que eso me causaba repentinos olores de cabeza, que me duraban horas y no se iban con aspirinas. Pero eso no era todo, sino que unos tres dÃas antes habÃa comenzado a tener pesadillas. No eran extremadamente intensas, pero no dejaban de ser pesadillas. Resultó que de los seis, el único que no estaba experimentando lo mismo era Gabriel. Por eso estuvimos de acuerdo en que los sÃntomas que estábamos presentando habÃa sido ocasionado por escuchar la melodÃa del camión de los helados en la cinta VHS. Yo comenté que, como tal no tenÃa que ser necesariamente culpa del VHS. Tal vez los sÃntomas se debÃan a que habÃamos escuchado dos veces esa melodÃa, pero entonces sol dijo que esa idea estaba descartada porque ella nada más habÃa escuchado una vez la melodÃa. Isaac comentó que no tenÃa sentido que escuchar una melodÃa de una grabación de video nos estuviera ocasionando los sÃntomas. En eso iban Dijo amigo, nada de lo que está pasando tiene sentido. Gabriel nos pidió que lo dejáramos ver la grabación. Dijo que querÃa hacerlo para comprobar los sÃntomas. Si a él no le pasaba nada, entonces podÃamos descartar esa teorÃa. A todos nos pareció buena idea. Saliendo de la escuela, nos fuimos todos a la casa de Félix y los seis vimos la grabación. Nunca nos cruzó por la mente la posibilidad de que nuestros sÃntomas pudieran empeorar si volvÃamos a escuchar la melodÃa y, por desgracia, asà fue a las dos semanas en el receso. Estando detrás de la cooperativa, Gabriel nos dijo que ya tenÃa los mismos sÃntomas que nosotros. En eso yo les dije que tenÃa tenÃa un nuevo sÃntoma. Apenas iba a decir cuál era. Cuando Félix dijo déjame adivinar te sale sangre de la nariz. El volver a ver esa grabación nos ocasionó que una vez al dÃa nos saliera un poco de sangre por la nariz. Ya estábamos preocupados. Isaac dijo que si de todos modos ya estábamos en problemas, por lo menos yo debÃa llevarlos a una de esas tardeadas. Yo le pregunté para qué querÃa ir. Ãl me respondió que necesitábamos relajarnos antes de que la situación empezara a superarnos. Los demás estuvieron de acuerdo. Asà que esa tarde, estando en mi casa, le llamé a uno de mi grupo de amigos de las tardeadas para preguntar cuándo serÃa la siguiente. Me dijo que ese mismo fin de semana me dio el nombre de la discoteca. Le comenté que querÃa llevar a cinco amigos de la escuela y dijo que estaba bien que ahà nos veÃa a todos. El fin de semana, mientras hacÃamos fila parente, entra a la discoteca. Pedro, con el que mejor me llevaba del grupo de amigos de las tardeadas, nos comentó que al terminar el evento, no nos fuéramos a ir que a tal hora su papá iba a pasar por él que todos cabÃamos en la camioneta y que su papá podÃa llevarnos a todos a nuestra casa. Nos pareció una buena idea. Luego de un rato, los amigos con los que Pedro y yo siempre nos juntábamos se acercaron con nosotros para decirnos que se iban a ir con muchachas. Le recordamos lo que sabÃamos que estaba pasando, pero ellos nos dijeron que las muchachas eran de su misma escuela, que todo estaba en orden, que no nos preocupáramos. Nos despedimos y se fueron llegando la hora que casi se acababa la tardeada. Mis cinco amigos de la escuela, mi amigo Pedro y yo salimos juntos de la discoteca. Su papá ya estaba afuera. Subimos a la camioneta. Se veÃa que el señor tenÃa dinero. Supongo que también por eso no le generaba molestia llevarnos a todos a nuestras casas, además del hecho de que Pedro era hijo único. Entonces a su papá le gustaba que él tuviera muchas amistades. TenÃa poco que el papá de Pedro habÃa arrancado. Cuando mirando el retrovisor se enfocó en nosotros y nos preguntó si tenÃamos conocimiento de los sucesos que estaban ocurriendo. No supimos qué contestarle. Entonces nos dijo que en los últimos tres meses habÃan desaparecido siete jóvenes que asistÃan a las tardeadas. Pedro no reaccionó, asà que supuse que él ya sabÃa, pero a todos los demás eso que nos dijo el señor nos tomó por sorpresa, no por el hecho en sÃ, porque nosotros ya sabÃamos que algo raro estaba pasando, sino por el hecho de que el señor, sabiendo eso aún asÃ, dejaba que su hijo acudiera a los eventos. El señor añadió es obvio que algo está pasando, pero pues apena, Pedro no le puede pasar nada. Soy compadre de un comandante que trabajé en el Estado mayor presidencial. Yo, con un poco de pena, le pregunté al señor qué tenÃa que ver eso con que a mi amigo no le pudiera pasar nada. El señor me contestó. Ustedes están chavos, no entienden estas cosas, pero de todos modos se los voy a decir. Algo como lo que está pasando no puede suceder sin autorización de alguien del Gobierno. Ellos son los que dan luz verde con la condición de que nunca se metan con las familias cercanas. Por eso, a mi hijo no le puede pasar nada. Lo último que nos dijo el señor fue que nos recomendaba ya no salir a las tardeadas en las discotecas, que si querÃamos podÃamos juntarnos en su casa, que él casino estaba en ella, pero que su esposa nos podÃa recibir cualquier dÃa de la semana que todos los amigos de su hijo eran bienvenidos. Le dimos las gracias al señor y le dijimos que sà que a la próxima mejor nos juntarÃamos en su casa. Luego, Pedro puso música y ya nos seguimos conversando. El señor tardó menos de una hora en dejarnos a cada quien en nuestra casa. Esa noche, antes de dormir, le llamé a Pedro para preguntarle por qué no me habÃa dicho que su papá estaba enterado de lo sucedido. Pedro me respondió que no me dijo porque no creyó que su papá supiera algo relevante. Le recordé que su papá dijo que era compadre de un comandante que trabajaba en un alto rango del Gobierno. Mi amigo no entendÃa qué tenÃa eso de relevante. Entonces le dije tienes que encontrar la manera de hablar con ese comandante y encontrar una forma ingeniosa y discreta de sacarle información. Mi amigo se rió un poco y alegó que ni siquiera a él conocÃa a ese comandante. Entonces le dije que tenÃa que encontrar la manera. Le encargué que acompañara a su padre. En la primera oportunidad que tuviera, le recalqué que que necesitábamos saber qué era lo que estaba pasando El dÃa lunes, durante el receso, yo les estaba comentando a mis amigos que Pedro se las iba a ingeniar para tratar de conseguir información. En eso llegaron dos muchachas de primer semestre. Ahà donde estábamos nosotros detrás de la cooperativa. Ellas se llamaban Melisa y nadie nos dijeron que ya en más de una ocasión accidentalmente nos habÃan escuchado hablar de un camión de helados qué pasaba en la madrugada. El motivo por el cual se acercaron fue para decirnos que ellas también lo habÃan escuchado en dos ocasiones. Ambas vivÃan en la misma colonia, pero en diferente cuadra. Eso habÃa ocurrido cuando las dos estaban en tercero de secundaria, de lo cual ya habÃan pasado meses. También nos dijeron que en las dos ocasiones que escucharon el camión sucedieron desapariciones de todo lo que nos dijeron. El detalle que más me llamó la atención fue el que habÃan escuchado aquella melodÃa en dos ocasiones, pero no comentaron que hubieran tenido algún sÃntoma como los que tenÃamos nosotros. Eso me hizo suponer que el sonido en sà mismo no hacÃa daño, sino que el problema era escuchar esa melodÃa en una grabación. Las aceptamos en nuestro grupo y a partir de ese dÃa se empezaron a juntar con nosotros. Una semana después le comenté a Félix que yo querÃa que las nuevas vieran la cinta VHS. Ãl me preguntó por qué. Yo le expliqué que necesitaba comprobar qué causaba los sÃntomas. Ãl no estuvo de acuerdo. Me dijo que ya sabÃamos que era debido a la cinta. Yo insistÃ. Ãl, sin entender mi terquedad, me dijo que Iban y Sol no habÃan escuchado la melodÃa de forma directa, que la primera vez que la escucharon fue en la grabación y que, de todos modos, tuvieron los mismos sÃntomas que nosotros en en en en. Entonces les le pregunté si él, que era muy amigo de Sol, le habÃa dicho sus sÃntomas antes de que ella le dijera que los tenÃa. Me respondió que sÃ. Le expliqué qué ser. A mi punto, yo creÃa que Sol habÃa empezado a presentar los sÃntomas porque se sugestionó. Luego de que él le dijo que le pasaba. Entonces Sol ya con sÃntomas le dice a Iván porque es un novio y él también se sugestiona. Félix se me quedó viendo. También le dije que la grabación se la pondrÃamos a Pedro. Ãl no habÃa escuchado al camión de los helados. Si luego de ver el video, ellas presentaban sÃntomas, pero Pedro no, Entonces ya hablarÃamos con Sol y con Iván lo convencÃ. Por último, le pedà que lo que Ãbamos a hacer lo mantuviéramos en secreto hasta ver qué pasaba con las dos nuevas. A la hora de la salida, Félix y yo fuimos con Melisa y nadie Les dijimos que Félix tenÃa una cinta vh con la que se podÃa escuchar de fondo el sonido del camión y querÃamos que ellas escucharan la grabación para corroborar que se trataba del mismo sonido. Aceptaron los cuatro fuimos a casa de Félix, tomamos la grabación y ahà nos fuimos a casa de Pedro. Ãl tenÃa el aparato para reproducir la cinta. Ni Pedro ni las muchachas sabÃa nada de nuestros sÃntomas, asà que no podÃan sugestionarse. Pasaron dos semanas eran como las nueve de la mañana. Yo habÃa pedido permiso para ir al baño que quedaba cerca del salón donde estaban Melisa y Nadia. Cuando ya salà del baño para regresar a mi salón afuera, ellas me estaban esperando. Las monte preocupadas me dijeron que les estaban pasando cosas. Lo que me describieron fueron los mismos sÃntomas de nosotros, menos el sangrado de Nariz les dije que no se preocupara que a la hora del receso hablarÃamos de él. Eso más tarde, ya estando detrás de la cooperativa, les dije a los demás que Melisi y Nadie ya tenÃan los sÃntomas. Ellos estaban confundidos. Félix les dijo que les habÃamos puesto la cinta. Todos se comenzaron a molestar. Les pedà que se tranquilizaran, que Félix y yo tenÃamos todo bajo control, que saliendo de clases, irÃamos a casa de Pedro y ahà entenderÃan todo. Estando en casa de Pedro, que también habÃa visto a la cinta el mismo dÃa que Melisa y Nadie. Le pregunté delante de todos si él estaba teniendo algún malestar o si le habÃa pasado cualquier cosa rara. Después de haber visto la grabación, respondió que no. Con eso pude confirmar que para sufrir los sÃntomas habÃa que escuchar primero de forma directa a la música del camión de los helados y después escucharla en grabación. Les expliqué a todos por qué habÃamos hecho eso, y también les expliqué a Sol y a Iván que ellos, los dos no tenÃan nada, que simplemente se habÃan sugestionado al principio. Se negaron a aceptar lo que les estaba diciendo. Pero mi amigo Pedro me respaldó. Les dijo que era cierto, porque él también habÃa escuchado esa melodÃa por primera vez en la grabación y no tenÃa ningún sÃntoma. Un lunes, durante la ceremonia de honores a la bandera en la preparatoria. El director emitió un comunicado algo particular. Informó que en la próxima semana se llevarÃa a cabo una visita por parte de personal del sector salud. Sin embargo, no especificó la fecha exacta. Simplemente advirtió que cualquier alumno que no estuviera presente en la escuela durante ese dÃa enfrentarÃa repercursiones en sus calificaciones. Lo raro no fue el anuncio de la visita del personal del sector salud. Lo raro fue la advertencia que hizo el director. Nunca antes habÃa dicho una cosa asÃ. Esa visita debÃa ser muy importar por alguna razón que sólo él sabÃa. El martes no pasó nada interesante, pero la madrugada del miércoles, para amanecer jueves, me despertó la melodÃa del camión de los helados. Lo primero que pensé fue que era mi mente, porque ella era normal escuchar ese sonido. Asà de la nada. Sin embargo, a medida que los segundos pasaban, me di cuenta de que el sonido no estaba confinado a mi cabeza, sino que venÃa del exterior. El camión habÃa regresado. Fui a la sala y movà muy levemente la cortina para mirar a través de la ventana. Cabe aclarar que yo tenÃa las luces de la casa apagadas para que no se dieran cuenta que me estaba asomando. Nuestra casa estaba situada a la mitad de la cuadra, lo que me permitÃa vislumbrar casi hasta dos esquinas. La melodÃa inquietante se hizo cada vez más fuerte y su dirección indicaba que el camión estaba acercándose muy despacio. Sa sabÃa u que qué pasarÃa justo frente a mi casa, lo cual me llenó de un nerviosismo indescriptible. Aunque el camión mantenÃa todas sus luces apagadas. La escasa iluminación de las calles me permitió divisarlo acercándose desde unas tres casas de distancia. A pesar de la penumbra su contorno blanco, similar al de un camión de la marca Bimbo, era inconfundible. La bocina en la parte superior y el distintivo escrito la michoacana, junto con el dibujo de la muñeca en el costado, confirmaban que era el mismo camión exacto que habÃa presenciado varios meses atrás. El vehÃculo avanzaba un ritmo anormalmente lento, casi a la velocidad que tiene un peatón cuando camina a la tienda, cuando camina a la tienda de la esquina, A medida que el camión se acercaba estando a una casa de distancia, una oleada de miedo me envolvió sin pensar los dos veces me dejé caer al suelo en un intento desesperar de ocultarme cerré los ojos y apreté los dientes tratando de controlar mi respiración mientras esperaba que el camión pasara. Sin embargo, pasaron veinte segundos y la melodÃa seguÃa. Decidà levantarme con cautela. Cuando me asomé nuevamente por la ventana, me di cuenta de que el camión de los helados se encontraba estacionado justo enfrente. Sólo estaba ahà detenido. La perspectiva desde la que observaba el camión me proporcionaba una vista directa del lado del conductor. Entonces noté que dos personas, desconozco si eran hombres o mujeres, descendieron del vehÃculo por el lado del pasajero. Sé que eran dos porque pude observar sus pies cuando tocaron el suelo. Las dos personas llevaban puestas botas blancas similares a las que suelen usar los empleados de las carnicerÃas. La melodÃa del camión continuaba sonando, poniéndome cada vez más nervioso. Pasaron como cinco minutos luego, las dos personas subieron al camión y se fueron. Lo que me pareció raro fue que ya el camión no me estaba tapando la vista de la casa de enfrente alcancé a ver que el vecino estaba apenas cerrando su puerta, o sea, que él habÃa estado platicando con las personas de ese camión. Yo hubiera afirmado que el vecino de enfrente estaba involucrado, de no ser porque tres dÃas después desapareció su hijo menor. Ãl apenas tenÃa nueve años. Llegó la semana siguiente, tal como habÃa dicho el director de la preparatoria, el personal del sector salud hizo su aparición en la escuela y fueron a dar un mensaje en varios salones. Mi salón no fue uno de los seleccionados para su visita. No entiendo por qué no fueron a todos los salones. El motivo de su visita no tenÃa nada que ver con algo de vacunación, lo que me enteré por lo que dijeron los de los demás salones. Las personas del sector salud pasaron a informar o que si alguien estaba experimentando dolores de cabeza, pesadillas recurrentes y sangrado nasal, era fundamental que buscaran atención médica lo más pronto que fuera posible, argumentando que un nuevo virus estaba circulando, causando precisamente esos tres sÃntomas que si tenÃamos uno o dos, no tenÃamos nada. De qué preocuparnos. Cuando mis amigos y yo nos enteramos de este anuncio, lo encontramos sumamente extraño. Si realmente existiera un nuevo virus, se habÃa convertido en noticia o al menos habrÃa sido mencionado en algún periódico. Sin embargo, ninguna fuente confiable habÃa hecho mención de esa supuesta nueva enfermedad. Comprendo que pueda parecer que estábamos perdiendo la cabeza, pero la coincidencia era demasiado evidente. La noticia se extendió de boca en boca y nos enteramos de que de toda la población estudiantil de la preparatoria, al menos cinco estudiantes habÃan acudido a hacerse un chequeo médico. Como primera medida. Recibieron un justificante médico que les permitió ausentarse de clases durante un perÃodo de dos semanas. Durante ese intervalo se sometieron a un análisis clÃnico. No obstante, las cosas tomaron un giro oscuro e inexplicable. Después de estos estudios, todos los afectados fueron ingresados en el hospital y a partir de entonces nunca más se les volvió a ver en la escuela. No deseo caer en teorÃas conspirativas, pero la realidad era que ninguno de nosotros, los que optábamos por no acudir al médico, sufrió ningún tipo de consecuencia grave. Los episodios de sangrado nasal que experimentamos fueron leves y con el pasar de los meses se desvanecieron por completo, al igual que las pesadillas y los dolores de cabeza. Por ese mismo motivo, la pregunta era porque aquellos cinco alumnos que, si buscaron atención médica, no sobrevivieron, a pesar de supuestamente es sons estar siendo tratados para esa presunta nueva enfermedad. Esa pregunta se quedó sin respuesta. Lo mismo sucedió con todas las interrogantes, ya no quisimos saber nada más, porque estábamos convencidos que aquellos muchachos que acudieron al doctor estaban en la misma situación que nosotros. Queriendo averiguar algo sobre lo que estaba sucediendo en Nessa con el camión de los helados. Mis amigos y yo no tenemos duda de que por eso los desaparecieron. Ese fue el motivo que nos orilló a dejar todo el asunto del lado. De hecho, acordamos que nosotros ya no nos juntarÃamos para poder olvidar todo. Ya no volvà a ir a ninguna tardeada. Pasaron varios meses cuando un dÃa de repente sonó el teléfono de mi casa. Mi madre fue la que contestó. Ella me habló para decirme que era mi amigo Pedro. Fui a atender la llamada. Lo primero que hizo fue preguntarme si yo estaba bien, porque ya habÃa pasado mucho tiempo desde la última vez que supo de mà le respondà que sÃ, que simplemente habÃa estado muy ocupado con tareas Y eso Pedro me dijo que finalmente habÃa logrado hablar con el comandante que trabajaba en el Estado mayor presidencial, que ese, señor no le habÃa dicho gran cosa. Solamente le dio un dato. Ese comandante le dijo a mi amigo que si alguna vez veÃa en la televisión que mencionaban a una tal Selene Delgado, debÃa saber que no se trataba de una persona real, sino que era un código que solamente ciertos rangos de la policÃa entendÃa. Y ese código significaba que en las últimas veinticuatro horas se habÃan reportado más de dos mil personas desaparecidas en todo el paÃs. Luego de eso terminamos la llamada por más que le di vueltas y vueltas a esa información no lograba hacerle encajar Con todo lo demás. Me refiero a las tardeadas, a las de osas apariciones en neza y a los cuerpos que eran tirados en Tlaxcala. Pasó más de un año. Todo habÃa quedado atrás. Estaba viendo dragon ball Z en el canal cinco, hubo comerciales y pasó la sección del al servicio de la Comunidad. En ese fragmento pusieron un retrato hablado muy borroso, cuyos detalles casi no se distinguÃan. Lo único que sà se entendÃa bien era el nombre Selene Delgado. Me quedé helado. No pude dejar de pensar en eso hasta que me fui a acostar, pero no pude dormir en toda la noche, porque cuando estaba a punto de cerrar los ojos, escuchaba el camión de los helados. Relato escrito y adaptado por Ramiro, contreras








