Sept. 8, 2023

¿Que Recuerdas De Servicio A La Comunidad De Canal 5? Historias De Terror - REDE

¿Que Recuerdas De Servicio A La Comunidad De Canal 5? Historias De Terror - REDE

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El secreto de Nessa, ciudad Neza, como le decimos, muchos actualmente tienen los mejores tianguis que existen en el Estado de México. Me atrevería a decir que el mejor de todos es el tianguis del salado. Si bien es cierto que no es el lugar más seguro del país. Ahora no es tan peligroso como antes por dar un ejemplo muy sencillo del que todos los habitantes de Nessa se acordarán. Cuando Peña fue gobernador en el Estado de México, dejó entrar a losetas y también a la familia michoacana, y esos criminales controlaban las calles en Neza, cobraban derecho de piso en los tiangues. Los siguientes sucesos que voy a relatar ocurrieron durante la década de los noventas, una década gobernada por salinas y por cedillo. Quienes llevaron al país a la peor inflación en la historia de México. Fue en esa década que experimentamos momentos contrastantes. Por un lado, disfrutamos del espectáculo del eclipse total de sol, que se extendió por casi todo el país durante siete minutos, pero también tuvimos que enfrentar situaciones dolorosas como la trágica muerte del cardenal de Guadalajara, Juan Jesús Posadas o campo. El crimen organizado mostraba sus primeras señales de violencia desmedida al asesinarlo a tiros en un estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara. En ese tiempo, el movimiento zapatista alzó armas en busca de cambios y en una triste repetición de la historia de Kennedy, Tijuana se convirtió en el escenario de la muerte de Colosio. Luego Salina se escapó del país en medio de una gran agitación política. Estaban ocurriendo tantas cosas que lo que menos le importaba a los medios era cubrir los extraños acontecimientos que se estaban suscitando en Sawalcoyotl, en el Estado de México. La casa donde compartía mi vida con mis padres era modesta de un solo piso y pintada en un suave tono azul. Se raste mi hermana, que era un año menor que yo, nunca salía de casa porque cuando yo tenía nueve años, una niña de su salón la empujó. Mi hermana se golpeó en la cabeza muy fuerte, inclusive le salió sangre de una oreja. Después de ese golpe empezó a tener problemas con la vista de ambos ojos. Luego de un mes perdió la visión en un ojo y ocho meses después quedó completamente ciega. Por esa razón, mi madre, que era una mujer de voz suave, no tenía un trabajo fijo, encontró la forma de generar ingresos estando en casa. Lo que ella hacía era recibir esporádicamente un artículo para una sección específica dentro de una revista. Le pagaban bien, pero le solicitaba en el manuscrito una vez cada cinco o seis semanas, así que en realidad no era un ingreso con el que estuviéramos contando para los gastos del mes. Por otro lado, mi padre pasaba todos los días trabajando en la central de abastos. Se levantaba y salía de casa a las cuatro treinta años de la mañana y no regresaba hasta las siete de la noche después de cenar. Estaba tan agotado que se acostaba temprano sólo para repetir la misma rutina al día siguiente, él tenía un descanso cada quince días y ese día de descanso lo utilizaba para ayudar a mi madre a hacer limpieza profunda de toda la casa. En aquel entonces yo había terminado la secundaria y tenía pocos meses de haber ingresado a la preparatoria y fue precisamente en la escuela por medio de unos compañeros de clase que yo me enteré que se realizaban algo que se conocía como tardeadas. Me explicaron que una tardeada era básicamente una fiesta que se llevaba a cabo en una discoteca y estaba exclusivamente dirigida a estudiantes de secundaria y preparatoria. De hecho, se llamaba tardeada porque esos eventos eran después del horario de clases. Inclusive se podía entrar con el uniforme de la escuela. Para ser honesto, desconozco cuándo fue que se empezaron a realizar esos eventos. Si a mí no me hubieran individo, posiblemente jamás me hubiera enterado. Al principio no me pareció una muy buena idea por el hecho de que el evento era dentro de una discoteca, porque hasta donde yo tenía entendido, esos lugares eran para adultos, sobre todo por el tipo de ambiente. Sin embargo, el compañero que me invitó me aseguró que las tardeadas eran eventos controlados, que los organizadores rentaban el lugar por varias horas para que en ese lapso de tiempo fuera exclusivo para estudiantes. La seguridad del lugar no dejaba entrar a mayores de edad, solamente estudiantes de secundaria y preparatoria. Finalmente, me convenció de ir siempre fui de buenas calificaciones y, por lo mismo, no ocupaba pedirle permiso a mi madre para nada. Mientras yo llegara a la casa a cenar, no había ningún problema obvio. En la cena yo tenía que contarle a mis padres dónde había estado. Además, andar de fiesta tampoco era lo mío. Fui a esa primera tardeada más que nada por curiosidad, por tener un tema de conversación en común con el resto de los compañeros. Durante la secundaria, siempre me sentí el bicho raro. Usaba lentes, tenía frenos en los dientes y cargaba con algunos kilos demás. Además, destacaba en inteligencia. Esta combinación parecía ser la fórmula perfecta para atraer burlas. Así que, al entrar a la preparatoria, mi objetivo era mezclarme con los demás. No estaba buscando volverme popular. Sólo quería evitar, llamar la atención y ser blanco de burlas, y un buen primer paso era ir al evento que todos iban a la tardeada. Ese en particular, comenzó a las cinco de la tarde. Mentiría sido ella el nombre de la discoteca porque, sinceramente, no me acuerdo. El ambiente era bastante agradable y, en general, se sentía como un entorno sano. Digo en general porque durante las tres horas que estuve en la tardeada noté que en ciertas áreas de la discoteca había grupos consumiendo bebidas alcohólicas. Algunos incluso estaban usando sustancias ilegales. Sin embargo, como yo iba solamente a escuchar buena música, no tenía nada de qué preocuparme mientras no me acercara a los grupitos que van a otras cosas. En el transcurso de los siguientes seis meses fui a varias tardeadas en las que me tocó ver cosas que eran indicios de que algo no andaba bien. Por ejemplo, me tocó ver que los de la barra a los vasos de refresco que eran para las muchachas les ponían alcohol, pero no era todas las bebidas, sino que era para algunas muchachas que en la entrada la persona de seguridad les daba una especie de pulsera de papel que brillaba en la oscuridad. A ellas las embriagaban y luego, cuando iban al baño, se tardaban demasiado tiempo en regresar. Llegué a escuchar que las muchachas de otras escuelas, sobre todo las de secundaria, a las que les daban la pulsera, ya no regresaban a sus casas, que desaparecían y cuando sus padres iban a la delegación, no les hacían caso. En una de tantas ocasiones, cuando fui a la barra por un vaso de refresco, vi que una señora de unos cincuenta años estaba ahí detrás de la barra hablando con los trabajadores, mientras miraba una mesa donde solamente había muchachas de secundaria. Claro que no escuché lo que estaban hablando porque apenas iba caminando a la barra. Cuando llegué, la señora ya se estaba retirando. Lo único que alcancé fue que el de la barra le dijo claro que sí, Doña Beleán. Fue en esa tardíada que yo entendí que algo estaba pasando. Cuando varios estábamos afuera de la discoteca ya para irnos salieron las muchachas que estaban en aquella mesa que la señora y los de la barra habían estado viendo. Ellas parecían un poco desorientadas, pero antes de que se fueran, el de seguridad las abordó y les dijo que se subieran al único taxi que estaba estacionado en el lugar, que no se preocuparan por pagar porque ya estaba cubierto al principio como que no querían, pero el mismo de seguridad insistió a tal punto que él mismo las acompañó para que se subieran al taxi. Yo vi todo eso de reojo y ocurrió a plena vistas, sin que a nadie le importara lo raro de la situación. Luego de un mes me enteré que esa tal señora Belén era la encargada de organizar todas las tardeadas que se hacían en nesa. Lo digo porque una tarde, mientras un grupo de amigos y yo estábamos esperando entrar a una de esas tardeadas, presenciamos una escena curiosa. Cabe aclarar que era una discoteca diferente. No era la misma en la que yo había visto a esa señora. Un hombre de alrededor de cuarenta años se acercó directamente a la entrada de la discoteca. La persona encargada de la seguridad detuvo su avance y le explicó por qué no podía ingresar, ya que el evento estaba destinado a estudiantes y que los adultos podían entrar más tarde en la noche. El señor de cuarenta años le afirmó ser amigo de la organo de esos eventos. Sin embargo, el guardia de seguridad parecía escéptico y le pidió que le proporcionara el nombre de la persona a cargo. El hombre respondió que la organizadora se llamaba Belén y que necesitaban hablar con ella sobre un asunto importante. Ante esta respuesta, finalmente lo dejaron pasar. Como reconocí el nombre. Le comenté a mis amigos que estaba muy raro y les conté lo que había pasado antes cuando una señora de nombre Belén estaba detrás de la barra platicando con los trabajadores y ahora ese señor estaba diciendo que una mujer de nombre belén era la organizadora de los eventos. Todos estuvimos de acuerdo en que tenía que tratarse de la misma mujer, porque, de lo contrario sería demasiada casualidad. Además, nos resultó extraño que un adulto estuviera detrás de la organización de todas estas tardeadas. Inicialmente habíamos supuesto que alguna sociedad de alumnos, o son la entidad estudiantil, estaba a cargo de organizar todo, pero aparentemente nuestras conjeturas no eran correctas para ese punto. Ya había formado dos grupos de amigos distintos, uno con quienes me relacionaba en la escuela y otro con quienes compartían las tardeadas. La razón detrás de esta división era que casi ninguno de mis amigos que tenía en ese momento gustaba de asistir a esos eventos. Así que por ese motivo tuve que buscar mi amistades dentro de las tardeadas. En una ocasión, los del grupo que íbamos a las tardeadas nos reunimos en la casa de uno de ellos porque era su cumpleaños. Fue un sábado. De hecho, todos habíamos pedido permiso para quedarnos a dormir en la casa del amigo para no andar en la calle durante la madrugada. A eso de las dos de la mañana empezamos a platicar sobre si iríamos a la tardeada que iba a hacer en quince días. En eso uno de los compañeros nos preguntó si ya no sabíamos en ur del rumor del camión de los helados. Todos volteamos a verlo confundidos y le dijimos que nos contara ese amigo nos dijo que se estaba diciendo que algunas muchachas de las que les daban pulseras, que brillaban en la oscuridad, estaban apareciendo muertas en traxcala, que era un camión de helados el que iba a tirar los cuerpos. Yo al principio no creí, pero entonces otro amigo añadió oh. Ya, pues, puede ser porque por ahí escuché que los comerciales que pasan en el Canal Cinco, pero en las televisiones de Tlaxcala, son diferentes a los comerciales de aquí. Ninguno de nosotros entendió que tenía que ver una cosa con la otra. Nos explicó que lo que cambiaba eran los comerciales al servicio de la Comunidad que ponían retratos hablados de mujeres jóvenes sin nombre y sin apellido. Solamente ponían la edad y el lugar en el que habían sido vistas por última vez y que a los dos o tres días eso mujeres jóvenes aparecían sin vida en ese lugar. Ese amigo sugirió que, a lo mejor, esas mujeres eran las que iban a las tardeadas, que se las robaban, les hacían cosas y luego les quitaban la vida. Después avisaban el canal cinco En qué lugar de tlaxcala iban a tirar los cuerpos para que al servicio de la Comunidad pasaran la información y ya iban a dejarlos ahí para que los encontraran. Era una historia bastante turbia y planteaba la existencia de algún grupo u organización que estuviera detrás de todo. Pero estábamos en una época en la que el PRI había conspirado para robar elecciones e imponer a salinas. Después volvieron a conspirar para matar a Colosio, su propio candidato e imponer a Cedillo. Tomando en cuenta eso, era perfectamente posible que existiera un grupo que estuviera organizando eventos para estudiantes de secundaria y preparatoria. Los eventos bien pudieran ser ser una cortina de humo que les sirviera para robar jovencitas, utilizarlas confines que no me quiero ni imaginar y después deshacerse de ellas. Por supuesto que nada de eso se lo contaba a mis padres, porque entonces se asustarían y ya no me dejarían ir. Además, como las víctimas solamente eran mujeres, ni mis amigos ni yo nos preocupamos de que nos pudiera pasar algo. Recuerdo una ocasión en particular, durante la cena, que mis padres me comentaron que habían escuchado algunos rumores extraños sobre las tardeadas a las que yo asistía y querían saber si yo tenía algo que decir al respecto. Yo rápidamente respondí que no, y aprovechando a que mis padres les gustaba Café Tacuba les vi el tema inventando que en la tardeada habían puesto una canción de esa banda. Fue un comentario muy atinado, porque justo esa semana había sido lanzado el nuevo disco de Café Tacuba, Así que la conversación dejó de lado las tardes y se centró en ese disco de música. Luego pasamos de hablar de eso para comentar el triunfo del Necaxa en el Campeonato de fútbol. Mi padre siempre fue fanático de ese equipo. Ese detalle no se me olvida porque después de eso, el fútbol mexicano cambió a tener dos torneos por año. Mientras platicábamos y cenábamos, la televisión estaba puesta en el canal cinco, Esta estaba encendida a un bajo volumen. No le estábamos mirando directamente. Más bien estaba encendida porque mis padres habían desarrollado una manía después de sufrir el terremoto de mil novecientos ochenta y cinco. Mantener la televisión encendida les daba la seguridad de estar al tanto de cualquier noticia importante. Así, si algo significativo o serio ocurría, sin importar en qué canal estuviera sintonizada la televisión, se interrumpiría la programación para transmitir la noticia. En ese momento estaban pasando a los Power Rangers, que comenzaba a las ocho de la noche y terminaba a las ocho treinta. Después de que terminaba, empezaba una caricatura de dinosaurios que no recuerdo cómo se llama, pero terminaba a las nueve de la noche. Hubo una pausa de comerciales y en ese instante se transmitió la sección del al servicio de la Comunidad, cuya función era dar cobertura y difusión a la desaparición de personas. Esos anuncios siempre ocasionaban que me sintiera incómodo porque justo al empezar se podía escuchar una especie como de murmullo distorsionado o estática en el fondo. Además, las fotografías que mostraban de las personas desaparecidas solían estar borrosas y poco claras. Pero lo que realmente me inquietaba era cuando, en lugar de fotografías incluían retratos hablados, es decir, dibujos. Estos retratos hablados, por lo general, me parecían inquietantes y siempre me generaban una sensación desagradable. Era precisamente por la mala sensación que me dejaba que solía ignorar esos comerciales. Sin embargo, de reojo alcancé a notar que pusieron un retrato hablado de alguien a quien yo conocía rápidamente voltea para ver mejor y aunque su rostro no era exactamente igual, era demasiado parecido. Además, la edad y el nombre que dieron coincidía con el de mi compañero. Sin embargo, el apellido no así que aquello quedó como algo curioso. De hecho, al día siguiente en la escuela no pude evitar comentar lo sucedido. Resultó que otros compañeros del salón también habían visto ese retrato hablado en el canal cinco y le hicimos un poco de burla a él. Por parecerse a la persona que estaba extraviada nada muy pesado, solamente bromas de adolescentes. Si mal, no recuerdo aquello ocurrió en un martes o miércoles, pero lo que sí está claro es que el día lunes de la semana siguiente, mi compañero no asistió a clases y, lamentablemente, los días que siguieron tampoco llegó a clases. La poca información de la que nos enteramos fue que los padres del compañero habían informado a la escuela que su hijo se había extraviado. Fue un momento triste y desconcertante. Aunque no éramos amigos cercanos, el compañero en cuestión no me caía mal. De hecho, habíamos colaborado en varias actividades y nos habíamos prestado ayuda en algunas tareas. Era un muchacho que parecía buena gente y un día simplemente desapareció sin dejar rastro. Yo no pude evitar pensar que fue muy extraño que en aquel fragmento en el canal cinco al servicio de la Comunidad, hubieran puesto un retrato hablado casi idéntico a él, con diferente apellido, pero con su mismo nombre y que menos de una semana después él desapareciera. Además, ya traía en la cabeza la historia de que esa sección del Canal Cinco estaba relacionada con la muerte de muchachas que iban a las tardeadas. Claro que la desaparición del compañero no encajaba en esa historia, porque él era hombre y según lo que se contaba en aquella historia era que las víctimas solamente eran mujeres. No habían pasado ni siquiera dos meses desde la desaparición del compañero. Cuando otra cosa sucedió. Un sábado, yo me había quedado despierto en la sala porque estaba viendo la película que pasaban en el Canal Cinco a la medianoche, en la sección Éxitos de Hollywood. La película en cuestión era la de los cazafantasmas. Hubo un comercial me levanté y fui a la cocina para servirme un poco de jugo. Al regresar al sillón, me topé con que estaban transmitiendo un fragmento del al servicio de la comunidad. Entre la gente que anunciaron mostraron un retrato hablado de una niña de once años, cuyos rasgos faciales y nombre encajaban sorprendentemente con los de la hija de una vecina. Pasaron tres noches. La cuarta noche mientras me encontraba en mi cuarto durmiendo un sonido peculiar, me despertó era la típica melodía que tocaban los camiones de helados y nieves que vendían en las calles. Sin embargo, el sonido estaba distorsionado, acompañado por un ruido metálico de fondo y un zumbido extraño que daba la impresión que la bocina del camión tenía algunas fallas. Resultaba completamente ilógico que un camión de helados estuviera circulando en plena madrugada, mucho menos en una colonia como la de Nessa, ya que no es precisamente el lugar más seguro para transitar a esas horas. Intrigado por esta situación poco común, me dirigí a la sala y me asomé por la ventana esperando poder ver el camión de helados que había escuchado, aunque tuve que estar esperando por unos cinco minutos. Finalmente, el camión pasó por la calle justo frente a mi casa. Sin embargo, este vehículo no era precisamente idéntico al de los helados. Se asemejaba más a uno de esos camiones que distribuían productos del pan bimbo y las abritas. Lo que más me llamó la atención. Además de la melodía tan disonante, fueron las letras que tenía pintadas en el costado que decía la michoacana y también el dibujo de una muñeca bastante parecida al de la empresa. Aunque era fácil darse cuenta de que no era el mismo diseño. En teoría que un camión con música de helados tuviera ese nombre y ese logo no debería haber sido extraño, ya que la michoacana es una marca en México de heladería. Sin embargo, el diseño de la muñeca no era lo único que no coincidía con el original, sino que el texto tenía otro tipo de letra, Además de que tanto el dibujo de la muñeca como las letras tenían colores que nada tenían que ver con los originales, pude haberme ido a dormir sin más solo que al ver ese camión no pude evitar acordarme de la historia que decía que un camión de la michoacana andaba tirando cuerpos en Tlaxcala, que estaba a menos de dos horas de neza. El primer pensamiento que tuve fue que tal vez ese camión apenas estaba yendo a Tlaxcala, que por algún motivo, tal vez para evitar la policía, tuvo que desviarse de su ruta y que por eso estaba pasando por la calle donde yo vivía. Me quedé mirando por la ventana hasta que dejé de escuchar su melodía. Al día siguiente nos enteramos de la desaparición de la niña de nuestra vecina. Eso y lo que le había pasado a mi compañero de clases se lo platiqué a mis amigos de las tardeadas. Todos estuvieron de acuerdo en que era muy raro. Inclusive comentaron que de seguro estaba relacionado con las muchachas que aparecían en Tlaxcala, Porque en el caso de mi compañero, que llegó a ir a más de dos tardeadas. El canal cinco esta estaba dado relacionado con su desaparición y con la hija de la vecina era igual, pero también el camión de los helados. Empezamos a preocuparnos, inclusive varios consideramos la posibilidad de dejar de ir a las tardeadas, pero uno nos convenció de que teníamos que seguir yendo de vez en cuando para estar al pendiente. Decía algo pasaba, porque todos nosotros teníamos conocidos e inclusive primos que iban a las tardeadas. Iba a ser casi imposible convencer a los demás que dejaran de ir. Entonces, si nosotros, que ya creíamos saber lo que estaba pasando, nos manteníamos al pendiente, quizás podríamos evitar que algo le pasara algún conocido de nosotros. Así que continuamos yendo. Pasaron nueve meses, un día durante el receso. Yo estaba caminando cerca de las canchas en la preparatoria cuando escuché una conversación en la que alguien mencionó que la semana anterior, en las primeras horas de la madrugada, ha había es dos del sonido de un camión de helados en su colonia que, a pesar de que no llegó a ver el camión, el sonido de la música lo había despertado. Yo, sin pensarlo me acerqué. Interrumpí la conversación y le pregunté si alguien había desaparecido en su colonia. Él volteó a verme muy confundido y me respondió con otra pregunta y tú cómo sabes eso. Tragué saliva y le respondí que lo mismo había pasado en mi colonia. Hubo un silencio incómodo en ese momento. La novia del otro muchacho se acercó y se dio cuenta que estábamos muy pensativos preguntó quién era yo y por qué los tres estábamos tan callados. Su novio le mencionó el tema del camión de helados. Ella hizo un gesto raro y luego nos dijo que un amigo suyo le había hablado de lo mismo. Meses atrás. Añadió que este amigo le había dicho que tenía una grabación del sonido del camión, ya que habían estado teniendo una fiesta en su patio cuando el camión pasó, aunque el camión no aparecía en la grabación, el sonido de la melodía del camión. Si se alcanzaba a escuchar el muchacho le preguntó a su novia si ella había visto esa grabación, pero respondió que no, porque en su momento no le pareció algo que pudiera interesarle. Entonces, aprovechando los pocos minutos que quedaban del receso, la novia del muchacho nos llevó con su amigo y le pedimos que nos dejara ver esa grabación. Acordamos ir todos a su casa después de clases. Voy a dar los nombres de todos para no caer en confusiones. El que había escuchado el camión de helados en su colonia se llamaba Isaac, El que tenía la novia se llamaba Iván. La novia de Iván se llamaba Sol y el amigo de Sol se llamaba Félix. Ya estando los cinco en la casa de Félix, puso la cinta VHS en la videocassetera y, efectivamente, mientras se ve que se están preparando para partir el pastel antes de cantar las mañanitas, se escucha la misma música que yo había escuchado en la madrugada antes de que desapareciera. La hija de la vecina Isaac también confirmó que esa era la melodía que él había escuchado. Desde ese día nosotros cinco nos empezamos a juntar detrás de la cooperativa y aunque hablábamos de muchas cosas diferentes, por lo menos una vez cada semana, nuestro tema de conversación era el camión de helados. Como un mes después, mientras iba en camino hacia la preparatoria, justo alrededor de las seis de la mañana, algo curioso sucedió de repente. Así de la nada, la extraña melodía del camión de helados empezó a sonar dentro de mi cabeza, pero no ocurrió solo en ese momento. Esa melodía regresó a mi mente en otras diez ocasiones a lo largo del día. Sucedía en momentos en los que mi mente no estaba ocupada en pensamientos ni estaba inmersa en ninguna actividad particular. Era como si la melodía estuviera esperando el momento oportuno para sonar en mi cabeza. La situación se volvió aún más inquietante cuatro días después, cuando, durante una tarde tranquila en casa, mientras yo estaba mirando el canal cinco en la televisión, durante los comerciales, en un fragmento de al servicio de la Comunidad, la melodía resonó nuevamente en mi cabeza. Era como si mi cerebro me estuviera gritando con fuerza que debía estar alerta porque algo iba a suceder si de por sí yo odiaba esos comerciales más después del incidente del compañero del salón y de la hija de la vecina, pues cuando me pasó que recordé la melodía del camión de los helados, mientras pasaban eso en la tele sentí un miedo terrible. Un domingo al mediodía, mientras todos en la familia estábamos haciendo limpieza profunda en la casa pasó un camión vendiendo helados, ni siquiera en un camión de la michoacana. Era un camión de color amarillo. La música que llevaba tenía la tonada típica de la canción de los helados, pero como el estilo de rock and roll de los sesentas, yo sentí un escalofrío y me quedé paralizado por un momento. Mi padre se dio cuenta y me preguntó si estaba bien, si quería un helado. Yo reaccioné y le respondí que no quería uno. La semana siguiente, en la escuela, Isaac llegó al lugar donde nos juntábamos con alguien de un semestre más arriba, se llamaba Gabriel. Isac lo llevó con nosotros porque Gabriel había escuchado esa misma melodía de helados durante la madrugada. Le comentamos que lo más probable era que alguien fuera a desaparecer en los próximos días le recomendamos que se quedara despierto todo lo que pudiera para que estuviera al pendiente de que la víctima no fuera alguien de su familia. Hasta ese momento, yo no le había comentado a mis amigos de la preparatoria sobre lo que estaba ocurriendo en las tardeadas. Ya con el nuevo con Gabriel éramos seis entre nosotros, seis poco a poco, cada que nos juntábamos detrás de la cooperativa. Comenzamos a idear teorías para tratar de comprender lo que estaba sucediendo en Nessa, pero, por más que le dábamos vueltas al asunto, no lográbamos entender cómo exactamente ese camión de helados podía estar detrás de las desapariciones. Entendí que necesitaba contarles que lo que estaba sucediendo era mucho más grande de lo que ellos pensaban como ninguno de ellos era de mi salón. Les conté lo que había pasado con mi compañero varios meses atrás que había desaparecido luego de que en el Canal Cinco pasaran su retrato. Ellos no entendían qué tenía que ver eso con el camión de los Helados. Entonces les dije que antes de que yo escuchara el camión había visto que en el Canal Cinco habían puesto un retrato hablado de la niña que desapareció en mi colonia. Luego les dije que se estaba diciendo que el camión de los helados estaba tirando cadáveres en Traxcala, que habían puesto retratos hablados de esas muchachas como desaparecidas en el Canal Cinco, pero únicamente en las televisiones de Tlaxcala, que esos retratos hablados habían sido emitidos después de que las muchachas asistieran a alguna discoteca en la que hubo una tardeada, eventos a los cuales también mi compañero desaparecido había asistido en varias ocasiones. Por lo tanto, todo estaba conectado, el camión de los helados, los comerciales, del servicio de la comunidad y las tardeadas. Todo eso, de alguna manera estaba vinculado a las desapariciones de menores que estaban ocurriendo en Nessa. Los dejé pensando. Guardé silencio por un momento en lo que trataban de asimilar lo que les acababa de decir. Todos me hicieron preguntas y traté de responder con la poca información que tenía. Cuando ya no hubo más preguntas. Aproveché para comentarles que varios días después de haber visto la grabación VHS en la casa de Félix, yo había empezado a recordar la incómoda melodía de manera involuntaria. En varias ocasiones les dije que eso me causaba repentinos olores de cabeza, que me duraban horas y no se iban con aspirinas. Pero eso no era todo, sino que unos tres días antes había comenzado a tener pesadillas. No eran extremadamente intensas, pero no dejaban de ser pesadillas. Resultó que de los seis, el único que no estaba experimentando lo mismo era Gabriel. Por eso estuvimos de acuerdo en que los síntomas que estábamos presentando había sido ocasionado por escuchar la melodía del camión de los helados en la cinta VHS. Yo comenté que, como tal no tenía que ser necesariamente culpa del VHS. Tal vez los síntomas se debían a que habíamos escuchado dos veces esa melodía, pero entonces sol dijo que esa idea estaba descartada porque ella nada más había escuchado una vez la melodía. Isaac comentó que no tenía sentido que escuchar una melodía de una grabación de video nos estuviera ocasionando los síntomas. En eso iban Dijo amigo, nada de lo que está pasando tiene sentido. Gabriel nos pidió que lo dejáramos ver la grabación. Dijo que quería hacerlo para comprobar los síntomas. Si a él no le pasaba nada, entonces podíamos descartar esa teoría. A todos nos pareció buena idea. Saliendo de la escuela, nos fuimos todos a la casa de Félix y los seis vimos la grabación. Nunca nos cruzó por la mente la posibilidad de que nuestros síntomas pudieran empeorar si volvíamos a escuchar la melodía y, por desgracia, así fue a las dos semanas en el receso. Estando detrás de la cooperativa, Gabriel nos dijo que ya tenía los mismos síntomas que nosotros. En eso yo les dije que tenía tenía un nuevo síntoma. Apenas iba a decir cuál era. Cuando Félix dijo déjame adivinar te sale sangre de la nariz. El volver a ver esa grabación nos ocasionó que una vez al día nos saliera un poco de sangre por la nariz. Ya estábamos preocupados. Isaac dijo que si de todos modos ya estábamos en problemas, por lo menos yo debía llevarlos a una de esas tardeadas. Yo le pregunté para qué quería ir. Él me respondió que necesitábamos relajarnos antes de que la situación empezara a superarnos. Los demás estuvieron de acuerdo. Así que esa tarde, estando en mi casa, le llamé a uno de mi grupo de amigos de las tardeadas para preguntar cuándo sería la siguiente. Me dijo que ese mismo fin de semana me dio el nombre de la discoteca. Le comenté que quería llevar a cinco amigos de la escuela y dijo que estaba bien que ahí nos veía a todos. El fin de semana, mientras hacíamos fila parente, entra a la discoteca. Pedro, con el que mejor me llevaba del grupo de amigos de las tardeadas, nos comentó que al terminar el evento, no nos fuéramos a ir que a tal hora su papá iba a pasar por él que todos cabíamos en la camioneta y que su papá podía llevarnos a todos a nuestra casa. Nos pareció una buena idea. Luego de un rato, los amigos con los que Pedro y yo siempre nos juntábamos se acercaron con nosotros para decirnos que se iban a ir con muchachas. Le recordamos lo que sabíamos que estaba pasando, pero ellos nos dijeron que las muchachas eran de su misma escuela, que todo estaba en orden, que no nos preocupáramos. Nos despedimos y se fueron llegando la hora que casi se acababa la tardeada. Mis cinco amigos de la escuela, mi amigo Pedro y yo salimos juntos de la discoteca. Su papá ya estaba afuera. Subimos a la camioneta. Se veía que el señor tenía dinero. Supongo que también por eso no le generaba molestia llevarnos a todos a nuestras casas, además del hecho de que Pedro era hijo único. Entonces a su papá le gustaba que él tuviera muchas amistades. Tenía poco que el papá de Pedro había arrancado. Cuando mirando el retrovisor se enfocó en nosotros y nos preguntó si teníamos conocimiento de los sucesos que estaban ocurriendo. No supimos qué contestarle. Entonces nos dijo que en los últimos tres meses habían desaparecido siete jóvenes que asistían a las tardeadas. Pedro no reaccionó, así que supuse que él ya sabía, pero a todos los demás eso que nos dijo el señor nos tomó por sorpresa, no por el hecho en sí, porque nosotros ya sabíamos que algo raro estaba pasando, sino por el hecho de que el señor, sabiendo eso aún así, dejaba que su hijo acudiera a los eventos. El señor añadió es obvio que algo está pasando, pero pues apena, Pedro no le puede pasar nada. Soy compadre de un comandante que trabajé en el Estado mayor presidencial. Yo, con un poco de pena, le pregunté al señor qué tenía que ver eso con que a mi amigo no le pudiera pasar nada. El señor me contestó. Ustedes están chavos, no entienden estas cosas, pero de todos modos se los voy a decir. Algo como lo que está pasando no puede suceder sin autorización de alguien del Gobierno. Ellos son los que dan luz verde con la condición de que nunca se metan con las familias cercanas. Por eso, a mi hijo no le puede pasar nada. Lo último que nos dijo el señor fue que nos recomendaba ya no salir a las tardeadas en las discotecas, que si queríamos podíamos juntarnos en su casa, que él casino estaba en ella, pero que su esposa nos podía recibir cualquier día de la semana que todos los amigos de su hijo eran bienvenidos. Le dimos las gracias al señor y le dijimos que sí que a la próxima mejor nos juntaríamos en su casa. Luego, Pedro puso música y ya nos seguimos conversando. El señor tardó menos de una hora en dejarnos a cada quien en nuestra casa. Esa noche, antes de dormir, le llamé a Pedro para preguntarle por qué no me había dicho que su papá estaba enterado de lo sucedido. Pedro me respondió que no me dijo porque no creyó que su papá supiera algo relevante. Le recordé que su papá dijo que era compadre de un comandante que trabajaba en un alto rango del Gobierno. Mi amigo no entendía qué tenía eso de relevante. Entonces le dije tienes que encontrar la manera de hablar con ese comandante y encontrar una forma ingeniosa y discreta de sacarle información. Mi amigo se rió un poco y alegó que ni siquiera a él conocía a ese comandante. Entonces le dije que tenía que encontrar la manera. Le encargué que acompañara a su padre. En la primera oportunidad que tuviera, le recalqué que que necesitábamos saber qué era lo que estaba pasando El día lunes, durante el receso, yo les estaba comentando a mis amigos que Pedro se las iba a ingeniar para tratar de conseguir información. En eso llegaron dos muchachas de primer semestre. Ahí donde estábamos nosotros detrás de la cooperativa. Ellas se llamaban Melisa y nadie nos dijeron que ya en más de una ocasión accidentalmente nos habían escuchado hablar de un camión de helados qué pasaba en la madrugada. El motivo por el cual se acercaron fue para decirnos que ellas también lo habían escuchado en dos ocasiones. Ambas vivían en la misma colonia, pero en diferente cuadra. Eso había ocurrido cuando las dos estaban en tercero de secundaria, de lo cual ya habían pasado meses. También nos dijeron que en las dos ocasiones que escucharon el camión sucedieron desapariciones de todo lo que nos dijeron. El detalle que más me llamó la atención fue el que habían escuchado aquella melodía en dos ocasiones, pero no comentaron que hubieran tenido algún síntoma como los que teníamos nosotros. Eso me hizo suponer que el sonido en sí mismo no hacía daño, sino que el problema era escuchar esa melodía en una grabación. Las aceptamos en nuestro grupo y a partir de ese día se empezaron a juntar con nosotros. Una semana después le comenté a Félix que yo quería que las nuevas vieran la cinta VHS. Él me preguntó por qué. Yo le expliqué que necesitaba comprobar qué causaba los síntomas. Él no estuvo de acuerdo. Me dijo que ya sabíamos que era debido a la cinta. Yo insistí. Él, sin entender mi terquedad, me dijo que Iban y Sol no habían escuchado la melodía de forma directa, que la primera vez que la escucharon fue en la grabación y que, de todos modos, tuvieron los mismos síntomas que nosotros en en en en. Entonces les le pregunté si él, que era muy amigo de Sol, le había dicho sus síntomas antes de que ella le dijera que los tenía. Me respondió que sí. Le expliqué qué ser. A mi punto, yo creía que Sol había empezado a presentar los síntomas porque se sugestionó. Luego de que él le dijo que le pasaba. Entonces Sol ya con síntomas le dice a Iván porque es un novio y él también se sugestiona. Félix se me quedó viendo. También le dije que la grabación se la pondríamos a Pedro. Él no había escuchado al camión de los helados. Si luego de ver el video, ellas presentaban síntomas, pero Pedro no, Entonces ya hablaríamos con Sol y con Iván lo convencí. Por último, le pedí que lo que íbamos a hacer lo mantuviéramos en secreto hasta ver qué pasaba con las dos nuevas. A la hora de la salida, Félix y yo fuimos con Melisa y nadie Les dijimos que Félix tenía una cinta vh con la que se podía escuchar de fondo el sonido del camión y queríamos que ellas escucharan la grabación para corroborar que se trataba del mismo sonido. Aceptaron los cuatro fuimos a casa de Félix, tomamos la grabación y ahí nos fuimos a casa de Pedro. Él tenía el aparato para reproducir la cinta. Ni Pedro ni las muchachas sabía nada de nuestros síntomas, así que no podían sugestionarse. Pasaron dos semanas eran como las nueve de la mañana. Yo había pedido permiso para ir al baño que quedaba cerca del salón donde estaban Melisa y Nadia. Cuando ya salí del baño para regresar a mi salón afuera, ellas me estaban esperando. Las monte preocupadas me dijeron que les estaban pasando cosas. Lo que me describieron fueron los mismos síntomas de nosotros, menos el sangrado de Nariz les dije que no se preocupara que a la hora del receso hablaríamos de él. Eso más tarde, ya estando detrás de la cooperativa, les dije a los demás que Melisi y Nadie ya tenían los síntomas. Ellos estaban confundidos. Félix les dijo que les habíamos puesto la cinta. Todos se comenzaron a molestar. Les pedí que se tranquilizaran, que Félix y yo teníamos todo bajo control, que saliendo de clases, iríamos a casa de Pedro y ahí entenderían todo. Estando en casa de Pedro, que también había visto a la cinta el mismo día que Melisa y Nadie. Le pregunté delante de todos si él estaba teniendo algún malestar o si le había pasado cualquier cosa rara. Después de haber visto la grabación, respondió que no. Con eso pude confirmar que para sufrir los síntomas había que escuchar primero de forma directa a la música del camión de los helados y después escucharla en grabación. Les expliqué a todos por qué habíamos hecho eso, y también les expliqué a Sol y a Iván que ellos, los dos no tenían nada, que simplemente se habían sugestionado al principio. Se negaron a aceptar lo que les estaba diciendo. Pero mi amigo Pedro me respaldó. Les dijo que era cierto, porque él también había escuchado esa melodía por primera vez en la grabación y no tenía ningún síntoma. Un lunes, durante la ceremonia de honores a la bandera en la preparatoria. El director emitió un comunicado algo particular. Informó que en la próxima semana se llevaría a cabo una visita por parte de personal del sector salud. Sin embargo, no especificó la fecha exacta. Simplemente advirtió que cualquier alumno que no estuviera presente en la escuela durante ese día enfrentaría repercursiones en sus calificaciones. Lo raro no fue el anuncio de la visita del personal del sector salud. Lo raro fue la advertencia que hizo el director. Nunca antes había dicho una cosa así. Esa visita debía ser muy importar por alguna razón que sólo él sabía. El martes no pasó nada interesante, pero la madrugada del miércoles, para amanecer jueves, me despertó la melodía del camión de los helados. Lo primero que pensé fue que era mi mente, porque ella era normal escuchar ese sonido. Así de la nada. Sin embargo, a medida que los segundos pasaban, me di cuenta de que el sonido no estaba confinado a mi cabeza, sino que venía del exterior. El camión había regresado. Fui a la sala y moví muy levemente la cortina para mirar a través de la ventana. Cabe aclarar que yo tenía las luces de la casa apagadas para que no se dieran cuenta que me estaba asomando. Nuestra casa estaba situada a la mitad de la cuadra, lo que me permitía vislumbrar casi hasta dos esquinas. La melodía inquietante se hizo cada vez más fuerte y su dirección indicaba que el camión estaba acercándose muy despacio. Sa sabía u que qué pasaría justo frente a mi casa, lo cual me llenó de un nerviosismo indescriptible. Aunque el camión mantenía todas sus luces apagadas. La escasa iluminación de las calles me permitió divisarlo acercándose desde unas tres casas de distancia. A pesar de la penumbra su contorno blanco, similar al de un camión de la marca Bimbo, era inconfundible. La bocina en la parte superior y el distintivo escrito la michoacana, junto con el dibujo de la muñeca en el costado, confirmaban que era el mismo camión exacto que había presenciado varios meses atrás. El vehículo avanzaba un ritmo anormalmente lento, casi a la velocidad que tiene un peatón cuando camina a la tienda, cuando camina a la tienda de la esquina, A medida que el camión se acercaba estando a una casa de distancia, una oleada de miedo me envolvió sin pensar los dos veces me dejé caer al suelo en un intento desesperar de ocultarme cerré los ojos y apreté los dientes tratando de controlar mi respiración mientras esperaba que el camión pasara. Sin embargo, pasaron veinte segundos y la melodía seguía. Decidí levantarme con cautela. Cuando me asomé nuevamente por la ventana, me di cuenta de que el camión de los helados se encontraba estacionado justo enfrente. Sólo estaba ahí detenido. La perspectiva desde la que observaba el camión me proporcionaba una vista directa del lado del conductor. Entonces noté que dos personas, desconozco si eran hombres o mujeres, descendieron del vehículo por el lado del pasajero. Sé que eran dos porque pude observar sus pies cuando tocaron el suelo. Las dos personas llevaban puestas botas blancas similares a las que suelen usar los empleados de las carnicerías. La melodía del camión continuaba sonando, poniéndome cada vez más nervioso. Pasaron como cinco minutos luego, las dos personas subieron al camión y se fueron. Lo que me pareció raro fue que ya el camión no me estaba tapando la vista de la casa de enfrente alcancé a ver que el vecino estaba apenas cerrando su puerta, o sea, que él había estado platicando con las personas de ese camión. Yo hubiera afirmado que el vecino de enfrente estaba involucrado, de no ser porque tres días después desapareció su hijo menor. Él apenas tenía nueve años. Llegó la semana siguiente, tal como había dicho el director de la preparatoria, el personal del sector salud hizo su aparición en la escuela y fueron a dar un mensaje en varios salones. Mi salón no fue uno de los seleccionados para su visita. No entiendo por qué no fueron a todos los salones. El motivo de su visita no tenía nada que ver con algo de vacunación, lo que me enteré por lo que dijeron los de los demás salones. Las personas del sector salud pasaron a informar o que si alguien estaba experimentando dolores de cabeza, pesadillas recurrentes y sangrado nasal, era fundamental que buscaran atención médica lo más pronto que fuera posible, argumentando que un nuevo virus estaba circulando, causando precisamente esos tres síntomas que si teníamos uno o dos, no teníamos nada. De qué preocuparnos. Cuando mis amigos y yo nos enteramos de este anuncio, lo encontramos sumamente extraño. Si realmente existiera un nuevo virus, se había convertido en noticia o al menos habría sido mencionado en algún periódico. Sin embargo, ninguna fuente confiable había hecho mención de esa supuesta nueva enfermedad. Comprendo que pueda parecer que estábamos perdiendo la cabeza, pero la coincidencia era demasiado evidente. La noticia se extendió de boca en boca y nos enteramos de que de toda la población estudiantil de la preparatoria, al menos cinco estudiantes habían acudido a hacerse un chequeo médico. Como primera medida. Recibieron un justificante médico que les permitió ausentarse de clases durante un período de dos semanas. Durante ese intervalo se sometieron a un análisis clínico. No obstante, las cosas tomaron un giro oscuro e inexplicable. Después de estos estudios, todos los afectados fueron ingresados en el hospital y a partir de entonces nunca más se les volvió a ver en la escuela. No deseo caer en teorías conspirativas, pero la realidad era que ninguno de nosotros, los que optábamos por no acudir al médico, sufrió ningún tipo de consecuencia grave. Los episodios de sangrado nasal que experimentamos fueron leves y con el pasar de los meses se desvanecieron por completo, al igual que las pesadillas y los dolores de cabeza. Por ese mismo motivo, la pregunta era porque aquellos cinco alumnos que, si buscaron atención médica, no sobrevivieron, a pesar de supuestamente es sons estar siendo tratados para esa presunta nueva enfermedad. Esa pregunta se quedó sin respuesta. Lo mismo sucedió con todas las interrogantes, ya no quisimos saber nada más, porque estábamos convencidos que aquellos muchachos que acudieron al doctor estaban en la misma situación que nosotros. Queriendo averiguar algo sobre lo que estaba sucediendo en Nessa con el camión de los helados. Mis amigos y yo no tenemos duda de que por eso los desaparecieron. Ese fue el motivo que nos orilló a dejar todo el asunto del lado. De hecho, acordamos que nosotros ya no nos juntaríamos para poder olvidar todo. Ya no volví a ir a ninguna tardeada. Pasaron varios meses cuando un día de repente sonó el teléfono de mi casa. Mi madre fue la que contestó. Ella me habló para decirme que era mi amigo Pedro. Fui a atender la llamada. Lo primero que hizo fue preguntarme si yo estaba bien, porque ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que supo de mí le respondí que sí, que simplemente había estado muy ocupado con tareas Y eso Pedro me dijo que finalmente había logrado hablar con el comandante que trabajaba en el Estado mayor presidencial, que ese, señor no le había dicho gran cosa. Solamente le dio un dato. Ese comandante le dijo a mi amigo que si alguna vez veía en la televisión que mencionaban a una tal Selene Delgado, debía saber que no se trataba de una persona real, sino que era un código que solamente ciertos rangos de la policía entendía. Y ese código significaba que en las últimas veinticuatro horas se habían reportado más de dos mil personas desaparecidas en todo el país. Luego de eso terminamos la llamada por más que le di vueltas y vueltas a esa información no lograba hacerle encajar Con todo lo demás. Me refiero a las tardeadas, a las de osas apariciones en neza y a los cuerpos que eran tirados en Tlaxcala. Pasó más de un año. Todo había quedado atrás. Estaba viendo dragon ball Z en el canal cinco, hubo comerciales y pasó la sección del al servicio de la Comunidad. En ese fragmento pusieron un retrato hablado muy borroso, cuyos detalles casi no se distinguían. Lo único que sí se entendía bien era el nombre Selene Delgado. Me quedé helado. No pude dejar de pensar en eso hasta que me fui a acostar, pero no pude dormir en toda la noche, porque cuando estaba a punto de cerrar los ojos, escuchaba el camión de los helados. Relato escrito y adaptado por Ramiro, contreras