Policías Descubren Los Oscuros Secretos De Una Secta Historias De Terror - REDE

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Detrás del caos atravesaba una profunda depresión de manera desgarradora al descubrir que la mujer con la que compartà cuatro años me engañaba con alguien de su trabajo. Me dolió enfrentar la realidad de que mis ilusiones y sueños se esfumaron de manera abrupta. Intentaba mantener mi mente ocupada en el trabajo para evitar pensar en lo que pudo haber sido lidiar con pensamientos destructivos. Era un desafÃo y al salir del trabajo, me sumÃa en la bebida en un intento de olvidar las heridas que esa mujer me causó. Asà transcurrÃan los dÃas en mi labor como policÃa, patrullando una colonia acomodada y cuestionándome por qué esa mujer me pagó de esa manera. Mis compañeros, al enterarse de mi situación, intentaban animarme y ocasionalmente me presentaban a algunas amigas. Sin embargo, en ese momento no tenÃa el menor deseo de conocer a alguien más. Me sentÃa humillado y desprovisto de ganas de vivir. Una noche, mi compañero de patrullaje y yo nos detuvimos a cenar cerca de una tienda de autoservicio, estando ahà la risa de una chica con uniforme de la tienda. Me llamó la atención, asà que volteé y fue ahà que vi a Perla. No voy a hablar de eso ni voy a dar demasiados detalles, porque, si no, mi historia se harÃa demasiado larga. El punto es que, por casualidades del destino, al cabo de algunos meses, Perla y yo nos hicimos pareja y a los dos años nos casamos. Yo siempre le insistà en que saliera de trabajar, pero nunca aceptó esa idea, asà que ella siguió trabajando en esa misma tienda cercana al restaurante donde mi compañero y yo solÃamos llegar a comer. Perla todos los dÃas me mandaba dos mensajes, uno cuando salÃa de la casa para irse al trabajo y el otro cuando ya llegaba al trabajo, porque a la hora de salida y yo no pasaba por ella. Asà que sólo eran esos dos mensajes, pero una tarde, el mensaje de que ya estaba en el trabajo no llegó, lo que me generó inquietud. Mi compañero intentaba tranquilizarme sugiriendo que tal vez su teléfono estaba sin baterÃa, pero yo presentÃa que algo andaba mal. En una oportunidad que tuve durante el patrullaje, salà de la ruta para ir a la tienda. Si la situación era que sólo se le habÃa descargado el teléfono a Perla, pues ahà estarÃa en la tienda y yo podrÃa seguir con mi trabajo, pero cuando llegué me informaron que ella no habÃa llegado a trabajar. Llamé a sus padres, pero ellos no sabÃan nada. Yo no pude continuar con mi turno. Fui hasta la casa de sus padres y desde ahà empecé a hacer llamadas a los amigos que tenÃamos en común y a los compañeros policÃas que estaban en su dÃa de descanso para que me apoyaran a empezar la búsqueda. Por supuesto que le avisé a mi jefe, pero yo sabÃa perfectamente que no podÃan darme prioridad. Lo que pasaba era que el Gobernador del Estado era de un partido diferente al del alcalde de la ciudad. La gente del Gobernador nos traÃa bien checados porque estaban esperando cualquier cosa para hacer quedar mal al Alcalde. Por eso, el Alcalde habÃa hablado con el jefe de la policÃa para decirle que si cualquiera del Departamento se veÃa en la penosa necesidad de solicitar el apoyo para cualquier cosa, pues sÃ, se le podÃa brindar siempre y cuando no hubiera cosas más importantes. Entonces, por supuesto, que se levantó el reporte, pero yo tenÃa que esperar al menos ocho horas para que, de manera oficial, los compañeros del departamento me brindaran el apoyo. En lo que pasaban esas ocho horas, los compañeros que estaban de descanso me ayudaron recorriendo la ruta que perla seguÃa para llegar al trabajo. Hablamos con vecinos, visitamos hospitales, no sólo de la ciudad, sino de los alrededores, porque unas cuantas horas son suficientes para que un vehÃculo atraviese varias ciudades. Entonces, si alguien se la habÃa llevado, podrÃamos encontrarla en las ciudades cercanas. Pasaron las ocho horas y entonces sà empezó la búsqueda bien llamadas a los departamentos de policÃa de otras ciudades. Ahora sà que con la pena, yo sé que en aquella época, cuando la gente reportaba a sus familiares desaparecidos, no siempre se actuaba con todos los recursos. Pero pues afortunadamente a mà sà me apoyaron, como se debe. Por supuesto que fue por el hecho de que yo era policÃa. Al paso de las primeras veinticuatro horas, ya nos habÃamos asegurado que no estaba en ningún hospital de las cuatro ciudades más cercanas y que tampoco estaba en ninguna morgue. Entonces, a la casa de los papás de Perla llegó una llamada. La persona que llamó dijo que él habÃa visto a una muchacha con rasgos similares a los de perla que habÃa sido levantada. Dijo que iba caminando cuando un vehÃculo le cerró el paso, se bajaron dos hombres, uno la tomó del cuello y la subió al vehÃculo. EspecÃficamente, dijo que era una camioneta gris cerrada de dos puertas con cajuela grande. Lo último que dijo antes de colgar fue la dirección hacia la que se fue la camioneta. Dijo que la camioneta tomó una calle que conectaba con la carretera que llegaba hasta la zona oriente de la ciudad, que es la zona menos urbana. Ya saben calles sin pavimentar. Pocos semáforos son asà en alumbrado público. Puras colonias asà estaban en la zona oriente de la ciudad, pero a diferencia de lo que se puedan imaginar, no era una zona con presencia de criminales todo lo contrario. Cuando quisieron contratar gente de ahÃ, ellos se pusieron muy bravos. No se dejaron intimidar por las armas. Eso le llamó mucho la atención al comandante de aquella gente y, por respeto, no se metieron a esas colonias. Por eso, a mà me hacÃa mucho ruido el hecho de que la camioneta esa de color gris se hubiera ido hacia aquella zona de la ciudad, porque no era un área conflictiva. Los criminales no estaban por allá. Esa llamada llegó como a la una de la mañana de inmediato. Los padres de Perla me llamaron para darme la información y, como ya era tarde, no quise molestar a mi jefe. Lo que hice fue a avisar a unos compañeros nada más a los que yo sabÃa que me ayudarÃan, aunque estuvieran en medio de una cena familiar pues entre seis nos quedamos de ver en un oxo que estaba sobre esa carretera y nos fuimos en caravana hacia las colonias de por allá. Obviamente, no Ãbamos en patrullas. Cada quien se fue en su carro propio. Apenas estábamos entrando en una de esas colonias. Cuando nos rebasó una camioneta gris cerrada de dos puertas con cajuela amplia. Esa camioneta iba como a ciento veinte kilómetros por hora. Entonces esa velocidad a esa hora de la madrugada y, además, con la evidente similitud con la camioneta reportada en la llave, pues nos fuimos detrás de la camioneta. No nos acercamos demasiado, solamente le pisamos hasta tener a la vista las luces traseras de la camioneta. Nos quedamos como a doscientos metros de distancia siguiendo al vehÃculo cuando notamos que el vehÃculo empezó a bajar la velocidad. Lo que hicimos fue aumentar nuestra velocidad y lo rebasamos, pero fue con una intención. Si la camioneta redujo su velocidad era porque ya iba a bajar de la carretera, entonces lo que fuimos haciendo nosotros fue bajarnos cada uno en las salidas que Ãbamos pasando, asà que cubrimos seis salidas. En cuanto a la camioneta tomara una de esas salidas, el que estuviera en esa salida le avisarÃa a los demás y asà pasó. La camioneta tomó una de las salidas que tenÃamos cubiertas. Era una salida que no llevaba ninguna colonia, sino que era una brecha que atravesaba una zona de puro Monte BaldÃo. El que estaba ahà nos avisó y ya a todos nos fuimos para allá, para cuando llegamos la camioneta ya se habÃa alejado por la brecha, pero eso no nos preocupaba, porque el terreno era muy irregular, asà que la camioneta tendrÃa que ir despacio. Dejamos cinco carros medio parados. Los seis nos subimos en un solo vehÃculo y le dimos por la brecha con las luces apagadas los primeros kilómetros. Si tuvimos que apresurarnos para alcanzar a la camioneta, no nos acercamos ya con ver las luces traseras era suficiente. Esa camioneta se metió a una especie de finca. Nosotros paramos el vehÃculo como a trescientos metros de la finca. Nos bajamos y fuimos a revisar a pie. Lo que hicimos fue empezar a caminar alrededor de las paredes que encerraban la finca. Estábamos buscando un hueco, aunque fuera pequeño, para poder mirar el interior, pero aunque le dimos toda la vuelta, no encontramos nada. Obviamente, no podÃamos ir a asomarnos por el portón. Entonces a alguien se le ocurrió que nos trepáramos a un árbol y aunque fuera de lejos podrÃamos ver algo. Buscamos un árbol de alto y uno de los compañeros se subió. Estuvo trepado como treinta segundos. Cuando bajó nos dijo que algo muy raro estaba pasando dentro, porque en el patio de la finca estaban unas personas vestidas con túnicas. Además habÃa una especie como de fogata y alrededor de la fogata habÃa muchachas amarradas y con la cara cubierta. Además, estaba el hecho de que notamos a por lo menos nueve personas con armas largas. Nosotros sà traÃamos armas, pero eran cortas. Si intentábamos algo, Ãbamos a terminar frÃos. Entonces uno de los compañeros dijo que él tenÃa un conocido que trabajaba para el comandante de aquella gente y ese conocido le debÃa un favor que si yo querÃa, él podÃa hacer una llamada y con suerte nos echarÃan la mano. La verdad. Yo no sabÃa qué hacer, por supuesto que no estaba seguro de que perla fuera una de las muchachas que estaban dentro de la finca, pero pues sà existÃa, aunque fuera la mÃnima posibilidad de que estuviera ahÃ, pues me la tenÃa que jugar. Todos volvimos al carro. El compañero hizo la llamada y a los veinte minutos llegaron aquellos. Obviamente, no venÃa el comandante, pero si venÃa uno que era jefe de rango mediano, ya le explicamos cómo estaba el asunto. Lo que ese jefe nos dijo fue que lo que estuviera pasando allá adentro ellos no tenÃan conocimiento de nada y, por lo tanto, no podÃa estar pasando nada bueno, asà que iban a reventar todo que nosotros nos quedáramos afuera hasta que eliminaran a todos los que estaban adentro. Yo me esperaba que esa gente rodeara la finca y entraran por todos lados. No tenÃan ningún tipo de entrenamiento, asà que lo que hicieron fue actuar a la brava con una camioneta. Tumbaron el portón de la finca para meterse y luego entraron detrás de las otras dos camionetas. Se escucharon demasiadas detonaciones, pero aquello no duró ni cinco minutos. Uno de ellos nos hizo la señal y fuimos corriendo, sobre todo yo, que me fui directo a donde estaban las muchachas, pero antes de llegar con ellas, dos de esa gente me pararon y me dijeron tú no quieres ver esto, dinos cómo es ella. Nosotros ya las vimos. Te decimos si está o no está. Cuando dijeron eso a mà y la sangre, se me fue hasta los pies porque entendà que las muchachas ya estaban muertas. Los compañeros llegaron conmigo y me vieron que yo estaba muy nervioso. Preguntaron qué pasaba en eso. También se acercó el jefe de aquellos y les dijo que me dejaran ver y sÃ, ahà estaba perla. Su condición era la misma que la de las otras muchachas. Ya no estaba con vida. Yo quedé destrozado, me tiré al piso grité lloré en eso de debajo de un carro que estaba en la finca. Aquella gente sacó a un señor que estaba escondido apenas le iban a pegar el tiro. Cuando el jefe les ordenó que lo trajeran. El Geoff le puso el arma en la cabeza y le preguntó qué era lo que hacÃan aquà el tipo ese ya con mucho miedo dijo todo. Voy a ser honesto. Ãl nunca mencionó la palabra culto, ni tampoco la palabra secta. Ãl solo dijo que, pues eran un grupo de personas que se reunÃan para hacer misas en honor a su Dios. Independientemente de que él no lo haya dicho, era obvio que eran una secta. El hombre siguió hablando. Mencionó que la finca no era sólo para sus extrañas misas, sino que también la usaban para otras cosas que no puedo detallar. Luego soltó que no eran sólo ellos que tenÃan aliados en lugares altos. No sé a qué se referÃa con eso, pero sonó como si tuvieran conexiones con personas influyentes. Luego dijo otra cosa. No me acuerdo qué fue, pero eso que dijo me molestó demasiado, asà que me levanté y me le dejé ir a los golpes. Yo estaba consumido por la rabia. QuerÃa arrebatarle la vida, pero el jefe de aquellos no me dejó. Me aclaró que lo necesitaban vivo para llevarlo con el comandante. Asà que, pues, me tuve que controlar. Aunque no pude salvar a perla, al menos pude recuperar su cuerpo y asà pudimos darle un entierro. Escapando del infierno. Hace unos cuantos años, mi familia tomó la decisión de ingresarme en un centro de rehabilitación debido a problemas con alcohol y cualquier otro tipo de sustancias. Mis familiares tomaron esta decisión porque me habÃa vuelto incontrolable, ya habÃa tocado fondo varias veces sin mostrar intenciones de cambiar y seguir adelante con mi vida. En verdad quisiera poder decir en qué ciudad ocurrió esto y también me gustarÃa dar el nombre de ese centro de rehabilitación, pero no puedo hacerlo conforme. Vayan escuchando mi historia, entenderán mis motivos para no revelar esos detalles. Puedo decir que el centro estaba en una antigua casona a las afueras de un pueblo que queda sobre una de las varias carreteras que salen del Estado de México. Desde el principio noté comportamientos extraños entre los pacientes y el personal del centro. Por dar un ejemplo, en las noches se podÃa escuchar que habÃa varias personas caminando por los pasillos mientras murmuraban. Yo entiendo que en un lugar de semejante naturaleza, siempre hay que estar alerta, sobre todo por las noches, porque los internos pueden idearse cualquier cosa, pero con que hubiera una persona por cada dos habitaciones era suficiente, porque la puerta se cerraba por fuera, asà que ningún interno podÃa salir de las habitaciones durante la noche. Por eso se me hacÃa tan raro escuchar tanto movimiento en los pasillos durante las noches. Además, una vez al mes se escuchaban cosas muy extrañas que provenÃan de un una zona del centro al que ningún interno podÃa acceder. Esos ruidos duraban de la dos treinta a las tres treinta de la madrugada. En un principio me resultaba sumamente difÃcil poder identificar y diferenciar los sonidos, porque se escuchaban muy en la distancia, pero era como una mezcla de cantos música y hasta podÃa escuchar como gritos ahogados, como si le estuvieran tapando la boca a alguien que gritaba. Obviamente que las primeras veces que yo notaba cosas raras, preguntaba al personal del centro, pero siempre me daban respuestas ambiguas o de plano. No me respondÃan. Por eso yo mejor dejé de preguntar otra cosa rara era que los internos que tenÃan casos más graves. Me refiero a que sus adicciones eran tan fuertes que terminaron yendo al centro para no ir a la cárcel de esas gentes. Casi nadie tenÃa familia y los que sà tenÃan no podÃan regresar con sus familias porque ya los habÃan hartado. Asà que se podrÃa decir que los que están estaban más mal ya no tenÃan vida fuera del centro, pues ellos tenÃan una especie de cicatriz en la muñeca izquierda. ParecÃa una marca hecha como con una navaja. Eso tenÃa forma de un pequeño triángulo con un punto en el centro. El hecho de que yo tuviera ciertos problemas con las adicciones no significaba que no me girara el ratón en la cabeza. Por eso se me hizo obvio que era demasiado improbable que todos ellos se hubieran conocido desde antes de entrar al centro y que, por alguna razón, se pusieron esa marca. Eso era prácticamente imposible. Por lo tanto, la explicación más lógica era que esa marca se la habÃan hecho dentro del centro. Yo intenté que me dijeran por qué se habÃan puesto eso, pero siempre evitaban mis preguntas como si les diera vergüenza, como si significara algo malo y asÃ, pequeños detalles raros que en teorÃa no estaban conectados, empezaron a ponerme paranoica mi situación y mi comportamiento. Empezó a llamar la atención del personal del centro como que su actitud hacia mà empezó a cambiar poco a poco, de tal forma que hasta yo sentÃa que eran hostiles conmigo. El momento en que me empecé a sentir agredida fue cuando la comida que me daban tenÃa un sabor raro. No era algo demasiado exagerado, pero sà lo notaba. No es que tuviera un mal sabor, pero sà tenÃa un sabor que no correspondÃa. Lo mismo pasaba con los jugos o las malteadas. La situación se volvió insostenible cuando, en una ocasión, al momento en que me tomé un jugo, perdà el conocimiento al despertar me encontré en una habitación de inmediato me di cuenta que sólo estaba en ropa interior. Apenas estaba medio reaccionando cuando personas con máscaras plásticas de animales ingresaron al cuarto verme rodeada de enmascarados. Ha sido el momento más escalofriante de toda mi vida. De verdad pensé que me iban a hacer algo horrible, sobre todo por el hecho de que estaba en ropa interior, pero gracias a Dios, no pasó nada de lo que yo me estaba imaginando. Lo que hicieron fue sujetarme y con una navaja me pusieron el mismo sÃmbolo que yo habÃa visto en otros internos, el triángulo con el punto en el centro. Después de eso, me sentaron en un sillón que estaba frente a una televisión. Me amarraron para que no pudiera desviar mi mirada de la pantalla y empezaron a reproducir una serie de grabaciones bastante vamos a decir impresionantes, pero no me refiero a que lo que me estaban mostrando era algo muy fuerte. De hecho, en las grabaciones solamente salÃa un hombre mirando directamente a la pantalla, pero la cuestión eran las cosas que ese hombre decÃa, porque todo estaba hecho de tal forma que parecÃa que esa persona me estaba hablando a mà directamente. En verdad. Prefiero no especificar todas las cosas que escuché de ese hombre en la pantalla, porque son muy fuertes. Lo único que deben saber era que, luego de estar más de doce horas con la mirada fija en esa pantalla, sentà que algo se rompió dentro de mi mente. Todas las palabras que ese hombre decÃa calaron muy hondo en mi cerebro. Supongo que esa era la idea. Supongo que querÃan quebrarme luego de esa sesión me liberaron, me dieron ropa, me dieron de comer y me dejaron ir a dormir a mi cuarto. Al dÃa siguiente, yo no quise salir para nada de la habitación porque me sentÃa vulnerable, pero en la madrugada me sacaron por la fuerza y me llevaron a rastras de nuevo a aquel cuarto. No pude gritar porque me taparon la boca mientras me arrastraban. Me fueron rasgando la ropa hasta dejarme solo en ropa interior. Me amarraron al mismo sillón y me volvieron a poner todas las grabaciones y asà me tuvieron durante seis semanas. Yo en realidad no recuerdo mucho de lo que sucedió en esas seis semanas, porque me estaban rompiendo la mente. De hecho, el único motivo por el cual yo sé que fueron seis semanas de estarme lavando el cerebro es porque cada que me regresaba al cuarto, luego de estar amarrada en aquel sillón, ponÃa una marca en la pared para contar las veces que me estaban llevando. En total, me llevaron veintiuno veces y tomando en cuenta que me llevaban un dÃa sà y un dÃa no. Por eso sé que fueron seis semanas. Durante ese mes y medio estuve presenciando muchas cosas que fui recordando poco a poco, pero ya llegaremos a eso. El punto es que, luego de que pasaron esas seis semanas, ocurrió algo. Hubo un incendio en la cocina. Las llamas se propagaron rápidamente devorando las instalaciones. Por supuesto que tanto yo como muchos de los internos supimos que esa era la oportunidad perfecta para escapar de aquel infierno y, en lugar de intentar controlar el fuego o de intentar ayudar a salir a otras personas. Lo que hicimos varios fue abrirnos paso entre el fuego para alargarnos de ahÃ. Como la mayorÃa del personal estaba en la parte del frente, nosotros nos fuimos por la parte de atrás, asà que al salir del centro, no quedamos en dirección de la carretera, sino en dirección del monte. Por supuesto que lo más lógico hubiera sido que, como ya estábamos afuera, sólo tenÃamos que darle la vuelta al edificio y correr hacia la carretera. Pero ninguno de nosotros estaba pensando en ese momento, asà que corrimos y nos adentramos en el monte. Ese monte llevaba hasta un cerro entre tanto caos, pues todos nos separamos. Desconozco qué sucedió con los demás, pero yo me escondà en una zanja que encontré en el camino, porque no quise irme hasta el cerro. Me quedé allà escondida en la zanja hasta que se puso el sol. Al caer la noche, caminé hasta salir al otro extremo del monte y afortunadamente di con la carretera. Estuve haciendo señas hasta que un matrimonio detuvo su auto y me ofreció ayuda. Ellos no me hicieron ninguna pregunta, como que se dieron cuenta de que yo estaba muy mal y de que lo último que necesitaba era hablar de lo que me habÃa pasado. Les pedà de favor que me llevaran a la casa de mi familia y eso hicieron. Ya estando en casa, conté lo que me habÃan hecho, bueno lo poco que recordaba, pero claro que no me creyeron. Mi familia creyó lo que salió en las noticias locales en la televisión Dijeron que varios de los internos se habÃan organizado para prenderle fuego al lugar, pero la verdad lo que menos me importaba era que me creyeran. Lo único importante era que el lugar habÃa quedado totalmente destruido y, por lo mismo, ya no tuve que regresar de nuevo a ese infierno. Pero la pesadilla no terminó ahÃ, porque con el pasar de los dÃas, yo fui recordando algunas de las cosas que habÃan pasado durante las seis semanas que estuve siendo sometida a ese lavado de cerebro. Los recuerdos que tengo son escenas sin demasiado contexto. Recuerdo fragmentos de cosas, pero no sé qué ocurrió primero ni por qué yo estaba presenciando esas cosas. Pero aún asà podÃa dar más o menos una idea de lo que habÃa pasado. No puedo dar demasiados detalles de esos recuerdos, porque son cosas muy fuertes, además de que en esos recuerdos aparecen personas que sé perfectamente que no las puedo mencionar porque me meterÃa en problemas. Lo que sà les puedo asegurar es que ese centro de rehabilitación solamente era una fachada para que una secta con mucha influencia pudiera realizar sus actividades turbulentas, como podrán imaginar si habÃa cierto tipo de sacrificios. Pero los miembros de la secta nunca se manchaban las manos de sangre. Necesitaban un chivo expiatorio que hicieran el trabajo sucio por ellos. Ahà es donde cobra relevancia ese sÃmbolo del triángulo con el punto en el centro dentro de la secta. Ese sÃmbolo tiene el significado de algo, asà como el permiso de poder corromper las leyes de la naturaleza, Es decir, que los que tienen el sÃmbolo marcado en su piel sà pueden matar. Entonces lo que ellos hacÃan era elegir a gente, asà como me eligieron a mÃ. Nos rompÃan la mente. Nos dejaban tan dañados que podÃan manipularnos a tal grado que obedecÃamos sin cuestionar. Yo no entiendo mucho del tema, pero estoy segura que el hecho de tenerme en ropa interior al momento de estarme sometiendo al lavado de cerebro era para que yo me sintiera indefensa y fuera más fácil quebrarme ahora entiendo, porque aquellos que tenÃan la marca se negaban a hablar sobre eso. Han de haber vivido cosas horribles sin poder oponerse debido a que su voluntad estaba reducida a cenizas revelación demonÃaca. Todo empezó cuando un amigo cercano comenzó a mostrar un comportamiento sumamente extraño, aunque siempre habÃa sido un buen amigo, algo estaba cambiando drásticamente en él. Intrigado, decidÃa abr habla con él para entender qué estaba sucediendo en su vida. Fue en esa conversación que me reveló que estaba involucrado en una secta, lo que explicaba su extraño comportamiento y su falta de descanso nocturno debido a las reuniones frecuentes que sucedÃan durante la madrugada. A medida que mi amigo compartÃa más detalles sobre las actividades de la secta, mi curiosidad creció. Me propuso la posibilidad de unirme a ellos y experimentar todo por mà mismo. Siendo una persona extremadamente curiosa, acepté la oferta sin realmente entender completamente. En el hoyo en el que me estaba metiendo, mi amigo me preguntó si estaba seguro y yo le dije que sÃ. Entonces él tomó el teléfono y le marcó a alguien de la secta para decirles que tenÃa aún prospecto. A miembro. Intercambiaron algunas palabras y al terminar la llamada mi amigo me dijo que abrÃa una reunión. La noche siguiente nos dirigimos a un lugar que estaba afuera de la ciudad. Hagan de cuenta que Ãbamos por la casa de carretera. Salimos de la ciudad y antes de llegar a la siguiente ciudad. AhÃ, en medio de la nada, tomamos un camino de tierra y recorrimos varios kilómetros hasta llegar a un lugar que me dejó atónito. Era un santuario gigante. Era más ostentoso que la catedral de la ciudad. Entré al lugar y me encontré con imágenes de demonios nombres como Belcebú y Lucifer. Adornaban las paredes me llevaron a una habitación donde me sometieron a lo que sentà como un interrogatorio intenso, preguntas sobre mis motivos para unirme cosas como que sà ya estaba en alguna otra secta, si era devoto de la muerte y muchas más preguntas de las que no puedo especificar demasiado. Respondà con honestidad explicando que mi único motivo era la curiosidad. Después de ese extenso interrogatorio, salà de la habitación y mi amigo continuó mostrándome el lugar era un ambiente tenebroso, imponente y desconcertante. Los miembros se reunieron ns nuevamente y me comunicaron que serÃa aceptado en la Comunidad o, como ellos preferÃan, llamarlo en la Iglesia, Pero obvio, eso era una secta. A los pocos minutos comenzaron a llegar vehÃculos de todo tipo, autos camionetas camiones. Era un panorama extraño para mÃ. Esperaba ver a personas con capuchas negras y escenas dignas de pelÃculas, pero no fue asÃ. Eran personas comunes que venÃan a participar en el evento. Tuvimos una cena y al finalizar, mi amigo me llevó de regreso a casa y me dijo que habrÃa otra reunión dentro de dos dÃas. Conforme fueron pasando los meses, mi amigo me fue contando detalles sobre la estructura interna y las actividades de la secta. Descubrà que habÃa distintos rangos y que las prácticas estaban divididas por etapas. A lo largo de los años que estuve asistiendo a ese lugar, presencié y vivà experiencias que considero insoportables para muchos. Quiero compartir algo, algunas de las más impactantes para no extenderme demasiado comenzaré con rituales que podrÃamos considerar leves como sacrificios de animales. No entraré en detalles especÃficos, ya que algunos de estos rituales involucraron prácticas bastantes bizarras. Hubo sacrificios de gallinas, cabras y otras criaturas, formando parte de las actividades que llevábamos a cabo. Ahora seguramente se preguntarán para qué sirve rendir culto a estas entidades oscuras o demonios, y la respuesta es que cada uno tiene su propia forma de adoración. Algunos requieren sacrificios, otros simplemente demandan sangre y algunos aceptan ofrendas más comunes, como el dinero. Por ejemplo, habÃa una figura de la Santa Muerte asociada a la abundancia y la ausencia de mal, donde la gente solÃa dejar dinero como ofrenda a medida que los años transcurrÃan ascendÃa de nivel gradualmente. Cada año aprendà a nuevas prácticas rituales y ganaba sabidurÃa en la magia negra. El satanismo posee valores que, de hecho, difieren de los mandamientos de muchas iglesias convencionales. A lo largo de mi trayectoria, conocà a maestros que, a diferencia de los lÃderes, tenÃan la tarea de enseñar y guiar en una ocasión a varios miembros, como unos cinco o seis, nos dieron la opción de someternos durante un año y medio a ciertos rituales intensivos, con la finalidad de prepararnos para dar un paso más hacia lo que ellos llamaban la gran revelación. Por supuesto que todos dijimos que sÃ. No puedo hablar sobre esos rituales por dos cosas. La primera es que son cosas muy delicadas que no pueden mencionarse en YouTube. Y la segunda es que la verdad me da vergüenza admitir que yo participé en algo como eso. Entonces ya pasó el año y medio que nos habÃan dicho y entonces sà nos llevaron a la ceremonia tan importante para la que nos habÃamos estado preparando. Fuimos hasta la parte de más atrás dentro del templo. Ahà habÃa una puerta al abrirla. Lo único que encontramos dentro de ese cuarto fue algo tipo escotilla que estaba en el piso. Al levantar esa escotilla, habÃa unas escaleras que nos llevaron hasta una especie de cueva. Luego de caminar por unos tres minutos llegamos a donde habÃa una especie como de arco. Eran dos pilares de madera unidos por huesos. En la parte de arriba no habÃa puerta. Eso fue lo que se me hizo más raro, porque yo entenderÃa que pusieran una decoración de esas en una puerta. Pero asà puesto nada más, pues era medio raro, porque tampoco habÃa ninguna diferencia entre estar de un lado o del otro, por lo menos no una diferencia visible. Era una cueva. Lo único que habÃa en ambos lados era roca. Sólo eso llegamos a ese arco. HabÃa otras personas. Ellos nos dieron unas túnicas especiales con ciertos sÃmbolos y entonces sà cruzamos por debajo de la de la del arco. Para ser honesto, sà sentà un cambio de temperatura al pasar de un lado al otro. Fue como si de repente hubiera hecho un poco más de calor. Medio raro. Conforme seguimos caminando. Una de las personas que nos estaba guiando nos aclaró que al llegar al lugar indicado tenÃamos completamente prohibido hablar, No podÃamos hacer ningún ruido con la boca. Entonces llegamos al final de la cueva. Ahà habÃa un trono de oro y huesos sobre el cual estaba sentada una figura de piedra, una figura humanoide que desprendÃa un olor como a huevo, podrido y sangre. Las personas que nos estaban guiando se dirigieron a esa figura de piedra como gran maestro. Y entonces la figura de piedra habló. Habló utilizando una voz normal, no una voz distorsionada ni gutural. TenÃa una voz completamente normal. Creo que eso fue lo que más me impactó. Eso que tenÃa frente a mÃ. No era una simple figura de piedra, era un demonio. No tenÃa cuernos, ni cola ni alas. Tampoco tenÃa un rostro deformado con colmillos. No sé si era un demonio poseyendo a la figura de piedra o si la figura de piedra era el demonio en persona, no tengo idea. El punto es que, de una manera o de otra, lo que estaba frente a nosotros era un demonio en toda regla. Lo que dijo cuando habló fue de aquà sólo van a salir cuatro. Los que nos habÃan llevado eran dos. Eso significaba que de nosotros sólo dos saldrÃamos. De ahÃ, mi amigo y yo volteamos a vernos sabiendo que las palabras del demonio significaban que los demás se quedarÃan a modo de sacrificio. Las personas que nos llevaron nos felicitaron a mi amigo y a mÃ. Luego nos dijeron que el simple hecho de que pudiéramos movernos era porque nosotros éramos los dos que saldrÃamos. En eso, yo volteé a ver a los otros y me di cuenta que estaban como paralizados ni siquiera parpadeaban. Esto puede sonar un poco cruel, pero me alegré que ellos fueran a morir y que mi amigo y yo pudiéramos salir de aquella cueva. Ya empezamos a irnos de regreso. Con cada paso que daba, yo me iba convenciendo más y más de que yo ya habÃa llegado a mi lÃmite. Mi lado curioso me habÃa llevado al extremo de estar cara a cara con un demonio. Para mÃ, eso ya era suficiente. Cruzamos de regreso el arco y en ese momento escuché como los que se habÃan quedado a modo de sacrificio empezaron a gritar de una manera muy desesperada y desgarradora al momento de salir de la cueva y llegar a la sala principal del templo. Cuando llegamos nos estaban esperando los miembros de más alto rango de la secta nos felicitaron cenamos y luego ya cada quien se fue a su casa. Yo no pude dormir durante tres dÃas seguidos de verdad no podÃa terminar de asimilar lo que habÃa pasado. Imaginen tener a un demonio cara a cara Es una experiencia muy impactante y no se la deseo a nadie. Al estar cara a cara con un demonio, comprendà que la maldad de estos seres es real. Lo más perturbador es que pueden hablar como cualquier persona. Después de aquella inquietante experiencia en la cueva, traté de retomar mi vida cotidiana, pero las imágenes del encuentro con el demonio seguÃan persiguiéndome. Cada noche revivÃa las palabras del ser oscuro y los gritos desesperados de aquellos que quedaron atrás. La falta de sueño empezó a afectar mi estado de ánimo y rendimiento diario. Decidà compartir mi experiencia con mi amigo, el único otro testigo que salió ileso de la cueva. Ambos intentamos procesar lo ocurrido, pero nuestras conversaciones sólo generaban más incertidumbre. La curiosidad que nos llevó a explorar la cueva ahora se habÃa convertido en un peso en nuestras mentes. Para poder apartarme por completo de la secta, me tuve que mudar a otro Estado y no fue como que me escondiera para hacerlo lo lo lo lo o o lo or tuve que hacer fue encontrar la manera que los de mi trabajo me enviaran de transferencia y entonces hablé con la secta para decirles que, pues, me irÃa a vivir y a trabajar a otro Estado. De esa manera no estaba huyendo, porque debo decir que todo el que intentaba huir terminaba muerto ya estando lejos de la secta, tuve que seguir asistiendo al templo durante más de un año, pero lo que hacÃa era que entre viaje y viaje, cada vez pasaba más tiempo hasta que ya no regresé. No hubo represalias en mi contra porque no abandoné de golpe, sino que fue de forma paulatina, asà que no se vio como que yo estuviera intentando huir. Por eso sigo con vida detrás del volante. Me convertà en chofer gracias a una casualidad, o al menos eso pensé al principio. Inicialmente me desempeñaba como el encargado del mantenimiento de una casa de gente de mucho dinero. Un dÃa mientras realizaba mis labores habituales, fui convocado a la Oficina del Patrón. Al entrar me recibió con entusiasmo y me propuso ser su chofer personal con la promesa de un salario adicional. Después de pensarlo y consultar a mi esposa, acepté la oferta, sabiendo que el anterior chofer disfrutaba de un buen sueldo y una vida cómoda. Aunque al principio todo parecÃa normal, Pronto comencé a pasar menos tiempo con mi familia, ya que las exigencias del trabajo a veces requerÃan que me quedara a dormir en la casa del patrón. La situación dio un giro inesperado cuando me propuso acompañarlo en un viaje de negocios fuera de la ciudad que durarÃa doce dÃas. Después de consultarlo con mi esposa, acepté, motivado por la generosa compensación y la promesa de una semana completa de vacaciones. Al regresar. Sin embargo, antes de partir el patrón me hizo una advertencia seria y firme. Me dijo que lo que sucediera en el viaje, debÃa permanecer en el viaje y cualquier cosa que presenciara no debÃa divulgarse. Aunque lo sentà como una amenaza, lo interpreté como una precaución ante posibles situaciones comprometedoras durante el viaje, ya que él tenÃa aspiraciones polÃticas. En el dÃa del viaje manejé alrededor de ocho o nueve horas hasta llegar a un poblado en la orilla de la sierra. Una vez en ese lugar comenzamos a ascender por las faldas de la sierra. Eso ya a pie. Yo sólo me limitaba a seguir al patrón en más de una ocasión. ParecÃa que regresábamos por el mismo camino entre árboles y montañas, perdiendo completamente el sentido de la dirección. Finalmente llegamos a nuestro destino. Unas cabañas en medio de la sierra, en un lugar remoto sin señal de teléfono. Antes de bajarme de la camioneta, mi patrón me detuvo y me pidió mi celular, explicando que en ese lugar no permitÃan dis positivos que pudieran tomar fotos o videos. Para mantener todo en secreto. Aunque me sentà incómodo, tuve que ceder ya que él era el patrón. Después de entregar el teléfono, me sonrió y dijo que no me preocupara que disfrutara del viaje. Al llegar, descubrà que las cabañas estaban divididas en una principal lujosa y grande y cabañas secundarias para choferes y cocineros. En la cabaña asignada compartà habitación con otros siete individuos. Al no haber señal de televisión, nos tenÃan un repertorio de pelÃculas en DVD. Me di cuenta de que algunos de los que estaban ahà no era su primer viaje y que estaban acostumbrados a la rutina. Cada vez que me aburrÃa, salÃa de la cabaña y me ponÃa a explorar los alrededores. Encontré un lugar lleno de cenizas, aparentemente utilizado para fogatas. Cuando regresé de explorar, el sol ya se ocultaba. Me indicaron que pasó a recoger mi cena, aunque no estaba acostumbrado a cenar a esa hora. Más tarde, cuando sentà hambre y me dispuse a cenar, noté que en el plato no habÃa cubiertos. Tuve la intención de ir al comedor para buscar, pero en eso uno de los que estaban ahÃ, del que no diré nombre ni apodo, sólo diré que era al vino, se levantó y me detuvo preguntándome a dónde iba. Le expliqué que iba al comedor en busca de cubiertos y él me dijo que no debÃa salir porque ya era muy tarde. Aseguró tener algunos y me los ofreció, asà que volvà a la mesa y cené. Cuando todos se retiraron a dormir, yo no sentÃa sueño y quise salir a caminar. Al acercarme a la puerta, fui detenido por el que era al vino quien preguntó a dónde iba. Le dije que querÃa salir a caminar y fumarme un cigarro, pero nuevamente me prohibió salir diciendo que era demasiado tarde. Su tono me molestó y decidà abrir la puerta, pero él me detuvo. Me dio un consejo explicándome que los patrones no toleran a quienes miran y chismean. Me advirtió sobre posibles problemas graves. Sonó tan convincente que cerré la puerta y me acosté. Sin embargo, no podÃa conciliar el sueño y comencé a escuchar extraños cantos provenientes de la cabaña principal, como si estuvieran teniendo una reunión religiosa. Cuando esos cantos resonaron en la noche, un escalofrÃo inevitable recorrió mi cuerpo en eso. Uno de los que estaban ahà en la cabaña se levantó y fue hacia la ventana para observar, pero fue detenido por el que era al vino y le dijo lo mismo que a mÃ, pero el otro como que no querÃa hacer caso y se pusieron a discutir, yo decidà hacerme el dormido. Esos cánticos persistieron durante toda la noche. Desperté cuando los encargados de la comida se preparaban para sus tareas. Escuché sus susurro sobre lo ocurrido la noche anterior, mencionando esas canciones extrañas y unos son gritos desconcertantes. Uno asintió y el otro parecÃa temeroso de hablar mal de los patrones. Al levantarme para el desayuno, esperaba que alguien hablara de lo ocurrido, pero nadie mencionó absolutamente nada. De regreso a la cabaña. Noté que el que era el vino ya no estaba. Decidà preguntar a uno de los que estaban ahà si él también habÃa escuchado lo de la noche anterior. Más tarde, cuando salà al patio, vi que el que era el vino salÃa de la cabaña principal. Todo ese panorama me estaba generando una sensación incómoda, pero me veÃa obligado a aguantar, ya que necesitaba el trabajo. Lo único que yo estaba esperando era que los dÃas pasaran lo más rápido posible Para mantenerme ocupado, decidà ir a un cuerpo de agua que estaba como a cinco minutos yendo a la parte trasera de la colina caminando hacia allá. A lo lejos, pude distinguir una figura imponente de un hombre con cabeza de chivo y cuernos enormes, con una mano apuntando hacia arriba y otra apuntando hacia abajo. No sé por qué, pero me quedé inmóvil observándola. Incluso jurarÃa que en algún momento la figura giró el cuello para mirarme fijamente, pero quizás eso sólo fuera producto de mi imaginación. De repente sentà que alguien me tomaba del hombro a punto de soltar un grito al girar era el albino, advirtiéndome que esa ya era la segunda advertencia que me daba y que no iba a haber una tercera advertencia. Hizo mucho hincapié en que me limitara a lo mÃo por mi propio bien asustado y tartamudeando traté de explicar que sólo estaba paseando y que me impresionó la belleza de la colina y la cabaña. Sonrió de manera irónica y me dijo que sabÃa perfectamente lo que estaba haciendo, advirtiéndome sobre las consecuencias de que me descubriera una tercera vez viendo o haciendo cosas que no me quedé aturdido. Bajé la cabeza y regresé a la cabaña. Estaba temeroso y decidà no salir más. No querÃa cometer un error y provocar ese tercer aviso del que me habÃan advertido. Más tarde, uno de los cocineros se acercó intentando hacerme plática y de repente preguntó qué vi cuando fui al rÃo, mencionando que el que era el vino estaba molesto conmigo. Me inventé la respuesta. Los dÃas siguientes preferà no salir de la cabaña. Sólo lo hice para comer. Algunas noches después, los cánticos resonaron nuevamente y esa vez ya estaba tan aterrado que no pude conciliar el sueño. En algún momento de la madrugada empezaron a escucharse gritos desde la cabaña. HabrÃa jurado que estaban torturando a alguien, aunque puede ser que todo sea fruto de mi imaginación, ya que nunca vi nada. Los siguientes dÃas fueron lo mismo. La última noche en la colina fue la más inquietante. Los cánticos alcanzaron un tono más desgarrador y los gritos se intensificaron. Aunque no podÃa ver lo que ocurrÃa, la atmósfera estaba cargada de una energÃa perturbadora. Dormir se volvió imposible y esperé ansiosamente la llegada de la mañana para abandonar ese lugar. SombrÃo. Finalmente llegó el momento de regresar. Ese dÃa me permitieron acercarme a la cabaña principal para cargar el equipaje de mi patrón. No sé por qué, al aproximarme una sensación incómoda y de temor, me invadió. Pero pues, ni modo que no ayudara al patrón con su equipaje. Al entrar a la cabaña principal involuntariamente levanté la mirada y en el segundo piso pude ver nuevamente la misma figura que habÃa visto cuando quise ir al rÃo. En esa ocasión distinguà claramente un rostro y unas manos manchadas de color rojo. Cargué el equipaje rápidamente y salÃ. De ahà ya caminamos de regreso. Hasta el verso nos subimos y empecé a conducir de regreso a la ciudad en mitad de la carretera. Mi patrón me preguntó si habÃa estado curioseando ante la pregunta, me puse nervioso y me dijo que estaba al tanto de mi curiosidad, añadiendo que estaba bien, pero advirtiéndome que si divulgaba cualquier cosa vista durante el viaje, yo y mi familia no la pasarÃamos bien. Sin embargo, si guardaba el secreto y me comportaba bien, habrÃa recompensas para mà y mi familia. Como podrán imaginar, decidà comportarme bien y mantener el secreto hasta ahora. Y si me atrevo a hablar, es que el patrón tuvo problemas con cierta organización y pues él y su familia terminaron tres metros bajo tierra la raza. En los años noventa corrÃan varios rumores sobre setas s satánicas. Recuerdo que varios factores, como entrevistas en canales de televisión, divulgaron la existencia de estos grupos alimentando su crecimiento. Hubo individuos que afirmaban haber sido obligados a formar parte de estas sectas y contaban experiencias grotescas, lo cual asustó a muchos, especialmente a aquellos con fuertes convicciones religiosas. En aquellos años, yo, la menor de ocho hermanos, estaba enfocada en mis estudios, pero también preocupada por mis padres, porque estaban enfrentando dificultades debido a problemas de salud. Mi mamá, afectada por la diabetes, ya no podÃa ver bien y mi papá, arquitecto independiente, lidiaba con dolores de espalda y rodillas. En una ocasión, al regresar de la universidad, encontré a mi mamá en el suelo. TenÃa el cuerpo muy caliente y estaba balbuceando. De inmediato corrÃa el teléfono de la casa y llamé a una ambulancia de la Cruz Roja que que tardó unos quince minutos en llegar. En lo que llegaba, utilicé mis conocimientos de enfermerÃa para atender a mi mamá, sólo para asegurarme que no se pusiera peor. Ya llegaron los paramédicos y llevaron a mi madre a la clÃnica más importante del área metropolitana de la capital del paÃs. A pesar de algunas deficiencias, recibimos una atención aceptable, le administraron intravenosas, realizaron análisis y tomografÃas y permanecimos allà durante varios dÃas. Durante mi estancia en el hospital, me encontré con compañeras y compañeros de la escuela, incluida una amiga cercana con la que solÃa compartir momentos en nuestras casas. Al verme, ella mostró preocupación y me acompañó durante un tiempo, cuando mi padre estaba cuidando a mi madre mientras estaba en la entrada del hospital con ella, me contó algo que me pareció increÃble, pero también aterrador. Mi amiga, quien estaba dando sus prácticas en ese hospital, me dijo que llevaba dos meses trabajo dejando allÃ. Sin embargo, ya habÃa solicitado un cambio a otra clÃnica. Anteriormente, sus palabras me pusieron la piel de gallina. Comenzó a explicarme que cada semana habÃa cambios de jefes de enfermeras que rotaban por distintas áreas para facilitar el aprendizaje. A la tercera semana, en el área de pacientes coronarios presenció un suceso extraño. Un paciente crÃtico falleció y, siendo parte del personal de enfermerÃa, la jefa de enfermeras se ofreció a trasladar el cuerpo a su camilla. Incluso les pidió a los camilleros que fueran a tomar café y que ella los invitarÃa, una oferta que aceptaron gustosos. Cuando presenció a la jefa de enfermeras intentando mover el cuerpo de la persona fallecida, una de las camillas comenzó a deslizarse hacia un lado, amenazando con hacer que el cuerpo caiga al suelo. Le ofreció ayuda, pero ella se negó rotundamente. Lo inevitable ocurrió. El cuerpo cayó entre las dos camillas. Al caer el difunto rodó y quedó boca abajo, revelando un sÃmbolo satánico quemado en su espalda una marca fresca de tercer grado, haciendo como si no hubiera visto la marca. La jefa de enfermeras cubrió el cuerpo con sábanas. Cuando llegaron los camilleros, Nadie mencionó el incidente, como si el simple hecho de que el cuerpo se cayera pudiera ser motivo de reprimenda para la jefa y los camilleros. Mi amigo se quedó en silencio y trató de olvidar el incidente. Sin embargo, su inquietud persistió cuando, al trabajar en el área de pacientes de trauma, notó que el médico de guardia tenÃa tatuado en parte de su cuello, el mismo sÃmbolo satánico que habÃa visto en la quemadura del paciente fallecido. Observó con atención al personal del hospital y no sólo los jefes de enfermerÃa y algunos médicos se comportaban de manera extraña. También algunos camilleros y personal administrativo mostraban comportamientos inusuales, una sensación de incertidumbre y miedo la invadÃa cada vez que estaba en el hospital, a pesar de solicitar su cambio aún no habÃa recibido autorización. En el área central del hospital, donde el personal se reunÃa mi amiga escuchó conversaciones extrañas distintos grupos de trabajadores en diferentes áreas. SeguÃan un patrón similar de comportamiento extraño hacia los pacientes. Por último, me advirtió que tuviera cuidado con mi mamá. No me lo dijo con la intención de alarmarme. Sólo querÃa que supiera lo que ella habÃa presenciado. Cuando terminé de escuchar las inquietantes palabras de mi amiga, sentà un temor profundo. Me despedà de ella y regresé a la entrada del hospital, donde mi padre me esperaba para poder volver con mi madre. Pasaron algunos dÃas y mi madre ya estaba en la sección de endocrinologÃa. Aún inconsciente, decidà acompañarla llevando conmigo una cobija y una almohada para hacer la estancia más common. En ese momento éramos sólo dos personas quienes estábamos acompañando a nuestros respectivos pacientes en un área con al menos diez camas. Eran alrededor de las dos de la mañana. Cuando estando despierta, observé a un médico acercarse al paciente que estaba en la cama frente a mi madre. Realizó movimientos extraños al destapar la vÃa intravenosa utilizando una sola mano y de manera errática. Luego sacó algo de su bata y lo colocó bajo la almohada del paciente antes de reemplazar la vÃa intravenosa de manera hábil y limpia, utilizando sólo una solución salina. Después se fue yo. Ya estaba medio paranoica, por lo que me habÃa dicho mi amigo, Asà que me acerqué a ese paciente para revisar lo que el doctor lo habÃa puesto debajo de la almohada. Ahà encontré una especie de amuleto representando al diablo con cabeza de cabra, cuerpo de mujer y patas con pezuñas, con la clásica estrella invertida detrás. Lo arrojé al suelo y regresé al lado de mi madre. La situación en el hospital se volvÃa cada vez más inquietante. Decidà mantenerme alerta, preocupada por la seguridad de mi madre. A medida que pasaban los dÃas noté que familiares de otros pacientes también percibÃan la extrañeza en el comportamiento del personal. Susurros y miradas nerviosas se intercambiaban entre los acompañantes de los pacientes, creando un ambiente cargado de tensión. En una ocasión, al entrar al baño, me encontré con una conversación entre dos enfermeras que me puso los pelos de punta. Hablaban en tono bajo sobre procedimientos especiales que se llevaban a cabo en ciertas horas de la noche. En la madrugada le acomodé la almohada a mi madre y cuando lo hice, me di cuenta que ahà también estaba uno de esos amuletos, el ataque de pánico. Me golpeó con fuerza y me dio un ataque de pánico. Necesitaron asistencia para estabilizarme, ya que estaba completamente abrumada. Llamaron a mi padre para que continuara cuidando. A mi madre y cuando llegó le pedà que hablara conmigo antes de tomar cualquier decisión. Le expliqué de manera vaga que una amiga me habÃa alertado sobre posibles malos procedimientos realizados por el personal del hospital últimamente, y eso me inquietaba profundamente. Mi padre accedió a trasladar a mi madre a un hospital general en Ambulancia. Desafortunadamente, ella falleció dos dÃas después de ingresar. Los médicos informaron que tenÃa insuficiencia renal y lÃquido en los pulmones. No puedo afirmar que su muerte esté relacionada con algún ritual o oferta al diablo. Mi padre intentó presentar una demanda por mala praxis, pero la falta de pruebas hizo que fuera imposible. Enemigo en casa. Hace algunos años me convertà en propietario de una casa que hasta el momento he destinado para alquiler. Hubo una época en la que tuve una inquilina que desde el principio tuvo comportamiento extraños. Me explico, para poder ocupar la casa, yo solicitaba un depósito de garantÃa y dos meses por adelantado, pues esa inquilina pagó cuatro meses por adelantado yo no se los pedÃ. Ella se ofreció, si bien en un principio pudiera parecer que el ofrecimiento de ella hubiera surgido porque tenÃa esa cantidad de dinero a la mano. La realidad era que no fue. Por eso yo me desentendà del departamento durante esos cuatro meses, ya que me tocó ir a cobrar el quinto mes noté algo inusual. Al ingresar a mi casa. Percibà un fuerte olor a limpiador de piso, como si se hubiera utilizado un detergente extremadamente concentrado. La inquilina estaba ta trapeando el piso que aún estaba húmedo, y en la sala noté varios jarrones de barro ollas, collares y semillas en algunas esquinas de la casa. Esta situación me alertó sobre la posibilidad de que mi inquilina fuera practicante de la santerÃa o de alguna de esas religiones raras a mà no me molestan las creencias de la gente, pero la verdad prefiero mantener la distancia con personas que practican cosas que no son de Dios. Por eso me sentà incómodo al ver esos objetos en mi casa. Sin embargo, decidà mantener la paz y evitar cualquier comentario al respecto, limitándome solo en recibir el pago de la renta. En una ocasión, al ir para cobrar la renta, la inquilina comentó que los vecinos no le permitieron firmar la minuta. Esta situación me generó cierta desconfianza, pero agradecà su tiempo y me dirigà a la encargada del fraccionamiento para entender lo sucedido. Descubrà que la minuta abordaba temas inquietantes como ritos, entrada de personas no deseaba y hallazgo de animales muertos en el área común. Pasó un año sin mayores problemas o al menos eso creÃa En otra ocasión que regresé. Me encontré nuevamente con el fuerte aroma a productos de limpieza y la inquilina estaba ocupada haciendo cosas que me parecieron medio raras. A pesar de mi incomodidad, le renové el contrato pensando que no habrÃa problemas. La inquilina se dio cuenta que yo la vi raro. Entonces, antes de que me fuera, se me acercó y me dijo quitada de la pena, que era santera, asegurando que no practicaba nada en la casa y que apenas pasaba tiempo allÃ. Alrededor de diez meses después de esa visita, un domingo por la mañana, mientras me alistaba para ir a la Iglesia, mi vida tomarÃa un giro inesperado. DebÃa recoger a mi novia para asistir juntos al segundo servicio de la iglesia. Fue alrededor de las diez de la mañana, cuando recibà una llamada angustiada de la encargada del fraccionamiento, me informó con preocupación que la que la la situación se habÃa vuelto insostenible, que desde que la inquilina llegó a vivir a mi casa habÃa estado introduciendo gente los fines de semana, los vecinos ya no podÃan soportar la situación y las cosas empeoraban mes a mes. Resulta que la inquilina realizaba ceremonias en las que sacrificaban animales, generando molestias con sus chillidos y los rituales nocturnos. Para mÃ, todo esto era completamente desconcertante. Nadie me habÃa informado sobre esta situación y me resultaba incomprensible cómo algo asà podÃa ocurrir en mi propiedad sin que nadie me lo dijera. La vecina, que finalmente se atrevió a hablar conmigo, admitió que habÃa preferido no involucrarme para no causarme problemas. Sin embargo, ya estaba inmerso en este problema, ya que habÃa renovado el contrato a alguien que no debÃa estar allà desde el principio. Ante esta situación, solicité a los vigilantes que negaran la entrada a cualquier persona que no fuera mi familia o yo. Sin embargo, las personas que llegaban con collares, pulseras y vestimentas raras se ponÃan histéricas. Cuando los vigilantes les negaban el acceso, se molestaban e incluso amenazaban con agredir a los guardias. La situación llegó al punto de involucrar a la policÃa. Los vecinos me ayudaron a conseguir evidencia de que se llevaban a cabo rituales. En la cochera de mi casa. Incluso se llegó a sacrificar gallinas y en una ocasión un chivo, a pesar de las pruebas tan contundentes. La inquilina continuaba negando los hechos. La inquilina debÃa irse de inmediato. Sin embargo, se negó a abandonar la propiedad hasta que terminara el contrato. Sobre todo, se negó a que yo le dejara el depósito, prolongando asà un mes más su estancia en mi casa. Cuando finalmente pude ingresar a mi casa, me enfrenté a una desagradable realidad. Mi hogar habÃa sido deshabitado y utilizado o exclusivamente para sus rituales. Durante el segundo año de su estadÃa. Una habitación fue pintada de blanco a negro y el ambiente estaba impregnado con el fuerte olor a animales, muertos, manchas de sangre salpicaban algunas puertas. Semillas, chiles y listones con colores aún permanecÃan en algunas partes de la casa, dejando un rastro impactante de su presencia. Lo más escalofriante estaba en la cochera una mancha oscura similar al aceite adornaba el suelo al intentar limpiarla para eliminar el persistente olor a animal. Mi padre y hermana notaron que al aplicar agua y bicarbonato, emergÃa un desagradable olor a animales de corral y desde esa mancha empezaba a brotar el rojo de la sangre. Después de intentar limpiar, durante unas cuantas horas, me quedó claro que entre yo y mi familia no Ãbamos a ser capaces de volver a dejar todo en orden. Por eso contraté a profesionales para que realizaran una limpieza a fondo y restauraran la pintura dañada. Aunque el proceso fue costoso, era necesario deshacerme de las huellas de los oscuros rituales. Con el tiempo, la casa empezó a recuperar su aspecto original, pero la experiencia me dejó con una sensación de desconfianza. Decidà ser más cauteloso al elegir a futuros inquilinos y solicité referencias detalladas. Pasaron algunos meses sin incidentes, pero la vida me tenÃa preparada una nueva sorpresa. Un dÃa, al regresar a casa, noté un paquete misterioso en la puerta. Al abrirlo, encontré una serie de objetos extraños y una nota en la que se mencionaban palabras incomprensibles. Al principio pensé que podrÃa ser alguna broma de mal gusto, pero la intriga me llevó a investigar más a fondo. Descubrà que los objetos eran parte de un antiguo ritual esotérico. Creo que en algún momento aquellos miembros de la secta de la inquilina podrÃan buscarme por haberles sido citado su sitio de reunión rituales oscuros. Hace algunos años mi vida estaba en caos problemas con la bebida, empleos que no duraban y un corazón roto. Una noche me encontraba en un bar ahogando mis penas en alcohol al borde de la embriaguez. En ese momento, un desconocido se acercó notando mi estado tan lamentable. Me preguntó qué me pasaba y en mi estado medio borracho, le solté toda mi historia. Sorprendentemente, me dijo que podÃa ayudarme, que pertenecÃa a un grupo que ayudaba a personas como yo. Sólo debÃa rezar a su Dios y todo se solucionarÃa. Aunque nunca fui una persona religiosa y dudaba de cómo un dios podrÃa resolver mis problemas, decidà darle una oportunidad. No tenÃa nada que perder. Le dije que sÃ, que querÃa su ayuda. Dispuesto a hacer lo necesario para salir del caos que era mi vida. Quedamos en vernos una semana después para discutir mi caso con su grupo. Una semana pasó y me llamó tenÃa noticias para mÃ. Acordamos encontrarnos nuevamente en el mismo lugar. Ya de noche. Llegué ansioso preguntándome qué me dirÃa. Bebimos, cenamos y quedamos en reunirnos al dÃa siguiente en otro lugar. Sin embargo, algo extraño sucedió. Propuso un lugar que no conocÃa, en un rincón de mi pueblo que parecÃa desconocido. Nos encontramos a las diez y media de la noche. Empezamos a conducir en su auto, dejando el mÃo atrás. Le preguntaba a dónde Ãbamos, pero él me pedÃa que estuviera tranquilo, que pronto llegarÃamos. Condujimos casi media hora más hasta llegar a una casa enorme. Bajamos del auto y entramos una extraña sensación. Me invadió al ver justo en la entrada la la la la r figura de una santa muerte de dos metros de altura. Nunca habÃa visto algo asÃ. La estatua estaba rodeada de ofrendas, dinero y frascos con diferentes lÃquidos. Lo más inusual que observé fue un frasco lleno de sangre. Quedé impactado al ver todo eso. Si me asusté, no sabÃa en qué me estaba metiendo. La persona que me llevó notó mi reacción y empezó a tratar de tranquilizarme. Me explicó que no era nada malo, que muchos devotos hacÃan ofrendas que consideraban apropiadas a modo de agradecimiento. Me dejó en claro que no eran rituales. Luego me presentó a un grupo de no más de diez personas. Conversamos unos minutos y luego entramos a una especie de salón que parecÃa una iglesia. Los bancos eran largos y rojos y el altar estaba cubierto por una lona negra. Empecé a notar figuras extrañas, demonios y cosas oscuras que desconocÃa. En ese momento habÃa una persona de pie, pero detrás de ella una figura más intimida que la Santa Muerte. Ese individuo comenzó a hablar mencionando nombres que en ese momento no entendÃa, Asmodeo y Lilith. Por mencionar a algunos. Ese señor a todas luces era un predicador satánico y su discurso era muy redundante. Afirmaba que adorara la Santa muerte, demonios y cosas siniestras nos darÃa todo lo que deseáramos en esta vida. Y más me pareció extraño que simplemente alabándolos tendrÃa todo y que mi vida mejorarÃan. Digo que me pareció raro porque si Dios no podÃa hacer algo como eso, pues me resultaba raro que otras entidades pudieran hacerlo. Pero, como mencioné, no tenÃa nada que perder. Y por lo mismo, pues me unÃa a ese grupo de personas, tenÃa la esperanza de que al paso de unos meses mi vida podrÃa mejorar. Llegó el inevitable momento en el que podÃa retirarme o aceptar hacer un pacto, ya fuera con la Santa Muerte o con el Diablo y, como yo, estaba muy mal, pues hice pacto con ambos. Por más increÃble que les pueda parecer, mi vida mejoró rápidamente. Conseguà trabajo de un dÃa para otro. Dejé de beber y tenÃa suficiente dinero. Estuve vinculado a esa secta durante varios años donde conocà a personas de gran importancia en la sociedad, como alcaldes y abogados destacados. Pueden imaginarse la cantidad de personas conocidas y poderosas que forman parte de este tipo de sectas. Claro lo hacen por el poder. Venden sus almas e incluso las de sus familias. Según las ofrendas que realicen en este templo, habÃa individuos que ni siquiera yo podÃa creer. Lamentablemente, no puedo proporcionar nombres, pero estos lugares albergan a las personas más destacadas. Las conexiones polÃticas y legales de la secta son más fuertes de lo que se pueden imaginar. Utilizan sus prácticas oscuras para mantener el control en distintos niños. Desde que hice esos pactos ya han pasado varios años. No estoy aquà para hacerme la vÃctima. La verdad sigo viviendo bastante bien. Ya no estoy en la secta, pero mis pactos siguen vigentes. Yo estoy consciente de que en algún momento, tanto el Diablo como la Santa muerte me van a cobrar todas las cosas buenas que me han estado dando. Y pues aquà los voy a esperar. Sentado el hermano de mi padre, mi tÃo, estuvo involucrado en una secta sumamente peligrosa. Esta organización operaba en niveles y mi tÃo estaba a punto de ascender al grado treinta y tres, el más alto y riesgoso. Ya estando en el grado treinta y tres, los miembros renuncian a sus creencias, hacen pactos y promesas con seres oscuros. Mi tÃa, preocupada por la salvación de su esposo, habÃa estado orando fervientemente a Dios para alejarlo de la secta. Es importante aclarar que, cuando ellos se casaron, mi tÃo ya estaba dentro de la secta. Por eso mi tÃo creÃa en unas cosas y mi tÃa creÃa en otras. La situación se volvÃa cada vez más peligrosa, ya que renunciara a los grados superiores conllevaba amenazas mortales. A pesar de ello, mi tÃo tomó la valiente decisión de abandonar la secta, respondiendo finalmente a las plegarias de mi tÃa, no sólo dejó la secta, sino que también se unió a una iglesia y se bautizó como cristiano. Sin embargo, un dÃa mientras se preparaba para trabajar, mi tÃo colapsó repentinamente en el suelo, aparentemente sin vida. Su piel se volvió pálida y rÃgida y mi prima, al presenciarlo, ocurrió a buscar ayuda. La hermana de mi tÃo, enfermera de profesión, llegó rápidamente y constató que su presión arterial y ritmo cardÃaco eran prácticamente nulos. Su rostro estaba tomando un tono azul la Cruz Roja lo trasladó de inmediato al hospital, donde diagnosticaron primero una embolia y luego un paro cardÃaco. Aunque ya sufrÃa depresión arterial alta, esta vez su presión descendió a cero, indicando un paro cardÃaco en lugar de un infarto. El informe médico presentaba inconsistencias y, para complicar aún más las cosas, el director del hospital pertenecÃa a la misma secta que mi tÃo y ostentaba el grado treinta y tres, a pesar de que lo se daron para realizarle un cateterismo, procedimiento necesario por su hipertensión. Mi tÃo sintió dolor agudo debido a la falta de suficiente anestesia. La experiencia fue tan dolorosa que su corazón literalmente se rompió, resultando en un infarto masivo. Su rostro reflejaba una agonÃa extrema con arrugas y muestras evidentes de sufrimiento. Esa noche, la preocupación se apoderó de mà al darme cuenta de que mi padre no regresó a casa para dormir, aunque sabÃa que habÃan llevado a mi tÃo al hospital debido a un desmayo, MantenÃan la información alejada de mà por mi embarazo delicado, intentando no causarme preocupación. La inquietud me privó del sueño y mis emociones se desbordaron al sentir un sobresalto repentino, como si en lo más profundo de mi ser supiera que mi tÃo habÃa fallecido. Esa misma noche. Cuando mi padre llegó a casa al dÃa siguiente, muy temprano le expresé mi inquietud. No hubo necesidad de que me dijera nada. Con su mirada me confirmó que mi tÃo sà habÃa muerto. Esto va a sonar algo exagerado. El único de la familia que pudo estar en el funeral de mi tÃo fue mi padre, porque el funeral lo realizó la secta y mi padre también estaba dentro de esa secta, pero no era de grado alto. Tras la muerte de mi tÃo, sentà que le habÃa invadido el temor de permanecer en ese entorno. Los miembros que renunciaban en grados menores de diez aparentemente no enfrentaban peligros significativos. Por eso mi padre no la tuvo tan difÃcil para abandonar esa secta. Después del funeral de mi tÃo, surgieron varios rumores inquietantes que circulaban entre los miembros de la secta. Aunque mi padre compartió pocos detalles. Los murmullos hablaban de rituales oscuros realizados durante la ceremonia fúnebre. Se decÃa que algunos lÃderes de alto rango estuvieron presentes llevando a cabo prácticas misteriosas que mantenÃan en secreto. Otro rumor que circulaba era que el director del hospital, también miembro de alto rango, desempeñó un papel crucial en la organización del funeral. Se decÃa que su presencia indicaba un interés particular en el destino final de mi tÃo. Algunos insinuaban que el fallecimiento podrÃa haber sido más que una simple tragedia médica y estar vinculado a la complicada red de intrigas dentro de la secta, a pesar de la cautela de mi padre, al hablar de estos eventos, que quedaba claras que la muerte de mi tÃo estaba envuelta en un manto de misterio y secretos. Las sombras de la secta se extendÃan incluso sobre la despedida final, generando un aura de desconfianza y susurros oscuros entre los miembros, quienes compartÃan sólo fragmentos de la verdad, dejando mucho más por descubrir la secta de neza. Esta historia se desarrolló en la noche del veinticuatro de mayo de dos mil doce en el Estado de México, con un pequeño llamado Fernandito, de tan sólo cinco años. Todo comenzó mientras él estaba en casa disfrutando de su comida. De repente, su madre irrumpió en la casa de manera frenética, pidiéndole que la acompañara sin darle opción, lo tomó del brazo, causándole dolor y lo llevó a la cocina. Fernandito, naturalmente, empezó a ponerse nerviosa y asustado sin comprender lo que estaba sucediendo y por qué su madre actuaba de esa manera. La situación dio un giro cuando llegaron a la cocina, donde se encontró con más personas familiares suyos, Entre ellos estaban su tÃa, tÃos y abuelos, todos reunidos en un cÃrculo aparentemente rezando y entonando cánticos religiosos. Al llegar a la cocina, le pidieron a Fernandito que cerrara los ojos para unirse a la oración. Sin embargo, el pequeño no lo hizo, lo que desencadenó el horror. Su tÃa, hermana de su madre, se percató de que sus ojos permanecÃan abiertos y su madre le ordenó a la tÃa que lo inmovilizara. Mientras ella agarraba una cuchara en un acto terrorÃfico. Su madre lo privó de la vista, causándole intensos gritos de dolor y terror. Uno de sus tÃos de diecisiete años se percató de la situación y, a pesar de estar privado de su libertad, durante una semana, junto con otros niños en la casa, logró escapar para alertar a los vecinos. Los vecinos, ya inquietados por los aterradores gritos, llamaron a las autoridades. Cuando llegaron se toparon con una escena espeluznante en la cocina de la familia. La situación horrorizó a todos los presentes, revelando un oscuro episodio de fanatismo religioso y violencia en esa familia. Después de este trágico suceso, Fernandito fue llevado de inmediato al hospital, donde los médicos se esforzaron por salvar su vida, ya que habÃa perdido una cantidad significativa de sangre. Afortunadamente, lograron salvarlo, pero lamentablemente, perdió la vista, ya que sus ojos quedaron en la cocina de su casa, vÃctima de este acto aterrador. Las autoridades, tras llevarse a Fernandito al hospital, se centraron en investigar a los familiares involucrados en este horror. Realizaron análisis para descartar el consumo de sus sustancias ilÃcitas, que pudieran haber influido en el salvajismo de la madre y la tÃa de Fernandito. Sin embargo, los resultados revelaron que estaban sobrias, lo que indicó que llevaron a cabo este acto conscientemente. Este acto cruel y macabro refleja el peligro del fanatismo religioso, que puede conducir a acciones extremas, independientemente de la afiliación religiosa especÃfica. La historia continuó con la revelación de que los familiares que presenciaron el acto estaban todos privados de su libertad en la casa, encerrados durante una semana. Durante este tiempo hacÃan ayunos y rezos continuos. La familia, según se informó, recibió en sus sueños una supuesta señal del fin del mundo, anticipando un temblor catastrófico que acabarÃa con todo. Este evento, guiado por creencias absurdas, muestra cómo el fanatismo puede llevar a actos extremos y peligro. La familia, con la intención de supuestamente proteger al mundo, llevó a cabo prácticas ritualÃsticas sin sentido, poniendo en peligro la vida de Fernandito y dejando una cicatriz imborrable en su vida. En el año dos mil doce, muchas personas teorizaban sobre el fin del mundo. Ese año no sólo ocurrió esta tragedia, sino también muchos otros actos aterradores donde personas pensaban que quitarse la vida los absolverÃa de todo pecado y los llevarÃa al cielo sin juicio alguno. En este caso particular, la historia refleja cómo el fanatismo religioso puede llevar a acciones extremas y peligrosas. La familia, guiada por supuestas señales divinas en sus sueños, llevó a cabo prácticas ritualÃsticas absurdas para proteger al mundo. Esta locura culminó en un acto atroz atentando contra la vida de su propio hijo, Fernandito. Después de este horrendo suceso, las autoridades tomaron ns medidas legales contra los familiares involucrados. Fernandito, afortunadamente, fue puesto bajo custodia de sus abuelos. Esta historia destaca la maldad extrema que puede surgir del fanatismo religioso, mostrando cómo una madre estuvo dispuesta a poner en peligro la vida de su propio hijo en un intento absurdo de anticipar el fin del mundo que supuestamente les habÃa sido revelado. Relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras








