Pactos Oscuros, Historias De Tragedia Y Consecuencias Sobrenaturales Historias De Terror - REDE

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La cueva del diablo. Este mundo tiene millones de años los humanos apenas llevamos unos cientos, considerándose la cúspide de la evolución. Sin embargo, existen muchos vestigios que nos sugieren la existencia de seres anteriores a la más vieja de nuestras civilizaciones, que también caminaron por las mismas tierras que nosotros. Hay muchos relatos que han pasado de generación en generación, dando testimonio de que su existencia fue tan certera como lo está siendo la nuestra. El mundo ha cambiado mucho a lo largo de todo el tiempo al que datamos como habitable a nuestro planeta. Continentes enteros se separaron, algunos más se hundieron y otros cientos quedaron sepultados bajo los escombros y materiales primigenios que dieron vida a seres que ni las peores de nuestras pesadillas pueden generar la ciudad de Tewan fue sumamente conocida por sus manantiales naturales, de los que incluso hoy en la actualidad se puede extraer agua a la que se le atribuye cierto misticismo. Y es que sà dejamos un poco de lado sus atractivos turÃsticos y nos enfocamos en estudiar su geografÃa. Nos daremos cuenta de que aquel municipio perteneciente al Estado de Puebla es un valle producto de un accidente natural generado por la erosión pluvial y eólica del terreno, dos fuerzas que durante miles de años azotaron la superficie terrestre hasta generar una gran depresión. Y justamente en aquella superficie tallada por el agua y el viento, es donde alguna vez un grupo de personas decidió que se asentarÃan, pero antes de ellos, antes de que siquiera existiera el valle, los seres que pisaron los suelos que hoy son parte de las montañas, dejaron vestigios que atestiguan su existencia. Particularmente en el valle de Tehuacán existe un cerro el cual es visible de prácticamente o cual neo punto de la ciudad. Su caracterÃstico color anaranjado que, según la forma en que la luz del sol impacte sobre él, lo hará ver más o menos rojizo, es lo que le da sentido a su nombre. De este imponente cerro se conoce poco, salvo algunos estudios geográficos que distintas autoridades han realizado a lo largo de los años. Sin embargo, también han sido comunes las historias de personas que han desaparecido mientras se realizaban alguna excursión con fines recreativos o ceremoniales. Al ser una zona poco transitada por la mayorÃa de la gente, es común, que quienes quieran aventurarse a subir este cerro se pierdan o al menos eso nos dicta el sentido común. Pero también entre los vecinos de la zona se cuenta que muchas veces se trata del precio a pagar por interactuar con seres cuya fuerza y naturaleza se desconoce. Particularmente se habla del pacto de la familia Sánchez. Según se cuenta, se trató de los hermanos Manos Sánchez, quienes fueron hijos de la señora Bolaños y de Don Sánchez, originarios de Quautla Morelos, pareja que en algún punto de los años treinta, decidió mudarse a Tehuacán en búsqueda de nuevas oportunidades y un lugar donde fundar un hogar para su futura familia, Quienes serÃan los protagonistas de una de las tantas historias que elude a este enigmático lugar. El matrimonio de los Sánchez tuvo siete hijos, de los cuales cinco fueron hombres y dos mujeres. Las familias numerosas en aquellos años eran bastante comunes y al ser tantos hijos, la diferencia de edades realmente era muy poca. Prácticamente esperaban a que la madre se repusiera del trabajo de parto para procrear al siguiente integrante de la familia. La vida para aquella familia parecÃa estar llena de abundancia y de un gran futuro para todos. Los infantes tuvieron mucha proximidad a las artes desde muy jóvenes y respondieron positivamente a desarrollarse en esta disciplina. Al parecer, gracias a la numerosa familia podÃan crear pequeñas obras de teatro y todos los integrantes cooperaban para crear las escenografÃas o interpretar a los distintos personajes que los jóvenes les daban vida. No se sabe mucho sobre su infancia en la ciudad, ya que los Sánchez tendÃan a viajar muy seguido entre distintas ciudades, pasando por Tehuacán, cuautla Puebla, Ciudad de México y muchos otros pueblos y asentamientos. Mientras los hijos del matrimonio llevaban una vida un tanto nómada, sus inclinaciones por el cine se fueron consolidando, quizá por haber tenido contacto con este medio en las principales ciudades del paÃs, donde se encontraban las principales salas de cine, cuyas carteleras exhibÃan filmes extranjeros y nacionales. Conforme fueron creciendo. Los dos hijos mayores se fueron adentrando más en el mundo del cine. No fue asÃ, inicialmente para el resto de sus cinco hermanos, quienes mo mos trar bas un interés por otras profesiones, pero ellos estaban decididos a dejar huella en la industria del cine, tanto nacional como internacional, una ambición muy grande y optimista, caracterÃstica de las juventudes quienes desbordan esperanza y anhelos, las cuales en ocasiones pueden llevarlos por caminos completamente desconocidos. La pareja de hermanos les hizo saber a sus padres su interés por incursionar en el mundo del cine. Ninguno de los dos habÃa tenido una formación profesional como actores o directores, Pero si algo se sabe de esta industria es que muchos se forjan en los sets de grabación. Sus padres, quienes ya habÃan sido testigos del talento nato que ambos hermanos presentaban, les apoyaron en su decisión. Comenzaron a buscar personas involucradas en el medio para que sus jóvenes pudieran aprender y desarrollarse en esta naciente industria. En un inicio, no fue muy sencillo, ya que ambos padres no tenÃan contactos con personas que trabajan en la n la industria y es que en aquellos años la producción y proyección de pelÃculas no era algo muy desarrollado en el paÃs, ya ni mencionemos en el valle de Tehuacán. Apenas a mediados de los treinta, el cine comenzó a tener más relevancia a causa de la Segunda Guerra Mundial, en la que participaron las potencias europeas y norteamericanas, quienes eran y siguen siendo las principales impulsoras del cine, y que, por dicho conflicto generó que muchos directores, actrices y equipo cinematográfico comenzara a llegar al paÃs y con ello una época dorada para la industria del cine mexicano. La familia Sánchez buscaba una oportunidad para que sus dos hijos pudiesen mostrar sus capacidades y talentos, por lo que emprendieron distintos viajes a la capital del paÃs, que era donde se concentraba la naciente y prometedora industria cinematográfica. Para aquellos años, los hermanos no alcanzaban ni la mayorÃa de edad, lo que dificultó su entrada por la puerta grande. Tampoco tenÃa trabajos previos o experiencia en la actuación o manejo del equipo que se solÃa utilizar para filmar las pelÃculas de la época. Ante este inicial rechazo, sus padres optaron por formar a sus hijos en este arte, por lo que los inscribieron a distintas escuelas de teatro para que comenzaran a familiarizarse un poco. Ambos hermanos aceptaron y durante algunos años formaron parte de algunas obras y grupos teatrales que se presentaron en algunas ciudades. Mientras los mayores se forjaban y preparaban para comenzar a trabajar en su más grande anhelo, el resto de sus hermanos, por influencia de los mayores, también comenzaron a mostrar cierto interés y dotes para la actuación. El matrimonio Sánchez ahora tenÃa a toda una familia interesada en la actuación, producción, escritura y dirección de pelÃculas. Contrario a lo que sucede actualmente. En aquellos años, por el apogeo optimismo que se cernÃa sobre el cine, los Sánchez no menospreciaron las intenciones ns de sus hijos. Al contrario, se mostraron bastante solemnes e implicados de que éstos lograron su cometido. Los hermanos Sánchez estuvieron algunos años estudiando teatro y audicionando para integrarse a la producción de alguna pelÃcula. Sin embargo, no tuvieron mucha suerte como actores, ya que no encajaban para los papeles que más se demandaban en la época, pero no se rindieron. El resto de los hermanos y los padres continuaron apoyándolos hasta que llegase la ansiada oportunidad que los catapultarÃa al estrellato. Pero, como sucede con muchas personas, la suerte no les sonrió. Después de seguir audicionando, decidieron que quizá el camino como actores no era la única vÃa para integrarse a las filas de los cientos de personas que hacÃan posible. Los largometrajes Pronto fueron contratados para algunas pelÃculas en distintos puestos. Desde encargados de luces de decorar y fabricar los sets de grabación o de conseguirlos distis materiales de utilerÃa que se requerÃan. Gracias a que ahora se encontraban más cerca de las personas implicadas, lograron aprender bastante sobre la producción, la dirección y la actuación de las pelÃculas. Descubrieron un mundo lleno de excesos de fiestas privadas donde el decoro y los valores tradicionales se iban por la borda y, en general, tuvieron contacto con la industria cinematográfica norteamericana, que también habÃa pasado a infectar a la mexicana gracias a la llegada de creativos que buscaban nuevos lugares para continuar haciendo cine. Tras las distintas medidas tomadas por sus paÃses de origen, que se encontraban en pleno enfrentamiento armado. Más que asustarse por todo aquello que con lo que se encontraron detrás de los enormes sets de grabación, ambos hermanos quedaron fascinados y boquiabiertos con todo lo que este sector podÃa ofrecerles. A pesar de encontrarse frente a la puerta de sus más grandes ambiciones, esta no no se abrió. Aprendieron lo más que pudieron en sus puestos de trabajo y buscaron continuar creciendo en otras áreas y aunque tuvieron éxito para saltar de un departamento a otro, no se les ofreció estar cerca de la dirección o de la actuación. A lo máximo se les ofrecieron papeles como extras, cuyo trabajo ni siquiera figuró en los créditos de las distintas pelÃculas en las que aceptaron participar la impotencia y el coraje. Pronto comenzaron a eclipsar su pasión por el cine. Después de participar en la filmación de una pelÃcula llena de problemas por el clima, los tiempos de producción, el dinero y las personalidades de los actores y directores involucrados en el proyecto, estos abandonaron la industria por la que tanto habÃan trabajado y sacrificado, la cual simplemente les desechó, como sucede con miles de soñadores que buscan una caricia de la gloria, fama y reconocimiento que, al parecer, se encuentra reservado sólo para algunos cuantos años afortunados. Ni siquiera se les otorgó un finiquito ni las gracias por su trabajo. En aquellos años simplemente pasaron a ser espectadores y consumidores. Tras su retirada y sus sueños destrozados, volvieron a cuautla con sus padres, quienes se encontraban ahÃ, mientras el resto de sus hermanos estudiaban la secundaria. No les dieron muchos detalles a sus padres sobre su paso por el cine. Simplemente les comentaron que se encontraban muy cansados y que se tomarÃan un descanso mientras eran llamados para formar parte de una pelÃcula muy importante. Por supuesto que todo eso no era más que mentira. No habÃa ningún proyecto que los estuviese esperando y en esos momentos no tenÃan ganas de volver a relacionarse con nada que tuviese que ver con las pelÃculas. Se encontraban abatidos por una industria que habÃa hecho añicos sus ambiciones. Después de un par de meses, los padres propusieron volver a Tehuacán. Estaban un poco cansados y querÃan relajarse un poco. Los hermanos habÃan permanecido muy pasivos durante ese tiempo y creyeron que les sentarÃa bien un cambio de aire. Por supuesto que los hermanos aún se encontraban abatidos y no tenÃan un rumbo fijo. La oportunidad de viajar con toda su familia serÃa la perfecta oportunidad para comentarles que habÃan abandonado sus empleos en el cine y que necesitaban buscar algo más a que dedicarse. Acordaron comentárselo en algún punto del viaje, pero durante el trayecto, sus padres no pararon de hablar de lo mucho que estaban orgullosos de ellos y de la impresión que habÃan causado en sus hermanos menores, los cuales también querÃan seguir sus pasos. Todo este ambiente les hizo imposible poder decir una palabra al respecto. Simplemente asentÃan y trataban de responder a todos esos elogios y esperanzas que su familia habÃa depositado en ellos. Cuando llegaron a su casa en Tehuacán, uno de los hermanos le comentó lo atormentado que sentÃa sostener ndo aquella farsa frente a su familia, mientras que el otro trataba de convencerlo de que encontrarÃan una forma de cumplir todas aquellas promesas. Le dijo que hallarÃan una forma y lo convenció de mantener la boca cerrada hasta que encontraran una forma de salir del problema del que ellos mismos se habÃan metido. Tras unos dÃas en la ciudad escucharon de algunos pobladores que pronto se abrirÃan las puertas del infierno. Interesados por aquella conversación, les pidieron a los pobladores que les hablaran más al respecto, ya que quizá de ahà podrÃa surgir una idea para una pelÃcula que pudiesen ofrecer a los productores y, de este modo allanarse un camino en el cine. Los pobladores aceptaron y les contaron que en el mes de octubre, durante la celebración del DÃa de Muertos, se tiene prohibido realizar alguna excursión o acercarse al cerro colorado, ya que en alguna parte de aquella imponente figura se abre la entrada a una cueva que conduce o o o ARNr el infierno. Hay una luz que emana desde la tierra, la cual señala el lugar de la puerta y que bajo ningún motivo nadie debe entrar, ya que muchos de los que han visto esta puerta no los han vuelto a ver. Los hermanos quedaron maravillados con el relato que habÃan escuchado, por lo que continuaron investigando con el resto de pobladores y notaron que habÃa distintas versiones. Algunas hablaban de que en algún punto del cerro colorado residÃa una criatura que se alimentaba de los hombres. Otras historias aseguraban que se encontraba la morada del diablo, cuya presencia emerge de las profundidades del averno y busca almas y espÃritus corrompidos para hacer fechorÃas, ya que sólo el treinta y uno de octubre puede figurar en el mundo de los humanos. Con todas y cada una de las historias. Los hermanos quedaron encantados, ya que se volvió una fuente de inspiración, no sólo para una cinta, sino incluso para algunas cuantas más. El resto del tiempo se encerraron en el estudio de la casa, escribiendo un guión para presentarle a los inversionistas y poder dirigir el filme, ya que conocÃan la ciudad y sabÃan que tenÃa potencial para filmar a un coste muy bajo Sólo les faltaba familiarizarse más con el famoso cerro colorado, pero no serÃa un problema, ya que algunos pobladores podÃan servir de guÃas. El dÃa de muertos se encontraba cerca cuando la idea comenzó a tomar forma, pero algunos pobladores, temerosos de lo que pudiese ocurrir se negaron a subir con los hermanos al cerro. Otros más dijeron que lo harÃan después de las festividades, pero los hermanos no podÃan esperar más, de modo que comenzaron a buscar personas que no tuviesen miedo de las supersticiones. A los pocos dÃas. Mientras los hermanos se encontraban conversando sobre el cerro colorado en el parque central, un hombre que se encontraba sentado cerca de ellos se les acercó, lo saludó, pero no les dijo su nombre. Sólo les ofreció su ayuda para realizar una pequeña expedición al dichoso cerro, ya que él conocÃa perfectamente los principales caminos para subir. Los hermanos le platicaron sobre sus intenciones de realizar una pelÃcula sobre las historias que se contaban, a lo que el hombre escuchó atentamente y les respondió que era una idea fantástica, pero que podrÃan hacer un trabajo mejor si conocÃan la zona de primera mano. Ambos hermanos aceptaron y acordaron una visita en los próximos dÃas. El dÃa llegó y se reunieron a las faldas del cerro, donde aquel misterioso hombre les habÃa citado. Cuando ambos hombres se acercaron, el hombre se encontraba parado en medio del cruce de caminos. VestÃa completamente de negro y sólo su larga cabellera y barba se dejaban ver bajo aquel sombrero de piel de color negro, el hombre se encontraba solo, lo cual sorprendió a los hermanos, ya que pensaban encontrarse con al menos un par de personas más para que les ayudaran a cargar las cosas. Comenzaron el ascenso bajo la luz del sol. Era alrededor del mediodÃa cuando comenzaron a caminar, pero pronto notaron que la vista engaña, ya que, por más que caminaban y caminaban, la distancia no parecÃa disminuir. El hombre que le servÃa de guÃa parecÃa no cansarse. Caminaba bastante rápido y los hermanos apenas podÃan seguirle el ritmo hasta que éstos no pudieron más y pidieron tomarse un descanso para hidratarse y comer algo. Después de haber descansado un poco, continuaron con su camino. Después de avanzar por unas cuantas horas notaron que por fin estaban ascendiendo por aquellos rocosos y empinados caminos, pero la noche comenzaba a caer y con ello las dificultades de continuar en la oscuridad, por lo que apresuraron el paso tras un par de horas más, ya con el atardecer en el horizonte, cuyo sol se enrojecÃa conforme, se escondÃa tras los cerros e impregnaba de su color al cerro por el que caminÃa minaban. Por fin llegaron a una meseta donde pudieron vislumbrar la insignificancia de la ciudad y la imponencia del cerro. Desde esa distancia, el guÃa les señaló algunas cavidades que se alojaban en el cerro. Eran agujeros formados de forma natural por el agua y el viento que alguna vez cubrió por completo el valle y que durante cientos o millones de años habÃa labrado cavernas en aquella roca rojiza. Después de reconocer el terreno y colocar algunas marcas como referencia, comenzaron el descenso. El hombre que los acompañó no mostraba el menor signo de cansancio. Mientras ellos se encontraban sumamente agotados. Conforme descendÃan más. Se percataron que habÃa una luz en una de las cuevas que componen la accidentada geografÃa del cerro. Conforme se oscurecÃa. Aquella luz se volvÃa más intensa. Preguntaron al guÃa, y éste respondió que si querÃan saber de qué se trataba, tendrÃan que hacerlo por su cuenta. El treinta y uno de octubre agregó que habÃa una historia de que en aquella montaña residÃa un gran botÃn que los soldados durante la revolución habÃan ocultado, pero que los pobladores celosos de que alguien más se hiciera con el tesoro. HabÃan comenzado a inventar historias sobre el diablo y el infierno para que nadie se hiciese con el dinero antes que ellos, pero que este tesoro elige a su dueño, por lo que hasta la fecha nadie habÃa podido reclamarlo. Después de contarles aquella versión, no dijo nada más. Cuando regresaron al punto de encuentro, el hombre se despidió y les dijo que los volverÃa a ver. Los hermanos se despidieron y cuando giraron la mirada para agradecer por su ayuda, aquel hombre habÃa desaparecido. Los hermanos regresaron a su casa y se mostraron muy interesados por aquella luz que habÃan visto durante su visita al cerro colorado. Comenzaron a especular de que se trataba de n pero para bien o para mal, estaban bastante interesados, ya que la historia de aquel hombre les cuadraba. Pactaron ir a buscar ese botÃn el dÃa que les habÃa dicho aquel hombre, pero esta vez lo harÃan solos, ya que si ellos resultaban los afortunados, no compartirÃan nada de lo que fuese que encontraran en aquel lugar. Llegó el treinta y uno de octubre. Los hermanos partieron con rumbo al cerro desde muy temprano, ya que pretendÃan ascender con la luz del dÃa y ubicarse en cuanto comenzara a bajar la noche, y asà fue. Ambos hermanos repitieron el recorrido que habÃan realizado con anterioridad. Esta vez ascendieron más rápido, ya que habÃan dejado distintas señas y atajos que habÃan usado. Cuando descendieron para que el regreso fuese más rápido, llegaron a la meseta, donde habÃan estado con anterioridad por la tarde, aún con suficiente luz, comieron y comenzaron a explorar los alrededores. Alrededor de las seis de las tarde, el sol se encontraba poniéndose y pronto vieron aquella luz sin perder tiempo, emprendieron el camino con esa dirección y, como la vez pasada, la mirada miente y caminaron por unas cuantas horas hasta que por fin, en plena oscuridad, llegaron a la entrada de donde radiaba aquella luz que, conforme más, se aproximaban más doradas. Se volvÃa posados en la entrada, se dispusieron a entrar y buscar el tesoro del que les habÃa hablado aquel hombre. Después de un rato, caminando y explorando la cueva, llegaron a un punto donde se encontraban tres caminos. No sabÃan por cuál caminar, hasta que de pronto escucharon unos pasos provenientes del camino central que se aproximaban hacia ellos. El sonido era como si fuese en unos pasos de pezuñas inmovilizados por el miedo e impresión que les causó. Vieron como de la penumbra. Salió una criatura que caminaba de forma erguida, cuyas patas se encontraban cubiertas por un espeso pelaje negro y la n cuyos pies eran pezuñas, mientras que de la cadera hacÃa arriba tenÃa un dorso desnudo completamente humano, excepto por la cabeza, la cual pertenecÃa a una cabra. La extraña criatura se poso frente a los hermanos y sin siquiera mover los labios. Se escucharon como una grave y profunda voz. Les daba la bienvenida. Tras esto les dijo que tenÃa la capacidad de hacer posible cualquier deseo que quisieran dinero, fama poder. Uno de los hermanos intentó escapar, pero el otro lo detuvo y le dijo que ya estaban ahà y que llegarÃan hasta el final de las consecuencias. Después de discutirlo entre los dos, le pidieron a aquella criatura obtener éxito. Como cineastas. La criatura les dijo que asà serÃa, pero que tenÃa un precio, el cual debÃa saldarse en sangre. Los hermanos, después de permanecer en silencio y comunicándose con las miradas, respondieron que llegarÃan hasta el final si éste les aseguraba de cumplir su más grande ante. La criatura asintió con la cabeza y estiró su mano hacia ambos hermanos para cerrar el trato. Cuando éstos le extendieron la suya la criatura, aprovechando sus enormes uñas, les rasgó las palmas de las manos y procedió a apretarlas. Tras esto se giró y volvió por donde vino. Los hermanos hicieron lo mismo y no vieron hacia atrás. Volvieron a casa como pudieron en la penumbra. Durmieron profundamente todo el dÃa y cuando despertaron pensaron que se trató de una pesadilla, pero ambos tenÃan la herida causada por la criatura ya cicatrizada. No comentaron nada con el resto de su familia, quienes se mostraron preocupados por su repentina desaparición. A los pocos dÃas, cuando volvieron a cuautla, recibieron una carta de parte de un personaje importante de la industria del cine, donde les ofrecÃa participar en una pelÃcula como actores principales. Ambos accedieron. Grabaron la pelÃcula, la cual fue bastante bien recibida y posteriormente formaron parte de distintas producciones donde pudieron participar el resto de sus familiares. El éxito por fin los habÃa tocado hasta que cada uno de los miembros de la familia comenzó a morir de formas inexplicables accidentes automovilÃsticos, riñas en fiestas y bares, abuso de drogas y accidentes. Durante el rodaje de distintas pelÃculas, sólo uno de los siete hermanos se salvó y nunca se supo cómo ni por qué, y nunca se filmó aquella pelÃcula que inició toda esta travesÃa cuidando del diablo. A muchos extranjeros le sorprende el especial cuidado que se tiene por los adultos mayores en las familias mexicanas. Le resulta interesante el hecho de que la familia o algún integrante de ésta, ya sea el hijo, el hermano o la nuera se encargue de sus familiares más viejos. En cambio, para nosotros generalmente nos hace ruido saber que en otros paÃses las personas más grandes viven solas o los asilos se hagan cargo de ellos, a pesar de tener una familia que bien pudiese encargarse de ellos. Por supuesto que conocer otras formas de vida nos lleva a replantearnos ciertas actitudes y acciones que realizamos en nuestra vida cotidiana sin que haya mucha reflexión al respecto. Nuestras vidas están llenas de actividades que realizamos por costumbre y tradición. No importa que muchas de ellas tengan un origen cuestionable, pero es lo que hay. La cultura es algo vivo y, por lo tanto, está sujeta a los cambios a través del tiempo. La historia de Sagrario es cuanto menos curiosa ella, como millones de infantes crecieron sin la presencia de su padre. Según se sabe, ella fue hija de un segundo matrimonio que su papá habÃa tenido. El señor era un hombre a la antigua de aquellos que tenÃan hijos y mujeres a cualquier lugar al que iba. Por ahà se habla de que Sagrario tuvo más de seis hermanos no reconocidos y otros tantos de los que su padre no renegó. Aquel hombre le encantaba el dinero, el alcohol y las mujeres le encantaba asistir a los bailes que se realizaban en las fiestas de los distintos municipios y, al parecer, era un excelente bailarÃn, ya que, por lo que se cuenta, era la forma en que conquistaba el corazón de muchas mujeres que no sabÃan que sólo serÃan asunto de una noche. Rara vez volvÃa a los lugares a donde se enteraba que estaban un hijo suyo e incluso cuando lo hacÃa, negaba totalmente ser el padre de la criatura en cuestión. Por supuesto que aquella vida, entregada enteramente al hedonismo, le generó muchos problemas. Los hermanos y padres de las muchachas a las que habÃa embarazado, lo buscaban constantemente para que se hiciera cargo de su hijo. Siempre gozó de una gran vitalidad. A pesar de llevar una vida de excesos. Nunca se le vio enfermo o de prio. No lloró ni dijo nada cuando sus padres fallecieron y tampoco mostró el mÃnimo remordimiento cuando alguno de sus hijos no reconocidos murió. Era un hombre duro. Rara vez se mostró vulnerable ante sus amigos o conocidos. Siempre parecÃa tener prisa por vivir y experimentar lo más que podÃa, como si algo o alguien le estuviera pisando los talones constantemente. Un deseo enfermizo por aferrarse a todos los placeres que esta vida ofrece, Y es que la sombra de la muerte nos acecha a cada paso. Pero muchos de nosotros, siendo conscientes de esta realidad, a veces preferimos ignorarla y vivir de forma más tranquila y reservada. Quizás si pudiésemos ver la manera en que aquel hombre veÃa a la vida, todos habrÃamos sucumbido a los placeres. La mayor cantidad de tiempo sagrario fue el producto de una aventura que su difunta madre tuvo con aquel hombre. Se conocieron durante la celebración del quince de septiembre, donde en todo el paÃs se celebra el inicio de la independencia de México, y es un breve perÃodo donde todo mundo entra en un estado de júbilo y festejo. La madre de Sagrario era una joven educada bajo los preceptos católicos. La castidad hasta el matrimonio. La familia y el recato eran los elementos que más se le habÃan inculcado desde casa y las misas dominicales a las que asistÃa en familia. Aquella noche, la joven, después de haber insistido tanto a sus padres que le permitieran ir a la feria en compañÃa de su hermano mayor, conoció a aquel hombre. Cuenta Sagrario que su madre quedó completamente enamorada cuando entre la multitud vio a aquel caballero bailando con distintas señoritas en la plaza pública, mientras los acompañantes de aquellas jóvenes les pedÃan comportarse como damas y algunos otros directamente intentaban agredirlo al bailar ver algo asà en aquellos tiempos era algo completamente distinto. No dejaba indiferente a nadie ver a aquel hombre moviéndose con gran vigor y gracia. Después de haber paseado entre los distintos puestos, el acompañante de la joven se ausentó, ya que también habÃa invitado a su novia a la feria, por lo que la chica se quedó sentada en una banca metálica del parque, al lado de un puesto de cigarros y otras golosinas. Ahà fue cuando coincidió con aquel hombre, quién se acercó al puesto a comprar un poco de tabaco y noto a una joven sentada completamente sola la saludó, a lo que la mujer apenas si respondió, ya que la desconfianza y la emoción le impedÃan actuar con soltura y naturalidad. Después de hablar un poco, la invitó a dar una vuelta con él, a lo que la chica aceptó. Durante el poco tiempo que estuvieron juntos, la futura madre de Sagrario quedó fascinada con el hombre que acababa de conocer. Se volvió la envidia de otras chicas, quienes sólo los se ve a oÃas con cierto celo a lo lejos. Mientras ambos caminaban del brazo por toda la plaza en algún punto de la noche, Mientras ambos caminaban y se alejaban de la multitud las luces y el festejo, ambos sucumbieron a sus instintos más primarios, independientemente de los valores, el momento y el lugar. Tras esto, aquel hombre se despidió. Prometió volver en el futuro y no volverÃa, a saber, de aquel hombre hasta mucho tiempo después, pero no necesariamente para llevarle felicidad después de nueve meses de gestación y cientos de disgustos y vergüenza a la que habÃan tenido que hacerle frente. La familia de la joven Sagrario nació para sorpresa de todos. Fue una niña y gozó de excelente salud durante su infancia. Sus abuelos se hicieron cargo de ambas hasta que éstos fallecieron por algunas enfermedades que padecÃan. La casa en la que vivÃan la heredó su madre, por lo que no tuvieron problemas respecto a la vivienda. Sin embargo, Sagrario, desde pequeña, preguntaba por su padre en la escuela. El resto de los niños la insultaban al no tener un padre, como todos los que asistÃan ahà insultaban a su madre e incluso le agredÃan cuando ésta intentaba defenderse y cuando cuestionaba a su madre por la identidad de su padre, simplemente evitaba el tema. Le decÃa que se encontraba fuera y que algún dÃa volverÃa para hacerse cargo de ambos. Pero los años pasaron, Sagrario creció y su padre nunca apareció. Su madre contrajo la misma enfermedad que sus abuelos, por lo que se le dificultaba trabajar y Sagrario era muy joven, no habÃa terminado sus estudios por hacerse cargo de su madre. Sólo se tenÃan unas a otras pasaban todo el tiempo juntas. Sin embargo, solÃan tener discusiones. Cuando Sagrario tocaba el tema de su padre, quien siempre solÃa dar la misma respuesta. Algún dÃa volverá. Al parecer, era su única esperanza. Mientras los problemas para conseguir alimentos vestido y medicamentos se agudizaban a causa de las limitantes a las que tenÃan que hacerle frente. Cuando su madre cumplió sesenta años, su hermano decidió realizar una pequeña convivencia. Se reunió Sagrario con su tÃo y la familia de éste para celebrar el cumpleaños de su enferma madre Sagrario quién estaba harta de no tener ni idea de quién o cómo era su padre. En plena comida, decidió preguntarle a su tÃo quién era de las pocas personas que quizá podrÃa responderle su cuestionamiento. Después de un momento donde reinó un silencio que, conforme, se extendÃa más incómodo se sentÃa, su tÃo le dijo que hablarÃan de ese asunto después, ya que por lo pronto habrÃan de continuar con la reunión. La madre de sagrario. Simplemente se soltó a llorar y la familia de su tÃo trató de consolarla mientras la miraban de forma despectiva y realizaban comentarios de sagrario por su actitud durante la celebración. Simplemente estaba harta de que nadie querÃa tocar el tema por el cual ella habÃa sufrido bastante y continuaba haciéndolo. Nadie sabÃa nada o nadie querÃa decirle algo al respecto. Por supuesto que hubo cientos de rumores, desde algunos que decÃan que habÃa sido producto de un abuso por parte de algún familiar hasta otros que la ligaban al párroco de la Iglesia del pueblo, cuyo mayor sustento era que aquel hombre habÃa dejado la iglesia en los meses en que la joven se encontraba embarazada. Incluso habÃa otros donde tachaban de prostituta a su madre. Sin embargo, los parientes más cercanos a la madre de Sagrario habÃan mantenido la boca cerrada. No se dijo nada, no se combatió ni respondió a ninguno de los tantos rumores que circulaban cerca de Sagrario. Pero ella fue quien más sufrÃa a causa de este voto de silencio que, al parecer, su propia familia habÃa realizado tantas mentiras y comentarios sin sustento. Simplemente aumentaba más el coraje que Sagrario sentÃa hacia su madre, mientras la llenaba de dudas respecto a su origen. Tras la cena los regalos y abrazos, la familia del tÃo de Sagrario comenzó a ayudar con la limpieza. Ella también se le sumó hasta que su tÃo la llamó para contarle todo lo que sabÃa sobre el enigmático padre. Después de charlar durante un rato le contó lo poco que sabÃa al respecto de ese hombre. Realmente no sabÃa mucho más que en otros lugares habÃa hecho algo similar y sólo tenÃa especulaciones respecto al tipo de persona de la que se trataba para que ellos, el padre de Sagrario, habrÃa de tener alrededor de poco más de setenta años y muy seguramente habrÃa muerto saber un poco más sobre la persona que la engendró. Le dio cierta paz, pues la más grande incógnita de su vida está siendo contestada. Pero también le inquietó saber si alguno de sus hermanastros sabÃa algo más de su padre. O o le o insistió en que nadie sabÃa nada más, ya que eran muchas las familias y personas que habÃan intentado seguirle el rastro. Pero hasta donde sabÃa nadie habÃa logrado encontrarlo o al menos conocer de dónde era originario. ParecÃa como si la tierra se lo hubiese tragado o si hubiese fallecido en algún momento por el estilo de vida del que especulaban habÃa llevado. Al terminar de ayudar con las labores de limpieza en casa de su tÃo, Sagrario y su madre volvieron a casa y no hablaron en absoluto durante todo el trayecto. Aquella noche, Sagrario tenÃa un cúmulo de emociones encontradas y contradictorias. Por una parte, sentÃa mucho odio, asà a su padre por haberla abandonado a su suerte y por los muchos hermanos de los que se acababa de enterar que tenÃa, pero también sentÃa mucha curiosidad sobre la verdadera clase de hombre que fue. Después de todo, no podÃa dejarse llevar por las percepciones de terceras personas. Necesitaba saber más sobre aquel hombre, por lo que la noche se esfumó en un parpadeo hasta que la luz del sol se coló por su ventana y se levantó para cumplir con sus responsabilidades. Desde aquel dÃa, su vida continuó como normalmente lo hacÃa. Su relación con su madre se estancó. No discutÃan ni tampoco tenÃan grandes temas de conversación, pero sagrario siempre estaba al pendiente del estado de salud de su madre. A pesar de ello, la idea de indagar más sobre su padre le continuaba haciendo ruido en la cabeza y por momentos se eclipsaba al resto de sus pensamientos. O le resultaba difÃcil encontrar un espacio para buscar a sus hermanos. No sabÃa ni dónde vivÃan quiénes eran ni cómo encontrarlos, y no habÃa nadie más que se quedase con su madre para cuidar de ella. Su tÃo y su familia tenÃan sus propios asuntos y consideraba que el apoyo económico que aportaba el hermano de su madre era suficiente molestia como para pedirle que se encargara de su madre mientras ella iba tras la pista de un padre desconocido. Cierto dÃa, mientras Agrario se encontraba haciendo las compras en la plaza pública, mientras caminaba del brazo con su madre, se encontraron con un hombre sucio que estaba tomando alcohol sentado a la orilla de la calle. Todo el mundo pasaba cerca de él y hacÃa gestos de desagrado por el hedor que emanaba. Sagrario se percató muy tarde de la situación y hacer que su madre cruzara la calle, resultaba más problemático que soportar el olor desagradable de ese vagabundo. Cuando ambas mujeres pasaron al lado del hombre que, a juzgar por su aspecto, tendrÃa entre los setenta y ochenta años, el hombre levantó la mirada y le siguió con los ojos hasta que ambas mujeres desaparecieron entre multitud. Aquel vagabundo lucÃa enfermo. TenÃa una fuerte tos, llevaba un abrigo enorme y un sombrero que cubrÃa la mitad de su rostro, mientras que una frondosa barba cubrÃa el resto. Su aspecto realmente era deplorable, pero nadie se acercaba a ofrecerle ayuda. Se le veÃa hurgando entre la basura, buscando algún resto en buen estado con el que pudiese alimentarse. Por ello, la gente de la comunidad comenzó a llamarlo. El perro pues su aspecto y comportamiento no diferÃa mucho del de un perro callejero. Una tarde, mientras Agrario se encontraba preparando los alimentos para ella y su madre, alguien llamó a su puerta. Sagrario bajó el fuego de la parrilla y fue directo a la puerta. Cuando abrió se encontró con el perro aquel vagabundo que se habÃa vuelto popular entre los más jóvenes al infundir terror a quienes se le acercaban. Sagrario pensó que buscaba algo de comer, por lo que de inmediato volvió a la cocina, tomó algo de fruta y se la entregó en las manos Al hombre que se encontraba de pie en la puerta. Mientras asomaba y fisgoneaba la vivienda, le dijo que no tenÃa mucho que darle, pero que esperaba que le sirviera de algo. Mientras cerraba la puerta hasta que los dedos de aquel hombre se interpusieron entre el marco y la puerta, por lo que Sagrario se asustó y le dijo que no tenÃa dinero ni nada de valor, que ahà sólo vivÃa ella y su madre. El hombre empujó la puerta, la volvió a ver de cabeza a los pies y le preguntó sobre su padre. Sagrario insistió en que se fuera o llamarÃa a los vecinos para que lo echaran. El hombre, nuevamente con dificultades para emitir sonido alguno de su boca, le dijo que ella no tenÃa padre, que lo podÃa notar y lo sabÃa porque su rostro, a pesar de haber envejecido, le recordaba a alguien muy especial. Tras escuchar esto, Sagrario dejó de ejercer fuerza para cerrar la puerta. El hombre le dijo que su padre estaba frente a ella y que quizá no lo reconocÃa, pero que su madre muy seguramente lo harÃa. Al inicio. Toda esta situación desconcertó a sagrario, es decir, toda una vida esperando r conocer a su padre, y un vagabundo se presentaba en su casa y le revelaba que era su padre. Era algo muy difÃcil de creer, pero le dio el beneficio de la duda. Lo dejó pasar y conversaron un momento hasta que su madre, quien se despertó por las voces, se acercó a ellos. Le trataron de explicar lo que sucedÃa y la mujer no lo podÃa creer. No aceptaba que el guapo y fornido galán que le habÃa robado el corazón hace cuarenta años fuese un despojo de persona. Después de mandarlo a asearse prestarle algo de ropa que habÃa por la casa del tÃo de Sagrario continuaron conversando. El hombre le reveló que estaba sumamente enfermo, que muy posiblemente estaba agonizando y viviendo sus últimos años de vida y que no querÃa irse sin conocer a los hijos que nunca reconoció. Le reveló a Sagrario que era ella una de sus múltiples hijas que habÃa tenido, pero la única con vida, ya que el resto de sus hijos habÃan muerto cuando eran infantes a causa de una rara enfermedad. Era la única familia que le quedaba y nadie querÃa hacerse cargo de un viejo enfermo, por lo que terminó pidiéndole a Sagrario que se hiciera cargo de él durante sus últimos meses de vida. Sagrario, al inicio no estaba de acuerdo, ya que el sentimiento de abandono que habÃa sufrido toda su vida. No podÃa irse asà porque sÃ, pero su madre insistió en que era su padre después de todo, y que por fin podrÃan estar juntos como la familia que son, pero que nunca habÃan parecido. Después de una larga charla sagrario, aceptó encargarse del hombre que decÃa ser su padre. Aprovechó para cuestionar su nulo interés en ella o su madre durante tantos años, a lo que el hombre simplemente respondió que era joven y querÃa disfrutar de su vida lo más que pudiese, pero que ahora que difÃcilmente podÃa valerse por sà mismo, entendÃa el valor de los vÃnculos humanos, más allá de aquellos des despertados por el deseo y el placer. Los dÃas transcurrieron sagrario. Aún tenÃa muchas preguntas, pero su supuesto padre no respondÃa a la mayorÃa de ellas. Por su parte, su madre se encontraba encantada y se molestaba cuando Sagrario querÃa cuestionar a aquel hombre. Al paso de las semanas incrementaban las sospechas de la veracidad de lo que su padre contaba. El estado de salud del hombre mejoraba dÃa tras dÃa. De ser un cadáver viviente en el que las cuencas de los ojos eran lo único que indicaba el rastro de la existencia de ojos, comenzaron a reponerse. La voz hueca comenzó a volverse cada vez más potente. Mientras esto sucedÃa, el estado de salud de la madre de Sagrario empeoraba. Cada vez. Le costaba más levantarse de la cama, alimentarse y solÃa hablar de unas extrañas pesadillas en las que una figura demonÃaca se acercaba a su cama para alimentarse de su espÃritu. Al inicio, todas las sns historias le parecÃan ridÃculas. A Sagrario, su supuesto padre se la pasaba desacreditando a su madre y su carácter. Cada vez se volvÃa más temperamental, se la pasaba dando órdenes y exigiendo que le sirvieran la mejor comida que les fuese posible. Por supuesto que el ingreso que percibÃan apenas se alcanzaba. Pero aún asÃ, aquel hombre aprovechaba cualquier oportunidad para sacar ventaja de la situación. Conforme pasaban los dÃas, la madre de Sagrario se volvÃa más agresiva, no toleraba que se acercaran a ella para curarle las distintas heridas que le aparecÃan en las distintas extremidades de su cuerpo y no soportaba que la luz entrara a su habitación, por lo que comenzó a cubrir las ventanas con su propio excremento y periódico. Las imágenes religiosas que adornaban la casa también fueron retiradas y desechadas mientras Sagrario no se encontraba en casa y fueron quemadas en el patio por su supuesto padre. La salud de su madre cada vez se veÃa más comprometida deambulaba por las noches y se comÃa la carne cruda que reservaban para preparar los siguientes dÃas. Algunas veces intentó salir de casa, pero fue alcanzada por Sagrario. Quién se percató al escuchar los sonidos de algunos animales a quienes su madre habÃa estrangulado con sus propias manos y que intentaba devorar mientras agonizaban y aterrada por la escena, se llevó a su madre a su casa y la encerró en su habitación Sagrario no sabÃa qué hacer hasta que le pidió ayuda a su tÃo, quien se comprometió visitarlas. Esa misma noche. Sagrario le contó que el comportamiento de su madre se habÃa desencadenado desde que su supuesto padre habÃa vuelto a sus vidas. El tÃo, como habÃa prometido, llegó a la vivienda dispuesto a sacar a su hermana y llevarla con el médico o a que la revisara algún sacerdote. Llamó a la puerta y lo recibió el supuesto padre de su sobrina, quien se encontraba en un excento estado de salud. Ya no tenÃa nada que ver con el vagabundo que robaba alimento de la basura para sobrevivir. Sagrario hizo acto de aparición y le comentó que habÃa cerrado con llave la habitación donde se encontraba su madre porque se habÃa puesto un tanto violenta. Cuando se postraron frente a la puerta, intentaron escuchar si emitÃa algún ruido dentro y los sonidos que percibieron eran como si de una bestia se tratara. Se escuchaba que rompÃa cosas y hacÃa ruidos guturales, hasta que, de un momento a otro, todo sonido se detuvo tras un fuerte golpe contra la puerta. Asustados abrieron la puerta de inmediato para encontrarse con que aquella mujer que habÃan conocido durante toda su vida, se habÃa comenzado a arrancar la piel y se alimentaba de ella mientras ambos se quedaban aterrados. El supuesto padre de Sagrario cerró la puerta y dejó a la mujer y a su tÃo a expensas de aquella violenta criatura quién los hace, sino violentamente y se alimentó de sus restos. El hombre misterioso desapareció y nunca se supo nada de él. La burla del diablo. Hoy en dÃa, gran parte de las personas creen que el dinero es capaz de comprar incluso la felicidad y la satisfacción. El dinero. Te puede ayudar a tener un techo del cual refugiarte del frÃo, la lluvia o el calor. Te puede proveer de una enorme variedad de alimentos. También puedes adquirir las prendas más bonitas hechas con las mejores costuras posibles. Te puede brindar experiencias memorables y, según se mire, te puede conseguir el amor. A pesar de que el dinero es un medio para asegurarse una mejor calidad de vida, difÃcilmente es un fin en sà mismo. La búsqueda constante de reunir la mayor cantidad de dinero posible. Se vuelve una enfermedad cuando no se tiene una meta para otros, la cual vuelve virtuoso a quien la ejecute. Sin embargo, nos dejamos la vida, el cuerpo, la salud y momentos irrecuperables tratando de aumentar los números en nuestras cuentas bancarias. Don AgustÃn tuvo que realizar la anterior reflexión cuando se encontró frente a una de las múltiples carencias y contradicciones de reunir una fortuna. AgustÃn Hinojosa fue un respetado empresario de la capital. Según se sabe, AgustÃn nació y creció en el seno de una familia muy pobre que vivÃa en una alejada casa en la periferia de la capital, un pueblo habitado por poco más de quinientos habitantes, los cuales se encontraban en las mismas condiciones que la familia de AgustÃn. La zona no resultaba atractiva para ningún negocio de los que prosperaban En la época era una región bastante árida. En algún momento, los pobladores originarios que fundaron una villa se dedicaron a la minerÃa. Se extraÃan distintos mins nerales de las excavaciones, principalmente carbón, el cual era ampliamente utilizado para las máquinas de vapor y la producción de energÃa eléctrica en algunas plantas del paÃs. Pero, conforme se fue explotando este recurso. Pronto fue difÃcil seguir haciéndolo, ya que la inversión para extraer de forma más eficiente las reservas que se encontraban bajo la tierra se elevaba a cifras muy grandes, las cuales eran impagables para los distintos propietarios de la Comunidad. En algún punto se les planteó la idea de fundar una cooperativa mediante la cual se financiara la inversión necesaria. Pero, lamentablemente, fue una iniciativa que no tocó buen puerto, ya que las riñas peleas, difamaciones y acusaciones de todo tipo generadas por la desconfianza de los distintos propietarios y la nula intención de compartir las ganancias llevó a que nunca se concretara nada. Algunas personas que les tocó vivir en aquellos años cuentan que incluso algunos conflictos escalaron hasta los enfrentamientos a puño limpio y otros con armas de fuego. En aquel contexto de nula cooperación y la falta de capacidad para apaciguar los descontentos, enfrentamientos y sabotajes entre los distintos propietarios llevó a que, paulatinamente, las empresas e intermediarios que les compraban. Los distintos minerales buscaran nuevos proveedores en otras regiones donde si pudiesen abastecer la demanda y donde no se corriera el riesgo de que algún cargamento no se completase por los distintos problemas que generaba ese ambiente de hostilidad y desconfianza. Conforme, pasaron los años y la minerÃa dejó de ser la principal fuente de ingresos para todas las familias de los trabajadores que laboraban en las minas. Los pobladores y trabajadores externos comenzaron a abandonar el pueblo. Las excavaciones que se realizaban a Pico y Pala se volvieron cada vez más difÃciles de realizar. La mano de obra dispuesta a trabajar en aquellas condiciones comenzó a escasear y la poca que aún se mantenÃa comenzó a exigir mejores salarios por las labores y jornadas a las que eran sometidos. También hubo intentos por parte del Gobierno y distintas autoridades para recuperar el esplendor de la minerÃa en la región, y algunos de los que inicialmente se acercaron lograron concretar algunos acuerdos de cooperación para la explotación de las minas. Pero pronto los propietarios se dieron cuenta de que habÃan firmado contratos que no les beneficiaban en nada, ya que tanto los recursos extraÃdos como el agua y los distintos recursos que se necesitan para la minerÃa pasaban a ser patrimonio de polÃticos ambiciosos o de algún empresario, amigo o familiar de aquellos que les habÃan convencido firmar. De tal modo que la figura del Gobierno también comenzó a volverse antagonista para muchos propietarios de tierras y minas. El descontento por aquellas situaciones generó que hubiese algunas manifestaciones para que deshiciera el daño causado, pues muchos recursos hÃdricos que antes se gestionaban de manera comunitaria pasaron a ser recursos privados por las distintas empresas que se escabulleron en las lÃneas pequeñas de los contratos que ellos mismos habÃan firmado. Las personas que habÃan firmado se organizaron para protestar y denunciar aquellos abusos, pero fueron reprendidos por el cuerpo judicial del Estado, propietarios, familiares y prácticamente cualquier persona emparentada o relacionada a ellos comenzó a ser vÃctima de acoso, abusos y algunas desapariciones que hasta la fecha no han sido esclarecidas. Los pocos que tuvieron la fortuna de sobrevivir a las distintas represiones y amenazas optaron por abandonar el pueblo. Vendieron sus tierras al mejor postor por debajo del valor de venta calculado. Solo se quedaron a vivir en el pueblo algunas pocas familias que se mantuvieron al margen de los distintos conflictos que tuvieron lugar. Pero al poco tiempo, los problemas económicos comenzaron a azotar la región. En primer lugar, se construyeron autopistas, carreteras y caminos que dejaban fuera del recorrido al poblado. El ferrocarril, que fue vital para transportar los distintos minerales que se extraÃan de las minas, fue concesionado y los costos para transportar se elevaron. Se dejó fuera del negocio a los distintos dueños de las minas que habÃan explotado por años. Aquellas tierras áridas ricas en recursos sumamente codiciados. Ante este panorama tan desalentador, los padres de AgustÃn, que habÃan llegado al pueblo durante la minerÃa, se encontraban en un gran dilema. Por una parte, sabÃan que la situación de abandono no mejorarÃa pronto, pues los distintos conflictos que habÃan azotado a toda la Comunidad habÃan ocasionado que hubiese una fuerte ruptura entre los miembros de la sociedad, por lo que la decisión más racional serÃa migrar a alguna otra zona donde el padre de AgustÃn pudiese trabajar. Por otro lado, habÃan construido un patrimonio en aquella localidad. Ninguno de sus padres tenÃa ningún otro bien del cual echar mano para costear la mudanza. La propiedad sobre la cual habÃan edificado un hogar a través de la autoconstrucción aún no la terminaban de pagar al patrón del padre de AgustÃn, quien se la habÃa vendido, con la garantÃa de que la pagase a crédito, el cual cubrÃa con su salario como minero, por lo que renegociar la deuda se volvÃa un problema, ya que algunos compañeros del padre de AgustÃn lo habÃan intentado anteriormente, pero el patrón era una persona bastante difÃcil de abordar y ante la baja producción de la mina de la que era dueño la venta de tierras, se habÃa vuelto su nuevo negocio. Por distintos motivos, la familia de AgustÃn consideró más viable que darse a vivir en aquel pueblo. Su padre y jefe de familia trabajarÃa para el propietario el tiempo suficiente para pagar el valor del terreno que habÃa adquirido y su madre traba ba dejarÃa como empleada doméstica con las familias mejor posicionadas del pueblo, la vida se volvió dura. Conforme la situación del pueblo empeoraba. Las escuelas que habÃan sido construidas y financiadas durante los años dorados del pueblo se encontraban en malas condiciones. Faltaban maestros y materiales para impartir las distintas materias a los hijos de los mineros. AgustÃn sólo estudió hasta tercero de primaria. Era listo, tenÃa grandes habilidades para expresarse, pero no pudo concluir sus estudios porque sus padres no podÃan aportar las cuotas escolares ni comprarle los útiles y materiales para que continuase con su educación. AgustÃn fue consciente por la crisis que atravesaba su familia y decidió que lo mejor serÃa buscar en qué emplearse para ganar algo de dinero con el cual apoyara al gasto familiar, comenzó a lustrar calzado en la terminal del ferrocarril del pueblo. Como la mayorÃa de los vagones no eran de pasajeros, no tenÃa mons muchos clientes, pero los operadores de las calderas del tren eran quienes pagaban porque el jovencito lustrara su calzado cuando la boleada no le dejaba suficiente dinero. Ayudaba a su padre en los distintos trabajos que tenÃa que realizar para su patrón. En general eran trabajos de jardinerÃa, mantenimiento y cuidado del ganado que tenÃa en el establo. A veces acompañaban al patrón a la capital por alimentos y otros artÃculos que escaseaban en el pueblo. En aquellas visitas quedó maravillado por los edificios, las tiendas, los autos y los distintos productos y atracciones que la ciudad ofrecÃa se juró a sà mismo que algún dÃa tendrÃa una casa en el Pleno centro histórico, cuya vista se encontraba adornada por un enorme parque central y una iglesia que se imponÃa sobre las copas de los árboles, cuya arquitectura le resultaba preciosa. También aprendió del patrón de su padre a hablar con los comerciantes para conseguir mejores tratos y precios, a apren dos sobre estrategias de venta por parte de los vendedores ambulantes que inundaban las calles principales y ofrecÃan desde alimentos hasta joyerÃa. AgustÃn se volvió un crÃo muy avispado y absorbió todo lo que pudo de la ciudad que visitaba de vez en cuando, soñando con tener una enorme casa que se encontraba al lado de la catedral. Le contaba a su padre, sus sueños y aspiraciones y éste nunca se las negó, pero también le explicó que el dinero no resolverÃa todos sus problemas, ya que difÃcilmente podrÃa curar un corazón roto o devolverle la vida a algún ser amado. Palabras que para AgustÃn eran parte del discurso de un conformista y fracasado, ya que para alguien que se habÃa criado en la necesidad y escasez, el dinero se vuelve su mayor anhelo y el único fin para ellos es conseguir la mayor cantidad posible. Cuando el padre de AgustÃn no pudo continuar trabajando para su patrón, éste tuvo que suplirlo para poder saldar la deuda que habÃan adquirido para aquella época. AgustÃn era un joven no mayor de veinte años y gozaba de una salud buena, asà que fue un gran elemento para reforzar la mano de obra del patrón. Sin embargo, pronto se dio cuenta de las habilidades de AgustÃn. Notó que se le daba muy bien el tema de los negocios y al poco tiempo se volvió su asistente personal y asesor en algunos temas. La cercanÃa con su jefe le valió para ganarse el respeto por parte de éste. Gracias a AgustÃn lograron conseguir un préstamo de un banco con el que pudieron volver a explotar una mina que habÃan comenzado a acabar hace décadas, la cual, según se decÃa, contenÃa oro y otros metales preciosos. La jugada le resultó perfecta y al poco tiempo aquella mina sepultada por las arenas del tiempo recobró su esplendor. Los minerales fueron vendidos a distintos compradores con ganancias muy buenas para el propietario estableció acuerdos y contratos con el personal de la mina para evitar revueltas, huelgas y paros de labores. La presencia de AgustÃn se volvió sumamente importante para el funcionamiento de los distintos negocios del patrón y la buena fortuna de AgustÃn se incrementó cuando tocó buscar al sucesor de su jefe. Ya era un hombre viejo y habÃa ocupado la mayor parte de su vida en las minas y sus negocios, por lo que nunca se habÃa tomado el tiempo para conocer a una mujer y establecer una relación duradera de la cual obtuviera un hijo. Y, por lo tanto, sucesor. El Patrón le contaba a AgustÃn que su familia sólo lo veÃa como una fuente de dinero y beneficios ilimitada, pues sus hermanos y sobrinos sólo se acercaban a él en búsqueda de dinero o ayuda. Los llamaba un montón de oportunistas a la espera de que éste falleciera y pudiesen reclamar todos sus bienes. No confiaba en nadie, ya que para aquel viejo, toda persona que se acercara a él buscaba quitarle algo de modo que no tenÃa a quien heredar sus propiedades y, tras los conflictos que habÃa afrontado con el Gobierno, tampoco pensaba dejarles el producto de su trabajo a un montón de hilenas hambrientas, asà que le ofreció a AgustÃn a adoptarlo para que éste, tras su muerte, fuese quien se encargara de los negocios y las minas. AgustÃn no lo pensó demasiado. Aceptó su propuesta y comenzaron todos los trámites para que se volviera su heredero. Al poco tiempo de dejar todo en orden aquel viejo falleció y AgustÃn se encargó de mandar a construir un gran monumento en donde descansan los restos de la persona que lo hizo millonario para esa época. Sus padres biológicos también habÃan fallecido y ordenó que sus restos descansaran cerca de los de su padre adoptivo, aunque éstos no gozaron de un monumento. En su memoria, AgustÃn intentó no cometer los mismos errores que su padre adoptivo. Pagaba muy bien a las personas que trabajaban para él y viajó por distintas partes del paÃs y del extranjero. Ayudó a construir escuelas en el pueblo e incluso se le propuso ser el alcalde de la Comunidad, pero la rechazó, ya que consideraba que podÃa ayudar más a su comunidad desde su posición que desde la polÃtica. A pesar de despreciar aparentemente a los polÃticos. Entabló amistad con distintas figuras muy conocidas, con quienes trabajó en distintos proyectos de salud y caminos que beneficiaron a las familias de los mineros. En algún punto se enamoró de una mujer más joven que él, que conoció en una de sus visitas a la capital. La conoció en un restaurante en el que se encontraba comiendo solo como era habitual, ya que, a pesar de su fortuna, no tenÃa amigos de verdad, sólo socios y compañeros del sector. Como solÃa decir él. La mujer en cuestión era una joven maestra que de vez en cuando se consentÃa con un postre que sólo vendÃan en ese restaurante. Ambos coincidieron en la salida del lugar, se saludaron, presentaron, conocieron y después de un tiempo se casaron y se mudaron. A la capital en una hermosa casa, a pocos metros de la catedral. Tal y como habÃa soñado cuando era niño, AgustÃn continuó dedicándose a la minerÃa y al comercio, ya que era dueño de algunas abarroteras de su pueblo natal, y pronto invirtió en una cadena de supermercados que prosperaban en la ciudad, los cuales se expandieron gracias a la llegada de AgustÃn a la junta de accionistas y mesa de socios. La vida e historia de AgustÃn sirvió de inspiración y ejemplo para infinidad de charlas motivacionales, emprendedurismo y coaching. Era muy querido y respetado por los pobladores de su lugar natal, ya que gracias a su fortuna habÃa llevado prosperidad a una región que habÃa pasado por hambre, muerte y desesperación, donde la esperanza y sueños habÃan sido brutalmente destrozados. Años atrás, en la ciudad también se volvió una persona muy apreta, ya que, junto a su esposa, realizaban distintos eventos y actividades de caridad. A pesar de que habÃa conquistado el respeto y el aprecio. AgustÃn aún se encontraba sumamente preocupado por su fortuna, ya que sobre él se cernÃa la idea de que alguien le traicionarÃa y le quitarÃa todo lo que habÃa logrado. Después de diez años de matrimonio, su bella esposa no habÃa podido embarazarse. Acudieron con los mejores doctores a los que tuvieron acceso, buscaron medicina alternativa e incluso se volvieron fieles creyentes de la Iglesia Católica, con la idea de que Dios les darÃa el hijo que tanto esperaba a AgustÃn. Después de haber intentado todo y al estar tan inmerso en las enseñanzas de la iglesia, AgustÃn comenzó a aislarse en búsqueda de respuestas o soluciones a su mayor ambición tener un hijo. Su esposa le planteó la idea de adoptar a algún huérfano, pero AgustÃn se encontraba completamente en contra n se r por su ambición, a pesar de que su fortuna la habÃa adquirido gracias a la adopción. Pero para una persona obsesiva dejó de ser una alternativa conforme. Más se aislaba. AgustÃn más preocupaba a su esposa, quién no sabÃa cómo ayudarle y ya que también ella habÃa buscado formas de quedar embarazada. Pero los doctores ya le habÃan planteado la posible infertilidad de AgustÃn, de manera que no existÃa forma humana de darle un hijo a su marido. Por su parte, AgustÃn se encontraba completamente en contra de aquel diagnóstico médico. Consideraba que habÃa un error y que se trataba de alguna especie de conspiración en su contra. Convencido de que todos estaban en contra de él, decidió recluirse en una de las catacumbas de la antigua catedral, que fueron construidas durante la ocupación española para castigar a los no creyentes y detractores de su religión. Pensaba que estando en lo más profundo de la iglesia, encontrarÃa una respuesta o se ganarÃa la simpatÃa de Dios para que éste le concediera el milagro de engendrar un hijo. Pasó muchos meses en aquellas frÃas y húmedas celdas, rezando, suplicando y estudiando la palabra de Dios. Sin embargo, no logró encontrar paz ni mucho menos una respuesta o alguna señal de Dios. Durante todo ese tiempo se habÃa desentendido de sus negocios. Algunas personas que su esposa habÃa designado comenzaron a hacerse cargo de las distintas responsabilidades. Ante la ausencia de su marido, ella trabajó y supervisó muy de cerca las actividades y fue quien tuvo la última palabra en las decisiones que se tomaban. Pero ante esta situación, AgustÃn comenzó a desconfiar de su esposa y las personas que trabajan muy cerca de ella. Pensaba que ante su problema, su esposa buscarÃa acostarse con alguno de los hombres que tenÃa cerca o que seguramente conspiraban para quitarle todas sus propiedades. La situación se volvió complicada, por lo que abandonó las catacumbas bajo la tierra catedral y volvió a casa dispuesto a hacerse cargo de las responsabilidades que habÃa abandonado durante ese tiempo, pero continuó con sus hábitos de meditación, aislamientos súplicas y oraciones en el despacho de su casa. Comenzó a despedir a la mayorÃa de las personas jóvenes que habÃan ayudado a su esposa a atender sus negocios. Cansado de no recibir respuestas, ni señales ni milagros de Dios, comenzó a confrontarlo. Entraba en rabietas y cólera cuando suplicaba una respuesta y después de esos ataques de ira, desolación y abandono, pedÃa disculpas a su creador para posteriormente volver a cuestionarlo. AgustÃn afrontaba una batalla contra su dios y contra sà mismo, ya que era incapaz de aceptar su incapacidad para tener un hijo, pero lo suficientemente arrogante para cuestionar a Dios por aquel castigo. Durante uno de sus tantos enfrentamientos con Dios, mientras AgustÃn se encontraba en pleno llanono y arrepentimiento por blasfemar ante Dios escuchó un breve susurro que entró por sus oÃdos y retumbó por toda su cabeza. Sorprendido, dio un salto de la silla en la que se encontraba sentado. El impulso fue lo suficientemente fuerte para que éste se cayera de espaldas al suelo y mientras se encontraba tirado sollozando, volvió a escuchar una voz, la cual intentó ubicar en algún punto de la oscura habitación alumbrada únicamente por una veladora que utilizaba para rezar cuya flama comenzaba a moverse como si una corriente de aire se hubiese colado por la habitación, pero la puerta y las ventanas se encontraban cerradas. Como pudo, AgustÃn se puso de pie y comenzó a recorrer la habitación de manera sigilosa, tratando de encontrar a quién le estuviese haciendo pasar aquel mal momento, Pero eran las tres de la mañana. Su esposa se encontraba durmiendo en su alcoba y las personas que le ayudaban con las labores se habÃan retirado desde las ocho de la noche. Después de haber servido la cena y limpiado el comedor y cocina en la enorme casa, sólo se encontraban él y su esposa. La voz se volvió a pronunciar y le dijo tu esposa te engaña eres viejo, senil, impotente e incapaz de tener un hijo. Tras escuchar aquellas palabras, la voz le ofreció un trato a cambio de restablecer su honor como hombre, debÃa alejarse de la iglesia, destruir toda imagen y objeto perteneciente a la religión y, después de eso, asesinar a la primera persona que cruzara la puerta de su casa la siguiente noche, a las doce en punto, ya que ese serÃa el hombre con el que su esposa lo engañaba. AgustÃn aceptó el trato. A la mañana siguiente comenzó a retirar toda imagen, todo objeto religioso de su casa. Mientras todo esto sucedÃa, su esposa le recordaba que tenÃan un evento de caridad al que asistirÃa en su representación, ya que él solÃa encerrarse en su despacho. AgustÃn pensó que seguramente eso serÃa una excusa para acostarse con algún hombre. Pero esa misma noche su honor mancillado serÃa restaurado y podrÃa tener a su preciado hijo, asà que no le dijo nada a su esposa. La noche llegó y cuarto a las doce, tomó el cuchillo más afilado de la cocina y esperó a que el reloj dieze las doce. Cuando el reloj marcó las doce, la puerta se abrió. HabÃa caÃdo una fuerte lluvia sobre la ciudad y la electricidad de la casa se habÃa ido, por lo que no habÃa luz. Sólo se posó frente a él una silueta con un abrigo a la que AgustÃn, cegado por la ira, la soberbia y la ambición, apuñaló reiteradas veces en el pecho, hasta que ésta se desplomó. Cuando un rayo iluminó la escena de asesinato. Se trataba de su esposa, quien descansaba en la entrada de la vivienda, completamente muerta por las heridas causadas por el propio AgustÃn, las puertas del infierno, los restos arqueológicos son los únicos vestigios y evidencias de que existieron seres humanos y sociedades complejas en distintos periodos de la historia. Muchas personas crearon distintos objetos confines que sólo podemos especular, ya que las interpretaciones que hacemos sobre los hallazgos son difÃciles, por no decir imposibles de comprobar. No sabemos a ciencia cierta cuáles eran las costumbres, las creencias o la vida cotidiana de las civilizaciones que nos precedieron. Muchas de ellas incluso ni siquiera dejaron alguna prueba de su existencia, más allá de algunos relatos e historias que se preservaron gracias al habla, pues parece que muchas no desarrollaron un sistema de escritura al cual podamos remitirnos para al menos tener una evidencia de su paso por n este mundo. La mayor parte de nuestra historia, como especie dominante en la Tierra, la desconocemos por completo. Sabemos que en algún momento y en algún lugar está nuestra génesis, pero no conocemos todos los detalles ni por menores de cómo, cuándo y por qué. De esta falta de conocimiento es de donde surgen muchÃsimas incógnitas sobre nosotros mismos. Alrededor de mil novecientos, una expedición al Medio Oriente se encontró con cierto objeto que despertó un gran interés de la comunidad cientÃfica, de los militares y gobiernos de las potencias de la época. Según se relata, la expedición, la conformaron distintos arqueólogos ingleses, quienes originalmente se habÃan interesado por estudiar a las pirámides y monumentos de Egipto. El grupo de arqueólogos estaba conformado por una pareja y un par de colegas que no eran novatos en este tipo de trabajos. Ya anteriormente habÃan viajado por distintas regiones que hoy conocemos como Marruecos, el TÃbet y Argelia, y habÃan formado una buena relación con los lugareños, quienes les explicaron distintos aspectos sobre su forma de ver al mundo peculiar para los ingleses, quienes escucharon y documentaron en distintas bitácoras muchos relatos orales que las personas de distintas tribus compartieron con los extranjeros. Se cuenta que la pareja de arqueólogos quedó sumamente interesada por las culturas de Ãfrica, porque cuando estos se casaron, optaron por realizar un viaje a Ãfrica como regalo de bodas y luna de miel. En aquella época, en Inglaterra se tenÃa la concepción de que muchas culturas del continente eran la puerta para desentrañar el origen de la humanidad, ya que consideraban que sà el eslabón perdido existÃa. Como lo sugerÃan las distintas teorÃas de la evolución, era más factible localizarlo en una zona más arcaica, rudimentaria y atrasada tecnológica y cientÃficamente, como lo era Ãfrica, el continente al que se suele apuntar cuando se siguen los rastros y vestigios de la humanidad a lo largo y ancho del mundo. Durante su viaje a Ãfrica se dieron cuenta de que las distintas civilizaciones y tribus con las que tuvieron contacto no eran para nada un montón de aborÃgenes salvajes e ignorantes. En realidad eran culturas complejas, con lenguas y costumbres propias cuyos orÃgenes se remontaban cientos de años atrás, de las cuales se sentÃan bastante orgullosos. Y es que la actitud que suelen tener las personas de las potencias colonizadoras imperialistas suele ser muy paternalista, pues se ven a sà mismos como la culminación de la evolución humana, por los distintos avances y desarrollos que alcanzaron gracias a la explotación y aprovechamiento de distintos recursos. A pesar de que la pareja de cientÃficos contaba con una gran formación académica, les resultaba difÃcil comportarse como si no trataran con seres inferiores, ya que no hablaban la mira misma lengua. Tampoco vestÃan ni se comportaban como las normas sociales inglesas. VeÃan a los africanos con un velo de exotismo, sin la mÃnima intención de tratar de comprender la forma en que ellos ven al resto del mundo, desde su latitud y sus condiciones de vida. Y es que a nadie le resulta extraña la forma en que se suele enseñar y estudiar sobre las distintas culturas, tribus, civilizaciones y sociedades de aquel viejo continente. Esta forma de vernos a nosotros mismos y al resto de habitantes de esta gran esfera azul suele volverse contra nosotros mismos si no estamos dispuestos a desaprender lo aprendido y a tratar de comprender desde el respeto los motivos y caracterÃsticas de todos los ámbitos que compone al individuo y la sociedad de los distintos continentes. En aquel primer viaje, la pareja se volvió consciente de sus carencias como investigadores y cambiaron un poco los planes y actividades que tenÃan previstas para su visita Entendieron que si de verdad querÃan conocer y estudiar a aquellas culturas, no podÃan hacerlo desde las vitrinas de los museos. TenÃan que adentrarse y convivir directamente con las principales fuentes de información que tenÃan a su alcance las propias personas, de manera que gran parte de su luna de miel se convirtió en una investigación más seria. Estuvieron visitando a distintas etnias y tribus por la región africana. Conocieron a personas de todo tipo y poco a poco. Aquella visión, con descendiente producto de la sociedad inglesa, fue tornándose más empática y respetuosa con los nativos que amablemente compartÃan sus haberes con los extranjeros. Aprendieron que no podÃan presentarse ante los miembros de las distintas tribus sin un obsequio para el lÃder también que necesitaban abrir mucho su mente, pues para poder convivir con las tribus ya que sus usos y costumbres distaban mucho de lo que ellos conocÃan. Su viaje, que inicial n n n nun harÃa un mes, se extendió a medio año. Visitaron distintos puntos de interés que fueron surgiendo conforme más se adentraban, por supuesto que la travesÃa no estuvo exenta de problemas o riesgos, pues contrajeron distintas enfermedades, las cuales los hizo volver a su paÃs natal para poder recibir tratamiento y atención médica. Con su regreso, trajeron consigo mucha información que habÃan ido recabando de los distintos pueblos que habÃan visitado y conocido, la cual aprovecharon para publicar una serie de artÃculos donde hablaban de las distintas formas de organización social, la jerarquÃa que mantenÃan sus creencias religiosas, sus rituales con distintos fines y su particular forma de entender el mundo que les rodeaba. Todo el material que la pareja consiguió de su viaje les valió para volverse prácticamente una celebridad entre la comunidad cientÃfica, la cual recibió encantada los distintos relatos y textos que publicaron en distintas revistas y escucharon atentamente las las us historias de primera mano de los viajeros en distintos congresos y ponencias a las que fueron invitados. El viaje omitiendo las enfermedades, fue un rotundo éxito, no sólo a nivel profesional, que les valió un gran reconocimiento y respeto de sus colegas y de distintos estudiosos de áreas hermanas, sino que también fue de gran ayuda para su crecimiento personal, pues no fueron las mismas personas antes de realizar el viaje a su regreso. Su retorno a su paÃs estuvo plagado de éxito. Sin embargo, la pareja se sentÃa algo extraña viviendo nuevamente en Inglaterra. El reconocimiento era genial, pero sentÃan que aún habÃa mucho que hacer y documentar de Ãfrica y de otras regiones fuera del mundo anglosajón, por lo que, después de platicarlo, decidieron mudarse a lo que hoy conocemos como Sudáfrica, pero que por aquellos años se encontraba bajo la tutela de Inglaterra y el Imperio Británico, pues desde ahà gozando de los derechos que les otorgaba su nacional, podrÃan continuar con sus investigaciones en Sudáfrica. La pareja de cientÃficos entabló amistad con otros compañeros de oficio que también estaban altamente interesados en la región. Se volvieron buenos amigos y estos dos arqueólogos antes de llegar a Sudáfrica habÃan estado realizando distintas investigaciones en el Medio Oriente. Durante su estadÃa. Ãstos habÃan conocido la historia que hablaba de la existencia de un par de puertas, a las cuales se les atribuÃan distintas capacidades. Algunas versiones hablaban de que eran el portal a otra dimensión. Otras sostenÃan que era la entrada al infierno bÃblico y algunas más aseguraban que aprisionaban a un ancestral mal, el cual nunca debÃa ser desatado, ya que pondrÃa contra las cuerdas a toda la humanidad. La pareja escuchó con gran interés los relatos que sus nuevos amigos les compartieron también éstos les explicaron que les fue difÃcil continuar con su búsqueda por los distintos conflictos que se desataban en la región y los distintos bandos que se enfrentaban. Los consideraban espÃas enemigos o intervencionistas, cuyos fines era sabotear los distintos ataques que preparaban al enemigo, por lo que no les quedó más opción que abandonar la región mientras el conflicto se terminaba. Aquel relato dejó maravillada a la pareja de arqueólogos, si lograban encontrar dichas puertas, podrÃan realizar un aporte a la comunidad cientÃfica sin precedentes. No sólo podrÃan encontrar aquellas puertas, sino que incluso podrÃan desentrañar los grandes misterios de la humanidad. La idea de realizar una expedición al Medio Oriente en búsqueda de dichas puertas comenzó a fraguarse rápidamente entre ambas parejas de cientÃficos. Sin embargo, se enfrentaban al principal problema del financiamiento de la expedición, y es que muy pocas personas estarÃan dispuestas a solventar los gastos de una campaña en búsqueda de un objeto que bien podrÃa existir ser simplemente parte de un mito o leyenda. Ambas parejas de arqueólogos enviaron cartas a distintas personas que dirigÃan centros de investigación. También ofrecieron sus servicios a los magnates interesados en la ciencia, ya que contaban con el dinero para poder sustentar la tan ansiada expedición, pero no tuvieron respuestas favorables. El grupo de arqueólogos no dio mucha información respecto a lo que se encontraban buscando ante el temor de que alguien más se les adelantara en la búsqueda de las mÃsticas puertas. Este primer problema desalentó a los arqueólogos de realizar dicho viaje al Medio Oriente, ya que aún vendiendo sus propiedades, difÃcilmente podrÃan cubrir todos los gastos que implicaba realizar una búsqueda de tal magnitud. Los problemas por lo que atravesaba la región también desalentaba a muchos gobiernos y organismos públicos, ya que bien podrÃan interpretarse como intromisión y causar problemas a grandes escala, por lo que tenÃan que ser muy cuidadoso o bien esperará que la situación fuese más favorable. Después de recibir negativa por parte de prácticamente todas las personas que podrÃan ayudarles decidieron esperar mientras aparecÃa algún benefactor, Ellos tratarÃan de conseguir los recursos por sà mismos en caso de que ningún interesado apareciera y mientras esto sucedÃa, podÃan investigar más sobre el supuesto paradero de las puertas. Los arqueólogos decidieron separarse. La pareja se mantendrÃa en Sudáfrica para continuar con sus investigaciones. Mientras intentaban reunir el suficiente dinero para la expedición y sus nuevos amigos volverÃan al Medio Oriente para tratar de conseguir información más precisa sobre el posible paradero de las puertas y asà no tener que vagar por el desierto sin un rumbo fijo. En mil novecientos cinco el grupo volvió a reunirse en Francia al margen de un congreso al que fueron invitados para impartir a algunas ponencias sobre sus hallazgos. Fue en este Congreso donde la pareja de arqueólogos, que habÃa partido a Medio Oriente años atrás, les comentó a sus amigos que habÃan conseguido apoyo por parte del Museo de Irak. Ellos prestarÃan equipo, transporte y algunos hombres para la búsqueda de las puertas, ya que su investigación apuntaba a que éstas se encontraban en Irak, pero el resto de los gastos los tendrÃan que cubrir ellos mismos, por lo que al proponerles que les acompañasen en dicha expedición, esperaban que pudieran ayudarles con el resto de dinero. La pareja de arqueólogos ingleses aceptó la propuesta y fijaron fechas para realizar la búsqueda ese mismo año, y asà fue como ambos grupos de arqueólogos pactaron reunirse en Bagdad, la capital de Irak, para realizar los preparativos para la búsqueda de las puertas. La pareja que los habÃa invitado ya se encontraba en la ciudad con toda la información que habÃan reunido la das durante todos sus años de investigación en la región. Les compartieron todo lo que sabÃan a sus colegas para ponerlos al dÃa. Aquellas puertas supuestamente habÃan aparecido antes de que el primer ser humano hubiese pisado la tierra. Al parecer, estaban hechas en un material sumamente resistente, ya que muchos emperadores y sacerdotes habÃan intentado destruirlas. Después de haber revelado los secretos que escondÃan y que habÃan causado extinciones A lo largo de la historia, se decÃa que aquellas puertas estaban talladas con alguna herramienta o tecnologÃa que nadie conocÃa y que nadie habÃa podido replicar hasta la época. ContenÃan sÃmbolos y figuras completamente desconocidos que no se asociaban a ninguna civilización documentada. Algunos otros relatos sostenÃan que las puertas emanaban una energÃa muy extraña a través de las vibraciones que podÃan percibirse al posar las manos sobre estas monolÃticas esculturas. También les contaron que las puertas parecÃan tener una conexión mÃstica con los eclipses y las lunas llenas, ya que cuando estos fenómenos ocurrÃan, las puertas emitÃan un pequeño brillo. La información que habÃan recabado pertenecÃa a viejos sabios y sacerdotes. Quienes habÃan escuchado aquellos relatos de sus antecesores, los cuales se encargaban de preservar dicha información para prevenir a las nuevas generaciones y evitar que éstas se autodestruyeran. Al volver a encontrar aquellas puertas, el paradero habÃa sido desconocido por décadas y cada cierto tiempo volvÃan a resurgir las historias que reviven el interés de los emperadores para intentar utilizarlas en su beneficio. Todos aquellos atributos que rodeaban la existencia de las puertas sólo alimentaban más el interés y la curiosidad por encontrarlas, para poder analizarlas, estudiarlas y tratar de establecer su naturaleza. Las hipótesis entre los arqueólogos no se dejaron esperar SugerÃan posibles materiales con las que fueron elaboradas, asà como de potenciales técnicas de fabricación y tallado. El grupo de arqueólogos estaba fascinado por todo lo que tenÃan entre sus manos de localizar dicho objeto. PodrÃa tratarse del descubrimiento del siglo y quizá de toda la humanidad, pues podrÃan reconstruir gran parte de la historia perdida. Tras realizar todos los preparativos necesarios para la expedición y asegurarse de que nadie les hubiera espiado o seguido, se reunieron con las personas que el Museo habÃa designado para la búsqueda de las puertas. El trato al que habÃan llegado con los otros dos arqueólogos era que de encontrar las puertas, estas no podrÃan abandonar dicha tierra de donde fueron sepultadas. Ellos y el resto de investigadores implicados podrÃan estudiarlas, analizarlas a sus anchas, pero todo descubrimiento o aplicaciones de las mismas serÃa de uso exclusivo del pueblo de Irak, ya que decaer en manos equivocadas se estarÃa en la antesala del fin de la raza humana, pues podrÃan liberar males y seres primigenios que se encontraban detrás de aquellas puertas esperando ser desatados para azotar y devorar toda forma de vida existente en la tierra. El trato, si bien no les parecÃa del todo justo, les bastaba con que les permitieran estudiarlas y conocer más sobre las mismas y de la civilización que las elaboró su fin o lo que representaban para aquellas personas. Por supuesto, las historias que circulaban solo entre algunos sabios y otras personas sonaban bastante apocalÃpticas y discutieron sobre las implicaciones de realizar dicho hallazgo y entregarlo enteramente a un Gobierno en el cual el resto de potencias no confiaba demasiado. Pensaban que serÃa una amenaza más que una bendición, pero a esas alturas ya no podÃan echar para atrás. La única solución era que todo ese misticismo como que existÃa sobre dicho objeto, fuese un mito o una leyenda y asà no tuviesen implicaciones en los posibles estragos que pudiese ocasionar dicho descubrimiento al mundo. La expedición comenzó llena de dudas, esperanza, temor e incertidumbre. Conforme más le seguÃan la pista, más dudaban sobre dichas puertas, lo que internamente alivianaba su espÃritu en caso de que éstas existiesen y tuvieran todas las propiedades que habÃan escuchado. La primera expedición duró alrededor de un año y no hubo mucha suerte. Las pocas pistas con las que contaban no eran suficientes, ya que, si bien habÃan reducido la zona de búsqueda, aún se trataba de cientos de kilómetros por donde buscar cansados y un tanto decepcionados. Hablaron con el Museo para explicarles la situación, por lo que detuvieron la expedición durante un par de años, con la condición de que éstos se dedicasen a rastrear el lugar de descanso de tan añorado objeto en todo el territorio ira aquà y asà fue pasaron dos años, siguiendo cualquier historia que se relacionaba mÃnimamente con las puertas. Viajaron por gran parte de Irak y conocieron a las distintas comunidades con la esperanza de que alguna les diese una pista que seguir para lograr su cometido. Después de tres años de arduo trabajo, llegó a su oÃdo el nombre de un Sabio que residÃa en los montes Candil, sobre la zona montañosa al norte de Irak, cerca de Irán, donde habrÃan de acercarse con mucha cautela para evitar posibles conflictos territoriales con el paÃs vecino. Tras un largo viaje desde la capital hasta Candil, comenzaron la búsqueda del Sabio, quien parecÃa ser su última esperanza para darle un cierre a su travesÃa, ya sea con una confirmación de la existencia de las puertas o una completa negación de éstas. A esas alturas, el grupo de arqueólogos se encontraba sumamente cansado y frustrado tras la larga búsqueda que habÃan emprendido. Asà que cualquier respuesta que les diese el Sabio serÃa lo que pondrÃa fin o les darÃa un punto al cual dirigir sus esfuerzos. La búsqueda del Sabio no les resultó difÃcil. Era una figura muy reconocida y respetada por los pobladores. Sin embargo, éste se mostró negativo a recibir a los forasteros. Los arqueólogos decidieron hospedarse en las montañas con la esperanza de ganarse la confianza de la población y la del sabio. Compartieron sus historias con muchas personas y poco a poco se ganaron la confianza de los pobladores. Sin embargo, el Sabio aún se mostraba indiferente con la presencia de los arqueólogos. Tras unos meses de haber llegado, comenzaron a ganarse el interés de las personas más allegadas al Sabio y éstas fueron la bisagra para que el Sabio los recibiera y escuchase lo que tenÃan que decirle. Los recibió en su hogar y les pidió hablar con honestidad. De lo contrario, tendrÃan que abandonar al pueblo y no volver. Los arqueólogos aceptaron dicha condición y cuando nombraron las puertas, el Sabio hizo que el resto de los asistentes abandonaran el recinto, ya que al parecer, era un tabú para los presentes. Después de que éstos desalojasen la habitación, los arqueólogos prosiguieron contándole todo lo que sabÃan sobre las puertas. Le expresaron su interés en tratar de comprenderlas con fines cientÃficos más no instrumentales en beneficio de sus tierras natales. Después de una charla que se desarrolló en distintas sesiones seleccionadas en dÃas, el Sabio finalmente les contó lo que habÃa heredado de sus antecesores. Les explicó que se trataba de un artefacto que va más allá del entendimiento humano y que su origen se remonta a los primeros años habitables del mundo. También les compartió el posible paradero de dichas puertas, pero les hizo prometer que no intentarÃan utilizarlas, ya que el costo era sumamente elevado. Los arqueólogos aceptaron dicho trato y el sabio les señaló el posible lugar de descanso de dichas tierras. Estaban en algún lugar de zamarra cerca de la gran mezquita, pero el punto exacto de su ubicación lo sabrÃan durante el Eclipse Lunar que ocurrirÃa en un par de años en mil novecientos diez. Tras escuchar dicha revelación, los arqueólogos prometieron no entrometerse más allá de sólo desenterrarlas y estudiar sus sÃmbolos. Abandonaron las montañas con rumbo a Bagdad, donde le explicaron la situación a la gente del museo, de modo que tendrÃan que esperar a que dicho eclipse ocurriera. Llegó el ansiado eclipse. Los arqueólogos y su pequeño equipo se encontraban en Zamarra desde unas semanas antes para reconocer el terreno y ubicarse en distintos puntos para dar con el lugar exacto de la ubicación de las puertas. Durante el eclipse, uno de los equipos logró ver un pequeño destello que provenÃa de la tierra y conforme más se acercaron a dicho punto. Una extraña energÃa comenzó a atravesar sus cuerpos, avisaron al resto de personal y comenzaron con las excavaciones tras una larga jornada, acabando por fin dieron con el tan ansiado artefacto, encontraron las puertas y eran de un tamaño considerable. MedÃan aproximadamente cinco metros de alto y, tal como las historias lo decÃan, estaban fabricadas en un material muy extraño, con un tallado que parecÃa marfil y formaban una figura que se asemejaba a un tórax. En los bordes tenÃa grabados distintos sÃmbolos que, a pesar de la erosión del viento, la arena y el paso del tiempo, se encontraban intactos. Era una pieza imponente y terrorÃfica. Todos los que se encontraban en la excavación percibÃan una energÃa siniestra proveniente de dichas puertas. Algunos quisieron abandonar la zona por el temor que les fue infundido, pero fueron convencidos por los arqueólogos para mantenerse presentes y no contar nada al respecto. Después de semanas de trabajo, lograron desenterrar por completo ambas puertas. Las transportaron al Museo de Irac donde fueron estudiadas por ambas parejas de arqueólogos. A los pocos meses, parte de las personas implicadas en su excavación comenzaron a morir de formas extrañas. Nunca se esclareció la causa de muerte, pero los arqueólogos sospechaban que el Gobierno se estaba encargando de borrar cualquier testigo de dicho descubrimiento. Tras varios años de investigar, estudiar y analizar las puertas, no pudieron rescatar gran cosa. Los sÃmbolos les resultaban ilegibles y el temor a que pronto fueran desaparecidos sin brindaban nada útil a los directivos del Museo los llevó a solicitar su retiro de dicha investigación, la cual fue aceptada no sin antes firmar acuerdos de confidencialidad y durante su viaje de regreso a su paÃs natal, el vehÃculo en el que se encontraban tuvo un accidente y todos los pasajeros murieron. Un año después sucedió el asesinato del archiduque austro húngaro Francisco Fernando, lo que posteriormente desatarÃa la Primera Guerra Mundial, hundiendo a gran parte del mundo en una destrucción sin precedentes que continuarÃa en la Segunda Guerra Mundial. Las puertas se mantuvieron en secreto, pero se dice que éstas pasaron a distintas manos de lÃderes polÃticos, quienes intentaron utilizarlas, realizando distintos rituales para establecer contacto con el ser que se encontraba detrás de dichas puertas, con la esperanza de que éste les hiciera ganar. Las distintas batallas que libraron estuvo en manos de Alemania y posteriormente de Estados Unidos, relatos escritos y adaptados por Israión








