Nuestros Dobles Intentan Quitarnos La Vida Historias De Terror - REDE

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El gemelo malvado. Desde que era pequeño, me ha cautivado la cultura alemana, su idioma y su paÃs en general. En aquella época tenÃa quince años cuando entré a la preparatoria. Desde el primer semestre ofrecieron la TAE, que era como un taller obligatorio adicional a las clases curriculares. Al darme cuenta que ofertaron dentro de las tas el idioma alemán como lengua extranjera, no lo dudé. Me inscribà de inmediato. No estaba seguro, pero creo que sólo en la prepa cinco de Guadalajara daban como idiomas el francés y el alemán. Iniciamos un grupo grande de adolescentes en los últimos semestres de la preparatoria, ya sólo quedamos cinco de la primera generación de la lengua alemana. Mi profesor era un maestro nativo de México con ascendencia de Alemania. El profesor Mario Garibay. Después que terminé en la preparatoria, entré al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades como parte de la formación académica. El centro universitario exigÃa cinco semestres de idioma. De nuevo continué con ese idioma. Traté de mantener un buen nivel de promedio y no tener ninguna materia en extraordinario o de repetición para poder irme de intercambio a Alemania. Intenté irme desde los primeros semestres, pero no fue fácil porque era muy caro. La Universidad de Guadalajara daba un apoyo, pero no era suficiente para todo lo que implicaba irse a un paÃs europeo. Estuve trabajando y estudiando para juntar un poco de dinero en casa. Sólo éramos dos personas. Mi mamá fue madre soltera. Después de un tiempo se casó y me dejó a cargo de mi abuela. Cuando le dije a mi abuela que me querÃa ir de intercambio, me dijo que me apoyarÃa. Ella. HabÃa sido maestra de primaria, ya estaba jubilada y obtenÃa tenÃa una buena pensión. Hice todos los trámites necesarios para irme al extranjero. Recuerdo que me fui a finales de marzo del dos mil diecinueve a un lugar llamado Colonia, en Alemania, unos dÃas antes que empezaran las clases, porque el semestre iniciaba en abril y terminaba en agosto. Busqué lugares de hospedaje, alguna habitación para estudiante que me quedara muy cerca de la universidad. Encontré una casa de huéspedes a dos cuadras de la Universidad de Colonia. No alcancé a rentar un cuarto para mi uso personal. Sólo pude alquilar una habitación compartida, aunque creo que fue buena suerte, porque mi compañero era deshonora a México. Me dio gusto saber que tenÃa como compañero a alguien de mi paÃs. Era una casa enorme con muchas habitaciones, HabÃa hombres y mujeres de distintas nacionalidades, de Chile, de Colombia y de otros paÃses. Cuando fui a mi primer dÃa de clases, me me sentà extraño. La mayorÃa de mis compañeros eran rubios y de ojos azules y yo era moreno. Asà que cuando entré al salón, todas las miradas se fijaron en mÃ. Una compañera de nombre Hanna se acercó conmigo enseguida. Noté su calidez de trato. Nos pudimos comunicar porque ya habÃa terminado mis semestres avanzados de idioma, aunque no era lo mismo. En ocasiones, Hannah no me entendÃa lo que le decÃa en otras, yo tampoco, pero pudimos entablar una plática agradable. Después de varios dÃas, otros dos de mis compañeros se acercaron y se presentaron como Paul y Noa. Entre los cuatro logramos hacer una buena relación. TenÃa ganas de conocer Colonia y sus lugares cercanos, de su cultura, sus tradiciones y su historia. Paul era el que conocÃa lugares menos comunes. Además, creo que tenÃamos algo en lo que coincidÃamos a los cuatro. Nos gustaba explorar lugares deshabitados y viejos, como la vez que Paul llevó al cementerio de Melaten en comparación con los cementerios de México. Desde el principio en el que vi la entrada del panteón me impresionó su arquitectura. Era una gran entrada con una reja al interior, un pasillo largo con tumbas a los lados y una gran vegetación parecÃa un parque. Una de las cosas que más me llamó la atención fue el arte en sus estatuas. En la mayorÃa de las tumbas habÃa manera de adorno ángeles enormes con sus alas abiertas. La muerte representada con gran esplendor cubierta con un manto, era una idea distinta a la que tenÃamos sobre la muerte. Les pregunté a mis compañeros qué sabÃan respecto a la Santa. Ellos me respondieron sobre una mujer reconocida por su santidad. Entendà que sólo hacÃan estatuas enormes de la muerte como parte de lo que representa la muerte en sà misma. Después que hicimos el recorrido a Hanna, se le ocurrió ir a un lugar abandonado en el o que decÃan que se aparecÃan fantasmas. Me gustaban los asuntos paranormales pero me pasaba algo curioso. En Alemania, en México siempre era investigador de cosas que no tenÃan explicación, pero en Colonia me sucedÃa que sus creencias eran tan distintas a las nuestras que me sentÃa un poco atemorizado porque era algo que no conocÃa, asà que les dije que mejor no lo hiciéramos. Pero Polinoa me dijeron que sólo eran leyendas que se contaban. Lo que Ãbamos a hacer era mostrar que todo era mentira Entre los tres me animaron y decidimos que el viernes por la noche irÃamos a ese lugar. Noa pasó por mà un poco después de las nueve de la noche. No sé por qué rumbos me llevó. TodavÃa me confundÃa mucho con las rutas. Llegamos por Hannah y Paul. Ellos ya nos estaban esperando. Nos alejamos un poco de la ciudad, por lo que vi Se trataba de un hospital abandonado en el que decÃan se aparecÃa una mujer vestida de blanco. Paul llevaba linternas para todos. En cuanto llegamos al lugar, nos estacionamos y nos dio una linterna para cada uno. Desde el momento en que me bajé del auto, comencé a sentir un poco de temor. No sabÃa qué, pero me sentÃa perturbado. Era la primera vez que me sucedÃa eso. Con frecuencia en Guadalajara jugábamos con las cartas del tarot y la huija, pero nunca nos sucedió nada extraño. La sensación que tenÃa era distinta. Me daba la impresión de sentirme vigilado como si alguien más estuviera con nosotros. Me acerqué con Hanna para decirle lo que me pasaba. Ella me dijo que no me preocupara. No era la primera vez que iban a ese lugar. Nunca vieron nada a excepción que llegaron a escuchar voces al interior del hospital, pero entendÃan que habÃa muerto mucha gente. Ahà eran los ecos de las energÃas guardadas por tantos años. Hanna y yo nos quedamos rezagados adelante. L Iban Polinoa. Los dos se habÃan adelantado mucho. Iban alusando el camino con las lámparas porque habÃa una oscuridad absoluta hasta allá. No alcanzaba a llegar la luz de la ciudad ni tampoco habÃa luna, por lo que hubo ocasiones en las que estuve a punto de caerme. Mientras caminaba, noté que mis amigos se metieron al interior de una habitación. Después salieron corriendo. Gritaban muy asustados. Primero pensé que se trataba de una broma para que me asustara y después burlarse de mÃ, asà que no les hice mucho caso. Ellos llegaron donde me encontraba con Hanna. Nos dijeron que lo mejor era regresarnos en el auto. Mi amiga les habló. Les dijo que se tranquilizaran. No habÃa motivo para ponerse asÃ. Les empecé a creer cuando vi que noa casi estaba llorando. Nos dijo que lo viéramos. Ãl se dio cuenta de que no le creÃamos nada, asà que dio unos pasos hacia el interior y lanzó la luz de la lámpara en un principio no no pude ver de qué se trataba. Estaba tan oscuro. Ni Hanna ni yo logramos ver nada, pero él insistió. Entró a la habitación. Su voz estaba entrecortada. Se le notaba que estaba realmente asustado. Al fondo de esa habitación habÃa cuatro jóvenes más. En el momento en que iluminó esa parte del hospital, no podÃa creer lo que estaba viendo. Les dije que eso no era posible nuestra mente nos estaba engañando. Eso no podÃa ser verdad, casi gritando. Paul también alumbró con su lámpara fue cuando no tuve duda de lo que estaba viendo al fondo de ese lugar. HabÃa cuatro muchachos que nos miraban atentos. Eran tres hombres y una chica. Estaban igual a nosotros. ParecÃa que éramos nosotros cuatro sólo vestidos de forma distinta. No pude más. Le dije a mis amigos que nos saliéramos inmediatamente. De ahà los cuatro corrimos lo más rápido que pudimos. En cuanto nos subimos al auto, volteé hacia atrás. Pude ver a los cuatro jóvenes que salÃan corriendo del hospital abandonado. Ellos iban tras de nosotros. Le dije a Paul que acelerara el auto porque esos chicos nos iban a alcanzar. Paul manejó con más velocidad. A lo lejos vimos cómo se quedaron parados los cuatro muchachos. No podÃa dar crédito a lo que estaba viendo en ese momento. Nadie dijo nada. Lo que nos surgÃa era alejarnos lo más pronto posible. Lo peor sucedió cuando Hanna gritó muy asustada que esas personas venÃan corriendo detrás de nosotros. Alcanzamos a distinguir que ellos corrÃan con una velocidad poco común. Ningún ser humano corrÃa a tanta velocidad Les dije que si seguÃan corriendo asà de rápido, esos monstruos nos iban a alcanzar. Por más que Paul intentaba irar más rápido. Cada vez veÃa a las cuatro personas más cerca. Además, Paul conducÃa erráticamente. TenÃa miedo de que en cualquier momento él chocara y l entonces ya no podrÃamos escaparnos de esos cuatro seres que nos perseguÃan a gran velocidad. Noa también se dio cuenta de lo que pasaba. Le dijo que se parara y que él conducirÃa, pero era tanto el miedo de Paul que no quiso detenerse ni un segundo. Realmente no supe cómo logramos salir ilesos en esa ocasión. Cuando entramos a la ciudad nos fuimos a tomar una cerveza. Les dije que si querÃa nos podÃamos ir a mi habitación sólo que la compartÃa con otro muchacho, pero en la sala común nos podÃamos quedar Hasta muy tarde. Ellos me dijeron que sà irÃan a mi casa, pero después del bar querÃamos bajarnos el susto con un poco de alcohol. Luego que nos fuimos tranquilizando, les pregunté qué fue lo que vimos. Era la primera vez que me sucedÃa algo semejante. Mis amigos me miraron extrañados. Me preguntaron si no sabÃa la leyenda del doppel Genger. Les respondà que no tenÃa la menor idea de que era eso. No No fue el primero que empezó a explicarme. Me dijo que era una antigua leyenda alemana en la que el doppel Genger era el doble de alguien, era un otro igual a la persona, pero un otro malvado. Añadió que el origen de esta palabra venÃa de dopple, que significa doble y ganger era caminante algo asà como el que caminaba a tu lado. Paul intervino diciendo que todos tenÃamos nuestro doble, otra persona idéntica a nosotros mismos, pero que tiene conductas malvadas. Era como un gemelo malvado sin que terminaran de decirme. Les pregunté si de verdad era cierto lo que me decÃan o se estaban Burlando de mà Hanna intervino, me tomó de la mano y me dijo que no mentirÃan en algo tan delicado. Era una leyenda urbana que habÃan escuchado desde que eran pequeños, pero era la primera vez que se encontraban con su doble. Por eso se habÃan asustado. Tanto, Les dije que lo importante era que no nos pasó nada. Lo mejor serÃa ya no oÃr al lo lugares olvidados para ya no volvernos a encontrar con ellos. Ana me dijo que eso no era todo. TenÃa temor de que sus dobles nos hayan seguido según la leyenda. Después que los doppel Genger se encuentran a su igual, la persona puede enfermar de gravedad e incluso morir. Cuando me dijo eso, me pareció que era una fantasÃa y que además ella se la creyera. Sin embargo, recordé que realmente los habÃamos visto ya. No quise pensar en ellos, porque tan sólo de recordarlos de nuevo me daba miedo. Le dije a Hanna que para tranquilizarnos era mejor no hablar de los dobles. Ella estuvo de acuerdo. También paulynoa estaban preocupados, ya no quisieron quedarse por más tiempo. Prefirieron irse a sus casas. Los dÃas siguientes solamente vi a mis compañeros en la universidad, ya no volvimos a salir ni a hacer cosas extrañas. Asà pasaron dos semanas hasta que un dÃa no ha llegó tarde a la clase. Se le veÃa extraño, él se sentó cerca de conmigo, se le veÃa distraÃdo, volteaba para todas partes enseguida, se levantó y se salió Más tarde. Regresó muy tranquilo, completamente distinto. Después que terminó la clase. Me acerqué para saber si estaba bien. Me respondió que mejor que nunca. De repente se puso eufórico y comenzó a caminar por todo el salón. Hanna lo vio y de inmediato lo abordó. Le preguntó qué le habÃa sucedido, pero él la ignoraba. Ella se enfadó y se salió del salón. A partir de ese dÃa no se comportó de una forma dispersa y distante, ya no quiso estar con nosotros. Comenzó a reunirse con otros compañeros y a faltar a clase. Lo veÃamos muy poco y a la distancia. Nuestro grupo de amigos fue desapareciendo cada quien comenzó a tomar un rumbo distinto. La mayor parte del tiempo me quedaba en la casa que rentaba y u u u u ueno bueno, porque me pude concentrar más en mis estudios. Además, ya me quedaba muy poco dinero SabÃa que si le pedà a mi abuela o a mi mamá, me mandarÃan el dinero necesario, pero no quise hacerlo. Como sólo habÃa agendado tres materias. TenÃa tiempo libre. Me dediqué a buscar trabajo. Lo conseguà en un establecimiento que vendÃa frutas. En una ocasión estaba acomodando las manzanas y duraznos. Cuando vi a no a que iba por la calle. Ni siquiera se imaginó que lo estaba viendo desde el interior del local a través del aparador de Cristal. Lo vi que se paraba enfrente de una tienda que vendÃa cosméticos. Me llamó la atención que ese lugar tenÃa un espejo grande. Al momento en que nos paró, no vi su imagen reflejada en el espejo. Dejé las cosas que estaba haciendo para fijar más. Mi atención era real. Ãl no se veÃa en el espejo. Me quedé observando por unos segundos de pronto, como si se hubiese dado cuenta de que lo estaba viendo. Volteó y y se me quedó viendo. Se sonrió de una manera tan extraña que me pareció perturbadora. Enseguida, me metà y me fui al baño del negocio. Me quedé durante un rato esperando que no entrara, pero sà lo hizo. Comenzó a llamarme por mi nombre Francisco. Sé que estás ahÃ. Ni siquiera hice el intento de responder. Me quedé callado. Creo que estaba a punto de abrir la puerta cuando mi patrón, el dueño de la tienda, se dejó ir tras de él le dijo que el baño no era para los clientes, sino para el personal que trabajaba con él. Si querÃa usarlo, tenÃa que solicitarlo, no entrar de esa manera como lo hizo. No hace enojó tanto que aventó a Edwin, mi patrón provocó que se golpeara en la cabeza. Ãl ni siquiera se quedó a ver qué sucedÃa. Salà de inmediato para auxiliarlo. Se encontraba bien, sólo sangraba de la herida que se habÃa hecho De cualquier manera. Le hablé a su hija para que viniera a por él y lo llevara a revisión con el médico. Antes de marcharse. Me preguntó quién era ese joven. No le respondÃ. Ese dÃa uno de sus hijos de Edwin fueron a realizar el trabajo de cajero en el local. Me encontraba disperso y sorprendido. Aún no entendÃa qué le habÃa sucedido a noa y cómo se atrevió a lastimar a Edwin. Después que salà del trabajo, ya era de noche, le mandé un mensaje a Hannah para decirle lo que habÃa visto con noa ella me respondió de inmediato. Me dijo que ella también lo habÃa visto, pero él no era el verdadero. Noa. TenÃa miedo que nuestro amigo ya estuviera muerto y que su gemelo malvado ya lo hubiese suplantado. Le pregunté cómo era posible que eso sucediera. Ella me dijo que desde aquel dÃa que vimos a nuestros gemelos, ella tenÃa mucho miedo de que se le apareciera su doble, porque si eso sucedÃa, lo más seguro era que ella también morirÃa. Le dije que todo era producto de un conjunto punto de creencias de Alemania, pero que en mi paÃs la leyenda del doble no existÃa. Por lo tanto, a nadie se le aparecÃa a otra persona igual a ella. Sin embargo, Hannah opinaba distinto. Me dijo que en su familia ya habÃa pasado con su tÃo se fue a estudiar a otro paÃs y cuando regresó ya nunca volvió a ser él mismo. En ese momento me acordé de lo sucedido con nuestro amigo. Le dije que el reflejo de Noa no lo vi en el espejo. Ella me dijo que no habÃa duda. Ãl no era noa el verdadero. Quizás estaba muerto o enfermo porque cuando el doble Genger se aparecÃa, era porque ya destruyó a su gemelo o estaba a punto de hacerlo. Le pregunté qué nos podÃa hacer si el doble de Noa estaba cerca de nosotros. Ella me respondió que nada. Sólo podÃa lastimar o matar a su doble. A nosotros sólo buscaba asustarnos. Esa noche tratamos de hablar con Paul, pero él no respondió o nuestros mensajes. Creo que estaba más asustado que nosotros, o quizás su gemelo también lo habÃa encontrado. Le pregunté a Hanna cómo podÃamos quitarnos esa maldición. Ella me dijo que no habÃa manera, al menos no lo sabÃa si acaso una posible solución serÃa cambiar de residencia para que no nos pudiera encontrar. Nos quedamos hasta tarde tratando de entender cómo era posible que nos estuviese sucediendo algo asÃ. Acompañé a Hannah a su casa. Me regresé en bicicleta. Antes de llegar a la casa habÃa alguien parado afuera. Pensé que podrÃa ser Noa, pero no era él, sino Paul. Ãl estaba muy asustado. Me dijo que ya lo habÃa encontrado su gemelo malvado y lo querÃa matar, que todo era cuestión de tiempo para que apareciera el mÃo. Lo invité a pasar para que me contara los detalles y se tranquilizara un poco pero no lo quiso hacer. Se marchó diciendo muchas incoherencias. A los pocos dÃas, Edwin regresó de nuevo al negocio. En cuanto tuvo una oportunidad, se acercó a platicar conmigo. Me dijo que tuviese cuidado porque, asà como vi que ese joven le hizo daño a él también podÃa hacérmelo a mÃ. También le pregunté qué podÃa hacer respecto al doble, porque si aparecÃa el mÃo no sabrÃa qué hacer. Le comenté a Edwind lo que estaba pasando con el miedo de que me llamara loco. Pero todo lo contrario. Edwin me dijo que tratara de evitar en medida de lo posible, de encontrarme con él y que tuviera en cuenta que él estaba vivo por mÃ. Ãl solamente era una copia mÃa, asà que yo podÃa decidir lo que quisiera hacer con mi doble, incluso matarlo. Las palabras que Edwin me dijo me parecieron muy fuertes, sobre todo porque comenzaba a dudar de mi cordura. Ãl me dijo que el doble era el otro y que yo era el original, aunque en esos momentos ya no sabÃa quién era quién. Quizás yo era el clon y el otro era el real. A partir de ese dÃa salÃa lo menos posible, sólo lo necesario para ir a la escuela y al trabajo. Comencé a evitar todo tipo de interacciones sociales para evitar encontrarme con mi dople kenger. Ya no faltaba mucho tiempo para que terminara el semestre. Estaba poco menos de un mes para poder regresar a México. Durante esos dÃas no me pasó nada extraordinario, quizás porque estaba alerta a todo lo que sucedÃa a mi alrededor, o quizás porque mi doble habÃa decidido no buscarme. A finales de agosto me regresé a México mientras estaba en el aeropuerto esperando el llamado para abordar el avión. Volteaba hacia todos lados. TenÃa temor de que al final ese gemelo se me apareciera. Por suerte, no sucedió asÃ. El viaje de regreso lo tuve sin ningún contratiempo. Desde el momento en que pise tierra en la ciudad de México. Sentà que respiraba tranquilamente. Aún me faltaba transbordar hacia Guadalajara, pero lo importante era que ya me sentÃa seguro. Llegué a casa de mi abuela un sábado por la mañana. Ella y mi madre me hicieron una sencilla recepción para dárme la bienvenida. Las clases en la universidad ya habÃan comenzado desde quince dÃas antes. El lunes fui al centro universitario para dar de alta mis materias. En el trayecto hacia la escuela, tomé el tren ligero. Al momento en que comenzó a avanzar. Vi en el Andén a un joven igual a mÃ. Me miraba fijamente al mismo tiempo que sonreÃa extrañamente, incluso me dijo adiós con su mano. No podÃa creer lo que acababa de ver. Me quedé helado tan sólo de pensar que se trataba de mi doble. Todo el tiempo que estuve en el centro universitario estuve disperso. No podÃa mantenerme concentrado. Solamente pensaba en el otro. Me quedé más tarde en la escuela para recuperar con alguno de mis compañeros los apuntes de los quince dÃas que no asistÃa a clases, y le hablé por teléfono a mi abuela para decirle que llegarÃa un poco más tarde. Ella me respondió que no bromeará con eso si ya habÃa llegado desde hacÃa buen rato. Salà de la escuela lo más pronto que pude. Cuando llegué a la casa, él ya no estaba. No sé realmente qué pasó, porque no volvió a aparecer por la casa. Mi abuela me preguntaba qué me sucedÃa, porque me veÃa distraÃdo, pero no le quise decir nada. Quizás ni siquiera lo entenderÃa. No supe si fue una alucinación de mi abuela al decirme que ya estaba en la casa, porque ella ya comenzaba a olvidar las cosas, la senilidad la estaba alcanzando, o si realmente mi doble estuvo ahà porque no volvÃa a encontrarlo. No sé si todo fue una mala jugada de mi mente o que realmente él me habÃa perseguido. Relato. Escrito. Y adaptado por a L Triana a cuevas








