Dec. 23, 2023

No Te Burles De Los Demonios O Esto Podría Pasarte Historias De Terror - REDE

No Te Burles De Los Demonios O Esto Podría Pasarte Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

La última sonrisa. Cuando era un adolescente, solía platicar con mis amigos del barrio al caer la tarde. Siempre nos quedábamos hasta las diez de la noche entre semana, pero los viernes o sábados nos daban las doce jugando fuera de nuestras casas en invierno en un solar baldío que estaba en la misma cuadra de mi casa. Prendíamos una fogata para calentarnos conforme avanzaba la noche. Poco a poco se iban retirando los demás, hasta que siempre quedábamos los mismos mis amigos, Juan y Vicente, que vivían a la vuelta de la cuadra y yo, que me llamo Eduardo, uno de ellos dos. Vicente era de esas personas que de todos se ríen. Era su forma de ser cuando ochente, como le decíamos, le ganaban los nervios. Reía con más razón si decíamos algo gracioso. En ocasiones lo hacía de forma escandalosa y no había forma de callarlo. Todos en el en el barrio, hasta nuestros papás lo conocían bien como era. Nos decían que desde sus casas lo escuchaban a lo lejos. Cuando se reía así, sabían en dónde estábamos, sin importar lo que estuviéramos platicando a vicente. Todo le causaba gracia e incluso cuando hablábamos de fantasmas o espíritus que, por cierto, era muy a menudo era evidente que se asustaba, pero la risa era su mecanismo de defensa. Teníamos años de conocernos. Nunca habíamos tenido problemas entre nosotros. Algunos entramos a la misma secundaria hasta pensábamos estudiar lo mismo una noche que hacía mucho frío. Se nos hizo tarde platicando en esa ocasión todavía quedábamos cinco de los ocho que nos juntábamos alrededor de una fogata. Estábamos hablando sobre cosas paranormales, específicamente de los demonios que se pueden encontrar en la huija. Para mí, el simple hecho de hablar sobre esa tabla me ponía tenso porque Juan nos platicaba que por medio de ella, la gra gente podía hablar con los espíritus de sus muertos, pero además estaba invadida de demonios que se hacían pasar por ellos y así hablar con los humanos. Juan, que era de los más grandes, le gustaba hablar mucho al respecto. Cuando lo hacía, se ponía muy serio y quería que nosotros también lo fuéramos. Platicaba, pero evitaba decir los nombres de esos demonios porque nos decía que pronunciarlos era como invitarlos para que se hicieran presentes y si aparecían nada, bueno sucedería. Seguramente tendríamos la experiencia más espantosa que jamás hubiéramos imaginado y nunca podríamos olvidarlo. Siendo jovencitos, nos daba mucha curiosidad saber de esas cosas. Por lo menos a mí me asustaba, pero me hacía el fuerte como la mayoría, porque también Juan nos advertía que esos demonios se metían en la mente de los más débiles. A pesar de nuestra insistencia por saber dichos nombres, él se negaba a pronunciarlos, diciendo que con cosas del diablo no se jugaba porque era muy peligroso. No nos imaginábamos cuánto. No sé por qué en esa ocasión, así de la nada, Juan, por primera vez dijo esos nombres extraños, cómo eran raros y difíciles de pronunciar. A Vicente le causó mucha gracia, sobre todo uno a Gramón, demonio del miedo. Le causó tanta gracia que hacía esfuerzos por contener su risa. Juan nos decía que no nos riéramos de eso, porque los demonios también tenían orejas y podían escuchar, pero la risa de Vicente era contagiosa. No pudimos evitar empezar a reír todos e incluso a burlarnos. Luego de unos minutos nos calmamos cuán nos decía Molesto que no nos burláramos de los demonios porque se nos iban a aparecer y hasta nos podrían hacer un mal, porque esos seres son salidos del infierno. Aún entre risas. Se podía sentir que comenzó a ser más frío, a pesar de que estábamos frente al fuego. Quizá todos lo sentimos porque hubo un momento que guardamos silencio para mirarnos unos a otros. Cuando alguien dijo un chiste a todos de nuevo nos causó mucha gracia, como era su costumbre. Nuestro amigo Chente otra vez se atacó de risa. Fue tanto que nos dolía el estómago ya se nos iba a pasar, pero decíamos algo, cualquier cosa y de nuevo empezábamos en un momento inesperado. Chente me agarró fuerte del brazo, Abrió tanto los ojos que parecía que se saldrían de sus cuencas. Estiró su otro brazo para apuntar hacia algunos árboles. Trataba de decirme algo aún así. No paraba de reír Volteé hacia donde me decía, pero en todo el baldío solamente estábamos nosotros. Comenzó a hacer movimientos bastante extraños como si una fuerza se le hubiera metido. Después de unos minutos nos dimos cuenta de que Vicente se estaba ahogando. Era tanta su risa que no podía respirar. Fue un momento muy tenso. Pasamos de la risa la preocupación porque Chente se estaba poniendo tenso. Empezó a manotear como si intentara quitarse algo que nosotros no podíamos ver. Le preguntamos en repetidas ocasiones que le estaba pasando. Solamente abría la boca, pero no le salían las palabras. Siendo unos adolescentes de trece y catorce años, no supimos cómo actuar a ninguno. Se nos ocurrió pedir ayuda de inmediato algún adulto, aunque después lo pensamos ya era tarde. Nuestro amigo ya no se movía. Murió de un ataque de risa. No lo podía creer. Todo pasó tan rápido. Unos segundos antes radiaba de felicidad y ahora estaba tirado boca arriba con los ojos entreabiertos y una gran sonrisa macabra que dejaba ver sus dientes. Además, había otra cosa. Podía sentir una presencia demoníaca. Lo digo así, porque aquello nos hacía temblar, quería correr o gritar, pero algo me lo impedía. Nos asustamos más porque Juan nos decía angustiado que nos persignáramos seguramente un demonio. Se le había echado encima a Vicente por haberse estado burlando de ellos. Todos nos mirábamos nerviosos, porque también nosotros nos habíamos estado riendo. Tal vez podríamos correr con la misma suerte. Chente tenía su mirada fija como perdida. Estaba muerto, pero aún así, yo sentía que nos miraba. A mí me parecía que me seguía con los ojos y que estaba respirando. Deseaba que se levantara para terminar con esa horrible pesadilla por los nervios que tenía o quizá el miedo, no podía llorar. Mis amigos estaban paralizados. También Reaccioné y grité varias veces que nos ayudaran. Sentía que nadie me escuchaba. Salieron todos los vecinos. Pronto se hizo el alboroto. Al llegar los papás de Chente, hubo llantos y gritos de desesperación. Intentaban ayudarlo, pero era inútil. Después de mucho tiempo le pusieron una sábana encima. Dos horas después llegó el ministerio público para hacernos preguntas. No comentamos nada sobre los demonios, porque seguramente nos lo tomarían a mal, pero al menos yo estaba seguro que uno de esos seres era el causante de su muerte. Gracias a Dios, los papás de Vicente no nos culparon a nosotros de nada. No por eso dejaba de ser una tragedia para todos los del barrio que aún no lo podíamos creer. Con horror miramos que levantaron y se llevaron el cuerpo de nuestro amigo Chente. Luego nos retiramos con suma tristeza para nuestras casas. Ya no había nada que nosotros pudiéramos hacer. Mi mamá me dio un limón para el susto. Platicamos por largo rato de lo sucedido, aunque le oculté algunas cosas hasta que ya más calmados nos retiramos a acostar. Serían tal vez como las cinco de la mañana. No podía dormir porque cuando cerraba los ojos, me venía la imagen de mi amigo tirado en la tierra, con aquella expresión en su cara como tratando de decirnos algo. El funeral fue espantoso. La primera vez que fui a ver el cadáver de mi amigo, me sorprendí bastante al verlo porque la expresión de su pálida cara había cambiado. Ahora mostraba una mueca de dolor o desagrado que antes no tenía ese detalle. Nadie lo notó o al menos nadie dijo nada eran otros tiempos lo velaron en su casa toda la noche. En un momento que estuve platicando con mi amigo Juan, me platicó sus pesadillas que no lo habían dejado dormir en ellas. Nuestro amigo ochente se reía de una manera macabra mientras se iba transformando en un horripilante demonio. Los dos restantes que estaban con nosotros esa noche también sufrieron pesadillas horribles donde vicente se aparecía en sus casas en medio de la oscuridad, los perseguía mientras reía. Cuando nos avisaron que cerrarían el ataúd. Fui a verlo por última vez. La expresión de su cara había cambiado. Ahora parecía que estaba a punto de soltar una carcajada. Me sorprendió tanto que me alejé de la caja lo más que pude de nueva cuenta. Nadie lo notó. El entierro fue lo más difícil tanto para sus familiares como para nosotros, sus amigos. Además, siendo sincero, yo me encontraba muy asustado porque cuando le comenzaron a echar la tierra, el ataúd se estremecía como si vicente o lo que estuviera dentro hiciera el intento por salirse. Volteé a ver a los demás, pero nadie decía nada. Supe que lo que estaba pasando, lo estaba imaginando o lo que era todavía peor. Sólo yo lo podía ver cuando pusieron la cruz con su nombre todo terminó. Nos retiramos del panteón en silencio. Sentí muy feo dejarlo ahí metido en un pozo para seguir con nuestras vidas, Pero esa noche algo extraño pasó. Serían alrededor de las tres de la mañana. Cuando me desperté porque podía escuchar a lo lejos que alguien se reía de manera extraña, llegué a pensar que lo estaba imaginando. Sugestionado por todo lo que había pasado, me asomé por la ventana y todo hacía suponer que la risa venía del baldío donde nos juntábamos, ahí donde había muerto vicente. Ese baldío quedaba a media cuadra de mi casa. Por lo mismo, no podía distinguir nada. Escuché la risa de nuevo me dio escalofrío porque era muy parecida a la de mi amigo ochente. Todo estaba en completa oscuridad. Tal vez por mis nervios. Me parecía ver sombras o siluetas que caminaban por la calle. Corrí a despertar a mis papás, pero cuando se levantaron ya no se escuchaba nada ni había nadie afuera Esa noche sí, lloré no sólo del susto, también por lo que le había pasado a mi amigo. Mi mamá me acompañó hasta que rendido por el cansancio y las emociones, me quedé dormido. Al día siguiente hablé con mis amigos mi sorpresa. Ellos también escucharon aquella risa. Estaban espantados porque, al igual que yo, pensaban que quien estuvo riéndose toda la noche era Vicente. Uno de ellos notablemente asustado, nos aseguraba que se había salido de su tumba. Para asustarnos la situación parecía más siniestra. Comentamos que seguramente era un castigo por haberse burlado de los nombres de los demonios, tal vez por quitarnos culpas. Dijimos que había sido su culpa. Lo más horrible era pensar que así se quedaría vagando y riendo para toda la eternidad. Juan nos dijo que mejor no comentáramos nada, porque, al parecer, solamente nosotros podíamos oírlo. Por lo mismo, nadie nos creería. Además, haríamos sufrir a sus papás. Pero había otra posibilidad, una espantosa. Tal vez el demonio que miró vicente nos andaba buscando a todos los demás. Juan nos sugirió no acercarnos al baldío al menos un par de semanas, hasta que todo pasara se sen r según él. Podría ser eso porque esa noche, al nombrar a los demonios, los invitamos para que se manifestaran y ahora no teníamos el conocimiento para poderlo regresar. Insistió que no rondáramos el barrio por unos días. En eso quedamos a la noche siguiente. Sucedió lo mismo. Ya pasaban de las doce cuando se escuchó aquella risa macabra, sólo que esta vez ya no la escuché tan lejos. Parecía que vicente, si es que era él, se venía acercando a mi casa. Cada vez que lo escuchaba. Temblaba de miedo. Muchas veces me pregunté por qué a mí, por qué no a Juan. Él había nombrado a los demonios. Fue el que jugaba a la huija, no yo ni ninguno de mis amigos pensar que me buscaba, me llenaba de terror. Gente era mi amigo y lo quería volver a ver, pero no muerto. Además, cabía esa horrible posibilidad de que fuera uno de esos demonios, haciéndose pasar por él, venciendo mi miedo, me asomaba rumbo al baldío por más que me esforzaba. No lograba ver a nadie. Llegué a pensar que quien reía pudiera ser sólo un espíritu maligno. Toda la noche me la pasé rezando le pedí a Dios por el eterno descanso de mi amigo Vicente y de paso para que nos librara de un encuentro con cualquier tipo de entidad demoníaca. Cuando de nuevo me reuní con mis amigos, algo que nos inquietaba a todos era el hecho de que cada quien escuchaba Vicente acercarse a su casa, aunque vivíamos retirados, unos de otros no les dije, pero saber que no era solamente a mí a quien buscaba me quitó un poco de culpa. Así pasaron tres noches espantosas, escuchando como poco a poco se aproximaba cada vez más aquel sonido macabro con el temor de que de un momento a otro se apareciera Vicente riendo frente a mí o, lo que era peor, un demonio horrible que seguramente intentaría llevarme con él. Cuando la risa se escuchaba a unos metros de la casa de todos nos volvimos a reunir de nuevo porque la situación cada vez era más terrible. Se notaba que estábamos afectados. Yo les insistí que les dijéramos a nuestros padres. Ellos seguramente nos dirían qué hacer. Al principio, Juan se negó, argumentando que le echarían la culpa a él de lo que había pasado al vernos a todos decididos a hacerlo de cualquier modo, muy a su pesar tuvo que acceder sin que supieran los papás de Vicente antes de que cayera la noche hablamos con todos los demás cuando supieron que probablemente habíamos invocado. Algunos demonios no lo podían creer como era de Suponerse regañaron a Juan por andarse metiendo en cosas del diablo y de paso, por meternos a nosotros. Algo que ya suponíamos era que ninguno de nuestros papás había escuchado aquella risa, ni visto o sentido nada raro. Aún así nos creyeron y comenzaron a buscar soluciones. Después de un buen rato, estuvimos de acuerdo en algo. Ofreceríamos una misa y rezaríamos un Santo Rosario por el eterno descanso de nuestro amigo. Seguramente eso le ayudaría mucho. También pondríamos una cruz con su nombre en el lugar donde murió. Se bendeciría todo el baldío para ahuyentar a los demonios, pero sobre todo, era necesario que el sacerdote nos hiciera una oración protectora a esa hora. Fueron algunos papás a hablar con el padre, pero volvieron enseguida para decirnos que se haría al día siguiente porque el sacerdote tenía ya otro compromiso. Esa noche me acosté en mi cuarto. Como siempre, no les pedí a mis papás quedarme con ellos, porque aún los sentía un tanto molestos. Conmigo. Me iba a dormir con el foco prendido, pero comprendí que así era más fácil que lo que se acercaba me mirara desde afuera. Cuando me quedé a oscuras, sentí una opresión en el pecho, un mal presentimiento que hacía que se me resecaran los labios y nunca me puse a rezar del puro miedo que tenía ya muy entrada. La noche seguía despierto imaginando mil cosas horribles. No lo deseo, pero estaba esperando escuchar la risa macabra de Vicente. Sabía que eso ocurriría mi corazón me latía cuando se hizo presente aquella risa, me espanté porque la escuché tan cerca de mí que pensé que alguien estaba dentro de mi cuarto temeroso busqué volteando para todas partes. Aunque no podía ver a nadie, sabía que Vicente, o el diablo, uno de los dos estaba ahí conmigo. Era una sensación tan horrible que hasta el día de hoy no la puedo describir. Quería gritar, pero me ahogaba al intentarlo, me llené de terror porque aquella risa siniestra. En ocasiones la escuchaba dentro de mi cabeza, como si el demonio quisiera meterse dentro de mí, así como lo había hecho con Vicente, como pude casi tartamudeando me puse a pedir perdón. Así, hablando sólo porque no había nadie. Primero a mi amigo por no haberlo podido ayudar. También lo hice con el demonio por haberme burlado esa noche de su nombre. No puedo asegurar que lo que estaba ahí me estaba escuchando. De igual manera, seguía hablando sin descanso hasta ya no saber qué más decir, no recuerdo qué pasó. Después, desperté al día siguiente desconcertado como si todo hubiera sido un mal sueño. Me sentía agotado como si hubiera hecho un gran esfuerzo. Como a las tres de la tarde nos reunimos de nuevo con los adultos. Esta vez también asistieron los papás de Chente. No se les comentó sobre la risa que escuchábamos. Para no inquietarlos llegó el sacerdote muy tranquilo. Bendijo todo el baldío, especialmente donde había muerto nuestro amigo. Luego nos hizo una oración a todo el grupo de amigos que estuvimos esa noche para protegernos de cualquier cosa mala donde había caído el cuerpo de Vicente. Pintamos una cruz con cal rezamos mucho todos por su descanso. Al final colocamos otra cruz con su nombre, le prendimos unas veladoras y poco a poco nos retiramos a a a. Aunque las cosas paran o s s ns les disminuyeron, no cesaron del todo. Ya no escuchaba la risa, pero no sólo yo. Los demás también comenzaron a sufrir de espantosas pesadillas en lo que a mí se refiere. En todas ellas, Vicente, con una mueca espantosa de desagrado, me perseguía durante horas por todo el baldío gruñendo y balbuceando, algo que no podía entenderle cuando me despertaba. Le daba gracias a Dios que estaba bien. Parecían tan reales que me horrorizaba pensar que de verdad vicente me estuviera persiguiendo metido en mis sueños. Lo más terrible de todo fue cuando desperté con algunas marcas en mi cuerpo sin encontrar explicación para eso sueño o realidad, hasta ahora no lo sé, pero lo que era cierto fue que en todas esas pesadillas no nos atormentaba ningún demonio. Era vicente, ya no les dijimos nada a nuestros padres. Nosotros nos pusimos de acuerdo para ir frente a su cruz y y per pedirle perdón por echarle la culpa de lo que le pasó. Apenas cayó la tarde. Nos juntamos se nos notaba el miedo y los nervios que teníamos cuando fuimos al baldío. Al estar ahí me vinieron los recuerdos de aquella noche me comenzaron una serie de escalofríos que no paraban. Estoy seguro que ahí estaba Vicente, o al menos se sentía su presencia. Le hablamos como si estuviera su cuerpo físico. Por mi parte, le pedí una disculpa por cualquier cosa que lo hubiera ofendido y le dije que siempre lo recordaría el hacerlo me llenó de calma. Sé que a todos nos pasó igual. Antes de abandonar el baldío sentí aquella presencia. Siniestra que había aquella noche en ese momento no dije nada, pero ya rumbo a mi casa. Supe que otros también la sintieron. Tal vez aquel demonio a Gramón se había quedado ahí junto a la cruz de nuestro amigo Vicente. Otra cosa que supe aunque a mí no me sucedió, contaron mis amigos que, al estar frente a la cruz, sintieron unas ganas irresistibles de reír tan fuerte como aquella fatídica noche. Con el correr de los años, vendieron parte de ese baldío, precisamente ahí donde ocurrió todo aquello. Construyeron una bodega. Ignoro si suceden cosas paranormales, porque ya no vivo por ahí jamás volví a ser el mismo por un tiempo. Me dio miedo la noche por temor a sufrir de aquellas pesadillas horribles muy de vez en cuando. Aún hasta el día de hoy escucho la risa de mi amigo Vicente, pero sólo en mi cabeza. Eso me sucede porque la tengo grabada en lo profundo de mi mente. También dejé de ver su imagen porque en ocasiones se me aparecía. Recuerdo la última vez que lo hizo fue hace años. Me miraba muy serio. Luego dibujó una sonrisa antes de desaparecer para siempre relato escrito y adaptado por gato negro