Jan. 18, 2024

No Creuces Los Brazos De Un Difunto Historias De Terror - REDE

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Brazos cruzados. Mi nombre es Carlos. Trabajo en una funeraria. Aclaro que esta historia es extraña por las cosas que acontecieron. Es difícil de contar. No puedo dar todos los detalles porque aunque hace años que sucedió, todavía me resulta impactante, también por respeto a la familia involucrada, es que me reservo algunas cosas. Es innegable que aquí, como en todas las funerarias, pasan muchas cosas extrañas, sobre todo cuando hay servicio de velación. Nos ha tocado escuchar de todo suspiros, llantos, risas y voces. También hemos visto desde pisadas hechas con sangre hasta niños pequeños correr por las noches cuando todos se han ido y ya está la funeraria cerrada. Quizá lo más común es ver esencias fantasmales, humos sombras y siluetas que nada tendrían que hacer en el local. Aquí todo el personal, incluyéndome, tenemos algo paranormal que contar. Esta es la más terrible de mis historias. Lo más difícil para mí, como trabajador de una funeraria es preparar el cuerpo de alguien conocido de por sí y trabajar con algunos cuerpos es difícil. Más difícil aún es cuando se trata de un amigo o familiar. En el año dos mil veintiuno, ese fue el caso. Una de mis primas. Lamentablemente, falleció a causa de la pandemia del covid diecinueve. Su cuerpo, por petición de mis tíos, llegó a la funeraria, donde yo laboraba, aunque estaba preparado para eso. Me impresionó su estado. No sé qué pudo ser me ganaron los recuerdos, los sentimientos, la sangre, no sé además, una opresión en el pecho no me dejaba respirar con normalidad. Quizá me faltó ser más profesional porque eso me impidió preparar el cuerpo de mi prima. Le pedí a un compañero con más experiencia, el más viejo de todos, para que realizara el trabajo por mí, porque en realidad no podía ni siquiera pude ver mejor. Me dediqué a otros cuerpos porque la pandemia estaba en su punto más alto de defunciones y estábamos saturados de trabajo. Ya no había lugar para más difuntos en la funeraria. Cuando terminábamos el turno, llegaban los compañeros a cubrirnos. En ocasiones ni siquiera habíamos terminado con un cuerpo y se lo dejábamos al siguiente embalsamador. Ya no supe quién de mis compañeros terminó de preparar a mi prima no pude verla por última vez porque su ataúd fue de las que se entregaron selladas. Como era mi familiar. Se les dieron algunos privilegios a mis tíos y demás primos, como poder estar en el velorio por más de dos horas, porque a otros difuntos sólo se les daba una hora. Cuando llegué a la sala ya la estaban velando. Miré a mis familiares un tanto inquietos porque, según sus propias palabras, pasaban cosas paranormales. Decían escuchar ruidos dentro del ataúd. La caja crujía de vez en cuando, hasta parecía que el cadáver intentaba salirse de su féretro. Se había ido la luz en dos ocasiones y en medio del silencio se escuchaba un grito muy a lo lejos. Mis tíos me aseguraban que la que gritaba era mi prima. Mi tía nerviosa decía que su hija podría estar viva y empezaron a preguntar si se podría abrir la tapa de su ataúd para verla. Por las restricciones que había. No era posible. Como pude con toda prudencia, les dije que su hija estaba muerta. Tal vez el cuerpo tenía movimientos involuntarios porque no se les daba el tiempo necesario. Por tanto, trabajo después de un rato me tocó ver cómo la caja temblaba. Ligeramente. Tuve la intención de acercarme para ver si se escuchaba algo adentro, pero yo sabía cómo se preparaba un cuerpo. Era imposible que estuviera viva. Además, eso alimentaría las esperanzas de mis tíos y me pareció cruel. Al igual que todos, yo también no sabía qué pensar. Nunca me había todo ver que una caja se moviera de esa forma, a veces cruzaba miradas con mis primos sin saber qué decir. Rápidamente llegó la hora de trasladar el cuerpo al panteón y dejarla en su sepulcro, donde descansaría por siempre en paz. Al subirla a la carroza fúnebre también pasó algo raro por más intentos que se hicieron. Ésta no quiso prender. Fue extraño, porque los vehículos de traslado siempre estaban en óptimas condiciones. Después de varios intentos, no prendió el motor de la carroza. Decidimos bajar el ataúd, pero al cargarlo para subirlo a otro vehículo nos dimos cuenta que estaba demasiado pesado. No podíamos entre seis personas cuando bajamos el ataúd, la carroza prendió como si nada. Con muchos esfuerzos logramos subirla de nuevo, para sorpresa de todos, la carroza se apagó y ya no quiso encender. Entonces se empezó a murmurar que la difunta no se quería ir para el panteón. De nueva cuenta la bajamos. A pesar de lo pesada que se sentía la caja, pudimos subirla a una segunda carroza, la cual encendió sin ningún problema y salimos de la funeraria. Durante todo el traslado me fui pensativo de vez en cuando volteaba a ver la caja, porque seguía temblando. Llegó un momento que le pedía al chofer que se detuviera y me pasé a la parte de atrás para revisar que todo estuviera bien. Y así era. Todo estaba en silencio, aunque el ataúd se sentía muy frío. Cuando llegamos al lugar destinado en el panteón, por lo pesado, a duras penas logramos acomodar el ataúd encima del sepulcro después de las palabras de despedida e intentar bajar el féretro. Este no ocupo en el pozo que habían hecho. Lo intentaron de un modo, luego de otro. El resultado fue él mismo. La caja no cabía. Los trabajadores del panteón se dispusieron a hacer lo más ancho hasta que por fin entró para ese Entonces mis tíos lloraban porque era obvio que mi prima no quería que la enterraran. Algo intentando decir, pero no podía y nosotros no sabíamos lo que era. Cuando le aventaron algunas flores y algunas paladas de tierra, mi tía no quería que la enterraran. Empezó a gritar que su hija estaba viva hasta que la calmaron. Al terminar los servicios funerarios se retiraron mis compañeros. Yo me quedé acompañar a la familia porque fue un funeral muy triste y sombrío. Ahí nos quedamos hasta que los enterradores terminaron su trabajo, pusieron las flores y una cruz blanca de madera con su nombre. Ya como a la hora nos retiramos, como había pedido que alguien me cubriera en el trabajo, regresé a la funeraria. Ya como las ocho de la noche miré de reojo que pasó una mujer con un vestido blanco hacia un cuarto de preparación. Al voltear de nuevo, miré como la mujer me estaba mirando, tenía sus manos cruzadas casi a la altura del pecho. Luego se fue metiendo lentamente al cuarto. Yo dejé lo que estaba a sno porque aunque me parecía increíble, aquella mujer era mi prima, la que acabábamos de enterrar dominando mis nervios y para quitarme toda duda caminé hacia allá. Al entrar no había ninguna mujer, sólo dos compañeros trabajando. Me miraron extrañados porque fui y destapé todos los cuerpos que había. Todos eran hombres. Les pregunté si alguien miró pasar una muchacha de blanco. Me dijeron que no. Me retiré a seguir trabajando, pero yo estaba seguro de lo que había visto. En ocasiones sentía una mirada muy fuerte. Eso no me dejó trabajar el resto del turno. Los siguientes dos días fue lo mismo. Miraba a mi prima caminar por el cuarto, donde había sido preparada. La terrible sensación que me provocaba verla era horrible. Después, no sólo era yo, algunos compañeros ya la habían visto. Una mañana fui a casa de mis tíos para ver cómo estaban. No me atrevía a decirles lo que miraba en la funeraria hasta que ellos me platicaron, algo que me dejó helado por las noches. Ahí en su casa, también habían visto a mi prima algo les quería decir, pero no le entendían. Fue entonces cuando les dije que yo también la miraba. Se reunió toda la familia para ver si alguien aportaba algo que ayudara. Comentaron algunos de mis primos que la miraban caminar por la casa, sobre todo por los lugares más obscuros Otros la veían, pero dentro de sus sueños, mi prima se aparecía igual como yo la había visto en la funeraria, vestida de blanco y con los brazos cruzados. Les hablaba, pero ninguno lograba entender que decía. Los que la soñaban decían que gritaba de una manera espantosa como si la estuvieran torturando. Uno de ellos dijo que en ocasiones, cuando dormía algo, le susurraban al oído, pero al despertar se encontraba solo en su cuarto, hasta que uno de mis primos mayores recordó que en una ocasión mi prima le pidió de favor que cuando ella muriera, se encargara de que no la fueran a enterrar con los brazos cruzados, porque cuando dormía así sufría de terribles pesadillas donde el diablo la quemaba. Cuando le preguntaban por qué dormía así, si eso le provocaba pesadillas, contestaba que no sabía se dormía boca abajo y cuando despertaba, alterada por lo terrible de esos sueños, se encontraba boca arriba con los brazos cruzados. Mi prima creía que silla muerta se quedaba con las manos cruzadas. Viviría en una pesadilla eterna sumida en el más terrible de los sufrimientos y al estar dentro de una caja a tres metros bajo tierra, nunca nadie la podría auxiliar. El primo mayor aceptó que fue un error de su parte no comentar nada, no sabía si lo había olvidado por la repentina muerte de su hermana. Después de todas esas conclusiones, el llanto de mis tíos y primos no se hizo esperar. Eso dio pie a la desesperación hasta que uno de ellos me preguntó si yo la había embalsamado y si era así, en qué posición tenía las manos. Les dije la verdad que yo no la había preparado porque por alguna razón me había ganado un sentimiento. Les dije que en ese momento lo iba a investigar. Fui a la funeraria para hablar con mi compañero personalmente y que me dijera cómo le había colocado las manos al cadáver de. Mi prima entré a la funeraria y pedí de favor que lo mandaran llamar nervioso, me tomé un café mientras esperaba unos minutos. Sabía que tenía que sanitizarse y quitarse su traje de aislamiento que usábamos con los cuerpos contagiados por el virus, porque esa era su área a la media hora llegó lo primero que me interesaba saber era como llevaba sus manos. Mi prima cuando me dijo que cruzado sentí como la sangre se me bajó. Le cuestioné por qué lo hizo. Esa postura no se usaba, al menos no en esta región molesto. Le dije que la hubiera puesto normal. Su explicación me sorprendió. Primero me pidió que me se calmara. Luego me dijo que todo transcurría normal con el cuerpo. Cuando ya iba a terminar, escuchó una voz que le pedía que le pusiera los brazos cruzados. Buscó para todos lados, pero no había nadie como no lo había hecho. Por segunda vez escuchó esa voz. Era una voz dominante. Me aseguró mi compañero. Aún no sé por qué accedí. Me dijo yo no quería una fuerza extraña. Me hizo poner los brazos de esa manera extraña. Después de calmarnos un poco me empezó a contar que cuando quisieron colocar el cuerpo en el ataúd inexplicablemente no ocupo. Insistieron en repetidas ocasiones, pero era imposible. La caja era una medida estándar y el cuerpo no podía crecer. Primero fue lo largo, luego lo ancho, pero no quedaba. Pidió ayuda a otros compañeros hasta que por fin lo acomodaron. Todos comentaban que algo extraño había en ese cuerpo porque cuando se hallaron la caja está temblaba como si brincara el cadáver adentro tu prima no se quería ir. Terminó diciendo, por mi parte, algo por dentro. Me hacía sentir culpable, pero también sabía que algo extraño pasaba. Me llenaba de miedo pensar que el diablo había hecho de todo para llevarse el alma de mi prima hasta se había valido de nosotros para lograrlo. Una terrible idea me vino a la mente podríamos desenterrar el cuerpo para acomodarle los brazos. Como trabajador de una funeraria, sabía que eso estaba prohibido. Era un delito, pero también sabía que a la familia eso no le importaba. En ese momento. Lo importante era ayudar a mi prima. Le pedí a mi compañero que me ayudara De primero se negó, alegando que ese cadáver ya lo había visto caminar por la funeraria y no lo quería volver a ver. Insistí tanto que más por obligación que por querer hacerlo. Accedió por teléfono. Les hable a mis primos. Les expliqué lo que podíamos hacer con el cuerpo de su hermana para que descansara en paz. Es tu vieron de acuerdo. Pasamos por ellos y nos fuimos rumbo al panteón. No lo puedo negar. Todos nos veíamos nerviosos, algunos hasta asustados y no era para menos ninguno de nosotros. Habíamos vivido una situación así como la que estábamos a punto de hacer alrededor de las dos de la mañana. Trataba de convencer al velador del cementerio para que nos dejara entrar, así como sacar el ataúd de mi prima y moverle los brazos de un principio. Se negó rotundamente, pero después de contarle todo accedió un poco. No lo podía creer. Me dijo infinidad de veces que él no se hacía responsable y que era la única vez que me lo permitía, porque eso estaba muy penado por las autoridades molesto y todo nos prestó palas picos y todo lo necesario para escarbar con la condición que nos tardáramos lo menos posible. Así, caminamos en medio de las tumbas tratando de no hacer ruido, alusándonos apenas con unas linternas convertidos prácticamente en profanadores. Por supuesto que no era lo mismo ver el panteón de día que sumido en la oscuridad mi mente me traicionaba y me hacía ver figuras fantasmales entre las cruces tal vez no existían, pero me tenían en alerta. Cualquier ruido me asustaba nada más de imaginarme que desenterraría el cuerpo de mi prima. Me tenía muy alterado. Sabía que por mucho esa sería la peor noche de mi vida. Cuando llegamos a la tumba, sentí un escalofrío como nunca había sentido de manera desesperada. Empezamos a acabar lo más rápido posible. No llevábamos ni la mitad cuando se nos quebró el mango de una pala minutos después de otra. Aún así seguíamos escarbando. Teníamos que hacerlo. En ocasiones me arrepentía de haber tenido esa terrible idea y aunque ya me dolían mucho, los brazos seguía sacando tierra. Hubo un momento que nos detuvimos todos al mismo tiempo porque se empezó a escuchar un llanto lastimero. Podían ser muchas cosas, pero a mí se me figuraba el llanto de mi prima. El compañero de la funeraria nos decía que no escucháramos. Podría ser que alguien, por alguna razón, no quería que llegáramos hasta el ataúd de mi prima para ayudarla. Cuando dijo que si alguien seguramente era el diablo, seguimos escarbando, aunque a mí me temblaban las manos y los pies de una manera escandalosa. Mientras más profundo escarbábamos más fuertes, se escuchaba el llanto. Eso no nos detuvo. Escarbamos hasta que una de las palas golpeó el ataúd de madera. Fue un alivio escuchar ese ruido. Nos apuramos hasta dejar descubierto todo el ataúd. Tuvimos la intención de sacarlo, pero era imposible levantarlo antes de abrir la caja. Le pregunté a mi compañero cómo podíamos mover los brazos y el cadáver seguramente está tieso. Mi compañero, al tener más experiencia que yo, sugirió que teníamos que forzar los brazos. Sólo así se podría, aunque se corría el riesgo que se dislocaran o se quebraran literalmente así, temblando de miedo, mi compañero y yo, metidos en el angosto agujero, abrimos la tapa del ataúd Al ver a mi prima con la luz de las linternas, me produjo un terrible escalofrío. Tenía el vestido blanco y sus brazos cruzados. Me salí del pozo de prisa. Les dije que yo no iba a poder hasta el día de hoy. No sé por qué tuve esa reacción. Como trabajador de la funeraria, yo estaba acostumbrado a ver y tocar muertos. No fue normal que reaccionara de esa forma. Mi primo, el mayor, se notaba asustado cuando ocupó mi lugar entre los dos intentaron mover el cuerpo, pero no les fue tan fácil, tal vez por la incomodidad o porque el cuerpo se resistía a separar los brazos desde arriba. Junto con mi otro primo, alusábamos hacia la caja. Sentía que los minutos corrían, mientras que el primo mayor y mi compañero prácticamente luchaban con el cadáver de. Pronto dijeron que ya había quedado. Cerraron la tapa sin ningún cuidado y los ayudamos a salir del pozo. Muy alterados empezaron a echar la tierra de regreso intentando tapar el pozo lo más rápido posible. Nos unimos a ellos porque también deseábamos terminar con eso. Cuando todo quedó listo, salimos de prisa del panteón. Llegamos a la casa de mis tíos a dejar a mis primos al vernos todos sudados y llenos de tierra nos preguntaron qué habíamos hecho. Nos pasaron a la casa para que les contáramos. Les aclaré a mis tíos que no se asustaran ni se enojaran, porque todo lo hicimos para ayudar a mi prima. Les contamos por todo lo que pasamos y al final, mi primo mayor y mi compañero nos platicaron que el cuerpo se resistía a separar los brazos. Pareciera que tenía un resorte. Cuando los estiraban escuchaban como alguien les decía que no. Eso les ponía a los peros. Los de punta hasta que tronaron se pudieron separar para que no se volvieran a juntarse. Los colocaron por debajo de su cintura y así se quedó. Mi tía espantada por lo que escuchaba. Nos dijo que por la mañana llevarían un sacerdote para que bendijera su tumba. También toda la casa Además, se rezaría un novenario por su eterno descanso. Se le notaba la tristeza cuando nos agradeció a todos por lo que habíamos hecho. Esperábamos que con eso se terminaran las manifestaciones, tanto en la funeraria así como en su casa. Dejamos a mis primos y me fui a regresar a mi compañero a la funeraria. Me pidió que le regresara el favor y le ayudara con su trabajo, porque ya se había retrasado mucho. Por supuesto que le dije que sí no iba a dejarlo solo después de lo que me había ayudado. Nos preparamos y nos pusimos a trabajar antes de amanecer. Empezó a suceder algo inusual. Los cuerpos que había en ese cuarto comenzaron a temblar era como si recibieran descargas eléctricas. Se movían tan raro y tan feo que parecía que intentaban revivir. Sabíamos que eso era algo relacionado con el diablo. No tenía ninguna explicación lógica, ya nos había tocado que se moviera algún cuerpo, pero todos, al mismo tiempo nunca sin saber qué hacer. Nos pusimos a rezar. Lo más espantoso fue cuando miramos la figura de un ser con grandes cuernos reflejada en una de las paredes. Claramente pudimos ver cómo cruzaba los brazos, así como los tenía mi prima para luego empezar a desaparecer. Salimos corriendo de ahí pensando en ya no regresar. Esa noche tuve las pesadillas más espantosas que recuerdo, fueron tan terribles que pensé que el diablo me estaba castigando por haber ayudado a mi prima. En la peor de ellas era mi propia prima. Bueno su cadáver el que me perseguía por toda la funeraria tratando de agarrarme. Tenía los ojos totalmente en blanco y reía de una manera horrible. Pero eso fue todo relacionado con mi prima, porque las cosas paranormales siguieron pasando como siempre. Nunca te acostumbras, sólo te adaptas tienes que hacerlo. Pero las apariciones de mi prima si dejaron de pasar tanto en su casa como aquí en la funeraria, eso nos decía que el acomodarle los brazos, sí le había ayudado. Nunca supimos por qué le sucedió eso tan terrible. Tal vez jugaba a la huija. Quizá hizo un pacto a lo mejor estaba embrujada. También pudo pasar que el demonio la eligiera así al azar pudieron ser tantas cosas cualquiera que fuera la razón. Su final fue horrible. Las funerarias están cargadas de energías. Por tanto, difunto que pasa. Por ahí también están llenas de historias, macabras que la ciencia no acepta, pero que en realidad existen. Relato escrito y adaptado por gato negro