NAHUALES En El Campamento Militar: La Noche Del Caos - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Recuerdo ese tiempo con claridad, porque fue cuando todavÃa era joven y me sentÃa seguro de casi todo. Estaba asignado a un centro militar, levantado en una zona aislada, rodeado de monte espeso y caminos de terracerÃa que se perdÃan entre cerros. No era un lugar improvisado, pero tampoco estaba cerca de pueblos grandes ni de carreteras importantes. Por eso las guardias solÃan sentirse largas, repetitivas y sin nada que realmente rompiera la rutina. La mayorÃa del tiempo solo vigilábamos, reportábamos y esperábamos a que pasaran las horas. DÃas antes de lo que pasó, habÃamos participado en un operativo cerca del centro. Era una zona que la gente del lugar evitaba, un tramo de monte que no usaban ni para cruzar ni para trabajar. Cuando entramos, algunos pobladores se acercaron a hablar con los mandos. No pidieron nada, no suplicaron, solo dijeron que ese terreno no debÃa tocarse, que era zona de brujos y de nahuales, y que meterse ahà iba a traer problemas. Lo dijeron de frente con una seguridad que daba miedo, y era una advertencia clara que se debe de tomar en cuenta. Ese comentario se reportó, como se reportan muchas cosas, se anotó, se informó y se siguió adelante. Nadie lo tomó como una advertencia real. pues para nosotros era monte, y el monte se recorre, se
1:36 asegura y se limpia si hace falta, después del operativo todo volvió a la normalidad, guardias, rondines y revisiones del perÃmetro, nada fuera de lo común al menos en apariencia, yo pasé varias noches en la garita observando el monte desde lo alto, con el tiempo uno aprende a distinguir los movimientos normales, Un animal no se mueve igual que otro, y tampoco lo hace igual cuando está tranquilo o cuando huye. Aprendà a reconocer sombras, ruidos y reflejos. Por eso esa noche algo me llamó la atención desde el primer momento. No fue un susto repentino, fue una sensación clara de que algo no encajaba. HabÃa movimiento en el lÃmite del terreno, pero no era parejo ni torpe como el de un animal.
2:26 Se desplazaba bajo, rápido. cambiando de dirección sin perder velocidad. No avanzaba en lÃnea, no se detenÃa a escuchar ni a olfatear. Cuando yo movÃa la vista para seguirlo, eso también parecÃa ajustar su recorrido, como si respondiera a mis propios movimientos. No era un solo punto, eran varios desplazamientos coordinados, aunque en ese momento no supe cuántos. Me quedé observando unos segundos más para estar seguro. pues no querÃa reportar algo que luego resultara ser nada. Pero el patrón se repitió. El movimiento no se alejaba, solo nos rodeaba. Avisé por radio lo que estaba viendo, usando las palabras más claras que pude. Otros compañeros comenzaron a notar lo mismo, desde distintos puntos del perÃmetro. No todos lo veÃan igual, pero coincidÃan en algo. Eso no se comportaba como fauna común.
3:24 Se autorizaron disparos hacia el monte, primero de advertencia. El sonido rebotó entre los árboles y el movimiento no se detuvo. Al contrario, se redistribuyó. Y, cuando se ordenaron disparos directos, apunté y disparé. Vi con claridad que las siluetas no estaban donde deberÃan haber estado, según el tiempo de reacción normal. No corrÃan para huir ni se dispersaban al azar. Se movÃan con una precisión. que no correspondÃa a un animal asustado. Disparé otra vez y volvà a fallar, no por mala punterÃa, sino porque el blanco ya no estaba ahÃ. Cambiaba de posición de una forma difÃcil de seguir. No habÃa ruido de pisadas claras, ni respiración agitada, como la de un animal grande. Solo desplazamiento rápido, bajo y constante. En ese momento dejé de pensar en qué podÃa hacer y me concentré en lo que hacÃa. Seguà disparando cuando se ordenaba, intentando darle al objetivo. Conforme pasaban los minutos, el movimiento se acercó más al perÃmetro. Ya no solo rodeaba, comenzaba a buscar puntos especÃficos del cerco. Desde la garita alcancé a distinguir formas más definidas. No eran sombras alargadas por la luz, tenÃan volumen. HabÃa algo en su manera de avanzar que no encajaba con ningún animal que yo hubiera visto antes. No se arrastraban, no galopaban y no saltaban
4:55 como lo harÃa un venado o un perro. En ese punto sentà una incomodidad clara, no pánico, sino una certeza incómoda. Eso que estaba allá afuera no reaccionaba como algo que huye, se movÃa como algo que observa y quiere atacar. Cuando uno de esos movimientos se detuvo justo en un punto ciego del cerco, entendà que no era coincidencia. No estaba probando suerte, estaba eligiendo el lugar justo. Volvà a avisar por radio y otros confirmaron lo mismo desde diferentes ángulos. La tensión en el centro comenzó a subir. SeguÃamos actuando como si fuera una situación controlable, pero cada disparo fallado dejaba más claro que algo no estaba saliendo como debÃa.
5:44 Desde mi posición vi como una de esas figuras se incorporaba ligeramente al desplazarse. cambiando su postura sin perder velocidad ahà fue cuando entendà algo simple y directo sin darle vueltas eso que se movÃa allá afuera no se movÃa como se mueve un animal y tampoco como una persona común no estaba improvisando sabÃa dónde estaba sabÃa dónde estábamos nosotros y no se estaba retirando ese fue el último momento en que pensé que todo podÃa quedarse fuera del centro El movimiento se acercó al perÃmetro sin detenerse, ya no se limitaba a rodear. Ahora buscaba puntos concretos del cerco, como si conociera la distribución del lugar. Desde la garita vi como una de esas figuras tomó impulso y saltó el alambrado, con una fuerza que no correspondÃa a ningún animal que yo hubiera visto antes. Fue un salto bien ejecutado, fue limpio y directo, y al caer del otro lado su forma cambió al desplazarse. Pasó de ir bajo a incorporarse al correr sin perder velocidad. En ese momento dejé de hacer conjeturas. Ahà ya no habÃa duda de lo que estaba pasando. Las alarmas se activaron de inmediato y la orden fue clara. Abandonar las posiciones exteriores y replegarnos al interior siguiendo el protocolo. Bajé de la garita y corrà hacia el centro del complejo. Mientras avanzaba, escuchaba los
7:16 disparos de otros puntos, ya no como advertencias, sino como intentos directos por detener lo que estaba entrando. El ruido del metal, vibrando con los impactos, se mezclaba con golpes secos contra estructuras y portones. Dentro del centro, todo se volvió intenso, pero no desordenado. Cada quien trataba de cumplir su función, aunque la situación ya habÃa superado cualquier escenario de entrenamiento. Los disparos eran cortos, controlados, hasta que de pronto alguno se cortaba de golpe. No hacÃa falta mirar para entender que alguien habÃa caÃdo. Los gritos aparecÃan y se apagaban rápido, sin prolongarse. Al girar hacia uno de los pasillos, vi a un compañero salir proyectado hacia atrás, como si algo lo hubiera embestido con todo su peso.
8:06 No alcancé a ver qué fue, sólo el tamaño de la masa que lo golpeó y la violencia del impacto contra el muro. El cuerpo quedó en el suelo sin levantarse. Seguà avanzando porque no habÃa margen para detenerse a evaluar nada. Cuando por fin los tuve de frente, entendà que no estaba ante personas ni ante animales comunes. TenÃan cuerpo, peso y volumen, pero su forma no era fija. se desplazaban con una fuerza que no coincidÃa con su tamaño aparente algunos mostraban extremidades más largas de lo normal con garras enormes, colmillos muy afilados y otros un torso demasiado ancho habÃa rasgos humanos mezclados con rasgos animales era como si fueran perros enormes con formas humanas es algo difÃcil de explicar disparé directo a uno que cruzó frente a mà El impacto fue claro, pero no produjo el efecto esperado. No cayó, no se detuvo, solo cambió de dirección. Volvà a disparar y ocurrió lo mismo. No reaccionaban al dolor como lo harÃa una persona. Tampoco huÃan como lo harÃa un animal herido.
9:17 Se reacomodaron y seguÃan avanzando, eliminando a más compañeros del batallón. SentÃa mucho miedo, pero no me paralizó. En ese momento el cuerpo se movÃa solo. cubriéndose, avanzando y retrocediendo cuando era necesario. Apuntaba, disparaba y recargaba. HacÃa lo que me tocaba hacer porque no habÃa espacio para otra cosa. En el suelo habÃa compañeros heridos, algunos arrastrándose, otros, quietos con heridas enormes en su cuerpo. El olor a pólvora se mezclaba con el del polvo levantado por los golpes contra el concreto. Conforme avanzaba el ataque, algo empezó a quedar claro.
9:59 No se movÃan al azar, no atacaban a cualquiera que se cruzara primero. Entraban a ciertas áreas y pasaban de largo otras. Se dirigÃan a dormitorios especÃficos, a oficinas concretas, a zonas donde sabÃan que habrÃa personas. En más de una ocasión vi cómo ignoraban a alguien para ir directo hacia otro grupo. En un punto me refugié detrás de una estructura de concreto y desde ahà pude observar mejor. Vi a dos de esas figuras moverse juntas, cubriéndose una a la otra, usando los ángulos muertos del lugar. No improvisaban, conocÃan el terreno, o al menos, lo leÃan rápido. Y cada movimiento parecÃa responder a una intención clara. Un disparo cercano me obligó a moverme de nuevo. Mientras avanzaba, escuché como uno de los accesos laterales se dÃa bajo un golpe repetido. El metal se dobló como si no tuviera refuerzo.
10:58 Por ahà entraron más, aunque el número exacto nunca lo supe. No eran pocos, eran algunos de esos seres aterradores. En medio del movimiento, alcancé a ver uno de ellos incorporarse por completo. Por un segundo quedó de perfil, iluminado por una lámpara del pasillo. TenÃa postura humana, pero las proporciones no correspondÃan. Los brazos eran más largos, el cuello más corto, y la cabeza baja con un hocico alargado. Y la forma en que apoyaba los pies contra el suelo no era normal. Seguimos resistiendo como pudimos. Algunos lograron replegarse, otros quedaron aislados. En ningún momento escuché órdenes contradictorias. El problema no era la falta de mando. Era que nada de lo que hacÃamos estaba diseñado para detener algo asÃ. Cada avance nuestro encontraba una respuesta rápida de su parte. Después de un tiempo que no supe medir, el ataque comenzó a disminuir. No porque los hubiéramos contenido, sino porque ellos dejaron de avanzar. Uno a uno comenzaron a retirarse por los mismos puntos por donde habÃan entrado. No corrieron, se fueron con la misma seguridad con la que habÃan llegado.
12:15 Cuando el último movimiento desapareció del perÃmetro, el centro quedó en un estado difÃcil de describir con una sola palabra. HabÃa daños, heridos y compañeros que ya no respondÃan. Nadie celebró nada, pues no hubo sensación de victoria. Solo quedó la certeza de que lo que habÃa ocurrido no habÃa sido un intento fallido de entrar, sino algo completamente distinto. Mientras asegurábamos las áreas y atendÃamos a los que aún estaban con vida, una idea empezó a tomar forma en mi cabeza, aunque todavÃa no la entendÃa del todo. Eso no habÃa sido un ataque improvisado, no habÃa sido una prueba de fuerza, habÃa sido algo dirigido, con un objetivo claro, y ese objetivo no habÃa terminado ahÃ. Asà como entraron, se fueron. Los vimos alejarse desde distintas posiciones, cruzando el cerco, perdiéndose entre el monte sin hacer ruido. Nadie dio la orden de perseguirlos, y nadie levantó el arma para dispararles por la espalda. Eso hubiera sido el final de todos los que quedamos vivos ahÃ. Todos entendimos al mismo tiempo que ya no venÃan por más. Pero justo cuando creÃmos que todo habÃa pasado, fue entonces cuando empezamos a verlos de nuevo. Primero fue desde el exterior. Mientras revisábamos el perÃmetro, alguien señaló hacia el monte. A cierta distancia, entre los árboles, se alcanzaban a distinguir siluetas quietas, No se movÃan, estaban ahÃ,
13:50 paradas y observando. Algunas tenÃan postura humana, otras iban ligeramente encorvadas y no intentaban ocultarse. QuerÃan que supiéramos que seguÃan ahÃ. En varios puntos del terreno encontramos huellas claras, marcas de garras en los muros. Era un caos total ahà dentro. Heridos por doquier, sangre, casquillos por todos lados y esa sensación de miedo del saber que estaban ahà afuera vigilándonos. Y si ellos querÃan, podÃan entrar y acabar con los que faltamos en su atentado. Dentro del centro, en muros y puertas, encontramos marcas hechas por ellos. Eran raspones largos y profundos, a la altura del pecho y de la cabeza.
14:37 En una pared interior dejaron una figura marcada con claridad. Era una especie de pentagrama, trazado con lÃneas firmes y reconocible. No habÃa duda de lo que representaba. En otro punto, cerca de los dormitorios, dejaron algo todavÃa más claro. Sobre el piso, acomodaron restos de animales en forma de cÃrculo incompleto. Era una señal. Algo puesto a propósito para que lo viéramos después. Mientras revisábamos el perÃmetro, encontramos a un soldado tirado junto al camino de terracerÃa. Estaba boca arriba con el uniforme abierto a la fuerza. No tenÃa impactos de bala.
15:18 El pecho estaba marcado con cortes profundos y parejos. Los trazos formaban la misma figura del pentagrama, clara y reconocible, hecha con precisión. El soldado seguÃa vivo. Respiraba con dificultad, pero tenÃa los ojos abiertos. Y cuando me acerqué, me sujetó del brazo con fuerza y señaló hacia el monte. Su mano le temblaba y decÃa cosas que no alcancé a comprender. Y a unos metros sobre la tierra vimos la misma figura marcada en el suelo. Era grande y estaba trazada con profundidad, justo donde empieza el camino que lleva al centro. No habÃa huellas alrededor, solo la marca.
15:59 Mientras levantábamos al soldado, levanté la vista. Entre los árboles, a la misma distancia que antes, estaban ellos. tres nahuales de pie completamente visibles. No se movÃan, solo nos observaban, y uno de ellos levantó el brazo y lo bajó lentamente, como cerrando algo. Después se dieron la vuelta y se internaron en el monte, y nadie los siguió. Hoy es un recuerdo que no sale de mi mente, el verlos de frente. Me dejó un miedo que aún me recorre la espalda. Esas garras enormes y afiladas, desgarrando a mis compañeros militares con entrenamiento. y poder salir ileso y con vida, es algo que te deja reflexionando el resto de tu vida.
16:43 Desde entonces entendà algo que no viene en ningún entrenamiento. Hay lugares que tienen dueños aunque no se vean, y cuando esos dueños te dicen que te vayas, no siempre lo hacen con palabras. A veces lo hacen entrando, atacando y dejándote vivo solo para que recuerdes. Eso fue lo que hicieron esa noche. Y por eso sé que no fue un error aislado, fue una lección por entrar en sus terrenos, dada de la única forma en que ellos saben darla. Han pasado muchos años, pero recuerdo con claridad esa Navidad, porque fue la última vez que estuvimos tranquilos como familia. No lo digo con nostalgia ni con tristeza exagerada, lo digo porque después de esa noche todo cambió, aunque en ese momento no lo sabÃamos. Nos reunimos en la casa de siempre, una casa sencilla de paredes viejas con un patio amplio al fondo, donde en esas fechas entraba y salÃa mucha gente, sin que nadie se preocupara demasiado.
17:57 Era una reunión normal, no habÃa nada especial que la distinguiera de otras navidades. HabÃa comida sobre la mesa, pláticas largas y risas sueltas. Los niños corrÃan de un cuarto a otro y salÃan al patio sin que nadie los detuviera, porque era algo común. El frÃo era el tÃpico de diciembre, ese que se siente más conforme avanza la noche, pero que no molesta cuando hay movimiento y gente alrededor. La puerta del patio se quedó abierta varias veces, porque alguien salÃa por refrescos, alguien más por leña y otros por fumar. Nadie pensó que fuera un problema, pues nunca lo habÃa sido.
18:39 La casa siempre habÃa sido asÃ, abierta, ruidosa, sin secretos. El patio daba un terreno amplio que de dÃa se veÃa normal, incluso tranquilo, pero de noche quedaba oscuro. Pero eso tampoco nos preocupaba. Estábamos acostumbrados y era nuestro espacio. Yo estaba sentado cerca de la entrada cuando noté que uno de nuestros perros no entraba. No era raro que se quedaran afuera, pero ese perro en particular siempre se acercaba cuando habÃa gente. Le gustaba estar cerca del ruido, pero esa vez no. Estaba parado en el patio, justo donde terminaba la luz de la casa y empezaba la oscuridad.
19:22 no caminaba y no se echaba, solo estaba rÃgido con el cuerpo tenso mirando fijo hacia el fondo del terreno, lo observé un momento más, no ladraba y no gruñÃa, la verdad no hacÃa ningún ruido, solo se quedaba ahà inmóvil, eso fue lo primero que me llamó la atención porque no era su comportamiento normal, me levanté y me acerqué a la puerta, desde ahà podÃa verlo mejor, Le hablé por su nombre, esperando que volteara o que al menos moviera la cola, pero no lo hizo. SeguÃa mirando hacia la misma dirección, como si algo estuviera justo fuera de nuestro alcance. En ese momento, escuchamos pasos en la tierra.
20:04 Eran pasos claros, pesados y firmes. El sonido venÃa desde el fondo del patio, de la parte donde ya no llegaba la luz de la casa. No eran pasos humanos, pero tampoco sonaban como los de un animal pequeño. Alguien más los escuchó también, porque dejó de hablar de golpe y volteó hacia la puerta. Salà al patio acompañado de otro familiar. Caminamos unos pasos y entonces lo vimos. Estaba ahÃ, a varios metros de distancia, completamente visible. Era un perro negro, pero no uno común. Era demasiado grande, no solo de altura, sino de cuerpo. Las patas eran largas y gruesas y las garras se le veÃan claramente clavadas en la tierra.
20:49 El pecho era ancho y el cuello se veÃa fuerte, tenso, como si sostuviera demasiado peso. No se movÃa como un perro normal. No olfateaba el suelo. No giraba la cabeza buscando algo. Estaba parado, mirando directo hacia nosotros. Avanzó un par de pasos y se detuvo. Y en ese momento mostró los colmillos. Eran largos y bien definidos. La luz que salÃa de la casa los hacÃa brillar un poco. No gruñó ni nos ladró. Solo los mostró como si sonriera. Sentà una incomodidad inmediata. No fue una duda ni una confusión. Fue una sensación clara de peligro. No pensé en huir ni en enfrentarme a él. El cuerpo reaccionó antes que la cabeza. El animal levantó una de sus patas delanteras y rasguñó la pared del patio. El sonido fue fuerte y seco. Cuando nos acercamos un poco más, vimos las marcas.
21:47 Eran profundas, más de lo que podrÃa ser un perro común. La pared estaba dañada de verdad. No era un rayón superficial. No gritamos ni corrimos. Simplemente retrocedimos y entramos a la casa. Cerramos la puerta del patio y aseguramos como pudimos. Dentro, todos se quedaron callados por unos segundos. Nadie preguntó qué era. Nadie se rió. Nadie intentó explicar nada. El ambiente cambió por completo en cuestión de instantes. Desde dentro, lo seguimos observando. El perro se quedó unos segundos frente a la casa. No ladró ni se lanzó. Solo se quedó ahà mirando, como si estuviera midiendo algo. Sentà claramente que nos estaba viendo a todos, no solo a mÃ, como si supiera exactamente cuántos éramos y dónde estábamos. Después se dio la vuelta y se alejó caminando. Caminó con calma hasta que su figura se fue tragando la oscuridad del patio. Y los pasos se escucharon durante varios segundos más, hasta que ya no se oyó nada. La reunión siguió, pero ya no era lo mismo. los niños dejaron de salir al patio y se quedaron cerca de los adultos las pláticas se hicieron más cortas y los adultos hablaban en voz baja como si no quisieran llamar la atención y cada ruido que venÃa del patio hacÃa que alguien volteara de inmediato yo no dejaba de pensar en la forma en que nos habÃa mirado no podÃa sacarme de la cabeza
23:18 las marcas en la pared ni el tamaño de ese animal algo no encajaba pero tampoco supe cómo decirlo en ese momento Esa noche, aunque nadie lo dijo en voz alta, todos sabÃamos que algo no estaba bien y que lo que habÃamos visto no era un perro como los demás. La tranquilidad se habÃa ido sin hacer ruido y ninguno de nosotros imaginó que esa no serÃa la única vez que lo verÃamos esa noche. No intentamos dormir después de que el perro se fue por primera vez. Nadie lo propuso y nadie lo necesitaba decir. Nos quedamos dentro de la casa, atentos, escuchando cualquier sonido que viniera del patio.
24:00 Las puertas estaban cerradas y las ventanas aseguradas, pero eso no daba tranquilidad. El silencio se sentÃa cargado, como si la casa ya no alcanzara para protegernos. Pasaron varios minutos sin que se escuchara nada afuera, y aún asà nadie se relajó. Cada crujido de la madera, cada movimiento dentro se sentÃa más fuerte de lo normal. Afuera no se oÃan perros ni insectos, solo ese silencio seco que nos obligaba a mirar hacia el patio una y otra vez. El perro volvió sin aviso, no hubo pasos previos ni señales. De pronto se escuchó el golpe directo contra una de las puertas del patio. El impacto se sintió dentro de la casa y la madera crujió como si fuera a partirse.
24:49 Después vinieron las garras, raspando la puerta una y otra vez con fuerza y sin detenerse, como si estuviera probando cuánto resistÃa la puerta. El sonido era claro y constante. No era un ataque desordenado, era insistente. Nos movimos de inmediato y uno de mis familiares fue a asegurar mejor una entrada lateral, que no estaba tan firme. y en ese momento el animal metió una de sus patas, por una rendija que se habÃa abierto, fue rápido y preciso, la garra alcanzó a mi familiar antes de que pudiera retirarse, y la piel se le abrió al instante, la herida fue profunda y la sangre empezó a salir de inmediato, empapando la ropa en segundos, el dolor fue evidente, mi familiar gritó y retrocedió como pudo apoyándose contra la pared respirando con dificultad y no hubo dudas ni confusión sobre lo grave que era lo que acababa de pasar cerramos la entrada como pudimos y nos alejamos de la puerta la sangre seguÃa saliendo y el color en la cara de mi familiar empezó a cambiar el perro siguió rodeando la casa Los pasos se escuchaban claros alrededor, pesados y constantes.
26:08 Las garras raspaban las paredes, probando distintos puntos, golpeando aquà y allá. No se movÃa con miedo ni con desesperación, todo lo hacÃa con calma, como si supiera exactamente qué buscar y dónde hacerlo. En un momento se escuchó un ruido distinto arriba, un golpe seco seguido de un crujido largo. El animal habÃa subido a una parte baja del techo, donde la caÃda era menor. Las tejas se movieron bajo su peso y varias se rompieron, cayendo al patio. El sonido fue claro y pesado. No era un animal ligero ni pequeño, asà que el peso se sentÃa firme, como el de algo que no debÃa estar ahÃ. Me acerqué a una de las ventanas con cuidado, porque necesitaba saber en dónde estaba. CorrÃa apenas la cortina y lo vi de frente, a pocos metros de la casa. Los ojos estaban abiertos, atentos y fijos. No parpadeaban. El hocico estaba entreabierto y la saliva caÃa al suelo, en hilos espesos que se marcaban en la tierra. En ese momento sentà miedo real, directo, sin confusión, y el cuerpo se me puso rÃgido y me costó moverme. La respiración se me volvió corta por unos segundos. y tuve la certeza clara de que, si lograba entrar, no habrÃa forma de detenerlo ni de salir bien de esa noche. El ataque duró varios minutos, y fueron varios minutos en los que el perro insistió. Rodeó la casa más de una vez, volvió
27:41 a las puertas, probó ventanas, subió y bajó del techo. Cada sonido parecÃa más cercano. Dentro, el familiar herido se debilitaba, la sangre no dejaba de salir y el dolor no bajaba, En eso empezó a temblar y a perder fuerza. Intentamos ayudarlo como pudimos, presionando la herida, manteniéndolo consciente, sin dejar de escuchar lo que pasaba afuera. Nadie intentó salir a enfrentarlo, pues no era una opción real. Solo nos mantuvimos dentro, atentos y moviéndonos solo lo necesario. El aire dentro de la casa se sentÃa pesado y el tiempo pasó lento.
28:23 Cada minuto se sentÃa más largo que el anterior. Después, sin previo aviso, el perro se detuvo. Los pasos cesaron y el raspar de las garras se apagó de golpe. El silencio volvió, pero ya no era el mismo. Me acerqué otra vez a la ventana y lo vi frente a la casa, quieto, no ladraba ni gruñÃa, solo nos miraba. Sentà otra vez que no estaba mirando a una sola persona, sino a todos, como si estuviera revisando lo que habÃa hecho. como si ya hubiera decidido algo. Se quedó ahà unos segundos que se hicieron largos. Luego se dio la vuelta y se fue caminando hacia la oscuridad del patio. Yo rezaba por dentro para que ese animal no volviera y que el susto y el miedo hubieran terminado ahÃ, justo en ese momento. No abrimos la puerta ni salimos a revisar.
29:16 Nos quedamos dentro, esperando, escuchando el silencio. El miedo no se fue con él. se quedó metido en la casa la verdad era un miedo que nunca habÃa sentido en mi vida cuando empezó a aclarar el cielo vimos el daño con más claridad la puerta golpeada las paredes raspadas y las tejas rotas en el suelo el familiar herido estaba pálido y débil con la respiración pesada esa noche habÃa terminado pero ya nada estaba bien y todos lo sabÃamos aunque nadie lo dijera Con la luz del dÃa vimos todo con claridad. Vimos las marcas en la madera que estaban ahÃ, profundas, irregulares. Se veÃa el tipo de fuerza que tenÃa ese perro enorme en las garras. Las huellas se marcaban bien en la tierra del patio, grandes y profundas. Se notaban un poco esas garras, y eran demasiado grandes para ser de un perro común. Las tejas rotas seguÃan tiradas donde habÃan caÃdo durante la noche. Algunas estaban partidas, otras solo desplazadas, pero todas dejaban claro el peso que habÃa pasado por encima del techo. La casa estaba dañada, de una forma que no se podÃa ocultar ni explicar con facilidad. Todos lo vimos al mismo tiempo y nadie dijo nada, porque no habÃa mucho que decir.
30:40 El familiar herido estaba peor de lo que habÃa parecido durante la noche. En la oscuridad habÃamos pensado que lo más difÃcil ya habÃa pasado, pero con el amanecer quedó claro que no era asÃ. La herida se veÃa mal, la piel alrededor estaba inflamada, caliente, con un color que no era normal. La sangre ya no salÃa como antes, pero eso no era buena señal. El dolor seguÃa ahÃ, constante y sin bajar. Empezó la fiebre poco después y con ella la debilidad. Le costaba mantenerse despierto, le costaba hablar y le costaba incluso respirar con normalidad por momentos.
31:21 Intentamos ayudarlo como pudimos, le limpiamos la herida, la cubrimos y lo recostamos, pero nada parecÃa suficiente. El cuerpo no reaccionaba como deberÃa, algo no estaba funcionando bien y todos lo notábamos aunque nadie lo dijera en voz alta. El miedo ya no estaba solo afuera, rondando la casa, ahora estaba adentro, concentrado en esa herida que causó la garra de ese perro enorme. Fue entonces cuando una persona mayor de la familia nos dijo lo que era. Lo dijo directo, con palabras claras, y nos dijo que eso era un Nahual, y uno muy agresivo. Nos dijo que cosas asà ya habÃan pasado antes, en otros tiempos, en otros lugares cercanos, aunque no siempre se hablaba de ellas. Esas palabras nos causaron un miedo aún mayor. Ahora sabÃamos lo que era ese perro negro. Era un Nahual que nos habÃa elegido esa noche. Los dÃas siguientes fueron largos. Nuestro familiar herido sobrevivió, pero no mejoró como esperábamos. La fiebre iba y venÃa, algunos dÃas parecÃa más fuerte, y al siguiente volvÃa a decaer.
32:34 La herida tardó en cerrar y cuando lo hizo, quedó marcada de una forma que no parecÃa normal. La fuerza no regresó del todo y caminar le costaba más. el cuerpo ya no le respondió igual que antes y eso no cambió con el tiempo arrastró esas secuelas durante años no fue algo momentáneo fue una consecuencia directa de esa noche la casa también cambió no fue algo que se hablara ni se decidiera entre todos simplemente pasó las puertas dejaron de quedarse abiertas y las ventanas se cerraban en cuanto empezaba a oscurecer el patio dejó de ser un lugar de paso libre por la noche Los niños ya no salÃan solos. Nadie lo prohibió, pero nadie volvió a permitirlo y la forma de vivir se ajustó sin necesidad de reglas escritas. Ahora vivÃamos con el miedo de que ese Nahual regresara. DÃas después del ataque, cuando pensábamos que todo habÃa quedado atrás, el animal apareció una vez más.
33:38 No lo hizo de cerca ni con violencia. Se quedó a lo lejos, justo donde empezaba la oscuridad del terreno. Estaba ahà Quieto y observando, no se acercó. Solo estuvo ahà unos minutos. Lo vimos varios al mismo tiempo y nadie dudó de lo que estaba viendo. El miedo nos corrió por todo el cuerpo, pues verlo de nuevo no era algo que quisiéramos que volviera a pasar. Después se dio la vuelta y se fue caminando, igual que las otras veces, con calma. Y esa fue la última vez que lo vimos. Ya nunca volvió. Aún asÃ, no fue el final de lo que dejó. La tranquilidad no regresó.
34:18 La casa seguÃa en pie, pero ya no se sentÃa igual. Cada ruido en la noche se percibÃa distinto. Cada sombra parecÃa más pesada. No volvimos a tener visitas nocturnas ni ataques, pero la confianza se habÃa ido. La noche dejó de ser algo neutro y pasó a ser algo que se respetaba. Con el tiempo, la herida cerró por completo, pero el daño ya estaba hecho. El familiar herido aprendió a vivir con las marcas que le quedaron y el miedo que le generaba verlas y sentirlas. Nosotros aprendimos a vivir con el recuerdo. No se habló mucho del tema con gente de fuera, pues no hacÃa falta. Los que estuvimos ahà sabÃamos lo que pasó, y eso era suficiente, no buscábamos convencer a nadie ni explicar nada. Las navidades volvieron en los años siguientes. Hubo reuniones y comida en familia, pero nunca fueron iguales. La casa se sentÃa más pequeña, y el patio dejó de ser un lugar abierto por la noche.
35:19 La puerta siempre se cerraba temprano. Pues el miedo seguÃa latente y recordábamos el dÃa del ataque de ese Nahual y el miedo que habÃa dejado en todos. Hoy lo cuento como recuerdo, no para asustar ni para exagerar lo que pasó. Lo cuento porque ocurrió y porque nos dejó consecuencias reales, visibles y duraderas. Esa Navidad entendimos que hay cosas que no podemos entender, que simplemente están ahÃ, que llegan, hacen daño, se van y dejan una marca que no se borra Una forma distinta de vivir, de mirar la noche y de cerrar la puerta antes de que oscurezca y el Nahual aparezca. No estoy muy seguro de si lo que vi fue un Nahual o alguna otra criatura diferente, pero lo que sà sé es que lo que vivÃa en aquella casa no podÃa ser de este mundo. Esto comenzó exactamente cuando tenÃa ocho años. VivÃa en un pueblito en México. No diré la ubicación por obvias razones, pero el lugar era bastante bueno. Uno de los mejores primeros recuerdos que tengo es ir a robar manzanas a la casa de al lado, pues esa casa no tenÃa dueño, además de que estaba llena de árboles que daban muchÃsimas manzanas, las cuales hasta el dÃa de hoy son las mejores manzanas que he comido. Mis padres me tenÃan prohibido ir
36:51 a robar manzanas a ese lugar, pero yo creÃa que el sabor de estas valÃa la desobediencia. ParecÃa ser el único en ir por ellas. La mayorÃa de las manzanas que no alcanzaba a tomar se terminaban pudriendo en el suelo. Esta dinámica permaneció por mucho tiempo hasta que un buen dÃa la casa fue habitada. Para muchos, el que fuera habitada me sorprendió, no solo porque habÃa rumores de que el dueño de aquella casa vivÃa en Estados Unidos y jamás volverÃa, sino porque las personas que parecieron habitarla llegaron durante la noche mientras todos dormÃamos. Ninguno de nosotros habÃa visto los carros de mudanza ni siquiera cuando llegaron. Simplemente, un dÃa la casa ya tenÃa luz y se percibÃa movimientos.
37:38 Mi padre afirmaba haber escuchado algo a mitad de la noche, pero no le dio mucha importancia y volvió a dormir. A mà me parecÃa algo intrigante tener vecinos nuevos, y en cuanto mi madre me dijo que irÃa a darles la bienvenida como solÃa hacerlo con las nuevas personas, rápidamente me apunté para ir y conocer a los nuevos vecinos. Mi madre fue insistente en tocar, pues la puerta no fue atendida. Ya estábamos a punto de irnos cuando la puerta se abrió. Mi madre volvió a sonreÃr, pero en el momento en que vio a la persona del otro lado. Era un hombre delgado, tal vez demasiado. Yo pensé que estaba enfermo, pues tenÃa unas ojeras muy marcadas y su piel, a diferencia de la de todos en el pueblo, era extremadamente blanca. Este nos preguntó quién éramos y qué hacÃamos allÃ, a lo que un poco impresionada por aquel hombre, mi madre le dio la comida que habÃa llevado para darle la bienvenida. Me pareció un poco extraño que no me presentara por mi nombre ni tampoco dijera el suyo. Solo dio la comida y luego de dar una breve bienvenida, dijo que debÃamos irnos. Me tomó fuerte de la mano para alejarme rápidamente de aquella casa. Le pregunté el motivo por el que hacÃa eso. Incluso para mi edad pensé que se habÃa portado bastante grosera, pero mi madre no me dio ninguna explicación. Por el contrario, una vez que estuvimos lo suficientemente lejos para que nadie pudiera escucharnos, me
39:11 dijo que tenÃa prohibido ir a aquella casa, sin importar si alguien me hablaba o me ofrecÃa algo. TenÃa estrictamente prohibido acercarme a esas personas que vivÃan allÃ. Sin importar lo que dijeran, jamás debÃa ir a esa casa de nuevo. Quise preguntar el motivo, pero ella se veÃa tan alterada que para que no se sintiera más asÃ, ya no pregunté más. Lo único que me preocupaba de aquella orden de mis padres era que en poco tiempo las manzanas comenzarÃan a madurar. Ahora que la casa tenÃa dueño, no tenÃa idea de si podÃa simplemente pasar a tomarlas. Cuando eres niño, no piensas mucho en las consecuencias de tus actos.
39:52 Yo querÃa manzanas a toda costa, y después de algunos dÃas en los que atendà las órdenes de mis padres y no acercarme a aquella casa, igualmente mi deseo por comer manzanas me hizo decidir ir durante la tarde. Aún parecÃa que los dueños no parecÃan importarles las manzanas. Todas las manzanas seguÃan allà y pensaba que no notarÃa si les faltaban algunas. Entré por la cerca rota que estaba en la parte trasera de mi jardÃn, por donde siempre entraba. Mi plan era quedarme solo para recoger las manzanas de los primeros árboles, muy lejos de cualquier ventana de la casa. Justo esos árboles eran los que tenÃan menos manzanas maduras.
40:33 Pensé en irme y esperar a que éstas maduraran, pero pensé que si ya habÃa hecho todo el esfuerzo de desobedecer a mis padres e ir hasta allÃ, Al menos debÃa obtener algo a cambio. Me acerqué un poco más, solo para tomar algunas. Encontré un árbol que estaba a la mitad del terreno y pensé que allà serÃa perfecto, pues no solo tenÃa manzanas maduras, sino que lo creÃa lo suficientemente alejado de cualquier ventana para que no pudieran verme. Comencé a tomar algunas y a guardarlas en la canasta que llevaba conmigo, pero algo raro comenzó a sentirse. No podrÃa decir qué era lo que sucedÃa, solo sabÃa que habÃa algo diferente en el lugar, algo que sin duda estaba haciendo que todo se sintiera bastante incómodo. Pensé por un momento que tal vez me habÃan descubierto los vecinos y me estaban viendo, pero miré a todos lados sin ver a nadie. El ambiente incómodo aumentó y en un momento ya tenÃa lo suficiente y lo mejor era irme.
41:38 Tomé mi canasta y comencé a caminar hacia la cerca, de la cual me habÃa alejado un poco más de lo que creÃa. Dada la incomodidad, me encontraba acelerando el paso. No avancé mucho cuando escuché pasos. No eran pasos humanos, eran como los de un perro, un perro muy, muy grande, cuyos pasos parecÃan acercarse a toda velocidad hacia mÃ. Aunque no podÃa ver a ningún perro, solo oÃa sus pisadas. caminé aún más rápido intentando salir de ahà lo más pronto posible pero aquello sólo empeoró pronto comencé a escuchar gruñidos no eran gruñidos comunes habÃa escuchado perros gruñir antes y esto era bastante diferente era más como si un ser humano gruñera pero de una forma que harÃa que sus cuerdas vocales comenzaran a lastimarse en serio me dio mucho miedo por lo que comencé a correr tirando algunas de mis manzanas en el camino pero eso era lo último que me importaba en ese momento. Logré salir tan rápido que incluso me arañé la espalda con la cerca, pero no importaba porque por fin estaba afuera. Una vez que estuve del otro lado, miré hacia atrás y nuevamente no pude ver a nadie, ni al perro, ni nada.
42:55 Vi que solo quedaban dos manzanas y eso me hizo sentir mal, pues todo aquel tormento lo habÃa pasado por nada. Volvà a mi casa y no contarle nada a mis padres. Después de todo, tenÃa prohibido ir ahÃ. Pasaron tres dÃas y ya habÃa olvidado el incidente de las manzanas. Inclusive, el miedo se habÃa pasado. Después de todo, en realidad no habÃa visto a ningún perro. Pensé que en cuanto los primeros árboles tuvieran manzanas más maduras, yo volverÃa. Aquel dÃa, mientras volvÃa de la escuela, vi al hombre que se encontraba afuera de su casa, sentado, parecÃa estar tomando el sol. Su cerca me dejó verlo perfectamente, y en cuanto me vio, me sonrió. Su sonrisa no era particularmente aterradora, pero el hecho de que me sonriera de esa forma se me hizo raro. comenzó a llamarme y a decirme que fuera que tenÃa algo para regalarme yo me quedé en shock mi madre me habÃa dicho perfectamente que sin importar nada no debÃa acercarme a esa casa me negué y seguà caminando pero mientras lo hacÃa aún podÃa escuchar como el hombre insistÃa en que fuera que iba a regalarme dulces pero yo sólo seguÃa caminando hacia mi casa fingiendo que ya no lo escuchaba Después de este encuentro, solo aumentó la incomodidad. Cuando volvÃa de la escuela, el hombre estaba afuera nuevamente. ParecÃa estar tomando el sol y trataba de
44:25 llamar mi atención para que fuera con él. Me preguntaba mi nombre, me ofrecÃa dulces o me decÃa lo genial que habÃa quedado su casa por dentro y que sà querÃa entrar. Yo me negaba a cualquiera de estas invitaciones. No solo era porque mi madre me lo habÃa prohibido, sino que todo en él hacÃa que todos mis sentidos de alarma se dispararan un buen dÃa vi que las manzanas en aquellos árboles cercanos ya se encontraban maduras a pesar de todo lo que habÃa estado viviendo con aquella persona yo realmente querÃa comer esas manzanas pensé que al estar tan cerca de la reja en realidad no me iba a ver ni nada parecido y siempre y cuando fuera muy rápido no pasarÃa nada Tomé la canasta y me dirigà hacia la cerca. Ahà me subà para cortar las manzanas. En un momento me sentà bastante confiado. No sentÃa absolutamente nada extraño en el lugar. No sentÃa que estuviera tan cerca como para que el dueño de la casa me viera. Comencé a escalar el árbol para tomar las manzanas de más arriba. Me encontraba lanzándolas a mi canasta cuando escuché aquella pesada respiración. acompañada de esos pasos que parecÃan ir hacia mÃ. Ya sabÃa que no habÃa forma de que esa persona tuviera un perro. Nunca se escuchaba que le ladrara o jamás lo habÃa visto. No era posible que un perro estuviera ahÃ. Esos pasos se escuchaban tan cerca que, estando arriba, comencé a buscar el origen.
45:59 Pensé que si miraba bien lo verÃa, pero no lograba ver nada. Fue entonces que, en un descuido, no resistió mi peso rompiéndose y haciéndome caer no habÃa escalado demasiado por lo que la caÃda no me rompió ningún hueso lo único que pasó fue que me golpeé estuve un rato sentado en el suelo recuperando el aire que habÃa perdido en el impacto cuando sentà una respiración en mi nuca giré y vi frente a mà a una criatura era un perro o al menos tenÃa una forma similar a un perro pero este era alto muy alto creo que fácilmente podrÃa haber medido lo de un caballo no estoy exagerando ese perro o lo que fuera que haya sido esa cosa era enorme su cuerpo entero estaba cubierto por un pelo gris y sucio o al menos una parte de él pues habÃa partes como partes de la cara o partes de sus patas que parecÃan haber perdido el pelo dejando su piel al descubierto parecÃa casi como si se hubiera arrancado pedazos de la misma para alimentarse Sus ojos caÃdos y su extraño rostro me aterraron. No recuerdo jamás haberme levantado tan rápido en mi vida como en ese momento. De un salto me puse de pie y comencé a correr con todas mis fuerzas hacia la reja.
47:23 Salà rasgándome la cara, pero nada de eso me importó. Recuerdo dar un último vistazo hacia atrás mientras me alejaba. Aquella criatura solo se quedó ahà mirándome. Llegué temblando a casa, casi sin poder hablar por el miedo. Mi madre se preocupó mucho y tuve que contarle lo que habÃa visto. Ella, aunque se veÃa asustada por lo que le decÃa, tampoco parecÃa quererme del todo. Me reprendió por haber entrado a la propiedad del vecino cuando me habÃa dicho que no me acercara ahà por nada del mundo. Cuando mi padre volvió a casa, fui reprendido por entrar a robar las manzanas. Y cuando quise contarle lo que habÃa visto, él me respondió que probablemente solo fue un perro grande que ellos tenÃan para cuidar el huerto. Traté de convencer a mi padre e incluso a mis amigos de lo que habÃa visto, pero no logré que nadie me creyera. Cada noche tenÃa sueños, lo veÃa, jamás me atrevÃa a poner un pie de vuelta en aquel lugar y ni siquiera querÃa pasar por ahÃ.
48:28 Evitaba ese lugar como si fuera un sitio radiactivo, y no habÃa dÃa en que aquel hombre me invitara a pasar a su casa. Cuando cumplà los 13, mi padre decidió darme una mejor educación. Me mandó a la ciudad con unos parientes para que continuara mis estudios de secundaria. Yo ni siquiera tuve que pensarlo demasiado. Lo vi como una oportunidad para liberarme de los sueños y de aquel vecino tan extraño que parecÃa cada vez más enfermo y deteriorado cada vez que lo veÃa. Fue asà como me fui de aquel pueblo y no volvÃ. Mis padres iban a visitarme a la ciudad en lugar de yo a ellos. Me acostumbré rápido a la vida por allá, y poco a poco fui olvidando lo que pasó aquella vez. No es que lo olvidara, es solo que cuando intentaba recordarlo no podÃa ver del todo los detalles de aquel animal, por lo que comencé a creer que lo que vi no fue más que un perro muy grande, tal vez un gran danés algo enfermo. De otro modo, no habÃa posibilidad de que aquello existiera de verdad, y comprendÃa perfectamente por qué nadie me habÃa creÃdo cuando intenté contárselo. Cuando tenÃa unos 20, mi madre me comentó que la razón por la cual me tenÃa prohibido siquiera acercarme a la casa de aquellos vecinos, era que aquel dÃa en que ella fue a presentarse conmigo, pudo ver un horrible altar que era de brujerÃa al fondo. Además de que habÃa escuchado rumores de cómo esas personas habÃan hecho un pacto con
50:00 el diablo en busca de riqueza y poder. Al parecer, las personas afirmaban ver gente entrar a su casa, pero jamás volvÃan a salir. Aquella vez fue la única vez que escuché hablar de nuevo sobre aquella casa. Para ese momento habÃa superado casi los sueños. Lo último que querÃa era pensar en ello. aunque habÃa noches en las que aún podÃa soñarlo de vez en cuando. Los años pasaron rápidamente hasta que tenÃa 25. Ese fue el año en que mi madre murió, exactamente dos años después que mi padre. No habÃa ido al pueblo durante mucho tiempo, pero la casa estaba a mi nombre y tenÃa que sacar algunas de las pertenencias de mis padres. Todo estaba casi igual.
50:46 Era como si el pueblo se hubiera detenido en el tiempo. Al llegar a la casa de mis padres, pude darme cuenta de algo. La casa de al lado, aquella que tanto me habÃa aterrorizado, estaba completamente abandonada, sino que parecÃa que se habÃan ido a toda prisa, dejando incluso cosas en la puerta. Estaba obstruida por tablas y habÃa basura por todos lados. Cuando estaba abandonada cuando yo era niño, la casa no estaba asÃ. No podÃa comprender cómo habÃa llegado a ese grado de abandono. No me metà y mejor fui por las cosas de mis padres. Estaba terminando de empacar las últimas cosas cuando noté que a través de la ventana de la cocina se veÃan aquellos árboles.
51:33 Recordaba que en aquel tiempo deberÃan estar llenos de manzanas pero no lo estaban. ParecÃa que se habÃan muerto hacÃa mucho tiempo. Ya no daban frutos. estuve mirando aquel cuarto por mucho tiempo, recordando lo que habÃa pasado aquel dÃa, el último dÃa que recogà manzanas, a pesar de que habÃa estado por años convenciéndome de que lo que habÃa visto no podÃa ser real, algo en mà jamás lo creyó del todo, y ya que no pensaba regresar al pueblo nunca más, pensé que aquella podrÃa ser mi última oportunidad de darle un cierre a todo eso, sabÃa que la casa ya se encontraba abandonada pero no me importó fui allà únicamente para quitarme el miedo de no volver a poner un pie en ese lugar fui hasta allà y salté la cerca pues en ese momento ya habÃan reparado el hueco por el que solÃa entrar recuerdo haber caminado mucho tiempo mirando los árboles muertos tenÃa la esperanza de encontrar alguno que aún estuviera dando manzanas pero todos parecÃan secos y sin vida Eso me puso un poco triste, pero seguà caminando hasta que llegué a la casa. Me quedé mirándola fijamente por un rato. TenÃa una ventana rota, pero lo que más me llamó la atención fue que la puerta trasera parecÃa estar entreabierta. Me pareció raro que la puerta de enfrente estuviera obstruida por tablas, mientras que la puerta trasera estaba abierta. Pensé que tal vez alguien
53:05 ya habÃa entrado para saquear lo poco que habÃan dejado los vecinos y al irse no se molestó asegurar la puerta. Para ese momento ya estaba tranquilo, pensando que seguramente lo que vi en realidad sà habÃa sido un perro común, tal vez algo enfermo, y con el miedo y la mente disparatada de un niño, todo podÃa ser posible. Caminé hacia la casa y abrà la puerta. Me estuve paseando entre la oscuridad. HabÃa muchÃsimo polvo y todo despedÃa un aroma rancio, a viejo. No tenÃa mucha luz, pero era suficiente para poder andar sin muchos problemas. Algo me detuvo en seco. Escuché una respiración pesada, una respiración que me resultaba muy familiar. Miré hacia todos lados sin lograr ver nada.
53:55 Comencé a caminar hacia la salida, pero justo cuando salà la respiración se hizo más fuerte. Me di cuenta de que el dueño de aquella respiración estaba al final del pasillo, el cual no podÃa ver bien debido a la falta de luz. Pensé que podrÃa tratarse de algún animal o tal vez de un vagabundo. Escuché algo rodar hacia mÃ. Era una manzana, pero parecÃa mordida. Lo que me pareció aún más extraño fue que donde la habÃan mordido parecÃa haber sido envenenada. como si le hubieran inyectado una toxina que la habÃa dañado. Miré la manzana por un segundo y cuando levanté la mirada, vi cómo se asomó aquel perro.
54:38 No cabÃa duda, era el mismo perro que habÃa visto aquel dÃa. El mismo tamaño, los mismos ojos y aunque no podÃa verle el cuerpo, sabÃa que le seguÃa faltando la piel. Me miró directamente. Solté un grito y corrà lo más rápido que pude hacia afuera de la casa. Tomé las cosas de mis padres y salà de allà sin mirar atrás. Nunca volvà al pueblo. No sé si aquella cosa sigue allà o qué era exactamente. He pensado que podrÃa tratarse del mismo vecino o tal vez algo que él mismo invocó en su pacto con el diablo. Lo único que estoy seguro es de que aquella cosa era real y probablemente aún continúe allÃ. Por donde vivÃa, no era común que la gente saliera a pedir dulces el dÃa de Halloween, mucho menos niños de nuestra edad.
55:51 Pero ese año en particular, el grupo de amigos con el que me juntaba decidió hacer una broma, pero no me refiero a arrojar huevos a las casas. Cerca del vecindario donde vivÃa Francisco, uno de nuestro grupo, vivÃa una mujer con un terreno muy grande. ParecÃa estar acondicionado para tener animales como borregos, vacas o cerdos. porque habÃa corrales, pero todo estaba vacÃo. Ella solo poseÃa una vaca. Francisco nos dijo que esa señora era una bruja. La verdad es que sà habÃa rumores en su colonia sobre algunas prácticas raras que ella tenÃa, pues vivÃa sola y no hablaba con nadie. Siempre se le veÃa llevando un montón de hierbas raras a su casa. Pero la verdadera razón por la que Francisco querÃa jugarle una broma no era por los rumores. En una ocasión, él y sus amigos habÃan estado tronando cohetes cerca de su propiedad, y ella llamó a la policÃa, alegando que estaban alterando a su vaca.
56:56 Según Francisco, la señora cuidaba a esa vaca más que a cualquier otra cosa en el mundo. Como la policÃa les habÃa reportado a sus padres, ellos terminaron castigados y por eso Francisco querÃa vengarse. Esa noche, Francisco decÃa que sabÃa que la señora no estaba en su casa. Su plan era decorar a la vaca para cuando ella volviera. QuerÃa pintarla con pintura en aerosol solo para molestarla. La mayorÃa de los amigos estuvo de acuerdo. Yo no estaba seguro de hacer algo asÃ. porque si la señora querÃa tanto a la vaca como Francisco decÃa, se podÃa enojar mucho y podrÃamos meternos en problemas. Siempre habÃa tenido mascotas y las amaba, asà que solo podÃa imaginar cómo me sentirÃa si alguien les hiciera algo. Una vez en la casa de aquella mujer, nos brincamos la barda y comenzamos a buscar a la vaca, que estaba en un bonito establo que la señora le habÃa hecho. Solo con estar allà te dabas cuenta de cuánto amaba esa mujer a su vaca. Todo estaba decorado con pinturas muy lindas, y la vaca se veÃa bien alimentada y cuidada. Era uno de los animales más amistosos que jamás hubiera visto. No se asustó con nuestra presencia. Cuando Francisco y los demás comenzaron a jalarla para sacarla del establo, la vaca nos siguió hasta afuera, donde comenzamos a pintarla con diferentes tipos de pintura en aerosol que habÃamos comprado. La vaca no se movÃa ni intentaba alejarse, y cuando terminamos con las
58:30 cuatro latas de pintura que llevamos, yo sugerà que la guardáramos en el establo y nos fuéramos ya. Pero Francisco no estaba del todo conforme con eso. Supongo que de alguna manera él esperaba que todo eso fuera más emocionante, pero desde que habÃamos entrado hasta el hecho de haber pintado a la vaca, sin que ella opusiera resistencia, todo parecÃa dejarle un sabor agridulce. Dijo que debÃamos encontrar algo más divertido para hacer con la vaca, para que aquella mujer aprendiera a no llamar a la policÃa. Todos comenzamos a pensar, pero no se nos ocurrÃa nada que pudiéramos hacer o que fuera realmente divertido. Cuando, de pronto, Manuel mencionó que habÃa escuchado que las vacas no podÃan bajar escaleras.
59:17 Casi enseguida comenzó un debate entre todos nosotros sobre si podÃan o no hacerlo. Yo nunca habÃa escuchado nada al respecto, pero no veÃa el motivo por el cual una vaca no pudiera bajar escaleras. Al final, todos estuvimos de acuerdo en que solo habÃa una manera de averiguarlo, y con la ayuda de una rampa que parecÃa que la misma señora utilizaba para meter a la vaca en su casa a veces, subimos al animal hasta el pórtico. Después, todos comenzamos a intentar que bajara las escaleras. La vaca se rehusaba, pero Francisco tiraba de su lazo muy fuerte para obligarla. La vaca empezó a bajar las escaleras con algo de dificultad, pero lo lograba. Esto decepcionó a algunos de los que estaban allÃ. Francisco comenzó a agitar una de las latas de spray que tenÃamos, que aparentemente ya estaba vacÃa. y la presionó directamente en los ojos del animal. No salió pintura, pero sà el aire, suficiente para que la vaca no pudiera abrir los ojos. Ya de por sà le costaba trabajo moverse, y con lo que Francisco le hizo, el pobre animal perdió completamente el equilibrio y cayó escaleras abajo.
1:00:32 Todos nosotros nos quedamos callados porque se escuchó claramente cómo se rompió una de sus patas. El pobre animal bufaba y mugÃa muy fuerte por el dolor que estaba sintiendo. Ninguno de nosotros sabÃa exactamente qué hacer. Estábamos jugando y de alguna manera querÃamos darle una lección a esa mujer. Los lamentos de ese pobre animal eran tan fuertes que lo único que se nos ocurrió en ese momento fue salir corriendo de esa casa. Nadie nos habÃa visto entrar y cuando salimos no habÃa nadie, ni siquiera en la calle. Todos corrimos hasta la casa de Francisco, que era la más cercana. Una vez ahÃ, recuerdo bien que la mayorÃa seguÃamos escuchando a aquellos mugidos a la distancia. Francisco y otros dos chicos comenzaron a reÃrse, pero se veÃa que era más por nervios que por otra cosa. Yo me sentÃa muy mal, pues siempre he sentido mucha empatÃa hacia cualquier ser viviente. Solo podÃa imaginar el dolor que estaba sintiendo ese pobre animal, sin nadie que lo ayudara, pero, de nuevo, no me atrevÃa a decir nada. Estuvimos en la casa de Francisco tal vez unas dos horas más, antes de que yo tuviera que regresar a la mÃa.
1:01:51 Cuando pasé frente a la casa de aquella mujer, seguÃa escuchando esos mugidos. Justo cuando iba cruzando, vi que la señora estaba llegando, Se veÃa muy preocupada y estaba desesperada buscando sus llaves para poder entrar. Traté de actuar con normalidad, pero en el fondo solo querÃa salir corriendo de ahÃ, por la culpa que sentÃa, pues no creÃa que ella imaginara el horrible estado en el que encontrarÃa a su pobre mascota. El dÃa primero y dos de noviembre en México se celebra el DÃa de Muertos, por lo cual no hubo clases. No vi a mis amigos hasta el dÃa 3.
1:02:31 Una vez que llegamos al salón, lo primero que le pregunté a Francisco fue si la vaca estaba bien o cómo habÃa terminado todo. Ãl comenzó a reÃrse y me dijo que al parecer la pintura que le habÃamos puesto era tan tóxica que la ruptura de la pata no era el único problema que tenÃa. La dueña tuvo que sacrificarla esa misma noche. Me dijo también que la mujer habÃa estado buscando a los responsables de lo ocurrido, pero que no debÃa preocuparme porque no tenÃa pruebas. ParecÃa sospechar de él. Incluso fue a su casa hablar con sus padres, pero su papá lo habÃa cubierto diciendo que habÃamos estado jugando videojuegos durante toda la noche, por lo cual no iba a haber consecuencias. Creo que todos olvidaron el tema de la vaca muy rápido. pero yo no pude sacármelo de la cabeza ni ese dÃa ni los que siguieron.
1:03:26 Pasó una semana y fui invitado a la fiesta de cumpleaños de Francisco. Cuando iba camino a la fiesta, tuve que pasar frente a la casa de aquella mujer. Recuerdo bien que justo en el momento en que iba pasando, ella salió de su casa. Se me quedó viendo durante un rato y después se volvió a meter. No entendÃa qué estaba pasando, pero solo caminé más rápido. La fiesta estuvo más o menos normal, salvo que Francisco nos contó a todos los que estuvimos involucrados aquel dÃa de Halloween que aquella mujer afirmaba que él y sus amigos habÃan sido los responsables. No tenÃa ni idea de cómo lo habÃa averiguado, pero habÃa ido a su casa a gritar y hacer todo un escándalo, incluso diciendo nombres. Todos nosotros nos preocupamos porque creÃmos que se lo dirÃa a nuestros padres, pero Francisco volvió a decirnos que no debÃamos preocuparnos, porque, si bien, al parecer, se habÃa dado cuenta, no tenÃa pruebas.
1:04:29 Lo sabÃa porque, de otra manera, ya hubiera ido a la policÃa o algo. Pero, en lugar de eso, solo habÃa ido a amenazarlos directamente a su casa, y que probablemente solo tendrÃamos que esperar a que se le pasara. Ya en la tarde noche, cuando tuve que regresar a mi casa, lo primero que noté fue que mi perro no me estaba esperando, no lo veÃa por ningún lado. Aquel perro lo tenÃa prácticamente desde que habÃa nacido y éramos muy unidos. No le di mucha importancia y entré a la casa. Le avisé a mi mamá que ya habÃa llegado y después de eso subà a mi cuarto pensando que quizás mi papá habÃa ido a darle el paseo a nuestro perro. Estaba revisando qué tarea tenÃa que hacer para el dÃa siguiente cuando sentà como si algo me estuviera mirando. Giré mi cabeza en dirección a la puerta que por lo general no tenÃa abierta y era mi perro, o al menos eso parecÃa. No estaba feliz como de costumbre, tampoco se veÃa asustado. Solo estaba sentado en el marco de la puerta casi de manera estática, mirándome fijamente con sus grandes ojos amarillos. Ni siquiera parpadeaba.
1:05:41 Primero no sabÃa cómo actuar, pero a medida que pasaban los segundos y mi perro seguÃa exactamente en esa posición, comencé a sentirme muy incómodo. Traté de llamar su atención llamándolo por su nombre, levantándome, e incluso le arrojé una de mis almohadas, pero seguÃa exactamente en la misma posición. Enojado y también tratando de mantener la calma, me levanté de la cama y caminé azotando los pies contra el piso, pues sabÃa que eso solÃa asustar mucho a mi perro. Casi cualquier ruido fuerte era suficiente para que se fuera corriendo de un lugar, pero en esta ocasión no pasó nada.
1:06:22 Ãl siguió exactamente en la misma posición, mirándome. Me acerqué lo suficiente a la puerta como para poder cerrarla. Pero en el momento que la sujeté para poder dar el portazo, mi perro comenzó a mugir. Por supuesto que no es normal que un perro haga el sonido de una vaca, pero lo que quiero decir es que estaba mugiendo tal y como lo estaba haciendo esa pobre vaca en sus últimos momentos. Creo que me quedé petrificado durante unos cuantos segundos sin saber cómo actuar, pero cuando logré salir de ese estado, lo primero que pensé fue que debÃa cerrar la puerta para no dejar pasar a mi perro. Justo en el momento en que mi mano tocó el picaporte, mi perro se me abalanzó encima. No me dio tiempo ni de reaccionar cuando ya estaba tirado en el piso con mi perro atacándome. Intentaba cubrirme la cara con las manos, pero mi perro estaba muy agresivo. Mi papá escuchó mis gritos y fue corriendo a ver qué estaba pasando. Tardó mucho en lograr quitarme al perro de encima. y también intentó atacarlo a él. Pero, por suerte, mi papá logró someterlo y lo encerró en el cuarto de mi hermana, que en ese momento habÃa salido al cine con sus amigas.
1:07:37 Aún dentro del cuarto, mi perro estaba muy furioso. ParecÃa estarse dando de topes en la puerta y arañándola para salir y poder terminar lo que habÃa comenzado. Mi brazo estaba todo mordido, y mis dedos estaban en tan mal estado que mi dedo Ãndice parecÃa que se iba a desprender. llamaron a control animal y me llevaron al hospital lo más rápido posible para atender todas las lesiones que tenÃa debido al ataque nadie entendÃa qué habÃa pasado pues como mencioné antes yo habÃa crecido al lado de mi perro jamás habÃa mostrado señales de ser agresivo ni conmigo ni con otros perros o personas siempre fue muy dócil solo dijeron que habÃa una explicación que podrÃa ser rabia incluso tuvieron que ponerme varias inyecciones contra esto y por desgracia tuvieron que sacrificar a mi perro. Yo estaba devastado por eso, y me sentà aún peor cuando me enteré de que no encontraron que mi perro tuviera rabia cuando lo sacrificaron.
1:08:38 Yo logré sanar bien, pero a la mañana siguiente cuando me presenté en la escuela con el brazo todo vendado, me di cuenta de que Francisco no habÃa llegado. Todo parecÃa apuntar a que el perro de Francisco también habÃa enloquecido y lo habÃa atacado. Y esto no se limitaba para nada a los perros. A otro de mis compañeros lo habÃa atacado su gato. TenÃa la cara y toda la espalda arañada. Los otros integrantes de nuestro grupo no tenÃan mascotas. Ellos no habÃan sufrido ningún tipo de consecuencia. Ninguna de las agresiones habÃa sido tan grave como lo que le pasó a Francisco. Creo que en ese momento ninguno de nosotros pensó mucho en la situación. sobre todo porque estábamos muy alterados. Más o menos unos dos o tres meses después de ese accidente, mi papá decidió llevar otro perro a casa. Lo habÃa encontrado en la calle y pensó que podÃamos darle un buen hogar. Al principio el perro se veÃa muy amistoso y feliz de haber sido adoptado. Olisqueaba todos los muebles, pero de un momento a otro, habiendo pasado quizás unas tres horas en nuestro hogar, su actitud cambió. Me miró fijamente y sin previo aviso se me abalanzó. Mi padre tuvo que quitarle la vida en ese momento para salvarme. Ese dÃa no pasó a mayores, solo me mordió una vez y ni siquiera fue tan fuerte antes de que mi papá lo sostuviera y lo
1:10:09 asfixiara para detenerlo. Cuando me mudé, me di cuenta de que no era la casa la que provocaba ese comportamiento en los animales, sino algo más. Siempre que intentaba adoptar una mascota, ocurrÃa algo similar. PodÃan ser las criaturas más dulces y amigables del mundo, pero de un momento a otro cambiaban su actitud e intentaban atacarme. Me he puesto en contacto con los otros muchachos y me han dicho que les pasa exactamente lo mismo. Para mà es algo muy triste, porque, como mencioné antes, siempre habÃa tenido mascotas y me gustaban mucho los animales. Ahora sé que no puedo tener ninguna que sea mÃa. Yo lo arruiné, y a pesar de que no tengo ninguna prueba de que aquella mujer sea la responsable de lo que me ocurre hasta el dÃa de hoy, no tengo dudas. Una parte de mà cree que merezco esto. Esa es la razón por la que nunca he buscado ayuda con otros brujos ni con nadie más. Si pudiera volver en el tiempo, no lo habrÃa hecho. Pero supongo que esto es algo con lo que tendré que lidiar.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed