Dec. 31, 2025

NAHUALES En El Campamento Militar: La Noche Del Caos - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Recuerdo ese tiempo con claridad, porque fue cuando todavía era joven y me sentía seguro de casi todo. Estaba asignado a un centro militar, levantado en una zona aislada, rodeado de monte espeso y caminos de terracería que se perdían entre cerros. No era un lugar improvisado, pero tampoco estaba cerca de pueblos grandes ni de carreteras importantes. Por eso las guardias solían sentirse largas, repetitivas y sin nada que realmente rompiera la rutina. La mayoría del tiempo solo vigilábamos, reportábamos y esperábamos a que pasaran las horas. Días antes de lo que pasó, habíamos participado en un operativo cerca del centro. Era una zona que la gente del lugar evitaba, un tramo de monte que no usaban ni para cruzar ni para trabajar. Cuando entramos, algunos pobladores se acercaron a hablar con los mandos. No pidieron nada, no suplicaron, solo dijeron que ese terreno no debía tocarse, que era zona de brujos y de nahuales, y que meterse ahí iba a traer problemas. Lo dijeron de frente con una seguridad que daba miedo, y era una advertencia clara que se debe de tomar en cuenta. Ese comentario se reportó, como se reportan muchas cosas, se anotó, se informó y se siguió adelante. Nadie lo tomó como una advertencia real. pues para nosotros era monte, y el monte se recorre, se

1:36 asegura y se limpia si hace falta, después del operativo todo volvió a la normalidad, guardias, rondines y revisiones del perímetro, nada fuera de lo común al menos en apariencia, yo pasé varias noches en la garita observando el monte desde lo alto, con el tiempo uno aprende a distinguir los movimientos normales, Un animal no se mueve igual que otro, y tampoco lo hace igual cuando está tranquilo o cuando huye. Aprendí a reconocer sombras, ruidos y reflejos. Por eso esa noche algo me llamó la atención desde el primer momento. No fue un susto repentino, fue una sensación clara de que algo no encajaba. Había movimiento en el límite del terreno, pero no era parejo ni torpe como el de un animal.

2:26 Se desplazaba bajo, rápido. cambiando de dirección sin perder velocidad. No avanzaba en línea, no se detenía a escuchar ni a olfatear. Cuando yo movía la vista para seguirlo, eso también parecía ajustar su recorrido, como si respondiera a mis propios movimientos. No era un solo punto, eran varios desplazamientos coordinados, aunque en ese momento no supe cuántos. Me quedé observando unos segundos más para estar seguro. pues no quería reportar algo que luego resultara ser nada. Pero el patrón se repitió. El movimiento no se alejaba, solo nos rodeaba. Avisé por radio lo que estaba viendo, usando las palabras más claras que pude. Otros compañeros comenzaron a notar lo mismo, desde distintos puntos del perímetro. No todos lo veían igual, pero coincidían en algo. Eso no se comportaba como fauna común.

3:24 Se autorizaron disparos hacia el monte, primero de advertencia. El sonido rebotó entre los árboles y el movimiento no se detuvo. Al contrario, se redistribuyó. Y, cuando se ordenaron disparos directos, apunté y disparé. Vi con claridad que las siluetas no estaban donde deberían haber estado, según el tiempo de reacción normal. No corrían para huir ni se dispersaban al azar. Se movían con una precisión. que no correspondía a un animal asustado. Disparé otra vez y volví a fallar, no por mala puntería, sino porque el blanco ya no estaba ahí. Cambiaba de posición de una forma difícil de seguir. No había ruido de pisadas claras, ni respiración agitada, como la de un animal grande. Solo desplazamiento rápido, bajo y constante. En ese momento dejé de pensar en qué podía hacer y me concentré en lo que hacía. Seguí disparando cuando se ordenaba, intentando darle al objetivo. Conforme pasaban los minutos, el movimiento se acercó más al perímetro. Ya no solo rodeaba, comenzaba a buscar puntos específicos del cerco. Desde la garita alcancé a distinguir formas más definidas. No eran sombras alargadas por la luz, tenían volumen. Había algo en su manera de avanzar que no encajaba con ningún animal que yo hubiera visto antes. No se arrastraban, no galopaban y no saltaban

4:55 como lo haría un venado o un perro. En ese punto sentí una incomodidad clara, no pánico, sino una certeza incómoda. Eso que estaba allá afuera no reaccionaba como algo que huye, se movía como algo que observa y quiere atacar. Cuando uno de esos movimientos se detuvo justo en un punto ciego del cerco, entendí que no era coincidencia. No estaba probando suerte, estaba eligiendo el lugar justo. Volví a avisar por radio y otros confirmaron lo mismo desde diferentes ángulos. La tensión en el centro comenzó a subir. Seguíamos actuando como si fuera una situación controlable, pero cada disparo fallado dejaba más claro que algo no estaba saliendo como debía.

5:44 Desde mi posición vi como una de esas figuras se incorporaba ligeramente al desplazarse. cambiando su postura sin perder velocidad ahí fue cuando entendí algo simple y directo sin darle vueltas eso que se movía allá afuera no se movía como se mueve un animal y tampoco como una persona común no estaba improvisando sabía dónde estaba sabía dónde estábamos nosotros y no se estaba retirando ese fue el último momento en que pensé que todo podía quedarse fuera del centro El movimiento se acercó al perímetro sin detenerse, ya no se limitaba a rodear. Ahora buscaba puntos concretos del cerco, como si conociera la distribución del lugar. Desde la garita vi como una de esas figuras tomó impulso y saltó el alambrado, con una fuerza que no correspondía a ningún animal que yo hubiera visto antes. Fue un salto bien ejecutado, fue limpio y directo, y al caer del otro lado su forma cambió al desplazarse. Pasó de ir bajo a incorporarse al correr sin perder velocidad. En ese momento dejé de hacer conjeturas. Ahí ya no había duda de lo que estaba pasando. Las alarmas se activaron de inmediato y la orden fue clara. Abandonar las posiciones exteriores y replegarnos al interior siguiendo el protocolo. Bajé de la garita y corrí hacia el centro del complejo. Mientras avanzaba, escuchaba los

7:16 disparos de otros puntos, ya no como advertencias, sino como intentos directos por detener lo que estaba entrando. El ruido del metal, vibrando con los impactos, se mezclaba con golpes secos contra estructuras y portones. Dentro del centro, todo se volvió intenso, pero no desordenado. Cada quien trataba de cumplir su función, aunque la situación ya había superado cualquier escenario de entrenamiento. Los disparos eran cortos, controlados, hasta que de pronto alguno se cortaba de golpe. No hacía falta mirar para entender que alguien había caído. Los gritos aparecían y se apagaban rápido, sin prolongarse. Al girar hacia uno de los pasillos, vi a un compañero salir proyectado hacia atrás, como si algo lo hubiera embestido con todo su peso.

8:06 No alcancé a ver qué fue, sólo el tamaño de la masa que lo golpeó y la violencia del impacto contra el muro. El cuerpo quedó en el suelo sin levantarse. Seguí avanzando porque no había margen para detenerse a evaluar nada. Cuando por fin los tuve de frente, entendí que no estaba ante personas ni ante animales comunes. Tenían cuerpo, peso y volumen, pero su forma no era fija. se desplazaban con una fuerza que no coincidía con su tamaño aparente algunos mostraban extremidades más largas de lo normal con garras enormes, colmillos muy afilados y otros un torso demasiado ancho había rasgos humanos mezclados con rasgos animales era como si fueran perros enormes con formas humanas es algo difícil de explicar disparé directo a uno que cruzó frente a mí El impacto fue claro, pero no produjo el efecto esperado. No cayó, no se detuvo, solo cambió de dirección. Volví a disparar y ocurrió lo mismo. No reaccionaban al dolor como lo haría una persona. Tampoco huían como lo haría un animal herido.

9:17 Se reacomodaron y seguían avanzando, eliminando a más compañeros del batallón. Sentía mucho miedo, pero no me paralizó. En ese momento el cuerpo se movía solo. cubriéndose, avanzando y retrocediendo cuando era necesario. Apuntaba, disparaba y recargaba. Hacía lo que me tocaba hacer porque no había espacio para otra cosa. En el suelo había compañeros heridos, algunos arrastrándose, otros, quietos con heridas enormes en su cuerpo. El olor a pólvora se mezclaba con el del polvo levantado por los golpes contra el concreto. Conforme avanzaba el ataque, algo empezó a quedar claro.

9:59 No se movían al azar, no atacaban a cualquiera que se cruzara primero. Entraban a ciertas áreas y pasaban de largo otras. Se dirigían a dormitorios específicos, a oficinas concretas, a zonas donde sabían que habría personas. En más de una ocasión vi cómo ignoraban a alguien para ir directo hacia otro grupo. En un punto me refugié detrás de una estructura de concreto y desde ahí pude observar mejor. Vi a dos de esas figuras moverse juntas, cubriéndose una a la otra, usando los ángulos muertos del lugar. No improvisaban, conocían el terreno, o al menos, lo leían rápido. Y cada movimiento parecía responder a una intención clara. Un disparo cercano me obligó a moverme de nuevo. Mientras avanzaba, escuché como uno de los accesos laterales se día bajo un golpe repetido. El metal se dobló como si no tuviera refuerzo.

10:58 Por ahí entraron más, aunque el número exacto nunca lo supe. No eran pocos, eran algunos de esos seres aterradores. En medio del movimiento, alcancé a ver uno de ellos incorporarse por completo. Por un segundo quedó de perfil, iluminado por una lámpara del pasillo. Tenía postura humana, pero las proporciones no correspondían. Los brazos eran más largos, el cuello más corto, y la cabeza baja con un hocico alargado. Y la forma en que apoyaba los pies contra el suelo no era normal. Seguimos resistiendo como pudimos. Algunos lograron replegarse, otros quedaron aislados. En ningún momento escuché órdenes contradictorias. El problema no era la falta de mando. Era que nada de lo que hacíamos estaba diseñado para detener algo así. Cada avance nuestro encontraba una respuesta rápida de su parte. Después de un tiempo que no supe medir, el ataque comenzó a disminuir. No porque los hubiéramos contenido, sino porque ellos dejaron de avanzar. Uno a uno comenzaron a retirarse por los mismos puntos por donde habían entrado. No corrieron, se fueron con la misma seguridad con la que habían llegado.

12:15 Cuando el último movimiento desapareció del perímetro, el centro quedó en un estado difícil de describir con una sola palabra. Había daños, heridos y compañeros que ya no respondían. Nadie celebró nada, pues no hubo sensación de victoria. Solo quedó la certeza de que lo que había ocurrido no había sido un intento fallido de entrar, sino algo completamente distinto. Mientras asegurábamos las áreas y atendíamos a los que aún estaban con vida, una idea empezó a tomar forma en mi cabeza, aunque todavía no la entendía del todo. Eso no había sido un ataque improvisado, no había sido una prueba de fuerza, había sido algo dirigido, con un objetivo claro, y ese objetivo no había terminado ahí. Así como entraron, se fueron. Los vimos alejarse desde distintas posiciones, cruzando el cerco, perdiéndose entre el monte sin hacer ruido. Nadie dio la orden de perseguirlos, y nadie levantó el arma para dispararles por la espalda. Eso hubiera sido el final de todos los que quedamos vivos ahí. Todos entendimos al mismo tiempo que ya no venían por más. Pero justo cuando creímos que todo había pasado, fue entonces cuando empezamos a verlos de nuevo. Primero fue desde el exterior. Mientras revisábamos el perímetro, alguien señaló hacia el monte. A cierta distancia, entre los árboles, se alcanzaban a distinguir siluetas quietas, No se movían, estaban ahí,

13:50 paradas y observando. Algunas tenían postura humana, otras iban ligeramente encorvadas y no intentaban ocultarse. Querían que supiéramos que seguían ahí. En varios puntos del terreno encontramos huellas claras, marcas de garras en los muros. Era un caos total ahí dentro. Heridos por doquier, sangre, casquillos por todos lados y esa sensación de miedo del saber que estaban ahí afuera vigilándonos. Y si ellos querían, podían entrar y acabar con los que faltamos en su atentado. Dentro del centro, en muros y puertas, encontramos marcas hechas por ellos. Eran raspones largos y profundos, a la altura del pecho y de la cabeza.

14:37 En una pared interior dejaron una figura marcada con claridad. Era una especie de pentagrama, trazado con líneas firmes y reconocible. No había duda de lo que representaba. En otro punto, cerca de los dormitorios, dejaron algo todavía más claro. Sobre el piso, acomodaron restos de animales en forma de círculo incompleto. Era una señal. Algo puesto a propósito para que lo viéramos después. Mientras revisábamos el perímetro, encontramos a un soldado tirado junto al camino de terracería. Estaba boca arriba con el uniforme abierto a la fuerza. No tenía impactos de bala.

15:18 El pecho estaba marcado con cortes profundos y parejos. Los trazos formaban la misma figura del pentagrama, clara y reconocible, hecha con precisión. El soldado seguía vivo. Respiraba con dificultad, pero tenía los ojos abiertos. Y cuando me acerqué, me sujetó del brazo con fuerza y señaló hacia el monte. Su mano le temblaba y decía cosas que no alcancé a comprender. Y a unos metros sobre la tierra vimos la misma figura marcada en el suelo. Era grande y estaba trazada con profundidad, justo donde empieza el camino que lleva al centro. No había huellas alrededor, solo la marca.

15:59 Mientras levantábamos al soldado, levanté la vista. Entre los árboles, a la misma distancia que antes, estaban ellos. tres nahuales de pie completamente visibles. No se movían, solo nos observaban, y uno de ellos levantó el brazo y lo bajó lentamente, como cerrando algo. Después se dieron la vuelta y se internaron en el monte, y nadie los siguió. Hoy es un recuerdo que no sale de mi mente, el verlos de frente. Me dejó un miedo que aún me recorre la espalda. Esas garras enormes y afiladas, desgarrando a mis compañeros militares con entrenamiento. y poder salir ileso y con vida, es algo que te deja reflexionando el resto de tu vida.

16:43 Desde entonces entendí algo que no viene en ningún entrenamiento. Hay lugares que tienen dueños aunque no se vean, y cuando esos dueños te dicen que te vayas, no siempre lo hacen con palabras. A veces lo hacen entrando, atacando y dejándote vivo solo para que recuerdes. Eso fue lo que hicieron esa noche. Y por eso sé que no fue un error aislado, fue una lección por entrar en sus terrenos, dada de la única forma en que ellos saben darla. Han pasado muchos años, pero recuerdo con claridad esa Navidad, porque fue la última vez que estuvimos tranquilos como familia. No lo digo con nostalgia ni con tristeza exagerada, lo digo porque después de esa noche todo cambió, aunque en ese momento no lo sabíamos. Nos reunimos en la casa de siempre, una casa sencilla de paredes viejas con un patio amplio al fondo, donde en esas fechas entraba y salía mucha gente, sin que nadie se preocupara demasiado.

17:57 Era una reunión normal, no había nada especial que la distinguiera de otras navidades. Había comida sobre la mesa, pláticas largas y risas sueltas. Los niños corrían de un cuarto a otro y salían al patio sin que nadie los detuviera, porque era algo común. El frío era el típico de diciembre, ese que se siente más conforme avanza la noche, pero que no molesta cuando hay movimiento y gente alrededor. La puerta del patio se quedó abierta varias veces, porque alguien salía por refrescos, alguien más por leña y otros por fumar. Nadie pensó que fuera un problema, pues nunca lo había sido.

18:39 La casa siempre había sido así, abierta, ruidosa, sin secretos. El patio daba un terreno amplio que de día se veía normal, incluso tranquilo, pero de noche quedaba oscuro. Pero eso tampoco nos preocupaba. Estábamos acostumbrados y era nuestro espacio. Yo estaba sentado cerca de la entrada cuando noté que uno de nuestros perros no entraba. No era raro que se quedaran afuera, pero ese perro en particular siempre se acercaba cuando había gente. Le gustaba estar cerca del ruido, pero esa vez no. Estaba parado en el patio, justo donde terminaba la luz de la casa y empezaba la oscuridad.

19:22 no caminaba y no se echaba, solo estaba rígido con el cuerpo tenso mirando fijo hacia el fondo del terreno, lo observé un momento más, no ladraba y no gruñía, la verdad no hacía ningún ruido, solo se quedaba ahí inmóvil, eso fue lo primero que me llamó la atención porque no era su comportamiento normal, me levanté y me acerqué a la puerta, desde ahí podía verlo mejor, Le hablé por su nombre, esperando que volteara o que al menos moviera la cola, pero no lo hizo. Seguía mirando hacia la misma dirección, como si algo estuviera justo fuera de nuestro alcance. En ese momento, escuchamos pasos en la tierra.

20:04 Eran pasos claros, pesados y firmes. El sonido venía desde el fondo del patio, de la parte donde ya no llegaba la luz de la casa. No eran pasos humanos, pero tampoco sonaban como los de un animal pequeño. Alguien más los escuchó también, porque dejó de hablar de golpe y volteó hacia la puerta. Salí al patio acompañado de otro familiar. Caminamos unos pasos y entonces lo vimos. Estaba ahí, a varios metros de distancia, completamente visible. Era un perro negro, pero no uno común. Era demasiado grande, no solo de altura, sino de cuerpo. Las patas eran largas y gruesas y las garras se le veían claramente clavadas en la tierra.

20:49 El pecho era ancho y el cuello se veía fuerte, tenso, como si sostuviera demasiado peso. No se movía como un perro normal. No olfateaba el suelo. No giraba la cabeza buscando algo. Estaba parado, mirando directo hacia nosotros. Avanzó un par de pasos y se detuvo. Y en ese momento mostró los colmillos. Eran largos y bien definidos. La luz que salía de la casa los hacía brillar un poco. No gruñó ni nos ladró. Solo los mostró como si sonriera. Sentí una incomodidad inmediata. No fue una duda ni una confusión. Fue una sensación clara de peligro. No pensé en huir ni en enfrentarme a él. El cuerpo reaccionó antes que la cabeza. El animal levantó una de sus patas delanteras y rasguñó la pared del patio. El sonido fue fuerte y seco. Cuando nos acercamos un poco más, vimos las marcas.

21:47 Eran profundas, más de lo que podría ser un perro común. La pared estaba dañada de verdad. No era un rayón superficial. No gritamos ni corrimos. Simplemente retrocedimos y entramos a la casa. Cerramos la puerta del patio y aseguramos como pudimos. Dentro, todos se quedaron callados por unos segundos. Nadie preguntó qué era. Nadie se rió. Nadie intentó explicar nada. El ambiente cambió por completo en cuestión de instantes. Desde dentro, lo seguimos observando. El perro se quedó unos segundos frente a la casa. No ladró ni se lanzó. Solo se quedó ahí mirando, como si estuviera midiendo algo. Sentí claramente que nos estaba viendo a todos, no solo a mí, como si supiera exactamente cuántos éramos y dónde estábamos. Después se dio la vuelta y se alejó caminando. Caminó con calma hasta que su figura se fue tragando la oscuridad del patio. Y los pasos se escucharon durante varios segundos más, hasta que ya no se oyó nada. La reunión siguió, pero ya no era lo mismo. los niños dejaron de salir al patio y se quedaron cerca de los adultos las pláticas se hicieron más cortas y los adultos hablaban en voz baja como si no quisieran llamar la atención y cada ruido que venía del patio hacía que alguien volteara de inmediato yo no dejaba de pensar en la forma en que nos había mirado no podía sacarme de la cabeza

23:18 las marcas en la pared ni el tamaño de ese animal algo no encajaba pero tampoco supe cómo decirlo en ese momento Esa noche, aunque nadie lo dijo en voz alta, todos sabíamos que algo no estaba bien y que lo que habíamos visto no era un perro como los demás. La tranquilidad se había ido sin hacer ruido y ninguno de nosotros imaginó que esa no sería la única vez que lo veríamos esa noche. No intentamos dormir después de que el perro se fue por primera vez. Nadie lo propuso y nadie lo necesitaba decir. Nos quedamos dentro de la casa, atentos, escuchando cualquier sonido que viniera del patio.

24:00 Las puertas estaban cerradas y las ventanas aseguradas, pero eso no daba tranquilidad. El silencio se sentía cargado, como si la casa ya no alcanzara para protegernos. Pasaron varios minutos sin que se escuchara nada afuera, y aún así nadie se relajó. Cada crujido de la madera, cada movimiento dentro se sentía más fuerte de lo normal. Afuera no se oían perros ni insectos, solo ese silencio seco que nos obligaba a mirar hacia el patio una y otra vez. El perro volvió sin aviso, no hubo pasos previos ni señales. De pronto se escuchó el golpe directo contra una de las puertas del patio. El impacto se sintió dentro de la casa y la madera crujió como si fuera a partirse.

24:49 Después vinieron las garras, raspando la puerta una y otra vez con fuerza y sin detenerse, como si estuviera probando cuánto resistía la puerta. El sonido era claro y constante. No era un ataque desordenado, era insistente. Nos movimos de inmediato y uno de mis familiares fue a asegurar mejor una entrada lateral, que no estaba tan firme. y en ese momento el animal metió una de sus patas, por una rendija que se había abierto, fue rápido y preciso, la garra alcanzó a mi familiar antes de que pudiera retirarse, y la piel se le abrió al instante, la herida fue profunda y la sangre empezó a salir de inmediato, empapando la ropa en segundos, el dolor fue evidente, mi familiar gritó y retrocedió como pudo apoyándose contra la pared respirando con dificultad y no hubo dudas ni confusión sobre lo grave que era lo que acababa de pasar cerramos la entrada como pudimos y nos alejamos de la puerta la sangre seguía saliendo y el color en la cara de mi familiar empezó a cambiar el perro siguió rodeando la casa Los pasos se escuchaban claros alrededor, pesados y constantes.

26:08 Las garras raspaban las paredes, probando distintos puntos, golpeando aquí y allá. No se movía con miedo ni con desesperación, todo lo hacía con calma, como si supiera exactamente qué buscar y dónde hacerlo. En un momento se escuchó un ruido distinto arriba, un golpe seco seguido de un crujido largo. El animal había subido a una parte baja del techo, donde la caída era menor. Las tejas se movieron bajo su peso y varias se rompieron, cayendo al patio. El sonido fue claro y pesado. No era un animal ligero ni pequeño, así que el peso se sentía firme, como el de algo que no debía estar ahí. Me acerqué a una de las ventanas con cuidado, porque necesitaba saber en dónde estaba. Corría apenas la cortina y lo vi de frente, a pocos metros de la casa. Los ojos estaban abiertos, atentos y fijos. No parpadeaban. El hocico estaba entreabierto y la saliva caía al suelo, en hilos espesos que se marcaban en la tierra. En ese momento sentí miedo real, directo, sin confusión, y el cuerpo se me puso rígido y me costó moverme. La respiración se me volvió corta por unos segundos. y tuve la certeza clara de que, si lograba entrar, no habría forma de detenerlo ni de salir bien de esa noche. El ataque duró varios minutos, y fueron varios minutos en los que el perro insistió. Rodeó la casa más de una vez, volvió

27:41 a las puertas, probó ventanas, subió y bajó del techo. Cada sonido parecía más cercano. Dentro, el familiar herido se debilitaba, la sangre no dejaba de salir y el dolor no bajaba, En eso empezó a temblar y a perder fuerza. Intentamos ayudarlo como pudimos, presionando la herida, manteniéndolo consciente, sin dejar de escuchar lo que pasaba afuera. Nadie intentó salir a enfrentarlo, pues no era una opción real. Solo nos mantuvimos dentro, atentos y moviéndonos solo lo necesario. El aire dentro de la casa se sentía pesado y el tiempo pasó lento.

28:23 Cada minuto se sentía más largo que el anterior. Después, sin previo aviso, el perro se detuvo. Los pasos cesaron y el raspar de las garras se apagó de golpe. El silencio volvió, pero ya no era el mismo. Me acerqué otra vez a la ventana y lo vi frente a la casa, quieto, no ladraba ni gruñía, solo nos miraba. Sentí otra vez que no estaba mirando a una sola persona, sino a todos, como si estuviera revisando lo que había hecho. como si ya hubiera decidido algo. Se quedó ahí unos segundos que se hicieron largos. Luego se dio la vuelta y se fue caminando hacia la oscuridad del patio. Yo rezaba por dentro para que ese animal no volviera y que el susto y el miedo hubieran terminado ahí, justo en ese momento. No abrimos la puerta ni salimos a revisar.

29:16 Nos quedamos dentro, esperando, escuchando el silencio. El miedo no se fue con él. se quedó metido en la casa la verdad era un miedo que nunca había sentido en mi vida cuando empezó a aclarar el cielo vimos el daño con más claridad la puerta golpeada las paredes raspadas y las tejas rotas en el suelo el familiar herido estaba pálido y débil con la respiración pesada esa noche había terminado pero ya nada estaba bien y todos lo sabíamos aunque nadie lo dijera Con la luz del día vimos todo con claridad. Vimos las marcas en la madera que estaban ahí, profundas, irregulares. Se veía el tipo de fuerza que tenía ese perro enorme en las garras. Las huellas se marcaban bien en la tierra del patio, grandes y profundas. Se notaban un poco esas garras, y eran demasiado grandes para ser de un perro común. Las tejas rotas seguían tiradas donde habían caído durante la noche. Algunas estaban partidas, otras solo desplazadas, pero todas dejaban claro el peso que había pasado por encima del techo. La casa estaba dañada, de una forma que no se podía ocultar ni explicar con facilidad. Todos lo vimos al mismo tiempo y nadie dijo nada, porque no había mucho que decir.

30:40 El familiar herido estaba peor de lo que había parecido durante la noche. En la oscuridad habíamos pensado que lo más difícil ya había pasado, pero con el amanecer quedó claro que no era así. La herida se veía mal, la piel alrededor estaba inflamada, caliente, con un color que no era normal. La sangre ya no salía como antes, pero eso no era buena señal. El dolor seguía ahí, constante y sin bajar. Empezó la fiebre poco después y con ella la debilidad. Le costaba mantenerse despierto, le costaba hablar y le costaba incluso respirar con normalidad por momentos.

31:21 Intentamos ayudarlo como pudimos, le limpiamos la herida, la cubrimos y lo recostamos, pero nada parecía suficiente. El cuerpo no reaccionaba como debería, algo no estaba funcionando bien y todos lo notábamos aunque nadie lo dijera en voz alta. El miedo ya no estaba solo afuera, rondando la casa, ahora estaba adentro, concentrado en esa herida que causó la garra de ese perro enorme. Fue entonces cuando una persona mayor de la familia nos dijo lo que era. Lo dijo directo, con palabras claras, y nos dijo que eso era un Nahual, y uno muy agresivo. Nos dijo que cosas así ya habían pasado antes, en otros tiempos, en otros lugares cercanos, aunque no siempre se hablaba de ellas. Esas palabras nos causaron un miedo aún mayor. Ahora sabíamos lo que era ese perro negro. Era un Nahual que nos había elegido esa noche. Los días siguientes fueron largos. Nuestro familiar herido sobrevivió, pero no mejoró como esperábamos. La fiebre iba y venía, algunos días parecía más fuerte, y al siguiente volvía a decaer.

32:34 La herida tardó en cerrar y cuando lo hizo, quedó marcada de una forma que no parecía normal. La fuerza no regresó del todo y caminar le costaba más. el cuerpo ya no le respondió igual que antes y eso no cambió con el tiempo arrastró esas secuelas durante años no fue algo momentáneo fue una consecuencia directa de esa noche la casa también cambió no fue algo que se hablara ni se decidiera entre todos simplemente pasó las puertas dejaron de quedarse abiertas y las ventanas se cerraban en cuanto empezaba a oscurecer el patio dejó de ser un lugar de paso libre por la noche Los niños ya no salían solos. Nadie lo prohibió, pero nadie volvió a permitirlo y la forma de vivir se ajustó sin necesidad de reglas escritas. Ahora vivíamos con el miedo de que ese Nahual regresara. Días después del ataque, cuando pensábamos que todo había quedado atrás, el animal apareció una vez más.

33:38 No lo hizo de cerca ni con violencia. Se quedó a lo lejos, justo donde empezaba la oscuridad del terreno. Estaba ahí Quieto y observando, no se acercó. Solo estuvo ahí unos minutos. Lo vimos varios al mismo tiempo y nadie dudó de lo que estaba viendo. El miedo nos corrió por todo el cuerpo, pues verlo de nuevo no era algo que quisiéramos que volviera a pasar. Después se dio la vuelta y se fue caminando, igual que las otras veces, con calma. Y esa fue la última vez que lo vimos. Ya nunca volvió. Aún así, no fue el final de lo que dejó. La tranquilidad no regresó.

34:18 La casa seguía en pie, pero ya no se sentía igual. Cada ruido en la noche se percibía distinto. Cada sombra parecía más pesada. No volvimos a tener visitas nocturnas ni ataques, pero la confianza se había ido. La noche dejó de ser algo neutro y pasó a ser algo que se respetaba. Con el tiempo, la herida cerró por completo, pero el daño ya estaba hecho. El familiar herido aprendió a vivir con las marcas que le quedaron y el miedo que le generaba verlas y sentirlas. Nosotros aprendimos a vivir con el recuerdo. No se habló mucho del tema con gente de fuera, pues no hacía falta. Los que estuvimos ahí sabíamos lo que pasó, y eso era suficiente, no buscábamos convencer a nadie ni explicar nada. Las navidades volvieron en los años siguientes. Hubo reuniones y comida en familia, pero nunca fueron iguales. La casa se sentía más pequeña, y el patio dejó de ser un lugar abierto por la noche.

35:19 La puerta siempre se cerraba temprano. Pues el miedo seguía latente y recordábamos el día del ataque de ese Nahual y el miedo que había dejado en todos. Hoy lo cuento como recuerdo, no para asustar ni para exagerar lo que pasó. Lo cuento porque ocurrió y porque nos dejó consecuencias reales, visibles y duraderas. Esa Navidad entendimos que hay cosas que no podemos entender, que simplemente están ahí, que llegan, hacen daño, se van y dejan una marca que no se borra Una forma distinta de vivir, de mirar la noche y de cerrar la puerta antes de que oscurezca y el Nahual aparezca. No estoy muy seguro de si lo que vi fue un Nahual o alguna otra criatura diferente, pero lo que sí sé es que lo que vivía en aquella casa no podía ser de este mundo. Esto comenzó exactamente cuando tenía ocho años. Vivía en un pueblito en México. No diré la ubicación por obvias razones, pero el lugar era bastante bueno. Uno de los mejores primeros recuerdos que tengo es ir a robar manzanas a la casa de al lado, pues esa casa no tenía dueño, además de que estaba llena de árboles que daban muchísimas manzanas, las cuales hasta el día de hoy son las mejores manzanas que he comido. Mis padres me tenían prohibido ir

36:51 a robar manzanas a ese lugar, pero yo creía que el sabor de estas valía la desobediencia. Parecía ser el único en ir por ellas. La mayoría de las manzanas que no alcanzaba a tomar se terminaban pudriendo en el suelo. Esta dinámica permaneció por mucho tiempo hasta que un buen día la casa fue habitada. Para muchos, el que fuera habitada me sorprendió, no solo porque había rumores de que el dueño de aquella casa vivía en Estados Unidos y jamás volvería, sino porque las personas que parecieron habitarla llegaron durante la noche mientras todos dormíamos. Ninguno de nosotros había visto los carros de mudanza ni siquiera cuando llegaron. Simplemente, un día la casa ya tenía luz y se percibía movimientos.

37:38 Mi padre afirmaba haber escuchado algo a mitad de la noche, pero no le dio mucha importancia y volvió a dormir. A mí me parecía algo intrigante tener vecinos nuevos, y en cuanto mi madre me dijo que iría a darles la bienvenida como solía hacerlo con las nuevas personas, rápidamente me apunté para ir y conocer a los nuevos vecinos. Mi madre fue insistente en tocar, pues la puerta no fue atendida. Ya estábamos a punto de irnos cuando la puerta se abrió. Mi madre volvió a sonreír, pero en el momento en que vio a la persona del otro lado. Era un hombre delgado, tal vez demasiado. Yo pensé que estaba enfermo, pues tenía unas ojeras muy marcadas y su piel, a diferencia de la de todos en el pueblo, era extremadamente blanca. Este nos preguntó quién éramos y qué hacíamos allí, a lo que un poco impresionada por aquel hombre, mi madre le dio la comida que había llevado para darle la bienvenida. Me pareció un poco extraño que no me presentara por mi nombre ni tampoco dijera el suyo. Solo dio la comida y luego de dar una breve bienvenida, dijo que debíamos irnos. Me tomó fuerte de la mano para alejarme rápidamente de aquella casa. Le pregunté el motivo por el que hacía eso. Incluso para mi edad pensé que se había portado bastante grosera, pero mi madre no me dio ninguna explicación. Por el contrario, una vez que estuvimos lo suficientemente lejos para que nadie pudiera escucharnos, me

39:11 dijo que tenía prohibido ir a aquella casa, sin importar si alguien me hablaba o me ofrecía algo. Tenía estrictamente prohibido acercarme a esas personas que vivían allí. Sin importar lo que dijeran, jamás debía ir a esa casa de nuevo. Quise preguntar el motivo, pero ella se veía tan alterada que para que no se sintiera más así, ya no pregunté más. Lo único que me preocupaba de aquella orden de mis padres era que en poco tiempo las manzanas comenzarían a madurar. Ahora que la casa tenía dueño, no tenía idea de si podía simplemente pasar a tomarlas. Cuando eres niño, no piensas mucho en las consecuencias de tus actos.

39:52 Yo quería manzanas a toda costa, y después de algunos días en los que atendí las órdenes de mis padres y no acercarme a aquella casa, igualmente mi deseo por comer manzanas me hizo decidir ir durante la tarde. Aún parecía que los dueños no parecían importarles las manzanas. Todas las manzanas seguían allí y pensaba que no notaría si les faltaban algunas. Entré por la cerca rota que estaba en la parte trasera de mi jardín, por donde siempre entraba. Mi plan era quedarme solo para recoger las manzanas de los primeros árboles, muy lejos de cualquier ventana de la casa. Justo esos árboles eran los que tenían menos manzanas maduras.

40:33 Pensé en irme y esperar a que éstas maduraran, pero pensé que si ya había hecho todo el esfuerzo de desobedecer a mis padres e ir hasta allí, Al menos debía obtener algo a cambio. Me acerqué un poco más, solo para tomar algunas. Encontré un árbol que estaba a la mitad del terreno y pensé que allí sería perfecto, pues no solo tenía manzanas maduras, sino que lo creía lo suficientemente alejado de cualquier ventana para que no pudieran verme. Comencé a tomar algunas y a guardarlas en la canasta que llevaba conmigo, pero algo raro comenzó a sentirse. No podría decir qué era lo que sucedía, solo sabía que había algo diferente en el lugar, algo que sin duda estaba haciendo que todo se sintiera bastante incómodo. Pensé por un momento que tal vez me habían descubierto los vecinos y me estaban viendo, pero miré a todos lados sin ver a nadie. El ambiente incómodo aumentó y en un momento ya tenía lo suficiente y lo mejor era irme.

41:38 Tomé mi canasta y comencé a caminar hacia la cerca, de la cual me había alejado un poco más de lo que creía. Dada la incomodidad, me encontraba acelerando el paso. No avancé mucho cuando escuché pasos. No eran pasos humanos, eran como los de un perro, un perro muy, muy grande, cuyos pasos parecían acercarse a toda velocidad hacia mí. Aunque no podía ver a ningún perro, solo oía sus pisadas. caminé aún más rápido intentando salir de ahí lo más pronto posible pero aquello sólo empeoró pronto comencé a escuchar gruñidos no eran gruñidos comunes había escuchado perros gruñir antes y esto era bastante diferente era más como si un ser humano gruñera pero de una forma que haría que sus cuerdas vocales comenzaran a lastimarse en serio me dio mucho miedo por lo que comencé a correr tirando algunas de mis manzanas en el camino pero eso era lo último que me importaba en ese momento. Logré salir tan rápido que incluso me arañé la espalda con la cerca, pero no importaba porque por fin estaba afuera. Una vez que estuve del otro lado, miré hacia atrás y nuevamente no pude ver a nadie, ni al perro, ni nada.

42:55 Vi que solo quedaban dos manzanas y eso me hizo sentir mal, pues todo aquel tormento lo había pasado por nada. Volví a mi casa y no contarle nada a mis padres. Después de todo, tenía prohibido ir ahí. Pasaron tres días y ya había olvidado el incidente de las manzanas. Inclusive, el miedo se había pasado. Después de todo, en realidad no había visto a ningún perro. Pensé que en cuanto los primeros árboles tuvieran manzanas más maduras, yo volvería. Aquel día, mientras volvía de la escuela, vi al hombre que se encontraba afuera de su casa, sentado, parecía estar tomando el sol. Su cerca me dejó verlo perfectamente, y en cuanto me vio, me sonrió. Su sonrisa no era particularmente aterradora, pero el hecho de que me sonriera de esa forma se me hizo raro. comenzó a llamarme y a decirme que fuera que tenía algo para regalarme yo me quedé en shock mi madre me había dicho perfectamente que sin importar nada no debía acercarme a esa casa me negué y seguí caminando pero mientras lo hacía aún podía escuchar como el hombre insistía en que fuera que iba a regalarme dulces pero yo sólo seguía caminando hacia mi casa fingiendo que ya no lo escuchaba Después de este encuentro, solo aumentó la incomodidad. Cuando volvía de la escuela, el hombre estaba afuera nuevamente. Parecía estar tomando el sol y trataba de

44:25 llamar mi atención para que fuera con él. Me preguntaba mi nombre, me ofrecía dulces o me decía lo genial que había quedado su casa por dentro y que sí quería entrar. Yo me negaba a cualquiera de estas invitaciones. No solo era porque mi madre me lo había prohibido, sino que todo en él hacía que todos mis sentidos de alarma se dispararan un buen día vi que las manzanas en aquellos árboles cercanos ya se encontraban maduras a pesar de todo lo que había estado viviendo con aquella persona yo realmente quería comer esas manzanas pensé que al estar tan cerca de la reja en realidad no me iba a ver ni nada parecido y siempre y cuando fuera muy rápido no pasaría nada Tomé la canasta y me dirigí hacia la cerca. Ahí me subí para cortar las manzanas. En un momento me sentí bastante confiado. No sentía absolutamente nada extraño en el lugar. No sentía que estuviera tan cerca como para que el dueño de la casa me viera. Comencé a escalar el árbol para tomar las manzanas de más arriba. Me encontraba lanzándolas a mi canasta cuando escuché aquella pesada respiración. acompañada de esos pasos que parecían ir hacia mí. Ya sabía que no había forma de que esa persona tuviera un perro. Nunca se escuchaba que le ladrara o jamás lo había visto. No era posible que un perro estuviera ahí. Esos pasos se escuchaban tan cerca que, estando arriba, comencé a buscar el origen.

45:59 Pensé que si miraba bien lo vería, pero no lograba ver nada. Fue entonces que, en un descuido, no resistió mi peso rompiéndose y haciéndome caer no había escalado demasiado por lo que la caída no me rompió ningún hueso lo único que pasó fue que me golpeé estuve un rato sentado en el suelo recuperando el aire que había perdido en el impacto cuando sentí una respiración en mi nuca giré y vi frente a mí a una criatura era un perro o al menos tenía una forma similar a un perro pero este era alto muy alto creo que fácilmente podría haber medido lo de un caballo no estoy exagerando ese perro o lo que fuera que haya sido esa cosa era enorme su cuerpo entero estaba cubierto por un pelo gris y sucio o al menos una parte de él pues había partes como partes de la cara o partes de sus patas que parecían haber perdido el pelo dejando su piel al descubierto parecía casi como si se hubiera arrancado pedazos de la misma para alimentarse Sus ojos caídos y su extraño rostro me aterraron. No recuerdo jamás haberme levantado tan rápido en mi vida como en ese momento. De un salto me puse de pie y comencé a correr con todas mis fuerzas hacia la reja.

47:23 Salí rasgándome la cara, pero nada de eso me importó. Recuerdo dar un último vistazo hacia atrás mientras me alejaba. Aquella criatura solo se quedó ahí mirándome. Llegué temblando a casa, casi sin poder hablar por el miedo. Mi madre se preocupó mucho y tuve que contarle lo que había visto. Ella, aunque se veía asustada por lo que le decía, tampoco parecía quererme del todo. Me reprendió por haber entrado a la propiedad del vecino cuando me había dicho que no me acercara ahí por nada del mundo. Cuando mi padre volvió a casa, fui reprendido por entrar a robar las manzanas. Y cuando quise contarle lo que había visto, él me respondió que probablemente solo fue un perro grande que ellos tenían para cuidar el huerto. Traté de convencer a mi padre e incluso a mis amigos de lo que había visto, pero no logré que nadie me creyera. Cada noche tenía sueños, lo veía, jamás me atrevía a poner un pie de vuelta en aquel lugar y ni siquiera quería pasar por ahí.

48:28 Evitaba ese lugar como si fuera un sitio radiactivo, y no había día en que aquel hombre me invitara a pasar a su casa. Cuando cumplí los 13, mi padre decidió darme una mejor educación. Me mandó a la ciudad con unos parientes para que continuara mis estudios de secundaria. Yo ni siquiera tuve que pensarlo demasiado. Lo vi como una oportunidad para liberarme de los sueños y de aquel vecino tan extraño que parecía cada vez más enfermo y deteriorado cada vez que lo veía. Fue así como me fui de aquel pueblo y no volví. Mis padres iban a visitarme a la ciudad en lugar de yo a ellos. Me acostumbré rápido a la vida por allá, y poco a poco fui olvidando lo que pasó aquella vez. No es que lo olvidara, es solo que cuando intentaba recordarlo no podía ver del todo los detalles de aquel animal, por lo que comencé a creer que lo que vi no fue más que un perro muy grande, tal vez un gran danés algo enfermo. De otro modo, no había posibilidad de que aquello existiera de verdad, y comprendía perfectamente por qué nadie me había creído cuando intenté contárselo. Cuando tenía unos 20, mi madre me comentó que la razón por la cual me tenía prohibido siquiera acercarme a la casa de aquellos vecinos, era que aquel día en que ella fue a presentarse conmigo, pudo ver un horrible altar que era de brujería al fondo. Además de que había escuchado rumores de cómo esas personas habían hecho un pacto con

50:00 el diablo en busca de riqueza y poder. Al parecer, las personas afirmaban ver gente entrar a su casa, pero jamás volvían a salir. Aquella vez fue la única vez que escuché hablar de nuevo sobre aquella casa. Para ese momento había superado casi los sueños. Lo último que quería era pensar en ello. aunque había noches en las que aún podía soñarlo de vez en cuando. Los años pasaron rápidamente hasta que tenía 25. Ese fue el año en que mi madre murió, exactamente dos años después que mi padre. No había ido al pueblo durante mucho tiempo, pero la casa estaba a mi nombre y tenía que sacar algunas de las pertenencias de mis padres. Todo estaba casi igual.

50:46 Era como si el pueblo se hubiera detenido en el tiempo. Al llegar a la casa de mis padres, pude darme cuenta de algo. La casa de al lado, aquella que tanto me había aterrorizado, estaba completamente abandonada, sino que parecía que se habían ido a toda prisa, dejando incluso cosas en la puerta. Estaba obstruida por tablas y había basura por todos lados. Cuando estaba abandonada cuando yo era niño, la casa no estaba así. No podía comprender cómo había llegado a ese grado de abandono. No me metí y mejor fui por las cosas de mis padres. Estaba terminando de empacar las últimas cosas cuando noté que a través de la ventana de la cocina se veían aquellos árboles.

51:33 Recordaba que en aquel tiempo deberían estar llenos de manzanas pero no lo estaban. Parecía que se habían muerto hacía mucho tiempo. Ya no daban frutos. estuve mirando aquel cuarto por mucho tiempo, recordando lo que había pasado aquel día, el último día que recogí manzanas, a pesar de que había estado por años convenciéndome de que lo que había visto no podía ser real, algo en mí jamás lo creyó del todo, y ya que no pensaba regresar al pueblo nunca más, pensé que aquella podría ser mi última oportunidad de darle un cierre a todo eso, sabía que la casa ya se encontraba abandonada pero no me importó fui allí únicamente para quitarme el miedo de no volver a poner un pie en ese lugar fui hasta allí y salté la cerca pues en ese momento ya habían reparado el hueco por el que solía entrar recuerdo haber caminado mucho tiempo mirando los árboles muertos tenía la esperanza de encontrar alguno que aún estuviera dando manzanas pero todos parecían secos y sin vida Eso me puso un poco triste, pero seguí caminando hasta que llegué a la casa. Me quedé mirándola fijamente por un rato. Tenía una ventana rota, pero lo que más me llamó la atención fue que la puerta trasera parecía estar entreabierta. Me pareció raro que la puerta de enfrente estuviera obstruida por tablas, mientras que la puerta trasera estaba abierta. Pensé que tal vez alguien

53:05 ya había entrado para saquear lo poco que habían dejado los vecinos y al irse no se molestó asegurar la puerta. Para ese momento ya estaba tranquilo, pensando que seguramente lo que vi en realidad sí había sido un perro común, tal vez algo enfermo, y con el miedo y la mente disparatada de un niño, todo podía ser posible. Caminé hacia la casa y abrí la puerta. Me estuve paseando entre la oscuridad. Había muchísimo polvo y todo despedía un aroma rancio, a viejo. No tenía mucha luz, pero era suficiente para poder andar sin muchos problemas. Algo me detuvo en seco. Escuché una respiración pesada, una respiración que me resultaba muy familiar. Miré hacia todos lados sin lograr ver nada.

53:55 Comencé a caminar hacia la salida, pero justo cuando salí la respiración se hizo más fuerte. Me di cuenta de que el dueño de aquella respiración estaba al final del pasillo, el cual no podía ver bien debido a la falta de luz. Pensé que podría tratarse de algún animal o tal vez de un vagabundo. Escuché algo rodar hacia mí. Era una manzana, pero parecía mordida. Lo que me pareció aún más extraño fue que donde la habían mordido parecía haber sido envenenada. como si le hubieran inyectado una toxina que la había dañado. Miré la manzana por un segundo y cuando levanté la mirada, vi cómo se asomó aquel perro.

54:38 No cabía duda, era el mismo perro que había visto aquel día. El mismo tamaño, los mismos ojos y aunque no podía verle el cuerpo, sabía que le seguía faltando la piel. Me miró directamente. Solté un grito y corrí lo más rápido que pude hacia afuera de la casa. Tomé las cosas de mis padres y salí de allí sin mirar atrás. Nunca volví al pueblo. No sé si aquella cosa sigue allí o qué era exactamente. He pensado que podría tratarse del mismo vecino o tal vez algo que él mismo invocó en su pacto con el diablo. Lo único que estoy seguro es de que aquella cosa era real y probablemente aún continúe allí. Por donde vivía, no era común que la gente saliera a pedir dulces el día de Halloween, mucho menos niños de nuestra edad.

55:51 Pero ese año en particular, el grupo de amigos con el que me juntaba decidió hacer una broma, pero no me refiero a arrojar huevos a las casas. Cerca del vecindario donde vivía Francisco, uno de nuestro grupo, vivía una mujer con un terreno muy grande. Parecía estar acondicionado para tener animales como borregos, vacas o cerdos. porque había corrales, pero todo estaba vacío. Ella solo poseía una vaca. Francisco nos dijo que esa señora era una bruja. La verdad es que sí había rumores en su colonia sobre algunas prácticas raras que ella tenía, pues vivía sola y no hablaba con nadie. Siempre se le veía llevando un montón de hierbas raras a su casa. Pero la verdadera razón por la que Francisco quería jugarle una broma no era por los rumores. En una ocasión, él y sus amigos habían estado tronando cohetes cerca de su propiedad, y ella llamó a la policía, alegando que estaban alterando a su vaca.

56:56 Según Francisco, la señora cuidaba a esa vaca más que a cualquier otra cosa en el mundo. Como la policía les había reportado a sus padres, ellos terminaron castigados y por eso Francisco quería vengarse. Esa noche, Francisco decía que sabía que la señora no estaba en su casa. Su plan era decorar a la vaca para cuando ella volviera. Quería pintarla con pintura en aerosol solo para molestarla. La mayoría de los amigos estuvo de acuerdo. Yo no estaba seguro de hacer algo así. porque si la señora quería tanto a la vaca como Francisco decía, se podía enojar mucho y podríamos meternos en problemas. Siempre había tenido mascotas y las amaba, así que solo podía imaginar cómo me sentiría si alguien les hiciera algo. Una vez en la casa de aquella mujer, nos brincamos la barda y comenzamos a buscar a la vaca, que estaba en un bonito establo que la señora le había hecho. Solo con estar allí te dabas cuenta de cuánto amaba esa mujer a su vaca. Todo estaba decorado con pinturas muy lindas, y la vaca se veía bien alimentada y cuidada. Era uno de los animales más amistosos que jamás hubiera visto. No se asustó con nuestra presencia. Cuando Francisco y los demás comenzaron a jalarla para sacarla del establo, la vaca nos siguió hasta afuera, donde comenzamos a pintarla con diferentes tipos de pintura en aerosol que habíamos comprado. La vaca no se movía ni intentaba alejarse, y cuando terminamos con las

58:30 cuatro latas de pintura que llevamos, yo sugerí que la guardáramos en el establo y nos fuéramos ya. Pero Francisco no estaba del todo conforme con eso. Supongo que de alguna manera él esperaba que todo eso fuera más emocionante, pero desde que habíamos entrado hasta el hecho de haber pintado a la vaca, sin que ella opusiera resistencia, todo parecía dejarle un sabor agridulce. Dijo que debíamos encontrar algo más divertido para hacer con la vaca, para que aquella mujer aprendiera a no llamar a la policía. Todos comenzamos a pensar, pero no se nos ocurría nada que pudiéramos hacer o que fuera realmente divertido. Cuando, de pronto, Manuel mencionó que había escuchado que las vacas no podían bajar escaleras.

59:17 Casi enseguida comenzó un debate entre todos nosotros sobre si podían o no hacerlo. Yo nunca había escuchado nada al respecto, pero no veía el motivo por el cual una vaca no pudiera bajar escaleras. Al final, todos estuvimos de acuerdo en que solo había una manera de averiguarlo, y con la ayuda de una rampa que parecía que la misma señora utilizaba para meter a la vaca en su casa a veces, subimos al animal hasta el pórtico. Después, todos comenzamos a intentar que bajara las escaleras. La vaca se rehusaba, pero Francisco tiraba de su lazo muy fuerte para obligarla. La vaca empezó a bajar las escaleras con algo de dificultad, pero lo lograba. Esto decepcionó a algunos de los que estaban allí. Francisco comenzó a agitar una de las latas de spray que teníamos, que aparentemente ya estaba vacía. y la presionó directamente en los ojos del animal. No salió pintura, pero sí el aire, suficiente para que la vaca no pudiera abrir los ojos. Ya de por sí le costaba trabajo moverse, y con lo que Francisco le hizo, el pobre animal perdió completamente el equilibrio y cayó escaleras abajo.

1:00:32 Todos nosotros nos quedamos callados porque se escuchó claramente cómo se rompió una de sus patas. El pobre animal bufaba y mugía muy fuerte por el dolor que estaba sintiendo. Ninguno de nosotros sabía exactamente qué hacer. Estábamos jugando y de alguna manera queríamos darle una lección a esa mujer. Los lamentos de ese pobre animal eran tan fuertes que lo único que se nos ocurrió en ese momento fue salir corriendo de esa casa. Nadie nos había visto entrar y cuando salimos no había nadie, ni siquiera en la calle. Todos corrimos hasta la casa de Francisco, que era la más cercana. Una vez ahí, recuerdo bien que la mayoría seguíamos escuchando a aquellos mugidos a la distancia. Francisco y otros dos chicos comenzaron a reírse, pero se veía que era más por nervios que por otra cosa. Yo me sentía muy mal, pues siempre he sentido mucha empatía hacia cualquier ser viviente. Solo podía imaginar el dolor que estaba sintiendo ese pobre animal, sin nadie que lo ayudara, pero, de nuevo, no me atrevía a decir nada. Estuvimos en la casa de Francisco tal vez unas dos horas más, antes de que yo tuviera que regresar a la mía.

1:01:51 Cuando pasé frente a la casa de aquella mujer, seguía escuchando esos mugidos. Justo cuando iba cruzando, vi que la señora estaba llegando, Se veía muy preocupada y estaba desesperada buscando sus llaves para poder entrar. Traté de actuar con normalidad, pero en el fondo solo quería salir corriendo de ahí, por la culpa que sentía, pues no creía que ella imaginara el horrible estado en el que encontraría a su pobre mascota. El día primero y dos de noviembre en México se celebra el Día de Muertos, por lo cual no hubo clases. No vi a mis amigos hasta el día 3.

1:02:31 Una vez que llegamos al salón, lo primero que le pregunté a Francisco fue si la vaca estaba bien o cómo había terminado todo. Él comenzó a reírse y me dijo que al parecer la pintura que le habíamos puesto era tan tóxica que la ruptura de la pata no era el único problema que tenía. La dueña tuvo que sacrificarla esa misma noche. Me dijo también que la mujer había estado buscando a los responsables de lo ocurrido, pero que no debía preocuparme porque no tenía pruebas. Parecía sospechar de él. Incluso fue a su casa hablar con sus padres, pero su papá lo había cubierto diciendo que habíamos estado jugando videojuegos durante toda la noche, por lo cual no iba a haber consecuencias. Creo que todos olvidaron el tema de la vaca muy rápido. pero yo no pude sacármelo de la cabeza ni ese día ni los que siguieron.

1:03:26 Pasó una semana y fui invitado a la fiesta de cumpleaños de Francisco. Cuando iba camino a la fiesta, tuve que pasar frente a la casa de aquella mujer. Recuerdo bien que justo en el momento en que iba pasando, ella salió de su casa. Se me quedó viendo durante un rato y después se volvió a meter. No entendía qué estaba pasando, pero solo caminé más rápido. La fiesta estuvo más o menos normal, salvo que Francisco nos contó a todos los que estuvimos involucrados aquel día de Halloween que aquella mujer afirmaba que él y sus amigos habían sido los responsables. No tenía ni idea de cómo lo había averiguado, pero había ido a su casa a gritar y hacer todo un escándalo, incluso diciendo nombres. Todos nosotros nos preocupamos porque creímos que se lo diría a nuestros padres, pero Francisco volvió a decirnos que no debíamos preocuparnos, porque, si bien, al parecer, se había dado cuenta, no tenía pruebas.

1:04:29 Lo sabía porque, de otra manera, ya hubiera ido a la policía o algo. Pero, en lugar de eso, solo había ido a amenazarlos directamente a su casa, y que probablemente solo tendríamos que esperar a que se le pasara. Ya en la tarde noche, cuando tuve que regresar a mi casa, lo primero que noté fue que mi perro no me estaba esperando, no lo veía por ningún lado. Aquel perro lo tenía prácticamente desde que había nacido y éramos muy unidos. No le di mucha importancia y entré a la casa. Le avisé a mi mamá que ya había llegado y después de eso subí a mi cuarto pensando que quizás mi papá había ido a darle el paseo a nuestro perro. Estaba revisando qué tarea tenía que hacer para el día siguiente cuando sentí como si algo me estuviera mirando. Giré mi cabeza en dirección a la puerta que por lo general no tenía abierta y era mi perro, o al menos eso parecía. No estaba feliz como de costumbre, tampoco se veía asustado. Solo estaba sentado en el marco de la puerta casi de manera estática, mirándome fijamente con sus grandes ojos amarillos. Ni siquiera parpadeaba.

1:05:41 Primero no sabía cómo actuar, pero a medida que pasaban los segundos y mi perro seguía exactamente en esa posición, comencé a sentirme muy incómodo. Traté de llamar su atención llamándolo por su nombre, levantándome, e incluso le arrojé una de mis almohadas, pero seguía exactamente en la misma posición. Enojado y también tratando de mantener la calma, me levanté de la cama y caminé azotando los pies contra el piso, pues sabía que eso solía asustar mucho a mi perro. Casi cualquier ruido fuerte era suficiente para que se fuera corriendo de un lugar, pero en esta ocasión no pasó nada.

1:06:22 Él siguió exactamente en la misma posición, mirándome. Me acerqué lo suficiente a la puerta como para poder cerrarla. Pero en el momento que la sujeté para poder dar el portazo, mi perro comenzó a mugir. Por supuesto que no es normal que un perro haga el sonido de una vaca, pero lo que quiero decir es que estaba mugiendo tal y como lo estaba haciendo esa pobre vaca en sus últimos momentos. Creo que me quedé petrificado durante unos cuantos segundos sin saber cómo actuar, pero cuando logré salir de ese estado, lo primero que pensé fue que debía cerrar la puerta para no dejar pasar a mi perro. Justo en el momento en que mi mano tocó el picaporte, mi perro se me abalanzó encima. No me dio tiempo ni de reaccionar cuando ya estaba tirado en el piso con mi perro atacándome. Intentaba cubrirme la cara con las manos, pero mi perro estaba muy agresivo. Mi papá escuchó mis gritos y fue corriendo a ver qué estaba pasando. Tardó mucho en lograr quitarme al perro de encima. y también intentó atacarlo a él. Pero, por suerte, mi papá logró someterlo y lo encerró en el cuarto de mi hermana, que en ese momento había salido al cine con sus amigas.

1:07:37 Aún dentro del cuarto, mi perro estaba muy furioso. Parecía estarse dando de topes en la puerta y arañándola para salir y poder terminar lo que había comenzado. Mi brazo estaba todo mordido, y mis dedos estaban en tan mal estado que mi dedo índice parecía que se iba a desprender. llamaron a control animal y me llevaron al hospital lo más rápido posible para atender todas las lesiones que tenía debido al ataque nadie entendía qué había pasado pues como mencioné antes yo había crecido al lado de mi perro jamás había mostrado señales de ser agresivo ni conmigo ni con otros perros o personas siempre fue muy dócil solo dijeron que había una explicación que podría ser rabia incluso tuvieron que ponerme varias inyecciones contra esto y por desgracia tuvieron que sacrificar a mi perro. Yo estaba devastado por eso, y me sentí aún peor cuando me enteré de que no encontraron que mi perro tuviera rabia cuando lo sacrificaron.

1:08:38 Yo logré sanar bien, pero a la mañana siguiente cuando me presenté en la escuela con el brazo todo vendado, me di cuenta de que Francisco no había llegado. Todo parecía apuntar a que el perro de Francisco también había enloquecido y lo había atacado. Y esto no se limitaba para nada a los perros. A otro de mis compañeros lo había atacado su gato. Tenía la cara y toda la espalda arañada. Los otros integrantes de nuestro grupo no tenían mascotas. Ellos no habían sufrido ningún tipo de consecuencia. Ninguna de las agresiones había sido tan grave como lo que le pasó a Francisco. Creo que en ese momento ninguno de nosotros pensó mucho en la situación. sobre todo porque estábamos muy alterados. Más o menos unos dos o tres meses después de ese accidente, mi papá decidió llevar otro perro a casa. Lo había encontrado en la calle y pensó que podíamos darle un buen hogar. Al principio el perro se veía muy amistoso y feliz de haber sido adoptado. Olisqueaba todos los muebles, pero de un momento a otro, habiendo pasado quizás unas tres horas en nuestro hogar, su actitud cambió. Me miró fijamente y sin previo aviso se me abalanzó. Mi padre tuvo que quitarle la vida en ese momento para salvarme. Ese día no pasó a mayores, solo me mordió una vez y ni siquiera fue tan fuerte antes de que mi papá lo sostuviera y lo

1:10:09 asfixiara para detenerlo. Cuando me mudé, me di cuenta de que no era la casa la que provocaba ese comportamiento en los animales, sino algo más. Siempre que intentaba adoptar una mascota, ocurría algo similar. Podían ser las criaturas más dulces y amigables del mundo, pero de un momento a otro cambiaban su actitud e intentaban atacarme. Me he puesto en contacto con los otros muchachos y me han dicho que les pasa exactamente lo mismo. Para mí es algo muy triste, porque, como mencioné antes, siempre había tenido mascotas y me gustaban mucho los animales. Ahora sé que no puedo tener ninguna que sea mía. Yo lo arruiné, y a pesar de que no tengo ninguna prueba de que aquella mujer sea la responsable de lo que me ocurre hasta el día de hoy, no tengo dudas. Una parte de mí cree que merezco esto. Esa es la razón por la que nunca he buscado ayuda con otros brujos ni con nadie más. Si pudiera volver en el tiempo, no lo habría hecho. Pero supongo que esto es algo con lo que tendré que lidiar.